La Era de Diva

—¡Carajo, qué lluvia!— exclamó uno de los policías, a unos metros de la escena y cubriéndose de la lluvia con un periódico, maldiciendo su mala suerte. Como pudieron, los hombres más robustos se agruparon y levantaron sobre el área principal una estructura de metal cubierta con gruesas lonas, para evitar que la lluvia contaminara la escena, aunque era imposible detener su recorrido en los charcos que se formaban y corrían en pequeños pero constantes torrentes por las grietas y desviaciones en el asfalto del callejón, mojando lo que había quedado del cadáver, y probablemente perdiendo importantes pistas. La única ventaja fue que gracias a la lluvia, la gente comenzó a disiparse y a salir corriendo, tratando de cubrirse. Kai llevaba un rato asomado en la ventana, escondiéndose entre las cortinas. Abajo, en la calle, las patrullas cerraban el paso y los policías iban y venían.

—¿Estás diciendo que esto lo provocó Saya?— inquirió Julia, acercándose a David y rompiendo el silencio.

—Cuando bajé a buscarla sólo encontré el cuerpo del portero. No hay que usar mucho la imaginación para saber quién fue— ante la respuesta, sin aviso alguno Kai se abalanzó furioso sobre el militar. David no tuvo tiempo de reaccionar, quedó un poco sorprendido, porque la fuerza y la rapidez con la cual Kai lo empujó casi lo tira al suelo, aunque se mantuvo impávido.

—¡Saya no pudo hacer eso!— afirmaba el descolocado muchacho mientras jaloneaba a David por el cuello de la camisa. El hombre, indignado por el gesto, se lo quitó de encima bruscamente. Lewis ya se preparaba para detener una próxima pelea, donde ahora, con Kai convertido en Caballero, temía por la vida del rubio... y por la del muchacho.

—Saya saltó. Te aseguro que quedó malherida, sin contar que se encontraba muy inestable. Era de esperarse que el hambre y la presión la obligaran a atacar— respondió David. Kai frunció el entrecejo y desvió la mirada. Muy a su pesar, había que reconocer que David tenía razón. Jamás pensó que Saya fuera a atacar alguna vez a otro humano. Pensó que eso era cosa del pasado.

—No olvides que Saya sigue siendo un quiróptero, Kai— dijo con firmeza David —Y ahora eres su Caballero.

—Saya es mi hermana— espetó el muchacho, pero muy en el fondo sabía que se engañaba —¿Y qué se supone que haga?— murmuró después, con gesto decaído, caminando por la sala —No sé nada de... ser un Caballero—

—Bueno, no es como si fueras el primero. Un par de Caballeros seguro tuvieron que aprender a usar sus habilidades por si mismos— dijo Lewis, acercándose a Kai y poniéndole una mano en el hombro como gesto de apoyo —No es nada del otro mundo, y ahora que Saya parece tentada a volver, porque seguro que lo hará, podrías pedirle ayuda a Hagi— el moreno estuvo a punto de sonreír, pero entonces Kai abrió los ojos como un demente, su boca y cejas se torcieron y su gesto se vio invadido por una furia impotente, mientras se alejaba de Lewis.

—¡Hagi! ¡Ese maldito!— exclamó Kai hecho una furia, dejando a los presentes confusos —Ni siquiera me lo menciones. Él es el culpable de todo esto— agregó sin pensarlo mucho, pero cuando quiso encontrar una respuesta a su afirmación, su mente quedó en blanco. Tenía una sensación extraña donde creía Hagi estaba involucrado, pero no podía recordar de qué se trataba exactamente.

—No empieces otra vez con el cuento de que es aliado de Diva— se apresuró a decir Mao, pero el chico la interrumpió.

—No, no me refiero a eso— por un momento Kai pareció calmarse, como si intentara recordar algo —No sé por qué pero… si antes Hagi no me daba buena espina, ahora menos. Tengo un mal recuerdo de él, pero no sé de dónde, ni de cuándo—

—Ahora que lo mencionas…— dijo Lewis —Anoche Saya llegó sin Hagi, ¿verdad?—

—Mao, ¿anoche en el club, viste a Hagi?— le preguntó Julia.

