Capítulo 19

-Juntos, ¿al fin?-

Llovía a cántaros cuando llegó a los alrededores de Malfoy Manor, pero estaba tan concentrada en lo que le quería decir a Malfoy que ni siquiera se molestó en conjurar un hechizo para protegerse de aquella lluvia torrencial.

Le diría que ella tenía derecho a saber la verdad.

Le diría que era hora de poner las cartas sobre la mesa.

Le diría que entrara en razón. De veras él no podía esperar que viviera con esa incógnita toda su vida, ¿verdad?

Le diría… Hmm…

Hermione no tenía ni la más remota idea de qué iba a decirle a Draco.

De hecho, sentía tantos nervios que por primera vez en mucho tiempo se sintió incapaz de pensar con claridad. Estaba a punto de ver a Draco de nuevo. ¿Cuántos días habían pasado? ¿Una semana? ¿Dos? ¿Por qué parecía una eternidad? Meneó la cabeza con descrédito, en un nuevo intento de negarse a sí misma que le echaba de menos. Estaba a menos de cinco minutos de la casa y Hermione quería estar lo más lúcida posible cuando llegara.

Siguió caminando con pasos cada vez más torpes por el peso del agua en sus zapatos. Cuando por fin llegó a los alrededores de Malfoy Manor, se fijó en que no había luz en ninguna de las ventanas. La mansión estaba sumida en el más absoluto de los silencios. La única señal de vida inteligente era una fina cortina de humo que salía por la chimenea. Se apreciaba muy poco, pero Hermione estaba bien entrenada a la hora de advertir estos pequeños detalles y esto le dio esperanzas de que Malfoy se encontrara en casa.

En un primer momento, posó la yema del dedo en el timbre de la puerta, pero tras pensárselo dos veces no pudo evitar que le entraran dudas. A aquellas altas horas de la madrugada ni siquiera ella era persona. Lo último que deseaba era enfrentarse a un Malfoy soñoliento y probablemente enfadado, pero lo que tenían que hablar era importante. Hermione pensó que no podía permitirse el lujo de esperar más tiempo, mientras su dedo se hundía en el botón de llamada.

El timbre sonó alto y claro, casi espectral cuando quebró el silencio de la noche. Esperó unos segundos, pero no escuchó ningún sonido más allá de la puerta. En la casa no parecía haber nadie. Hermione volvió a llamar. Una vez, dos veces, tres veces… se encontró siempre con el mismo resultado. Ningún elfo doméstico le abrió la puerta. No escuchó ni un solo ruido. Extrañada, extendió la mano y probó a empujar la madera, que crujió estruendosamente. Fue un movimiento muy suave, pero suficiente para cediera y la puerta se hiciera a un lado, provocando que su corazón empezara a latir con fuerza.

Hermione se había enfrentado a muchas situaciones peligrosas e incómodas en su vida, pero aquella noche necesitó una dosis extra de valor para entrar en casa de Malfoy. ¿Y si a Draco le había pasado algo? ¿Y si no quería verla? ¿Y si estaba enfadado? O peor: ¿y si había decidido irse para siempre? ¿Qué haría ella entonces?

Se adentró con pasos lentos pero seguros en el oscuro vestíbulo de entrada. Olía a cerrado, como si hiciera varios días que Hokey no limpiaba. Hermione se adentró un poco más, con la varita firmemente agarrada en el interior del bolsillo de su chaqueta, y caminó hasta el salón principal, en donde tantas horas había pasado en compañía de Malfoy. La mayor parte de ellas habían estado discutiendo, pero aún así no pudo evitar sentir una mezcla de nostalgia y tristeza creciendo en su interior.

-¿Hay alguien en casa? ¿Hola?

La mansión Malfoy le respondió de nuevo con el mismo silencio sepulcral. La vida parecía haberse fugado de aquella casa.

Esperó a que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad, y entonces se dirigió hacia las escaleras para probar suerte en el segundo piso. Subió los escalones muy despacio, esta vez con la varita en ristre y siempre vigilando su retaguardia. Su sexto sentido fallaba pocas veces y algo le decía que había alguien en la casa. Podía notarlo.

Intentó abrir la primera habitación del pasillo, pero la encontró cerrada, al igual que la segunda. La siguiente era la alcoba de Malfoy, así que Hermione se lo pensó antes de intentar abrirla. Llamó un par de veces a la puerta, pero al ver que no había respuesta, respiró profundamente y giró el pomo.

-¿Malfoy? ¿Eres tú? ¿Estás ahí?

Pero allí tampoco había nadie y el olor a cerrado y a humedad era incluso más intenso en aquella habitación. Las sábanas de la cama de Draco estaban revueltas, aunque parecía que nadie las había usado en varios días. Había ropa tirada por el suelo y amontonada en una butaca, y por el estornudo que tuvo que reprimir no le costó demasiado deducir que nadie había limpiado aquel lugar en semanas.

Quizá su instinto había fallado, después de todo. A lo mejor sus temores se habían cumplido y Draco se había marchado para siempre. La idea se materializó en seguida en un fuerte sentimiento de tristeza que empezó a brotar en algún lugar de su interior. Resignada, Hermione cerró la puerta con expresión ceñuda y la mirada fija en el suelo. Su mano todavía estaba rodeando el pomo cuando escuchó aquella voz.

Su voz.

-Me he mudado de habitación –le dijo-. Tenías razón: la mía era demasiado grande para mí solo.

Hermione se alegró de estar de espaldas porque así él no podía ver la sonrisa de alivio que empezó a formarse en la comisura de sus labios. Draco estaba allí, después de todo. No se había ido. Todavía tenían la oportunidad de hablarlo. ¿Pero cómo?

Ella se giró lentamente, intentando controlar el inesperado temblor de sus rodillas y el latir descontrolado de su corazón. Draco la observaba desde el piso inferior. Estaba pálido como la nieve y más delgado que la última vez que se habían visto, pero tenía los ojos muy abiertos y quizá fuera la falta de sueño, pero a Hermione le dio la impresión de que al Slytherin no le desagradaba del todo la idea de que ella estuviera allí.

-Intenté llamar, pero no me abrió nadie –dijo ella, hundiendo las manos con timidez en los bolsillos de su abrigo. Una gota de agua resbaló por su flequillo y se estrelló en la moqueta del suelo.

