Disclaimer: Ni Dragon Ball ni personajes me pertenecen.

La fiesta del hombre muerto

(Dead man's party)

Un fic de Juuhachigo y Mirai Bulma

Traducción por Apolonia


Acto Uno
"Sin escape"

Todo vestido sin ningún lugar a donde ir
Caminando con un hombre muerto sobre mi hombro
Esperando a una invitación para llegar
Yendo a una fiesta donde nadie sigue vivo


Las sombras se alargaban en sol de abril. El paisaje de los alrededores estaba duro y amenazante, sólo con escasa vegetación y ningún habitante humana visible desde un horizonte al otro. Incluso los más grandes árboles no estaban en la zona; no había suficientes alimentos ya sea para los lentos, pesados herbívoros o los rápidos, peligrosos depredadores. No había nada más grande que un lagarto de arena en este lugar llamado hogar. Hoy en particular, el ruido y la conmoción de muy arriba en el cielo había mantenido a las pequeñas criaturas escondidas en sus madrigueras subterráneas. Podría haber sido una tormenta, pero el cielo estaba claro y sin nubes. Otra clase de tempestad asoló, una sin lluvia o viento, con el sonido y la furia mucho más que fuerte que los peores rayos o truenos.

Alto por encima de la llanura rondaban dos figuras, parecían humanas, pero no de este mundo; ambos habían nacido en un lejano, planeta muerto hace tiempo, a muchos años luz de la Tierra. Cabello negro y ojos oscuros eran las únicas características comunes entre ellos, además de las peludas marrones colas que cada uno mantenía envuelta alrededor de sus cinturas. Uno de ellos era más alto, de hombros amplios, con el cabello puntiagudo en una docenas de direcciones diferentes. El otro era mucho más pequeño, apenas más grande que un niño adolescente, con el cabello en forma de llamarada de medianoche que crecía como un desbordante timón por encima de un rostro con un perpetuo ceño fruncido de furia.

El par se enfrentaba entre sí, inmóviles por el momento, ambos respirando con dificultad, cada uno de ellos balanceando sus propias energías restantes mientras trataban de evaluar cuánto más de lucha quedaba en el otro. Ninguno estaba completamente descansado, pero ninguno estaba cerca del final de sus respectivos recursos. Ninguno tampoco buscaba un rápido fin a la confrontación. Acaba de comenzar a ponerse interesante.

"HAAAAA!"

Sin ninguna advertencia, Vegeta se abalanzó hacia Goku, que intentó escapar del camino. Él lo logró, pero su cola no; la desenvolvió para mantener su orientación en el aire mientras se movía. En un instante Vegeta tomó el apéndice en un salvaje, despiadado agarre. Goku gritó en casi una manera satisfactoria: "¡¡DUELEEEEE!!"

"¿Cuándo aprenderás a cuidar tu cola, Kakarotto?" Vegeta sonrió ferozmente, apretando lo suficiente como para hacer que Goku hiciera muecas del dolor. "Es una lástima que no seas un Élite, como yo. Y aún así sé cuando mantener mi cola envuelta lejos de la tentación de que la agarren. No es de extrañar que la sueltes; es más una carga para ti que una ventaja."

Para Goku, el dolor era comparable a ser pateado en la ingle. En realidad, al ser pateado en sus partes era casi comparable —al menos eso era una buena comparación a menos que tu oponente se mantenga pisándote. Pero la cola... una vez que alguien la agarraba, el dolor seguía y seguía, socavando su fuerza, hasta que decidieran soltarla.

Apretando sus dientes, se movió hacia el brazo de Vegeta, con la esperanza de soltar su agarre de hierro. Vegeta simplemente rió y evitó el torpe golpe, dándole otro tortuoso apretón que hizo a Goku gritar como un cachorro que acababa de ser pateado. "Vamos, Kakarotto," dijo, "¡sin duda alguna el más poderoso guerrero jamás nacido de la baja sangre Saiyajin puede hacer mejor esto!"

