Cuando comencé a publicar esta historia, ni por asomo me podía imaginar la buena acogida que iba a tener, en realidad pensaba que me ibais a tirar tomates virtuales por la barbaridad que se me había ocurrido, pero no fue así. De todo corazón quiero agradeceros el apoyo que me habéis dado durante estos meses, sin vosotras no hubiera llegado hasta aquí.

¡¡Muchísimas gracias!!

Y como ya hemos llegado al final, y para que no quede ningún tipo de duda, voy a escribir algo que no he escrito en ninguno de estos capítulos: Los personajes principales son propiedad de J.K.Rowling. La historia, así como alguno de los personajes secundarios son de mi cosecha.


CAPITULO XVIII – OTRA NOCHE DE VIERNES


Era increíble como pasaba el tiempo de rápido. Hacía cinco meses que su padre había fallecido, y poco a poco las cosas habían ido mejorando.

Su madre, con la ayuda de su tía Janice y sus amigas iba saliendo de la depresión. Para alegría de Hermione, incluso habían ido alguna tarde al cine juntas.

Ella por su parte, había conseguido asentarse en su trabajo y aunque no la desagradaba, seguía sin ser el trabajo de su vida.

En cuanto a su relación con Ginny y Harry, especialmente con este último, mejoró mucho. Las cosas casi habían vuelto a ser como al principio. Lamentablemente no podía decir lo mismo de Ron, con el que su relación seguía como siempre, vamos, casi inexistente.

Era viernes por la tarde y la botica estaba a punto de cerrar. Ella estaba tan nerviosa como todos los viernes a esa hora. En cuanto cerrase bajaría al baño, terminaría de arreglarse y se aparecería en el restaurante donde comió aquel día con Lucius. Ese era el lugar donde quedaban todos los viernes por la noche para cenar.

A decir verdad no tenía muy claro como pasó, solo…pasó. Dos semanas después de aquella comida, un viernes por la tarde, se encontraron de casualidad en el Callejón, él acababa de hacer unas compras y ella salía de trabajar. Los dos se saludaron y comenzaron a hablar como si nada hubiese pasado entre ellos. Lucius la preguntó por su madre y por como se encontraba ella y cuando se quisieron dar cuenta, habían pasado casi dos horas y los dos estaban muertos de hambre, así que cuando las tripas de Malfoy rugieron ferozmente sin pensárselo dos veces se dirigieron al restaurante en el que comieron esa vez.

Por suerte "su" reservado estaba vacío y el camarero muy amable les acomodó allí. La velada fue muy agradable, tanto que al terminar, Lucius la preguntó si la gustaría acompañarle a cenar a la semana siguiente, y ella sin pensarlo le dijo que sí.

Mil veces se regañó a si misma diciéndose que esa estúpida situación no la llevaba a ningún sitio, que lo mejor era no volver a verle y olvidarse de él para siempre, pero mil veces volvía a caer, engañándose a si misma, diciendo que solo era una cena y nada más. Se recordaba todo el daño que la hizo, pero también se recordaba como aquel día bajo los efectos del veritaserum la aseguró que la amaba y que se había enamorado de verdad de ella. Además estaba el hecho de que ahora si que parecía cambiado, todo el mundo lo decía, incluso Harry Potter y los Weasley que tan mal hablaban de él siempre.

El caso es que todos los viernes, después de cerrar la botica, iba al restaurante a encontrarse con él. No hacían otra cosa que no fuera hablar, comer y había veces que incluso él la hacía reír, a pesar de que todavía se sentía bastante triste.

Ahí se encontraba ella, otra noche más preparada para encontrarse con él, con las manos sudorosas y la respiración acelerada. Seguía enamorada como una tonta.

El mismo camarero de todos los viernes la sonrió, la saludó y la hizo pasar a "su" reservado. Siempre les daban el mismo, aunque no hicieran reserva previa, sabían que irían a cenar y se lo tenían preparado.

