Cuando un ángel baja del cielo... lo destruye todo...

El renacimiento.

- ¡Amo Van! ¡No lo haga, deténgase! Todo debe ser un error...- Merle enterraba sus uñas en el brazo del rey lastimándole seriamente en un intento desesperado por evitar que éste se atravesara a sí mismo con su espada.

- ¡Asesiné a Hitomi Merle! No podré vivir con esto... jamás... prefiero morir...- decía Van fuera de sí.

- Entonces yo moriré con usted amo Van... pero no veré como usted acaba con su vida...- Merle se inclinó sobre la espada del rey decidida pero Van la retiró con rapidez evitando que la joven niña gato se lastimara.

- ¡¿Qué haces?!... –le gritó Van con furia mientras apartaba a la joven con un brazo haciendo que Merle cayera al suelo.

- ¡La misma estupidez que usted!- contestó la joven mirando al rey a los ojos con mirada resolutiva. Ante ello, Van dejó caer su espada y relajó su cuerpo para luego caer de rodillas al suelo, mientras que sus manos, cubiertas de la sangre seca de Hitomi; se cubría el rostro ocultando unas lagrimas de dolor.

- No se lo que paso Merle... no podía controlarme... sentía odio... y dolor... ellos estaban juntos... te juro que desee marcharme pero algo me hizo cambiar... quise verlo muerto, quise matar a Allen por llevarse a Hitomi... quise matarlo con mi propia espada, nada me importaba, solo quería ver su sangre... pero... – el tono de voz del rey denotaba desconcierto y fatiga, y a la vez un terrible dolor; Van miró a través de su ventana y vio como afuera la tormenta era casi un tifón, las hojas marchitas se pegaban en las ventanas haciendo que la visibilidad fuera casi nula, aun así, los truenos y relámpagos iluminaban la habitación, dejando ver el rostro del rey, un rostro destrozado y desecho.

- ¡Eres un maldito!- una voz profunda y llena de ira retumbó en el cuarto haciendo que Merle diera un pequeño grito de susto. Van se levantó del suelo y buscó a tientas su espada.

- ¡¿Quién esta ahí?!- dijo Van tan o más exaltado que aquella voz misteriosa. De pronto un hombre se vislumbró escondido en un rincón de la alcoba, este miraba con odio a Van, el cual al encontrarse con aquella mirada le pareció retroceder en el tiempo muchos años atrás, hasta un recuerdo que él mismo había olvidado. Se vio a sí mismo jugando cerca de un lago, junto a un niño de su misma edad, muy cerca de ahí, Folken, su hermano que para aquel entonces era un joven de unos 15 años de edad, los observaba sentado sobre una gran saliente de roca, dando a entender por el semblante de su rostro, nerviosismo y preocupación.

- Me llamo Van... y soy príncipe de Fanelia... y el de allí es mi hermano mayor Folken, ¡él algún día será rey!- decía un pequeño de ojos ambarinos con orgullo, mientras que el otro niño que lo acompañaba lo miraba con extrañeza.

- No puede ser rey... él no es de sangre real...- dijo el pequeño mirando a Folken de soslayo con un dejo de desprecio en su mirada.

- ¡Claro que sí! Mi padre es un rey, él es le rey de Fanelia- Sentenció Van enfadado.

- Él morirá al igual que tu pueblo... y todos quienes tengan la mala suerte de cruzarse en el camino de los reyes malditos de Fanelia.- dijo el niño mientras desplegaba unas alas grises, enormes, incluso para su corta edad.

- ¡Argaviel!- de pronto un anciano elegantemente vestido y de manera muy solemne apareció volando al lado de ambos niños- ¡te he dicho que no emplees tu poder! Aun eres muy joven para usarlo, y mucho menos en un ser de sangre mestiza como lo son los hijos de Varie.

- Él debe saber su destino... Varie es mi tía y ellos al final de las cosas poseen mi sangre... y yo- el pequeño de mirada gris y piel blanca miró a Van con una mezcla de sentimientos entre ellos rabia y compasión.

- ¡Argaviel...! eres el heredero de nuestra raza...- intentó decir el anciano, sin embargo se vio interrumpido por una mirada asesina del niño.

- Cuando tus alas se vuelvan negras y comprendas tu destino... será el momento en que morirás...- le dijo Argaviel a Folken justo en el instante en que él y Varie su madre se habían acercado al borde del lago para acompañar a Van. Folken se quedó viendo a aquel niño mientras el anciano sabio entre la gente de Atlantis sonrió con malicia- sin embargo,- Agregó el pequeño, provocando que el sabio anciano dejara de sonreír- cuando todo se haya hecho, cuando las cosas tomen un curso distinto, cuando lo imposible se haga realidad... volverás a mí por tu propio deseo... Folken Lacourt de Fanel...- y dicho esto el pequeño niño se elevó por el cielo y desapareció junto a su viejo guardián.