—No, no lo vi, y si me lo topé seguro que usaba un muy bien disfraz, aunque conociéndolo, dudo mucho que haya ido con Saya a ese lugar— contestó la chica encogiéndose de hombros.

—Eso explicaría por qué Saya estaba sin él— afirmó David.

—¡No, no! ¡¿Acaso todos están ciegos?!— gritó de pronto Kai —A estas alturas deberían ya haberse dado cuenta de que Hagi no es quien creen que es—


El cuerpo del hombre desangrado había sido retirado de la escena un buen rato atrás y ahora estaban tomando todas y cada una de las cosas que podían encontrar, guardándolas en pequeñas bolsas herméticas y frascos esterilizados. La lluvia se había intensificado pero no había viento, para fortuna del cuerpo policial, que ya estaba conectando el caso del asesinato y el supuesto intento de suicidio con los crímenes de la Vampiresa de Nueva York, debido a las semejanzas en las heridas que le causaron la muerte a la víctima.

Un hombre de mediana edad tartamudeaba frente a un policía mientras era interrogado por este. Habían tenido que conseguirle un par de aspirinas y un vaso de agua para que lograra calmarse y hablar. Era compañero del hombre asesinado. Era uno de los testigos que había logrado ver más o menos de cerca a la chica que había saltado.

—¿Ella vive aquí?— lo interrogó el policía, con lápiz y cuaderno en mano.

—No, nunca la había visto— respondió el hombre mirando atentamente el vaso de agua, un poco ido.

—¿La vio de cerca?—

—Más o menos, no tanto—

—¿Puede darme una descripción física?— preguntó el policía, listo para anotar.

—Bueno… eso creo. Era joven, eso seguro. No la vi de cerca pero no creo que llegara siquiera a los veinte años— hizo una pausa, tratando de recordarla más detalladamente —Era delgada, un poco morena. Cabello negro, corto. No puedo decirle con seguridad de qué color eran sus ojos, pero yo creo que eran cafés—

—¿La vio saltar?— preguntó el policía.

—La vi caer. Yo estaba aquí dentro haciendo una llamada y de pronto sólo vi que algo cayó. Al principio no supe qué era, quedé paralizado, pero segundos después me di cuenta de que era una persona. No pude reaccionar ni llamar a una ambulancia—

—¿La joven estaba herida?—

—Eso seguro. Al principio pensé que estaba muerta, pero entonces la chica se movió. Se levantó como atolondrada, pero vi claramente como una de sus piernas se torcía y comenzó a sangrar. Lo raro es que casi de inmediato se puso más o menos de pie y medio se arrastró, muy rápido, la verdad. Fue entonces cuando mi compañero la siguió— dijo, intentado que el temblor en su mandíbula no lo hiciera confundir las palabras y los recuerdos.

El policía anotó lo más importante en su libreta, le preguntó un par de cosas más, si recordaba cómo estaba vestida y otros detalles, pero como uno de los pocos testigos de la escena, sería una fuente de información importante y debían llevarlo a la comisaría. El hombre aceptó de buena gana y aun temblando un poco se metió a una de las patrullas. Estaba como en blanco y no sabía cómo reaccionar ante la muerte de su compañero. Ni siquiera tenía ganas de llorar o algo. La situación era casi bizarra.

—El compañero del portero dice haber visto de lejos a la chica que saltó. ¿Lo llevamos con nosotros, verdad?— le murmuró el policía a su jefe.

—Claro, claro que sí—

—Y… ¿usted de qué cree que se traté todo esto?— inquirió con un gesto de intriga y un tono de sospecha que todos los que se habían encargado de la emergencia ya tenían en mente.

