Hola!

Después de una larga espera por fin me vi inspirada para terminar este capítulo. Hoy de golpe escribí 10 páginas… debe ser que Halloween y su locura me hizo bien.

Les agradezco infinitamente a todos los que me han dejado review mientras he estado ausente de mis historias =), me alegro mucho que les guste lo que escribo.

Este es el penúltimo capítulo de esta historia. Después se viene el final y el epílogo. Así que cualquier duda que tengan sobre la trama siéntanse libre en hacerla (ya veo que algo se me pasó de largo).

Para escribir el chap escuché casi todas las canciones de Duffy por youtube.

Gracias a todos por la paciencia,

Ember.

Capítulo XXVIII: La locura llegando al ocaso.

No sabía cómo explicar el alivio que significaba tenerlo a su lado. Tocarlo, olerlo, acariciar su pecho y sentir en él su corazón palpitante. Durante sus días de ausencia soñó con su cuerpo yaciente y frío sobre un pastizal seco. Se imaginaba qué sería de su vida si él no volvía a aparecer, si la dejaba a la deriva de una vida sin rumbo, sin compañía, sin amor.

Pero él estaba ahí, y ahora ya no tenía que pensar en eso. Debería estar feliz, con una sonrisa eterna en el rostro y las mejillas sonrosadas por la dicha. Mas había algo que no le permitía estar así, tan feliz como debiera.

La Culpa.

Cerraba los ojos y sentía el calor imaginario que emanaba la marca de su entrepierna. No había nada que ella pudiera hacer para borrar ese tatuaje, y eso le carcomía el alma. Era como si cada día que pasara esos trazos que dibujaban una "M" le evitaran encontrarse a sí misma, y con ello valorar lo que la rodeaba. Se sentía en un pozo sin salida, sellado por la tinta verde y unos ojos metálicos, fríos y ausentes.

- No te imaginas cómo extrañaba este asiento- comentó Oliver sentándose donde siempre, frente al televisor y con su vista clavada en las estrellas que iluminaban la noche primaveral de Londres.

Hermione tomó asiento en sus piernas y reposó su cabeza sobre su pecho.

- Yo extrañaba mucho estar así…-.

Él sonrió.

El departamento estaba helado, a pesar de la brisa cálida que bañaba la noche en el exterior. Oliver la estrechó entre sus brazos y depositó un beso en su frente, dejándose asombrar por esas pequeñas manos que se colaban entre los botones de su camisa.

- ¿Sabes qué me ayudo a seguir caminando cuando estaba perdido en ese bosque?. ¿Qué era en lo que pensaba en cada segundo que me quería dejar vencer?. ¿Qué era lo que veía entre sueños cuando me tendía entre los árboles?-.

Los ojos miel de Hermione iluminaron la habitación con su mirada.

- ¿A mí?-.

Oliver río y se acerco a sus labios.

- Adoro esa capacidad que tienes de leerme la mente-.

"Si sólo tú pudieras leer la mía…"

Pensó la castaña mientras se hundía en ese mar de sensaciones… Oh, tan dulce que es el amor.

OoOoOoO

La puerta se abrió de golpe, chocó contra la muralla y los cuadros retumbaron en la oficina. Theo levantó la cabeza algo extrañado. No era común que ese tipo de cosas sucediera tan temprano, menos aún en su casa.

- ¡Theo!- gritó Pansy y se dirigió hacia él. Sus ojos estaban inflamados de tanto llanto, y su piel siempre tan pálida se veía surcada por las lágrimas.

Haciendo caso del llamado, Theodore se puso de pie. Abrazó a su amiga con fuerza y la estrechó contra sí. Se suponía que ella debería estar muy lejos de Inglaterra a esa hora. Definitivamente había algo extraño en todo eso.

- ¿Pansy, qué pasó?- le preguntó acariciando su cabeza-. ¿Dónde está Weasley?-.

Un gemido agudo se escapó de los labios de Pansy.

- ¡No sé!- gritó-. Él, él se fue… me dejó. Pero todo es mi culpa. Yo fui la culpable de todo. No sé cómo pude… pero yo era tan inmadura, tenía tanto miedo…-.

- ¿De qué hablas?-.

Las manos de Theo acompañaron a Pansy hasta un asiento y la dejaron ahí. Su amiga se veía absolutamente acabada, con su cabello pegado a su rostro y su vestido azulino arrugado.

Pansy respiró profundo y elevó su mirada hacia Theodore. Cada vez que lo veía pensaba en las consecuencias de la Guerra. A algunos le había destrozado el rostro, como a Theo; a otros le había destrozado el alma, como a Draco: y habían otros poco que habían visto como su futuro se hacía añicos frente a sus ojos… ese era su caso.

