By: Jαvιιтнα'S
Edιtєd: Sαkuяαss
Dιsclαιmєя: Nαяuтσ© Mαsαsнι Kιsнιмσтσ

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† •·.·´¯·.·• Entre Ángeles y Demonios •·.·´¯·.·• †

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Lágrimas— ¡No me digas que no sirve de nada!-.

Ya amanecía cuando volvieron a la mansión. La situación era, para comenzar, alarmante. La antigua reja que adornaba el perímetro del lugar estaba por completo destruida; si no carbonizada en los lugares donde se había utilizado la madera para unir las diferentes piezas de metal, derretida por los golpes de fuerza que eran comunes entre algunos demonios. La fachada de la gran casa se mantenía firme pero no se podía decir lo mismo de los laterales. Era perturbador ver como la antigua elegancia de la mansión del norte se parecía a las mansiones destruidas durante la guerra de Ayame. ¿Había sido una guerra lo de la noche anterior? Parecía que sí.

Sakura y Sasuke se adentraron como pudieron intentando no hacerse más daño del que habían sido víctimas las doce horas pasadas. Un respiro de preocupación escapó de entre los labios del demonio cuando se encontró con muchos más heridos de lo esperado en la entrada de la casa. Sakura vio a Karin moverse rápidamente entre ellos dejando que parte de su energía evitase una muerte segura y así esperar que los poderes curativos de cada inmortal hiciesen su trabajo.

.- Sasuke… -se escuchó, aun entre todos los gemidos de dolor y los gritos, desde una silla. Era Kasumi.

La pareja se apresuró a llegar hasta ella. Su estado era bastante deplorable, a simple vista una pierna fracturada en un extraño ángulo, cortes en sus brazos –algunos bastante profundos- y hematomas repartidos por todo su cuerpo visible.

.- Itachi… -comenzó a hablar en susurros- Dime que sabes dónde está Itachi.

Sakura ahogó un gemido de sorpresa y lástima, mientras Sasuke no podía evitar que su cuerpo se tensase y sus labios formaran una fina línea ¿Itachi no estaba con ella?

.- ¡Suigetsu! –gritó a los pocos segundos. Nadie respondió pero un silencio se formó instantáneamente en la habitación. Suigetsu no estaba cerca- Sakura, quédate con Kasumi. Buscaré a Itachi –informó a la demonio antes de salir de la habitación rumbo al laboratorio.

.- Tranquila, Sasuke le encontrará –susurró cuando los sollozos de la mujer comenzaron a salir, sin poder evitarlo, de entre sus labios.

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Las paredes improvisadas del camino al laboratorio no parecían muy fiables y las probabilidades de un derrumbe eran bastante altas. Maldijo a Suigetsu mientras se dirigía allí lo más rápido que sus piernas, adoloridas por la batalla, le permitían. ¿Cómo se le ocurría seguir entre ordenadores y experimentos viejos de un loco cuando en la mansión se necesitaba más ayuda que nunca? Y más aún si Itachi estaba desaparecido.

.- ¿Sasuke? ¿Qué haces aquí? –preguntó al verle llegar tenso, más pálido de costumbre y con los ojos fríos como el hielo.

.- ¿Las cámaras de seguridad funcionan? –Si estaba allí, que de algo sirvieran esas estúpidas maquinas.

.- Ehm –dudó al ver su estado- Solo tres: la B-2, B-6 y C-8

El silencio inundó mientras Sasuke no perdía de vista ningún detalle de las tres habitaciones que se mostraban. No había destrozos, no había cuerpos, no había nadie. Las cámaras no servían de nada. Miró a Suigetsu fijamente, no sabía si gritarle para que hiciese algo de provecho o mandarlo directo al Pandemónium y que los súbditos de Madara se deleitaran con un príncipe para jugar.

Paseó su vista a su alrededor y se dio cuenta que no sabía nada de nada, Suigetsu solo servía como científico, nunca fue demasiado observador así que era normal que no estuviera al tanto de la situación. Solo por eso se guardó sus instintos y habló lo más tranquilamente posible.

.- Itachi ha desaparecido –mencionó- Debemos encontrarle.

Sin esperar otra palabra los dos se volvieron a encaminar a la mansión. Suigetsu, quien se había escabullido al laboratorio en cuanto Sasuke se marchó, había perdido la noción del tiempo y solo sabía que ya no había demonios de Madara en la mansión. La noticia de la desaparición del Uchiha mayor solo era una confirmación a la posible masacre que seguramente se encontraría.

.- ¿Y Karin? –preguntó en un susurro temeroso. Podía soportar ver todo destruido, la mansión, sus compañeros, hasta su mundo entero podía soportar ver destruido, pero ella era demasiado como para desaparecer entre cenizas; demasiado importante como para seguir existiendo en ese mundo sin su presencia molesta a su lado.

.- Está bien. Pero necesitará energía dentro de poco, si quiere mantener con vidas a los heridos. Quédate cerca de ella. Yo me ocupo de Itachi.

El resto del camino se hizo en silencio y lo más rápido posible.

Al llegar a los carbonizados jardines de la entrada se encontraron a alguien que no debía estar allí. Un enemigo. Y con el escenario que tenían tras las puertas no tenían oportunidad alguna de ganar una nueva batalla. Sasuke sabía que no podía arriesgar más a sus hombres, no podía dejar que desaparecieran más de los que ya habían desaparecido.

.- ¿Se puede saber qué haces aquí, Sabaku? – Espetó con rabia contenida recibiendo una mirada seria y una expresión fría- Llegas un poco tarde para ayudar así que fuera de mi vista.

.- Solo para que lo tengas en cuenta, –comenzó dejando entrever ese destello de superioridad que siempre estaba latente en todas sus discusiones- deberías agradecer que no formo parte del ejército de Madara. Si no estarías muerto ahora mismo, Uchiha.

En ese momento la cabeza de Sakura se dejó ver por la puerta semi-desencajada de la entrada. Su expresión delataba que había escuchado lo último y que estaba dispuesta a ayudar si se necesitaba. La pistola había funcionado un par de veces, tendría que funcionar una tercera si fuese necesario.

.- Controla a la portadora, no vaya a ser que dispare y te llegue a ti. –se burló mirando con sorna a la chica. - ¿Por qué no entras y juegas a ser inmortal, niñita? Los mayores estamos hablando.

.- ¡¿Perdona?! –su actitud temerosa se había quedado en el pasado. Si pudo matar a Madara con un disparo de esa pistola, y un poco de ayuda de Ayame, todo hay que decirlo, un demonio de cuartano sería más difícil. Y si él así lo quería, ella estaba dispuesta a demostrarle que no era ninguna niñita y que podía con él hasta con los ojos vendados.

.- Cierra la boca. -le respondió al demonio con los dientes apretados- Ni tú ni diez como tú podrían matarme y no tientes a la portadora, fue capaz de librarnos de Madara con un solo disparo.