—Pues una chica que salta desde una gran altura y sobrevive de milagro, y el hombre que intenta ayudarla aparece muerto y ni rastro de la chica… es bastante extraño—


No le prestaron mucha atención a Kai cuando comenzó a acusar a Hagi nuevamente. Al chico le daba la impresión de que el Caballero (aquel Caballero que ahora, por default, se había convertido en una especie de compañero) parecía estar protegido por una barrera invisible que hacia que la gente pensara que no era capaz de matar ni a una mosca; sin ser un santo, pero tampoco sin ser malvado, e incluso era más fácil imaginarlo con un destello de maldad que como un traidor a su reina. La seriedad, la extrema formalidad y los sacrificios que había hecho a lo largo de su vida le había conferido con el tiempo la idea que todos tenían de él: que no era más que un hombre que dedicaba su existencia a la existencia de Saya, ni más ni menos. No había razón para desconfiar de un hombre el cual tenía como única meta la seguridad de Saya, ya fuera por otras razones más personales o por una cuestión de sangre y fidelidad, o tal vez ambas. Eso era lo de menos.

Era una buena justificación, pero Kai no estaba convencido. Nunca le había gustado la forma en la que a veces sorprendía a Hagi mirando a Saya, y si conocía un poco de ello, no le extrañaría que el Caballero sintiera algo más por Saya que un simple deseo de servidumbre hacia ella. El amor, si es que existía en este caso, podía ser muy traicionero, y era un hecho que el amor había llevado a la locura a más de uno. Era joven, pero no estúpido, y en los últimos dos años había pasado por un sinfín de cosas que ahora lo hacían sospechar de todo y no creerse de lo primero que tuviera enfrente. Era por eso que Hagi no le daba confianza.

—¡Pero…!— intentó insistir Kai, pero David lo interrumpió.

—La policía no tardará en llegar. Comenzarán a interrogar a los habitantes del edificio para determinar de dónde exactamente saltó Saya—

—Puede ser un poco problemático cuando vean que no hay ningún parentesco entre nosotros— comentó Lewis.

—¿Y Saya? ¿Qué hacemos con Saya? ¿Qué diremos?— preguntó Okamura, visiblemente angustiado.

—Que no sabemos nada de la chica que saltó, pero como los demás habitantes del edificio tampoco saben nada, probablemente nosotros seremos los más sospechosos— contestó David —Así que los quiero tranquilos, sobretodo a ti, Kai— agregó, mirando directamente al chico.


Al final, su testigo fue de ayuda, pero tampoco tanta como creían. El hombre aseguraba haberse quedado paralizado al ver a la chica caer al suelo. Nueva York era una ciudad problemática pero no todos los días ves a alguien saltar de un edificio. La descripción que dio de la chica fue un tanto escasa, pero precisa. Aun no podían determinar si se trataba de alguien peligroso o sólo una chica trastornada, pero por ahora, la joven suicida era la única sospechosa. Por un momento tuvieron la teoría de que el hombre pudo haber sido víctima de cualquier delincuente o algún vagabundo trastornado con el cual desafortunadamente se topara en el callejón, pero las heridas eran demasiado inusuales y perturbadoras como para tratarse de un encuentro tan casual. No era un método improvisado. Después de la autopsia, se determinó que al cuerpo le faltaba una enorme cantidad de sangre, la cual había sido extraída aun con vida, y las mordidas en el cuello eran evidentes e incluso un poco salvajes. Esa clase de heridas y maneras de matar siempre pertenecían a asesinos en serie o criminales seriamente trastornados por delirios y fantasías. Los involucrados en el caso, ya acostumbrados a ver toda clase de barbaries, intercambian bromas de vampiros, zombies y apocalipsis.

A los oídos del dibujante llegó la descripción de la joven, el cual plasmo lo más fielmente posible al papel, para después ser pasado a una digitalización computarizada para darle más realismo. A pesar de las ventajas tecnológicas de la actualidad, no había muchas esperanzas. No sólo el crimen y la sospechosa eran extraños, las mismas pistas para encontrarla eran casi irreales.

—¿Así?— preguntó un policía a un lado de una computadora. En la pantalla, la imagen de la joven descrita tomó forma en una imagen tridimensional. Un rostro pequeño, rasgos finos y delicados, pómulos levantados y mejillas de joven. Cabello negro, corto y grandes ojos –presuntamente cafés- todo dentro de una tez ligeramente bronceada.

—Sí, sí, creo que así era— dijo el portero, cuando lo llamaron para corroborar la imagen.

