- Ante cualquier problema me envías una lechuza, ¿de acuerdo?

- Sí, sí, tranquila.

- Vale- Kathleen se agachó para abrazar a su hijo frente a la chimenea.

Dos días antes habían recibido una lechuza, una invitación por parte de Ted Lupin para pasar el último fin de semana de vacaciones juntos en casa de éste. En un primer momento, Perseus se emocionó al ver la invitación y no dudó en comentárselo a su madre para recibir su permiso.

Cuando la mujer dijo sí primero sopesando la protección y seguridad que debía tener esa casa, estaba radiante de felicidad. Pero un momento después el aleteo que sentía en el estómago de haber sido invitado disminuyó al recordar que sería posible que se encontrara con Harry Potter de nuevo en esa casa.

La idea de encontrarse de nuevo frente a frente con el gran héroe mediocre del mundo mágico le asqueaba pero la promesa de nuevas diversiones y de, por fin, conocer una casa totalmente mágica como sería la de Ted que vivía con su abuela reprimían el aborrecimiento por el padrino de su compañero de dormitorio.

Después de unos minutos, Kathleen se incorporó y arrojó una pequeña cantidad de polvos flu a la chimenea encendida, las llamas se tornaron verdes en un segundo y ella miró a su hijo con un nudo en la garganta.

- Pórtate bien, hijo, y no hagas enfadar a nadie.

- Lo haré mamá.

- Recuerda enviarme alguna lechuza y ten cuidado. Pronuncia bien el nombre.

- Sí, mamá- repitió Pers con aire cansado.

Entró en la chimenea y se vio envuelto en esas llamas verdes que lamían su cuerpo sin quemarlo, anunció dónde quería ir y en breves estaba dando vueltas a toda velocidad en un torbellino de chimeneas.

De repente, cayó de rodillas sobre un colchón blando de cenizas. Abrió los ojos y tosió. Se levantó con dificultad y al mirar al frente vio la cara sonriente de Ted Lupin mirándole con ojillos brillantes.

- ¡Por fin! Creíamos que ya no ibas a venir.

- Mi madre- empezó Perseus resollando- me ha entretenido.

- No sé por qué pero me lo imaginaba.

Ted le tendió una mano a Pers, que aceptó y tiró de él para ayudarle a salir de la chimenea.

- Sacúdete antes de que mi abuela te vea así, odia que le ensucien el suelo de ceniza.

- ¡Oh! Sí, sí, claro- Perseus se afanó en sacudirse la mayor parte de ceniza de encima, al menos la que llamaba más la atención en claro contraste con su cabello azabache.

- Deja tu mochila junto al baúl, voy a presentártela.

Perseus obedeció. Su baúl, enviado momentos antes, reposaba en un rincón de la sala de estar y depositó sobre él su mochila. Contenía algunos dulces, pergaminos y lo más importante, el libro de pociones que decía ser del Príncipe Mestizo que Pers se encargó de ocultar su existencia a su madre durante todas las vacaciones.

Nada más dejar la mochila, Ted tironeó de la manga de su camisa para llevarlo hacia la cocina. De allí salía despedido un aroma delicioso a estofado y pastel de carne. Al parecer, la abuela de Ted se estaba esmerando en preparar una excelente cena para su invitado.

Ted abrió la puerta de par en par y franqueó la entrada a su compañero. De espaldas a ellos, una señora madura algo rechoncha con batín de flores y delantal con puntillas, tarareaba una vieja canción mientras removía una olla meneando su varita.

- ¡Eh abuela! Ha llegado Perseus- proclamó Ted, animado.

La mujer se giró sorprendida por la interrupción. Miró a los dos chicos con sus pequeños y nerviosos ojos castaños y sonrió tiernamente hacia ellos dos. Su rostro se mantenía bastante terso a pesar de la edad y el cabello rebelde cortado por los hombros era del mismo tono castaño deslucido que mostraba Ted a veces.

