Holaaaa! Sé que me he tardado muuucho, pero, es que, se me pararon las ideas y, hasta hace poco nada de nada. Solo quería decirles que este es el último capítulo, y lo más seguro es que no haya epílogo :S. La verdad es que no se me dan muy bieen, y puedo meter la pata. Así que espero que disfrutéis el último capítulo. :)

Naruto no me pertenece :)


Te necçesito a mi lado

Se paseó su mano por el mentón distraidamente, mirando el techo de la habitación de invitados, Sakura había sido muy gentil dejándola pasar unas noches en su casa. Así tendría más tiempo de pensar en su plan, y tendría más a mano a Sakura, para cumplir su descabechado plan, que rondaba en la cabeza, desde la conversación de aquella tarde con la pelirrosa. Y, quizá, con la ayuda, de cierto rubio hiperactivo, todo saldría a pedir de boca.

¡Nada podía ir mejor!

Se tapó con las sábanas, ya que, aquella noche había refrescado todo y siendo una tarde calurosa de verano. Acomodó su cabello rubio a un lado, y se quedó despierta un poco más, en fin, mañana comenzaría su plan, mientras, pensaba en la conversación que había tenido con la pelirrosa.

- ¡Va! ¡Sakura! ¡No puedes seguir siendo virgen! - se burló la rubia, divertida ante la situación que estaba su amiga.

- ¡Shhh! - posó su dedo en sus propios labios, y miró avergonzada a su amiga.

¡Aún no había llegado su príncipe azul! O quizá si y no se ha dado cuenta.

- No, hablando en plata. ¿Con quién te has acostado? - Sakura desvió su mirada a la izquierda, totalmente roja.

- ¡¡Que aún no te has tirado a nadie!! - gritó la chica de ojos azules, ganándose miradas confusas de sus amigos, los cuales estaban a unos pasos de ellas, dándoles intimidad.

- ¡Cerda! ¡Calla! - tapó la boca de su amiga con la palma de su mano, sintiendo su cara arder -. Aún no ha llegado el indicado, eso es todo - murmuró cruzándose de brazos.

- O si y no te has dado cuenta - susurró, rodando los ojos.

- ¿Dijiste algo?

- No.

- Ah, pensaba...

Después de unos breves momentos en silencio, la pelirrosa volvió a hablar.

- ¿Y tu?

- ¿Qué si soy virgen? - preguntó con calma, mientras veía el rostro de su amiga enrojecer. Era tan inocente.

- ¡No! - gritó alarmada -. Si... has encontrado a alguien. Ya sabes, un chico que te guste - susurró con algo de verguenza.

- ¡Oh! - exclamó sin interés -. Si, al parecer si - sacó la lengua en modo de disculpa y se dio un golpecito en la cabeza -. Se me olvidó contarte.

- ¡Pues canta!

- Nada, nos conocimos en una discoteca y a partir de ahí, nos íbamos encontrando por todos los sitios. Al principio creí que me acosaba, pero luego me di cuenta de que no, era mera casualidad, o como tu siempre decías era algo inevitable. Y bueno - se sonrojó por primera vez -. Tendrás el placer de conocerlo dentro de una semana.

- ¡¿En serio?! - gritó emocionada -. ¡Que romántico! - exclamó con aires de soñadora.

- Bueno, dejándome a mí a un lado - la miró con perversión -. Dime, ¿Qué tal las cosas con Sasuke?

La pelirrosa, ante la mención de ese nombre, bajó la vista, y encorbó sus hombros, en una postura terriblemente triste y desoladora. La rubia quiso abofetearse por haber hecho esa pregunta, pero la acción que hizo su amiga acto seguido la dejó bastante sorprendida. Alzó su cabeza con dignidad, y sonrió, levantando su mano, y enseñando su pulgar.

- Las cosas no van bien. Pero... - suspiró -. No me he podido olvidar de él en toooooodos estos años - dijo alargando la o de la palabra todos, para luego encogerse de hombros despreocupada.

- Así que por eso aún eres virgen.

- ¡Deja en paz ya el tema de mi virginidad! - exclamó sonrojada.

- Esta bien, esta bien - murmuró moviendo sus manos.