Cuando Hermione entró, Lucius ya había llegado. Estaba muy serio. En cuanto la vio se levantó y la ayudó a acomodarse en su silla.

- ¿Pasa algo malo? – le preguntó preocupada.

- No, querida, no es nada malo – la respondió sentándose de nuevo y poniéndose la servilleta sobre sus piernas.

- ¿Entonces? Te noto preocupado -

- Me gustaría hablar contigo sobre un asunto – dijo él apoyando sus muñecas sobre la mesa y entrelazando los dedos.

- Claro, dime – le respondió cogiendo la servilleta del plato y colocándola a un lado.

En ese momento apareció el camarero y pidieron la cena.

- ¿Qué tal tu trabajo? – preguntó Lucius.

- Bien, pero no creo que sea eso de lo que me quieres hablar, ¿no es cierto? -

- Me conoces demasiado bien – dijo sonriendo.

- Tal vez – le contestó devolviéndole la sonrisa - ¿Me lo vas a contar? -

- Estas preciosa esta noche, Hermione – la dijo amablemente.

- Muchas gracias – le respondió sonrojándose levemente. – Pero si lo que intentas es que me olvide de…- ella le vio revolverse incomodo en la silla.

- Está bien, no pasa nada, si no quieres contármelo no hace falta que lo hagas. No quiero presionarte. Lo siento -

- Merlín, Hermione, no es eso…No pensé que esto me costase tanto – la respondió dejando caer las manos sobre su regazo y recostándose en el respaldo de la silla. A ella le entró el pánico. "Seguro que quiere que no nos volvamos a ver" "¿Habrá conocido a otra mujer y…?" "Oh, eres una maldita estúpida. Tu haciendo ilusiones de nuevo con él y mira lo que te pasa. Te lo tienes bien merecido"

- No podemos seguir con esto – la dijo seriamente. Ella le miró apenada, esperando que él la dijera que no quería volver a verla.

- Yo no puedo seguir con esto – No pudo evitarlo y los ojos se la llenaron de lágrimas. – Oh, no, mi gatita no llores, por favor. Me parte el alma verte llorar – mientras la hablaba con cariño se levantó de su silla y se sentó lo más cerca posible de ella, y con su mano derecha la acarició el rostro.

- Lo siento – le respondió Hermione secándose la cara y mirando hacia otro lado. No quería que viera cuando la afectaba un simple roce suyo.

- No lo sientas. Soy yo el que lo siente, soy yo el que siente hacerte llorar siempre, soy yo el que siente hacerte daño siempre, soy yo el que siente no ser capaz de cumplir con sus promesas, pero simplemente no puedo más. Te quiero y no puedo ocultarlo más, me arde por dentro, me estoy quemando vivo. – la dijo sujetándola las manos y entrelazando sus dedos con los de ella. Hermione le miró con los ojos muy abiertos de la impresión, la faltaba el aire. Eso no era lo que ella esperaba que la fuera a decir, pero lo había estado deseando con tanta fuerza…

- Ya se que no merezco ni que me mires, pero no puedo evitarlo. Necesito estar cerca de ti, tocarte, besarte, hacerte mía de nuevo, y si tu no quieres…no volveré a molestarte, no volveré a verte, ni a quedar contigo, ni a…-

Un impulso que nació de las entrañas de Hermione la hizo abalanzarse sobre él, sujetarle la cara y besarlo apasionadamente en los labios.

¡¡Adiós cerebro!! Solo existían los labios de Lucius, ni siquiera sabía donde estaba ni como, tampoco la importaba. Eran solo sus labios y su lengua que ahora se había hundido en su boca mientras la de Hermione le dada la bienvenida efusivamente.

Hasta que un camarero les interrumpió para servirles la comida.

- Te has quedado sin propina – le dijo Malfoy enfadado cuando le dejo el plato en la mesa.