Gaara, aún sin cambiar su expresión seria, dirigió su vista a la mujer que mantenía sujeta la pistola con fuerza. ¿Esa mocosa de menos de treinta años había matado al ser más fuerte del Pandemónium? ¿Esa mocosa había logrado hacer lo que Ayame no pudo en años?

.- Entonces, Gaara, ¿nos ayudarás? La verdad es que un par de manos más nos podrían ser de ayuda por aquí –dijo Suigetsu intentando tranquilizar la situación, ganándose la mirada reprobatoria de Sasuke.

Sabía que era una locura esperar que ese ser frío y serio ayudara pero si quería evitar una lucha, como intentaba hacer sin muchos resultados Sasuke, debía dirigir el tema hacia otros propósitos, como por ejemplo mantener a los pocos demonios que aún intentaban recuperarse en la mansión.

Una suave carcajada inundó el lugar. No era de diversión, ni mucho menos alegre; era irónica, tal y como la expresión del demonio pelirrojo se mostraba. Pasó por el lado de Sakura dedicándole solo una corta mirada antes de entrar por las enormes puertas. Suigetsu no lo esperaba, ni menos la pareja que aún seguía esperando que Gaara lanzase la primera bola de energía.

Sasuke, una vez el demonio pelirrojo desapareció de su visa, comenzó a regañar en voz baja a Suigetsu quien solo reía nervioso. Y es que cómo pudo pensar que sería buena idea tener a ese idiota dentro de la fortalezaque habían podido construir. Ahora, si él quisiera, podría hacer estallar todo desde el mismo centro. Fue la aclaración de garganta de Sakura quien les hizo volver a la realidad. La expresión de Uchiha volvió a ser tensa y preocupada y se adentró a la mansión en busca de su hermano.

Tenía que pensar de forma racional y olvidarse del imbécil de Gaara. Era Itachi, no podía haber muerto. Y eso era algo que también le preocupaba. Si no estaba allí, y tampoco muerto, ¿qué otra posibilidad había? ¿Secuestro?, imposible. Madara y Pain habían desaparecido y ellos eran los únicos que, tal vez, podrían haberle hecho algo.

Suigetsu olvidó la orden de Sasuke de mantenerse cerca de Karin y se dirigió, junto a tres demonios que ayudaban en lo que podían, a buscar el cuerpo de Itachi Uchiha. El chico Sabaku, como muchas veces le había llamado Itachi, ayudó a buscar cuerpos entre los escombros y las cenizas. Y él fue quien encontró a un chico inconsciente lleno de aquel polvo gris que dejaban los demonios al desaparecer. Cenizas…

Con la poca suavidad que le caracterizaba hizo que levitase hasta un sofá. Sakura llegó lo más rápido posible para mirar sus heridas, era lo único que Karin la dejaba hacer. Puso un poco de agua hervida en unas gasas e intentó quitar todo rastro de suciedad en los profundos cortes que había en su rostro. ¿Qué más podía hacer? Era doctora, pero los demonios no eran humanos…

Encontraron unos cuantos cuerpos más entre cenizas de otros. Pero eran tan pocos… Sasuke no dejaba de suspirar y bufar por lo bajo cuando encontraban a algún superviviente entre pequeñas montañas de polvo. No se podía comparar el número de supervivientes con el número inicial y eso, aparte de preocupante, era triste. Masacre…Fue lo primero que Sasuke pensó al darse cuenta que por más vueltas que diera por la mansión, era la cuarta que daba, no encontraría más demonios moribundos. Y es que tenía más que claro que si Madara no hubiese muerto a manos de Sakura, todos y cada uno de los vivos en esa mansión serían un puñado de cenizas, carbonizados por alguna bola de poder del bando contrario.

Y otra cosa que también sabía Sasuke, y todos los que buscaron cuerpos en las muchas habitaciones, era que Itachi no estaba allí. Y si no estaba allí solo podían esperar que se hubiese marchado durante la batalla, pero en realidad nadie podía creer algo así. No de Itachi.

.- ¿Dónde estás…? –Seguía preguntándose Kasumi entre sollozos– No me puedes haber dejado sola, Itachi, no ahora.

Cuando Sasuke volvió con las manos vacías, no solo Kasumi quedó casi en shock, con las lágrimas cayendo sin límite ni freno por sus ya sonrojadas mejillas; Karin cayó arrodillada al suelo, con claros signos de un próximo desmayo. Sakura miró a Sasuke desde su lugar a unos metros de él. Parecía tan desvalido pero aun así mantenía esa mirada fría y ese porte adusto. Solo una negación de cabeza sirvió a todos los presentes como respuesta a sus propias preguntas.

Poco a poco la estancia se fue sumiendo en un profundo y doloroso silencio. No solo Itachi Uchiha había desaparecido, más de cien demonios de otros niveles habían sido convertidos en cenizas. Y eso era algo por lo que aún los demonios sentían tristeza, al final del día eran compañeros de risas, de travesuras, eran sus compañeros de existencia. Aunque la mayoría negase la existencia del amor, o del cariño, en el fondo todos sabían que su parte humana nunca acabaría de desaparecer.

.- No podemos quedarnos en este estado… -comenzó a decir un marqués desde su lugar en una camilla improvisada.

.- Tenemos un Pandemónium que reconstruir, ¿no?

Pequeños murmullos y alguna que otra frase de aliento fue creando un nuevo espíritu entre ellos. Debían reconstruir su ciudad, sin un Madara, sin legatario, sin nadie que pueda decidir quién desaparece y quién no. La muerte debía existir pero ya se arreglarían los nuevos tratados y leyes que todo demonio deberá cumplir si no desea ser expulsado.

.- Sasuke, recuerda que aún hay cosas que debemos tratar sobre la máquina.

.- Sí… Lo tengo presente –respondió reticente. ¿Qué haría? ¿Podría simplemente volver a ser humano, volver a ser mortal? ¿Podría simplemente dejarles la reconstrucción de la ciudad a todos aquellos medio-inútiles que lo único que sabían hacer bien era ganarse el infierno? Y sobre todo, ¿podría hacer todo eso sabiendo que su hermano no podría estar allí?...

Observó esa cabellera rosada moverse entre los demonios, impotente por no poder hacer más, triste de no haber podido conocer más a su cuñado, pero intentando seguir ayudando, intentando seguir siendo útil. Recordó a Itachi y lo que él pensaba de su relación con ella, y anteriormente con Ashley. ¿Podría vivir sabiendo que en algún momento ella se cansaría de una relación con un demonio?

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.- Tenten, debo irme. Si ves a Sakura dile que me llame, y que de verdad quería verla, pero es que me ha surgido una urgencia.

.- ¿Está todo bien, Ino?

.- Sí, perfecto. Nos vemos.

