Declaro: Todo es de Rowling yo solo sueño despierta mientras tomo prestados a sus personajes y los hago hacer lo que se me da la gana al ritmo de las teclas de mi computador…todo con el fin de ganar mi Orden de Merlín Primera Clase, como Maestra del Imperius.

Esto es un capítulo entre paréntesis, no porque no hubiese ocurrido, sino porque no sabía donde más ponerlo. Es un Ginny/Blaise, lo que ocurrió en el armario la primera vez que ambos desaparecieron cuando a Hermione le dio por boxear con la pared. Este capítulo sería publicado en la página de PPC, pero era absurdamente largo para un blog.

Por cierto, no olviden ejercer su derecho cívico de elegir a sus representantes en el mejor fic de humor, yo le voy a "Cuando me di cuenta que estabas ahí"…¿y ustedes?

Espero que lo disfruten, tiene continuación en paralelo a SISL y las iré soltando a medida que las escriba.

Por cierto, si no he respondido a sus amables y absolutamente encantadores reviews no es porque sea una desagradecida (eso nunca) sino porque mi notebook murió, yo estoy de duelo y soy una floja rematada que le carga ir a los cibercafés…pero tengo fe que cuando sea el momento adecuado, todo volverá a su cause, porque todo en esta vida ocurre en consecuencia a un algo, que podemos no saber hoy…pero mañana sin lugar a duda conoceremos.

Roy Walker le dice a Alexandria "We´re a strange pair, aren´t we? y no puedo dejar de pensar que nosotras también...tu sabes y yo se, cruza la calle y yo vigilo que ningún auto te haga puré en el pavimento...We are a strange pair, aren´t we?

Carpe Diem, mis camaradas entre las historias, mis compañeros entre las oraciones, mis amigos entre las letras.

Como siempre...

"Somewhere in her smile she knows
That I don't need no other lover.
Something in her style that shows me.
I don't want to leave her now,
You know I believe and how.
You're asking me will my love grow,
I don't know, I don't know."

(Something. The Beatles)

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Capítulo entre Paréntesis 2

"Aprendiendo a cruzar la calle"

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Los seres humanos somos algo curioso. No es ninguna novedad sino un hecho irrefutable.

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Verán ustedes, la mayor parte del tiempo pensamos y actuamos en consecuencia con nuestros pensamientos. Como ejemplo más común, tenemos el hecho que ocurre cuando decidimos cruzar la calle; queremos llegar al otro lado así que nuestro cerebro le da la orden a nuestra espina para que mueva las piernas y caminemos a la vereda del enfrente, simple. Pero compliquemos un poco las cosas con "pero", "si es que", "y si","quizá", "aunque". ¿Qué resulta de todo eso?

Volvamos al ejemplo anterior: Queremos cruzar la calle pero del otro lado hay mucha gente; si es que tenemos suerte, la multitud no nos empujará, y si somos rápidos, quizá podremos coger un taxi, aunque si lo pensamos un poco más, este lado de la calle no está del todo mal…¿Ven lo que ha pasado? Queríamos cruzar la calle y no lo hicimos porque, uno no siempre actúa en consecuencia de sus pensamientos. Bien, ahora que tenemos esto aclarado, supongo que nadie se las querrá dar de juez en esta causa, y opinaremos de ella sin juzgar a sus protagonistas.

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San Mungo es un Hospital Mágico muy importante, y no sólo famoso por su participación en procesos de relevancia histórica, sino por un excelente programa de educación que permite una integración completa de los futuros medimagos desde su primer año de educación, por su renombre y porque Arthur Weasley no dejaría jamás que su pequeña hija se fuese a otro sitio, Ginny terminó como alumna del prestigioso centro medimágico. Manejar los estudios y las rondas como Asistente de medimago –nombre que reciben los estudiantes que pasan los seis primeros meses de clases intensivas- no era tan complejo como ella pensaba; si se organizaba adecuadamente tenía tiempo para casi todo, y manejaba bastante bien el enfrentarse a pacientes graves, lo que la colocó en una posición más favorable que a sus otros compañeros, y podía tomarse pequeñas atribuciones como regalarse una hora para ir a apoyar a su amiga del alma, Hermione Granger, que acababa de ingresar en el hospital por montarle pelea a una pared, con resultados nefastos para la pared y la mano de su amiga.

