Volví! Y estoy aquí para decirles que CCS, ni sus personajes me pertenecen… No hoy ni nunca… (cada vez me voy haciendo más a la idea).

PROBLEMA CON NOMBRE PROPIO

CAPÍTULO VI: Fiebre.

By: Flor del cerezo.

Caminaba lentamente a casa bajo la fuerte tempestad, mientras veía con cierta diversión el resto de personas corriendo, e intentando evitar la lluvia en la medida de lo posible. Sin embargo, poco a poco empezó a formarse una fuerte tormenta, así que empecé a correr, trastabillando por las calles.

Vaya tarde tan original la mía.

Llegué a casa completamente empapada, y descubrí que había olvidado las llaves, así que golpeé el timbre varias veces con los puños hasta que un muy sorprendido Touya abrió, mirándome con la ceja levantada.

-Hazte a un lado, no tengo tiempo para escuchar tus burlas—le dije mientras me descalzaba y entraba corriendo a la casa, dejando una simpática marca de agua por donde pasaba. Subí a mi alcoba y dejé la ropa sobre el piso antes de meterme a la bañera, y llenarla con agua tibia.

Oh sí, nadie podrá quitarme esto. Ni siquiera las amenazas e insultos de Soha.

¡No te hagas la estúpida, maldita zorra!... ¿Te revolcaste con él, estúpida perra?... Espero que hayas disfrutado. Porque muy pronto lo único que quedará serán los recuerdos, que te atormentarán al saber que él estará conmigo…

Agité la cabeza varias veces para espantar la voz de ella de mis pensamientos, y me dediqué a recordar en su lugar la expresión de Li y lo que había pasado.

¿No se supone que las niñas buenas estarían en clase?… Bien, Kinomoto, si yo fuera tú, ya estaría corriendo…Creo que sería más divertido mostrarte cómo se corre… Perdóname, no fue mi intención que….

Para cuando abrí los ojos, seguía en medio de la bañera, y mi reloj de mano – el cual había olvidado quitarme-, daba las 8:30 de la noche.

¡Demonios! Sí eso es verdad, llevo varias horas aquí.

Salí de agua –a esas alturas estaba muy fría- y me sequé mientras contenía un par de estornudos. Me puse mi pijama más abrigada y al voltear a ver mi mesa de noche descubrí la comida servida sobre un par de platos, y la temperatura indicaba que no llevaba mucho allí.

Empecé a comer mientras escuchaba los cuatro mensajes que tenía en la contestadora. Todos ellos de Tomoyo preguntando qué había sido de mí y de Li durante la clase de inglés, si acaso había hecho cosas 'divertidas' y no había usado protección, y amenazando con enviarme al servicio secreto de su madre si no contestaba la llamada.

Lo siento, linda. No me siento con ánimos de hablar con nadie. El sueño me consume.

Terminé la comida y me metí debajo de las cobijas sin pensar en ninguna tarea, sumergiéndome en un sueño bastante extraño, en el cual sólo pude identificar una especie de lagarto andante con voz de mujer insultándome abiertamente. El ruido del despertador resonó en mi cabeza, así que me levanté dando tumbos por toda la habitación. Las rodillas me fallaron y terminé de cabeza en el suelo.

Me duele todo el cuerpo. Y estoy segura de que no me emborraché anoche. De hecho, nunca me he emborrachado.

Logré llegar al baño casi arrastrándome y al verme en el espejo descubrí mi peor cara: pálida, con dos enormes círculos bajo mis ojos –que se veían bastante pequeños en relación al resto de la cara-, y el cabello opaco hecho una maraña sobre la cabeza. Tomé una ducha corta esperando despertarme y obtener una mejor expresión en el rostro, pero al volverme a ver en el espejo sólo pude ver un fuerte sonrojo en las mejillas. Un par de golpes en la puerta me interrumpieron.

-Monstruo, llegarás tarde.

Demonios, no de nuevo.

Salí corriendo con la mochila resbalando por los hombros, y saludé a mi madre y a mi hermano, que estaban sentados comiendo tranquilamente.

-Hoy luces peor que de costumbre, monstruo. ¿Qué te hiciste?—me dijo él con su mejor tono burlón.

-Cariño, ¿te sientes bien?

Déjame ver… creo que estaría mejor si una aplanadora me hubiera pasado por encima mientras me martillaban la cabeza.

-Claro, ma—contesté yo –Pero debo salir, voy a llegar tarde. Nos vemos.

Al entrar en el salón, el primero en acercarse a mí fue Yamazaki, con una expresión tan llena de alegría como siempre; detrás de él, apareció Chiharu. Yo traté de darles una sonrisa, pero creo que salió un gesto torcido.