- Madre ¿quién es ese niño?- preguntó Van mientras veía como ambos Riuyins desaparecían de entre las nubes sumergiéndose en una luz cegadora.

- No tiene importancia Van... ¿Folken? Debemos volver a Fanelia... ya no hay nada que podamos hacer...- con ello el recuerdo pareció desvanecerse junto a la imagen del rostro de su madre y a la tristeza de Folken en sus ojos.

- ¡Heriste a Hitomi y ella ahora ha desaparecido! ¡Has dejado que el caballero de los cielos de la llevara!- Sean había salido de las sombras mostrando sus alas que poco a poco comenzaban a teñirse de un color grisáceo en sus extremos.

- ¿Quién eres tú?- dijo Van aun en alerta, conmocionado por los que sus ojos veían. Merle asustada se había guarecido tras la espalda del rey.

- ¿No lo adivinas?... creo que es evidente que soy uno de los tuyos... por lo menos a medias ya que tu sangre esta manchada... Varie era de sangre real dentro de su gente... tu padre solo un rey del mundo de los mortales... puedes ser rey aquí, Van de Fanelia, pero en el mundo de los Riuyins solo eres una rata.- contestó Sean mientras se sentaba en un sillón amplio, al mismo tiempo que sus alas desaparecían por arte de magia; inocentemente Sean se dio cuenta que se encontraba en el mismo lugar y en el momento exacto para cambiar las cosas, observaba otro de sus designios con claridad, primero había hecho caer a la reina de Fanelia, ahora serían los descendientes del dragón las víctimas de su ambición.

- ¿Quién te crees que eres?- dijo Van entre dientes aun sin salir de su asombro.

- No eres el único que queda... aun estoy yo... y debemos hacer algo juntos antes de que algo más se salga de nuestro control... se que no me conoces y sé que debes tener muchas preguntas...- Sean había tomado un tono de voz apacible... tan característico en él... juntó sus manos sobre su regazo para luego cubrirse levemente el rostro con ellas, escondiendo parte de su expresión, junto con sus intensiones. Con malicia sostenía el pendiente de los habitantes de Atlantis.- Tan solo, debo decirte que Hitomi se encuentra bien, ella está a salvo, para bien o para mal Allen Shezard se la ha llevado a un lugar seguro...

- ¿Cómo puedes saber eso? ¡¿Quién demonios eres tú?! ¡¿Contesta?!- gritó el joven rey perdiendo la paciencia. Merle temblaba tras la espalda de Van, y de repente hacía pequeños ruidos como de estar ahogándose con su propio aire.

- Puedo ver más allá que tú rey... además sé que pronto, ambos, Hitomi y ese caballero regresarán a Gaea...- contestó Sean mientras se dejaba envolver por la fuerza y el poder de los Riuyins y podía ver la imagen de ambos muy lejos de ahí, específicamente en la tierra. Van miró al extraño con asombro, reconoció el pendiente y por alguna razón su alma se calmó, escuchar de Sean noticias de que Hitomi se encontraba bien de alguna manera lo hizo recuperar su cordura, escuchar noticias de ella de cualquiera lo habría calmado...

- Te creo...- dijo Van al fin enfundando su espada y sentándose a los pies de su cama justo en frente de Sean. Ambos jóvenes se lanzaban miradas inquisitivas y al mismo tiempo asesinas.

- Sé que no te agrado... y tú tampoco me agradas...- habló Sean mientras miraba la rey con odio- por tú culpa una persona muy especial para mí, sufrió, y créeme que tan solo por eso con gusto te mataría con mis propias manos, sin embargo... tú ya no eres un problema para mí...- A pesar de la oscuridad que inundaba la habitación, Van vislumbró como la boca de aquel hombre se curvaba en una especie de sonrisa macabra. Él, en silencio lo observó sin mostrar ninguna reacción u emoción, algo extraño dentro de sí le decía que no debía confiar en ese hombre.

- ¿Qué quieres de mí...? sé muy bien que todos los Riuyins están muertos... mi hermano y yo éramos los últimos... ¿De donde has salido?- preguntó el rey con calma dando a conocer su poder como rey de Fanelia.

- Ya veo, así que le rey de Fanelia, si tiene algo que decir...- ante aquellas palabras llenas de desprecio por parte se Sean, Van se mordió el labio en comisura de la boca reteniendo su ira.

- Contesta...- se limitó a aseverar el joven rey, con extrema calma.