- Lo siento señor, yo no…-

- No te preocupes, no pasa nada – le respondió sonriendo Hermione.

Cuando el camarero se marchó, ella miró a Lucius a los ojos y se mordió el labio inferior esperando a que él la dijera algo, pero parecía tan confundido que tuvo que ser ella la que rompiera el hielo.

- Pensé que ibas a decirme que no querías volver a verme -

- Tendría que ser el hombre más necio del planeta para no querer volver a verte -

"¡¡Oh, dios, que hombre!!" pensó. Todo el cuerpo la temblaba y su boca palpitaba de deseo. Tenía que volver a besarle, pero cuando se aproximó a él, Lucius la paró.

- Espera. Primero tenemos que hablar -

- ¿Hablar? – preguntó confundida. Ella quería hacer cosas con la boca, pero no era precisamente eso lo que tenía en mente.

- Escúchame. Quiero…Merlín, no se ni como pedírtelo –dijo respirando agitadamente y mirando a un lado del pequeño reservado. -¿Cómo es posible? – añadió resoplando y algo molesto consigo mismo.

- ¿Quieres pedirme que…que…volvamos a estar juntos? Preguntó Hermione muy nerviosa, sintiendo como la boca se la quedaba completamente seca.

- Si. Es lo que más deseo en el mundo, pero si tú no quieres, yo lo comprenderé y no volveré a molestarte. – la respondió. Hermione pudo notar como la miraba preocupado, con temor sobre lo que ella le pudiese decir.

- A mi también me gustaría salir contigo – le contestó sonriendo como hacía mucho que no lo hacía. El corazón la bombeaba con fiereza.

- Me agrada y mucho oírlo, pero antes me gustaría decirte algo más. Si vamos a empezar una relación quiero que esta vez sea completamente sincera desde el primer segundo ¿Estas de acuerdo? – la dijo sonriendo.

- Si -

- Estoy perdidamente enamorado de ti, eso ya lo sabes… – a Hermione se la cortó la respiración con sus palabras -…y todos estos meses que hemos estado cenando juntos me he reafirmado más en mis sentimientos y en mi idea de que eres tu la mujer con la que quiero pasar el resto de mi vida. Pero sin engaños. Si tu decides volver conmigo es porque me quieras de verdad, sin pociones de por medio. No te puedo prometer una vida sexual tan intensa como al principio porque eso era algo artificial, y además ya no soy tan joven como antes…pero te puedo prometer que los momentos que estemos juntos serán especiales porque serán con amor – Hermione se sonrojó un poco y se sintió algo desilusionada ante la perspectiva de poca actividad sexual. Había estado tantos meses sin tener un hombre entre sus muslos, más concretamente a ese hombre entre sus muslos que no había podido evitar sentirse algo desilusionada.

- Tampoco te quiero engañar y hacerte pensar que he cambiado por completo y que ahora soy un santo. Si, me arrepentí de mi pasado, pero hay convicciones que son muy difíciles de cambiar, yo diría que imposibles, y si aquel día fue amable y cortés con tu madre fue por ti, porque te vi tan mal, y estaba tan desesperado por estar cerca tuya que hice el esfuerzo, pero se que no va a ser posible que me olvide de lo que es tu familia y mantengamos una relación fluida -

Vaya, eso estaba siendo peor que lo del sexo. Se sintió herida y dejó de mirarle, desviando sus ojos hacia el plato de comida que estaba intacto.

- Hermione – la llamó, pero ella no le respondió. Estaba pasando de nuevo, la estaban haciendo elegir, y él la estaba partiendo el corazón.

- Hermione mírame – esta vez ella le hizo caso.

- Yo no puedo dar la espalda a mi madre en estos momentos, espero que lo comprendas, todavía no ha terminado de salir de la depresión y no creo que la convenga perder a una hija precisamente ahora. Sencillamente no quiero hacerlo, ni siquiera por ti, Lucius – "mucho menos por ti" pensó muy molesta.