Otro apretón, y los brazos de Goku se doblaron hasta su pecho y se acurrucó. Vegeta rió. Estaba disfrutando sólo un poco demasiado, lo sabía. Kakarotto no tenía muchas debilidades explotables, y de vez en cuando era útil recordarle quien estaba realmente en la parte superior de la cadena alimentaria. Incluso si este plebeyo de clase baja había logrado alcanzar el Super Saiyajin primero, él todavía era mejor, y Vegeta lo sabía.

Un simple error de cálculos, se dijo severamente, mirando Goku retorcerse y se preguntaba qué ataque intentaría en cualquier momento. Yo debería haber sido el primero en alcanzar ese nivel de poder, no él. Kakarotto es un impertinente, al igual lo fue su padre. Un poco de humildad le hará bien.

Una parte de él lo sabía mejor, por supuesto. Habían pocas criaturas en la galaxia menos orgullosas que Son Goku —él era tan humilde como cualquier guerrero podría ser. Aún así, Vegeta se recordaba a sí mismo, el hombre necesitaba aprender a poner en guardia esa excesivamente sensible cola suya. Si Vegeta pudiera atraparla en el medio de un entrenamiento, un enemigo podría tomarla con la misma facilidad en una verdadera lucha. Es cierto, no muchos adversarios conocerían la particular debilidad de Kakarotto, pero aún así—

"...ha... meeee..."

Vegeta parpadeó. "¿Qué—?"

"—HAAAAA!" De pronto las manos de Goku se empujaron hasta el rostro de Vegeta, y el mundo se convirtió en un brillante haz de luz color azul blanquecino. Era un disparo débil, lejos de estar en su máximo poder, pero tomó a Vegeta completamente fuera de guardia. No sólo soltó la cola de Goku, sino que la fuerza de la explosión lo llevó alto en el aire, luego moviéndolo torpemente mientras él trataba de mantenerse erguido, golpeando contra el suelo con el rostro. Una pequeña lagartija del césped que se había aventurado tras un insecto o dos salió mientras él se movía, tambaleándose y retorciéndose de nuevo a su agujero mientras la nube de polvo se elevaba y asentaba.

Goku flotaba en el aire, jadeando, mientras cautelosamente ocultaba su magullada y latente cola bajo su traje. Vegeta tenía razón, por supuesto, sobre mantenerla bajo control —Pero, ¡¿tiene que disfrutar hacerme gritar tanto?!

Vegeta retiró su cabeza del suelo con un gruñido. "Muy bien, Kakarotto," siseó a través de sus apretados dientes, sacudiendo la arena rojiza de sus cabellos espigados. "¡Ahora veamos lo rápido que en realidad eres!" Se lanzó del suelo y se arrojó como una bala en el aire, directo hacia Goku, preparando un ataque en sus dos manos—

shk

"Bueno, ¡¡TIEMPO!!"

shk

Vegeta detuvo tan repentinamente su carga que casi se cae. Lentamente se volteó y buscó la fuente de la voz amplificada, que había venido de un centenar de metros más abajo en el suelo.

Goku murmuró, "Ut-oh... creo que estamos en problemas, Vegeta."

Vegeta bufó. "¿Qué quieres, mujer?" siseó.

Bulma se puso de pie con sus puños plantados sobre sus exuberantes caderas, frunciéndole el ceño. En una mano estaba sosteniendo un megáfono amarillo brillante. Junto a ella Chi-chi, de brazos cruzados, mirando a su alrededor.

Bulma alzó el megáfono de nuevo. shk "¿Ustedes dos tienen ALGUNA idea de que HORA es?" shk

Goku y Vegeta se miraron entre sí, luego se volvió para mirar al enojado par abajo.

"Aaa..." Goku finalmente se aventuró. "¿Nos perdimos el desayuno?"

Chi-chi le quitó el megáfono a Bulma y habló a través de él. shk "Y el almuerzo. Y la cena se está ENFRIANDO. ¡Te haría bien si nunca más te alimento de nuevo, Son Goku!" shk Al terminar, le entregó el megáfono de nuevo a Bulma y cruzó sus brazos.