- Un placer, joven Perseus. Soy Andrómeda Tonks- le tendió la mano libre de varita a su invitado.

- Encantado, señora- Pers aceptó la mano y la entrechocó con delicadeza.

- Me alegra que tu madre te haya dejado venir, ya verás. Hoy será una noche especial, aparte de ti tenemos más invitados. Mira, chico, acércate- Perseus se acercó con cuidado a la mujer y esta hizo que se asomara a los fogones- ¿Ves? Será una gran cena, pero aun no está terminada. ¡Ted! Iros a jugar de mientras, venga, niños, dejadme trabajar.

- Ya nos vamos, abuela.

Ambos abandonaron la cocina con precipitación y dejaron a la señora cocinar tranquila. Ella siguió tarareando y meneando el contenido de la olla.

- No le hagas mucho caso, se le va un poco, ya sabes.

Pero Perseus no se había quedado con esa expresión en su cara por el haber conocido a tan singular mujer sino por otra cosa que ella había comentado.

- ¿Invitados? ¿Quién viene a cenar esta noche, Ted?

- ¡Ah! Eso, bueno, mi padrino y unos amigos- aclaró Ted sin mirar directamente a Perseus- resulta que yo, bueno, comenté algo acerca de tu libro y les interesó.

- ¿Que tú qué?- se escandalizó Pers mientras subían sus cosas a la habitación de Ted por las escaleras.

- Es que verás, me emocioné contándole la historia a mi padrino y al final me ha convencido para que te invitara y no pude negarme.

- ¿Te convenció para que me invitaras?- Pers se paró en mitad del recorrido mirando a su compañero anonadado.

- ¡Eh! No quería decir eso. Más bien que, a ver…

- No importa- cortó Perseus, tajante. Su ánimo se había ensombrecido- Subamos esto y luego os enseñaré a todos el maldito libro.

La habitación de Ted era un desastre. En Hogwarts no destacaba por ser el más ordenado y organizado y su cama revuelta siempre contrastaba con la perfectamente hecha de Artemis, pero en su casa, libre de miradas ajenas y con total libertad para expandir su caos su desorganización se elevaba al máximo.

Perseus, parado en la puerta miraba a su alrededor como si allí hubiera explotado alguna bomba. Ted, algo avergonzado, intentó recoger aprisa los pergaminos esparcidos por el suelo y ropa repartida por los lugares más singulare. Ensayó una especie de disculpa rápida y susurrante y con una enorme sonrisa dejó que Perseus entrara y se instalara.

- ¿Voy a dormir aquí?

- Bueno, hay un cuarto de invitados, si quieres. Pero mi abuela pensó que te gustaría compartir habitación conmigo, como ya lo hacemos en el colegio.

- Ya- Pers entró y dejó el baúl cerca de la puerta, se planteó seriamente el aceptar la habitación de invitados cuando tuvo que apartar unos calzoncillos sucios de la única silla disponible- Pues no sé qué decirte…

- De aquí a la noche hay tiempo, piénsatelo.

Pers se distrajo de las palabras de Ted. Junto a él, sobre el escritorio revuelto había un marco de fotos. En ella aparecían una pareja, él varios años más mayor que ella, pero se abrazaban y se miraban dulcemente. La foto se movía, claro está, y de los márgenes aparecían de repente más personas que saludaban a la cámara y felicitaban a los novios entusiasmados.

- Mis padres. En el día de su boda. Fue secreta y rápida pero aun así pudieron invitar a algunas personas.

- Oh- respondió Pers. Siguió contemplando la foto. La madre de Ted incluso en la foto tenía el don de cambiar su cabello de color, y su padre, tenía aspecto cansado pero feliz y varias cicatrices en su rostro- Se les ve felices.

- Sí. A mi madre le costó convencer a mi padre para casarse pero al final, lo logró y el poco tiempo que vivieron juntos estuvieron muy unidos.