- ¿Recuerdas que Bellatrix mató a uno de los Weasley durante la batalla?- Theodore asintió y sacó unos vasos del bar de su oficina-. Bueno… ella supo dónde estaban… porque yo se lo dije. ¡Ellos estaban escondidos y yo los delaté!-.

Las lágrimas de Pansy volvieron a brotar de sus ojos y su mandíbula se apretó. ¿Cómo había hecho eso?, se preguntaba una y otra vez.

Theo caminó hacia su amiga con dos vasos. Uno con el típico menta frappé, y el otro con un whisky en las rocas. Le pasó el licor de menta a Pansy, y se sentó junto a ella, tomando un sorbo de whisky.

- Pansy, pero eso no es culpa tuya. O hablabas y hacías algo útil, o morías por un avada. En esa entonces ninguno de nosotros tenía mucha oportunidad de hacer algo más- dijo Theo recordando la batalla. La imagen de su padre pasó por su cabeza y apretó un poco el puño-. Era sobrevivir o morir… y tú optaste por sobrevivir-.

Con delicadeza Pansy limpió sus lágrimas. Theo sacó un pañuelo de su bolsillo y se lo pasó. Sus manos se rozaron y ambos se miraron a los ojos.

- Pero Ron jamás entenderá algo así, Theo. Su vida ha sido muy diferente a la nuestra… él no sabe lo que es sobrevivir, porque él sólo se ha dedicado a luchar…-.

Comentó con su voz quebrada. "Luchar"… luchar por un mundo donde no exista el odio.

- Pero si te ama, Pansy, él será capaz de entenderte. Explícale lo que era ser hijos de mortífagos. Demuéstrale todo lo que sufriste. Incluso podrías hablarle de todo lo que Draco y tú tuvieron que pasar- Theo sabía que sólo decía lo que decía para hacer sentir a Pansy mejor. Pero de seguro un Weasley jamás entendería la vida de un mortífago-. Si le explicas bien… puede ser que comprenda-.

- ¡Por Merlín, Theo! No me mientas. Tú y yo sabemos que nadie nos entenderá nunca- Pansy se puso de pie y caminó hacia la chimenea apagada. El calor del verano se comenzaba a notar-. Estamos solos en este mundo. Nadie nos entenderá nunca… nadie podrá comprendernos….-.

- Creo que te equivocas-.

Dijo entonces una voz que venía del otro lado de la sala. La puerta se abrió y por ella entró Luna. En su mano llevaba un paquete cerrado y tras ella venía Mary Sue, quien miraba notablemente preocupada a su Jefe

- Luna- dijo Theodore caminando hacia ella-. No te esperaba tan temprano por acá-.

- Tú sabes que me encantan las sorpresas- le respondió entregándole el paquete-. Son pasteles-.

Pansy miró extrañada a la Editora de "El Profeta". No le gustaba que la viera así, con sus ojos enrojecidos por las lágrimas. Una cosa era llorar frente a su amigo, y otra que una amiga de Ron la viera llorar. ¿Dónde quedaba su orgullo?. Pero Luna ni se molestó en mirarla como cualquier otra mujer lo haría. Abrazó a Theo y depositó un beso en cada una de sus mejillas, con una naturalidad y un amor que estremeció el alma de Pansy.

- Luna, muchas gracias por venir…- le dijo Theo con una sonrisa. Muy pocas veces Pansy lo había visto sonreír así-. Pero hoy estoy algo ocupado. Además que estaba conversando con Pansy y…-.

- Sí, no te preocupes, yo sé cómo puede ser Ron de vez en cuando- dijo Luna rápidamente. Tomó asiento en una silla y se quedó mirando a Pansy-. Sabes, yo sé donde está Ron. Si quieres podría hablar con él y explicarle todo el asunto-.

Theo miró a Luna sin entender, intentando buscar la respuesta de cómo Luna podía saber del romance de Pansy y Weasley.

- Soy editora del Diario mágico más vendido del mundo. Prácticamente sé todo de todos- respondió antes de que le preguntaran-. Entonces, ¿quieres mi ayuda?-.

En silencio, Pansy y Theo se miraron. Ambos no sabían qué podía significar esa intervención de Luna, la cual encontraban demasiado afortunada para parecer casualidad.

- ¿Realmente crees que podrías ayudarme?- le preguntó Pansy.

El vaso de menta frapee golpeó la mesa y la sonrisa de Luna se extendió por su rostro.

- Confía en mí, sé qué hacer para que la gente cambie de opinión-.

Y Theo no pudo más que afirmas eso. ¡Por Merlin, sí que amaba a esa mujer!.