Goku hizo un gesto de la más sentida desesperación que cualquiera de sus anteriores gritos de dolor. "¡¡Lo siento, Chi-chi!!" Bajó del cielo inmediatamente, aterrizando al lado de su mujer con una mirada que era en parte era de la más sincera disculpa y tres partes de desesperada súplica. Envolvió un brazo alrededor de sus rígidos hombros. "¡No digas cosas como esa! ¡Eres la mejor cocinera del mundo! ¡Del universo, Chi-chi! ¡No podía vivir sin tu comida! Regresaré a casa de inmediato, ¿está bien? Y—" desesperadamente buscó alguna manera de apaciguar a su ardiente compañera. "¡Y me quedaré en casa todo el día de mañana! ¡No entrenaré ni una vez! ¡Le quitaré la maleza al jardín y cortaré el césped y yo— ¡yo incluso leeré un libro! ¡Lo prometo! ¡¡Lo prometo!! ¿¿Porfavorporfavorporfavor??"

Chi-chi se suavizó un poco. "Bien. Está bien. ¡Pero antes de comer tienes que tomar un baño!"

"Oh, ¡sí! ¡Sí! Vamos a casa ahora mismo, ¿está bien?" Apresuradamente le silbó a la nube voladora; con Chi-chi aún en sus brazos, saltó a bordo y la dorada nube voladora rápidamente los llevó hacia la casa.

Vegeta observaba la escena con desprecio en su rostro. "Es increíble como cualquier Saiyajin puede ser tan controlado sólo por el cinco por ciento de su anatomía," murmuró, mientras sonreía descendiendo al suelo.

Bulma miró a su marido con una mirada de acero; en el momento en que aterrizó, ella giró sobre sus talones y comenzó a caminar hasta su aero-coche.

Él se encontró con ella, bloqueando su camino.

"Fuera de mi camino," espetó ella.

Él cruzó sus brazos y le regresó su fuerte mirada. No dudó un instante.

"¡Hmph!" Bulma se volvió y caminó alrededor de él hacia el otro lado del coche, metiéndose desde el lado del pasajero. Arrojó el megáfono en la parte trasera de la cabina y encendió el motor con un violento giro de su llave. Con un medido pitido, el coche se levantó del suelo. Ella golpeó el acelerador hacia adelante y sintió el impulso llenar sus oídos y sintió las ruedas moverse salvajemente, mirando fijamente al camino.

Le tomó por lo menos medio minuto para darse cuenta de que el paisaje a su alrededor no estaba en movimiento, y otros ocho y medio segundos para llegar a la conclusión que desde su entorno estando estática, significaba que ella no se iba a ninguna parte tampoco.

"¡¡Maldiciónmaldiciónmaldición!!" gruñó, y pisó de nuevo el acelerador. El coche se inclinó ligeramente hacia arriba, pero ella aún no avanzaba ni un milímetro. La reversa no tenía ningún efecto, tampoco. "Estúpido coche, ¿que está mal contigo?"

Determinó que estaba a un poco menos de dos metros del suelo; detuvo la aceleración y esperó una fuerte sacudida mientras que el vehículo caía —una sacudida que nunca llegó. El coche se detuvo, aún quieto y desactivado, suspendido inexplicablemente en el aire.

Lentamente Bulma quitó sus manos del volante y se inclinó por la ventana del lado del conductor. Ahí estaba el terreno, un breve salto debajo de ella, y la sombra proyectada por la suspensión del coche... y otra, más pequeña, enfurecedoramente familiar sombra un poco más abajo.

Bulma tuvo que inclinarse del aero-coche para poder mirar debajo de ella. Boca abajo a su perspectiva, Vegeta le sonreía, aún levantando el coche con una mano.

"¡Bastardo!" Bulma abrió la puerta y saltó al suelo, pisando lejos sin molestarse en mirar hacia atrás. "Muy bien, si tanto quieres el coche, caminaré a casa."

Ella escuchó estruendoso ruido detrás mientras Vegeta arrojaba al abandonado aero-coche a un lado y este explotó en una fuerte ráfaga de luz naranja. Ella ni siquiera disminuyó su velocidad o miró hacia atrás. Al siguiente momento unos fuertes brazos se envolvieron alrededor de su cintura, y sus pies salieron del suelo, alejándose a alta velocidad.