- Una pena- Pers suspiró. Ellos tenían la suerte de haber nacido después de la guerra, de no haber conocido el tiempo de terror vivido en el mundo mágico pero las huellas de ese período aun estaban presentes en dramas como el de Ted que no conoció a sus padres o el de sí mismo, que también perdió a su padre y convirtió a su madre en una bruja que no quería usar la varita.

Ted se quedó contemplando la foto y suspiró también. Apenas hablaba de sus padres con nadie. Le dolía el no poder disfrutar de ellos y a la vez se sentía orgulloso de tener unos padres tan valientes. De todas formas, no estuvo tan mal. A su alrededor había muchísima gente que le quería y animaba y nunca se sintió solo.

- Dormiré aquí- anunció Pers tranquilo. Había abandonado la visión de la foto para volver a mirar a su compañero- Intentaré no perderme entre el desastre.

- Decidido, pues. Y ahora vamos a jugar antes de que sea la hora de la cena- Ted le sonrió y, cogiéndole de la manga, lo arrastró hacia el jardín.

Pasaron lo que quedaba de tarde en el jardín, Ted acabó por aburrirse de intentar convencer a Perseus de que se subiera a una escoba así que abandonó la idea de practicar el vuelo con su compañero. En cambio aceptó gratamente el desgnominizar el jardín y pronto entraron en competición, era increíble lo bien que se le daba a Pers esa labor ya que era la primera vez que lo hacía. Cuando Andrómeda les llamó para que se lavaran antes de cenar, ambos estaban agotados y llevaban un tanteo de once a seis favorable a Perseus.

Cuando bajaron de asearse oyeron las voces en el comedor. Su padrino y sus amigos ya habían llegado. Ted entró como una exhalación en la sala y les saludó a todos, Perseus, maldiciendo interiormente entró tras su compañero con el rostro pétreo y saludando por educación.

Aparte del fantástico Harry Potter, el héroe de todos los tiempos, habían acudido sus amigos, Ron Weasley y Hermione Granger que habían colaborado en la batalla. Estaba ante la imagen de tres héroes aunque le parecieron tres personas de lo más normal y corriente.

Tras las presentaciones de rigor y sentarse a la mesa se dio cuenta de que los tres adultos le observaban insistentemente, a veces entre ellos intercambiaban alguna mirada cómplice y luego seguían la conversación como si tal cosa. Perseus sabía que todo eso tenía relación con el libro y le molestaba sobre manera que ninguno fuera a decir nada, era una falsedad el permanecer ahí como si a alguien le interesara la plaga de dooxies que tenía la señora Tonks en algunos armarios.

Al fin, cuando la abuela anunció que era muy tarde para sus viejos huesos y se retiró a descansar, los cinco permanecieron en la mesa bajo un silencio tenso.

A Perseus no dejaba de divertirle la situación, casi podía ver como el cerebro del gran Harry Potter urdía una estratagema para poder echar mano al libro. Sonrió entre dientes y se disculpó diciendo que debía ir al baño.

Subió las escaleras y pasó de largo la puerta del cuarto de baño, en cambio entró a la habitación de Ted y cogió el libro del Príncipe para mostrárselo a Potter y sus amigos. Era triste que un niño de once años les facilitara tanto el trabajo.

Bajó y antes de sentarse colocó el libro sobre la mesa, se sentó y les miró con una sonrisa desdeñosa. Harry Potter abrió unos ojos como platos al ver la portada del libro y tanto Weasley como Granger se inclinaron sobre él sin dar crédito a lo que veían. Ted se sorprendió de la reacción de todos.

- Si querías ver el libro sólo tenías que decirlo, no hacía falta que le dieras tantas vueltas- dijo Perseus repantigado en su silla mirando a Potter.

- Dios mío- susurró Potter pasando su mano por la portada del libro. Levantó la vista hacia ese chico insolente- No deberías comportarte con tantos humos, jovencito. Mide tus palabras.