-Buenos días, Kinomoto. ¿Te sientes bien? Hoy no luces igual que siempre—observó preocupado.

-Es cierto, Sakura—apuntó Chiharu.

-Descuiden, chicos. Sólo tengo mucho sueño—mentí, con una sonrisa más creíble –¿Dónde están Eriol y Tommy?

Ella levantó una ceja.

-¿No hablaste ayer con Tomoyo? Ella no vendrá hoy, ya que tenía programada una cita médica con un doctor que le recomendó la señora Sonomi. Respecto a Eriol, no tengo la menor idea de donde pueda estar.

-Escuché sus mensajes ayer, pero no pude devolverle la llamada—respondí; luego reaccioné ante sus últimas palabras – ¿Cita médica? ¿Está enferma?

-No te preocupes, sólo es un control. Creo que la señora Sonomi se preocupa demasiado.

Yo asentí, para luego agradecerles con una mirada fugaz. Me acerqué a mi puesto; poco después llegó el profesor de física.

Genial, una de mis materias favoritas para empezar el día.

Rebusqué entre mi mochila, y no pude evitar soltar un conjunto de maldiciones al ver que no me había tomado la molestia de revisar los cuadernos el día anterior, y no traía los del horario de hoy. Desde su lugar, Li me miró sin entender pero no dijo nada.

Encogiéndome de hombros, me abandoné sobre la mesa y pasé toda la clase sin hacer absolutamente nada. El profesor escribía una secuencia de números y letras, y explicaba algún extraño tema sin notar que la mayor parte de sus alumnos no ponían atención.

-Que horrible te ves. Más que de costumbre, de hecho—oí que me decía una voz, que sólo pude identificar varios minutos después.

Sí, yo debo estar maldita o algo por el estilo. Maldita con una pésima suerte.

-Jódete, Soha. No me siento de ánimo para prestarte atención.

Oh vaya, ¿eso lo dije? Creo que puse mis pensamientos en palabras. No es que me interese demasiado.

Ella me miró sorprendida por algunos segundos, luego soltó una mirada malvada -casi como las de las brujas de los cuentos de hadas- y, encogiéndose de hombros, se dio la vuelta, dejándome regresar a mi mundo de muerte en vida.

La clase de sociales se fue tan rápido como había llegado, entre un aburrido ensayo que hice de mala gana, y pronto sonó la campana.

Genial, otro día más en el cuál estar sola. Creo que tendré que cambiar de amistades si me siguen abandonando de este modo.

-Buenos días, Sakura—me sonrió la señora Hisana, quien atiende la cafetería, mientras agitaba sus manos gruesas llenas de anillos frente a mi rostro –Linda, ¿Te encuentras bien?

Es la tercera vez que me dicen eso hoy. ¿Tan mal estoy? No respondan.

-Sí señora—contesté, con mi gesto más convincente –Sólo me duele un poco la cabeza, pero no es nada grave. ¿Podría darme unas papas de limón?

Ella me miró con expresión maternal.

-Lo mejor es que vayas a la enfermería; cualquier dolor de cabeza puede hacerse más fuerte si no haces algo al respecto—me dijo, mientras alcanzaba el paquete verde –Aquí tienes. Y no olvides la enfermería.

Yo asentí mientras le agradecía sonriendo. Salí de la cafetería y me quedé en un corredor a la salida del edificio, dedicándome a comer lentamente el contenido del paquete; cuando sonó la campana me arrastré nuevamente al salón, para presentarme en la clase de matemáticas.

Podría acostumbrarme a esto. Vivir una vida solitaria, cargando con una enfermedad a cuestas y arrastrándome al salón para mi clase más odiada.

Al entrar, la profesora Chieko me miró con una ceja levantada pero no me dijo nada, aunque pareció tentada a hacerlo. Me senté en mi silla y logré poner algo de atención a la explicación. Más tarde, ella anunció que haríamos un trabajo en parejas, y que serían asignadas al azar. A mí me tocó con Sakata… pero a Li lo pusieron con Soha.

Sí, hoy no es mi día.

No tuve que mover un solo dedo, pues, antes de que siquiera pensara en la ubicación, Sakata se había sentado a mi lado y me miraba con una enorme sonrisa en sus labios. Yo correspondí el gesto y él copió las preguntas que la profesora dictaba.

-Oye, Sakura—me llamó, pero luego se sonrojó y empezó a titubear –Perdón, Kinomoto, yo...

-Descuida, no me ofende que me digas Sakura. Es mi nombre—apunté yo.

-¿Estás segura? Digo, porque si consideras que…

-No pasa nada, en serio.

Él sonrió de nuevo, con gesto aparentemente orgulloso. Yo no me molesté en preguntarme la razón de su felicidad, y empecé a resolver con él las actividades... o lo que es igual, dejé que él resolviera todo. Llámenme aprovechada, no daré declaraciones sin tener un abogado, cualquier cosa que diga puede ser utilizada en mi contra durante un juicio.

