Disclaimer, todo lo aquí nombrado es propiedad de JKRowling y Warner Bros. Lo siguiente es solo un delirio personal, compartido con otras personas en mi mismo estado. No recibo nada por escribir esto.

Hola a todos… antes que nada quiero decir que este fic va especialmente dedicado a Joanne, más bien conocida como Pottershop… Ella fue la que me instó a escribirlo, es más, ella fue la que puso el título… Gracias por todo reina, en este corto tiempo me hiciste tomarte mucho cariño…

¿De que va la historia? Es un Harry y Ginny, simple como eso. Por supuesto que va a haber un toque de Ron y Hermione, y además otros personajes. Pero la base está. Amor mucho amor, de eso no hay dudas, pero la vida no es de color rosa, y siempre hay cosas que superan las ganas de seguir viviendo. Pero el amor siempre está ahí para ayudarnos, para salvarnos. Por ello el título, Sálvame la vida.

Joanne nuevamente gracias por la inspiración para el título, creo que en eso soy malísima. Y también por el summary. En estos momentos mi cerebro está como en stand by.Este es mi primer H/G, ojalá y les guste mucho. Dejen reviews, de eso depende la continuación de la historia.

No los molesto más, lean tranquilos.

Prólogo

La sala estaba vacía. El suave murmullo del viento al chocar contra las ventanas daba un poco de vida al lugar. Las manecillas de su reloj pulsera inundaban, con su tenue tic tac, el silencio de la habitación. Ya hacían casi cuatro horas que había comenzado, el tiempo no quería pasar, y si lo hacía, era muy lentamente.

Sobre un modesto sillón roído por el tiempo, había una mujer sentada, con los codos apoyados en sus rodillas, y su cabeza hundida entre las manos. No se dejaba ver el rostro, y su cobrizo cabello caía como cortinas a ambos lados de su cabeza. Junto a ella una chica estaba abrazada a su esposo. Los ojos de ambos estaban hinchados y enrojecidos. Enormes bolsas oscuras decoraban sus aspectos lúgubres.

El reloj de arena que había sobre la recepción dejó caer su último grano, deslizándose sobre la bifurcación del frágil cristal. La mujer de verde rasgaba el papel al escribir, mientras miraba de reojo a las personas sentadas frente a ella. La tensión que inundaba el lugar era palpable.

En ese instante el viejo y oxidado ascensor se abrió, dando paso a un hombre de cabello casi blanco, en su mirada denotaba la misma preocupación que las demás personas.

- ¿Todavía no hay noticias?- preguntó acercándose.

El chico que abrazaba a la mujer se levantó suavemente, deshaciéndose del abrazo. Y caminó hacia aquel hombre.

- No hay noticias todavía. Ya hace cuatro horas que están allí dentro.

- ¿Preguntaron?

- No nos quieren decir nada.

La esposa del muchacho de cabello rojo se levantó de su lugar.

- Arthur…- susurró con voz nasal - ¿Cómo están los chicos?

- Hermione… querida… No te hagas problemas, Molly está en la Madriguera. Tonks y Fleur la están acompañando. Ellas están cuidando a Rose, James y Sirius.

- ¿Y los muchachos?

- Están en camino- vaciló mientras miraba a la mujer de cabello cobrizo sentada en el sillón -¿Cómo está ella?

- Está destrozada, no ha dicho ninguna palabra desde que entró en el quirófano.

- ¿Le dieron algo de comer?

- Lo hemos intentado, pero no quiere- respondió la castaña.

Arthur Weasley caminó sigilosamente hasta arrodillarse frente a la chica. Le acarició las manos con su mano derecha, mientras que con su otra mano intentaba apartar el cabello de la cara de la chica.

- Hija – murmuró – Mi chiquita… Mírame pequeña.

La mujer no se movió, siguió con el rostro hundido en los dedos.

- Ginny, mi hijita- insistió el hombre – Harry no querría verte en este estado, tienes que ser fuerte.