OoOoOoO

La culpabilidad latía como una bomba en su corazón.

¿Cómo había podido engañar a Oliver?. ¿Cómo podía vivir sabiendo que le estaba mintiendo en cada sonrisa?. Lo amaba, lo amaba muchísimo, pero en su interior sentía que se pudría cuando recordaba todos los sucesos vividos con Malfoy.

Bajó la pluma hacia el tintero y suspiró.

Tendría que decirle la verdad a Oliver, aunque doliera, y luego debería explicarle todo lo que le había ocultado desde que había sido raptada. No podía seguir así, guardando en su memoria todas aquellas cosas que hacían su alma arder. Porque cada mentira, cada silencio que cubría sus labios era como una daga invisible que atravesaba su corazón. No se quería ni imaginar qué expresión podría Oliver cuando le relatara todos los sucesos que tenía sellados en su fuero interno. No quería ni pensar en cuánto le dolería saber que había sido engañado de una forma tan ruin... tan profunda.

El reloj de la oficina marcaba las nueve en punto, y a pesar de que aún era temprano, había un ruido en el pasillo que no le permitía mantener su concentración.

- ¡Pero está ocupada…!- escuchó que decía su secretaria con un grito ahogado.

La puerta se abrió y, cerrándose de golpe, pasó la imponente figura que se dirigía hacia ella.

Su cuerpo se estremeció cuando levantó la mirada.

- Granger…-.

El apellido fue pronunciado con un dejo de ira latente. Hermione se puso de pie y enfrentó la mirada grisácea que la observaba. La misma mirada que le provocaba tantas sensaciones a la vez que no sabía qué hacer para reaccionar de forma coherente.

- Mi secretaria te dijo que estaba ocupada, Mafoy. No tienes ningún derecho de venir e interrumpir así en mi oficina, ¿entendiste?- le espetó con esa voz aguda que ponía cuando se enojaba.

Pero su regaño no fue realmente escuchado, y los pasos elegantes, pero firmes, de Draco Malfoy lo llevaron a quedar a sólo unos centímetros de Hermione.

- Te recuerdo que donde tú estés puedo entrar… sin pedir autorización alguna-.

Touché

Hermione apoyó sus manos en su escritorio y miró de reojo el abrecartas que estaba a un lado. Si fuera necesario sería capaz de defenderse con él de una posible amenaza del rubio.

- Nunca más…- .

Le respondió enderezándose. Su mirada quedó enfrentada a la fría mirada plateada, y sus cuerpos se rozaron con la inspiración de sus pulmones.

- ¿Qué te hace creer eso, Granger?- preguntó Draco llevando una mano hacia el cabello de Hermione. Sus dedos acariciaron un mechón de pelo y lo acomodaron tras su oreja-. ¿Realmente crees que la llegada de Wood es el final de todo?, ¿Qué él podrá hacer algo contra lo que te hago sentir?-.

De pronto el lugar se había quedado en silencio, como si esas preguntas fueran lo único importante en todo el universo. ¿Qué se escondía tras esa interrogante?. De seguro algo oscuro, poderoso y extraño.

Una sensación de dulce amargura invadió la garganta de Hermione, sintiendo el aliento de Malfoy golpeando su nariz y el roce de sus manos acariciando su cuello. Cerró los ojos y podía percibir que su tatuaje latía como debatiéndose entre arder o explotar, en una mezcla aterradora que sólo era acallada por su ultrajada consciencia que intentaba llamar la atención sobre los efectos magnánimos de la magia oscura que escondía la "M" con la que había sido marcada.

En un arrebato ilógico posó su mano sobre el hombro de Draco, sus dedos se hundieron en esa parte de su anatomía y su cuerpo se acercó al de él, con un pequeño paso que hizo un "tac" en el suelo de madera.

Draco bajó una mano hacia su cadera y la acercó a él, con fuerza. Hermione pudo sentir que su hombría ya respondía al tacto de sus cuerpos.

- Granger, ¿con qué intención intentas desafiar al destino?. Estamos destinados a esto, a odiarnos y… desearnos-.

Los labios de Hermione se curvaron en una mínima sonrisa.

- ¿Desearnos, Malfoy?. ¿Tú me deseas?-.

La pregunta fue soltada en un tono sugerente, tan así que ni Hermione se percató de su intención. Ella sabía que Malfoy la deseaba, así se lo decía su miembro palpitante y sus labios fogosos, los mismos labios que ahora habían comenzado a besar su cuello.

Malfoy bajó su mano desde la cadera hasta la pierna de Hermione. En un solo movimiento dejó a la castaña contra el escritorio, y levantó su pierna derecha para dejarla quieta sobre su cadera, así aproximando sus dos sexos bajo la ropa que los separaba.