Sí, estoy delirando ¿y qué con eso?

-Sakura… luces cansada. ¿Dormiste bien anoche?—me preguntó, en medio de uno de los puntos.

Yo sentía cada vez más calor y un intenso dolor de cabeza, pero obvié ambas sensaciones como había hecho a lo largo del día, y sonreí.

-No dormí muy bien, en realidad. Pero no te preocupes, se resuelve con una siesta al final de clases.

Pareció sentirse aliviado, y luego se quedó mirándome fijamente.

-¿Tienes algo que hacer el sábado en la tarde?—inquirió, de repente. Yo me encogí de hombros.

-No en realidad.

-¿Te gustaría salir conmigo a algún sitio?—continuó, aparentemente nervioso.

Ni que tuviera motivos para ponerse de ese modo, ¿o sí?

-Claro. ¿Con quiénes estaremos?—pregunté.

-No me refería a eso—musitó algo decepcionado –Quería decir… una cita, sólo tú y yo.

Demonios, Sakura, ¿dónde rayos dejaste tu sentido común?

Ah, cierto, NO LO POSEES. Despistada.

-Ah…—murmuré, completamente sonrojada, pero antes de que pudiera añadir algo, la voz de la maestra me salvó, mientras anunciaba que recogería los trabajos y en seguida podíamos salir. El sonido de la campana no se hizo esperar.

-¿Entregas el trabajo por mí? Tengo algo que hacer—supliqué, ansiosa por irme.

Sakata asintió con la cabeza, completamente confundido, y yo salí corriendo de allí en dirección al único sitio donde podría salvarme de todos: el baño de chicas. Abrí la puerta y entré a uno de los cubículos, ignorando al par de chicas que se maquillaban frente al espejo. Me senté en el retrete y recosté mi cabeza contra la pared, tratando de asimilar los acontecimientos que han pasado últimamente, veamos: Mi mejor amiga viaja a Francia, dejándome a merced de mi nuevo tutor de matemáticas, que me ayuda a aprobar un examen con excelente nota, paso miles de vergüenzas frente a él (entre ellas, el mostrarme en pijama de verano, hecha un desastre en general), descubro que el chico en cuestión me atrae de la manera en que nunca me atrajo un chico antes en mi vida; el chico tiene a una peligrosa arpía persiguiéndolo, y la mujer en cuestión me amenaza y obliga a sacar la chica más agresiva que llevo dentro; un chico con el que no hablo mucho me invita a salir en plan de cita y finalmente, me siento muy enferma.

Sí, damas y caballeros, Sakura Kinomoto está ardiendo en fiebre, y no puede más del dolor de cabeza. Mi vida no es precisamente privilegiada.

Al escuchar el timbre de nuevo –qué curioso, o el día ha pasado muy rápido, o estoy tan inconsciente que pierdo la noción del tiempo-, me dirigí al salón de nuevo, y en el camino me encontré con el maestro.

-¿Qué tal, Kinomoto? ¿Cómo se encuentra mi deportista estrella hoy?

-Pues… a decir verdad…

-¡Haga-sensei!—exclamó Abe, interrumpiéndome –¿Qué deporte practicaremos hoy?

-Espera siquiera a que llegue al salón—respondió, aparentemente molesto.

Una vez en el salón, yo me senté en mi lugar y el profesor nos empezó a hablar de alguna tontería de los festivales deportivos. Mientras mi cabeza descansaba contra la mesa, sentí algo golpearme; al buscar entre mi cabello, encontré una bolita de papel.

-¿Qué te pasa, idiota? Has estado comportándote más como un zombi que de costumbre.

-¿Y a ti qué te importa, Li?

-Lárgate a la enfermería de una vez por todas, o te enviaré de una patada allá.

-Repito, no te importa.

-Yo no repetiré mi amenaza, así que vete a la enfermería.

Me puse de pie y me dirigí hacia el maestro, que me miraba extrañado. Cuando estuve a su lado, le dije en voz baja:

-No me siento muy bien, profesor, ¿Puedo ir a la enfermería por alguna medicina?

-¡Desde luego que sí, y que te acompañe alguno de los chicos!—exclamó.

Sakata, que había escuchado la conversación, se puso de pie.

-Yo iré, maestro.

Lo que faltaba…

-Descuida, Sakata, estaré bien—dije, antes de salir rápidamente, para evitar que me siguiera.