Ron se removió incómodo mientras abrazaba a su esposa, ninguno de los dos se había animado a nombrarle a Harry en esas fatídicas cuatro horas. Ginny corrió lentamente las manos de la cara, y levantó la mirada, inexpresiva, como nunca antes. Los ojos marrones estaban sin brillo, el rostro denotaba una palidez insalubre, y las pecas que siempre habían demostrado felicidad, ahora estaban oscuras, opacas como su piel. Las lágrimas que surcaron sus mejillas un tiempo antes, habían dejado un camino semi blanco. El cabello, medio despeinado, caía en pequeños mechones sobre sus hombros, los cuales comenzaron a moverse, a medida que ahogaba sollozos que salían de su boca, con las manos.

Nuevamente nacieron lágrimas de los ojos castaños, borrando todo vestigio de sus predecesoras, y pequeños espasmos de llanto inundaron todo su cuerpo. Arthur solo atinó a abrazarla y a besarle el cabello, mientras le acariciaba la espalda.

Hermione, se abrazó más a Ron, mientras ambos miraban sin observar, la puerta de la sala de operaciones. En el instante en donde todo se había unido en un solo lamento, aquella puerta se abrió, dejando salir a un sanador, limpiándose el sudor de su frente.

- Doctor Hudgengs – dijo Hermione acercándose.

Ginny y su padre se levantaron inmediatamente y se pararon junto a la pareja.

- Señora Potter- el sanador la miró comprensivamente.

- ¿Y cómo salió?- preguntó la pelirroja mientras se secaba con las palmas, las lágrimas que todavía caían.

El silencio se volvió tangible, mientras el corazón palpitante de Ginny, bombeaba a mil por hora

Quince meses antes

- No Hermione, ya te dije que no hacía falta- Ginny estaba sentada junto a la pequeña mesa de su cocina. Sostenía el teléfono inalámbrico blanco entre su hombro y su cabeza, mientras que con sus brazos trataba de sostener al pequeño bebe de apenas 6 meses, y a la vez, intentaba desabrochar su sostén para poder alimentar a su hijo – No hace falta en serio. Ya te dije que puedo sola con los dos, no necesito que vengas a ayudarme- del otro lado de la línea se podía escuchar una Hermione bastante persuasiva, que hablaba muy rápidamente – En serio que puedo sola, James ya está grandecito y entiende las cosas, además Harry debe estar por llegar para sacarlo a pasear- la voz del teléfono aumentó de intensidad – No, no mandes a Ron. Sabes bien que nuestra relación mejoró bastante por los chicos- esperó – No por supuesto que no. Sirius es muy pequeño para que se lo lleve, más adelante puede ser- suspiró – Ya lo sé. No tengo ningún problema en que los vea, son sus hijos al fin y al cabo. Es el padre de los niños, no tengo por que negarle la visita- bufó – Ya te dije que no tenía nada que hablar con él. Me valen poco sus explicaciones, no me interesa lo que tenga que decirme. Mis ojos no me engañan Hermione- el timbre de la casa sonó por toda la habitación – Ya escuchaste, Harry ha llegado. Hablamos luego- Con la mano que tenía libre tomo el tubo del teléfono y apretó el botón de apagado. Separó al bebé de su pecho y se acomodó la ropa. Lo arrulló en sus brazos, golpeando levemente la espalda de la criatura. Caminó fuera de la cocina, atravesando un amplio living. Abrió la puerta que daba a la calle.

- Hola Ginny- dijo el chico de cabello alborotado.

- Hola- respondió escuetamente, se hizo a un lado incitándolo a pasar – Pasa, James te estaba esperando.

- Gracias por dejarme llevarlo- le dijo mientras pasaba al living.

- No me tienes que agradecer nada, eres su padre. Además el quiere verte- Harry la miró dulcemente, observaba como mecía al pequeño bebé en sus brazos. Añoraba demasiado esos momentos con su mujer.

- Esta enorme- susurró acercándose a ella, apoyando su enorme mano en la espaldita del bebé.

- Si, está en la etapa de mayor crecimiento- cambió su tono de voz ácido a uno completamente dulce - Es como si cerraras los ojos- los cerró – Y cuando los abres nuevamente, está más enorme que nunca- le dijo sonriendo. En sus ojos brillaba el inminente amor maternal. Nunca la había visto tan bella.