En eso estaba Ginny Weasley caminando por el interminable pasillo del 4º piso, donde en la mitad encontraría a su amiga y probablemente su mal genio con ella, cuando la vio venir. No piensen mal de Ginny por lo que hará a continuación, no es que no quiera a su amiga, ni que sea menos valerosa, en absoluto. Todo radica en el hecho que Ginebra Weasley le tiene un miedo supurante y recalcitrante a Minerva McGonagall; y si bien, durante sus años en Hogwarts no le quedaba otra que ponerse al pie del cañón, hoy, que puede elegir si tener que estar en presencia de la bruja que hace que se congele el infierno con solo mirarlo o correr a esconderse en el primer armario que encontrara disponible, Ginny no lo pensaría dos veces... una cosa es Minerva en una comida distendida, y otra muy diferente era la mujer que caminaba militarmente por el pasillo en dirección opuesta a la de ella para ir a intentar matar verbalmente a Malfoy Jr. Por lo que le "hizo" a la luz de sus ojos –Hermione-, gracias pero, no gracias. Vamos por ese armario.

A Blaise no le gustaban los hospitales.

Durante toda su vida paso interminables jornadas en ellos, y no porque fuera un joven enfermizo, nada mas alejado de la realidad, sino por el hecho de que sus padrastros fueran hospitalizados con regular frecuencia, y generalmente no salían por su propio pie del lugar. Blaise sentía mucho cariño por sus padrastros, pero cuando el 7º de ellos entró en el servicio de cuidados intensivos, las visitas comenzaron a ser menos agradables y a requerir mayores esfuerzos de su parte. Por eso, el hecho de tener que venir por ser un buen amigo –obligado por sus sentimientos otra vez- no era algo que alegrara en lo más mínimo su carácter.

Pero Draco Malfoy valía la incomodidad, además, siempre se puede aprovechar de mirar los uniformes ajustados y blancos impolutos de las enfermeras y ¿quién sabe? Conseguir algunos números de conexiones a Red Flu. Pero su plan cambió radicalmente cuando la vio venir por el lado opuesto del pasillo, verán, los slytherin no son cobardes sino previsores, no es falta de valor sino exceso de astucia lo que los hace aplicar la máxima "Maniobras evasivas permiten pelear futuras batallas" y nadie con más de dos dedos de frente va a atravesar con una, a todas luces, acabronada McGonagall; "La Pasa" como prefería llamarla él.

Esa es razón suficiente para que Blaise le pidiera disculpas mentales a su amigo y salvara su hermoso y perfecto cuerpo en el primer armario que encontró, para luego cerrarlo mágicamente con cinco bien coordinados hechizos.

Aquí tenemos a nuestros protagonistas, quienes tenían la firme convicción de hacer una cosa y terminaron haciendo una diferente porque un "pero" con moño apretado, mirada aguda y sombrero gigantesco, les cambio los esquemas.

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-Oh por Merlín bendito, ¡sale de encima, bestia! –espetó con sus mejores modales nuestra pelirroja protagonista.

-¡Si no hubieses olvidado sacar tu excusa de cuerpo de mi camino no estaría encima de ti, animal! –respondió galantemente emputecido, nuestro moreno protagonista.

-Yo llegué a este armario primero, así que desaparece…¿Zabini?-como ven, Ginny es una mujer muy democrática a la hora de repartir insultos, no necesita saber a quien se los envía con tal de estar segura que se los merece.

-¿Weasley?...wuou, que bien te queda la bata blanca -vamos, no esperaban en serio que la rabia se la ganara a la testosterona…inocentes –además, yo llegué último, y según un viejo proverbio australiano: "los últimos serán los primeros" –testosterona y todo, el chico es un slytherin.

-¡Sale de aquí! –le gritó la pelirroja, mientras que con todo el cuidado posible, se levantó aplastando todas las partes blandas y delicadas que encontró.

-¡Oblígame! O mejor…figura cuales hechizos le puse a la puerta y ábrela tú misma –verán, claramente la chica había tenido todas las intenciones de provocarle el más primitivo de los dolores al levantarse, pero en realidad, hizo todo lo contrario…pero quien le va a decir ¿cierto?

