Capítulo cuatro

Aquella noche inolvidable

La noche de la boda de Tzaitel y Motel estaba tan clara en la memoria de Jodel y Pierchik como si hubiera sido la anterior.

¿Y cómo no podría estarlo? Si era uno de los recuerdos a los cuales aferrarse cuando la esperanza flaqueaba, ella en su cama en Anatevka y él en la helada prisión siberiana, en los momentos en que no podrían sentirse más solos.

Aunque era más clara para ella que para él.

Para él había una enorme ciénaga mental desde que aparecían las fuerzas del "orden", en su memoria se confundían figuras, gritos, movimientos, interrumpidos de pronto por un contundente dolor en la sien seguido por caer a saco en el suelo, donde no recuerda más que manchas girando a su alrededor hasta que la primera visión estática que puede recordar es la de Jodel inclinada sobre él protegiéndolo con su propio cuerpo.

Le pareció escuchar a Golde pidiendo alarmada que lo metieran a la casa, mientras el ruido poco a poco e aplacaba y se arremolinada sobre él una mezcla de dolor, rabia e impotencia que le provocó nauseas al ser levantado por la muchacha con facilidad, su cuerpo no opuso resistencia y dócilmente se dejó guiar dentro de la casa recargado en los hombros de ella hasta el viejo sofá de la sala donde lo recostó con cuidado.

Entrecerró los ojos tratando de enfocar su visión, la cabeza le dolía endiabladamente y con mucho esfuerzo logró distinguir junto a él a Jodel acompañada por sus hermanas más pequeñas. Bilke le entregó su sombrero con las manitas temblorosas y sollozándole un débil "Se te cayó" antes de soltar en brazos de su hermana. Las tres lucían preocupadas y más tristes de lo que él había pensado soportar.

-Yo debí protegerlas.- dijo débilmente tomando el sombrero.

-¡Cállate!- farfulló Jodel arrebatándole el sombrero de las manos debilitadas y cubriéndole la cara con él -Vamos niñas, hay que limpiar el desastre que dejaron.

-Yo…- murmuró Pierchik apoyándose para tratar de ponerse en pie y seguirlas.

-¡Tú no te mueves! ¡Y duérmete!- ordenó la mayor con firmeza mientras las dos niñas corrían al patio huyendo de la rabia de su hermana.

Los párpados de él parecieron obedecer sintiéndose terriblemente pesados, inconscientemente su cuerpo se acomodó y se entregó al sueño.

Pero las pesadillas no tardaron mucho, convirtiendo en su subconsciente el suceso de la noche en un polgrom fatal que le arrebataba todo lo que tenía en ese momento. Despertó con un sobresalto y trató de ubicar su realidad y el movimiento de su cuerpo, una mano reaccionó dirigiéndose a cubrir su rostro, aterrado al escuchar un silencio sepulcral. Se esforzó en recordar, en separar la pesadilla de la realidad y cuando finalmente escuchó a lo lejos una escoba barriendo algo que parecían vidrios rotos suspiró aliviado al comprender que no se había quedado solo.

Se levantó con ligereza pero al afianzar los pies en el suelo la verticalidad de su cuerpo se desestabilizó un instante. Un ligero mareo y la cabeza punzándole le obligaron a detenerse unos momentos antes de caminar despacio hacia el patio.

Jodel amontonaba en un rincón las botellas rotas en el tumulto, barriendo con fiereza, desquitando la frustración. Había acomodado las mesas juntas a un lado y las sillas formadas a lo largo de la fachada de la casa; Pierchik se sentó en una de ellas sin que la muchacha notara su presencia al estar tan enfrascada en su labor.

-¿Y los demás?- preguntó deseando iniciar conversación. Cualquier conversación; lo único que deseaba en ese momento era escuchar una voz humana.

-¡Pierchik! ¡¿Cómo te atreves a levantarte?!- gritó Jodel tras recuperarse del susto que le había causado escuchar una voz creyéndose sola, miró como él bajaba un poco la mirada cual niño regañado.

-No quiero acostarme.- respondió él, sentido. ¿Porqué Jodel tenía que ser siempre tan ruda? ¿Porqué no pudo preguntarle tranquilamente cómo estaba o responderle? -No eres la única molesta aquí, ¿sabes?

La chica resopló.

-Les dije que fueran a dormir. Estaban demasiado cansados y tristes, solo les pedí que me ayudaran con las mesas todo lo demás puedo hacerlo yo sola.

Pierchik miró a su alrededor y notó la mejoría, sin duda Jodel sería un ama de casa muy eficiente. Aunque… ¿cuánto tiempo habría dormido?

Sin mirarlo ella comenzó a barrer de nuevo mientras él se quedó mirándola, aun con la fuerza en los movimientos de la joven él comenzó a sentirse en paz; consciente de que todos dormían fuera de peligro después de lo sucedido excepto Jodel, quien con su recién adquirido puesto de hermana mayor en casa había tomado la responsabilidad de ordenar el caos que habían causado un montón de extraños.

Estaba preguntándose si tenía la capacidad de levantarse a ayudarla cuando ella se detuvo, con los ojos clavados en un adorno de boda hecho añicos que debía barrer y desechar. Pierchik miró como el cuerpo de la chica comenzaba a temblar, soltó la escoba que cayó estrepitosamente y se cubrió el rostro comenzando a llorar.

No tuvo que pedirle permiso a sus músculos, el joven casi voló junto a ella y la envolvió entre sus brazos, el cuerpo de ella dócilmente reaccionó dejándose ir sobre los brazos que le ofrecían refugio y el llanto se intensificó.