- ¿Me dejas cargarlo?- le preguntó vacilando.

- Por supuesto Harry, es tu hijo. No hace falta que me preguntes lo mismo cada vez que lo ves. Tienes todo el derecho del mundo de hacerlo- le pasó al bebé con delicadeza – Cuidado con la cabecita- Harry tomó el bebé en brazos y lo miró enorgullecido. Ginny lo observaba no pudiendo evitar que una boba sonrisa le iluminara la cara – Voy a buscar a James, pobrecito hace más de una hora que tiene sus cosas preparadas- Harry asintió con la cabeza, embobado con su hijo. Ginny subió lentamente las escaleras perdiéndose en el pasillo de arriba. Él la observó subirlas, el embarazo le había sentado tan bien como el anterior. Apenas se le notaba. Seguía siendo hermosa como siempre. Su largo cabello encendido oscilaba de un lado a otro mientras adelantaba los escalones. El dulce aroma de su piel, lo había embriagado por completo, como siempre que estaba cerca de ella.

Caminó hacia la ventana cargando al bebé en brazos, mientras lo acunaba y le sonreía. No hacía ni una semana que se había ido de misión a Holanda. Pero en esos siete días había crecido de una forma considerable. Últimamente eso le pasaba muy seguido, trataba de tomar misiones largas y alejadas de Londres para tratar de despejar su mente. Lo único que lo detenía de alejarse de Inglaterra eran sus hijos. Y Ginny… ella era una razón más por permanecer en aquel lugar. Todo había pasado tan rápido. Las explicaciones no habían bastado, y en un abrir y cerrar de ojos, su vida perfecta en familia, se derrumbó como un castillo de naipes, expuesto al viento de una tormenta.

- Estás más grande que nunca bebé- susurró a su hijo - ¿Qué te da tu madre de comer? Ni toda la avena del mundo puede hacer lo que eres. Creciste muchísimo mi vida – sonrió mientras lo tomaba por el torso y lo levantaba al aire – Mira que grande estás- sonrió cuando el bebé empezó a gorgojearse de la risa – Te gusta volar ¿No mi vida?- el bebé rió más fuerte – Te prometo que cuando mami nos deje, y seas un poquito más grande, te voy a llevar a volar conmigo y con James- la criatura empezó a mover los bracitos en sus costados mientras continuaba riendo. Lo acercó nuevamente a su pecho, dejando que las manitos de su hijo tomaran sus anteojos y le tocaran la cara - ¿te gustan mis anteojos bebé?- le preguntó feliz. Sirius comenzó a darle besos en la cara, manchándole la camisa que llevaba puesta.

- Últimamente se la da por salivar mucho, el pediatra me dijo que es porque le están creciendo los dientes. Igualmente me parece demasiado pronto- Harry miró a Ginny que estaba nuevamente a su lado – James lo hizo recién a los ocho meses- lo miró - ¿Recuerdas?

- Como olvidarlo- suspiró mientras sonreía – Ese día manchó todo tu vestido en la boda de Ron y Hermione. Estabas histérica, y ningún hechizo la pudo quitar en la fiesta.

- Ni me lo recuerdes, gracias a Merlín que salió cuando lo lavé a mano- sonrió – James ya está bajando. Está esperando a que terminen sus dibujitos- cambio su expresión a una más seria – Voy a tener que arreglar algunos horarios con respecto a la televisión. Se la pasa toda la tarde con las narices pegadas a la pantalla.

- No seas tan estricta con él. Hay dibujos muy instructivos- le dijo intentando persuadirla – Además, imagínate lo fastidioso que se pondrá al no tener nada que hacer.

- Tienes razón- Ginny puso cara de terror – Lo mejor será que siga con sus dibujos, me sería imposible mantenerlo calmado con Sirius tan pequeño.

- Sabes que si quieres puedo contratar a una bruja para que te ayude con los niños- al notar la cara de fastidio de Ginny cambió de idea – O puedo contratar un elfo doméstico.