Empecé a caminar, sintiendo mis piernas débiles y la visión completamente nublada. Recorría los pasillos en busca del pequeño cuarto lleno de blanco, pero mis pies me llevaban a donde querían, y los oídos tapados no ayudaban mucho para guiarme por los sonidos. De un momento a otro, las piernas me fallaron y me abandoné sobre el suelo de uno de los corredores de la escuela, sin llegar a identificar exactamente el lugar donde estaba. Lo último que vi antes de cerrar los ojos fue un bombillo encendido en el techo, y luego, oscuridad.

…………………..

Abrí los ojos y un punzante dolor me impulsó a cerrarlos casi inmediatamente. Me agarré la cabeza con ambas manos como si eso pudiera aliviar la molestia, y una vez esta aminoró, toqué mi rostro. Estaba ardiendo. Intenté identificar el sitio en que me encontraba, y al no lograrlo, me puse de pie con dificultad; las piernas me flaqueaban y mi cuerpo parecía diez veces más pesado de lo normal. Después de dar algunos pasos, reconocí uno de los corredores de la escuela, cerca a la zona de casilleros, completamente vacía. Recordé que había deseado buscar la enfermería, y me había desmayado justo ahí, en medio de la nada. Miré mi reloj por un momento antes de que mi cerebro procesara la información: habían pasado un par de horas desde la salida.

Maldición. Estoy atrapada aquí, sola y con una estúpida fiebre.

La cabeza me empezó a atormentar nuevamente y sentí el sudor correr por mi frente; mis piernas fallaron y vi una figura borrosa correr hacia mí, no pude reconocerle.

-¡Sakura!

¿Li?

…………………

-Sakura, despierta—escuché que me llamaban – ¡Maldita sea, despierta de una vez!

Sentí la frente húmeda, y abrí los ojos lentamente temiendo que la luz que seguramente habría intensificara mi dolor de cabeza. Pero no había luces encendidas. Tenía un enorme pedazo de tela húmedo sobre la frente. Al girarme un poco descubrí la enorme sonrisa de Li, tan radiante como nunca había visto, y sólo para mí.

Sólo para mí.

-Joder, casi no despiertas, Sakura-protestó, acariciándome la frente. Yo agradecí tener fiebre, pues el rubor en mis mejillas no fue evidente.

¿Sakura? ¿Desde cuándo me llama por mi nombre de pila?

-Sha… Shaoran—traté de decir yo. Él puso uno de sus dedos en mis labios.

-No hables. Demonios, ¡Tienes una fiebre de cuarenta grados!—explicó mientras se enderezaba un poco, dejando a la vista su pecho desnudo.

Así que el trozo de tela en mi frente era nada más y nada menos que su camiseta. Me sonrojé de nuevo.

-Tonterías, estaré bien en un momento—logré decir claramente tras algunos segundos.

-¿En un momento? No bromeo cuando digo que tienes cuarenta.

-¿Y por qué me pusiste tu camiseta en la frente?

-Compresas de agua fría, genio. No había papel en los baños, y ya que te encontré a punto de desmayarte hace varios minutos, no tenía tiempo de conseguir algo mejor que mi camiseta, y con eso apenas logré que reaccionaras.

Lo miré desconcertada. ¿Desde cuándo es él una persona preocupada por ayudar a los demás y no por burlarse de ellos?

-Bueno, ya que has sido tan generoso, te agradezco, pero puedo atenderme yo solita—murmuré, tratando de sentarme, y al lograrlo, no pude evitar gritar espantada.

¿Dónde rayos está mi…?

-¡Pervertido!—grité con toda la fuerza de mis pulmones. Él se sonrojó a más no poder –¿Qué demonios hiciste con mi blusa, joder?

Cuando me oyó gritar de ese modo, a pesar de lo avergonzado que lucía, estalló en sonoras carcajadas.

Maldita sea. ¡Qué vergüenza!

-Ese vocabulario no es propio no una inocente estudiante de preparatoria—me dijo, divertido.

-¡Al diablo con las estudiantes de preparatoria!—él rió aún más fuerte al oírme –¿Es tan divertido que esté frente a ti sólo en sujetador?

Nunca, nunca me había sentido tan avergonzada, ni tan histérica, lo juro.

-Tienes el resto de la ropa, no sólo el sujetador de corazoncitos rosas—observó él.

¡Oh Dios!

¿En serio me lo puse?

¡Mátenme, mátenme ahora mismo! ¡Tengan piedad!

Bajé la mirada con horror esperando ver el sujetador blanco de enormes corazones y puntos rosados, aquel que me quedaba bastante pequeño y… me encontré con un sujetador negro común y corriente.

Él me miró con asombro antes de echarse a reír.

-Entonces… de verdad tienes uno así-alcancé a entender de sus palabras mientras se sostenía el estómago en medio de carcajadas. Una lágrima salió de sus ojos.

-¡Tú, maldito!