"¡¡BÁJAME!!" Bulma gruñó, pateando y arañando y golpeando a los antebrazos de Vegeta que eran como barras de hierro con sus apretados, diminutos, inútiles puños.

"Si insistes," le murmuró al oído.

Y la soltó.

"¡¡NONONONONOOOO!!" gritó, luchando inútilmente en el aire mientras caía. No sabía cuan alto estaba, su mente no estaba trabajando con suficiente claridad como para medir la distancia, pero el humo que salía del aero-coche en ruinas parecía el juguete de un niño abajo y sabía con certeza terrible que, al chocar, no iba a dejar un cadáver de atractivo.

Brazos alrededor de su cintura otra vez, sosteniéndola, y ella se encontró capaz de respirar una vez más. "Decídete," Vegeta rió.

"¡¡Bestia!!" Bulma le golpeó a sus antebrazos tan fuerte como pudo, sólo logrando hematomas en sus manos en el proceso. "Primero me dejas sola todo el día así puedes venir aquí en medio de ninguna parte y jugar con Goku, luego destruyes mi coche favorito, y ahora me estás atormentando descaradamente..." No podía decidir si estaba más cerca de reír o de llorar.

El viento se apresuró pasando ante ellos a furiosa velocidad. Vegeta rió de nuevo, en un rugoso sonido gutural que hizo agitar el pecho de Bulma, y él frotó su mejilla contra la suya con una suave rudeza. "Oh, no he empezado a atormentarte," prometió sedosamente, "todavía."

Los gritos de protesta de Bulma desaparecían en la brisa de la noche.


"¡Vamos, Trunks!" Goten estaba bailando de un pie al otro, mirando a su mejor amigo suplicante.

"No." El ceño fruncido de Trunks habría puesto a su padre orgulloso. Se negaba incluso a mirar a Goten, pero continuaba obstinadamente en afilar el filo de su ya afilada espada. "En-oh, eso significa no, quiere decir que de ninguna manera, nunca."

Goten se quejó, "Pero, ¡Trunks...! Es divertido, ¡de verdad! Y no creerás lo poderoso—"

Trunks arrojó el afilador y se puso de pie para mirar a Goten. La brisa del atardecer mecía su pálido cabello lavanda delante de sus intensos ojos azules. "Goten," dijo, en una voz denotaba buen sentido y razón. "Aprecio lo que estás diciendo, pero yo simplemente no estoy de acuerdo con la idea. No es nada contra ti, o en contra de la idea, pero sólo no le veo ningún sentido discutir más sobre." Arrojó su espada descuidadamente en el aire. El filo giró una vez, iluminándose en el sol poniente, y Trunks se inclinó ligeramente hacia un lado sin la más mínima mirada hacia arriba mientras caía con su punta hacia abajo dentro de la vaina a través de su espalda con un ¡chillido! de finalidad. Se enderezó de una vez y se limpió sus ojos con un arrastre ausente de una mano. "Ahora, ¿por qué no vas adentro y te aseas para la cena? Estoy seguro que papá y mamá volverán a casa pronto."

"¿Por lo menos vas a pensarlo, Trunks? ¿Solo un poco?"

Los ojos de Goten estaban amplios y rogando como un cachorro hambriento. Trunks reía suavemente y le tocó a Goten suavemente en el hombro. "Bueno, está bien, lo pensaré. Aunque no prometo cambiar de opinión. Realmente no creo que me encante que cualquier la idea de 'Fusión' más que a Papa. Vamos, entremos."


La pequeña colina detrás de la Corporación Cápsula estaba tranquila, como siempre. Un grupo de lápidas salpicaba su cima cubierta de hierba, cada una con un nombre que era demasiado familiar para los visitantes de esta noche. La luz roja del sol poniente brillaba sobre el pálido cabello mientras la joven mujer se arrodillaba ante un recién excavada depresión en el terreno, un poco lejos de las otras tumbas.