- Es que no tienes por que hacerlo, yo no te apartaría de ella, ni te impediría que vivieses con ella, lo único que te quiero hacer ver es que nunca voy a tener una buena relación con tu madre, pero te puedo prometer que voy a hacer todo lo que esté en mi mano para que, por lo menos por mi parte, la relación sea cortés -

- ¿Y serías capaz de venir a cenar en navidad o el día de mi cumpleaños? – le preguntó muy seria. Ya conocía su respuesta porque hace meses habían tenido un tipo de conversación similar.

Lucius no contestó de inmediato, se giró pensativo, dio un sobro de su copa de vino y la respondió – Si – así sin más.

¿Si? ¿Cómo que si? El es Lucius Malfoy ¿Cómo va a ser que si?

- Por favor, no me mientas -

- No te estoy mintiendo, Hermione – le respondió molesto.

- ¿Cómo que no? ¿Cómo piensas que me voy a creer que tú vas a ir a casa de mi madre muggle a cenar en navidad? Sinceramente no te imagino entrando por la puerta con una botella de champagne, unos regalos y diciendo ¡Feliz Navidad, Jane! Cuanto me alegro de que me hayas invitado – le respondió enfadada.

- Harás bien, porque eso no pasará, pero si tú quisieras volver conmigo iría a tu casa y me portaría lo más educadamente posible. ¿Quieres saber porque?-

- Si, por favor, me gustaría – le contestó algo irritada, cruzándose de brazos.

- Por que se que te haría feliz, y eso es lo único que deseo, tu felicidad, por encima de cualquier cosa, hasta de mis principios. ¿Qué te parece? Patético ¿verdad? –

- No, no lo es. Pero después de todo lo que ha pasado… – le respondió casi susurrando.

- Comprendo perfectamente que desconfíes de mí, pero esta vez es de verdad. Por favor, créeme – la respondió muy serio.

Después de unos segundos en silencio, ella le dijo con tristeza - No quiero que hagas nada obligado -

- ¿Entonces que hacemos, Hermione? – la preguntó cruzándose de brazos él también y apoyándose en el respaldo de la silla.

Ella suspiró. ¿Qué hacer?...Yo que se…se dijo a si misma mirando hacia el mantel.

- ¿Tu me quieres? – la preguntó Malfoy aproximándose a ella.

Hermione suspiró - Si – le respondió moviendo la cabeza arriba y abajo ligeramente, mientras el corazón la latía con fuerza.

- Entonces, intentémoslo de nuevo, a ver que pasa. Podemos ir poco a poco si quieres, y ya iremos viendo como resolvemos las dificultades que salgan al paso en el momento en el que surjan. ¿Te parece bien? – la dijo sujetándola de las manos.

Hermione se quedó pensando unos instantes, sopesando los pros y los contras hasta que por fin le dijo con timidez - Si, me parece muy bien – y le obsequió con la mejor de sus sonrisas.

Lucius la sonrió – No sabes lo feliz que me haces – la dijo, y a continuación se acercó a ella y la besó delicadamente, saboreando cada milímetro de sus labios.

Apenas cenaron de los nervios, y al salir de restaurante, Hermione se encargó que el camarero tuviera su buena propina.

Caminaron durante un rato, Hermione iba agarrada del brazo derecho de Lucius mientras él, con su mano izquierda sujetaba la de Hermione y se la acariciaba suavemente. Ninguno de los dos podía ocultar su alegría.

Cuando Lucius la dejó en la puerta de su casa la dio un suave beso en los labios y Hermione se rió.

- ¿Qué es tan divertido? -

- Como me vea mi tía besándome contigo se muere del susto – Malfoy frunció el ceño – Es que desde que te vio en el cementerio no para de preguntarme por ti. Creo que le gustas – Lucius sonrió orgulloso del efecto que tenía en las mujeres.