- No hace falta que contrates a nadie. Yo sola puedo criar a mis hijos Harry- lo miró angustiada – Se que no soy la mejor madre del mundo, pero puedo serlo.

- Yo nunca dije que seas una mala madre- se atajó - Solo te ofrezco una solución para que te tomes las cosas con más calma.

- En serio que no hace falta. En El Profeta me dieron una larga licencia por maternidad, aprovechando los meses antes del embarazo que no me tomé- suspiró, pasando el cabello detrás de su oreja – Por lo menos hasta el año de Sirius puedo estar tranquila. Además Hermione me ofrece ayuda constantemente.

- ¿Y por qué no dejas que te ayude?

- No quiero fastidiarla con mis temas – tomó la manito del bebé mientras le sonreía nostálgicamente – Además, ella tiene que desfrutar de su maternidad, Rose es su primer bebé, y no quiero privarle de cosas por estar conmigo.

Harry la miraba melancólico. ¿En que momento las cosas se le habían ido de las manos? Todo resultaba sencillamente perfecto, Ginny era su alma gemela. Se preocupaba tanto por sus hijos, y hasta por él mismo, aunque ella nunca quisiese admitirlo.

- Sabes que yo no tendría problema en ayudarte- comentó con precaución. Ella levantó la mirada, frunciendo levemente sus cejas.

- No entiendo por que insistes con eso. Yo no volveré contigo. Lo hecho, hecho está. No me valen de nada tus explicaciones- dijo escuetamente mientras caminaba hacia la cocina.

- Olvídate de lo que te dije.

Ella se dio vuelta y lo analizó con la mirada, acomodó los almohadones del sillón que estaba a su lado y siguió el camino a la cocina.

- ¿Quieres un café? Esta mañana mi madre me ha traído una tarta de melaza- le dijo mientras dejaba que la puerta se abriera a su paso.

- Claro- Harry sonrió y la siguió hacía la habitación – Permiso- dijo al cruzar la puerta.

- No tienes que pedir ningún permiso Harry, esta casa es tuya- comentó mientras ponía la tetera en el fuego.

- Es nuestra casa Ginny, pero sabes bien que quiero que sea tuya solamente.

- De eso ya habrá tiempo de hablar, cuando hagamos el divorcio Harry- murmuró mientras cortaba porciones de tarta colocándolas sobre una fuente de plata.

- Como quieras- respondió mientras la observaba de espaldas. Sirius se había quedado dormido en sus brazos.

- Se te va a acalambrar el brazo si continúas así- Movió su varita e hizo aparecer un pequeño catre de color amarillo – Acuéstalo allí.

- No hace falta Ginny, estoy muy bien así.

- En serio te digo, está muy mal acostumbrado por sus tíos. Va de brazos en brazos. Y no quiero que le tome manía.

- Seré imposible que se le quite entonces. A James nunca se la pudimos quitar- se levantó muy despacio, y acomodó al bebé en el pequeño colchón. Lo tapó con la mantita, y le dio un suave beso en la frente.

- James es un niño muy mañoso. Menos mal que se le han pasado los celos de Sirius. Estaba realmente insoportable- puso los ojos en blanco.

- Le hace honor al nombre- le dijo escogiéndose de hombros.

- Tienes razón, el nombre y el apellido lo describen de pies a cabeza- sonrió con una cálida mueca.

- ¿Intentas decir que soy mañoso?- fingió estar ofendido.

- Para nada, solo digo, que es bastante parecido a ti en algunos aspectos- la tetera comenzó a silbar. Se dio vuelta y preparó el filtro del café, y muy despacio volcó el agua caliente - ¿Cómo te fue en Holanda?

- ¿En que se parece a mi?- preguntó de pronto, lo que había dicho Ginny anteriormente lo había dejado pensando.

- Tiene muchas manías tuyas. Es normal que se levante en la madrugada con ganas de ir al baño, y los fines de semana duerme hasta muy tarde. Se devora los guisados que le preparo, y el cabello es igualmente de indomable que el tuyo. Me cuesta horrores peinárselo- sonrió al recordarlo – Duerme de la misma forma que tu. Se destapa todo durante la noche, y luego comienza a toser por el frío. Es un vivo calco tuyo- repentinamente sus mejillas se tornaron coloradas, y trató de que el agua se vertiera más lentamente. Rogando que sus mejillas volviesen a su color natural.