Pequeñas, delgadas manos recostaban un rasgado, desvanecido chaleco de denim con un agujero quemado en la parte de atrás en la excavación junto a una estirada y desgarrada camiseta que alguna vez pudo haber sido roja.

La muchacha se sentó sobre sus talones y tomó un pequeño, plateado cuchillo. Dos destellos, y dos mechones de suave cabello rubio cayeron en la sucedánea la tumba.

"Es todo lo que me queda de ustedes para enterrar," susurró Marron. "Mamá... Papá... Espero que sus almas puedan descansar en paz ahora, dondequiera que estén. Aisuzu está muerta, en nuestro mundo y en este... y Goten y Bra y yo estamos aún con vida." Deslizó la palma de su mano sucia a través de su rostro para limpiar las tibias lágrimas. "Son buenos con nosotros aquí, saben... tan buenos como saben ser, y Bra y Goten son tan felices." Trató de sonreír valientemente. "Espero que algún día pueda ser feliz aquí."

Cuidadosamente cubrió el agujero y puso una corona tejida con pimpollos la pila de tierra. Se puso de pie, limpiando sus manos sobre sus jeans y se acomodó la parte superior del la remera azul que usaba. Se quedó un momento más ante el pequeño montículo, sus manos apretadas ante ella, y cerró sus ojos fuertemente. Cuando finalmente se sintió bajo algún tipo de control, bajó sus manos, abrió los ojos, y tomó un profundo aliento.

Y se congeló.

Juuhachi-gou estaba de pie al borde de un árbol, justo en las afueras de la pequeña área. "Espero que puedas ser feliz aquí, también," dijo tranquilamente. "Por favor, perdóname, no quise inmiscuirme."

"Es —está bien," dijo suavemente Marron. "Sólo estaba..." Se tambaleó, insegura de cómo explicar.

Pero Juu asintió. "Lo sé. Sólo puedo imaginar lo difícil que es esto para ti." Se acercó un poco. Su largo cabello pálido, del mismo color que el de Marron, se agitaba en la brisa refrescante. "Es muy duro perder a alguien a quien amas y que no te quede nada de ellos en absoluto. Y tú, y Goten y Bra, han perdido más de lo que la mayoría de la gente pueda imaginar."

"Vamos a estar bien," dijo Marron, sacudiendo su cabeza para que las dos coletas se muevan, ahora cortadas al nivel de su mentó, bailando a cada lado de su rostro. "Somos sobrevivientes."

"Sí, lo son." Juuhachi-gou sonrió. "Es por eso que están aquí. Muchas veces sólo podrían haberse dado por vencidos, rendirse —pero ustedes no. Nunca."

"Mi papá me enseñó eso," Marron dijo, con una ligera elevación de su desafiante mentón. "Él no era el luchador más fuerte, o el más duro, pero era el hombre más valiente que nunca conocí. Además del señor Goku, quiero decir; él es igual de valiente."

"Tienes razón." Juu alzó su vista hacia el horizonte. El ardiente sol sólo se desliza por debajo del horizonte, y un rápido reflejo verde iluminaba el cielo mientras desaparecía —ahí y ausente en un parpadeo, dejando tras de sí un brillo púrpura y rosa y azul profundo a su paso. "Krillin —el Krillin de este mundo— sabía que no tenía ninguna posibilidad contra Juunana-gou y contra mí. Si hubiese huido, lo habríamos dejado ir, no nos hubiéramos molestado con él, pero él no huyó. Se enfrentó a nosotros sabiendo de que iba a morir." Parecía tan triste. "Me gustaría haber podido detenerlo. Cambiado. Salvarlo, llegar a conocerlo. Creo que realmente me hubiera gustado si lo hubiera hecho."

"Lo amabas," respondió tranquilamente Marron. "Al menos mi mamá lo amaba. Más que a nada."

Juu asintió de nuevo. "Yo era otra persona entonces. Ni siquiera una persona; sólo una máquina de matar suelta en un mundo desamparado. Ambos lo éramos. No teníamos metas o sueños o esperanzas o deseos; estábamos haciendo para lo que nos habían programado, nada más."