Me puse de pie con dificultad, y él hizo lo mismo rápidamente.

-¿Estás loca, Sakura? ¡Te desmayarás de nuevo!—me gritó.

Es un cínico.

-No me importaría desmayarme si me devuelves mi blusa—le dije, pero las piernas me empezaron a fallar, y él pareció notarlo, porque se acercó y me tomó por la cintura, pegando mi pecho al suyo.

-No me importaría desmayarme si me devuelves mi blusa—le dije, pero las piernas me empezaron a fallar, y él pareció notarlo, porque se acercó y me tomó por la cintura, pegando mi pecho al suyo.

A pesar de las circunstancias, empecé a experimentar sensaciones cálidas y agradables que nacían en mi estómago y recorrían hasta las puntas de mis dedos. Levanté el rostro para mirarlo a los ojos, y en ellos descubrí sorpresa, y algo más que no supe descifrar.

Nos miramos largamente, pero cuando él me tomó con más fuerza, las extrañas sensaciones volvieron, pues sentir su pecho desnudo chocando apenas contra mi sujetador era algo que definitivamente no podría ignorar. Mi corazón empezó a latir como loco y me avergoncé ante la posibilidad de que él lo notara, pero, extrañamente, también podía sentir sus latidos golpeando con fuerza su pecho. Nunca sentí tantas ganas de besarlo como ahora. De besarlo hasta que no me quedaran fuerzas.

Sí, podría quedarme toda la vida aquí. Pero mi cabeza no piensa lo mismo. Pronto caí desmayada en sus brazos y no supe nada más de mí hasta que abrí los ojos de nuevo, sin saber exactamente cuánto tiempo había pasado.

Creo que este día lo he pasado más tiempo desmayada que consciente.

Sentí el frío chocar contra mi piel, pero al levantar un poco la cabeza –me habían recostado otra vez-, vi que tenía la blusa de nuevo en su lugar, y una chaqueta de hombre que obviamente no me pertenece encima.

Pero de él, ni un solo rastro.

De pronto, su voz detrás de mí me sacó del repentino ensimismamiento.

-La ambulancia llegará en unos minutos—anunció.

¿Ambulancia? ¿Qué rayos…?

-No necesito una, estaré bien.

-Y también llamé a tu hermano, llegará al hospital pronto—añadió, ignorando por completo mis palabras.

¿Qué no entiende?

-Te dije que no necesito una…

-No te lo estaba preguntando, de todos modos.

-¿Y mi hermano?

-Encontré su número en tu teléfono—apuntó, sosteniendo el pequeño aparato en sus manos

Yo encogí los hombros resignada, pero luego empecé a temblar a causa del frío que me invadió de nuevo. Él me abrazó tímidamente y yo recordé la chaqueta.

-¿Cómo es que tengo esta…?

-Empezaste a temblar—explicó, interrumpiéndome de nuevo –Todos saben que el truco para frenar la fiebre es abrigar cuando se siente frío, y quitar las prendas cuando se tiene calor. He tenido que atender la enfermedad de Mei un par de veces. Sé cómo hacerlo—me explicó.

-¿Qué rayos hacías en la escuela a esta hora?—pregunté.

-Decidimos hacer una práctica de fútbol hoy. Luego de eso me quedé duchándome mientras todos se iban, y cuando yo iba a hacer lo mismo, te encontré.

-Gracias… Shaoran.

-Ni lo menciones, más bien dime, ¿Cómo rayos te enfermaste así?—me preguntó, a modo de regaño.

No le gustaría saber que todo comenzó porque me quedé bajo la lluvia ayer ya que estaba afectada por las palabras de Soha. Y que éstas me habían afectado porque él me gusta cada vez más.

-Es una larga historia, luego te diré—me limité a responder.

Él asintió y de repente, me levantó en sus brazos.

-¿Qué intentas hacer?—pregunté, asustada.

-La ambulancia debe estar por llegar, no entrarán hasta aquí por tí—contestó, antes de agacharse sujetándome con cuidado mientras recogía su camisa negra –hecha un bulto empapado- y la chaqueta –que había caído al suelo.

-Te resfriarás si sales así, aún está lloviendo muy fuerte—observé preocupada, escuchando el ruido de las gotas de lluvia golpeando las ventanas.

-Estaré bien, no es por mí por quien debes preocuparte.

Yo asentí suavemente, antes de desmayarme de nuevo, para despertar en una pequeña camilla dentro de una ambulancia. Un paramédico me suministraba algunos medicamentos y me aseguraba que todo estaría bien.

Ni que yo hubiera sufrido algún grave accidente automovilístico, o algo así.

Pregunté por Li con una voz mucho más débil de lo que hubiera querido, y lo descubrí sonriéndome desde un rincón junto a la puerta, mientras hablaba por teléfono. Pequeñas gotas de lluvia resbalaban sobre su rostro.