-Y ¿por qué estas en este armario de todas formas? –trató de hacer conversación ligera para ocultar el hecho de que no deseaba bajo ninguna circunstancia salir al pasillo, así que haciendo uso del impresionante metro y diez centímetros cuadrados de espacio, se apoyó en la pared opuesta a la puerta.

-Podría apostar que por la misma alta, arrugada y vieja razón que tú –una vez de pie y apoyado en la puerta, no pudo evitar sonreírle al verla con su nariz levantada, tratando de hacer, de muy mala forma, un desvío en la discusión.

Sí. Ginny Weasley era lo que un hombre como Blaise Zabini llamaría un demonio con alas, con un rostro dulce, de grandes ojos almendrados, una cabellera rojo fuego, y un cuerpo que te podía enviar al infierno si se lo proponía. Pero por sobre todas las cosas atractivas, Ginny tenía algo que Blaise escasamente podía soportar…a Potter.

Blaise Zabini era lo que las chicas en Hogwarts llamaban una singularidad; extremadamente apuesto, amable, divertido y slytherin…no es algo que se vea muy a menudo; la combinación de sus ojos azules con su piel de suave tono caramelo, y su cabello largo y negro como la noche no era algo que se pudiese o quisiese ignorar. Pero Blaise tenía algo que a Ginny le desagradaba…a Parkinson.

-¿Cómo está cara-rajada? –preguntó con una mueca en los labios y la mirada divertida.

-¿Cómo está cara-de-perro? –le preguntó ella en el mismo tono.

Si bien el silencio no es algo que sea del todo desagradable cuando eres del tipo tranquilo e introvertido, sí lo es cuando tu lengua tiene vida propia y tiendes a ser un sociópata en ciertas ocasiones.

-¿Estudias medimagia? –sí, es la hora de las preguntas evidentes, Blaise, se sermoneó solo, pero al parecer, la muchacha no tenía intenciones de hacer ninguna acotación sarcástica al respecto.

-Si, llevo ocho meses aquí –le respondió con una dulce y honesta sonrisa que lo hizo parpadear varias veces para comprobar que no estaba imaginándosela- ¿Qué haces tú?

-Economía en la Academia Francesa –respondió evitando la mirada, no lo admitiría, pero la muchacha le ponía algo nervioso, sus ojos eran demasiado honestos para sus estándares.

-¿Vives en París? –Ginny hubiese deseado demostrar menos interés, pero le era imposible. Todo lo que tenía que ver con el país galo la excitaba.

-No, viajo todos los días…mi familia aún está sujeta a las vigilancias del Ministerio –respondió algo cohibido, no le gustaba hablar sobre eso.

-Oh pero, ¿cuándo termine la evaluación te mudarás? –sabía que las vigilancias del Ministerio sobre algunas familias era un tema delicado, y por la forma en que Blaise frunció el ceño sabía que le era incómodo de tratar; así que siguió la conversación para otro lado rápidamente.

-¿Por qué el interés? –hasta ese momento no estaba prestando atención a la conversación, sino más bien, viendo como evitar cualquier pregunta respecto a la situación familiar en la que estaba envuelto.

-Siempre he querido vivir en parís –respondió con la mirada brillante y soñadora, lo que le causó una sonrisa involuntaria.

-¿Y te quieres ir a vivir conmigo? –no pudo evitar la pregunta, de alguna forma, todo parecía distendido y fácil dentro de ese armario.

-¡No!…sólo pienso que si fuese yo, ya me habría ido a vivir allí –siguió hablando en el mismo tono soñador que le estaba empezando a gustar a Blaise.

-Y ¿por qué no decidiste estudiar allá?, la Academia tiene un excelente prestigio internacional en medicina mágica –la curiosidad es una cualidad saludable si sabes como enfocarla.

-Mis padres son algo sobre protectores…y mis hermanos y…- Ginny bufó pensando en todos los "y" que podría seguir poniendo en la oración.

-Potter es todo un paranoico…-Blaise esperaba un puñetazo o a lo menos una mirada asesina de parte de la pelirroja, pero nada de eso recibió, por el contrario, ella solo sonrió con algo parecido a una mueca en los labios, unos labios que encontró demasiado brillantes e invitadores.

-Sí…algo así. –ella le miró con una ceja alzada y él no pudo evitar preguntarse "¿y si las cosas fueran diferentes?"