Simplemente, ahora, tendría que mover un par de cables, y en un periquete Sasuke con Sakura, y ella había cumplido. Sabía cuanto se importaban el uno por el otro, sin embargo, ninguno era capaz de decírselo al otro, o por orgullo o por timidez. La rubia sonrió, pensando en aquel chico que le tenía robado el corazón, y cayó en los brazos de Morfeo.

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Mientras las tostadas se calentaban, ella preparaba la mesa con felicidad, dando pequeños saltos por la cocina. Volvió a mirar la hora, y frunció el ceño. Hacía diez largos minutos que le había dicho que el desayuno estaba a punto y un ya voy había recibido, pero la rubia no se dignaba a aparecer. Colocó sus brazos en la cintura, y cogió aire.

- ¡Cerda el desayuno! - gritó, mientras cerraba los ojos cn expresión molesta.

- ¡Eh! Frentona no hace falta que chilles como una desesperada, estaba hablando con mi novio - Sakura relajó su expresión -. Pero tus gritos de loca del manicomio me sobresaltaron y tuve que colgar.

- ¿Y cómo se llama tu novio? - preguntó, pasando por alto el detalle que la llamó loca, y su voz de burla.

- Jon - murmuró enamorada.

- ¿Jon? - preguntó con una mueca extraña, pero al recibir la mirada de advertencia de su amiga, hizo un intento de esconder su desagrado -. Es bonito el nombre.

- ¡Si! ¡Todo él es bonito!

- Hay tendría que haber más de una opinión - dijo y se llevó un buen bocado de tostada a la boca, saboreándolo y masticándolo con alegria.

- ¿Dudas de mi opinión? - la pelirrosa asintió efusivamente, y mostró todos sus dientes en una sonrisa.

- Siempre dudo.

- Cállate. No sabes lo que dices.

- Si, que lo sé.

- No

- Si

- No

- ¡Basta!

- Gané

- ... - la pelirrosa siguió desayunando ignorando esa pequeña estúpida conversación.

- Por cierto, - dijo de lo más casual posible -. Has quedado con un chico.

- Ah... ¡¿Qué?! ¿Qué yo he quedado? - dijo autoseñalándose con el dedo, con incredulidad.

La rubia asintió, y se llevó la taza de café a sus labios.

- Si, has quedado. Y el tío esta bien bueno.

- ¡Cerda! - exclamó sonrojándose. Ino suspiró exasperada, y fijó sus profundos ojos en los jade de su amiga.

- Vas a ir, no voy a pensar que malgastes tu adolescencia por el estúpido ese de Sasuke - dijo sin pizca de diversión en su voz.

- Pero... - en un intento de protestar, su amiga la calló, con un te arreglaré después de comer, y no se habló más del tema. Por parte de Ino, sabía que si la pelirrosa insistiera en el tema, ella acabaría riéndose y diciendo la verdad, en cambio, Sakura, estaba echo un antojo de nervios, ella no había salido con un chico, a solas, desde que rompió con Sasuke.

La mañana pasó excesivamente rápida a gusto de la pelirrosa, y cuando quiso darse cuenta, estaba recién duchada, en ropa interior, y echada en su cama, mientras la rubia negaba con la cabeza a todo lo que se encontraba en su armario, y la regañaba cada dos por tres.

- ¡Sakura, menudo armario! - dijo con horror.

La pelirrosa solo se encogió de hombros, y cogió el libro que reposaba en el suelo, y lo abrió por la página indicada. Con un poquito de suerte no iría a la cita, y asunto arreglado, por una vez, se sintió orgullosa de su ropa. Comenzó a leer con tranquilidad, ignorando los gritos y suspiros desgarradores de su amiga, que de un momento a otro, parecía que rompiera algo. Su lectura la llevó a un mundo de fantasia e irrealidad, hasta que la risa enloquecedora de Ino, la hizo volver, con incredulidad.

No podía ser.

- Póntelo.

- Pero, esta ropa es tuya - comentó mientras cogía la camiseta con una mano y lo miraba con terror.

- Si, y te la vas a poner.

- ¡No, Ino, yo...! - quiso decir algo coherente, pero su amiga desapareció por la puerta dejando a una Sakura enfadada y enfurruñada, por hacerse falsas esperanzas, y no pensar en la ropa de Ino, que era demasaido provocativa.

