Prólogo: La más negra de las blasfemias.


Las alas se me fueron cortadas de tajo, las esperanza se escapaba por la cornisa de mi corazón y el hombre perfecto se me iba de las manos. Su imagen se me escurría de entre los dedos. Ya no estaba…se había desvanecido, dejando en su lugar el fino encaje blanco al cual mis manos se aferraban, rasgando débilmente el tejido liso y elegante. Lo estrujé con desconcierto.

Incredulidad.

Desilusión.

Decepción.

El símbolo de mi pureza entre mis manos. Mi alma, mi corazón…mi eternidad.

Las manos me temblaron al caer en cuenta de todo lo que significaba ese trozo de tela importado de Francia, hecho a mano con suma dedicación.

Delicado.

Tan fácil de romper.

¿Así es como me veía Edward, no?

Blanco.

¿Por qué blanco? Que mas daba que fuera negro, igual tendría que morir para volver a existir.

Pero no era así. Era blanco.

Símbolo de pureza, inocencia.

Castidad.

De que mi alma era pura, sin una mancha. Y de que dejaría de serlo al entregarme por completo a esa persona a la que he esperado incluso desde antes de nacer. Al que le rogué, denigrándome a mi misma solo por querer…desear el privilegio de ser tocada por tan puro ángel.

Me rechazó. Dijo estar cuidado por mi alma y por lo que quedaba de la suya.

Su castidad. Su inocencia…

Y por más trabajo que haya significado para mí, le comprendí. Acepté ser su esposa y esperarlo.

Confié en su palabra.

Confié en nuestra tan prometida eternidad juntos, libre de mentiras, libre de engaños…de todas formas ¿Alguna vez Edward me mentiría?

La virginal venda en mi interior me cegó con la hermosa ignorancia, envolviéndome en una burbuja de terciopelo.

Ajena a la verdad.

Una verdad que ahora me sacude sin piedad.

Todas las palabras comienzan a tomar forma.

- "…y sé que amor y deseo no siempre van de la mano"-

- "En mi caso sí. Al menos ahora están presentes en mi" -

- "Eso suena bien. Al menos compartimos una cosa" -

Con el vestido aún en manos me encontraba fuera de mi. Me acerqué al escritorio y abrí el cajón debajo de la mesa.

Un gran par de tijeras destellaron su filo a la luz de la luna.

Destacé la tela, al igual que mi orgullo y dignidad estaban.

Mi pureza intocable era cortada fibra por fibra.

Mi inocencia.

La imagen del hombre perfecto.

Cortada a retazos violentos mientras lloraba como si no existiera nada más. La prenda que significaba eso y miles de planes hermosos que se han convertido en mentira.

Mi vestido de novia, mi pureza.

Ahora era nada, no existía.

Al igual que la virginidad de Edward. La que perdió hace muchos años atrás en un arrebato de sus instintos.

Mi vestido de novia, mis ilusiones, mi corazón, alma y cuerpo…

No eran nada.

No tenía nada.

La mentira.

La mentira, cruel verdad que me fue negada haciéndome inocente ignorante me lo había quitado todo. La mentira que tan elaboradamente Edward me hizo creer.

- Me mintió…- susurré ida.

¿Cómo me va a amar si me mintió en un principio?

Me cubrí el rostro con el velo de novia, pensando en que no hubiera descubierto nada, de que hubiera seguido siendo la estúpida más estúpidamente ciega de todo el universo, de que a pocas semanas de mi boda todo hubiera seguido su curso natural.

Hubiera, hubiera, hubiera….

De que hubiera seguido creyendo la hermosa mentira mientras que la cruel verdad siguiera oculta como la más negra de las blasfemias.

Pero el hubiera no existe.


Nueva historia.Si, si…yo sé que están pensando. Si tengo otros tres fics entonces por que comienzo otro. La respuesta es por que tuve esta idea y quise plasmarla.

Me pareció muy buena, por que hace a Edward mas humano…capaz de cometer errores, de mentir. Y claro, Bella por su parte se pone así (taaaan dramática) por que digo, si perdiste casi casi tu dignidad al rogarle a tu novio que te toque y el te dijo que no por que queria seguir siendo virgen hasta el matrimonio y a semanas de tu boda te enteras que ni siquiera era virgen como que…como si que si te impacta y te deja dolida.

Si tienen alguna pregunta por favor mándenmela.

Si tienes alguna petición
especial para Edward,
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