-Quizás puedas ir por un postítulo; ya estarás mayor y no podrán detenerte –detenerla…parecía que a esa mujer pocas cosas la detendrían si deseara fervientemente algo.

-Sí, eso suena a un buen plan – Ginny se deslizó hasta sentarse en el suelo con la espalda en la pared y la cabeza gacha.

-Claro que es un buen plan, se me ocurrió a mi –el adoptó la misma posición y miró como su cabello se soltaba del moño para caer como una cascada sobre su cabeza, una tentadora cascada roja.

-Que humildad…-levantó la cabeza de golpe llevando con ella una sonrisa burlona.

-Ese es mi segundo nombre – y eso era una absoluta mentira.

-Pensé que ese era bestia –Ginny no puede evitar ser ella, no importa quien esté de interlocutor, las guarradas salen de su boca con el aire de sus pulmones.

-Ese es mi apodo en la cama –y el no puede dejar de responder guarradas con más guarradas.

-No te tires flores solo, Zabini, es de mal gusto –pero por alguna razón que no entendía bien, sabía que el no estaba siendo soberbio sino absolutamente honesto y eso la estremeció.

-Te puedo dar una muestra gratis si lo deseas; por la cara de McGonagall allá afuera, tenemos para rato –si, esa era una muy buena fantasía para poner en su lista, darle una muestra a Ginny Weasly de lo que se perdería por estar con Potter…Y eso, ¿de donde salió, Blaise?

-Nada de muestras gratis –pero la idea ya se había quedado en su cabeza y a pesar suyo…no le desagradaba en absoluto.

-Entonces te cobro –una sonrisa que hizo desfilar sus perfectos dientes se instaló en su rostro quitándole el aliento a la pelirroja.

-No gracias –alcanzó a murmurar sin saber si el se habría dado cuenta de su turbación.

-Tú te lo pierdes, estas oportunidades no se dan todas las veces en la vida –si Blaise, esto nunca más volverá a ocurrir ¿qué harás al respecto?

-Me imagino –Merlín bendito, claro que me lo puedo imaginar.

-No, en serio, ¿cuánto crees que es la probabilidad de que dos apuestos y divertidos jóvenes se encuentren encerrados en un armario de minúsculas proporciones mientras corren por sus vidas? –entrar en una discusión seria respecto a estupideces era lo mejor que podía hacer para tratar de desviar el hilo de sus propios pensamientos, lamentablemente no estaba dando resultado.

-Muy pocas…-suspiró, la vida tendía a hacerse camino que rara vez presentaba bifurcaciones como esta…¿y por qué diablos lo considero siquiera?

-Exacto, y ahora súmale a "muy pocas probabilidades" que uno de ellos, el experimentado y más bello, quiera compartir con el otro interesante información respecto al desempeño físico de elite en las buenas artes…yo diría que las probabilidades son casi imposibles, y tú las vas a rechazar -¿y si dijese que si? ¿y si ahora mismo estuviese en mis brazos sería capaz de sobrellevarlo? Blaise sonrió para sí porque sabía que si esa mujer ahora mismo se le acercara y se abrazara a su cuerpo ponderar las posibilidades era lo último que haría.

-Así parece -¿y si mandara al cuerno todo por ser libre de elegir un ahora y con él? ¿podría vivir con el recuerdo? Ginny suspiró y dejó escapar una vez más su libre albedrío.

-Y te dices una mujer de ciencias –y todo estalló en un colorido ramillete de risas e hipidos, la tensión de ambos se disipó como si nunca hubiese existido y todo volvió a su cause, uno extrañamente correcto.

-Eres divertido Zabini –lo miró a sus bellos ojos y sin pestañar siquiera.

-Y muy apuesto -y le guiñó seductoramente, como acostumbraba a hacer consciente e inconscientemente.

-Sí, eso también –si una cosa era Ginny Weasley, eso era ser honesta hasta la médula, además era una obviedad tan grande como que el mundo giraba entorno al sol.

-Wou…tenemos una chica honesta aquí, damas y caballeros –lo hombres machos y slytherins no se sonrojan, pero nadie iba a delatar a Blaise, ¿cierto?

-Payaso –el hecho de verle con las mejillas sonrojadas le provocó una ternura que remedió rápidamente con otra obviedad.

-Prefiero que me digas bestia –pero el flirteo no se ha desvanecido, sólo que ahora no era condicionado, sino asumido.