Harry abrió el libro con cuidado y pasó algunas páginas al azar. Entrevió los consejos para mejorar las pociones en los márgenes y también algunos hechizos. A veces, miraba a sus amigos y estos le devolvían la misma mirada de asombro.

- Sin duda es el mismo libro, Harry- dijo Hermione dando un trago a su café.

- Pero debió de destruirse en el incendio de la Sala de los Menesteres. ¿Cómo es que ahora vuelve a estar aquí?

- Fácil. La Sala se lo dio a alguien que realmente lo necesitaba- Hermione miró a Pers significativamente y los otros hicieron lo mismo. Pers frunció el ceño y se cruzó de brazos. Le molestaba que la conversación girara en torno suyo y lo excluyeran por completo. Por su parte, Ted se aburría y hacía rato que no les prestaba atención, jugaba con unos cubos mágicos en el suelo del comedor, junto a la mesa.

- Pero yo no necesitaba ese libro, yo necesitaba…- replicó Perseus enfadado, pero se interrumpió. No quería descubrir los verdaderos aunque seguramente Ted ya lo hubiera hecho por él.

- Saber a quién perteneció tu varita, ¿cierto? Ted me lo explicó- Harry se dirigía a él con mirada triunfal. Pers sólo asintió.

- ¿No sabes a quién perteneció tu varita? ¡Harry! ¡Nunca nos contaste eso!- le recriminó Hermione a su amigo.

- Será mejor que os lo explique él- dijo Harry, se acomodó en su silla y miró a Pers esperando a que iniciara él la historia.

De repente, Perseus se vio bajo la total atención de tres magos adultos que esperaban la historia de su varita con avidez. Carraspeó ligeramente y empezó.

- Me compré la varita en Ollivander. Costó mucho dar con una adecuada para mí pero al final lo conseguí. El fabricante sacó mi varita de una caja bajo el mostrador. No quiso cobrar nada, dijo que la varita ya había sido pagada tiempo antes. Y dijo que… se podrían esperar grandes cosas de mí- Pers bajó la voz hasta callar por completo.

Volvió a sentirse observado mientras clavaba su vista en la pulida mesa.

- ¿Ni siquiera te dijo de qué era su núcleo?- inquirió Ron. Pers negó- ¿Ni siquiera te habló de su anterior propietario?

- Eso sí lo hizo. Ollivander dijo que era un tipo muy valiente y que yo también debería de serlo ya que la varita me escogió.

- Vaya…- exclamaron los tres al unísono.

- ¿La tienes aquí?

Pers por toda respuesta, sacó la varita de su bolsillo trasero y la mostró. La varita era larga y robusta, de color negro con un brillo metalizado. Identificaron la varita de inmediato.

El profesor Snape siempre la usaba para escribir las recetas en la pizarra. Más tarde la usó para asesinar a Albus Dumbledore y luego, la usó para que su patronus guiara a Potter para conseguir la espada de Gryffindor.

- Dios mío- susurró de nuevo Harry- Es su varita- Sus dos amigos asintieron boquiabiertos.

- ¡Reconocen la varita! ¡Ted! ¡Tu padrino reconoce mi varita! ¡Corre, ven!

El aludido corrió hacia la mesa abandonando sus juegos y se sentó junto a su compañero.

- Eso es una gran noticia, Pers- se giró hacia su padrino- ¿Y bien, de quién era?

- Severus… Severus Snape- los ojos de Harry pasaron de enfocar la varita a la cara de Perseus que le miraba a su vez con unos ojos oscuros y profundos que brillaban astutamente.

N/A: Por si alguien no se ha enterado, copiad y pegad (antes quitad los espacios)

h t t p : / / blog hogwarts . com / 2008 / 06 / 11 /ya - esta - disponible - la - precuela /

y podreis disfrutar de la traduccion del texto de 800 palabras que Jo escribio para una subasta benefica. Los protas son James y Sirius pero es curioso leerla.

Un saludeteeee!!