-Arruinaron la boda de mi hermana.- sollozó Jodel con desespero -Debía ser hermosa, debía ser especial, debía ser feliz. ¿Porqué?- reprochó -¿Porqué esta noche?

La cabeza de él se inclinó hasta que su barbilla quedó recargada en la cabeza de ella y sus brazos la apresaron un poco más -No lo sé.- susurró tristemente.

-¿Significa que no serán felices? ¿Fue un castigo por elegir con quien casarse en lugar de obedecer a la casamentera?- realmente no podía comprenderlo, lo único que deseaba era que su hermana fuera feliz, pensaba que lo había conseguido al casarse con el hombre que amaba, y ahora solo podía ver lo sucedido como el peor de los presagios.

-Escucha, Jodel.- Pierchik trató de ser firme para brindarle confianza, pero la verdad era que estaba igual de dolido -A veces las cosas simplemente pasan, no son presagios ni castigos. Aunque tal vez sea una prueba, Tzaitel y Motel se aman y si pueden superar esto, podrán superar lo que sea.

La muchacha sollozó con fuerza, abrazándose a quien inesperadamente había llegado a rescatarla de su dolor.

-Quisiera conocer ese mundo del que me hablas.- musitó -Ese mundo fuera de Anatevka donde todo es nuevo y diferente. Quisiera que todo fuera nuevo y diferente aquí en el pueblo, que pudiéramos cambiarlo todo juntos.

-¿Juntos?- no pudo evitar preguntar él. ¿Desde cuando Jodel deseaba que hicieran cualquier cosa juntos? Siempre habían discutido, siempre se habían mirado con recelo y apartado con prudencia.

De hecho: ¿porqué había tenido el impulso de correr a abrazarla? ¿Porqué ella no había huído de sus brazos? ¿Porqué sentía sus lágrimas empapando su hombro y sus brazos aferrándose a él?

De pronto tomó consciencia de la fragilidad de la chica en sus brazos, la misma que siempre se hacía la fuerte y la firme. En realidad lo era, ¿pero quién podía soportar con total firmeza una situación así? Él mismo se sentía terrible, con todo y que era casi un intruso en esa casa. ¿Cómo pedirle fuerza a alguien cuya familia había recibido semejante golpe?

-Lo lamento muchísimo.- dijo suavemente -La verdad no sé porque a personas tan buenas como ustedes pudo pasarles algo tan horrible.

-Odio llorar.- balbuceó Jodel tras soltar más sollozos -Odio sentirme indefensa y confundida.

-Estoy aquí.- dijo Pierchik sin pensar -No voy a juzgarte por llorar, y no debes sentirte indefensa porque yo haré todo lo que sea posible por proteger esta casa.- se detuvo al darse cuenta de que todo lo que le fue posible no había sido para nada suficiente, al final lo habían tenido que proteger a él.

Una punzada de dolor en la sien complementó sus pensamientos. Estaba lesionado, había sido inútil, la muchacha que ahora lloraba en sus brazos fue quien lo protegió con su cuerpo que ahora le parecía tan frágil y lo llevó a un lugar seguro a descansar mientras los militares destruían, agredían, gritaban y ahuyentaban a los amigos de la familia.

-Lo siento.- alcanzó a decir mientras un fuerte mareo se apoderaba de su cuerpo y sus piernas flaqueaban.

Jodel lo notó, se soltó de los brazos que no opusieron resistencia y tomó por los hombros al joven que apretaba los párpados tratando de retomar el control de su cuerpo a punto de desfallecer.

-No debiste levantarte.- dijo ella al perder inmediatamente las ganas de llorar.

-Lo siento.- repitió él dejando nuevamente que la chica lo recargara en sus hombros para llevarlo dentro, el mareo cedió un poco al encontrarse recostado una vez más -No quiero dejarte sola.- inquirió avergonzado, sintiendo que sus ojos se cerraban.

Jodel suspiró, se sentó en el suelo junto a él y recargó su costado sobre el viejo sofá que se quejó un poquito -Creo que no puedo seguir limpiando, me quedaré aquí.

Pierchik sonrió débilmente. Estaban juntos y eso lo hacía sentirse feliz. No importaba cómo habían llegado a eso, solo deseó seguir sintiendo aquello por siempre. ¿Lo sentiría ella también?

-Jodel.- la llamó en la obscuridad, pero no obtuvo respuesta, la muchacha se había quedado dormida en cuanto su cabeza pudo descansar en el sofá, a un lado del torso de el joven lesionado quien no tardó en dormirse también.

¿Quién diría que de aquella boda con un final tan desastroso saldría un matrimonio con una felicidad invencible? Y un pequeño, saludable y alegre bebé con los ojos del padre y las facciones de la madre que ahora Jodel acunaba entre sus brazos, arrulándolo.

Su primer sobrino…

Pierchik decidió dejar de divagar al preguntarse cuándo el bebe en brazos de la joven sería un hijo propio. Era demasiado pronto para pensar en esas cosas, ¿o no?

-Ese niño será un completo consentido.- dijo acercándose a su amada.

-Ya lo es.- replicó Jodel radiante de felicidad.


Para quienes se preguntaban qué había sucedido después del desgarriate de la boda… y para quienes no se lo preguntaban, igual espero que les haya gustado jijiji.

A mi si me gustó, es tan cursi que me resultó irresistible escribirlo. Shalala. Hasta el próximo capítulo. ¿De qué fic? Nadie lo sabe.