-Te digo como se me da la gana –y no pudo evitar sacar su lengua y mofarse de él como una niña pequeña.

-Eso…ahora dame con el látigo –movió ambas cejas rápidamente arriba y abajo mientras mordía su labio inferior y, aunque la idea era ser divertido, Ginny no pudo frenar las ganas de poner sus dientes donde los tenía él y todo estalló en risas otra vez para ella…risas de diversión y nerviosismo.

-Deja de hacerme reír…nos van a descubrir acá adentro –de pronto el lugar se hizo aún más pequeño, y las ganas de salir a dar un grito de frustración a algún lado se hizo insoportable.

-¿Con quién crees que hablas? hay un silencius sobre este armario jovencita, la podría hacer gritar y nadie se enteraría –porque realmente parece que quisiera gritar pero ¿por qué?

-Gritar de susto – y de una frustración que no te puedo explicar porqué…y ¡qué diablos!- ¡Ahhhhh!

Blaise saltó en su sitio y se puso de pie en menos de un segundo para arrodillarse frente a ella, pensando que algo le había pasado, su corazón latía rápido y con fuerza, la idea de que algo malo le pasara le había drenado el alma del cuerpo como si de un dementor se tratara, sin saber que más hacer la abrazó, con algo de rudeza, puso una mano en su espalda y la otra en su cabeza, enredando sus dedos en la suave cabellera de ella, llenándose de su perfume, sintiéndola frágil en sus brazos.

-¿Qué te ha pasado?¿Estás bien? Por Merlín, háblame que me estás matando…¿Ginny? – sentía su respiración agitada y un leve temblor en su pequeño cuerpo y no pudo evitar acariciar su espalda y su cabello, le parecía que tenía un tesoro invaluable en su poder y que debía protegerlo de lo que fuera…incluso de él mismo si llegara a darse el caso.

Ginny se removió suavemente en su abrazo, no quería que le soltara y se sentía abochornada por tener una salida tan infantil al gritar porque se le dio la gana, pero ahora, rodeada de su calor y esa sensación de ser indestructible con él alrededor, simplemente no podía dejarle ir. No quería y al diablo el mundo.

-¿Pequeña? Háblame…di lo que sea, pero di algo –o cállate y déjame aquí abrazado hasta que ya no quiera abrazarte más o hasta que se acabe el mundo; lo que ocurra primero.

-No me gusta estar encerrada –susurró, no era la verdad pero tampoco era una mentira, Ginny odiaba el encierro, por eso siempre iba de aquí para allá, estar quieta le ponía nerviosa, le permitía pensar y pensar siempre derivaba en dolores de cabeza por el exceso de "y si", "pero", "es que".

-Lo siento…he sido egoísta, saco los hechizos enseguida y podrás salir –de pronto la idea de que se fuera le provocó un nudo en el estómago, pero no la quería tener a su lado sabiéndola asustada e incómoda- si ponemos un hechizo en tu cabello puedes salir rápido y quizá no te noten…

-No…no quiero irme –y lo dije y ya. Se acomodó en su abrazo sin levantar la cabeza; si él la quería soltar ahora y burlarse de ella, pues que lo hiciera, mejor arrepentirse de lo que se hizo y no de lo que se dejó de hacer.

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Blaise no lo pudo evitar, y junto con abrazarla más fuerte contra sí, sonrió como no había hecho hacía mucho, como un niño frente al juguete de sus sueños. El silencio que inundó el pequeño cuarto no fue incómodo ni desagradable, por el contrario, era absolutamente confortable y ninguno quería romperlo, ni siquiera con el pensamiento de un "quizás", "talvez", "y si" o "pero"…porque no venían al caso y punto, no ahora, no en este confortable silencio ni en el afortunado abrazo.