- ¿Acaso no lo notas, Granger?- sus dedos subían peligrosamente por su pierna hacia sus muslos-. Sabes, en este preciso momento me molesta de sobremanera estas medias que llevas puestas-.

Ella rió contra su cuello y besó su mejilla. ¿Qué le estaba pasando?, ¿por qué no podía controlarse?. Pero en ese momento no buscaba respuestas. Cada día que pasaba la marca la controlaba más que antes, como si llegara el momento en que lo único que no podría evitar sería acostarse con Malfoy en cada rincón que se reunieran.

Se estaba volviendo irremediablemente adicta al fresco ardor que le provocaba su tacto.

La nariz de Malfoy tocó la suya. Su mano subió hasta su entrepierna y acarició su zona húmeda que estaba cubierta por la pantaleta de encajes y las medias que la cubrían. Con ese roce Hermione se estremeció.

- Hum…- jadeó echando la cabeza hacia atrás-. No sólo a ti te molestan-.

Draco sonrió notoriamente y presionó con un poco más de fuerza. Su dedo produjo una sensación eléctrica en el cuerpo de la castaña.

- ¿Notas la urgencia?, el palpitar…- la voz de Draco parecía un rugido apagado que se arrastraba por su garganta-. Eso es lo que me haces sentir, Granger, una urgencia de meterme en ti a cada momento-.

Las caricias de Draco hacían temblar la única pierna de Hermione que se sostenía en el suelo.

- ¿Siempre… Malfoy?- le preguntó ella acercando su pelvis aún más al cuerpo del rubio.

Él apretó su mano contra el cuello de Hermione y acercó su rostro al suyo. Su control estaba perdido en la calentura que sentía, y estaba seguro que ella también había perdido su racionalidad en la humedad de su ropa interior.

- Siempre…-.

Le respondió antes de atacar con locura los labios abiertos de la castaña, que justo en ese instante soltaban un gemido a causa de la excitación provocada. La lengua de Draco acarició los labios sonrosados, y luego se entrometió en la oscura y dulce agonía, sintiendo el calor de las mejillas de Hermione y la suavidad que lo esperaba cuando se deshiciera de las medias y de su propio pantalón que lo apresaba.

Ya se imaginaba lo que sería poseerla una vez más, sobre las cartas certificadas del ministerio y los timbres que debía poner en los informes oficiales. ¿Pero qué podía importar el trabajo cuando estaba tan caliente?. Lo único que importaba era meterse en ella, bañarla en sus jugos, besar sus recovecos, absorber su sudor, y si eso no fuera aún suficiente, clavarse en su interior una y otra vez hasta terminar con cientos de orgasmos sobre cada mueble de la oficina. No sabía en qué momento su plan se había transformado en locura. En qué instante había cruzado el límite, tan así, que cuando estaba junto a ella lo único en que pensaba era en el placer inmediato de sus besos, de sus gemidos, de sus caricias sobre su piel. Llevaba noches soñando con ella, con su voz, con sus gritos cuando la hacía llegar al climax. Incluso, debía admitirlo, nunca nada lo había obsesionado tanto como el color rosa de sus pezones, el suave sabor de su sexo, entre floral y seductor, el vaivén de sus caderas sobre su miembro erecto, la caída de su cabello sobre esos hombros blancos decorados por un lunar y la forma en que ella lo besaba cuando él entrometía sus dedos curiosos en el calor de su interior. Nada se podía comparar a esos besos… aún ni siquiera los besos que Pansy le daba cuando estaba loca por él.

En ese preciso instante Draco Malfoy se estaba dando cuenta que su locura por Hermione Granger había cruzado los lindes de la realidad para volverse en su contra. Porque sólo deseaba que ella pensara en él tanto como él pensaba en ella. Y la marca ya no era suficiente para su propósito.

- Abre más tus piernas, Granger- le ordenó.

Hermione ni siquiera pensó en las palabras y le hizo caso, apoyando su trasero completamente en el escritorio para no tener que sostenerse en el suelo. Draco aprovechó este movimiento para introducir su dedo lo máximo que le permitía las medias y las bragas de la castaña.

- Romperé esto…- le advirtió ya desesperado por no sentir el calor de su piel en esa zona. Y sin escrúpulo alguno enterró su uña en la media y la rajó, provocando que su dedo sintiera de forma directa el calor de la piel de Hermione y las contracciones que ya comenzaban a sucederse en su interior.

- ¿Entrarás?- le preguntó ella sin poder ocultar el deseo que se expandía desde su centro a todas las fibras de su cuerpo.