-Estás empapada –afirmó Draco con preocupación. El Slytherin fue hasta un sofá cercano y cogió una manta.

Ella hizo un gesto de rechazo con la mano y bajó las escaleras tiritando. Cada paso que daba era un paso más cerca de él y no sabía si temblaba de frío o de nerviosismo. Se detuvo a menos de un metro de Malfoy, que había encendido las luces, desvelando el desorden imperante en aquella estancia. La mayoría de los muebles estaban cubiertos por una fina película de polvo y había platos con restos de comida encima de una mesa.

-¿No tienes elfos para limpiar? ¿Dónde se han metido?

-Estaba cansado de ellos. Me he desecho de todos.

-¿En serio? –preguntó Hermione, abriendo los ojos con sorpresa.

-Sí. Supuse que te agradaría cuando te enterases.

-Bueno, no puedo enterarme de nada si no nos vemos.

Cuando Hermione fue consciente de lo que había dicho, ya era demasiado tarde para retirarlo. Las palabras habían salido de su boca casi automáticamente. ¿Qué pensaría él? ¿Lo interpretaría como un reproche? Casi estaba convencida de que Draco aprovecharía la ocasión para hacer algún comentario sarcástico o se pondría a la defensiva. Entonces empezarían a discutir como era habitual en ellos. Pero Draco no se inmutó. Solo la miró fijamente, como si fuera la primera vez que se vieran. ¿Qué era aquello? ¿Odio? ¿Amor? ¿Rencor? Hermione no consiguió interpretar su mirada. Solo supo que no iba a ser capaz de aguantarla mucho más tiempo y se esforzó por romper el silencio.

-Te preguntarás qué estoy haciendo aquí –le dijo.

-En realidad, no. Ya sé para qué has venido –dijo Draco, sonriendo con suficiencia.

-¿Lo sabes? –se extrañó ella.

Él asintió quedamente. –Pero no creo que quieras vivir con la verdad –le advirtió, metiendo las manos en los bolsillos.

-Me conoces muy poco si piensas eso. Lo cierto es que llevo todos estos días intentando olvidarme de…

-¿De qué? –se apresuró a preguntar él con impaciencia, cuando vio que ella titubeaba.

De ti, pensó. Intentando olvidarme de ti. Pero Hermione no encontró las agallas suficientes para decirlo en voz alta o quizá es que su cerebro estaba demasiado cansado para pensar con claridad.

-De… todo –acabó diciendo, aunque ruborizándose levemente-. Pero no funciona. No consigo… Yo…

Hermione suspiró con cansancio. ¿Qué era lo que había estado pensando antes? ¿Dónde estaban las palabras cuando las necesitaba? Ahora que tenía a Draco delante, ya nada parecía importante. Ni la noche del Aniversario ni lo mucho que le había echado de menos aquellos días ni la tristeza que sentía cada vez que se daba cuenta de que él ya no formaba parte de su vida. Hermione se había perdido en algún lugar del intenso azul de los ojos de Draco y tuvo que hacer un esfuerzo para seguir hablando.

-Escucha, si he venido es porque necesito saber por qué soy yo la única que no recuerda la noche del Aniversario. Entiendo por qué nos casamos, pero… no lo entiendo.

El gesto de Draco se hizo inmediatamente más duro al escuchar estas palabras. Qué imbécil había sido. ¡Por supuesto que ella había vuelto solamente para husmear! No tenía nada que ver con él ni con el hecho de que Hermione sintiera algo parecido a lo que le estaba torturando. Había sido tan penoso tener que enterarse de su vida por las revistas… tan impropio de él… Tan… ¡Muggle! ¿Qué le había hecho? ¿En qué le había transformado la Sabelotodo? ¿Por qué no pasaba un minuto sin que se acordara de ella?

Draco se giró y le dio la espalda. Tenía las mandíbulas apretadas cuando observó con rabia la pila de revistas que había al lado del sillón. Aquella había sido su única ventana a la vida de Hermione durante todos aquellos días. Aquellos patéticos y escasos artículos que mentían más que informaban. Pero ella no había regresado a Malfoy Manor porque le echara de menos. Tan solo deseaba indagar sobre la noche del aniversario. Draco hundió las manos en los bolsillos y su voz sonó más dura y distante que nunca cuando se dirigió de nuevo a ella.

- me lo pediste. Fuiste la que me propusiste matrimonio –afirmó con enfado, dejando que fuera el orgullo quien hablara por él.

-Eso ya lo sé. Llevo semanas soñando con ello, ¿recuerdas? ¿Pero qué pasó después? ¿Por qué yo no lo recuerdo pero tú sí?

Draco se giró rápidamente y le clavó una mirada gélida. –No digas tonterías. ¿Qué te hace pensar que yo recuerdo algo? –le espetó con dureza.

Ella aguantó la mirada del Slytherin y abrió la boca con sorpresa. Sabía que Draco le estaba mintiendo, pero no era capaz de comprenderlo. ¿Qué ganaba él ocultándoselo? Ya estaban divorciados, el juicio de su padre había pasado. Entonces, ¿por qué seguía mintiéndole? Hermione estaba lejos de comprender que acababa de herir el orgullo de Malfoy. Se sintió tentada de exigirle una explicación, pero cuando lo intentó, sus labios no respondieron. Estaba agotada. Ella ya no quería pelear con él. Solamente necesitaba encontrar la pieza de aquel puzzle para poder comprender por qué de repente ya no quería estar lejos de Draco ni un día más.

-Muy bien, como quieras –le dijo entonces, dando un paso atrás-. Está claro que no estamos en la misma página y yo no soy un agente del Ministerio. No puedo obligarte a decir la verdad.

La Gryffindor dio media vuelta y caminó con decisión hacia la salida. Draco abrió los ojos, asustado por aquel intenso dolor que le asaltó de pronto en el centro de su pecho, como una bala que se hubiera traspasado, dejándole sin aliento. Ni un Adava Kedavra podía doler tanto. Tenía que reaccionar. Rápido.