Harry por su parte había quedado anonadado con las palabras de Ginny. Ella no pasaba por alto, todas esas cosas que siempre le había reclamado. Y ahora, las adoraba en su hijo. Sonrió. A pesar de la distancia que había entre ellos, todavía había esperanzas. Lo había notado anteriormente, pero ella rehuía constantemente a él.

- No sabía que recordaras todas esas cosas de mi- le dijo suspicaz.

Ginny dejó caer una taza sobre la pileta al escuchar su voz, la porcelana se partió por la mitad. Rápidamente conjuró un Reparo y volvió a la normalidad.

- Vivir casi seis años a tu lado hace que haya cosas que no se olviden- contestó en un susurro mientras preparaba una bandeja con las tazas y la cafetera. La levantó de la mesada y la acomodó en la mesita de la cocina. De una alacena sacó el frasco de azúcar. Sirvió el café en ambas tazas.

- ¿Dos cucharadas?- le preguntó tomando el azúcar.

- Como siempre Ginny, mis gustos no han cambiado- dijo calmadamente.

- A veces las personas cambian Harry- comentó mientras volcaba las cucharadas en el café.

- Yo no voy a cambiar Ginny- al tomar la taza de café, acarició suavemente la piel de su todavía mujer. Ella no pudo evitar que todo su cuerpo se estremeciera, pero intentó pasarlo por alto dejándose caer en la silla de enfrente a Harry.

- Si tu lo dices- murmuró mientras tomaba un sorbo de la bebida. Puso una cara de total desconcierto al degustar el café.

- No le has puesto azúcar- le tendió el frasco.

- Ya me di cuenta- esta vez tuvo la precaución de no tocarlo.

- Últimamente te noto muy alterada. ¿Está pasando algo de lo que no me haya enterado?- preguntó.

- No ha pasado nada. Puede ser que esté con mis sentidos un poco alterados. Pero nada que un buen baño de burbujas, y la ayuda de mi madre, para que todo vuelva a la normalidad.

- En serio no quieres que contrate un elfo.

- No hace falta que te preocupes tanto. Si me doy cuenta que no puedo con todo, yo misma te pediré que contrates a alguien.

- Si quieres le puedo pedir a Kreacher que te ayude.

- Ya te dije que no hace falta. Kreacher es un elfo muy eficiente, pero tu lo necesitas más. Yo soy mujer y puedo mantener la casa en orden. Pero tu.- lo miró, sonrió burlona – Nunca resaltaste por ser el hombre más ordenado del mundo.

- Yo me puedo valer por mi mismo Ginny. En estos momentos te hace más falta que a mí.

- No creo que sea cierto. No quiero que mis hijos se queden sin padre en tu intento de cocinar algo para alimentarte- replicó sonriendo.

- ¿Insinúas que no sé cocinar?

- Yo no insinué nada. Tu mismo haz dicho que te crees un inútil a la hora de la cocina- se defendió.

- Si mal no recuerdo, yo fui el que te enseñó a preparar un correcto omelette.

- Pero de un omelette no vive el hombre Harry.

- Y también te enseñé a preparar la tarta de frutillas, las galletas de navidad, el pollo glaseado, el pavo relleno, el pan de cebolla…

- Bueno ya entendí- lo interrumpió – Ya se que te vales por ti mismo a la hora de la cocina. Pero déjame recordarte que el pavo relleno fue invención mía- se cruzó de brazos sonriendo con suficiencia.

- El pavo relleno te lo enseñé yo.

- No, era una receta de mi madre- Harry dudó, puede ser que sea cierto, pero no podía negar que se desenvolvía fácilmente en la cocina.

- Bueno no importa. Ya ves- la miró – Tienen Harry para rato.

- Igualmente no aceptaré a Kreacher, tu departamento sería un desastre si el no está para ordenarlo y limpiarlo.

- Es tu departamento también Ginny.

- Eso no viene al caso. No me cambies de tema por favor.