Draco hizo a un lado las bragas con su dedo y acarició la protuberancia que provocó que un suave quejido se esparciera desde la garganta de Hermione hacia las paredes de la habitación.

- ¿Eso deseas…?- le contra preguntó, a pesar que lo único que deseaba era meter su miembro en ella.

Hermione no tenía intención alguna de negarse a esa pregunta; pero como su orgullo aún se erguía en alguna neurona de su mente, se decidió por demostrar la respuesta obvia con un acto, y desabrochó el pantalón de Draco, bajando su ropa interior para dejar su hombría dura en la intemperie.

- Gracias- murmuró él aliviado, acercando la punta de su pene a la entrada lubricada de ella…

Y entrometiéndose sin delicadeza alguna hasta lo más profundo de su ser…

- Uhm…- fue el sonido que Hermione emitió al sentirse colmada por aquello que tanto había estado deseando-. Ahora no te detengas- le ordenó.

Ambos se miraron mientras Draco la penetraba, moviendo consigo el escritorio y provocando que las plumas cayeran al suelo por el balanceo.

- No lo haré hasta que te haga acabar- le prometió él entrando nuevamente en su interior, llenando su ser con el placer de verse rodeado por las paredes estrechas de ella, como si fuera virgen... y no la mujer que él ya había hecho acabar más de una vez.

Y ese no lo haré sellaba más que una promesa de goce absoluto, sino que también significaba un giro que ni Hermione ni Draco se esperaban…

… menos aún Harry, quien veía desde la puerta entreabierta como su mejor amiga yacía con el traidor.

Como ella era capaz de traicionar al hombre que amaba.

Y eso le aseguró que él jamás podría hacer eso.

OoOoOoO

Rápidamente Harry caminaba por los pasillos del ministerio hacia el área de "Los misterios". En su mente seguían las escenas que había visto hace unos minutos en la oficina de su mejor amiga, justo cuando pretendía pedirle un consejo acerca de la duda que había nacido después de su conversación con Ginny.

Pero se había quedado sin palabras al ver a Malfoy con Hermione. Jamás se había imaginado que su amiga fuera capaz de hacer algo así, y aún después de haberlo visto no se podía convencer que todo no fuera más que un engaño de su mente vuelta loca por la decisión a tomar.

Antes de lo imaginado estaba frente a la puerta de Cho Chang. Tocó con sus nudillos y entró sin esperar el típico "pase".

- Harry- dijo Cho poniéndose de pie. Sus ojos miraban extrañada al recién llegado.

- Lo siento por entrar así- le dijo él acercándose hacia el escritorio. Sus pasos parecían más pesados que de costumbre-, pero necesitaba hablarte-.

Cho sonrió y le convidó asiento, mientras buscaba en un estante a su lado la tetera mágica que siempre contenía agua caliente en su interior.

- ¿Un café?-.

- Sí, por favor…-.

- Una de café y una de azúcar... si recuerdo bien-.

Harry asintió y a los minutos recibió la taza que Cho le pasaba.

- ¿Qué sucede?- le preguntó ella sentándose a su lado. Sus ojos oscuros buscaban en el rostro de Harry el porqué de ese gesto de perturbación-. Por lo que te conozco, supongo que algo muy importante se debate en tu interior-.

Por alguna extraña razón Cho podía leerlo con mucha facilidad, pensó Harry al escuchar sus palabras. No sabía porqué era, pero ella siempre había tenido esa facilidad casi mágica para la lógica deductiva, la cual se aplicaba a la perfección cuando se trataba de él y de los problemas que lo aquejaban.

- No te equivocas, Cho… siempre me has conocido muy bien- le respondió con una suave sonrisa.

Ella lo miró de vuelta y posó una de sus manos sobre la rodilla de él.

- Lo sé, y es por eso mismo que has venido a verme, ¿no es verdad?-.

Harry miró el hermoso rostro de la inteligente mujer y, por un segundo, recordó ese beso dado en la Sala de los Menesteres hace años atrás, cuando los dos no eran más que unos adolescentes viviendo una guerra demasiado grande. Cuando pensaba en ello no podía evitar recordar a Cedric, el Torneo de los tres magos, la muerte, a Voldemort y, otra vez, volver al sabor de los labios de Cho sobre los suyos.

- Creo que tendré que irme- le dijo.

- ¿De Londres?- le preguntó ella mostrándose calmada.

Harry asintió y con su mano acarició la mano de Cho sobre su pierna.

- Y no sé por cuánto tiempo… de hecho, no sé si regrese alguna vez-.

Cho arrugó un poco sus labios y se puso de pie. La mano de Harry cayó a su lado, y su mirada persiguió la caminata de Cho por la oficina.