La policía siguió investigando. Se encontraron cabellos negros en la escena del crimen y por supuesto, muestras de sangre, y al igual que en los anteriores asesinatos, cuando la sangre fue analizada, esta coincidió con la anterior… el único problema, y los médicos forenses no sabían cómo explicarlo, es que los estudios y análisis de sangre siempre resultaban "defectuosos". Estaban todos los componentes y bases en la sangre, y al principio los resultados eran normales, pero cuando los análisis estaban por terminar, siempre aparecía un "quinto elemento" que, ante los estudios, siempre resultaba como desconocido, algo sin precedentes, lo cual sólo aumentaba el enigma de la identidad del asesino. Más de uno ya no se preguntaba "¿quién era?" sino "¿qué es?". Aunque la sangre fue analizada en tres laboratorios diferentes e incluso mandada a otros estados, uno más sofisticado que el anterior, el resultado era siempre el mismo. El cabello también coincida con el encontrado en las anteriores escenas, pero tampoco existía registro alguno. Lo único que difería entre el intento de suicido y el asesinato, con los demás crímenes, eran los patrones dentales y las huellas digitales, aunque ambos eran en extremo parecidos.

—¿Existe la posibilidad de que se trate de dos asesinos?— se preguntó en voz alta uno de los investigadores, mirando atentamente la imagen de la joven.

—Asesinas, querrás decir— lo corrigió uno de sus compañero —Puede ser; las descripciones anteriores de la sospechosa, así como las evidencias encontradas, difieren con la chica más reciente. Los primeros asesinatos apuntan a una joven de cabello largo, y según lo que nos dijeron los testigos, la chica tenía ojos azules, no cafés. También difieren los patrones dentales y las huellas, aunque son muy parecidos, sobretodo los dientes—

—¿Entonces? Existe la posibilidad de que se haya cortado el cabello, o de que estuviera usando antes extensiones o una peluca. También lo de los ojos puede arreglarse con unas lentillas—

—¿Y las huellas, y los dientes?—

—¿Y si nos estamos equivocando? Tal vez la chica que saltó no tenía nada que ver y sólo estuvo en el momento y lugar equivocados—

—De todas formas es muy extraño. ¿Crees que alguien podría sobrevivir a una caída como esa? Puede ser, claro, pero una joven herida, a juzgar por la cantidad de sangre que no pertenecía a la victima, no pudo haber ido muy lejos con semejante daño— por muchas conjeturas que intentaron hacer, analizar nuevamente las evidencias (que tratándose de alguien "normal" habrían sido muy útiles) y repasar nuevamente cada uno de los casos, que en total sumaban nueve, la policía de Nueva York no logró hallar una explicación completa. Sólo sabían que podían tratarse de dos mujeres, que los análisis de sangre no resultaban normales y que el modus operandi, aunque difería entre la Vampiresa de Nueva York y la nueva sospechosa, ambos compartían la característica en la forma de matar de los vampiros clásicos de las leyendas, y sin embargo al mismo tiempo parecían improvisados, casi hechos ahí mismo sin planeación alguna, otra diferencia con algunos de los casos de asesinos seriales más famosos de la historia.

Al final, al elaborar el perfil, concluyeron que se trataba probablemente de una, o dos asesinas, ambos entre quince y veinte años, con tendencias sádicas y probablemente con un fetichismo hacia el vampirismo y la sangre. Podían tratarse también de drogadictas impulsadas por algún delirio. Las marcas de colmillos encontrados en los cuellos destrozados de las victimas (que eran caninos mucho más largos y afilados que los normales) podían deberse a una prótesis artificial específicamente hecha para emular unos colmillos más parecidos a los de un animal. Aquello era una practica común entre los fanáticos del vampirismo, y pensando que se trataba de dos fetichistas, la policía acudió a los centros nocturnos de esa índole, investigó entre el selecto y subterráneo mundo de los juegos de rol y la subcultura gótica, tan asociada con el interés hacia lo vampírico, pero por más que buscaron, los integrantes no conocían a nadie con esas características y no pudieron dar gran información, ninguno de ellos tenía nada que ver; de hecho, la mayoría de ellos se trataban de profesionistas, gente completamente normal, algunos hasta con familia, veteranos en aquel ámbito, o novatos que comenzaban a explorar aquel mundo irreal, y todos tenían coartadas viables, lógicas y completamente ciertas. No eran más que personas a las que les gustaba salir un poco de la rutina y tomar otra cara los fines de semana, pero nada más.