Se giró después de despedirse mentalizada en tener que correr si hacía falta, aún con los tacones que llevaba puestos. Tal vez debería seguir más los consejos de su nueva amiga; unas botas sin tacón no le irían mal. Pero eso no era importante para Ino en ese momento. Solo unos minutos atrás un escalofrío la recorrió completa y esa sensación no le gustaba nada; por alguna razón el único nombre que tenía en la cabeza era Temari. Sí, aquella loca novia de Shikamaru, y aquella loca hermana de… de un demonio.

El taxi que accedió llevarla a un lugar tan oculto del resto de la ciudad iba tan lento como podía, y ella no hacía más que pedirle que acelerara. Su corazón latía a mil por hora y la imagen de Temari recostada en algo duro no se iba de su cabeza. Sentía como el cuerpo de la mujer deseaba destruirse a sí mismo y que ella luchaba por evitarlo.

Escuchaba voces en su cabeza, y creyó sentir un nombre conocido, pero lo descartó como un imposible. Sakura no podía estar allí, y menos con Temari. Ellas no se conocían, era imposible que se conociesen. Aunque Sasuke no era humano, y hace mucho que ella lo sabía, pero aun así: Sakura no sabía nada de nada, de eso estaba segura.

Cuando por fin llegaron a la antigua y destruida mansión el taxi se detuvo y el conductor le preguntó varias veces si estaba segura de querer quedarse allí. Después de pagarle casi sin mirarle a la cara, y menos respondiendo a alguna de sus recomendaciones, se bajó lo más rápido que pudo llevando consigo su maleta. Recorrió la carretera y llegó a la hermosa verja carbonizada.

Se adentró a paso firme y alerta de lo que podría encontrar dentro de esas maltrechas puertas de madera. La situación dentro llegaba a dar escalofríos. Quejidos entre susurros, olor a quemado y agitación se sentía en el aire. Pasó entre los demonios intentando encontrar a Temari hasta que alguien la cogió del brazo.

.- ¿Qué haces aquí, Ino?

Sasuke…

.- ¿Sasuke? –preguntó sorprendida. Si Sasuke estaba allí, tal vez, y solo tal vez, Sakura también estuviera en esa casa- ¿Está Sakura aquí? Bueno, da igual ahora, necesito encontrar a Temari. ¿La conoces?

.- Primero explícame cómo has llegado aquí y cómo conoces a Temari –no le gustaba nada esta situación. Que Ino de pronto apareciera en su realidad solo le daba a pensar que Matsuri o alguno de los sobrevivientes del bando de Madara, que no eran pocos, estaba manipulando a la joven Yamanaka.

.- Demasiado largo de explicar y poco tiempo. Temari está desapareciendo y créeme cuando te digo que soy la única que puede ayudarla.

Parecía tan segura de sí misma, tan sumamente humana, que la idea de que algún demonio se hubiese apropiado de esa mente le pareció ridícula. Se acercaron, entre camillas y cuerpos estirados en el suelo, hasta un lugar cercano a la puerta que daba hacia el comedor de la mansión.

Temari no podía verse en peores condiciones. Un gran desgarramiento en el abdomen no podía cerrarse a causa del agotamiento físico, y la sangre no paraba de salir por muchas gasas que pusieran para detener la hemorragia.

Los ojos cerrados de la mujer no dejaban ver la mirada decidida que mostró durante toda la batalla, pero el mohín de su boca no dejaba escapar los gemidos de dolor que le venían cada vez que alguien rozaba su cuerpo malherido.

.- ¿Qué puede hacer una humana que yo no haya hecho, Sasuke? –murmuró entre dientes Karin cuando vio acercarse la rubia oxigenada amiga de la mocosa portadora. Su orgullo saldría herido, pero en esos momentos, en esas circunstancias, lo menos importante, lo menos relevante, era el orgullo de una sanadora.

.- Ahora lo veremos.

Unas cuantas lágrimas rodaron por las mejillas de Ino antes de poder intentar concentrarse. Pero, en realidad, ¿qué podía hacer ella? Temari era como su hermana mayor. Era la hermana de Gaara, y desde el momento que la conoció nunca la había dejado sola en algún momento de necesidad. Recordaba todas las veces que secó sus lágrimas después de las discusiones con Gaara, y cuando su relación terminó Temari no se separó de ella durante toda la noche.

Y ¿cómo podría olvidar el día que supo que era la novia de Shikamaru? Recordaba perfectamente como su mejor amigo quería presentarle a su "nueva amiga", y la sorpresa que se mostró en sus rostros a verse después de meses sin hablar. Una sonrisa triste se coló entre sus labios al darse cuenta que no podía fallar, Shikamaru nunca le perdonaría haber dejado morir a Temari.

Después de un profundo suspiro volvió a intentar concentrarse. Cerró los ojos y dejó que sus manos se posaran suavemente en el abdomen de la chica. Murmullos incomprensibles para ninguno de los presentes salieron de la boca de Ino. Pasaron los minutos y parecía que Temari mejoraba. Karin se fijó en las manos que volvían a tener un poco más de firmeza y dejaban de parecer que en cualquier momento se harían ceniza.

.- ¿Qué es?

.- Hmp –la verdad era que Sasuke estaba igual o más confuso que su pelirroja creadora. ¿Qué era Ino?

Ino abrió los ojos sin dejar de murmurar y aunque mantuvo la concentración sintió como su fuerza se iba entre sus dedos. Se decía a sí misma que ella podría mantener con vida a su amiga, pero su cuerpo no resistiría mucho más. Tal vez si algún demonio entregaba un poco de energía a Temari podría seguir más tarde, pero no había nadie lo suficientemente fuerte en ese momento.

.- Ino… -la voz se Gaara no llegó a sus oídos, ni le pudo ver a solo unos metros de distancia porque segundos antes había vuelto a cerrar los ojos para evitar distracciones- ¿Qué haces, Ino?

.- Déjala –Pronunció el Uchiha- Está intentando salvar a tu hermana.

.- ¿Temari?

El cuerpo alto y delgado del pelirrojo se acercó a su hermana y solo le bastó una mirada para entenderlo todo. Una suave caricia, que procuró que nadie viese, en su frente fue lo único que pudo hacer antes de que su vista se dirigiese a la chica dueña de tantos pensamientos suyos.

.- Ino, detente –murmuró. La chica no le escuchaba o le ignoraba completamente. El sudor perlaba su frente y la vena marcada en su sien no era un buen augurio a lo que podría pasarle si continuaba- Debes detenerte, Yamanaka.

Sasuke y Karin miraban sin entender la actitud de Sabaku. ¿Es que se había vuelto loco? La chica estaba salvando a su hermana y él la detenía, ¿en qué pensaba el demonio?

.- No, no puedo dejarla –susurró suavemente sin dejar que sus manos perdiesen contacto con el cuerpo de la mujer.