-Sí, Mei, ella está bien. Ya estamos camino al hospital-explicaba –No, se va a recuperar, pero tenía que llevarla. Dile a Wei que no llegaré para la cena, comeré algo en alguna parte.

Algunos minutos después, la ambulancia se detuvo y, cuando yo intenté ponerme de pie, el paramédico me miró como si hubiera enloquecido y con apresuradas palabras me pidió que me quedara quieta. Me bajó acostada con ayuda de Shaoran y luego fui conducida a una de las habitaciones de urgencias, donde me atendió una doctora enfundada en un traje azul de tela suave.

-Buenas tardes, Sakura. Soy la doctora Zaraki, y soy la encargada de atenderte hoy—me saludó la mujer, cuya edad no podía calcular ya que tenía el rostro cubierto casi por completo, a excepción de los ojos, que expresaban cariño.

Yo le sonreí débilmente, y luego ella me dijo:

-Ahora procederemos a inyectarte suero, y luego te suministraremos algunos medicamentos para regular tu temperatura. No te preocupes por nada, afortunadamente llegaste a tiempo.

Empiezo a sentirme como una de esas personas que salen en los programas de la tele, sí, esos del estilo de "Sala de emergencias" o algo así, donde los pacientes llegan en un estado crítico y el médico les habla con voz tranquilizadora aún si la persona corre grave riesgo de morir. Pero en fin, ya estoy divagando como de costumbre…

Algún tiempo después, estaba instalada en la cama y rodeada de algunos tubos y aparatos; poco a poco el calor que sentía iba disminuyendo, y me sentía mejor. De pronto, la puerta se abrió lentamente, y detrás de ella, apareció Shaoran, con una camisa azul tan delgada como la que tenía puesta yo.

-¿Cómo estás?—preguntó, mientras se sentaba en la silla junto a mi cama.

Yo lo miré atentamente, su rostro estaba sonrojado. Con algo de esfuerzo, levanté mi mano derecha y la coloqué en su mejilla. Estaba demasiado caliente.

-¡¿Qué demonios crees que estás haciendo aquí?!—grité --¡Tienes que atenderte, también tienes fiebre!—añadí.

Él me miró sorprendido, pero yo no me iba a callar.

-¡Te advertí que no salieras sin camiseta! Además, antes estuviste sin ella un buen rato, mientras la usabas como compresa en mi frente.

-Oye, tranquila. No es como si yo me hubiera pasado todo el día enfermo hasta desmayar—se burló. Y naturalmente, yo me sonrojé.

-Bueno, no es mi culpa que…

-¿Qué…?

No completé mi frase. ¿Cómo explicarle algo que yo misma no entiendo? A veces soy muy extraña, porque mira que soportar mi malestar en lugar de intentar remediarlo... Ambos guardamos silencio, hasta que yo me armé de valor para hablar de nuevo.

-Gracias por todo—musité –No… no sé qué habría hecho sin ti.

-Ya, que ese tono de niña buena y agradecida no te va para nada. Más bien siéntete feliz de que mañana faltarás a dos horas de matemáticas, y una de japonés.

-El que odia japonés eres tú, no yo.

-Bueno, pero clase es clase, ¿no?

Yo me reí.

-Tienes toda la razón—respondí, para luego mirar a mi alrededor en busca de un reloj; al no encontrarlo, me volteé hacia él -¿Qué hora es?

Él consultó su reloj de mano negro, y luego me miró de nuevo.

-Son las siete y media.

¿Qué?

-No puede ser, cuando llegué aquí debían ser las cinco.

-No te dejaron recibir visita hasta ahora, creo que era algo de los medicamentos.

-¿Y llevas dos horas y media allá afuera aguantando frío sin un abrigo?—pregunté -¿Dónde dejaste tu chaqueta?

Él se llevó una mano a la nuca, mientras hacía un gesto gracioso y poco usual en él. Un gesto de vergüenza.

-La olvidé en la ambulancia.

-Eres un idiota.

-Tú lo eres aún más.

-Lo sé-respondí antes de echarme a reír, él comenzó a reír un poco después, y al final ambos estábamos sonriendo.

Un fuerte estruendo proveniente de la parte de afuera de la habitación nos sacó de nuestro letargo, y poco después, se escucharon gritos.

-Maldita sea, ¡Es mi hermana!—se oía -¿Cómo demonios le hago entender que tengo todo el derecho de entrar a verla?

Pero si es… ¡Touya!

-Yo lo entiendo, señor; sin embargo, debe usted comprender que ella sólo puede recibir una visita cada vez, y ahora es el novio quien está con ella.

¿El novio?

Shaoran me sonrió nerviosamente.