Era en momentos como esos cuando la policía odiaba que todo el mundo pareciera bueno y decente.

Investigaron a los dentistas de la ciudad que pudieron haberse encargado de hacer una posible prótesis a las asesinas, pero entre los registros no encontraron a nadie fuera de lugar ni con las características de las sospechosas. Mientras, otro par de investigadores se había encargado de interrogar a todos los que vivían en el edificio de dónde pudo haber saltado la chica. Nadie parecía saber nada, sin embargo, los que resultaron más sospechosos fue un grupo que, no parecían ser amigos compartiendo un piso, ni familiares. Una doctora, un ex militar, un hombre de color amigo de estos dos, dos adolescentes asiáticos y un reportero igualmente oriental. Un grupo extraño, sin embargo, ninguno parecía saber nada, aunque los tenían en la mira.

La policía nuevamente se quedó sin más de donde buscar y con el caso abierto.


Había pasado una semana desde el incidente en Halloween. Saya no había salido de su habitación para nada, y pasaba mucho tiempo dormida. Sabía que su hibernación estaba por llegar y se le acababa el tiempo. Deseaba más que nada regresar al Escudo Rojo, pero no sabía cómo ni con qué cara iba a hacerlo, sin embargo era una decisión ya tomada. Saya iba a regresar a como diera lugar, pero no quería que su hermana se enterase. No sabía cómo podría reaccionar ante su abandono, así que decidió guardar silencio, y sospechaba que su hermana menor ya esperaba eso, porque no había ido a verla en todo ese tiempo. Saya prácticamente se había enclaustrado. Tampoco sabía nada de Solomon. Al único que había visto era a Hagi, y era reconfortante el saber que nuevamente volvía a vigilar su sueño, recargado contra la pared, observándola. Ahora con Kai convertido en su Caballero, Saya sentía que debía elegir entre su hermano adoptivo y su hermana de sangre. Su elección final era más que obvia. Tal vez no podía pertenecer del todo al mundo de los humanos, pero tampoco podía ser parte del mundo de su hermana, y si tenía que ser así, sinceramente prefería morir. Después de todo lo sucedido desde que había llegado a la mansión, su vida se había vuelto un caos aun mayor que antes, sólo que se trataba de un caos más intimo, más discreto, casi mudo, y aun así más intenso y angustioso. Aquello era una señal más que obvia que le decía que su lugar no era ahí. Su lugar era cualquiera donde se tuviera que matar a un quiróptero, junto a su espada.

Sí, había cometido un error, pero siempre se podía rectificar, ¿verdad? Había estado cansada, hastiada de la guerra, cansada de sufrir, y pensó que yéndose con su hermana, más no uniéndosele, podría tal vez hacerla entrar en razón y que olvidara su venganza, y así ella, Saya, también podría olvidar la suya. Tal vez las cosas no tenían porque ser tan drásticas ni tan extremas, pero Diva no parecía interesada, nunca lo había estado, y si era así, a Saya no le quedaba otra opción más que pelear. Fue un error gravísimo creer que no tenía porque ser así… un error grave porque gran parte de todo eso era su culpa. Era como querer lavarse las manos con más sangre.

¿Y cómo, por un momento, había olvidado todo lo que su hermana había hecho? La masacre en el Zoológico, los experimentos, las atrocidades y las muertes cometidas en su nombre y su sangre, la muerte de Riku… Saya estaba convencida de que a pesar de que su hermana no comprendía del todo, o no comprendía nada sobre el concepto del bien y del mal, de lo correcto o incorrecto, no era del todo su culpa. El verdadero villano aquí era Amshel, ni si quiera Diva o ella misma. Aquel hombre cruel había usado a Diva como un títere, la había manipulado para su propio beneficio, disfrazando aquella avaricia de conocimiento y esa obsesión hacia su hermana bajo un halo de amor casi paternal y fidelidad.

Después de todo su hermana no era la culpable, pero si Diva no se daba cuenta de ello, a Saya no le quedaba otra opción más que eliminar al origen de todo aquel mal. Saya era la culpable, pero el origen era Diva.