.- Ino, no se puede hacer nada, y lo sabes –se acercó a ella y tocó sus manos– Déjala ir, no sirve de nada lo que haces.

.- ¡No me digas que no sirve de nada! –Gritó mirándole con el ceño completamente fruncido– Voy a salvarla y tendrás que agradecérmelo. La salvaré, ya lo verás. Shikamaru estará contento y tú también, y hasta Kankurou. Y Temari me regañará por esforzarme tanto, pero la habré salvado. Ya lo verás, Gaara, ya…

Un pequeño mareo la envolvió y si no hubiese sido por el cuerpo del pelirrojo que apareció tras de sí hubiese caído directamente al suelo. Unos brazos la envolvieron suavemente y quitaron sus manos del cuerpo de la mujer. Ino no paraba de murmurar lo mismo una y otra vez, y aunque en un principio se resistió a dejarla ir, a los pocos segundos unos sollozos cortaron sus murmullos y solo su angustiado llanto se dejó oír en el lugar.

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.- ¡Dejadme pasar os digo! –gritó por décima vez el ángel.

.- No podemos dejar salir a ningún ángel de las murallas, se lo vuelvo a repetir –masculló el guardián de las murallas.

.- Naruto, ya lo has escuchado, deberíamos marcharnos y esperar noticias de Sasuke o de Sakura.

.- ¡Estuve allí y deberíamos estar allí ayudando! –gritó alterado e indignado con los estúpidos guardias que habían aparecido en el laboratorio hace horas para llevarle de vuelta.

.- No puedes volver a hacer algo así, Naruto, es peligroso.

El chico miró a Hinata como si hubiese dicho una blasfemia, algo tan imperdonable que su cabeza no podía llegar a creer. Sabía que la bella chica frente a él estaba preocupada pero había momentos, como ese por ejemplo, que no soportaba la templanza y el carácter frío y estoico que solían tener los ángeles. ¿Cómo podía simplemente quedarse con lo que le dicen y no intentar hacer lo que en realidad quiere hacer? Pero Hinata era Hinata, y la Hyuga siempre había sido guiada por las normas. Si lo era cuando era humana, siendo un ángel solo lo había incrementado por mil.

.- No podemos dejar solos a nuestros amigos, Hinata. ¿Y si le ha pasado algo a Sakura? ¿Y si ese maldito de Madara o de Pain le han hecho daño a nuestra pelirrosa? –los ojos del rubio ángel se empezaron a llenar de lágrimas que no hicieron más que sorprender al frío guardián.

Hinata suspiró y le abrazó pasando sus brazos por la cintura del chico. Ella también estaba preocupada, demasiado preocupada, pero no sacaban nada quejándose a los otros ángeles. Debían ver la forma de comunicarse sin salir de su ciudad. Cogió la mano de Naruto y, mientras este se secaba las lágrimas que habían caído a sus mejillas, lo guió hasta la oficina que se encontraba en su pequeña casa para dos.

Intentó utilizar el raro ordenador que había aprendido a manejar en sus primeros días como ángel pero solo una alerta se mostraba en la pantalla: "Por posible guerra en el Pandemónium se ha prohibido que cualquier ángel salga de la ciudad y el contacto con el exterior se ha limitado a los altos cargos. Se informará de posibles cambios en la rutina durante las próximas horas."

Eso no ayudó en nada. Naruto se había vuelto a poner nervioso y estaba segura que podría crear un agujero en el frío suelo si continuaba caminando de esa forma por la habitación. Solo esperaba que sus amigos estuvieran bien.

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Sakura no se había dado cuenta de lo que había pasado en la última hora. Su vocación de médico le impedía distraerse viendo a tantos heridos, y aún con lo poco que podía hacer por ellos, no se dejaba desconcentrar con nada.

Se acercó con cautela al joven que había sido encontrado inconsciente por Gaara. Era el único que faltaba por despertar y que aún se mantenía con vida, y sin tener alguna pista aún de Itachi, todas las esperanzas de alguna información sobre el Uchiha caían en él. Aunque quién mantuviese aún las esperanzas sería solo un necio…

Volvió a coger gasas de un pequeño bolso que había llenado previamente con lo necesario y las humedeció en agua hervida. El agua estaba lo suficientemente fría para que al hacer contacto con la piel caliente del demonio los músculos respondieran de alguna manera. O al menos eso pensaba; no serían humanos pero tejido estriado y liso que respondiera a ciertos estímulos debían tener.

.- Ah… ¿Qué…?

El suave murmullo que salió de los resecos labios del chico alertaron a la doctora que llamó a voz de grito al Uchiha menor. Revisó las constantes intentando no asustar al "paciente" y teniendo en cuenta las variaciones que debían tener con respecto a los humanos.

.- ¿Cómo te encuentras? –le preguntó después de darle a beber un líquido amarillento y pestilente.

.- Aturdido… -respondió con una voz grave como la de un hombre muchísimo mayor. Sakura intentó no parecer sorprendida pero la llegada de Sasuke le hizo volver a centrarse.

.- Tetsuya, ¿no? –El joven asintió levemente, casi sin mover la cabeza del incómodo sofá donde Gaara lo había dejado- ¿Recuerdas qué pasó antes de que quedaras inconsciente?

.- Eran cinco o seis duques, y habían unos cuantos marqueses que le seguían –Comenzó despacio- Nosotros solo éramos tres: Ken, Itachi y yo.

.- ¡¿Itachi?! –preguntó emocionada Sakura. ¡Ese chico había visto a Itachi! Tal vez ella misma era la única necia que aún mantenía esperanzas.

.- Sí… -aseguró desconfiadamente. La mirada desafiante y los ojos entrecerrados daban una clara señal que no le gustaba nada estar con la portadora y menos aún en una posición tan desventajosa para él mismo– En un momento fuimos rodeados y Ken desapareció. Yo me agaché intentando que no me llegaran las bolas de energía pero Itachi no. Solo vi cómo las cenizas me tapaban la vista antes de que todo se volviese negro.

.-… ¿Estás seguro de lo que quieres decir? –preguntó con una mirada fría Sasuke

.- Sí. Itachi luchó durante mucho tiempo sin parar. El segundo piso, sección D-C, estaba infectada de duques y marqueses. Aun siendo nivel cinco no podemos luchar tres contra diez al mismo tiempo, y continuar así durante horas…

.- Pero aun así tú sobreviviste, ¿no? –los ojos rojos del Uchiha no dejaban duda del propósito que tenía en mente.

.- Lo de la noche pasada, señor –remarcó-, fue una guerra. Sobrevive el más listo y hacerse el fuerte esperando que la simple protección de la piel te cubra fue una estupidez de parte de…

.- Deberías descansar si quieres salir de aquí pronto –aconsejó Sakura antes que una verdadera guerra volviese a formarse entre los dos demonios– Vamos, Sasuke.