Y volvemos a la idea primera, la que nos trajo a este armario con dos personas que no se hubiesen encontrado de no ser por los condicionales a los que sujetaron sus acciones. Tenemos dos personas que a pesar de muchas cosas han decidido ir a la vereda de enfrente y punto. La han cruzado y al diablo con todo, porque es mejor haberla cruzado y darse cuenta que tal estaba todo por allá que quedarse con la duda porque las dudas son corrosivas y perpetuas. Se quedan agarradas de nuestra alma hasta que la oxidan, y nos vuelven lentos y autómatas, nos subyugan a la rutina porque la rutina es segura ¡la conocemos! Pero la rutina nos vuelve seres tristes, que se atormentan con condicionales todo el tiempo y viven la vida en dos partes, la real y la que imaginan con fervor…por no cruzar la bendita calle a ver que tal brilla el sol de ese lado. Lo más triste de la situación de la mayoría de las personas subyugadas a los condicionales, es que no son capaces de entender que una vez cruzada la calle, puedes cruzarla de vuelta otra vez. Solo hay que tener el valor suficiente para asumirse equivocado. Pero el orgullo nos lo impide…¡ah!, el orgullo, un calificativo que puede ser igual de loable que despreciable.

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Ginny se soltó del abrazo suavemente, y sin mirarle a los ojos, porque no podía, se abrazó a sus rodillas y apoyó su cara a éstas con los ojos fuertemente apretados.

-Esto es una tontería, no puedo sentir esto, no puedo querer esto…no…-se repetía tratando de dar ordenes a su cabeza y en forma menos efectiva, a su corazón.

-Trata de convencerte sola…pero sé que sabes que yo sé que tú no piensas eso. Soy un hombre de bolas, sabes –dejarla ir fue una sensación desagradable, como si le hubiesen arrancado algo importante, una sensación de desapego que encontró ridícula, por lo mismo, debía aligerar el ambiente prohibiéndose el sentimiento.

-Ser un hombre de bolas es algo redundante y completamente inapropiado de contar –Ginny no entendía como, pero ese hombre junto a ella podía alivianar el aire que respiraba, podía hacer sentir que volaba sin despegar los pies de la tierra y eso se lo agradecía en silencio.

-De bolas de adivinación, pervertida, pero sí, también soy del tipo redundante… ¿quieres ver qué tanto? –¿Realmente quieres seguir por ese camino?, claro que sí.

-En el momento que pongas esa mano en ese pantalón, Zabini, voy a demostrarte que tan rápido conjuro un diffindo…-o que tan rápido te los bajo yo misma…¡Ginebra, compórtate!

-Voy a sacar mis bolas adivinatorias de mis bolsillos y te diré lo que veo en ellas, ¡mujer! no hay necesidad de amenazar al miembro de honor de mi bello cuerpo –otra vez esa sonrisa en sus labios y Blaise pensó que podría quedarse a vivir en ese sucucho si eso le permitía verla sonreírle de esa forma.

-¡Oh!…eso…si, sería divertido verlas…-Compostura mujer, compostura…primera vez que uso esa palabra…estoy perdida.

-¿Seguimos hablando de lo mismo? –Sabes que no y ella también lo sabe…Esto es lo que llamaríamos "dos ciegos con perfecta visión".

-Blaise…-Y su nombre le supo a frambuesas, y ya no quiso pensar más nunca en otra forma de llamarle. Blaise supo que así debía de sonar su nombre para que su alma se moviera a su llamado.

-Ginebra…-Y su nombre le supo a helado de café y no quiso pensar en dejar de llamarle así. Ginny supo que su nombre no era horrendo si salía de esos labios, porque su cuerpo entero parecía moverse al sonido ronco en la voz de él.

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Y todo se detuvo otra vez, en sus nombres, en quienes eran ahora, no sus pasados y mucho menos sus futuros. Porque Blaise sonaba demasiado erótico y perfecto en sus labios y porque Ginebra ya no podía ser sino ella de ahora en más, ese nombre era ella aunque lo tuviesen mil mujeres más.

Respirar se hace difícil cuando no es la prioridad de tu cuerpo, cuando solo piensas en cómo sería que respirarán a través de ti, que alguien te pudiese sostener y ser a través de ti.

Blaise bajó primero la mirada y poniendo sus manos en los bolsillos sacó 8 pequeñas bolitas, como canicas, de muchos colores, todas muy brillantes y con interiores que se movían en estelas de humo. Luego, con un movimiento rápido de su varita las agrandó a sus tamaños normales, que no era uniforme porque había bolas más pequeñas que otras, y algunas tenían un interior que se movía con mayor o menor fluidez.

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-¿Cuántas tienes? –la curiosidad de Ginny la hizo arrodillarse al lado de él y mirar las bolas con un brillo inusitado en sus ojos, cosa que hizo sonreír a Blaise, como ya parecía ser costumbre, a cada reacción de ella.