Hermione casi había abierto la puerta cuando notó que Draco agarraba su muñeca con fuerza y tiraba de ella hacia atrás, obligándole a darse la vuelta. El Slytherin posó las manos a ambos lados de su cabeza, de manera que Hermione quedó atrapada contra su cuerpo y la puerta. Apenas les separaban unos centímetros, por lo que no pudo evitar advertir cómo los ojos de Malfoy descendieron hasta posarse en sus labios. Él respiraba con dificultad y su reacción le había sorprendido tanto que el corazón de Hermione empezó a martillar contra su pecho.

-¿Cuánto tiempo vamos a estar así? –preguntó Draco.

-No sé a qué te refieres.

-Así, fingiendo que no pasa nada entre nosotros.

Hermione se ruborizó. -No sé qué quieres que haga. Estoy intentando saber la verdad, pero tú no me dejas. ¿Es que no lo ves? Draco, quiero pasar página, quiero olvidarlo.

-Bueno, yo no puedo olvidarlo –afirmó él-. No quiero olvidarlo.

Malfoy se acercó un poco más para acariciar su cara y Hermione no pudo evitar hundir la mejilla en su mano. Hasta ese momento no se había dado cuenta de lo mucho que anhelaba el contacto físico del Slytherin.

-¿Qué es lo que quieres, Draco? –le preguntó en un susurro que sonó a súplica, sintiéndose demasiado frágil para oponerse realmente a sus caricias.

-Sé que me odias, pero es imposible que no lo notes –le preguntó, sujetando su cara entre sus manos-. Hay algo entre nosotros, Hermione.

-No.

-Sí, sí que lo hay –insistió él-. He intentado negármelo y sé que incluso ser mortífago es una ocupación menos arriesgada que ser tu novio, pero estoy cansado de engañarme a mí mismo… te deseo.

Hermione cerró los ojos con fuerza, estremeciéndose al escuchar en voz alta lo que había estado intentando negarse las últimas semanas.

-Y sé que tú también me deseas.

Suspiró. Draco estaba tan cerca que podía sentir su aliento, caliente, lamiéndole el cuello.

-Sí.

Era verdad… Le deseaba más de lo que había deseado a nadie antes. ¿Podía ser eso posible? Draco deseaba a Hermione y Hermione deseaba a Draco.

Abrió los ojos y le miró confundida e intrigada al mismo tiempo, pero sobre todo asustada por la cercanía de Malfoy y lo que sus caricias le hacían sentir. La expresión de Draco no dejaba lugar a dudas. Su cuerpo se tensó cuando reconoció en los ojos del Slytherin el mismo deseo que se abría paso en su interior.

Hermione permitió que sus ojos se posaran sobre los finos labios de Draco, que estaban partidos en dos. Quería besarle. Era más que un simple pensamiento, más que una simple fantasía. Se trataba de una verdadera necesidad, que fue en aumento cuando Draco le puso un mechón de pelo detrás de la oreja.

Bésame, Draco. Por favor, bésame.

Mantuvieron el contacto visual durante un momento que se hizo eterno. Estaban tan cerca que Hermione calculó que le bastarían uno o dos centímetros para atrapar los labios del Slytherin entre los suyos. Su respiración empezó a agitarse cuando él acarició con despreocupación su labio inferior con el pulgar.

-¿Draco?

-¿Hmm?

-No sé lo que estás haciendo, pero o me besas ahora mismo o tendrás que dejar de acariciarme así, porque estoy a punto de volverme loca.

La petición, combinada con el tono serio y suplicante que empleó Hermione, despertó en él una fuerte excitación. Los dos sabían que había mil razones por las cuales aquella era una pésima idea, pero sus cabezas ya no atendían a ninguna lógica. Draco consiguió aguantar un par de segundos más, la tensión creciendo, hasta que atrajo la cabeza de Hermione con su mano para robarle un tórrido beso.

Habían estado tan hambrientos uno del otro que ahora se buscaban con deseo.

-Draco…

-No, por favor, no digas nada –dijo él, tratando de controlar su respiración agitada. –Solo… quédate conmigo.

-Pero…

-Dime que no me sientes y dejaré que te vayas.

Draco le dio la oportunidad de contestar, pero Hermione supo que estaba perdida. Sus besos se sentían demasiado bien para desear realmente que se detuviera. Draco era agresivo y dulce al mismo tiempo y cuando se besaban ya no quería pensar, tan solo deseaba sentir.

-Dime que no sientes esto. –Draco la besó dulcemente en la mano. –O esto. –Hermione no pudo reprimir un gemido que nació en lo más profundo de su pecho cuando Draco empezó a besar la suave piel de su cuello. Echó la cabeza hacia atrás, sintiéndose incapaz de protestar. –O esto…

La morena se rindió, desconectando por primera vez su cabeza para no tener que pensar en las consecuencias que tendría todo aquello. En aquel momento lo único que deseaba era volver a sentir la lengua de Draco otra vez, luchando contra la suya, presionando, succionando, mordiendo, haciéndole querer más. Hermione cerró los ojos, movió la cabeza y sus labios se encontraron de manera natural con los de Draco. Abrió la boca y creyó perder la poca cordura que le quedaba cuando sintió la punta de la lengua del Slytherin acariciando de nuevo la suya.

-Por Merlín, no sabes las veces que he querido hacerte esto –le confesó Draco.

-Ni tú cuántas veces he deseado que lo hicieras.

Draco empujó su lengua en la cálida boca de Hermione y con un movimiento decidido la aprisionó contra la pared. Sus besos eran ardientes, húmedos y violentos, y Hermione no quería despegarse. De repente sintió una estantería de libros contra su espalda y la presión de la excitación de Draco, encajando entre sus piernas, le arrancó un sollozo que nació en lo más profundo de su garganta.

Se besaron apasionadamente, las lenguas luchando, mientras las manos de Malfoy descendían por su cintura, anhelando tocarla. Él se moría por abrir su camisa para acariciar la piel de sus firmes y redondos pechos, sus pezones endurecidos, despuntando contra la tela. Podía hacerlo. Solo tenía que atreverse con un botón y luego otro, y luego toro… ¿Pero y si ella no quería? Descendió entonces por la pierna de Hermione hasta quedarse a unos centímetros del interior de su muslo. Draco dudó y se sorprendió al ver que Hermione agarraba su mano con decisión para guiarla hasta el centro de su cuerpo para que pudiera sentir el calor y la humedad bajo la tela de sus pantalones.