-Te explico luego.

-Mi hermana no está muriéndose, usted misma me dijo que está mucho mejor, así que sí está en la capacidad de recibir… ¡Un momento!—exclamó mi hermano desde afuera, yo cerré los ojos sabiendo lo que venía -¿Dijo usted la palabra "novio"?

-En efecto—respondió la enfermera –Es el novio de la señorita Kinomoto quien se encuentra adentro, y se encargó de todos los trámites de entrada y demás gastos.

Yo miré de reojo a Shaoran, y descubrí que estaba totalmente sonrojado. En ese momento se oyó un fuerte golpe en la puerta, que se abrió instantáneamente, yo volteé a ver a Touya.

-¿Cuándo me lo ibas a decir, el día de la boda acaso?—exclamó furioso -¿Cuánto tiempo llevas con él?

Shaoran se puso de pie rápidamente.

-¿Quieres bajar el tono de voz?—preguntó.

-¡Tú cállate, maldito mocoso, estoy hablando con MI hermana!

-Pues TU HERMANA está enferma, y sería bueno que dejes de portarte como un auténtico salvaje. Y yo no soy ningún mocoso.

Ay Dios…

-¡Shaoran, por favor!—supliqué –Y tú, Touya, tal vez habrías podido saludarme antes de empezar a gritar.

Ambos bajaron la mirada, pero las ganas de matar al otro que sentía cada uno eran aún claramente perceptibles.

-Ahora, hermano, que sepas que él NO es mi novio. Es sólo mi compañero de clase y mi tutor de matemáticas, y no es un mocoso; es gracias a él que pude llegar al hospital, pues me desmayé en el colegio y era él la única persona que estaba allí—expliqué. Shaoran alzó la mirada orgullosamente.

-Pues el hecho de haberte ayudado no quita que sea un chiquillo.

-Tiene tu misma estatura, Touya.

De hecho, es un poquito más alto que él ¡Ja!

Los ojos de mi hermano brillaron de furia.

-¡Sal de aquí!—gritó, Shaoran estaba a punto de replicar, pero yo lo interrumpí.

-Por favor, Shaoran, ve a atenderte; busca algún medicamento y come algo.

Él me miró unos segundos antes de asentir y salir de la habitación.

-¿A qué te refieres con buscar algún medicamento?—preguntó mi hermano.

-Me refiero a que en el colegio, al no haber papel de baño, se quitó su camiseta y la usó como compresa para controlar mi fiebre; así que, al llegar la ambulancia, salió a la calle con el pecho desnudo, y para colmo, olvidó su chaqueta allí.

-Vaya, sí que es un idiota—comentó mi hermano –Ésa es la razón por la que andaba con esa ridícula camisa de hospital…-añadió pensativo.

-No te burles de él, Touya.

-Aún así, no te merece—apuntó, ignorando mi comentario.

Sí, definitivamente no hay hombre más terco que mi hermano.

-No tuvimos, tenemos, ni tendremos una relación distinta a la actual, así que deja de decir tonterías—le dije.

-Por el bien de él, espero que lo que dices sea verdad, monstruo.

-¡No me llames monstruo!

-Yo hago lo que se me antoje, monstruo.

Qué fastidio.

-¿No tienes un trabajo al cual ir, un amigo al cual visitar, una chica con la cual salir o una tarea por hacer?

-Hoy no trabajo-respondió con simpleza, dándome a entender que había pedido permiso en el trabajo.

-Qué remedio, tendré que aguantarte aquí.

-Pero puedes decirle a ese mocoso que se largue. Ya hizo suficiente por ti.

-Ya detente, Touya; deja en paz a Shaoran.

-Y tú, deja de tratarlo con tanta familiaridad.

Touya puede sacar de quicio a cualquiera, díganmelo a mí.

-Somos amigos.

-¿No que sólo era tu tutor?—preguntó casi a gritos.

En ese momento entró mi madre, salvándome de una exhaustiva e infinita discusión con mi hermano.

-¡Mamá!—exclamé mientras me acomodaba para recibir el abrazo que me daría.

-¡Cariño!—exclamó contra mi hombro -¿Por qué no me llamaste cuando te sentiste mal?

-No quería molestarte, mamá—respondí yo, conmovida.

-¡Jamás me molestarías!—replicó –La próxima vez avísame al celular, no sabes lo preocupada que me sentí cuando tu hermano llamó para decir que estabas en el hospital.

Yo le sonreí.

-No te preocupes, todo está bien, ma.

Ella correspondió el gesto y luego se separó un poco de mí para mirarme con un gesto lleno de picardía.

-¿Y quién es el chico tan apuesto que está allí afuera? ¿Es acaso tu novio, querida?—preguntó.