El chico Tetsuya no era muy listo, como él creía serlo, si se atrevía a intentar discutir con el único Uchiha sobreviviente. ¿Que no sabía que Sasuke era capaz de todo cuando se le arrebataba algo preciado? Y si no lo sabía, solo bastaba ver el tono que utilizó anteriormente con él para saber que no le hacía ni pizca de gracia saber que él sobrevivió cuando Itachi desapareció entre cenizas y polvo.

.- Debo hablar con Kasumi –murmuró cuando el demonio ya no estaba en su perímetro de visión.

.- ¿Quieres que te acompañe? –preguntó suavemente cogiendo su antebrazo y regalándole una suave sonrisa triste. Quería abrazarlo pero sabía que no era el momento. Después de que todo pasara podría hacerle sentir querido y sobretodo podría hacerle ver que aunque su hermano hubiese desaparecido, él no estaría nunca solo.

.- Hmp, como quieras –respondió cogiendo la mano de la chica con fuerza antes de encaminarse a la habitación donde se encontraba su cuñada.

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Llevaba quince minutos escondida en el pecho de aquel pelirrojo que tantos momentos felices, y tristes, le había hecho pasar. Los sollozos habían parados pero las lágrimas volvían una y otra vez a crear caminos en sus sonrojadas mejillas.

.- Vamos fuera –murmuró Gaara muy cerca del oído de la rubia- Te irá bien un poco de aire fresco.

.- Hmp… -asintió sin abrir sus labios.

No sabía cómo sentirse y menos cómo se sentía. Tenía una contradicción en la cabeza, una disputa entre si lo que había hecho era lo correcto o no. Y Gaara, casi como si pudiera leerle la mente, siempre respondía que había hecho bien, que ella no era la culpable. Que Temari nunca le hubiese perdonado dejar que ella muriera por intentar salvarla. Pero eso no le servía, al menos no por ahora.

El suave apretón en la mano que sostenía con seguridad el demonio fue lo que hizo que volviera al mundo real y que dejara sus pensamientos para otro momento. Observó por primera vez en mucho tiempo esos ojos aguamarina, tan profundos y preocupados. Le sonrió intentando que ese reflejo consternado desapareciera de esa mirada pero las lágrimas cayeron de sus ojos otra vez y el ceño de Gaara se frunció aún más.

.- Gaara –se escuchó una vez estaban en la entrada. Solo una persona además de ellos se encontraba en ese lugar de la mansión, todos estaban dentro intentando descansar o intentando ayudar.

Ino le hizo detenerse aún en contra de su voluntad. ¿Qué debía hacer? ¿Saludarla como si ella no hubiese tenido nada que ver en la batalla que se había librado la noche anterior? ¿Debía matarla en un segundo por el recuerdo de las cenizas de su hermana que aún estaban sobre esa improvisada camilla? ¿Qué debía hacer?

La miró fríamente y tiró la mano de Ino para instarla a seguir caminando.

.- ¿Qué se supone que haces, Gaara?

.- ¿Qué se supone que haces tú aquí, Matsuri? –respondió alterando mínimamente el tono seco de su voz.

Ino no sabía qué hacer. ¿Quién era esa mujer? Era un demonio, eso lo sabía, pero ¿por qué no debía estar en ese lugar según el Sabaku?

.- Mi hermana ha desaparecido –informó atento a cualquier reacción en el rostro de la demonio.

.- Yo no fui –respondió inmediatamente.

.- ¿Crees que me interesa?

Matsuri tembló. Ella era una mujer fuerte, todos lo sabían, que no temblaba ni aun estando frente a Madara; pero Gaara era tan frío, y tan misterioso, que en realidad nadie sabía si de verdad era tan fuerte como su rango decía o lo era más. No era una persona que buscaras tener como enemigo y ella eso lo tuvo claro desde la primera vez que le vio.

.- Sabes que fue ella quien buscó ese final. Debería de haber venido con nosotros –dijo orgullosa- Nuestras bajas de príncipes fueron solo de tres. Y si no quería formar parte de esta guerra y arriesgarse debería haber hecho como tu hermano y tú, huir.

.- No me tientes –advirtió-, que lo único que estás consiguiendo es que me arrepiente de no haber estado aquí la noche pasada para convertirte en ceniza antes de que ella hubiese sido herida.

Y no dudaba que podría haberlo hecho…

.- Cariño, ¿por qué no nos vamos y hablamos tranquilamente? – ¿qué más podía hacer? Debía cambiar el rumbo de la discusión porque si no la única que saldría mal parada sería ella- Yo también estoy mal por lo de Temari.

.- No intentes tomarme el pelo a mí. Si de verdad aprecias un poco tu existencia, vete y que no te vuelva a ver porque créeme que no te dejaré pasar. Tienes suerte que Sakura y Sasuke hayan convertido en cenizas a Madara –la expresión de la demonio se contrajo. No soportaba escuchar que esa maldita inocente y estúpida humana haya podido derrotar a su maestro, porque aunque no todos lo sabían, ella sabía que solo había sido esa doctora, sin ayuda de ningún demonio idiotizado por el amor.

Y sabiendo que todas y cada una de sus palabras eran serias miró a Gaara y después a Ino con rabia. Ella era la culpable de esa parte sensible del demonio, la única parte que odiaba de él, y lo peor es que no podría hacer nada para hacerla desaparecer. Sabía que lo mejor era marcharse, Gaara no lo repetiría y sería capaz de convertirla en polvo en cuestión de segundos. Tal vez era mejor hacerle caso; nunca más la volvería a ver, pero eso no quiere decir que los otros correrían la misma suerte.

.- Gaara, tengo un par de preguntas que hacerte –dijo cuando salió de la impresión que le provocó la última mirada de la demonio.

.- ¿Estábamos juntos?, sí ¿Temari la odiaba?, también. ¿Qué tenía en la cabeza cuando empecé a salir con ella y te dejé? Yo tampoco lo sé –respondió antes de tiempo, casi recordando el pasado con cada palabra que dejaba salir. La miró fijamente cuando se dio cuenta que sus mejillas se sonrojaban otra vez, y ahora no a causa de las lágrimas. Era una humana… ¿Qué pasaba por su cabeza cuando siquiera se planteaba en volver a intentarlo con ella? ¿Qué pasaba por su cabeza cuando volvía a sentir como si no tuviese los pies en la tierra al mirar sus ojos?

.- Yo… Bueno, también tenía esas preguntas en mente, pero era otra cosa –susurró tímidamente. Por alguna razón esa mirada siempre hacía que sus nervios saliesen a flote- Primero quería que me explicaras de qué guerra hablaba esa mujer y después, pero más importante que nada, ¡¿cómo es eso de que Sakura derrotó a Madara?!

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Los días siguientes no fueron fáciles ni mucho menos pasaron rápido. Por alguna razón esa batalla unió a los demonios como nada lo había hecho. Las cosas habían cambiado, y todos los que habían participado en esa noche, o habían perdido a algún compañero, lo sabían.