-Oh, por Merlín. ¿Yo te hago esto? –preguntó él, mordiéndose el labio inferior. Hermione jadeó al sentir la presión de sus caricias, sorprendida de su propia excitación.

-No tienes ni idea…

Ella siempre había sido una persona con mucho autocontrol, pero la cercanía de Draco conseguía hacerla enloquecer. Si seguían besándose así, tocándose así, gimiendo hasta el punto de que era incapaz de distinguir sus voces, acabarían desnudos sobre la alfombra.

Dejó que él la empujara hasta el sillón, sin dejar de besarla. Hermione no podía respirar, no podía pensar. El mundo se había reducido a aquella habitación, a ellos dos y a sus manos colándose por la camiseta de Draco para acariciar la piel de su espalda.

Su parte más racional intentó decirle que aquello era un error, que estaban confundidos por haber pasado tantos días juntos. ¿Pero cómo un error podía sentirse así de bien? ¿Era también un error la sensación de electricidad que recorrió todo su cuerpo cuando los dedos de Draco acariciaron sus costillas y retiraron su camiseta?

-No me lo creo… –dijo el Slytherin, mirándola a los ojos, acariciándole suavemente la mejilla, antes de sonreírle y retomar los besos.

Ella tampoco se lo creía, pero aquello estaba bien. Era perfecto. ¿Se suponía que así debía de ser? ¿Como si su lengua, sus labios, su vientre estuvieran íntimamente conectados con la pulsación que sentía entre las piernas?

Draco cambió su posición ligeramente y Hermione jadeó al sentir todavía más erección. Ese simple movimiento lo cambió todo. Las pulsaciones se multiplicaron, la temperatura de su cuerpo subió varios grados y en su cabeza solo había cabida para un único pensamiento. Quería tocar a Draco. Desesperadamente. Quería sentirle como no le había sentido nunca. Encima, abajo, dentro, de lado… daba igual.

Comenzaron a desnudarse mutuamente. Draco empujó sus pantalones hacia abajo y la miró tentativamente, como si necesitara un último gesto de aprobación.

-¿Quieres…? –le preguntó él con timidez, como si todavía no se lo creyera.

Quería cerciorarse de que ella lo deseaba tanto como él. Habría bastando con una sonrisa, pero Hermione decidió despejar todas sus dudas.

-Draco: hazme el amor.

El corazón del Slytherin se desbocó solo de pensar en la anticipación del momento. Sintió la cálida y ávida boca de Hermione, fundiéndose con la suya. Su lengua, enredada en la suya. Su piel, pegada a la suya mientras se dejaba caer muy lentamente sobre ella, deleitándose con el momento, hasta que por fin empujó hasta enterrarse completamente en su cuerpo.

Ella gimió y Draco empezó a mover las caderas, su respiración haciéndose cada vez más pesada. Oh, dios, estaba tan excitado… Estaba haciendo el amor con Hermione Granger y nada ni nadie podría convencerle de que era algo malo.

Hermione comenzó a moverse más rápido y Draco supo que no iban a ser capaces de contenerse mucho más tiempo. Quería hacerlo durar para siempre, pero Hermione gimió como nadie había gemido antes por él y Draco sintió que algo cedía en su interior. La alfombra que estaba bajo el sofá se deslizó levemente en el momento en el que él dio una última embestida con todo su corazón, su alma y su cuerpo, haciendo que su propio sollozo se confundiera con el de ella.

Draco se apartó hacia un lado, todavía sin creer lo que acababa de ocurrir. Estiró un brazo para dejar que Hermione se acurrucara en su pecho, y vio la sonrisa se dibujaba en sus preciosos labios. Todavía un poco avergonzado, pero increíblemente feliz, la miró a los ojos, le dio un beso y exclamó:

-¡Joder, Granger!

Draco deseaba a Hermione y Hermione deseaba a Draco.


-Draco Malfoy, ¿aceptas a Hermione Jean Granger como legítima esposa, para amarla y honrarla, todos los días de tu vida y hasta que la muerte os separe?

-Sí, acepto.

-Hermione Jean Granger, ¿aceptas a Draco Malfoy como legítimo esposo, para amarle y honrarle todos los días de tu vida y hasta que la muerte os separe?

-Sí, quiero.

-Por el poder que me ha conferido el Ministerio de Magia, yo os declaro marido y mujer.

Se miraron. Por fin había llegado el momento. ¿Daría él el primer paso o lo daría ella? Hermione puso una mueca de auténtico terror. Draco miró hacia otro lado, rogando para que nadie se acordara del paso que venía a continuación y pudieran dar aquel ridículo asunto por zanjado. El agente del Ministerio de Magia bostezó. Era tarde y quería irse a la cama. ¿A qué estaban esperando esos dos?

-Ya está, muchacho, ya puedes besar a la novia –les informó el agente, dirigiéndose especialmente al Slytherin.

Draco rodó los ojos con desesperación. -¿Es absolutamente necesario? –preguntó.

-Tú verás, chico. No hay anillos, no hay beso… ¡No sé qué tipo de boda es esta! Así no puedo dar por válido este matrimonio…

-Hazlo.

Draco frunció el ceño al escuchar aquella voz. Se giró rápidamente y encaró a Hermione. -¿Qué has dicho? –le preguntó, convencido de que se lo había imaginado.

-Que lo hagas –respondió ella-. Vamos, acabemos de una vez con esto. Un beso mío no te matará.

-No me matará, pero tampoco me hará sentir mejor.

-Lo siento, pero si el matrimonio no es válido no habrás ganado la apuesta, así que tú verás –refunfuñó ella, cruzando los brazos sobre su pecho.

Hermione esperaba que esto fuera suficiente para que Draco se echara atrás. De acuerdo, se había equivocado al pensar que el Slytherin no tenía agallas para casarse con ella. Ahora lo sabía y no volvería a cometer el mismo error. ¿Pero un beso? Por favor… Draco Malfoy jamás la besaría a ella. No estaba en el código ético de un Slytherin como él besar a una Sangre Sucia como ella. Él, entre todas las personas, jamás sería capaz de…

-Oh…

Pero Draco sí la besó.

