Ginny se retorció las manos con nerviosismo, mientras observaba el paisaje nevado allá fuera. Harry y Teddy volaban en escoba a tal velocidad, que sus siluetas eran apenas visibles a través de la ventana. Su esposo había insistido en regalarle una escoba a su ahijado para el sexto cumpleaños y desde entonces, cada fin de semana que Teddy los visitaba, Harry y el pequeño gastaban incontables horas en el patio, volando.

Las risas estruendosas de Teddy se escuchaban con tanta fuerza que la hicieron perder el hilo de sus pensamientos. Sus dos manos se posaron sobre su abdomen y sonrió inconscientemente, convencida de que pocas cosas eran tan maravillosas en el mundo como el sonido de la risa de un niño. Y no imaginaba cómo sería cuando las risas que escuchara fueran las de su propio hijo. Era cierto que Teddy era como un hijo para ella, pero detestaba con toda su alma el momento en que Andrómeda volvía a su casa, cada tarde de domingo, para llevarse al pequeño.

Y finalmente había sucedido.

Tres semanas antes se había dado cuenta de su embarazo. Después de muchas mañanas con dolor de cabeza y náuseas constantes, había decidido terminar con la duda, y el resultado de la prueba había sido positivo. La expresión en el rostro de Harry cuando le había dado la noticia, no tenía precio. Sus ojos se habían abierto hasta quedar casi el doble de su tamaño, y toda su cara irradiaba felicidad. La había llenado de besos y había susurrado gracias una y mil veces, con los labios ocultos entre su cabello. No recordaba haberlo visto tan feliz desde la vez en que había aceptado casarse con él.

Nadie sabía la noticia a excepción de Ron y Hermione, pero no era de extrañar; porque ellos siempre eran los primeros en darse cuenta de todo lo que les sucedía. Ron había amenazado con matar a Harry por haber robado la inocencia de su hermana, pero Hermione lo había detenido con una simple mirada. Ginny rió al recordar la expresión pálida de Ron, que había apretado los labios y se había quedado callado.

Todo había sido felicidad, hasta que Hermione lanzó la pregunta que ella no había querido hacerse a sí misma: ¿qué iba a pasar con su carrera en el quidditch? Y con amargura se había dado cuenta que sus días como jugadora habían terminado. Esa misma noche, después de que Ron y Hermione se hubieron marchado, Harry la había abrazado y le había dicho que todo estaría bien, que juntos resolverían el problema.

Ginny estaba segura de que lo harían, porque tras muchas horas de pensamiento, había concluido que aunque amaba el quidditch con toda su alma, más grande era el amor que sentía por la criatura que se gestaba en su vientre. Si algo era cierto, era que por convertirse en madre, no tenía que dejar de trabajar; pues aunque no fuera como jugadora de quidditch, había muchas opciones de dónde escoger. No era el hecho de que ser una mujer que se dedicara a criar a sus hijos, fuera algo malo, sino más bien admirable. Su madre era quizá la mujer más fuerte que conocía y una madre abnegada, sobre la que todo el mundo destacaba el hecho de haber criado a siete hijos y Ginny la respetaba por eso. Pero ella no se veía así. Quería tener hijos, pero siempre existían las ganas de querer hacer algo más con su vida.

Luego estaba el otro pequeño problema: ¿cómo decírselo a Teddy? Ginny no estaba segura de cómo podría tomarse el niño las noticias. Ella era la menor de siete hermanos, la única mujer nacida después de muchas generaciones y a pesar de que su familia era numerosa, sus padres siempre le habían dedicado una atención especial, porque en las propias palabras de Arthur Weasley, ella era la princesa. Nunca se había sentido desplazada o menos querida, como sí le había sucedido a Ron, según le había confesado este mucho tiempo atrás. Y ese era su principal temor, que Teddy llegara a sentirse menos importante.

La puerta de la casa se abrió y Ginny salió de su ensimismamiento. Harry traía a Teddy sobre sus hombros, sin dejar de sonreír. Algo que nunca olvidaría sería la imagen de la primera vez en que Harry había tomado a Teddy entre sus brazos, temeroso de dejarlo caer. Sus ojos habían adquirido un brillo especial, y ese mismo brillo se asomaba siempre a sus ojos durante los momentos en que compartía con su ahijado.

La guerra los había cambiado a todos, pero era en Harry en quién más se notaba ese cambio. Ahora la risa acudía a su boca con inusitada facilidad y en lugar de encerrarse en sí mismo cuando algo malo sucedía, era capaz de abrirse y expresar lo que sentía. Más de una vez Hermione le había dicho que ese gran cambio se debía principalmente a ella y a Teddy, y no podía negarlo, le gustaba pensar que había traído un poco de alegría a la vida de Harry con su presencia.

- ¿Ginny?-

La muchacha sacudió la cabeza.

-Lo siento. Estaba distraída-

Harry sonrió.

-Teddy está lavándose las manos. ¿Crees que este es el momento adecuado?-

-Sí- dijo Ginny, aunque en el fondo seguía nerviosa- Voy a servir el té.

Varios minutos después, Teddy se encontraba sentado entre Harry y Ginny en el sofá, mientras engullía con voracidad las galletas que Ginny le había servido. Cuando consiguió comérselas todas, se volteó emocionado hacia Harry.

-¿Siempre iremos a ver a los Chudley Cannons con el tío Ron?-

-Sí- dijo Harry, desordenándole el cabello- Si conseguimos que no te atragantes con las galletas.

Teddy le dirigió una enorme sonrisa, mientras Ginny rodaba los ojos a su lado.