- Conozco a Hitomi... yo soy de la luna fantasma... al igual que ella...- unos relámpagos hicieron que el tiempo se detuviera por unos segundos dentro del cuarto, no te explicaré como llegue allá... entre los humanos de ese mundo... ya que ni yo mismo, se que fue lo que ocurrió... tan solo he venido a advertirte a cerca de un tema que creo rebosa tu interés...-

- ...- Van en silencio solo se dedico a inspeccionar con su mirada el rostro de aquel hombre. Ante la abstinencia del joven rey de hacer preguntas, Sean continuó.

- La gente de Atlantis desea volver a este mundo... desea volver a la vida... y para ello me necesitan para lograrlo... a mí y a Hitomi...- dijo Sean de manera vil y cruel. Los ojos de Van se agrandaron debido a la evidente sorpresa, sin embargo ni una sola palabra salió de su boca- Con mi actual poder puedo traer a tu hermano de regreso a este mundo, también puedo traer a tu madre de su cautiverio... tan solo necesito un pequeño regalo de tu parte...

- Esto es mentira... estas loco... ¡La gente de Atlantis desapareció y ya no hay nada para ellos...!... mi hermano...-

- Tu hermano te espera... sé que lo has escuchado... en tu mente... en medio del silencio...- las palabras de Sean hicieron que Van recordara aquella vez en que sintió a Folken en su tumba, aquella vez en que Hitomi se despidió.- Solo necesito tu sangre, y el resto es mío...

- ¿Solo pides eso?- Preguntó Van mientras Sean se acercaba a él con su mano extendida. Merle observaba asustada sin moverse ni un centímetro de su lugar.

- Solo pido eso...- Contestó el muchacho a ciertas que ya había obtenido lo que buscaba.

- ¿Qué ganas tú con esto?- preguntó Van duditativo.

- Pagarte...-

- ¿Pagarme qué?- dijo Van.

- El que hayas sacrificado tanto por tu gente, mereces aunque sea una felicidad, además, con esto fastidiaré a muchos...- dijo Sean mientras una sonrisa macabra se dibujaba en su boca,

- ¿A quienes?...

- ¿A quien crees?... tu hermano y tu madre no son queridos dentro de los Riuyins, al contrario me atrevería a decir que son temidos, lo que todos sabemos es que nuestra raza es única y perfecta, pero en esa perfección encontraron su destrucción, los humanos son imperfectos por naturaleza, débiles y pierden su convicción con facilidad, son manipulables... la mezcla de ambos... de las dos razas, hace que el poder de Atlantis se equilibre dentro de ellos... tal vez por eso Hitomi podía usar ese poder, controlar la fuerza de Escaflowne... cambiar el destino de las personas... y tal vez esa sea la razón por la cual fui enviado a la tierra, o cómo ustedes la conocen la luna azul... y tal vez por ello es que ahora simplemente no quiero hacer, lo que ellos esperan que haga, significaría tu muerte y la muerte de toda Gaea. Eso era lo que buscaba Isaac o Dorckic...

- ¿No sabes quién eres?...- Preguntó Van después de aquella confesión.

- Creo que si, pero no me interesa en absoluto, yo solo sé lo que me importa ahora y lo que soy ahora... el resto no es mi problema, piden demasiado a alguien a quien solo le importa una cosa en todo el mundo...-

- ¿Y qué es eso?- preguntó Van con tono de confirmación.

- Lo mismo que tú Rey de Fanelia... buscas lo mismo que yo... la diferencia es que tú ya lo perdiste...-

**********

- Hitomi es mi única hija... es una niña hermosa y buena... cuando escuché toda esta historia creí que mi familia de había vuelto loca, sin embargo al verlo frente a mí sé que las cosas cambiarán, - un hombre sentado en la sala con una copa de vino en la mano hablaba con pesadumbre.

- Lamento mucho ocasionarle esta gran tristeza señor... sin embrago debemos volver... debo solucionar algunas cosas...- Allen miraba con tristeza por la ventana dirigiendo su vista a la luna.

- Sé muy bien que tienes un hijo... y que allá en su mundo es un rey...- el padre de Hitomi miraba con detenimiento cada gesto en el rostro del caballero.

- Chid, es y será mi mayor orgullo, y lo apoyaré desde las sombras... puedo amarlo como su padre, pero jamás aspiraré a ocupar ese lugar, solo soy un caballero y mi rey el Rey Freid le ha dado un destino digno de su templanza... preferiría...

- Demuestras ser un gran hombre al respetar tu palabra, eso es lo único que el ser humano posee, hombres con el honor que llevas en tu corazón ya no existen en este mundo... Gaea debe ser un lugar lleno de paz...-

- Gaea es un lugar hermoso, pero no libre de mal... como en todo sitio, hay conflictos, pero son quienes poseen la fuerza y el poder suficiente los que combaten y hacen del mundo un lugar mejor para vivir... entre ellos está mi hijo Chid, Dryden de Asturia, Van...-

- Puedo ver que amas a mi hija... sin embargo aun no entiendo perfectamente que ocurrió aquella noche en que llegaron, cuando su madre me dijo que ella se había marchado creí que ella...-

- ¿Estaría con él?- terminó de decir Allen, soltando un suspiro de inquietud.

