-Me enfermas-

Me enfermo.

Me enfermo a todas horas, en todo momento. Me sube la fiebre, me suda la espalda, se me arrebolan las mejillas, me quedo pálida, y no decírtelo me provoca arcadas. Me enfermo cuando me miras, o incluso si suspiras. Mi pecho sube y baja cuando me hablas. No atino con las coordenadas de tu falda cuando te agachas; hay unas piernas bien torneadas debajo y yo deseo tener una brújula para saber dónde acaban. Norte o sur; este u oeste: dime a dónde van. Yo las sigo allá.

Me enfermo cuando refunfuñas, gritas y te enfadas. Sí, tranquila, lo sabemos: no debería haber roto las reglas y esta contraseña no es correcta.

-¿Por qué nunca prestan atención cuando la digo? –protestas.

Me enfermo cuando veo que no te escuchan, si alguien te hace burla, siempre que tu corbata está ladeada. Santo cielo, qué habrá detrás del nudo marinero con el que la atas cada mañana. Quisiera ser marino, arrancarlo con los dientes, levar anclas en tu escote, navegar por tu garganta. Encallar en tus senos si hace falta.

Me sube la fiebre esa mirada, tierna, ajena a mí, la que pones cuando se te mete un cabello rojo en la pupila que no es el mío, pero ojalá lo fuera...

-¿Me estás escuchando? Se te nota demasiado: deja de mirarle –te suplico.

Me enferman tus andares, correctos, a veces cautos, a veces resueltos. Te pediría que bailaras, pero corro el riesgo de aplastar tus pies y hoy la música de tu atención no me acompaña.

Se me ha encogido un brazo de tanto moverlo de lado a lado para apartar los fantasmas que me traen memorias de ti. En mis dedos ya no hay uñas porque tu recuerdo nocturno me las ha arrancado una a una.

Tengo sudores fríos y me ciegan tus mil apodos retumbando en mis tímpanos. Guapa, bonita, mi cosa, mi niña: si me hablas muero, si me miras tiemblo. Tengo un pie sordo de correr detrás de ti y los ojos cojos de estudiar los mil pliegues de tu suave piel. Mi lengua sólo huele tus palabras y aspiro hondo para paladear el dulce sabor que deja tu nombre cuando alguien te llama.

-Hermione –dice él. Ahí está otra vez-, necesito ayuda con Transfiguraciones.

Hay cien mariposas en mi estómago y hoy creo que son ciento una, porque me has cogido de la mano para pedirme que te pase algo.

-Ginny, ¿me pasas esa pluma?

-¿Mmm?

-La pluma, Ginny -repites, señalándola. Y con ese "Ginny" ya van ciento dos. Cuando dices mi nombre ya no sé ni quién soy...

Me enfermas, Hermione. Odio quererte. Quiero odiarte, pero esto es más fuerte. He visto la carroza de mi muerte y hoy eres tú la que va enfrente.


NdA: y me ha salido así, de la nada, de repente. Hoy se ha despertado la musa y me ha pedido que escriba femslash. Y cuando pasa eso es mejor no discutir con ella, no vaya a ser que se enfade... No sé qué os parece o si pensaréis que es una auténtica bobada, pero, en cualquier caso, mi contribución al femslash. Para que no decaiga la cruzada e intentar animaros para que lo escribáis más.

Comentarios MUY bienvenidos, como siempre :)