- Entonces que nos vea, que sepa que tu eres la única mujer que me interesa – la respondió susurrándola al oído, y a continuación la besó con pasión.


Habían pasado dos meses y ante la desesperación de Hermione, Lucius se había comportado como todo un caballero con ella. Nada de sexo. Habían estado bastantes veces al borde de arrancarse la ropa y hacer el amor salvajemente en la nueva casa de Malfoy, pero en el último momento él paraba, la pedía disculpas, comenzaba a pasear por el salón como un león enjaulado y a los poco minutos entraba en el baño y salía con la cabeza empapada de agua fría.

Hermione sabía que ese era el momento para despedirse, así que le daba las buenas noches y se aparecía en su casa, frustrada y con un considerable calentón.

Ese fin de semana, su tía se había llevado a Jane a un balneario con sus amigas, así que Hermione podía pasar el fin de semana entero con Malfoy en su casa. La encantaba esa casa.

La primera vez que Lucius la llevó, entendió a la perfección porque se sentía tan a gusto en ella. De tamaño era la mitad que su antigua mansión, pero el doble de acogedora. Situada en la zona de Ambleside, era un lugar muy tranquilo donde se respiraba paz por todas partes y que olía a tierra mojada, a romero y maderas quemándose en las chimeneas.

Iba a ser el fin de semana perfecto.

Por supuesto, el viernes después de salir de su trabajo se fueron a cenar a "su" restaurante y después, Lucius les apareció a los dos en su casa. Briger la había decorado con la cantidad de velas y flores perfecta para que no pareciese una iglesia. Era lo más romántico que había visto en su vida.

Al entrar en el salón, Lucius les sirvió una copa de su mejor brandy y se sentó en su butaca favorita, mientras Hermione disfrutaba oliendo cada flor que había en la casa. Cuando hubo terminado miró a Malfoy.

-Son preciosas- le dijo

- No tanto como tú – la respondió.

Hermione notó como Lucius la estaba devorando con los ojos y comenzó a excitarse, pensando en lo que seguramente harían en unos minutos. – Ven aquí – la pidió estirando una mano. Ella se la cogió y él la hizo sentarse sobre sus piernas.

Estuvieron mirándose intensamente durante unos instantes hasta que Malfoy comenzó a acariciarla suavemente el pelo. A Hermione la gustaba mucho que Lucius fuese tan dulce con ella, pero en ese momento necesitaba pasión, no ternura. Llevaba demasiado tiempo esperando. Así que movió la cabeza hasta que la mano de Malfoy llegó a sus mejillas.

Una vez allí, comenzó a recorrer su cara con los dedos. Al llegar a su boca, Hermione cerró los ojos y suspiró, entreabriendo sus labios.

Al mismo tiempo que Lucius bajaba su mano por su cuello, comenzó a besarla, dulcemente al principio, pero según iban pasando los segundos y sus manos se deslizaban hacia sus pechos, el beso se iba volviendo más ardiente.

Cuando los besos y las caricias no fueron suficientes, él se puso de pie, con cuidado de que Hermione no se cayese al suelo, y la llevó hasta la habitación.

- Tengo una sorpresa para ti – la susurró Lucius al oído cuando entraron a su dormitorio. Hermione estaba temblando de deseo y respiraba agitadamente, al igual que él.

Malfoy se acercó a una puerta de madera que había en el otro extremo de la habitación y la abrió – Ven, acércate – Las carcajadas de Hermione se oyeron por toda la casa. En ese pequeño cuarto, Lucius había instalado su pensadero. - ¿No creerías que me lo iba a dejar allí? -

- No sabes cuanto me alegro de que no fuera así – le respondió sugerentemente.

Malfoy la sujetó con fuerza y comenzó a besarla apasionadamente, cosa a lo que ella respondió de la misma forma.

Después de pasar varios minutos disfrutando mutuamente de sus respectivas bocas, Malfoy comenzó a bajar por su cuello, haciéndola estremecer de deseo mientras sus manos serpenteaban debajo de su ropa.