- Me coso la boca- imitó como se zurcía los labios con un hilo.

- Eres un tonto- Ginny le tiró con un pedazo de tarta.

Harry le sacó la lengua mientras ella tomaba un sorbo de su café. Sirius se removió inquieto en su catre, y abrió levemente los ojitos. Primero dejó que se adaptaran a la luz, y luego comenzó a mirar hacia todos lados, hizo un mohín con su boca y comenzó a llorar fuertemente. Harry lo levantó, envolviéndolo con la mantita, mientras Ginny lo observaba detenidamente. No podía objetar nada en contra de su paternidad. El bebé no dejaba de llorar mientras era mecido en los brazos de su padre.

- Debe de haber quedado con hambre- Harry la miró – Antes de que llegaras le estaba dando de comer- explicó – Pásamelo – le tendió los brazos.

Harry acomodó el pequeño cuerpecito de su hijo en los brazos de la madre, mostrando toda la ternura contenida en su mirada. Ginny se volvió a sentar en la silla acunando a Sirius en su brazo izquierdo, mientras que con el derecho se abría la camisa, y desabrochaba su sostén para alimentar a su hijo. Sirius instantáneamente al sentir el aroma de su madre se calmó. Cuando las cálidas manos de Ginny lo atrajeron hacia su pecho, el bebé con su boca buscó el pequeño pezón y comenzó a chupar desesperado. Ella hizo una mueca de dolor, mientras le acariciaba el rostro.

- Calma Sirius, me vas a dejar sin pechos- susurraba, levantó la mirada, encontrándose con la de Harry – Muchas veces suele desesperarse a la hora de la comida, él también se parece a ti en eso.

- ¿Ya no tienes ningún malestar?

- No gracias a Merlín ya estoy como nueva. Hace rato que se acabaron los malestares y volví a mi peso normal- Sonrió – Es más, pude bajar esos cinco kilos molestos que no podía bajar.

- No tendrías que salir de tu peso normal, te puede hacer daño- dijo contrariado.

- No hay problema, más de cinco kilos no pienso bajar. Ese será mi límite Harry- miró hacia arriba - ¿Qué estará haciendo James?- frunció el ceño - ¿Por qué no subes a verlo? Está en nues… en mi habitación- se corrigió. Harry sonrió ante su error, asintió con la cabeza y salió de la cocina. Ginny suspiró agotada. Se le hacía muy complicado hablar distendidamente con Harry, la ponía nerviosa su sola presencia. Sentía como con su mirada insinuante y cargada, podía desnudarla completamente. Se moría de ganas por lazarse en sus brazos y besarle como hacía más de medio año que no hacía. Pero no iba a ceder a sus instintos, no podía perdonarlo, no después de lo que pasó.

Harry caminaba por el pasillo de la planta superior, la habitación de James y Sirius era la primera. La puerta estaba abierta. Una hermosa cama y una cuna se extendían en los costados. Un gran armario blanco ocupaba el costado de la habitación. Las paredes eran de un celeste muy claro, y una guarda de snichs, quaffles y bludgers terminaban la decoración. Las cortinas eran de color azul, y sobre el techo, había motones de estrellas, que por la noche se iluminaban dando una suave luminosidad.

Siguió caminando, y pasó por el cuarto de juegos de los chicos. La habitación estaba abarrotada de juguetes, debidamente ordenados sobre estantes y baúles. Continuó su camino hacia la última puerta. Apenas entró, el embriagante aroma floral de Ginny lo invadió. La cama, los cuadros, el color de la pared. Todo seguía igual que la ultima vez que había entrado allí, la última tarde en donde se había separado de Ginny. El rosado pálido de la pared hacía resaltar las gruesas cortinas rojas. La alfombra era de un color verde musgo, y todos los muebles eran de roble, como a Ginny le gustaba.

En la punta de la cama, sobre el cobertor dorado, James estaba sentado mirando embobadamente la televisión. El niño no se dio cuenta de la presencia de su padre. Lo abrazó suavemente mientras lo sentaba en sus piernas.

- ¿No vas a saludar a tu padre?