"¿Qué pasó con él?" Marron preguntó de repente.

Juuhachi-gou la miró, desconcertada. "¿Krillin? Te dije, nosotros—"

"No a pa— el señor Krillin. Al tío Juunana."

"Juunana-gou..." Juuhachi-gou bajó la mirada.

"Sí. Tú estás viva, y sé que él debe estarlo en alguna parte, también."

Juu sacudió su cabeza, sin levantar la mirada. "Regresó al igual que yo lo hice... pero él seguía siendo malvado y no quería cambiar. Quería convertirme en lo que él era, lo que había sido una vez, y no hubo manera de cambiarlo."

"¿Lo mataste?" No era una acusación, sólo una pregunta formulada con valentía.

Una pregunta honesta, que merecía una respuesta honesta. "No; pero probablemente habría tenido que hacerlo —si Vegeta no me hubiera golpeado." Miró a la hija de su otro yo, una mirada mezclada de dolor y de vergüenza. "Desearía que hubiera habido otra manera, pero él tenía la misma oportunidad que yo de cambiar, y él optó por no hacerlo. Si sólo —si sólo hubiera escuchado, si sólo yo hubiera sido capaz de hablar o gritar o metérselo en la cabeza para hacerlo entender."

"¿Lo extrañas?"

"Sí. Creo que extraño más quien era antes que nos convirtiéramos en lo que hicimos, aunque no pueda recordar muy bien lo que fueron nuestras vidas antes que Gero nos convirtiera en androides. Creo —creo que él no era una mala persona, sólo amargado y equivocado. Y por supuesto, la programación Gero no mejoró mucho esas cosas. Tuve la oportunidad de luchar con eso, y que superarlo, en fin. Él nunca lo hizo."

"Entonces no te queda ningún familiar, tampoco," dijo tranquilamente Marron.

Juuhachi-gou mostró una sonrisa. Una pequeña delgada mano se levantó y corrió algunas suaves mechas de la alta, pálida frente de Marron. "Te tengo a ti, y me tienes a mí. Eso es un buen lugar para comenzar."

Marron alzó su vista hacia ella, con su corazón en sus ojos. Al siguiente momento se arrojó en los brazos de Juuhachi-gou. "Mamá..."

Juuhachi-gou se acomodó en un acogedor abrazo. "Estoy aquí, castañita," murmuró, besando la parte superior de la cabeza de Marron. "No voy a dejarte nunca. Lo prometo."


Videl se despertó de un profundo sueño. Con un nuevo instinto de madre sabía que su hija estaba llorando. Bostezó mientras se levantaba de la cama, enganchando su bata mientras se dirigía de su habitación a la nueva, recién pintada cuna.

Mientras llegaba a la puerta, vio que la luz rosa suave encima de la cuna y estaba encendida. Una alta, musculosa figura sostenía a la pequeña meciéndose, moviéndose suavemente.

"¿Gohan...?" Videl susurró. "Es mi turno para alimentar al bebé..."

Su marido se dio la vuelta y le dedicó una profunda sonrisa. "Saa, es que estabas tan dormida que no quería despertarte. Tampoco ella, ¿verdad, Pan?" preguntó, sonriendo a la niña cobijada tan tiernamente en sus brazos que podían aplastar montañas.

"Me desperté de todas maneras. Aquí, dámela." Aceptó a Pan del abrazo de su padre y se sentó en la mecedora. "Shush, ahora, pequeña, sé que tienes hambre. Mamá está aquí."

Mientras ella cuidaba a la bebé, meciéndose lentamente hacia adelante y hacia atrás en la silla, Gohan caminó y se arrodilló a su lado, mirando a la madre y a la hija, su esposa y su hija, con los ojos brillando suavemente.

"Se ve igual a ti," se aventuró. "La misma nariz, los mismos ojos..."

"Tiene tus ojos," Videl le corrigió suavemente. "Y va a tener ese descuidado cabello salvaje que mantienes tan cultivado."