De pronto Hermione se separó de él bruscamente, había recordado algo importante, él intentó acercarse de nuevo, pero ella le detuvo. Rió al ver como Lucius la miraba extrañado y respiraba agitado.

- Yo también tengo una sorpresa para ti - le dijo, obligándole a sentarse en la cama y se desnudó lentamente para él, mostrándole el sensual conjunto de lencería que se había comprado para la ocasión, y que a él pareció gustarle mucho a juzgar por las reacciones de su cuerpo.

Una hora más tarde, mientras yacían abrazados, sudorosos y agotados, pero felices, Hermione recordó como había cambiado su vida y como había cambiado Lucius con ella. Tal vez siguiera siendo el mismo egoísta y arrogante de siempre, pero ahora parecía que se había vuelto más humano. Trataba a la gente, del tipo que fuera, con más respeto, incluso Hermione había conseguido de él que reconsiderase el tema del maltrato hacia los elfos domésticos y comenzase a pensar que tal vez, había cierto tipo de castigos que eran excesivos. Ella se había sentido exultante de alegría, de acuerdo que no era mucho, pero para alguien como él era dar un paso de gigante.

Respecto al tema de su madre, bueno, esa era la parte que peor llevaban, pero hay ciertas cosas que necesitan de tiempo para mejorar, y esa era una de esas cosas.

De lo que de verdad estaba total y absolutamente segura era del amor de Lucius Malfoy hacia ella, y era tan maravilloso que la hacía sentirse la mujer más afortunada del planeta. Quien se lo iba a decir hace unos meses cuando estaba hundida y decepcionada. Ahora había recuperado de nuevo la ilusión.


08 SEPTIEMBRE 2007

Una pequeña isla localizada en el archipiélago de las Orcadas, en Escocia, se convirtió en testigo de excepción del enlace matrimonial de Lucius Abraxas Malfoy y Hermione Jane Granger.

Fue sin duda una de los enlaces más esperados del año. Se trataba de la primera boda de la bruja, que eligió para la ocasión un vestido de raso blanco, con escote palabra de honor, de la diseñadora Allyson Barrett.

Para el novio, que eligió una clásica túnica negra de gala, este ha sido su segundo enlace matrimonial, ya que estaba casado de primeras nupcias con la bruja Narcissa Black, de la cual se divorció hace un par de años.

La joven, de 28 años de edad, llegó hasta el altar acompañada por su gran amigo y padrino Harry Potter. Junto a ella también estuvieron en todo momento un pequeño grupo de amigos y familiares que quisieron acompañar a la bruja en este importante día. Entre ellos se encontraban el matrimonio formado por Harry y Ginebra Potter con su pequeño hijo James, Neville Longbottom, el matrimonio formado por Arthur y Molly Weasley, así como el hijo de ambos, George, con su esposa Angelina, la bióloga Luna Lovegood, y los empresarios Hugh Colton y Thadeus Hamilton con sus respectivas esposas. El gran ausente sin duda fue el primer ministro de magia, Sr. Shakelbolt que por asuntos oficiales se encontraba fuera del país.

Una vez convertidos en marido y mujer, Lucius y Hermione, radiantes de felicidad, se dirigieron al castillo de Noltland donde la celebración se prolongó hasta bien entrada la madrugada.


Como no podía ser de otra forma, la madre de la novia, muggle y viuda recientemente, estaba muy emocionada por el enlace de su única hija, y comentó que aunque al principio no había visto con buenos ojos la relación de su hija, 26 años menor que su pareja, la felicidad que irradiaba desde que habían vuelto a retomar su relación era innegable, y no la había quedado más remedio que darles sus bendiciones y desearles toda la felicidad del mundo.

Desde Corazón de Bruja, nos unimos a esos deseos de felicidad para la pareja, deseándoles una vida en común llena de dicha y prosperidad.

FIN