Declaimer: Ninguno de los personajes aqui descritos me pertenece, todos son de Stephenie Meyer. No ahgo este fic con animos de lucro ni gano nada con ello, solo el reconociemiento de todos aquellos que lo leen. No em acuseis de nada, por favor. Este declaimer solo sera puesto al inicio del primer capitulo.

Hola a todos! Aqui yo con otra historia extraña...como podran ver -de ahora en adelante- esto es un AU. Estuve leyendo un fic de CCS que me dejo con la boca abierta, la autora confiesa nunca haber pasado por algo asi, pero afirma que la idea le vino a la mente de repente y que le gusta ese tipo de historia. Solo me queda afirmarles que estoy en la mism posicion que ella y que la historia no tiene nada que ver con mi vida personal. Espero no ofender a nadie con ella, pero era algo que ha rondado mi cabeza por varios dias.

Dulce y Violento

Prólogo.

Desperté alrededor de las cinco de la mañana, me dolía todo el cuerpo y un poco el rostro. Salí de la cama con prisa para no despertar a la persona que dormía a mi lado en la cama. La respiración del hombre era pausada, disfrutaba de un sueño profundo y complaciente; yo, en cambio, me levantaba de un sueño ligero repleto de pesadillas y recuerdos dolorosos.

Recogí toda mi ropa del suelo y salí corriendo de ese cuarto, detestaba dormir con él. Fui a mi habitación, en la que no me quedaba desde una semana atrás y saqué del armario la ropa que me pondría ese día. Una falda a medio muslo de mezclilla y una blusa negra, traía unas botas altas negras y sobre la blusa una pequeña sudadera abierta también negra. Mi largo cabello castaño estaba recogido en media coleta, y el resto caía con soltura por mis hombros. Me miré al espejo después de ducharme y vestirme y la imagen me hizo suspirar.

Tomé mi estuche de maquillaje y me dispuse a arreglarme. Él ama verme usar faldas y le encanta mi forma de maquillarme, creo que en eso él y mi madre se parecían. Una base de maquillaje, polvo y rubor, rimel y delineador, labial y brillo. Aun con el maquillaje se notaban un poco las ojeras amoratadas bajo mis ojos chocolate. Miré mi rostro desde diferentes ángulos, intentando percibir cualquier imperfección en el acabado y que se notara el moretón en mi cara. Cada vez que apreciaba mi reflejo en el espejo me sentía como una muñeca de porcelana, desmadejada, vacía y rota.

-¿Bella?-su voz resonó en mi cabeza al escucharlo tocar la puerta del baño. Mi corazón se detuvo unos segundos y luego comenzó a latir desesperado. La cabeza empezó a dolerme y sentí las lágrimas agolparse en mis ojos.

-Ya voy.- me miré una última vez y armándome de valor salí del baño, quedando frente a frente con él.

-Buenos días, princesa-su aliento rozó una de mis orejas y temblé. –Nos vemos abajo, Bella- dijo dándome una nalgada y cerrando la puerta a mis espaldas.

Bajé las escaleras con cuidado, no era apropiado caer por ellas hoy. Fui a la cocina y comencé a prepararle el desayuno, una vez lo puse en la mesa y él bajó, me serví un tazón de cereal y me dispuse a comer. Sus ojos nunca se apartaban de mi cuerpo, y eso me hizo estremecer de nuevo. Sentía mis mejillas arder a causa de la rabia y la vergüenza.

-Qué dices, Bella. ¿Te gusta Forks?-su pregunta casual hizo que despegara la vista de la mesa y lo mirara atentamente, momento que aprovechó para clavar sus ojos en los míos y darme a entender lo que planeaba para esa noche.

-Es muy lindo. Mis padres amaban este lugar.-

Forks es un pequeño pueblo donde casi nunca deja de llover. Mis padres, Charlie y Renée Swan se mudaron a este pequeño lugar a los días de haberse casado. Yo nací un año después de su unión matrimonial. Renée y Charlie se casaron muy jóvenes, pero su amor jamás se perdió. Mi padre murió cuando yo tenia tres años, dejándonos a mi madre y a mí solas. Mi mamá decidió abandonar este oscuro sitio y llevarme a una ciudad más cálida, Phoenix. Vivimos ahí desde la muerte de mi padre.

Cuando yo tenia ocho años mi madre se volvió a casa. El hombre que eligió, desde el primer momento que lo vi, supe que iba a ser una persona estupenda...pero siempre es posible equivocarse. Mi madre murió cuando yo tenía once años, por razones desconocidas, aunque los oficiales afirmaron que era causa natural. Desde ese día, al no contar con más familia, pasé a ser la hija oficial de Phil, mi padrastro.

Phil es un hombre bien parecido y con una sonrisa amable. Desde su llegada a nuestro hogar, mi madre se sintió feliz y yo no podía hacer menos que reconocer que él era un buen tipo. Al morir ella, Phil comenzó a verse distinto. Me miraba constantemente con más atención de la necesaria y siempre me acompañaba a todas partes.

Después su trato comenzó a volverse más cariñoso, pero no del modo paternal que debía serlo. Al cumplir yo los trece años, me dio un regalo sorpresa muy especial, o al menos esas fueron sus palabras al describirlo.

-Bella, llegarás tarde si no te apuras.-su sonrisa era amable, pero en sus ojos se notaba la burla.

-Me voy a la escue...-no terminé de pronunciar eso cuando sus labios atraparon los míos y aprisionaron mi cuerpo contra la pared. El golpe en la espalda me dolió y como reacción involuntaria dejé caer los libros al suelo. Phil se separó de mi sonriendo con malicia.

-No llegues tarde, cielo. Tenemos cosas que hacer...-después salió de la casa, dejándome paralizada en el mismo lugar y con una lágrima corriendo por mi mejilla.


Un inicio breve y un poco revelador. Voy advirtiendo que esto sera un Edward/Bella...aunque aun no decidò si los Cullen son o no vampiros. Espero sus comentarios...besos

Mari-Cullen