- ¿Y este viaje tiene que ver algo con Ginevra?-.

- No se te escapa una…- comentó Harry sonriendo. Realmente era impactante qué se escondía en la cabeza de Cho. Ella era lejos lo mejor que tenía el departamento de misterios.

Con esa respuesta Cho se detuvo una vez más frente a Harry. Su mirada era severa, sin rastro de preocupación. Más bien parecía un reproche hacia su persona, como si ya supiera qué se escondía tras todo el misterio que Harry depositaba en su futura desaparición.

- Sabes que te ayudaré siempre, Harry, ¿cierto?- le interrogó sin desviar sus ojos de su rostro-. Que puedes confiar en mí porque yo jamás te traicionaría… a pesar de todo lo que ha sucedido entre nosotros.

Harry se puso de pie y quedó muy cerca de ella. Sus alientos chocaron al unísono de sus miradas.

- Lo sé, Cho, y te lo agradezco tanto…- la mano de Harry buscó la mano de Cho, y la encerró en una suave caricia-… no te imaginas cuántas veces me he preguntado qué sería de mi vida si lo nuestro hubiese resultado. Estoy seguro que seríamos muy felices-.

Por primera vez en mucho tiempo Harry la vio sonreír, y esa bella sonrisa hizo que su corazón latiera como un trueno en su pecho. Su otra mano acarició la mejilla de Cho, y en un movimiento sutil acercó sus labios a los de ella… besándola como quien rememora uno de los momentos más felices de su vida.

El aroma del muérdago volvió a su cabeza, al igual que la luz de las antorchas y el agitado murmullo de su respiración adolescente. Le sorprendió sentir que su cuerpo respondía a ese beso igual como había respondido hace tantos años, cuando aún era un joven que recién comenzaba a vivir el amor. Y esa sensación le sorprendió tanto que se alejó de golpe, rompiendo el beso y soltando la mano de Cho con brusquedad.

- Cuídate, Cho- le dijo caminando hacia la salida.

Cho mordió sus labios y vio como la figura de Harry desaparecía por la puerta de su oficina.

- Cuídate tú, Harry- dijo a la nada aún con sus mejillas arreboladas-. Lo necesitarás más que yo, a pesar de que no estoy dispuesta a dejarte sola en esto-.

Y rápidamente se sentó en su escritorio y sacó unos pergaminos.

No había tiempo que perder.

OoOoOoO

La brisa marina golpeaba el risco de la costa Inglesa. Un potente aroma a sal y algas se elevaba desde el mar hacia el interior de la cabaña, inundando su interior con el ruido de las olas y los tibios rayos de sol que se colaban por la ventana.

Ron dejó sobre la mesa el vaso de whisky que bebía cuando la puerta sonó. Tomó la varita de su bolsillo y abrió apuntando sin importarle si era un muggle el que se encontraba al otro lado.

- Luna, ¿qué haces acá?-.

La aludida sonrió y se abrió paso hacia la cabaña, sin molestarse en pedir permiso.

- Que linda la cabaña, era tal como me la imaginaba. Te debió haber costado mucho arrendarla en esta temporada, justo cuando comienza el calor- comentó mirando el vaso que había sobre la mesa y sintiendo el olor a alcohol que salía de él.

- ¿Qué quieres Luna?- le preguntó Ron molesto por la interrupción de sus pensamientos. Después del tercer vaso de whisky se tenía que sostener sobre las paredes para no caer-. No ves que estoy ocupado…-.

Recién entonces Luna se volteó y admiró el deplorable estado de su amigo. Era una lástima verlo así, como si un tren le hubiese pasado por encima.

- Pansy te ama, y si te ocultó parte de lo sucedido hace tantos años… fue porque sabía que reaccionarías así, reacio a escuchar explicaciones-.

Luna y su sinceridad hicieron brotar la ira en el alma de Ron. En un tambaleo avanzó un paso, y se tuvo que sujetar de la mesa para no terminar con la nariz enterrada en la madera del suelo.

- ¡Tú no sabes nada, Luna!- se defendió Ron mirándola con sus ojos rojos por la ebriedad-. ¡Ella es la culpable de la muerte de Fred!. El imbécil de Malfoy lo dijo… y ella no lo negó-.

En un paso largo Luna terminó junto a él. Sacó su varita y pronunció "aguamenti", llevando a que toda el agua cayera sobre el cuerpo aún ebrio de Ron.

- ¿Qué haces?- le dijo él caminando hacia atrás tan rápido que tropezó y terminó en el suelo de la cabaña.