—Sigue siendo una serpiente; no me puedo detener hasta matarla— murmuró Saya.

—¿Serpiente?— una voz llamó su atención, haciéndola saltar sobre la cama y mirando con cierto temor a la dueña de aquella voz. Era Diva. ¿En qué momento había entrado a su habitación? Se preguntó Saya. No podía estar tan distraída.

—Creo que ya estás delirando, hermana. ¿Se acerca tu sueño?— preguntó la joven con gesto inocente, acercándose a ella y sentándose en la cama.

—Eso creo— contestó su hermana con voz débil.

—Qué lastima. A mi aun me falta un año. Este lugar se pondrá muy aburrido sin ti— le dijo con una sonrisa extraña. Saya desvió la mirada. Sabía que dentro de poco no estaría más en esa casa de locos.

—Diva…— susurró Saya, atrayendo la atención de su hermana.

—¿No te gustaría… no sé… terminar con todo esto?— inquirió con un claro tono de duda en la voz, dándose cuenta de inmediato de que lo que decía era una estupidez. Diva jamás podría encajar con los humanos, pero ante este pensamiento se forzó a pensar lo contrario. Diva no era más que una niña herida necesitada de amor y atención. Si los humanos se lo pudieron dar a ella, a Saya, a tal punto de hacerla sentir humana, ¿por qué no a su hermana? Tal vez la idea no era tan descabellada.

—¿A qué te refieres?— inquirió la ojiazul con gesto confuso.

—A… nada. Olvídalo— musitó Saya, suspirando cansada. Diva refunfuñó.

—Estás cansada. Bien, te dejaré dormir— contestó la chica levantándose y caminando hacia la puerta, pero antes de irse, volvió a llamar a su hermana.

—Saya…— murmuró Diva, haciendo que su hermana la mirara —¿Me vas a abandonar, verdad?— la aludida abrió los ojos enormemente, casi con gesto de espanto. ¿Cómo era posible que lo supiera, o que lo sospechara? Cada día Saya se convencía más de que su hermana poseía habilidades que ella no.

—No, claro que no—

—Mentirosa— le espetó Diva con rencor infantil, saliendo de la habitación.

Saya tenía que salir de ahí lo más pronto posible.

Minutos después escuchó a su hermana cantar. Tuvo que taparse los oídos.


—Por esa cara, imagino que todo te salió mal— Solomon entró a la habitación acompañado de una sutil sonrisa, acercándose a Diva, quien caminaba lentamente por el salón de música.

—Vete al diablo, Solomon. Y no me interrumpas cuando canto— le espetó la joven con mala cara, deteniendo su interpretación.

—Creo que este plan no fue viable desde un principio. Creo que me dejé llevar también— murmuró el Caballero, sin importarle que la joven intentara continuar con su interpretación.

—Tengo que ensayar para el concierto— insistió ella, quien había desafinado en la última nota, cortesía de Solomon —Nathan ya me regañó por eso—

—Es obvio, Diva. Ni Hagi, ni Saya, tienen remedio. Están demasiado atados a su propio mundo, y ese mundo no es el tuyo. Tú igualmente estás muy atada al tuyo. Ninguno de los tres tiene remedio— Diva lo ignoró y siguió cantando —¿Qué sucedió esa noche? Tal parece que hiciste algo muy malo que dio al traste con todo, sin contar el hecho de que Hagi te rechazó, aunque no me has dicho los detalles, es algo que puedo notar, a juzgar por tu irritabilidad— la joven seguía sin prestarle atención, aunque era obvio que estaba atenta escuchando sus palabras e intentando concentrarse en su canto. Ya había tenido un par de fallos desde que Solomon comenzó a hablar.

—¿Qué esperabas, Diva? Saya es muy diferente a ti, y Hagi está demasiado enamorado de ella—

—¿Cómo tú?— le espetó la joven, deteniéndose una vez más.

—Creo que… es un empate, aunque admito mi derrota ante él, por ahora. Como dije antes, me dejé llevar. Saya ha sufrido demasiado, y yo no quería eso—

—Yo creo que ni siquiera estás enamorado de mi hermana, cómo tanto pregonas. ¿Y qué sabes tú del amor?— contestó bruscamente la joven con tono infantil.