Se puso la ropa cuanto antes, y con las mejillas sonrojadas, salió de la habitación, para ver el brillo en los ojos azules de su amiga, definitivamente, le encataba vestirla como ella quisiera.

- Te ves estupenda, pero...

Se acercó a ella, e hizo sus toques en su vestimenta, ahora si estaba preparada para una cita. Aquellos pantalones tejanos cortos, que no llegaban a mitad del muslo, y su camiseta de tirantes azules con decorados blancos, que crubrian medio pantalón, con esos zapatos veraniegos, estaba perfecta para conquistar y derretir a cualquier corazón de hielo. Sakura estaba sonrojada, jamás se había recogido el pelo de aquella manera, era un moño mal echo dejando caer mechones rebeldes sueltos, y según Ino, le quedaba de muerte. Esa noche, sería su noche.

- Entonces, no te espero despierta - Sakura sintió su rostro arder, y comenzó a balbucear cosas sin sentido.

- ¡Eh! No... Yo... ¡¿Qué cosas dices?!

- ¡Oh, tu hazme caso a mi! La jefa de las citas - sonrió -. Recuerda en el parque, dentro de - miró su reloj y sus ojos se abrieron por la sorpresa -. dos minutos - sonrió con culpa.

- ¡Oh, que pena! No llego, mejor me quedo... - se dirigió al sofá, pero su rubia amiga la envió a la puerta de la calle.

- Si llegas tarde te haces desear, ves y, no te quiero en casa hasta por la mañana - cerró la puerta en la cara de la pelirrosa, y esta suspiró con pesadez.

Debería ir a su cita.

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Se sentó con prudencia en el banco de madera de aquel solitario parque, ¿Se habría equivocado de parque? No, imposible. Este era el del centro, el más común, sin embargo, allí solo habían madres y niños pequeños. Quizá se habría cansado de esperarla -solo había tardado diez minutos en llegar-, en fin, estaría allí durante un tiempo antes de volver a casa y que a Ino se le ilumine el ángel de las fiestas, porque, para ella, las fiestas, no le importaban mucho. Se miró desinteresadamente las uñas, me las debería arreglar, pasó de sus uñas cortas a los pequeños mechones de cabello que le quedaban sueltos, y se los retorcía en el dedo, en un intento de hacer pasar el tiempo, antes de irse sola, tal y como había venido. Pero el destino no estaba de su parte.

- ¿Eres Sakura? - la pregunta que sonó a sus espaldas, de una voz desconocida, la hizo voltearse, y asintió débilmente. Él chico sonrió amablemente -. Soy Kiba Inuzuka - la pelirrosa se levantó rápidamente, y le sonrió con amabilidad.

- Encantada. ¿Dónde iremos? - preguntó con curiosidad, ya que, el chico, la había cogido de la mano y la llevaba a un lugar, del cual, desconocía.

- Vamos al centro comercial - se rió, y Sakura se unió a sus risas.

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Resopló con frustración, cuando, al fin, salían de la sala de juegos, con un sonriente rubio a su lado, que hablaba sin parar de su querida Hinata. En cambio, el pelinegro, tenia mucho en que pensar, más bien, solo pensaba en una cosa, una muchacha de pelo rosa y ojos jade se había colado en su cabeza, y a penas, sabía cómo, bueno, si lo sabía, pero su orgullo no le permitía aceptar, que algo crecía dentro de él por esa, la cual fue, su mejor amiga en algún tiempo lejano. Y, la que ahora, ni le hablaba ni si quiera le dirigía una mirada, aunque, las palabras de Ino aún resonaban en su cabeza como eco, "Ya verás, pronto estaréis junto y felices", ¿A caso, le iba ir de vidente? Alzó la vista del suelo, y su entrecejo se frunció con efado e ira, ¿Sería verdad lo que sus ojos le mostraban? Sakura besando a un chico.

- ¡Ai va! Pero, si es Sakura-chan, y, ¡Esta besando a un chico! Al parecer, te la quit... - Naruto giró su vista a su amigo, y lamentó hacerlo, echando de menos a su Hinata, cuanto la echaba de menos. Pero, en esos momento, solo quería estar lejos de Sasuke, ¿Qué le había pasado a su amigo?