- A decir verdad yo también lo creí, pero las cosas no resultaron del todo bien, como ya sabe Van, en Gaea es un Rey, único heredero de la familia real descendiente de los dragones del Valle de Fanelia, cuando Hitomi regresó, él se encontraba comprometido con una princesa de las tierras lejanas del Norte. Extrañamente Hitomi regresó suponiendo algo al respecto, personalmente jamás le he preguntado y tampoco pienso hacerlo cómo fue que lo supo... y a pesar de que inclusive quise intervenir para ayudarlos... pareciese que no logré nada.

- Debes tener cuidado con lo que tu corazón desea, aveces puedes conseguir cosas que en realidad no resulta ser lo que quieres, joven caballero- dijo el padre de Hitomi mientras bebía otro sorbo de su copa, Allen reflexionando aquellas palabras imitó el gesto del hombre también saboreando el vino.- Creo con sinceridad en lo que me has dicho, y consiento si solo Hitomi te acepta... me agrada la idea, lo único que me entristece es que deban marcharse...-

- Esperamos que sea no por mucho tiempo, quiero en realidad dejar todas las cosas en orden, aun no sé si mi hermana querrá permanecer al lado de mi hijo en Freid o si querrá venir conmigo y Hitomi a vivir aquí...- contestó Allen con tranquilidad.

- La decisión que tomen estará bien, al fin de cuentas es la vida que ustedes desean vivir...

- ¿Allen, Padre...? ¿Qué hacen aquí?- Hitomi había aparecido en la sala portando unos abrigos.

- Solo charlábamos, hija... hay cosas que deseaba preguntarle a Allen- respondió el padre de la chica poniéndose de pie al igual que el caballero.

- Pues deben terminar... Allen... ya debemos irnos...- dijo Hitomi a su compañero con dulzura.

- Lo sé, solo me despedía de tu padre- respondió él con cortesía - Señor ha sido un placer y disculpe todas las molestias que le he causado.

- Vayan con cuidado... joven Caballero cuide de mi hija- dijo el padre mientras la familia se reunía en la sala...- Hitomi sé feliz...-

- Adiós a todos y muchas gracias... Hitomi vamos- dijo Allen mientras cogía su espada que el hermano de Hitomi le sostenía. Nadie dijo nada, un silencio reinó en el ambiente, no había tristeza, tan solo preocupación.

- Sean cuidadosos...- dijo al fin la madre de Hitomi abrazando a su hija con amor y dándole una mirada de tranquilidad a Allen, como confiándole todo.

- Me enseñarás a usarla cuando vuelvas ¿Verdad?- dijo el pequeño niño mirando a Allen con tristeza.

- Cuando regrese te traeré una especialmente hecha para ti, así podremos luchar ambos en un combate...- le dijo el caballero inclinándose a la altura del pequeño, mientras le desordenaba el cabello a lo que el hermano de Hitomi reaccionó con una sonrisa. Allen tomó a Hitomi de la cintura y deseó volver a Gaea, una luz débil comenzó a rodearlos con suavidad hasta que una columna de luz se formo alrededor de ambos haciéndolos desaparecer en el mismo lugar.

En Gaea revueltas comenzaban a desatarse en pueblos y países cercanos, muchos incitados por sobrevivientes de Zaibach que en su descontento y disconformidad formaban rebeliones que causaban desastres de proporciones en los poblados pequeños, el hambre y la muerte era la única realidad existente, las cosas no habían mejorado mucho desde el incidente en la boda de Van, los rumores de lo ocurrido se esparcieron sin poder detenerse, todo apuntaba a un desastre total, la desaparición de la Salvadora de Gaea y el primer general de Fanelia Allen Shezard, mantenían a los ciudadanos sumergidos en el miedo y la superstición. La situación de la actual reina dejaba mucho que desear. Van había abandonado la cuidad y se había dirigido a uno de los asentamientos del reino de Fanelia, allí permanecía gran parte del tiempo supervisando sus quehaceres como rey, a su vez le servía para mantenerse lejos de Niviam y en su actual e insistente situación de esposa, el hecho de tener que dormir a su lado cada noche mientras que en su mente sólo estaba la imagen de Hitomi, se había convertido en una tortura. Desde su boda ya habían transcurrido unos meses y a pesar de saber muy bien sus deberes, por más que lo inténtase, no podía hacerlo... no podía tocarla. Cada noche a su lado eran horas sin poder conciliar el sueño, era el rostro de Hitomi quien lo miraba, era su misma forma... sin embargo las caricias, el sabor de aquellos labios... simplemente no era ella, su cuerpo la rechazaba por completo. A pesar de las insinuaciones de la reina de Fanelia, Van se resistía a tocarla huía en medio de la noche lejos de palacio, generalmente al lugar en donde en dos oportunidades distintas se despidió de ella, solo en aquel lugar encontraba la paz que necesitaba.

