He aquí el último capítulo de este fic.

Antes de empezar, me gustaría daros una indicación para que la última parte quede más bonita. Cuando ponga esto (&) deberéis darle a play a una canción que tendré puesta en mi perfil. Para los que prefieran ponerla en youtube ellos mismos, solo teneis que buscar " nana de Bella".

Gracias y, que empiece el final:

Capítulo 22: Quiero ser tu héroe

POV de Hermione

Allí estaba yo. En el suelo. Con el chico que amaba entre mis brazos. No sentía su respiración. La sangre brotaba de sus profundas y graves heridas como si de un grifo abierto se tratara. Yo apenas tenía algunos golpes y cortes por mi cuerpo, pero él se estaba muriendo, y yo lo único que hacía era llorar inútilmente. Mi cuerpo temblaba y casi no podía respirar. Intentaba pensar en algo que pudiera hacer, pero no servía de nada. El miedo me cegaba y no me dejaba procesar la informacion que llegaba a mi cerebro con normalidad. Aún no me podía creer lo que acababa de vivir. Draco estaba al borde de la muerte y el cadaver del chico que había intentado matarme estaba ahí, tirando tan cerca nuestro que me aterrorizaba.

Tenía que hacer algo. No podía quedarme parada, pero no podía moverme. Sentía como si mi alma se hubiese salido de mi cuerpo.

-¡¿Hermione?! - oí el grito de alguien. De un hombre. Conocía esa voz, pero en ese momento estaba ida y no podía reaccionar.

Pasos subiendo rapidamente por la escalera. Empezaba a cerrar los ojos. No podía aguantar más. Los pasos se pararon delante de mi puerta y una figura que no pude distinguir la abrió.

-¡Hermione! - gritó la voz de mi padre -. ¿Qué le ha pasado a Draco?

-¡Oh, dios mio! ¡Bernard, mira! - gritó mi madre, señalando el cadaver que yacía a nuestro lado.

Mi padre corrió hacia nosotros y me agarró la cara para que le mirase.

-Hermione, hija ¿qué ha pasado? ¿Qué es esto?

-Draco...ayuda...- fue lo único que pude decir. Todo se volvió negro desde ese momento.

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Lo primero que vio al abrir los ojos le hizo darse cuenta que no estaba en su casa. Estaba tumbada en una cama, la habitación era completamente blanca. ¿Acaso se había vuelto loca y la habían llevado a un manicomio? Se incorporó un poco y se dio cuenta de que llevaba algunas vendas en sus brazos cuando notó el dolor en ellos.

- Por fín despiertas - dijo la voz de una mujer a la que no conocía. Era una chica de unos veinti tantos años, morena y vestida de blanco. Fue entonces cuando se dio cuenta de que estaba en un hospital -. ¿Cómo te sientes?

-Bien - contestó sin mucho convencimiento, y un poco confundida -. ¿Estoy en el hospital?

-En San Mungo - aclaró la joven.

-¿San Mungo? - preguntó, aun más confundida -. Pero ¿cómo? Yo no...

-Eres una bruja, puedes venir aquí - dijo la medimaga, sin comprender del todo a lo que la chica se refería.

-No, no es eso...- dijo Hermione -. ¿Quién me ha traido aquí? ¿Dónde está Draco? - preguntó con ansiedad al acordarse del chico.

-Tu amigo está en otra habitación. Acaba de ser operado - dijo, antes de dirigirse a la puerta -. Espera un momento, le informaré a Dumbledore que has despertado - y dicho esto, salió de la habitación.

-¿Dumbledore? - se preguntó a si misma.

¿Cómo había llegado a San Mungo? Si ella y Draco no podían volver al mundo mágico. ¿Acaso se había roto el conjuro? Pero ¿Porqué?

Dumbledore entró en el cuarto con una sonrisa en su rostro que reflejaba tristeza a su vez. Se acercó hasta la cama donde reposaba Hermione y se paró a su lado.

-Profesor, ¿Cómo hemos...

-¿Cómo te sientes, Hermione? - le interrumpió el anciano mago.

-Bien, pero ¿Y Draco?

- Sus heridas eran muy graves y había perdido mucha sangre. Tuvieron que operarlo de inmediato. Afortunadamente, llegamos a tiempo- explicó.

-¿Y mis padres?

- En casa. Ya sabes que los muggles no pueden venir aquí. Draco necesitaba atención médica mágica. Esas heridas no podían ser curadas en un hospital normal. Tus padres entendieron la situación y confiaron en que yo me encargara de todo.

-Y...-le instó a continuar la chica, bajando la cabeza entristecida. Quería dar a entender que quería saber sobre lo que había sucedido con Fithcher.

-Voldemort abandonó a su suerte a Draco en cuanto supo que le había traicionado. Pensó que moriría junto con Kyle Fithcher. Así que dejó que el ministerio se enterara de que había estado usando magia. Sobre todo la maldición imperdonable. En cuanto el ministerio se dio cuenta, me avisó.

-Quiero verle - exigió ella.

- Lo comprendo, pero no se si...

-Por favor - pidió, impidiendole continuar.

-Está bien. Haré lo posible porque puedas entrar a su habitación - dijo, comprendiendo que la chica necesitaba saber que él estaba bien.