-No sé cómo lo llevas a esos partidos, si todo el mundo sabe cuál es el mejor equipo- dijo ella- ¿No es así, Teddy?

El pequeño asintió.

-El mejor equipo son las Holyhead Arpies, pero no le podemos decir eso al tío Ron, porque sino se sentiría muy decepcionado- recitó el niño, justo como le había enseñado a hacerlo Harry, cada vez que hablara con Ginny o con Ron sobre cuál equipo era el mejor. Sólo bastaba con cambiar la posición de los equipos en la oración y el "tío Ron" por el nombre de Ginny, y los dos hermanos continuaban felices pensando que Teddy apoyaba a su equipo favorito, cuando en realidad su equipo preferido era el Puddlemere United, a cuyo miembro más famoso, Oliver Wood, ya había conocido, gracias a Harry.

En su ignorancia, Ginny sonrió satisfecha. Harry, por su parte, se aclaró la garganta, para recordarle a su esposa que aún quedaba algo más de lo que debían hablar. Ginny suspiró, su expresión tornándose seria de repente. Teddy, quien a pesar de su tierna edad, era un niño perspicaz, supo que pasaba algo. Sus grandes ojos verdes, idénticos a los de Harry, observaron a Ginny llenos de duda.

-¿Hice algo malo?- preguntó el pequeño, con una voz diminuta.

- Claro que no, Ted- se apresuró a decir Harry- Es sólo que Ginny y yo queremos decirte algo muy importante-

El niño los miró con ansiedad. Ginny suspiró, antes de pasar un brazo por los hombros de Teddy.

- Harry y yo te queremos mucho, Ted. Eres como un hijo para nosotros, pero eso ya lo sabías ¿verdad?

Teddy asintió con la cabeza.

- Mira Teddy, lo que pasa es que Ginny y yo vamos a tener un bebé-soltó Harry.

Los ojos de Ginny se abrieron de par en par, y sintió ganas de golpear a Harry. Se suponía que se lo dirían con tranquilidad y no que se lo soltarían de golpe, pero claro estaba que ninguno de los hombres en su vida, se caracterizaba por tener una gota de sensibilidad. Harry, por su parte, la miró apenado, pero en su arrebato de nervios, le había sido difícil prolongar más el momento. Ambos dirigieron su vista hacia Teddy, que lucía silencioso y tenía el entrecejo fruncido. Los dos sostuvieron la respiración, hasta que el niño rompió el silencio.

- ¿Me van a querer igual?-

El pánico en las palabras del niño trajo lágrimas a los ojos de Ginny. Teddy, el pequeño Teddy que era huérfano y que nunca había conocido a sus padres, tenía miedo de perder a aquellos que eran lo más cercano a a , quien no era conocido por demostrar su afecto abiertamente, abrazó a Teddy y lo sentó en su regazo. El niño se aferró a él con todas sus fuerzas, como si este se fuera a desvanecer.

-Escúchame bien, Teddy- dijo Harry- Ginny y yo nunca te vamos a querer menos de lo que te queremos ahora, porque tú siempre serás nuestro primer hijo. ¿Lo entiendes?-

Teddy asintió con la cabeza, mientras las lágrimas brillaban en sus ojos. Ginny, que fue incapaz de contener las suyas, se apresuró a limpiar las del niño. Era en ocasiones como esa, que daba gracias por haberse enamorado de alguien como Harry, el hombre más maravilloso que había conocido en toda su vida y al que tenía la suerte de llamar esposo.

Teddy levantó la cabeza y miró a Harry.

-¿Entonces el bebé que Ginny va a tener será como mi hermano menor?-

-Sí- afirmó él- Y vamos a necesitar que lo cuides cuando esté acá. ¿Lo harás, Ted?-

Con toda la seriedad que un niño de seis años podía demostrar, Teddy asintió con la cabeza.

-Sí, lo haré-

Ginny, que no cabía en sí de la alegría, acarició el rostro del pequeño.

-El bebé tiene mucha suerte de tener un hermano como tú, Teddy-

El hijo de Remus Lupin le sonrió a Ginny, claramente orgulloso sí mismo.

- Ya se hace tarde y es hora de dormir- apuntó Harry-Ve a ponerte la pijama.

-Está bien- dijo el pequeño, y con un rápido abrazo para sus padrinos, se bajó del sofá y salió corriendo de la habitación. Harry lo observó alejarse, y luego se volteó hacia Ginny, luciendo muy feliz.

-Salió mejor de lo que esperaba-

Al instante, se escucharon los ligeros pasos de Teddy, que irrumpió de nuevo en la habitación.

- Tengo una duda-

Harry y Ginny se miraron, sonrientes.

-Pregunta lo que quieras, Teddy- dijo Harry.

El niño frunció el entrecejo con fuerza y luego los observó con detenimiento.

- ¿De dónde vienen los bebés? Tío George le dijo a Victoire que los gnomos los dejaban en las puertas de las casas, pero tía Hermione dijo que eso no era cierto.

Harry y Ginny palidecieron de repente. Eso, sin duda alguna, no lo habían visto venir.


Nota del autor:

Después de tres meses, por fin pude actualizar. Echénle las culpas a la universidad y no a mí. XD No es la gran cosa, pero al menos es algo ¿no creen? Con respecto al asunto de ser madre, respeto mucho a las mujeres que se dedican por enteramente a sus hijos, pero siempre imaginé a Hermione y Ginny como el tipo de mujer, que además de ser madre, siente la necesidad de hacer algo más, pero no por ello es menos madre. ¿Me explico?