Para Sasuke no fue fácil volver a poner orden en el Pandemónium. La situación en la mansión era totalmente opuesta a la que se vivía en las tierras rojizas de la ciudad de los demonios; el silencio casi sepulcral que había en ciertos momentos entre las paredes de la casi destruida mansión de Ayame se extrañaba cuando intentabas formar a los demonios de niveles inferiores que no entendían la situación, y ya no hace falta decir cuando el Uchiha informó de los cambios que habría desde ese preciso momento en el mandato.

Como era de esperarse la cantidad de príncipes había disminuido muy poco, lo cual era favorecedor para el equilibrio con los ángeles, pero para Sasuke era una tortura. Desde siempre, y seguramente para toda la eternidad, los demonios nivel cinco se creían con el derecho a replicar ante todo lo que el Uchiha dijera, sobre todo por el hecho de ser, según ellos, imprescindibles en su mundo.

Kasumi, intentado no derribarse por la desaparición de Itachi, ayudaba en todo lo que podía. Junto a Karin se encargaban de transportar a los heridos desde la mansión hasta sus distintas habitaciones en el Pandemónium, para luego estar al pendiente de sus progresos; mientras que Suigetsu preparaba la máquina que había creado Orochimaru.

Aquel día en la mansión, Ino se dio cuenta de muchas cosas. Y no podía evitar pensar, y seguir pensando, mientras que la mano del demonio pelirrojo descansaba en su hombro aun intentando relajarla del shock que le había causado dejar morir a Temari. Sabía perfectamente que debía arreglar unos asuntos en su mundo, tal y como Gaara debía hacer en el suyo. Mientras suspiraba mirando una ventana destruida de la segunda planta se dio cuenta que en realidad nunca había podido olvidar al sádico, misterioso y antisocial Sabaku, y ya no se trataba de si el querría volver a intentarlo con ella, ahora solo se trataba de ella, y de no seguir mintiéndose.

.- Así que hablaste con el chico con el que te veías.

.- Si… Bueno, supongo que a eso ni se le puede llamar hablar –respondió sin mucho entusiasmo la rubia- En realidad, llegué al lugar donde nos habíamos citado y le dije que no quería seguir más con él. Estoy segura que no le gustó mucho la idea, porque de inmediato comenzó a maldecir a alguien. Empezó a decir: "esto es culpa del ojazos ese. Pero ¿qué será lo que le ven a ese?, si solo tiene los ojos, nada más." Luego me preguntó cómo podía ser que me gustara ese tal "ojazos"… ¿A quién se referirá? -la suave risa de sus amigas la hizo despertar de sus recuerdos- ¿Sucede algo?

.- ¿Gaara Sabaku no, podría ser? –ironizó Tenten con una sonrisa burlesca en los labios.

.- Imposible –dijo segura de sí misma- Kiba no conoce a Gaara, ni Gaara a Kiba. Sería desastroso que se conocieran… -respondió volviendo a perderse en sus pensamientos durante unos largos segundos– ¿Os imagináis?...

.- Cerda, creo que Tenten tiene razón. No sé cómo, pero todo indica que el chico-perro conoce a Gaara. Tampoco sería de extrañar conociendo a Gaara, ¿no? –dijo con una media sonrisa.

La chica se quedó unos segundos mirando a la nada sin expresión alguna en sus suaves facciones, hasta que de pronto su ceño se frunció y sus puños se crisparon.

.- Ese demonio…

Tenten rió por el apodo que su amiga le daba a su nuevo no-novio –era una forma bastante práctica de definir la extraña relación que llevaban-. Una extraña sonrisa floreció en su rostro al ver las muecas extrañas, entre risa y nervio, que tenían sus amigas. Nunca pensó que entablaría una amistad como la que tenía con la Yamanaka; tal vez debería agradecerle a Sakura el viaje a Londres, sin duda no solo se divirtió y conoció la hermosa ciudad, si no que ganó una gran amiga.

Un momento de silencio se estableció en la mesa de la cafetería donde las tres jóvenes estaban sentadas. Tenten no lo sabía, pero Sakura e Ino agradecieron ese estupor tan agradable, la sensación de tranquilidad y seguridad de que no había peligros cerca.

.- Sakura –la despertó de su ensoñación Ino- ¿Ese no es Sasuke?

La mira color jade observó en la dirección que su amiga señalaba y sin dudas, ahí estaba Sasuke, apoyado contra la pared, ataviado en esos pantalones negros y en esa chaqueta oscura que tan bien le sentaban.

Con una sonrisa y un "hasta luego" se despidió de las chicas para ir donde estaba el demonio. Como siempre, no parecía haberse percatado de la cercanía de la Haruno hasta que no estuvo frente a él, con la duda presente en sus facciones. ¿Qué se supone que hacía el Uchiha tan pronto en la cafetería?

.- Dijiste a las siete –aclaró sin esperar una pregunta

.- "A las siete" quiere decir "entre siete y siete y media", cariño –respondió con una sonrisa divertida por la extraña reacción que tuvo la ceja oscura ante el apelativo- ¿Vamos?

.- Hmp.

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No era ni tan fácil ni tan simple como todos los demonios creían. O al menos eso pensaba continuamente Suigetsu trabajando en el laboratorio.

Ya habían pasado dos semanas desde la batalla que se había llevado a cabo en la mansión de Ayame, y por tanto llevaba dos semanas preparando la máquina para su uso. Cansado como estaba, hambriento porque no solo no había pisado el Pandemónium hacía más de un mes si no que por esto mismo solo se alimentaba a base de comida para humanos –que, de conocimiento público era, no era ni mucho menos apetitosa-, y por sobre todas las cosas, trabajando solo. Extrañaba la ininterrumpida voz chillona de Karin y los extraños comentarios de Juugo; tal era su cansancio mental y físico que hasta extrañaba los quejidos de Sasuke.

Pero, como era algo obvio teniendo presente la actitud de los demonios, ciertos personajes no podían evitar hacerle continuas visitas esperando noticias sobre la máquina, visitas que solo hacían desesperar más al científico.

.- Fuera todos –dijo una voz ronca e imponente entrando por primera vez en días entre las metálicas paredes del laboratorio.

.- ¡Sasuke, por fin! -dijo emocionado sin poder evitarlo. No era que fuera una agradable visita, con el Uchiha casi nunca lo era, pero era mejor que tener tres voces gritando que se diera prisa.

.- ¿Cómo vas? –preguntó con una mueca burlona por la emoción que había demostrado.

.- Bueno, puede que necesite la ayuda de algún pajarito para terminar. Tiene ciertos códigos que nosotros no utilizamos, tal vez Orochimaru usó códigos de ellos para evitar que otros intentaran hacerse con ella y hacerla funcionar.