La atrajo con suavidad por la cintura, obligándole a que sus labios se posaron en los suyos. Al principio Hermione reaccionó tensa. Abrió mucho los ojos en señal de sorpresa, alucinada de que él se hubiera atrevido. Todos sus músculos se tensaron, pero entonces él enredó su lengua en la suya, y Hermione no tuvo más remedio que dejarse llevar.

Draco Malfoy la estaba besando. Draco Malfoy tenía los ojos cerrados y sus manos estaban rodeando su cintura con delicadeza y se sentía absolutamente genial que lo hiciera.

Pero a lo mejor Draco estaba apuntando a su mejilla. A lo mejor, él solo quería despedirse de ella. A lo mejor aquello no significaba nada. A lo mejor significaba más que todo lo que Hermione había hecho hasta entonces…

Diantres… aquello sí que era un beso…

El agente del Ministerio los miró y meneó la cabeza, todavía sin entender nada. Se metió el dinero en el bolsillo interno de la túnica y se puso su raído sombrero.

-Bien, creo que aquí termina mi trabajo –comentó.

El hombre hizo una floritura con la muñeca y el contrato de matrimonio que antes había sacado de su maletín quedó firmado por un fino hilo dorado que salió de la punta de su varita. Inmediatamente después, puso rumbo hacia la puerta, murmurando cosas en voz baja, sin dar crédito a lo que acababa de ver.

Draco y Hermione seguían besándose cuando el hombre salió del local. Ella fue la primera en romper el beso y se sintió levemente mareada tan pronto abrió los ojos. ¿Realmente había pasado? ¿Se acababa de casar con Draco Malfoy? ¿Se había besado con Draco Malfoy? De repente todo el alcohol que había ingerido aquella noche dejó de tener efecto en cuestión de segundos. De pronto la morena se encontraba tan lúcida, tan en control de sí misma, que fue como despertar repentinamente de una terrible pesadilla.

La reacción de Malfoy tampoco fue de ensueño. El Slytherin se rascó la cabeza, al principio avergonzado, después confundido y finalmente enfadado consigo mismo. ¿Pero qué coño…?

Entonces los dos muchachos se miraron con odio.

-Granger, si cuentas esto a alguno de tus amigos te juro que no vivirás para pedir la mano de la Comadreja –la amenazó el Slytherin, señalándola rudamente con su dedo índice.

-¿Por quién me has tomado, Malfoy?. ¡La última de mis prioridades sería presumir de ser tu esposa! -Hermione se cruzó de brazos y apartó la vista hacia otro lado.

Las camareras, que habían asistido a toda la ceremonia, los miraron como si estuvieran en medio de una función de teatro. Era hora de cerrar el bar, pero ninguna se quería perder el espectáculo que estaban dando.

-Bueno, ¿y ahora qué hacemos? Digo yo que tendremos que solucionarlo de alguna manera, ¿no? –refunfuñó él, mesándose el cabello con desesperación.

-Yo no sé lo que harás tú, pero yo me voy a casa. Ha sido un día muy largo y estoy cansada. –Hermione agarró su bolso del sofá donde habían estado sentados antes y se dirigió hacia la salida, ante la mirada perpleja del Slytherin y de las camareras.

Draco dejó dinero sobre la barra para pagar por las consumiciones que habían tomado y salió disparado detrás de ella, obligándole a detenerse.

-¿Qué quieres ahora, Malfoy? Estoy cansada, tengo sueño, me duele la cabeza y quiero irme a casa.

-¿Pero cómo vas a irte a casa después de lo que acaba de pasar?

El sol estaba empezando a salir. Draco echó un vistazo al final de la calle, consciente de que no tenían demasiado tiempo para arreglar aquel entuerto. En menos de dos horas Astoria estaría despierta, ¿y qué le diría entonces? Le había mentido en otras ocasiones, pero ¿sería capaz de hacerlo después de haberse casado con la Sangre Sucia?

-No sé, mañana será otro día –respondió Hermione-. Hay tiempo para iniciar los trámites de divorcio.

Draco sacó su varita, le echó su aliento y empezó a limpiarla con su túnica. Cómo había llegado hasta allí o por qué, no lo sabía. Pero la noche del Aniversario se había acabado. Empezaba un nuevo día y con él Draco esperaba que las cosas volvieran a su sitio, al sitio del que nunca debieron salir.

-Relájate, Sabelotodo. No te muevas, será solo cuestión de un minuto –le dijo el Slytherin.

Hermione apoyó una mano en su cintura y le miró con agotamiento, señalando su varita. -¿Se puede saber qué estás haciendo, Malfoy?

-¿Tú qué crees?

-No lo sé, por eso te pregunto.

-Voy a desmemorizarte, Sabelotodo. Eso es lo que estoy haciendo.

-Malfoy, si me desmemorizas no solo no recordaré esto, sino que no recordaré nada.

Él alzó las cejas y acto seguido la apunto con la varita que acababa de abrillantar. -¿Y? Un daño colateral menor.

-No puedes estar hablando en serio… -replicó Hermione, arrugando la frente con desconcierto. ¿De veras era tan tonto creía que le iba a permitir enviarla a San Mungo?

-Tal y como yo lo veo, Sabelotodo, que te desmemorice implica menos daños que no hacerlo. Si no queremos dar explicaciones a nuestro entorno, lo que tenemos que hacer es que parezca un accidente. Así anularán el matrimonio, pero para eso necesito demostrar que te has vuelto loca.

-Pero es que no hace falta que parezca un accidente. Lo único que tenemos que hacer es ir al Ministerio, divorciarnos y ya está. Nadie tiene por qué enterarse –razonó ella.

-Eso implicaría que yo confío en ti. Y no lo hago, así que esta es la única manera de asegurarme de que no digas nada –afirmó él, haciendo una floritura con la varita que le recordó a un esgrimista.

-Malfoy… Estás agotando mi paciencia. Baja esa varita.

-Venga, Sabelotodo. ¿Qué más te da? Pasas una temporada en San Mungo. Te dan cama, comida, te visitarán tus seres queridos. Piénsalo por un momento. ¡Es un sueño hecho realidad para una nacida de Muggles como tú!