—¿Y qué sabes tú de él?—

—Yo también lo he pasado mal, y si Saya sufre es por su culpa—

—Entonces ambas están atadas por el mismo lazo familiar de rencor. Son difíciles de romper, Diva, sino es que imposible. Sé que tu intención, al principio, parecía noble, pero en ti no cabe nada de eso— Diva lo ignoró nuevamente y retomó el canto, pero Solomon aun no terminaba, y la siguió —¿Qué pretendías, eh, Diva? ¿Destruir a Saya?—

—Tal vez, tal vez no, eso depende—

—Eres muy ambigua—

—Ah, claro, y Saya es un mar en calma, lívida como una santa— escupió sarcásticamente la joven —Si tanto la quieres, deberías tomarla a la fuerza y hacer que engendre un hijo—

—¿Tal y cómo lo intentaste con Hagi?— contestó Solomon, imperturbable —Aunque supongo que no se dejó como tú esperabas. Te dejó con el vientre vacio—

—¡Cállate!— exclamó su reina, iracunda, mientras se volvía hacia Solomon con un gesto deforme de furia, golpeándolo en la mejilla. Solomon se quedó un momento paralizado. Se llevó una mano al rostro, al lugar golpeado, y sintió un par de rasguños lo suficientemente profundos como para emanar unas gotitas de sangre.

—Mi cara…— murmuró, casi indignado. Se miró las manos, las yemas de los dedos ligeramente coloreadas de rojo. Sintió después las heridas cerrarse, y después miró a Diva. La joven estaba furiosa. Tenía las cejas retorcidas, la mirada intensamente azul, penetrante, mientras apretaba los dientes. Solomon endureció su mirada.

—Ya no quiero nada contigo, Diva. Haz lo que quieras— espetó con desdén mientras se retiraba de la habitación.

—¡Pues muy bien! ¡Tú también has lo que quieras, idiota!— vociferó ella mientras lo veía salir. Solomon ni siquiera volteó a verla por última vez, pero Diva lo despidió con un presagio perturbador. —Espero que mueras en manos de Saya— murmuró con voz grave mirando cómo Solomon cerraba la puerta. El Caballero se detuvo un momento, pero no dijo nada, y terminó por irse.

Una vez que se quedó sola, Diva se arrojó sobre un sofá y hundió el rostro entre los suaves cojines. Sus ojos se inundaron pero no alcanzó a llorar. Poco a poco todos la abandonaban.

Y todo por culpa de Saya.


Creo que esta vez no he tardado tanto en actualizar y eso me pone feliz (bueno, sólo fue un mes, hay veces en que tardo hasta dos o tres meses xD), y es bastante curioso porque, personalmente, este capítulo me aburrió un poco. No digo que sea malo (o no sé ustedes xD) aunque tampoco me dejó del todo satisfecha, pero creo que eso de ver CSI y Criminal Minds no me ha ayudado para lograr darle el toque de tensión e intriga que suelen tener los asuntos policíacos y los crímenes, lo digo porque honestamente no tengo idea de cómo haya quedado la intervención de la policía en el capitulo. Creo que hasta ustedes se aburrieron, pero bueno, era necesario ponerlos porque más hacia el final la policía va a adquirir un poquito de protagonismo, aunque no les daré final feliz.

Y con lo demás, como ven, Saya ha decidido abandonar a Diva, y ahora también la ha abandonado Solomon. La chica ya ha tenido su auge, es hora de tirar abajo la Era de Diva y empezar a darle problemas a todo el mundo, es por eso que así llamé a este capítulo; lo veo como el comienzo del fin de la "era" de Diva. Y por cierto, lo que más odié de este capítulo fue mencionar tanto lo de la Vampiresa de Nueva York. En su momento el apodo me pareció genial, pero ahora lo odio xD pero ni modo, ya no puedo cambiarlo (como quiera sé que para cuando termine este fic, lo odiaré con toda el alma xD).

Bueno, me retiro, y una vez más, gracias a todos los que me leen y me han acompañado hasta este punto.

Me despido

Agatha Romaniev