-Ocho. Eran nueve pero una venía defectuosa –dijo con una mueca en los labios.

-¿Que tenía de malo? –levantó el rostro de las figuras para verle, su rostro meditabundo la hizo levantar una ceja, parecía un pequeño que trataba de encontrar la razón de porque había perdido un juguete.

-Tenía un grimm pegado, la donamos a Hogwarts en tercer año –respondió al tiempo, sin quitar sus ojos de los de ella cuando se encontraron.

-Eso explica muchas cosas…- Pobre Harry…si supiera.

-¿Perdón? –su cara de genuino desconcierto la hizo carcajearse.

-Nada. Bien, dime que ves - y con un ademán de su mano izquierda le dio a entender que no era algo relevante, que prosiguiera.

-¿Quieres conocer tu futuro? –no pudo reprimir la pregunta y apenas salió de su boca se arrepintió, no quería tener que verla en su futuro, porque estaba claro que no sería un futuro que compartirían…lo sentía en sus entrañas y sus entrañas no mentían, casi nunca.

-Claro –pero su respuesta también salió de su boca sin poder ponerle freno, no quería saber de un futuro donde este pequeño paréntesis sería olvidado.

-Dame un minuto –o una vida, se lamentó Blaise en su interior, y girando las bolas en sus manos se dedicó a observarlas una por una antes de dejarlas en el piso otra vez.

-Tenemos todo el tiempo del mundo -¿lo tenemos? Pero Ginny sabía la respuesta y aunque no era algo que no deseará, no era algo que quería pensar en este momento.

-Veamos…esta comienza a mostrar algo, es mi bola 8, es algo engañosa pero muy asertiva si la lees con cuidado…tendrás una larga vida, Ginny Weasley, aquí te veo casi tan arrugada como "la Pasa" de allá afuera –la sensación de ver que tendía una vida larga, lo tranquilizó. Ginny por muchos años era algo muy bueno, saberla existiendo una vida inmensa lo colmaba de alegría, una alegría que no se explicaba pero que estaba presente de todas formas, como todo lo importante en la vida.

-¿Y me veo igual? –nadie la puede culpar de vanidosa, pero verse como Mc Gonagall era algo que quería evitar a toda costa.

-Quita esa cara, para estar arrugada te ves hermosa –le sonrió sin quitar esa mirada seria, como si la viera ahí mismo en 70 años más y realmente se viese hermosa.

-Gracias –el halago la pilló desprevenida y la hizo sonrojar, que él la considerara hermosa aún en estado de seudo momia le provocó un sentimiento de familiaridad inesperado.

-De nada –Blaise carraspeó para autocensurarse por haber puesto, más que seguro, una cara de idiota a lo "Longbottom"- Veo una gran familia, hay hombres y mujeres con rasgos muy diferentes…y aquí esta lo que te interesa, sí, Potter sigue pegado a tus faldas…-y lo último hubiese querido decirlo con menos veneno, pero era imposible, de pronto ese futuro le incomodaba.

-¿Será así? -¿y creías que sería diferente? ¿Qué te encontrarías en los brazos de este otro moreno de ojos azules y llena de una gran familia?...quizá. Hay muchos quizá en la vida, ¿por qué no éste?.

-El futuro no está escrito –y si está escrito es con lápiz grafito y cada quien tiene una goma más grande o más pequeña para hacer y deshacer a discreción, ¿cierto?- mira, ésta es mi bola3, sólo emite flashes, así que hay que ponerle bastante atención. Veo tu graduación de sanadora y tienes una panza muy abultada, al parecer ya estas embarazada cuando terminas tu enseñanza o te comiste una gran sandía de una sola patada -en sólo unos años su vida estaría absolutamente alejada de la de él... un sentimiento de tristeza lo embargó. Un sentimiento como todos lo que había sentido en este tiempo encerrado en el armario…absolutamente inexplicable, por el método racional.

-¿Tan pronto? –sus planes eran otros; no es que no deseara una familia, Merlín bendito era testigo que durante la guerra su deseo más ferviente era llegar a tener una gran familia en un futuro, pero no un futuro tan cercano.