- Volveré en cuanto ella regrese, quedarme en este lugar es inapropiado...- Sean estaba de pie frente a una gran ventana mirando el atardecer de Fanelia, a su lado Van contemplaba lo mismo.

- ¿Cómo puedo estar seguro de lo que me prometiste?- Dijo el Rey con extrema calma.

- No tengo porqué engañarte... – contestó Sean mientras se disponía a marcharse...-

- Recuerdo como te llamas...- le dijo Van sumido en sus pensamientos, al tiempo que ambos hombres se daban la espalda, aquella actitud llamó la atención de Sean.- te recuerdo...aun era un niño, fue en aquella ves en donde mi madre nos llevó frente a los ancianos, lo había olvidado por completo, sin embargo cuando apareciste fue como si regresara una parte de mí...una parte de una vida perdida...

- ¿Así que recuerdas mi nombre?- le preguntó Sean con un dejo de ponzoña en la boca.

- Tú tienes mi misma sangre... eres mi hermano, tu nombre es Argaviel... eres hijo del hermano de mi madre Varie...-

- Una mueca de desprecio apareció en el rostro de Sean mientras escuchaba las palabras de Van, aquello le era desconocido, y a pesar de que sabía que el rey no mentía se negaba a aceptar aquello...- ¿y eso?... ¿Crees que voy a congraciar contigo por que llevemos la misma sangre?...

- ¡Ja! Para nada... no soy estúpido... puedo ver lo que quieres... lo que viniste a buscar... pero te confieso que te doy más crédito del que tu mismo te das, y te diré lo mismo que me dijiste tú la noche en que todo pasó... Amas lo mismo que yo, pero... ¿Te has puesto a pensar que tal vez tú también ya la perdiste...?

- ¿De que demonios hablas?... – contestó Sean girándose un poco en su posición para ver la espalda del joven Rey, el cual con rostro sereno cerró los ojos ante el último rayo anaranjado del crepúsculo.

- Allen no dejará que la toques...- sentenció Van.

- ¡Ja! Si es así lo mataré...- se burló Sean aun con odio en su voz.

- No lo harás... no la tocarás a ella ni a Allen... si es así yo mismo te mataré con mis propias manos- el Joven Rey empuñó con fuerza su espada la cual se ceñía a su cintura aun en su funda, gesto que no pasó desapercibido por Sean.

- De acuerdo has lo que quieras... hermano... ya veremos quien gana en este juego... yo o tu querido amigo...-

- Esto no es un juego, Hitomi no es un juego, no la vas a tocar Argaviel...Allen no está solo, no será simplemente tú contra él...

- Está bien, entonces seremos tres los jugadores... "veremos quien se gana el derecho de protegerla"...- Sean y Van ahora se miraban fijamente a los ojos midiendo las capacidades de cada quien.

- Folken regresará esta noche...- dijo Sean sin expresión en su voz- ve a los nidos de los dragones en el centro del bosque y entrega el corazón del dragón a la tierra... luego vuelve y espera...- Sean desapareció en el mismo lugar dejando tras de sí alguna de las plumas de sus alas y la mente ávida del rey de Fanelia preparando su estrategia.

*******

Horas más tarde un hombre solitario cubierto con una sencilla capa oscura, caminaba a paso seguro por medio de entre los innumerables pasillos del palacio, ninguna antorcha iluminaba aquellos pasadizos, desde la caída de Zaibach, el rey de Fanelia había hecho sellar el sagrado templo de en donde los sacerdotes del tiempo de su padre solían sellar la armadura de Escaflowne. Allí en ese lugar celosamente escondido se encontraba el corazón del dragón que alguna vez él obtuvo para su guymelef. Por mucho tiempo evitó aquel lugar, era especial volver ahí en donde había comenzado su peligrosa historia junto a Hitomi en donde su pueblo había sido quemado y donde Balgus y muchos de los antiguos samurais de Fanelia habían sido tocados por la muerte. Dentro le la plataforma principal a sus pies yacía el corazón del pecho de Escaflowne, cubierto de polvo, sostenido por un bastidor labrado en madera aquella piedra aun refulgía al contacto del que alguna vez hiciera el pacto de sangre con el rey de Fanelia.