- Intento que recuperes tu cordura- le respondió sin mostrarse enojada ni fastidiada-. Y con tanto alcohol que has bebido de seguro que hasta mañana seguirás pensando estupideces. Por suerte para ti traje una poción antiembriaguez que te ayudará a recobrar tu compostura- dijo Luna sacando una botella violeta del bolso que llevaba cruzado-. Cuando la bebas podrás analizar toda la situación de Pansy y así entender que durante la guerra no hubo nada más complicado que ser hijo de un mortífago…-.

Sin más le tendió la botella a Ron. El pelirrojo elevó su mirada y recibió aliviado la sonrisa que Luna le dirigía. Ella siempre había sido tan extraña que un acto raro más… no le parecía tan loco como podría parecer.

Se llevó la botella a los labios y bebió el líquido amargo que sabía a bilis. Hizo un gesto de asco pero se terminó hasta la última gota…

- ¿Aliviado?-.

Ron percibió como su cabeza respondía a sus pensamientos y el mundo ya no giraba a su alrededor.

- Viva la magia…- comentó poniéndose de pie, y sintiendo el dolor en su trasero. Una de las malas cosas de volver a la realidad después de la embriaguez era recobrar todos los sentidos, incluyendo los del dolor.

- Entonces, como te venía diciendo, tienes que comprender que, primero, Pansy no es la culpable… porque quien lanzó el bombarda fue Bellatrix; Segundo, en esa época o hablabas o morías… y Pansy sólo tenía diecisiete años; Tercero, ella te ama tanto que fue capaz de traicionar su mundo por ti, aunque eso significara terminar con su carrera de cantante para siempre. Así que piensa las cosas bien, Ron, no puedes permitirte perder al amor de tu vida porque las palabras de Malfoy manipularon de tal forma tu mente-.

Ron escuchó sin interrumpir ninguna de las palabras de Luna, sintiendo la decisión que se escondía en ellas. Él sabía que aquella época había sido muy difícil para los hijos de mortífagos. Ellos también eran unos niños y, a diferencia de los del otro bando, no tenían poder de decisión. ¿Pero eso era una real justificación?, ¿no había forma en que ellos se hubiesen podido rebelar contra el mal que Voldmort y sus seguidores significaban?

- Es difícil ser valiente cuando los que más amas están amenazados, Ron- murmuró Luna, por primera vez hablando con un tono de dulzura-. ¿Tú hubieses sido capaz de poner la vida de tu madre y de tu padre en peligro con tal de hacer lo correcto?-.

"¿Lo habría hecho…?" se preguntó Ron mirando los ojos celestes de Luna, buscando en ellos esa respuesta que era tan obvia, tanto así que hasta temía admitirla.

- Uno siempre intentará evitar el mal de los que ama, a pesar de que con eso… arruine parte de su propia felicidad- dijo Luna sabiendo ya que en la mente de Ron las ideas habían cambiado.

Sí, es verdad, se dijo Ron expirando una bocanada de aire que tenía atravesada en la garganta.

- ¿Crees que ella podrá perdonarme?- preguntó caminando hacia la ventana y admirando el paisaje costero que se expandía hacia el horizonte… por donde el sol se comenzaba a ocultar.

Luna se paró junto a él y observó el ave que volaba en el cielo rojizo que ambos admiraban. Los rayos de sol iluminaban su plumaje plateado, haciéndolo brillar como si de una estrella diurna se tratase.

- Estoy segura que ella te perdonará- respondió con una sonrisa, caminando un paso hacia atrás y dando lugar a la lechuza que entraba por la ventana con una nota amarrada a su pata.

- ¿Será de Pansy?- interrogó Ron acercándose a Luna, quien ya admiraba la nota que había desanudado de la pata del ave.

La rubia negó, demostrando en su gesto un ápice de preocupación.

- Es de Cho… al parecer Harry está en peligro-.

OoOoOoO

Cuando abrió la cerradura del departamento se sentía fatal. No podía creer que había caído una vez más en la horrible tentación que significaba los labios de Draco cerca de los suyos.

Era tan malditamente zorra cuando se trataba de él.

Avanzó por el pasillo y se dirigió directamente hacia su habitación. Necesitaba ducharse para sacar de sí el aroma que Malfoy dejaba impregnado en su cuerpo cuando la poseía. Era impresionante como esos dedos se marcaban como tinta invisible en su piel.

- ¿Hermione, eres tú?- preguntó la voz de Oliver desde la cocina.

La castaña se detuvo en la puerta del dormitorio y suspiró.

- Sí, amor, pensé que no estabas en casa- dijo en un tono elevado-. Me ducho y cenamos, ¿te parece?-.