.- No es problema. ¿Podemos contactar con Naruto y Hinata? –preguntó la joven.

No pasaron ni diez segundos que los dos ángeles aparecieron en la estancia. Naruto con lágrimas en los ojos corrió a abrazar a Sasuke mientras que Sakura esperaba con los brazos abiertos por el cuerpo de su amigo que nunca llegó.

.- ¡¿Se puede saber qué haces, idiota?! –gritó sofocado el Uchiha quitándoselo de encima.

.- ¡Os he extrañado tanto! –dijo de tal forma que parecía que hubiesen pasado años sin verse. Sakura se preguntó si donde vivían los ángeles el tiempo pasaba más lento, aunque pronto recordó que se trataba de Naruto de quien hablaban.

.- Disculpad, pero ¿podemos ir al grano de esta visita? –mencionó de mala gana Suigetsu, como siempre que había ángeles presente. Le producían alergia.

Naruto, Sakura y Sasuke dejaron que Hinata se encargara de los códigos que tantos problemas habían dado, y prefirieron salir del laboratorio. Una vez pasado el túnel que lo separaba de la mansión se dispusieron a relajarse al menos unos minutos.

.- ¿Qué harás al final, Sasuke? ¿Volverás a intentarlo después de más de cien años o Sakura hará esfuerzos para acabar en el Pandemónium?

.- Sakura no hará nada –sentenció sin responder del todo a la pregunta.

La chica estaba en un mutismo absoluto, solo ciertas sonrisas irónicas escapaban de entre sus labios. La cuestión era que por mucho que intentara hablar sobre el tema con Sasuke nada salía como ella pensaba y siempre terminaban o bien discutiéndose o el Uchiha haciéndola callar a base de besos.

La máquina estaría lista pronto y su demonio debía decidir qué haría. No quería interferir ni mucho menos presionarle para que tomara alguna decisión incorrecta, pero no podía evitar imaginar una vida sin batallas, sin gente que quiere que desaparezcas en cada esquina, no podía evitar imaginar una vida normal de pareja.

Y en realidad sentía que no podía esperar más. Y solo por esa razón levantó la vista hasta su amigo. No sabía si le estaba interrumpiendo mientras hablaba, la verdad es que poco le interesaba. Había estado perdida en sus pensamientos pero por primera vez parecía haber encontrado alguna resolución a su eterno problema.

.- Si tu logras saber qué es lo hay dentro de su cabeza avísame, porque yo al menos no puedo seguir intentado adivinar sus intenciones –y sin mirarle se levantó y se dirigió al interior destruido de la mansión. Prefería estar allí recorriendo los pasillos de la segunda planta que estar sentada esperando por una respuesta que sabía no llegaría. Si Sasuke no quería hablar, que no hablara, ella ya no esperaría más de lo que sabía que obtendría.

Después de unas horas vagando por las antiguas y maltrechas habitaciones de la segunda planta decidió bajar al recibidor. Sentado en una butaca, pensando en algo que solo él podría saber, estaba el dueño de sus problemas.

.- No es que… -comenzó- No es que no quiera…vivir contigo –continuó con dificultad- Es solo que…

Sakura estaba de pie al final de las escaleras y unos cuatro metros los separaban. La voz de Sasuke se perdía en la distancia y casi no podía escucharle, pero lo que menos quería hacer era interrumpirle. Se acercó dubitativa, sin creer aún que el Uchiha le fuera a responder la pregunta que no podía quitar de su mente.

.- ¿Es solo que qué, Sasuke? –cuestionó a los minutos.

.- No es tan fácil como tú crees, ¿vale? –y volvía a empezar otra vez, como cada vez que hablaban del tema...

Dispuesta a marcharse otra vez giró en sus talones pero una mano la freno antes de siquiera levantar un pie de su sitio.

.- ¿Y si no funciona? ¿Y si desaparezco?... No sabemos cómo funciona realmente esa máquina, Sakura…

El silencio se instauró en la habitación. No era una decisión fácil, ambos lo sabían. La chica no podía evitar imaginar una vida con él, convertirlo en su marido, formar una familia, pero no se arrepentiría nunca si debía acabar en el Pandemónium para poder estar con él. La decisión era del Uchiha, y nunca la juzgaría. Lo único que necesitaba era saber qué pasaba por esa cabeza morena, y por fin se estaba abriendo poco a poco ante ella.

.-…Yo no quiero obligarte a nada –comenzó- Si eliges seguir siendo demonio nos mantendremos igual que ahora, y solo tendremos que esperar que muera por algún accidente; si, en cambio, decides intentarlo, solo esperaré que no me dejes por otra chica más guapa… -dijo con una leve sonrisa.

El Uchiha hizo una extraña mueca en su boca. Sintió que un peso desaparecía de su espalda. No pudo evitar atraerla a su pecho y abrazarla, era tan cálida… Aún no sabía qué haría pero algo tenía claro, no dejaría que esa calidez que invadía el cuerpo de su Sakura muriera.

Porque en el fondo él no quería una Sakura demonio, él quería a su Sakura tal y como era. No quería una novia fría, ni sádica, ni sarcástica como Karin. Y nadie podría asegurar que una persona no cambiase como pasaba con los ángeles, que todos, exceptuando Naruto, carecían de expresiones.

Sakura Haruno sin su calidez, sin su honradez, sin su picardía infantil, sin sus sonrojos… no sería ella. ¿Qué haría? Aún no lo tenía claro, solo sabía algo, fuese lo que fuese lo que decidiese empezaría por hacer feliz a su preciosa mujer.

.- Entonces… -murmuró desde la comodidad de su pecho- ¿Qué harás?

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.- Así que nueva muerte –comentó con una sonrisa dejando que el viento revolviera su cabello

.- Sí...

El aire no demasiado puro de Tokio hacia que de cierta forma olvidara todo lo que había sucedido en la última semana. Por un momento se vio un año atrás, sentada en el mismo tejado del mismo edificio, al lado del mismo demonio, sintiendo las mismas estúpidas y horribles mariposas en el estómago.

¿Por qué no podía acabar de ser perfecto? Tenía al demonio que nunca había podido olvidar, el que se había robado su corazón desde el primer beso; tenía a su mejor amiga con la que por fin podría hablar sobre cosas sobrenaturales; tenía a su mejor amigo… Tenía a su mejor amigo mirando hacia las nubes todo el tiempo, imaginando que en algún lugar podría estar su novia desaparecida.

¿Cómo podía decírselo? ¿Cómo podía explicarle que su novia había desaparecido, de forma literal, de la faz de la Tierra? ¿Alguien conocía qué sucedía cuando un demonio o un ángel desaparecían? Tal vez había un sub Pandemónium, o algo parecido… Algo que ni los mismos demonios o los mismos ángeles pudieran ver. La esperanza de la ignorancia era lo único que les quedaba, o que le quedaba. Gaara parecía llevarlo tranquilamente, como todo en su extraña vida inmortal.