Gohan rió y movió una mano a través de su corto cabello negro sobre su cabeza. "No lo sabemos con certeza, tal vez tenga el cabello suave y sedoso como su mamá."

"Tú no lo hiciste."

Gohan se encogió de hombros un poco y tocó una de las diminutas manos. Inmediatamente se curvó alrededor de su dedo. "No importa, ¿verdad? Ella es nuestra. Parte de tuya y parte mía."

"Ella no le pertenecerá a nadie sino a sí misma," murmuró Videl, sonriente. "Hará su propio camino y vivirá su propia vida. Y crecerá en un mundo de paz y felicidad."

Gohan notó la lejana tristeza en sus ojos. "Tendrá todo lo que no tuvimos," aseguró ella.

Videl asintió, su rostro todavía sombrío. "Desearía que papá pudiera haber visto a su nieta. Estaría muy orgullosa de ella."

"Saa, eso me recuerda —estaba pensando que quizás deberíamos entrar en el Torneo de Artes marciales, ¿o no? ¿Para regresar a luchar como antes?"

"¡Gohan!" Videl bufó, pero sonrió un poco. "No podrías salir de la lucha aunque lo intentaras. ¿Yo? No, tengo que oficiar en toda esa cosa, ¿recuerdas? Después de todo, es el primer Torneo de Artes Marciales en veinte años, y está celebrado en honor de mi padre. Tengo que estar de pie delante de todas esas personas y sonreír para la cámara." Se estremeció un poco. "Además, ya he llenado mis ansias de luchar por una vida. Estoy perfectamente contenta con ser normal, común, una ama de casa y madre cotidiana que también es una especialista en el programa de reconstrucción para la nueva Ciudad Esperanza."

"Mm."

"Tu puedes si quieres, sin embargo. No me molesta."

"Ehm... no estoy seguro si realmente quiero, de verdad. Nunca me gustó mucho luchar —sólo aprendí porque el Señor Piccolo me enseñó, porque tenía que hacerlo. Hay una parte de mí que le gusta luchar —que ama hacerlo, de verdad— pero esa parte de mí tuvo mucha lucha en los malos años. Estoy disfrutando de poder vivir en paz por un tiempo."

"Hmm. Bueno, más te vale decidirte rápido. El torneo comenzará la próxima semana, recuerda."

"Lo sé. Tal vez me duerma con eso, ¿no?"

"Buena idea. Hablando de dormir, creo que nuestra pequeño está casi lista para volver a soñar." Suavemente Videl colocó a Pan sobre un hombro, acariciándola correctamente (Gohan rió ante el pequeño sonido), y se puso de pie para llevarla de vuelta a su cuna. Videl se quedó de pie allí un momento, mirándola, y cuando apareció Gohan en silencio a su lado y deslizó un sólido brazo alrededor de sus hombros, se inclinó contra él, y reposó su mejilla encima de su cabeza.

"Los niños son la pieza de metal que sostienen a los ventiladores juntos," susurró Gohan. "Mi mamá siempre dice eso. Sin ellos, el matrimonio no está realmente completo."

"Sé que algunas personas podrían discutir eso," Videl respondió igual de suavemente. "Pero no en esta sala, ¿verdad?"

"Así es."


El cielo caía bajo, de un color gris hierro, a lo largo de una cadena montañosa muy al norte de la Nueva Ciudad Esperanza. Los negros picos caían sobre el horizonte como los dientes de un anciano, muerta desde hace mucho tiempo gigantesca, lagrimeante hambriento en el que prohibido cielo.

Una cueva esta crudamente arrinconada en un acantilado, con la entrada bloqueada por todos los caídos cantos rodados y los desechos. Muy adentro en el interior, lejos de la luz del día, estaban los destrozados restos de lo que había sido una vez el laboratorio de un loco.