Un ruido de platos trajo consigo el de unos pasos, y Oliver apareció en el pasillo. Su cabello estaba desordenado, y en la punta de su nariz había una mancha de harina.

- Creo que eso no será posible- señaló acercándose a Hermione y posando su mano en su cintura-. Porque tengo la cena lista, y si no comes ahora se va a enfriar… y tú sabes que la cocina no es mi fuerte, entonces menos lo es aún si tengo que recalentar la comida que hice-.

Terminó besando la boca de su esposa, provocando en ella la dulce agonía que significaba amar esos besos y a la vez odiarlos por hacerla sentir culpable.

Oliver se alejó unos centímetros y admiró las mejillas sonrojadas de Hermione.

- Te amo- le dijo ella como si de un agradecimiento se tratase.

- Yo también te amo- respondió él tomando su mano y guiándola hacia el comedor.

La mesa estaba correctamente puesta. Los platos, los cubiertos, las copas de vino tinto y una vela en el centro. La ventana del living estaba abierta para dejar entrar la brisa suave de la noche primaveral, y desde el equipo sonaba un viejo grupo muggle de baladas románticas.

- ¿Y a qué se debe esto?- preguntó Hermione enternecida con el gesto de Oliver. Él era el mejor hombre del mundo, no podía haber duda alguna de ello.

- A que te amo…- dijo él desde la cocina-, a que eres lo mejor que me ha pasado en la vida, y a que yo no sería nadie si tú no estuvieras junto a mí- dijo apareciendo con una bandeja en donde tenía los platos que tanta dificultad había resultado cocinarlos.

- ¿Cuándo aprendiste a cocinar panqueques rellenos?- le cuestionó Hermione admirando el plato que él depositaba frente a ella.

Oliver sonrió con picardía y sirvió vino en la copa de Hermione.

- Cuando tuve que hacerme el desayuno solo porque tú despertabas demasiado tarde después de nuestras noches… de celebración-.

Ambos rieron tras los recuerdos de esas noches de locura, donde las medias terminaban en el tacho de la basura y las sábanas revueltas en el suelo, junto a la ropa interior.

- Parece que debemos repetir esas noches- comentó Hermione probando la cena-, porque aprendiste muy bien el arte culinario-.

La mano de Oliver tomó la de Hermione sobre la mesa y acarició sus nudillos.

- Tú sabes que por ti no dormiría en toda la noche- le dijo con sus ojos iluminados por la luz de la vela-. Me vuelves loco, Hermione… siempre lo has hecho.-

"Loco…" pensó la castaña viendo como en los ojos de Oliver se reflejaba su propio pensamiento. El germen de la locura que nacía en ella desde que había sido marcada por Draco Malfoy.

Pero sus pensamientos nos lograron invadirla por completo, porque justo en ese momento una lechuza interrumpía su cena. El ave se detuvo junto a la botella de vino, y desde ahí pidió que se deshicieran de la nota que llevaba en su garra.

- ¿Quién será?- se custionó Hermione tomando la nota y abriéndola.

- ¿Es algo de la Orden?- preguntó Oliver acercándose a Hermione y mirando sobre su hombro el trazo elegante en el que estaba escrito el pergamino.

"Tal como lo sospechábamos los mortíos se están uniendo una vez más. Harry ha sido reclutado por ellos para llevar a cabo una profecía que fue robada hace un tiempo del ministerio, y que recién hoy pude descifrar.

A penas les llegue esta nota nos juntamos en el departamento de Aurores del ministerio. No hay tiempo que perder, ya que la vida de Harry podría estar en grave peligro.

Cho Chang"

Hermione soltó la nota y miró a Oliver con un mudo entendimiento.

- Vamos, no tenemos tiempo para terminar esto- dijo Oliver poniéndose de pie.

Y en dos minutos ya estaban en el centro del living… con el corazón apretado por no saber qué sucedería a continuación.

Aunque Hermione sospechaba que Malfoy estaba metido en eso. Él debía estar involucrado en algo así.

&

Y ya se viene el final… chan chan!

Draco descontrolado. Hermione loca. Y Oliver tan enamorado como siempre, ¿qué pasará con nuestro trío protagonista?.

Además que tenemos que ver en qué anda metido Harry… que después de eso beso se despidió de Cho como si nunca más se fueran a ver. ¿Qué estará planeando?.

Y bueno, ya vemos que Luna es toda una Ravenclaw. No es fácil convencer a Ron, la pregunta es… ¿qué efecto tendrá la ida de Harry en la vida de todos?.

El gran final en la próxima entrega.

Un beso desde Nunca Jamás (no el que está en la segunda estrella a la derecha, sino el que se encuentra en el Blog PPC de mi perfil)

Ember.