- ¡Papi!- gritó James mientras le daba un sonoro beso en su mejilla.

- Te estoy esperando abajo- hizo pucheros - ¿No quieres ir a pasear?

- Si- respondió mientras seguía mirando la tele. En ese momento mostraban la propaganda de un robot a batería que caminaba y prendí luces – Wow- exclamó James – Mida papá- le señaló la pantalla.

- Si nos vamos ahora, te compro el robot- el chico lo miró sonriendo y salió corriendo hacia la puerta. Harry rió y le tomó la mano. Agarraron la pequeña mochila que Ginny le había preparado y bajaron las escaleras.

Ginny estaba limpiando las tazas en la pileta, Sirius había vuelto a dormir, descansaba nuevamente en el moisés. James entró corriendo y abrazó a su madre por la espalda haciendo que ella se mojara toda la camisa con la espuma.

- James- lo retó – Mojaste toda mi ropa- agarró un trapo de la mesada e intento secar el agua de su ropa, resultando que solo quede húmeda – Bueno- se dirigió al niño – No hagas enfadar a tu padre. Pórtate bien, y nunca le sueltes la mano.

- Papi va comprar superobot- le dijo mientras saltaba de un lado a otro imitando lo que había visto en la propaganda, hacía ruido con su boca, mientras corría alrededor de sus padres.

- No grites tanto, vas a despertar a tu hermano James- miró a Harry – No le compres porquerías para comer. Si tiene hambre en su mochila hay unas galletas de avena que le preparé, y una botella con jugo de calabaza.

- No hace falta que lo sobreprotejas tanto- le reprochó.

- Yo no lo sobreprotejo, solo es que no quiero que ande con malestares estomacales.

- No le daré de comer algo que le haga mal Ginny, siempre me repites lo mismo- dijo cansadamente.

- Te lo repetiré las veces que sean necesarias Harry. ¿A qué hora lo traerás?

- ¿Te parece bien a las seis de la tarde?

- Si no hay problema, pero…- lo miró – Con Sirius vamos a ir a almorzar a la madriguera, así que…

- No importa, lo llevaré a la madriguera Ginny.

- Bueno, entonces ya no hay más nada que hablar.

- James, vamos- llamó a su hijo.

- Chau mami- la abrazó por las piernas.

- Adios mi vida- se agachó y le besó la mejilla mientras le acomodaba la ropa – No hagas renegar a tu padre corazón.

James corrió a los brazos de su padre, el cual lo cargó sobre sus hombros. Caminaron hacía la puerta del living, los tres salieron al frente de la casa, mientras James reía por los saltos que daba su padre para entretenerlo. Harry miró a Ginny, su corazón le pidió a gritos que le diera un beso de despedida. Pero su mente rechazó la idea por completo al imaginarse la reacción de Ginny. Sabía que al final ella cedería, pero luego se enojaría muchísimo con él, era preferible no tensar la situación.

- Bueno, nos vamos. Hasta luego Ginny- comenzó a caminar hacia el auto azul oscuro que estaba estacionado frente a la casa.

- Adiós, tengan cuidado por favor- Harry se dio vuelta y asintió. James se sentó en el asiento trasero, mientras Harry ponía en marcha el automóvil, y se perdía en la esquina al doblar.

Ginny entró a la casa suspirando, subió rápidamente a su habitación, cambió su camisa húmeda, y tomó unos abrigos. Volvió a bajar a la cocina, envolvió a Sirius en una gruesa manta y se dirigió a la chimenea. Arrojó los polvos Flú en ella, una vez que estaba dentro, murmurando suavemente, La Madriguera.

Junto a la chimenea de su vieja casa estaba Hermione esperándola con Rose en brazos. Cuando una masa de cabello pelirrojo apareció, sonrió enormemente y la ayudó a salir con su brazo libre.

- Hola Ginny- la abrazó.

- Hermione amiga, te juro que si no se iba. No hubiese sido conciente de mis actos- le devolvió el abrazo.

- No sé por qué no escuchas lo que te tiene que decir.

- No Hermione, yo misma vi como se besaba con esa. No le voy a perdonar nunca que me haya engañado.