- Con esto volverás... hermano...-pensó el rey mientras sostenía en su mano izquierda la que ahora era la llave de la liberación de Folken, en un instante pensó si realmente sería lo correcto seguir el plan de Argaviel, su hermano había muerto y su cuerpo había desaparecido dentro del poder de atlantis. Un ápice de duda surcó la frente de Van, sin embargo, su corazón le decía que debía seguir adelante. – en el mismo lugar donde tu hermano y tú siguieron el rito del dragón debes dejar al corazón, será el pago que deberás entregar para que Folken regrese, tu pacto con la sangre de los riuyins será suficiente para que los dragones perdonen tu pecado...- a medida que el Rey avanzaba en medio de la oscuridad hacia el centro del bosque de los dragones, cada palabra dicha por Sean hacían eco en su mente, si aquello resultaba cierto, en unos momentos más volvería a ver nuevamente a su hermano. Su corazón se agitaba dentro de su pecho con ansiedad, cada paso era el decisivo, cada paso que daba estaba marcando un nuevo giro del destino manipulado por fuerzas superiores a él. No importaba, tal vez era consciente de que se dejaba manipular, pero no podía ignorar lo atractiva de la idea de volver a tener a su hermano.- si el estuviera aquí muchas cosas cambiarían, e incluso Folken podría tomar su lugar como primer príncipe de Fanelia... y él podría irse lejos y nunca volver... ser libre de todo... pero lo más importante, Folken estaría con él, ya no estaría solo, su hermano... tendría a su hermano.

- Veo que si has venido...- dijo una voz en medio de la oscuridad, Sean se encontraba de pie en medio del claro del bosque, junto a él se hallaba aquel dragón que alguna vez Folken intentó asesinar en la que era su prueba del dragón, los años habían pasado para aquel dragón viejo, sus escamas estaban blanquecinas y más arrugadas que lo normal, pareciera que la muerte rondaba el animal, más su inmovilidad lo hacía confundible con una roca blanca y enorme. Van sorprendido se quedó de pie sin avanzar más, un leve movimiento de cabeza del dragón hizo que Van se tensara, un ojo rasgado se había posado sobre él observándolo fijamente.- tranquilo mi señor...- dijo Sean acercándose con suavidad al animal acariciándole el morro con la palma se su mano.- el dragón gruñó en un gorjeo largo y suave, como consintiendo tal cercanía.- el es el rey que te dará descanso eterno... ¡dale el corazón rey de Fanelia!- gritó desde la distancia Sean aun conservando su calma.

- Que demonios ocurre...- pensó Van acercándose lentamente a ellos, el dragón parecía muerto, sin embargo su gran ojo no dejaba de mirarlo. Apenas Van se encontraba a unos centímetros del dragón Sean extendió sus alas las cuales parecían cada vez más oscuras. El dragón abrió sus fauces y extendió su lengua hasta quedar enfrente del pecho del rey, exhalando un olor putrefacto desde su estómago, Van comprendió que aquel animal estaba al borde de la muerte. Sin saber exactamente lo que hacía, sacó de su cinto la bolsa que contenía el corazón y el un ágil movimiento lo depositó en la lengua del dragón el cual de inmediato lo engulló con un sonido gutural.

Una luz cegadora cubrió el claro con fulgor, Van se cubrió los ojos ante aquel destello y retrocedió unos pasos intentando distinguir algo. El dragón extendiendo sus alas comenzaba a desaparecer entre sus cenizas como quemándose desde dentro. Todo fue tan rápido que el rey apenas alcanzó a comprender que el animal había desaparecido.

- Y de la liberación de la vida a la muerte... de la muerte a la vida...- dijo Sean con convicción. Una silueta encogida en el mismo lugar donde se encontraba el dragón comenzaba a respirar y a moverse convulsivamente emergiendo de entre las cenizas dejadas por el animal.

- ¿Hermano?...- balbuceó Van afectado.

- ¿Van?...- alcanzó a oír desde aquella silueta, aquella voz..., rápidamente el rey se arrodillo y trató de levantar al individuo que yacía como un recién nacido a los pies de Van. El rostro de Folken era el mismo, los mismos ojos, su cabello que parecía haber crecido en desmedida, su cuerpo era débil en esos instantes, pero seguía siendo fuerte a la vez,- Van... ¿Qué has hecho hermano?...- murmuro Folken al tiempo que levantaba su mirada y la clavaba en Sean el cual mostraba una media sonrisa de satisfacción en su rostro.

- Calma Folken... no te apresures, estoy aquí hermano...- dijo Van mientras se quitaba su capa y la colocaba sobre los hombros del primer príncipe de Fanelia.

- Tú has obtenido lo que querías... ¿piensas manipularme ahora que Van ha hecho lo que le pediste?...- preguntó Folken tratando de incorporarse tambaleante sobre sus piernas.