-Si, al parecer ustedes son unos conejos, acá veo otro niño y otro…sí, tres niños, dos chicos y una chica…ella es muy hermosa –no pudo evitar una sonrisa boba al ver a la pequeña, era una mini Ginny, perfecta y absolutamente ajena…por lo que la sonrisa se desvaneció con la misma rapidez con la que llegó a sus labios.

-Siempre quise tres hijos, pero nunca tan pronto ¿París? ¿Alguna vez viviré en parís? –la pregunta a flor de labios se materializó con esperanza cargada en el tono de voz, ese era uno de sus sueños, siempre pensó que podrían ir a vivir un año a París con Harry, le hacía mucha ilusión desde siempre.

-Solo veo flashes querida…pero alguna visita harás, porque aquí te veo en uno de los famosos puentes sobre el Senna. Es mi favorito, siempre voy a leer a ese lugar en París –verla en su lugar favorito le dio un vuelco a su estómago ¿le enseñaría el ese lugar? ¿Iría él con ella a recorrer la ciudad? ¿La vida se mostraría benévola con sus nuevos sueños? El futuro no está escrito ¿cierto?

-Creo que mi futuro es algo…no es lo que pensaba…es decir…Harry y yo ancianos y llenos de familia es algo que deseo con el alma pero…tan pronto…-y porque ahora, todo lo que deseaba parecía no ser lo correcto ¿qué había cambiado en unas horas en un armario? ¿Todas estas sensaciones sujetas a condicionales eran normales?

-Como ya te dije, el futuro no esta escrito Ginny Weasley…siempre tendremos el poder de tomar alguna medida para al menos, darnos la posibilidad de hacer algo al respecto –susurró Blaise mientras hacía rodar una de las bolas en sus manos, una bola que no quería ver con detenimiento porque había vislumbrado su propia figura en ella…su figura y la de Ginny.

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Ginny sopesó sus palabras, las masticó y las digirió lentamente. El futuro no está escrito, y lo que hagamos hoy tampoco lo definirá pero, si nos cambiará a nosotros, si nos dará la alegría de tomar por un breve momento todo en nuestras manos, equivocarnos quizá con las decisiones que tomemos, pero de los errores se aprende ¿cierto?... Cierto.

Y sin pensarlo otro momento, Ginebra Weasley tomó a Blaise Zabini por la solapa de su impecable túnica azul marino, y de un movimiento brusco y absolutamente delicado a la vez, lo besó. Un beso como una caricia desesperada, tomándolo todo a la vez que nada, recorriendo los labios con su lengua, con sus propios labios, mordiendo, succionando, dejando que los quejidos se ahogaran en la pasión que sentía, hasta que luego de varios minutos, se desprendiera de él para verle a los ojos. Él la miraba con los ojos como platos y las mejillas arreboladas por la intensidad de todo, sus manos pequeñas aferradas a su pecho aún, sus labios brillantes y ligeramente hinchados por la fricción, hecha un lío y absolutamente perfecta.

Blaise no lo pudo evitar, ni que hubiese querido. La besó de vuelta, con desesperación, con necesidad, tomándola en sus brazos y llenando su alma de la de ella en cada roce de sus labios porque era como debía ser y punto.

El montón de condicionales que podían rondar sus cabezas seguirían ahí, pero en ese perfecto momento en que ambos cruzaron la calle porque así lo decidieron, esos montoncitos de "pero", "si es que", "y si","quizá", "aunque" quedaron del lado abandonado de la vía, olvidados porque no eran necesarios en el presente inmediato, donde mandan las sensaciones, los instintos, la irracionalidad y el corazón…al fin y al cabo, ambos tenían la absoluta certeza de que todo esto era como debía ser, en este preciso momento.

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Alejémonos del armario y démosle algo de privacidad a los personajes de esta historia para que vivan su "lo que sea" como se les de la gana y volvamos a donde comenzamos a dibujar el círculo, para cerrarlo…y para que comience otra vez.

Los seres humanos somos algo curioso. No es ninguna novedad sino un hecho irrefutable. Somos criaturas impredecibles, imponderables, impresionantes. Hacemos lo que no pensábamos hacer y dejamos de hacer lo que planeamos cuidadosamente, ¿por qué?...¿Por qué no? somos algo curioso, recuérdenlo.

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Saludos desde Fin de Mundo en "temporada de temporales", lo que me tiene en la más absoluta -y egoísta- felicidad.

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