Una imagen del ya muerto Dr. Gero podría fácilmente haberse puesto bajo la entrada de "científico loco" en cualquier diccionario. El único sobreviviente de la infame Patrulla Roja, que se había obsesionado con la destrucción de Son Goku —el responsable de la caída de los planes para la dominación del mundo de la Red Ribbon. Con ese fin, había construido una serie de androides —robots humanoides, máquinas de matar. Algunos habían nacido humanos, otros Gero los había construido desde cero y habían sido completamente mecánicos. De los veinte conocidos productos de su trabajo, sólo uno —Juuhachi-gou— se encontraba activo. Todos los demás —incluyendo a Juuni-gou, la última creación monstruosa del Dr. Gero, que en realidad era el propio cerebro del Dr. Gero en el cuerpo de un androide superpoderoso —había sido destruido.

O eso era lo que todo el mundo creía.

En un subterráneo nivel por debajo de la planta principal de las ruinas del laboratorio, en una cámara que ningún ser vivo sabía que aún existía, una fila de cápsulas, cada una completamente de tres metros de largo y un metro y medio de circunferencia, se mantenía a lo largo de la áspera pared de roca. Todas estaban vacías —salvo una.

La única cámara Juunana-gou y Juuhachi-gou nunca conocieron sobre este lugar, aunque ellos mismos habían dormido aquí en su momento, al igual que todos los androides de Gero. Ahora sólo uno quedaba, el que Gero consideraba su mayor fracaso, olvidado y abandonado para dormir su sueño sin sueños para siempre.

El destino tenía otros planes.

Aunque no quedaban volcanes activos en este extremo norte, el manto por debajo todavía temblaba a veces con los inquietantes movimientos del magma debajo de la superficie. En ocasiones, una grieta aparecía en la oscura roca y permitía una filtración de la sangre vital fundida del planeta para que se emanara, siseando mientras tocaba la nieve y se enfriaba en vidrio volcánico. En otras ocasiones, la presión que se acumulaba de repente cambiaría la estructura de la superficie, causando variaciones y movimientos aleatorios de rocas.

En este día en particular, a mediados de la primavera, el laboratorio abandonado de Gero se movía con temblores. Un deslizamiento de tierra cubrió el enorme agujero, sellando completamente el laboratorio. En la parte inferior, bóveda secreta, una cámara de vacío, la cubierta se mecía abierta, sacudiéndose en su fundación, oscilando por un momento, luego se estrelló sobre su vecino. Al igual que dominó, las cámaras caían, chocando ruidosamente contra el suelo uno tras otra, enviando gruesas nubes de humo y polvo causando chispas desde el piso duro de piedra hacia la ciego oscuridad.

Una sirena comenzó a pitar fuertemente sobre la única cámara activa, acompañado por el parpadear de una aburrida luz roja sobre su consola exterior. La puerta se abrió con un silbido de aire, y una masiva, fuerte figura se sentó.

Vacilante al principio, el androide miró a su alrededor y rápidamente salió de la caída cápsula, enderezándose. Obviamente que la cápsula había sido casi demasiado pequeña para acomodarlo; de pie, medía casi tres metros de altura. Echó un vistazo alrededor en la polvorienta oscuridad, pero no vio ninguna otra actividad en la cámara.

Le tardó menos de un latido del corazón para que la programación entrara en línea. Gero no estaba en ninguna parte, pero eso no quería decir nada. Su objetivo ya estaba claro, había estado claro desde su primer momento de conciencia.

Guiado por la visión que podía ver con claridad incluso en la oscuridad total, la masiva forma se dirigió hacia la puerta de acceso, subiendo hacia el laboratorio adecuado. La vista de la destrucción total lo hicieron pausar, pero no lo suficiente para disuadirlo de su propósito final. Se detuvo sólo un momento sobre la decapitada, robotizada forma de su creador. El Dr. Gero estaba muerto, y todos las nuevas órdenes o directivas de él ahora eran nulas y sin valor.

Había un solo propósito, un significado para su existencia, y vería que ese fin se lleve a cabo. Era lo menos que podía hacer por su

(padre)

por su creador.

La pesada puerta corrediza del laboratorio cayó del acantilado, la más fuerte de ellas no era más que un obstáculo momentáneo a la que los obligó a la fuerza. Cuando la entrada estuvo clara, el último androide tomó un salto de la cornisa y se lanzó en el aire, volando hacia el sur para buscar su meta predeterminada.