- No pienso en hacer nada... a decir verdad si ayude a tu querido hermano a traerte de vuelta, tal vez sea por mi propia conveniencia, bien sabes que cuando ellos quieran volver a este mundo no estarán muy felices por mi supuesta traición, necesitaré aliados... aunque estos no sean de mi total agrado... no podré solo... nadie puede solo frente a los ancianos Folken...-

- ¿Y esperas que estemos de tu lado?, no eres mejor que ellos Argaviel... no eres mejor de los que tu llamas tus enemigos.- dijo Folken con dureza mientras Sean le daba la espalda dispuesto a marcharse.

- Tal vez tengas razón... pero eso no me importa en lo absoluto, yo solo quiero tener mi mundo a mi parecer con quien yo quiera a mi lado... eres fuerte, tus alas son negras... fuiste elegido para destruir como para crear Folken Lacourt de Fanel.- y dicho esto Sean desapareció en medio de la oscuridad del bosque dejando a los dos hermanos en medio de su propia penumbra.

******

Lejos de ahí en medio de la nada un pilar de luz descendía del cielo trayendo dentro de sí a Hitomi y Allen.

- ¿Dónde estamos Allen?- preguntó Hitomi una vez la luz que los rodeaba los abandonó dejándolos a merced de un hermosos atardecer. A lo lejos unos hombres se acercaban corriendo ladera arriba.

- Estamos en Asturia Hitomi...- respondió Allen con calma.

- ¿Cómo lo sabes?-

- La aurora de la tarde, la sal en le aire, y aquellos soldados que portan escudos de Asturia que vienen a saludarnos... claro- dijo Allen alardeando de algo obvio, lo cual hizo a Hitomi reír con gracia.

- Que gran deducción caballero...- contestó la chica mientras dirigía su mirada al atardecer.

- ¡¿Quiénes son, identifíquense?!- gritaron los soldados con fiereza, armados con espadas y flechas. Allen al ver aquello se sorprendió.

- Soy Allen Shezard, alguna vez nombrado caballero Caelí de las fuerzas reales de Asturia y quien me acompaña es la salvadora de Gaea Hitomi Kanzaki, solicitamos audiencia con los reyes de Asturia...- decía Allen mientras ocultaba parcialmente el cuerpo de Hitomi para protegerla.

- ¡Mentiras!, ¡nuestro caballero desapareció en las tierras de Fanelia usted es un impostor!- dijo un soldado colocándose en guardia para atacar.

- ¡Allen!- gritó Hitomi asustada ante la situación, al tiempo que hundía sus dedos en le brazo de Allen.

- ¡Detente soldado!- gritó una voz a las espaldas del pelotón que rodeaba a la pareja.- ni te atrevas a levantar tu espada morirás... no hay quien pueda ser superior a la habilidad del gran espadachín de Gaea.

- ¿Gadeth?- Dijo Allen con una media sonrisa relajándose al instante.

- Creímos que habría muerto capitán- dijo Gadeth bajando de su caballo yendo a recibir a la pareja con una inclinación de cabeza.

- Han pasado muchas cosas...- respondió el caballero con un suspiro.

- Sea como sea, se alegrarán de tenerlos de vuelta, desde que ustedes desaparecieron, Fanelia se ha sumergido en una especie de oscuridad inquietante...como puedes ver han cambiado muchas cosas...- dijo Gadeth mientras hacía una seña a un soldado para que trajera un caballo y el soldado que los había amenazada bajaba su cabeza avergonzado.

- ¿A que te refieres Gadeth?- preguntó Hitomi con preocupación al notar la hostilidad con la cual fueron recibidos.

- Un individuo a aparecido en el palacio... es extraño, sin embargo siempre se mantenía cerca del rey, vestía extrañamente... a decir verdad ahora que lo noto sus ropas eran muy parecidas a las que viste el capitán en estos momentos- respondió la mano derecha de Allen al tiempo en que catalogaba la apariencia del caballero el cual vestía ropas de la luna fantasma.

- ¿Alguien de la luna fantasma?- dijo Hitomi no dando crédito a aquellas palabras.

- Eso no es todo, desde su desaparición las cosas se han vuelto delicadas, los rumores de su muerte se hicieron sentir en Fanelia, los muchos quienes vivíamos ahí, dentro de los cuales me incluyo decidimos abandonar la cuidad... tal vez por temor y también por ignorancia, el no saber absolutamente nada de ustedes hizo crecer las especulaciones de que el Rey os había matado... habían testigos de que aquella noche de la boda el rey había regresado al castillo en medio de la tormenta bañado en sangre y preso de la locura, muchos consejeros guardias de palacio aseguraban haberlo visto con sus propios ojos... luego...- Gadeth silenció.

- ¿Luego que?- trató de hacerlo proseguir Allen mientras lentamente hacían camino a pie hacia el palacio escoltados por los guardias a unos pasos prudentes más atrás.