Apretó los dientes, y la ira le iba consumiendo por todas las venas de su cuerpo, mataría a ese estúpido, y lo que más le enfureció fue ver a Sakura como se intentaba quitar a ese tipo de encima. Sin pensárselo dos veces, se acercó a la pareja, y sin ser consciente de sus actos, apartó a aquel chico que tocaba y manoseaba a su pelirrosa, y su puño estalló contra su cara, dejándolo tendido en el suelo. Nadie tocaba lo que pertenecía a un Uchiha. Cogió, delicadamente, a Sakura, del brazo, y se la llevó, dejando a un chico en el suelo con una sonrisa, el plan había funcionado, y a un rubio ayudando a Kiba, el cual, también era consciente de aquel plan retorcido de la mente de la rubia. Una vez estuvieron alejados del centro comercial, Sasuke se volteó a ver a una atónita Sakura, con la mirada fija en el rostro del chico.

- ¿Estás bien? - preguntó con el ceño fruncido. La pelirrosa solo pudo asentir, mirando, aún, al pelinegro -. ¿Quién era? - dijo, claramente, enfadado.

- U-Una cita planeada por Ino - murmuró, temiendo la reacción de Sasuke, pero, entonces se dio cuenta de que él le había quitado a Kiba de encima -. Por cierto, gracias por...

- No hay de qué - miró a la pelirrosa, la cual, miraba el suelo con sus manos cogidas tras la espalda. Era ahora o nunca.

- Sakura - la voz indescifrable del pelinegro, la obligó a levantar la cabeza para encontrarlo a centímetros de su rostro. Enmarcó con sus manos la cara de la pelirrosa y la besó, siendo correspondido. Sus lenguas jugaban en un vaivén sin miramientos, Sasuke enredó sus dedos, en un ya deshecho moño, mientras la otra la cogía de la cintura y aplastaba su cuerpo contra el suyo, por otro lado, Sakura se sentí desfallecer, no sabía qué había pasado, solo que estaba besando a la única persona que hacía que su corazón latiera rápidamente y sintera esas extrañas mariposas en su estómago, había pasado sus finos brazos por el cuello de él, y jugaba con el cabello de él. Era tocar el cielo, una fantasia, pero, la realidad siempre te abruma en los mejores momentos.

Se separaron levemente, dejando sus rostros a escasos centímetros el uno del otro, Sasuke abrió los ojos y observó el rostro sonrojado de la pelirrosa, que aún mantenía los ojos cerrados, dándole un toque inocente, que le parecía encantador al pelinegro, pero, claro, eso ella no tendría por qué saberlo. De momento.

- Sakura - volvió a llamarla, pero ella negó con la cabeza, rehusándose a abrir los ojos.

- No - murmuró con voz ronca -. No me digas que a sido un error - apretó más los parpados, y su expresión de sufrimiento, hizo que un vacío se formara en el estómago de Sasuke.

- Esto, jamás, lo pondría en la lista de errores - Sakura sonrió ante sus palabras, pero, entonces, ¿Qué era lo que planeaba Sasuke? Y casi, como si le hubiera leido la mente, le contestó -. Sakura, te necesito a mi lado.

Sin darle tiempo a contestar volvió a juntar sus labios, con más pasión y dulzura que antes. Te quiero, Sakura, no, no se lo había dicho, era demasiado pronto, quizá más adelante, se lo diría, pero, algo, tenía seguro, él se lo diría, para que la pelirrosa, su pelirrosa se sintiera querida, y no volver a cometer errores del pasado. Porque él no tropezaba dos veces con la misma piedra.

Por otro lado, Sakura, podía volar sin miedo a caer, no le había dicho te quiero, por supuesto, y le entendía, pero, con todos lo besos que le daba, y los que le quedaba por dar, podía sentir su amor a través de ellos, porque él la necesitaba tanto como ella a él, y eso no lo cambiaría por nada del mundo. Sonrió, mientras Sasuke atacaba de nuevo a sus ya inchados labios, ansiando provándolos de nuevo.

Quizá Ino tenía razón...

...hoy iría muy tarde a casa.

FIN


Y se acabó. Espero que os haya agradado, y me dejéis vuestra opinión. Y, quiero, agradecerles a todas las personas que leyeron mi fic, y lo siguieron hasta el final :)

Sin nada más, me voy.

Cuidenseee!

Marinilla14