-Veo que te hace gracia, pero yo estoy hablando muy en serio. Te lo advierto: Baja-la-varita –replicó ella con los dientes apretados y poniéndose en guardia.

Pero Draco no atendía a razones. De veras creía que podía ser más rápido que la Gryffindor y en un movimiento más temerario que valiente puso la varita en ristre y la apuntó. Un segundo después, al grito de ¡OBLIVIATE! un rayo salió despedido de la varita de Malfoy.

Hermione reaccionó en milésimas de segundo y bloqueó el hechizo de Malfoy al momento con un hechizo defensivo que se encontró con el del Slytherin a medio camino. La colisión de ambos hechizos provocó un fuerte estallido de luz, pero ninguno de los dos se movió ni un centímetro. Ambos mantuvieron sus posiciones firmes y las varitas en ristre, aguantando la potencia de sus encantamientos.

-¡Acaba con el hechizo! –le gritó Hermione.

-¡No!

-¡Malfoy, hablo en serio! ¡Los dos hechizos tienen demasiada fuerza para que uno de los dos gane! ¡Nos haremos daño!

Las camareras del local se amontonaron en la ventana para ver de dónde procedía aquella luz cegadora. Al ver las varitas de Hermione y Malfoy conectadas por aquel haz de luz, supieron que algo malo estaba a punto de suceder.

-¡No puedo aguantarlo durante mucho más tiempo! –protestó ella, notando cómo su muñeca iba cediendo a la presión del hechizo desmemorizador de Draco. Si él no aflojaba pronto, podían causar un accidente muy peligroso.

Hermione fue capaz de controlar la vibración varita durante unos segundos y por momentos pareció que conseguía hacerle retroceder, pero entonces se produjo una gran explosión y los dos salieron despedidos hacia atrás, cayendo con dureza sobre el asfalto.

Algunas camareras hicieron el amago de salir a ayudar, pero la jefa les obligó a cerrar ventanas y puertas. Su instinto le decía que aquello no iba a acabar bien y no quería que ninguna de sus chicas se metiera en líos con el Ministerio.

Permanecieron varios minutos desmayados sobre la acera. Parecía que ninguno de los dos iba a recuperar la consciencia, pero entonces Draco consiguió abrir los ojos, y el síntoma definitivo de que estaba completamente despierto fue aquel pinchazo de dolor en la sien. Se llevó la mano a la cabeza, mientras la otra mano consiguió incorporarse hasta quedarse sentado en el suelo.

Draco se encontraba demasiado mareado para recordar lo que había ocurrido. Notó que los bordes de su túnica estaban chamuscados y que tenía las manos tiznadas de negro. La confusión le impidió comprender qué era el bulto que yacía unos metros más allá, sobre la acera. Al principio percibió solamente un volumen, una masa informe, pero a medida que su cabeza dejaba de doler advirtió la despeinada melena desparramada por los adoquines de la acera y el brazo, tendido sobre el bordillo, con la mano todavía agarrando la varita.

La realidad impactó en Draco como una bofetada en la cara. Asustado, gateó rápidamente hasta donde estaba desmayada Hermione. Ella tenía la cara tan pálida que lo primero que hizo fue asegurarse de que tenía pulso. Era extremadamente débil, pero suspiró con alivio al comprobar que todavía latía.

-Hermione, Hermione, ¡despierta! –exclamó Draco, mientras le daba palmaditas en la mejilla para intentar que reaccionara-. ¡Despierta, por favor!

Ella se movió un poco, hasta quedarse con la cabeza reposada sobre el pecho del Slytherin.

-¿Hermione? –preguntó el muchacho, al ver que ella se incorporaba lentamente y le observaba con la mirada perdida-. ¿Estás bien?

Pero lo único que hizo Hermione fue abrir mucho y repetir exactamente lo que él había dicho:

-¿Estás bien?

-¿Te estás burlando de mí? –inquirió Draco, enfadado.

-¿Te estás burlando de mí?

Cada palabra que decía Draco, ella la repetía, como si el hechizo desmemorizante que le había lanzado, combinado con el suyo, la hubieran privado de funciones básicas. Una cosa estaba clara: no podía llevarla en ese estado a su casa. Si la Comadreja y Caracortada la veían así, no descansarían hasta arrancarle la piel a tiras. O peor todavía: si el Ministro se enteraba de que había atacado a una heroína nacional, lo mandarían a Azkabán junto a su padre sin darles siquiera la oportunidad de defenderse ante un jurado.

-Oh, mierda, mierda, mierda, esto no puede estar pasando. ¡Vamos, mujer, recomponte! –le dijo, muerto de miedo, retomando las palmaditas en la mejilla.

Draco refunfuñó, enfadado con la situación. ¿Por qué las cosas tenían que ser siempre así de complicadas con la Sabelotodo?

-Vamos, camina. Tenemos que buscar ayuda.

-¿Ayuda? –repitió Hermione-. ¡AYUDA, AYUDA, AYUDA!

-¡CHIST! ¿Has perdido el juicio? ¡Esto está lleno de Muggles! ¡Se van a pensar que soy un violador!

-¡VIOLADOR! ¡VIOLADOR!

Draco rodó los ojos con desesperación, agarró la mano de la Gryffindor y tiró fuertemente de ella. Tenían suerte de que no hubiera ningún Muggle por allí. Necesitaban ayuda. Urgentemente. ¿Pero de quién? Los que podían poner fin a aquel desastre estaban todos muertos, así que la única persona que se le pasó por la cabeza fue su madre.

Sí, eso es.

Hablaría con Narcissa. Le explicaría someramente lo que había pasado y ella sabría qué hacer. Si había alguna esperanza de arreglar el desperfecto en el que se había convertido la Sabelotodo, su madre sabría a quién acudir.

Draco se llevó entonces la mano a la cabeza. Un dolor agudo estaba empezando a martillar su sien derecha, pero estaba demasiado preocupado para hacerle caso en ese momento. Caminó varios pasos, tirando de Hermione con fuerza, pero la muchacha siempre se quedaba rezagada, admirando cualquier cosa que se le pusiera en el camino.

-¿Qué es eso? –preguntó ella.