- Yo mismo fui quien revisó la cabaña de campo al día siguiente... allí estaba su caballo algunas de sus pertenencias y ropas de la señorita Hitomi, habían huellas de lucha y sangre la cual a pesar de la tormenta nocturna no habían desaparecido de la tierra... era mucha sangre...-

- Era mi sangre Gadeth...- respondió Hitomi tristemente mientras recordaba lo ocurrido aquella noche.

- Dios entonces usted fue herida... ¿Quién...?- intentó preguntar Gadeth pero Allen lo silenció.

- Tal vez despues Gadeth, ahora no es prudente hablar de más.

- Comprendo...- respondió este.

- ¿Y Celena?... ¿Qué ocurrió con mi hermana?- dijo de pronto Allen entrando en cuanta de la seguridad de su hermana.

- En cuanto a ello... me tomé el atrevimiento de llevármela conmigo el día en que decidí salir de Fanelia, ella llegó a mí en cuanto supo mis intenciones y me pidió encarecidamente que no la dejara... a pesar de sus ruegos yo ya había tomado la decisión de llevarla aunque ella no quisiera, desde entonces ella se encuentra en mi casa en Asturia...-

- ¿En tu casa?- dijo Allen un tanto molesto ante la situación.

- Hee... si, bueno... Se muy bien que no es correcto que una doncella y noble más aún viva con un hombre solo y de bajo nivel en su casa, pero...- Allen arrugaba la frente mientras Gadeth intentaba explicarse- Ella no deseaba irse a ningún lado... a pesar de mi insistencia, la del Rey Chid, la Reina Millerna... ella no quiso marcharse de mi casa...

- Supongo que mi hermana debe haber tenido una muy buena razón para haber tomado esa resolución, no te preocupes por eso Gadeth, confío en ti, que más podría haber hecho después de que procuraste por la seguridad de mi querida hermana incluso a pesar de mi desaparición... te lo agradezco- dijo Allen con un semblante más sereno el cual tranquilizó además a su amigo.

- Hay que volver a Fanelia Allen...- dijo Hitomi con preocupación.- no me gusta lo que esta sucediendo es todo muy extraño.

- Lo sé, primero nos presentaremos ante Millerna y Dryden, desde allí enviaremos una misiva a Fanelia anunciando nuestra visita, es más seguro de esta manera, una llegada intempestiva podría ocasionar confusión entre muchos, más ahora de que muchos nos creen muertos... y lo que es peor a manos del rey de Fanelia.- dijo Allen con semblante preocupado.

- Debe ser cuanto antes... debes avisar a Freid también, Chid...- dijo Hitomi con impaciencia.

- Tranquila Hitomi, no nos apresuremos un paso a la vez-

- Lo siento Allen- se disculpó mientras en su interior un presentimiento de infortunio se apoderaba de ella. De pronto una visión la embargó como hace mucho tiempo no lo hacía, en ella Van se encontraba en su trono en el castillo Samurai, a su lado Folken lo acompañaba y desde las sombras... un hombre, ocultaba su rostro en la oscuridad, aquellos ojos le eran familiares la mirada...

- No dejaré que nada malo les ocurra... lo juro...- Van la abrazaba por la espalda mientras le susurraba en los oídos aquellas palabras. Hitomi en silencio no era capaz de decir nada, Van tenía sus manos cubiertas en sangre y por más que intentaba darse la vuelta para ver el rostro del rey los brazos que la asían no cedían un centímetro.

- Debes uir, debes salvarlo de los maestros...- Folken ahora a su lado la llevaba de la mano, guiándola en medio del fuego y las cenizas...- Protégelo...- en un momento la visión se fue y todo regresó a la normalidad Allen estaba en frente de ella mirándola con atención.

- ¿Qué sucedió Hitomi?- le preguntó este. La chica aun no salía de su asombro y confusión.

- No lo sé Allen... estaba un hombre extraño, Van me protegía de no sé que, y luego Folken... corríamos en medio de la nada...- Hitomi se sentía horrorizada y confusa por aquella visión, sus manos temblaban y su voz rozaba la histeria, era increíble que nuevamente las experimentara, una incomodidad surgió en su corazón, la vez anterior Van estaba enfermo y se había casado... ¿Qué significaba esto?.

- Debes calmarte, Hitomi- dijo Allen mientras la cobijó en sus brazos, sin dejar de preocuparse por ella.- Si tuviste una visión, es por que debe de ser algo muy importante, ya hablaremos con Van y verás que todo mejorará.


Se muy bien que no tengo perdon por abandonar mi fic- no dejare escusas solo anuncio que volvi para terminarlo y pido disculpas a mis lectores por ser tan ingrata, se vienen momenos muy emotivos en los proximos capitulos. Muchas gracias.