.- Deja de pensar en mi hermana –dijo levemente molesto mirándola fijamente- ¿Qué ganas preguntándote si existe o no existe algún otro lugar? Tanto si existe como si no, no la volverás a ver, ni yo, ni nadie. Así que intenta superarlo y no te hagas tontas esperanzas.

A veces le odiaba tanto, sobre todo en esos momentos de frialdad. Benditos demonios, todos eran iguales, pero Gaara les sobrepasaba a todos juntos en dar donde a uno más le duele.

El sonido del viento era lo único que se escuchaba, era lo único en lo que la rubia amiga de Sakura podía pensar. Una cabeza pelirroja se apoyó en sus piernas sin que ella lo notara. Solo la suave, pero al mismo tiempo dura, voz del demonio la hizo despertar.

.- Supongo que sabrás que yo no tengo la facilidad que tiene el Uchiha de volver a ser humano, y no tengo la intención de buscar alguna vía de escape.

.- No te he pedido ninguna vía de escape –aclaró ella antes de que él continuara. Pero no consiguió mucho efecto.

.- Soy demonio, no por un accidente, ni por mala suerte, ni nada de eso. Soy demonio porque no soy buena persona, ni lo fui ni lo seré. Soy la mejor definición de demonio que podrás encontrar: frialdad, crueldad, sadismo, inteligencia… Así que piénsatelo bien si de verdad quieres que volvamos a estar juntos, porque yo no soy un chucho que te sigue donde vayas. Yo no te miraré con caras de cachorro, ni te lameré la mano siempre. Yo no soy así y no pienso cambiar ni por ti ni por nadie.

.-…Sabes, Gaara… Te has dejado una característica tuya importantísima –respondió Ino con una leve sonrisa, pasando un dedo sobre el ceño fruncido que se veía entre las cejas del pelirrojo– Que tú sabes lo que es querer a otra persona. Puede que seas todo lo que hayas dicho y más, pero me quieres, ¿no? O algo parecido. –Él no respondió, pero evitar la mirada azul de la chica fue casi como una respuesta para ella – No me harás daño y eso es lo único que importa. Me gustas por cómo eres, así comenzaste a gustarme y así seguirás gustándome. No quiero otro Kiba, te quiero a ti.

Una sonrisa altanera iluminó levemente esos ojos aguamarina. Seguramente no era tan difícil decir "Te quiero" o acercarse y darle un beso tranquilo y cálido. Seguramente no lo era pero sí que sería vergonzoso, y por cruel, sádico y todo lo que un demonio podría querer, seguía siendo el mismo humano de antes.

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.- ¿Has hablado ya con Sasuke?

.- Eso no te incumbe, Naruto. Haz el favor de salir de aquí y volver a tus habitaciones blancas y congeladas de allí arriba, aquí solo estorbas.

.- Vamos, dientes tiburón, solo es que me digas qué hará el idiota de Sasuke –siguió intentando

.- Que no. Fuera –mantenía su atención en el ordenador y en la máquina que aún no funcionaba como debería funcionar según los apuntes de Orochimaru. Y la presencia del irritable ángel rubio no hacía más que agobiarlo.

.- Pero a ver, seamos lógicos –Suigetsu respondió con un burlesco murmullo ante la expresión del Uzumaki– Si tú me lo dices, yo te dejo en paz, y así somos los dos felices ¿no?

.- Sal de aquí, pájaro molesto –y antes de que pudiese continuar Suigetsu siguió- ¡Me produces alergia, Naruto! ¡Fuer…!

La puerta se abrió y un hombre alto, atlético, ataviado en una vestimenta negra, entró. Miró a los dos seres con una ceja alzada para seguidamente negar con la cabeza. Estos dos nunca cambiarán…

.- Me he decidido.

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El cielo volvía a ser tan frío como de costumbre, volvía a ser tan monótono como de costumbre. Lo único que siempre habría cambiado a los ángeles era el rubio hiperactivo.

.- Pero Hinata, ¿tú estás segura de que es la mejor decisión? –dijo con inseguridad sentado en la ventana de su habitación. Hacia fuera solo podía ver blanco, calles blancas, edificios blancos, y gente vestida de blanco. Aburrido…

.- No se trata de que nosotros creamos que es una buena decisión o no. Sasuke es lo suficiente mayor para decidir. Y si él ha decidido esto, Sakura es la única que tendrá derecho a opinar.

La templanza que le dio la muerte no se la quitaría nadie. Su tranquilidad para hablar, su serenidad… Eran algo a lo que Naruto aún no podía acostumbrarse. Tan racional como siempre lo había sido, aun siendo humana. Sin embargo él adoraba a su Hinata, sobre todo cuando estaba sonrojada. Prefería mil veces ver ese color rojizo en sus mejillas que ese tono tan pálido, como la cerámica. Y con ese pensamiento volvió a dudar sobre su amigo.

.- Espero que haya elegido bien…

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Por fin, diréis. Sí, ¡por fin he vuelto con un nuevo capítulo! A mi me parece que con la vuelta al instituto mi inspiración vuelve porque siempre que empiezo es cuando me dan ganas reales de escribir y no es eso de "una línea, borra; otra línea, vuelve a borrar" sabéis?

Espero que todos estéis muy bien, para empezar. Quiero agradeceros por la paciencia que me habéis tenido, por los 100 reviews a los que ha llegado esta historia y por la preocupación que me habéis mostrado en este año que he estado ausente. De verdad, ¡sois los mejores!

Quiero hacer mención importante a Tamara, Sakurass, por tenerme tantísima paciencia, por seguir siendo mi betta aunque le diga una cosa y no la cumpla. De verdad, bonita, no sé cómo agradecerte todos tus consejos, todas tus ayudas. Eres la mejor betta del mundo, en serio.

Bueno, este ya es el último capítulo. El siguiente será el epílogo y se habrá acabado. Hace cuatro años que empecé esta historia y me siento orgullosa de poder acabarla, y de haber conseguido que a vosotros, los que estáis leyendo esto, os haya gustado. Espero que os haya gustado este último capítulo, pero tranquilos si habéis quedado con muchas dudas, que el epílogo os aclarará muchas de ellas.

Espero que para enero ya tengáis el epílogo, intentaré acabarlo esta semanita que estaré desconectada del mundo (¡empezamos vacaciones de navidad!), así que solo tened un poco de paciencia :D

Por último, y ya acabo, me encantaría saber qué os ha parecido, si os habéis quedado con alguna duda no dudéis en preguntarme y así intentaré aclarar todo en el epílogo.

Muchos besitos y abrazos.

Por cierto,

¡Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo a todos!

Espero que tengáis una navidad preciosa, y que el 2013 sea muchísimo mejor que el 2012 que estamos acabando.

xJαvιιтнα'S x