Helga:

No te puedo decir que estoy molesto, pero sí, que estoy triste por cómo han sucedido las cosas entre nosotros. ¿Por qué siempre que tienes la mala costumbre de huir cuando te sientes acorralada?, ¿por qué, en vez de afrontarlo, prefieres irte, sin esperar las posibles respuestas que los demás podemos darte?

Tú carta me hizo comprender (por fin) toda tu infantil actitud, lo inmadura que sigues siendo a pesar de todos los años que han pasado, y los duros momentos que has tenido que vivir. Admito que en un primer momento me sorprendió, pero luego comencé a hacer memoria y fui entendiéndote por fin.

Entiendo que tuvieras dudas cuando eras chica, todos las teníamos, pero de verdad, en lo personal, considero que toda tu actitud de matona sobrepasa el límite. ¿Qué querías conseguir con eso?, ¿alejarme de ti? Te tengo una buena noticia: ¡Por supuesto que lo lograbas!, aunque siempre trataba de entenderte porque sabía que en el fondo eras frágil y que necesitabas apoyo. Pero siempre pensé que no lo querías de mi parte.

Dime: ¿crees que es agradable que una chica te grite a cada rato sobrenombres, te ande empujando, golpeando y gritando a los cuatro vientos que te odia más que a nada? Nunca entendí esa actitud en contra de mí, de verdad que me confundía, sobre todo porque lo único que siempre quise darte era mi amistad.

¿Y qué recibía a cambio?, sólo maltratos.

Y ahora, años después, sigues tratándome igual de mal.

¿Crees que para mí fue muy agradable cuando me sacaste en cara todo lo que habías hecho por mí cuando éramos niños?, siendo sincero, hubiera preferido que me lo hubieras dicho en esos momentos, cuando los hacías, para al menos agradecerte o decirte que fueras consecuente con tu "odio" hacia mí.

Lo dije antes y ahora lo repito: inmadura.

No tienes idea cuánto me ha costado ubicarte, al menos para responder la carta que me dejaste antes del matrimonio (¿acaso crees que no te vi entrar en la Iglesia?, si fue por eso que leí la carta antes de la ceremonia, al verte quise hablar contigo para que aclaráramos todo, y me encontré con tu carta). Aunque te mueras de la curiosidad, no voy a decirte a quién tuve que sobornar para que me diera tu dirección y poder escribirte tan agradables palabras.

Sonrío al pensar en la cara que debes tener. Supongo que tú también sonreías mientras viajabas y escapabas de hacerme frente.

Como sea, creo que he terminado. Espero que el camino que hayas escogido sea el mejor para ti, porque yo ya hice mi elección. Y sé que lo he hecho bien.

Adiós, Helga. Espero que la próxima vez que nos volvamos a ver, seas menos cobarde.

Arnold.

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La rubia sólo tuvo paciencia para leer una sola vez la carta. Al terminarla no pudo aguantar la rabia e inmediatamente la arrugó, lanzándola luego a un basurero que estaba a un lado de la banca en la que ella estaba sentada.

-¡Estúpido Cabeza de Balón!- dijo, con rabia contenida -¿Quién demonios se cree para escribirme algo así?

-Obviamente- dijo una voz a sus espaldas –alguien dolido por tu manera de actuar.

Helga dio un salto hacia atrás, casi pegando un grito por la impresión.

El que estaba ahí, no era otro que Arnold, sonriendo divertido por la reacción que ella había tenido al verlo.

-¿Qué haces aquí?- le preguntó perturbada Helga.

-Quería ver tu cara al leer mi carta- contestó tranquilamente Arnold, sentándose en la banca y mirando a Helga.

La muchacha por momentos no supo qué hacer. Miró algo nerviosa a su alrededor, pero finalmente optó por hacer lo mismo que él. Se sentó a su lado, y permaneció en silencio durante un rato.

-¿Cómo está Amy?- le preguntó Helga, aunque por dentro se estaba muriendo por las posibles respuestas que podría recibir. Arnold demoró en contestar.

-… Supongo que bien- contestó casi en un murmullo, Helga lo miró confusa –leyó tú carta… antes del matrimonio. Luego me dijo que no quería estar preguntándose por siempre acerca de mis sentimientos hacia ti, y simplemente se fue…

-¿Te dejaron plantado en el altar?- le preguntó con cierta malicia la chica. Arnold rió levemente.

-Se podría decir que sí, a fin de cuentas… no sé… quizás ella sospechaba algo…

-¿Sospechar de qué?- le preguntó Helga.

-De la conexión que siempre ha existido entre nosotros- Arnold volteó a verla y sonrió.

Aunque en un primer momento la muchacha no comprendió del todo a qué se refería, supuso que no era tan malo. Soltando un suspiro se sentó mirando al frente.

Quizás ese no era el momento de las preguntas… así que sólo se limitaron a disfrutar de la compañía del otro.

Aunque Helga hacía nota mental de hacerle pagar a Arnold la carta que le había escrito.

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Notas:

Sé que dije que la primera carta era la definitiva, pero después se me ocurrió la respuesta de Arnold y con sólo imaginarme las caras que podría poner Helga, me reía sola xD. Ahora sí, éste es el final definitivo.

Para los que no conocen otros fics que los de esta serie, les cuento que normalmente los finales que escribo son así: abiertos, sólo dando pequeñas pistas de lo que podría pasar. No se enojen conmigo, es simplemente algo que no puedo evitar (y los encuentro mucho más interesantes que los otros finales con mucho romanticismo)

Una última cosita: los que están leyendo "Dulce Noviembre", les quiero pedir que no se enojen porque no actualizo, pasó algo que no tenía considerado: mi pc murió el viernes en la tarde, después de estar cerca de dos meses agonizando. Lo que más me entristece, es que el capítulo lo estaba terminando de escribir... como sea, debido a la universidad (con los constantes informes que me hacen hacer), mi papá está haciendo lo posible para arreglármelo luego... espero que en estos días ya esté funcionando más decente que hace unos días.

Eso sería... gracias y saludos a los que me dejaron un comentario con la primera carta. Será hasta la próxima.