Draco frunció el ceño, extrañado. Al parecer, la Sabelotodo estaba recuperando la cordura por momentos. Eso le dio esperanzas. Seguía confundida, pero en los cinco minutos que llevaba luchando con ella para que caminara, ya era capaz de formar frases por su propia cuenta.

-Un semáforo Muggle.

-¡SEMÁFORO MUGGLE!

Draco iba a contestarle malhumorado, pero le dolía demasiado la cabeza. El dolor se estaba expandiendo y esta vez ni siquiera apretando fuertemente las mandíbulas consiguió ignorarlo. ¿Y si aquello era a consecuencia del hechizo cruzado? ¿Y si no era solo Hermione la afectada?

Siguió tirando de ella, esta vez buscando con desesperación un lugar resguardado donde poder Aparecerse. Algunos Muggles ya estaban despiertos y no quería llamar su atención. Doblaron una esquina y Draco vio a lo lejos un callejón que parecía lo suficientemente oscuro.

Comenzó a andar con pasos más rápidos, pero entonces se dio cuenta de que Hermione no le seguía. Se había soltado de su mano y miraba, embobada, la entrada de un edificio. La cabeza volvió a pincharle con fuerza, un sudor frío empezó a perlar su frente y su espalda.

-¿Qué haces? ¡Vamos, se está haciendo tarde!

-¡QUÉ HACES, QUÉ HACES! ¡TARDE, TARDE!

Pero Hermione se carcajeó y empezó a dar vueltas sobre sí misma, llamando la atención de un Muggle que trabajaba en el edificio frente al que se había detenido. Se trataba de un hotel y su aparcacoches los miraba con cara de estar a punto de llamar a la policía. El malestar de Draco siguió aumentando mientras intentaba agarrar a Hermione, que le cogió de las manos y le obligó a dar vueltas con ella.

Cada vez sudaba más y estaba casi convencido de que se trataba de los efectos secundarios del hechizo cruzado. La Sabelotodo se había vuelto loca y no era capaz de reconocer nada a su alrededor y él… a saber lo que le pasaría a él.

Lo único que Draco tenía claro era que no podía arriesgarse a caer desmayado en la acera con una lunática por toda asistencia. Imaginar lo que le harían los Muggles conseguía ponerle los pelos de punta. Si descubrían que eran magos, harían todo tipo de experimentos con ellos. Draco se imaginó terribles torturas y degollamientos. Por su cabeza pasaron rápidamente las historias de científicos locos Muggles, torturando a animales. ¿Harían lo mismo con ellos? ¿Era ese su final? Bien. Si iba a morir así, Malfoy decidió que al menos moriría con dignidad y orgullo, no a manos de unos sucios Muggles.

Piensa, Draco, piensa.

Y entonces lo supo. Miró al aparcacoches, que estaba hablando con uno de los recepcionistas del hotel, el cual acababa de salir para ver quién estaba armando aquel escándalo, y decidió que aquella era su mejor baza. Si conseguía alquilar una habitación en el hotel y llegar a ella antes de perder el conocimiento, quizá todavía tuvieran alguna esperanza de morir de la manera más Malfoy posible, dadas las circunstancias: en un hotel de cinco estrellas.

Draco agarró a Hermione por la cintura, se la puso sobre el hombro y entró en el lobby del edificio, ignorando las patadas que la muchacha iba dando en el aire.


-Buenos días.

Hermione abrió los ojos y su cerebro tuvo que afrontar tres realidades equitativamente placenteras: Draco Malfoy le estaba sonriendo, habían hecho el amor toda la noche y aquel era el mejor despertar que había tenido en años.

Sonrió con timidez, correspondiendo la sonrisa del Slytherin, las imágenes de la noche anterior todavía muy frescas en su cabeza. Él se inclinó lo justo para depositar un suave beso en sus labios, haciéndole comprender que después de todo, no estaba soñando. Estaba allí con Draco Malfoy y era exactamente el sitio en el que quería estar.

-Un sickle por tus pensamientos –dijo él, enseñándole una reluciente moneda.

Que utilizara la misma frase que había usado la noche del Aniversario le hizo recordar el sueño que acababa de tener. Había sido un sueño muy extraño, con el que casi había conseguido cerrar el círculo del misterio de la noche del Aniversario, aunque no del todo. Hermione todavía tenía varias preguntas.

-Así que… -comenzó a decir. Por su tono de voz, Draco supo que lo que venía a continuación iba a ser una burla- me llevaste a un hotel la noche del Aniversario, ¿eh? ¿Acaso querías celebrar allí nuestra luna de miel? Te creía más sofisticado, Draco –dijo, rodeando el cuello del Slytherin con sus brazos.

-Incorrecto. Te llevé allí porque era un asunto de vida o muerte.

Hermione frunció el ceño, indicándole que no estaba del todo convencida de que eso fuera así. A continuación puso su gesto más serio.

-¿Lo dices en serio?

Draco se encogió de hombros. –Los hechizos cruzados te volvieron un poco loca. Estaba intentando llevarte a algún sitio para pedir ayuda, pero yo también empecé a sentirme mal. Pensaba que íbamos a morir y antes de desmayarme en la calle preferí entrar en el hotel.

Hermione sonrió, complacida por lo profundamente Malfoy que sonaba aquello. A nadie más que a él se le habría ocurrido ir a morir a un hotel. La explicación tenía su lógica, sin embargo, todavía había una parte que Hermione no entendía.

-Pero todo este tiempo… Tú lo recordabas y yo no.

-Lo cual demuestra que mi hechizo fue más potente que el tuyo. Se ve que tú te quedaste con secuelas y solo podías recordar en sueños –se burló él.

Hermione golpeó su brazo con fuerza. -¿Y por qué acabamos desnudos?

Draco se echó a reír. Por un momento había olvidado que los dos se habían despertado desnudos al día siguiente.

-De eso… me temo que no tengo la respuesta. Cuando llegamos a la habitación, creo que los dos nos desmayamos y ya no sé qué pasó hasta que nos despertamos. ¿Pero tiene usted alguna queja? Después de lo de anoche, yo pensaba que no –dijo, retirando la sábana para mirarla y haciendo que Hermione se ruborizara.