Y aquí vamos de nuevo…

Desde lejos, pude oír un gruñido de Touya.

-No, ma, es sólo un compañero de clase.

-Y un amigo—completó mi hermano. Yo le envié mi mejor mirada asesina para luego sonreírle a mamá.

-Él fue quien me trajo al hospital—expliqué, pero luego analicé el sentido de las palabras de mi madre -¿Dijiste que está afuera?

-Así es.

No lo puedo creer. ¡Ese cabeza de chorlito!

-¡Le dije que fuera por algo de comer y algún medicamento!-exclamé -¡Por mi culpa enfermó, y ni siquiera va por algo para bajar su propia fiebre!

Mamá me miró asombrada y luego sonrió mientras se acercaba a mi oreja para susurrar algo.

-Te gusta, ¿cierto? Bueno, no te culpo; es todo un bombón.

¡Ah, madre!

Yo me sonrojé sin poder responder; ella se alejó nuevamente y añadió.

-No te preocupes, en ese caso, me encargaré de que el chico coma algo—dicho esto, salió de la habitación, y mi hermano se dedicó a mirar la pared, con el puño apretado.

Creo que ya notaron que Touya es celoso en extremo, desde que yo era una niña pequeña, siempre andaba detrás de mí espantando a cualquier pequeño mocoso que se me acercara, alegando que un monstruo como yo no debería andar alrededor de niños indefensos como aquellos. Pero todos sabemos la verdad: él es sobre protector.

-¿Hablaste con la enfermera? ¿Sabes a qué hora podré irme?—pregunté, sólo por romper el silencio.

-¿No nos escuchaste antes? La señorita inepta ni siquiera quería permitirme el ingreso a la habitación, porque estaba tu novio contigo. ¿Si ustedes no son nada, por qué ella me dijo eso?

Y dale con lo mismo…

-Yo qué sé, será que a él tampoco lo querían dejar entrar y se inventó eso. Nada más.

Sí, nada más. No sentimientos de amor hacia Sakura y no petición formal de noviazgo.

-Ya veo-fue su única respuesta.

En ese momento, la puerta se abrió de nuevo, y no tuve mucho tiempo de reaccionar antes de sentir a Mei Ling encima de mí.

-Oh, Sakura. ¿Estás bien? El tonto de mi primo dijo que tenías una fiebre y que no era nada grave. Pero la fiebre siempre es grave.

Yo empecé a manotear, pugnando por respirar –pues su abrazo empezaba a asfixiarme-. Ella se alejó apenada, y entonces vi a Shaoran entrando con una mano en la nuca.

-Lo lamento, mi prima es muy obstinada.

-Perdona el exceso de confianza. Apenas nos conocemos y yo casi te asfixio con un abrazo-se excusó Mei Ling.

Yo le sonreí y le resté importancia al asunto. Ambas empezamos a hablar de tonterías mientras Touya y Shaoran se miraban aburridos, seguramente sin entender cómo dos chicas podían hablar tanto aún en situaciones como estas.

Poco después, miré de reojo a Shaoran, y él sonrió cálidamente.

Y así, he tomado una decisión. Voy a hacer que Shaoran se fije en mí, cueste lo que cueste.

CONTINUARÁ.

¿Qué hay, chicos? Tendrán que disculpar mi tardanza en esta entrega, pero en realidad no tenía ni una pizca de inspiración para terminar el capítulo 7, y, desde que terminé hace unos minutos, me puse a revisar este capítulo.

De los resultados de mis exámenes, les puedo decir que aprobé todos a excepción de física y matemáticas (se puede decir que soy Sakura… tristemente, sin un tutor como Shaoran); sin embargo, ya he recuperado ambos exámenes y estoy completamente al día con mis estudios, así que hablemos del capítulo.

Pudimos ver el primer y no muy amistoso encuentro entre Shaoran y Touya, ya me moría de ganas de verlos de nuevo así, discutiendo. También una escena cargada de hormonas y calor, no precisamente producidos por la fiebre (parece que la timidez de Shao en el capítulo pasado se fue tan rápido como apareció)… pero claro, Sakura siempre se desmaya en la peor parte. También pudimos ver lo que muchas estábamos esperando, la aparición del rival de Shaoran y… hablando de Shaoran… no se habrán dado un beso, pero llamarse por sus nombres de pila es un paso hacia la confianza, ¿no?

Espero que hayan disfrutado el capítulo, porque yo disfruté mucho escribiéndolo. Respecto al próximo capítulo, no les puedo avanzar mucho en realidad XD, mejor esperen jajaja.

Gracias por los reviews; lastimosamente, por falta de tiempo, no he podido escribir las respuestas a ellos antes, pero ya están arriba, en mi perfil.

Un beso a todos,

Flor del cerezo.