-Ninguna –replicó ella, poniendo las manos tras la nuca de Draco y atrayéndole para que la besara-. De hecho, creo que debería haberte dejado que me besaras antes.

-No. Yo debería haberte dejado que me besaras antes.

-Uf, a veces me recuerdas a mi abuela –protestó Hermione, rodando los ojos.

-Estás loca por mí, admítelo.

-Culpable de todos los cargos… –respondió ella, sonriendo-. Pero prometo no oponerme más. A partir de ahora podrás besarme siempre que quieras.

-Más le vale, señora Malfoy.

-Señora Granger.

-Malfoy.

-Granger.

-Malfoy.

-¿Granger-Malfoy?

-Querrás decir Malfoy-Granger.

-¡Draco!

Pasaron así un laaaaargo rato, discutiendo sobre el único tema en el que nunca, ¡JAMÁS!, conseguirían ponerse de acuerdo (ni siquiera de viejos). Pero lo cierto es que la suerte les sonrió: el nombre de las dos familias perduró tanto tiempo que sus cuatrillizos utilizaron los apellidos Malfoy y Granger, indistintamente.

Es broma…

En realidad, solo tuvieron mellizos (pero Harry los quiso a ambos como si fueran sus propios hijos).

FIN


NdA: y aquí se acaba (por fin) este fic. Lamento infinitamente el retraso. El último capítulo hace siglos que estaba escrito, pero mi amiga Malena Sama (el azote de las dramioneras) me hizo el favor de hacer de beta reader y cuando vio que en el primer borrador no había una escena de alto voltaje, su conversación conmigo fue algo parecido a esto:

-¿QUÉ? ¿¡NOS TIENES 19 CAPÍTULOS ESPERANDO Y LUEGO LO ACABAS CON UN SIMPLE BESO!? ¡ESPERA, QUE SACO EL HACHA Y TE CORTO LA CABEZA!

Yo en ese momento me agazapé en un rinconcito, asustada. Después llegaron las infinitas discusiones: que si es un fic cómico, que si hasta qué punto da cabida para eso un fic de humor, que si no seas gallina y escríbelo, que si me vas a acabar creando un bloqueo con esto y blah, blah, blah.

Total, que el tiempo fue pasando y en medio de todo me sumí en una vorágine de responsabilidades vitales muy aburridas. El resultado ya lo veis: he sucumbido a los deseos de mi amiga, al menos, en parte. No sé cómo lo he hecho, pero el fic ha pasado de una calificación prácticamente PG a un NC-17 como la copa de un pino. ¿Cosas de la vida? Bueno… no sé si ha sido para bien o para mal, pero quiero pensar que a nadie le amarga un dulce.

Por lo demás, ojalá hayáis disfrutado mucho de este fic y ojalá la espera haya valido la pena. Yo me lo he pasado en grande escribiéndolo. ¿Y tú, leyéndolo? Gracias por haberme acompañado hasta aquí. Si me dejas un review, me harás una mujer feliz. Un abrazo, B.

02: inicialmente la escena de cómo se casaron era diferente, pero al final se me ocurrió que el orgullo era la única razón por la cual estos dos podían casarse. Me alegro de haber acertado.

Ame: la parte del sueño de Hermione del capítulo anterior es una de mis favoritas

Mechame: jaja Espero haberle añadido el picante que me pedías. Ni mucho ni poco… solo un toquecito. Demasiado picante creo que no le pegaría a la historia. Con Lavender… es que no tenía demasiado sentido ponerla en este capi, lo siento. Pero quiero pensar que empezó un tratamiento de sus problemas mentales en San Mungo xD

Nikki: hola otra vez! Y siento el mega-retraso. Uff.. yo es que tuve una época rarísima de parejas-crack. Lo que más me hace disfrutar es coger una pareja difícil, ceñirme al canon todo lo que pueda y juntarla. En este sentido para mí un dramione era un reto muy grande. Espero haberlo sabido hacer a gusto de las dramioneras de corazón! ;)

Emma Felton: tus exigencias son órdenes! Bueno… más o menos. Ha habido chopocientos besos, ¿no? Las quejas, a Malena. En realidad todo es culpa suya. Incluso que haya escrito este fic es culpa suya. ¡Gracias por la insistencia y por recordarme que tenía que seguir la historia!

Love Always: ay, no me mates. Cada vez que me llegaba un review tuyo recordándome que tenía que actualizar, me entraba ansiedad! Jaja No he querido sacar a los demás personajes en este capi porque pienso que es mejor que vosotros imaginéis libremente qué pasó con ellos. No sé… tengo aprecio por Ron, pero no me genera demasiada curiosidad saber qué ocurrió con él, la verdad. Bueno, espero que haber acabado la historia compense las ganas que habrás tenido de matarme estas semanas! Un beso y gracias por todos los reviews.

Sugeisy: misterio resuelto!

Namikaze yuki: bronca? Al final no. Jeje. Siento mucho haberos hecho sufrir tanto con todas las interrupciones.

Danivb: ya está

Heines: muchas gracias! Ya ves que al final ganó la opción que tú querías.

SandraT: muchas gracias. Me has sacado los colores y todo. Me alegro un montón de que lo hayas disfrutado tanto. Para eso era.

Claudia: la mujer misteriosa te voy a llamar! ¿Cómo es posible que llevemos tantos años hablando entre reviews y todavía no tengas un perfil en fanfiction para poder mandarte un miserable PM? ¡Exijo que te crees uno! Jaja. Es broma. Aunque lo que he dicho es cierto. Hablando de tu review: tienes razón en que Rowling convirtió a Ron/Hermione y el Harry/Ginny en las parejas más insípidas del mundo, pero si coges a los personajes por separado te acabas dando cuenta de que Ginny tiene que ser hilarante y Harry así de intenso y… goofy. De ahí que los haya caracterizado de esta manera. Pienso que son más… ¿disfrutables?

Guest: sí, sí la seguí

Norma: todo ok, todo en orden. Tan solo tuve un montón de cosas que hacer y un pequeño bloqueo, pero nada importante!

Valentina: a mí también me encantan los fics de humor. Espero que hayas disfrutado también con el final. Por cierto, yo también odio a los elfos desde que escribí esta historia. Te entiendo perfectamente.