Salió de la habitación y volvió poco después, anunciandole a Hermione que tenía permiso para salir de allí e ir al cuarto continuo. Una vez allí, Dumbledore los dejó solos y cerró la puerta. Hermione se acercó a la cama. Allí estaba el rubio con algunos cables conectados a su cuerpo y vendajes por todo el torso.

Acarició con la diestra su cara y su pelo, cariñosamente. Se sentía horriblemente culpable por verle allí. Había estado a punto de morir por su culpa. Ya no corría peligro, pero se notaba que había lllegado a estar muy mal.

Draco respiró hondo cuando notó la mano cálida de Hermione en su mejilla. Abrió los ojos después de mucho tiempo dormido y fue entonces cuando la vió.

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POV de Draco

Todo era oscuridad, por más que lo intentaba no conseguía ver nada, y eso era algo que me agobiaba demasiado. Después de buscar hasta perder el sentido, encontré la luz que me guió hasta la salida. Noté una suave caricia en mi cara y conseguí la voluntad suficiente de abrir los ojos.

Lo primero que pensé fue que estaba en el cielo, pues allí todo era blanco y la única persona que se encontraba conmigo tenía cara de angel. Pero había algo que andaba mal, esa criatura celestial tenia lagrimas en los ojos, y los angeles no lloraban...¿O sí?

Respiré hondo y volví a cerrar los ojos. Cuando los volví a abrir, la reconocí.

- Hermione - pronuncié, no sorprendiendome demasiado por mi falta de fuerza en la voz. Me encontraba muy debil, y apenas podía hablar.

-Shhh - me silenció ella, poniendo uno de sus dedos en mis labios. Su rostro estaba muy cerca del mio -. No te esfuerces. Estás muy débil - habló casi en un susurro.

Volvió a pasar su suave mano por mi cara. Jamás me había tratado así, no parecía la chica mandona y sabelotodo de siempre. Parecía indefensa, asustada...como la noche ese momento me di cuenta de algunos arañazos que tenía por su mejilla y me fijé en que ella tambien llevaba puesta la ropa del hospital.

-¿Estás bien? - pregunté, y me sorprendió lo preocupada que sonaba mi voz. Jamás había utilizado ese tono para hablarle a alguien, aunque tampoco había estado nunca enamorado. Todo eso era nuevo para mí.

Ella me sonrió tiernamente y respondió:

- Perfectamente. No te preocupes por mí. Quien se tiene que recuperar eres tú.

Pasó sus dedos por mi pecho, calmando un poco el dolor que empezaba a sentir en las heridas que ahora tenía vendadas. Suspiré por el alivio y ella lo notó.

-¿Te duele mucho? - me dijo como si fuera un niño pequeño.

- No - respondí, o mejor dicho, mentí inmediatamente. Pero ella parecía haberme conocido más en ese tiempo que habíamos pasado juntos, que en los siete años que llevabamos juntos en Hogwarts.

-No me mientas, sé que te duele - dijo poniendo su frente contra la mia y acariciando mi cara con la suya -. ¿Aún sigues con ese orgullo de Malfoy?

-Soy un Malfoy, eso nadie lo va a cambiar - contesté, un poco aturdido por su repentina ternura. Jamás me habían tratado así, ni siquiera mi propia madre.

No sé por qué, pero en ese momento Hermione sonrió con los ojos cerrados, aún con su frente contra la mia. Intenté imaginarme que se le pasó por la cabeza, pero no pude. Entonces ella abrió los ojos y, leyendome el pensamiento, dijo:

-Te quiero de igual forma -. Me besó, pero apenas fue un roce de labios. Seguramente no quería hacerme daño con un movimiento brusco. Cuando se separó de mí no abrió los ojos, seguramente para no dejar escapar las lágrimas que tenía retenidas en ellas -. Lo siento - dijo, antes de que yo pudiera hablar -. Por mi culpa estás aquí.

-Tu no me obligaste a protegerte.

Levanté mi mano derecha y le sequé las lágrimas. No iba a estar dispuesto a dejar que se echará las culpas. Seguramente antes no me hubiera importado, pero ahora todo había cambiado. Haber estado tan cerca de la muerte me había enseñado que tenía que vivir como yo quisiera y no como quisieran los demás. Si yo quería a Hermione, y ella me quería a mí ¿por qué iba a tener que intentar odiarla, y más aún cuando al señor tenebroso no le había importado si yo moría o no?

La puerta se abrió y por ella entró el profesor Dumbledore. Los dos dirigimos la mirada hacia él. Fue entonces cuando me di cuenta: mis heridas no se podrían haber curado en un hospital muggle. Eso quería decir que estaba en San Mungo. ¡Por fin había podido volver al mundo mágico!

-Buenos dias, Draco. ¿Cómo te encuentras? - preguntó cortésmente.

-Bien, señor - contesté.

Caminó hasta quedar algo más cerca de nosotros y después dijo:

-Supongo que os preguntaréis cómo es que estáis aquí - dijo él. Los dos asintimos en silencio -. Ya sabíamos la solución para que volvierais a Hogwarts, pero no os lo dije . Debíais descubrilo vosotros mismos.

-¡¿Qué?! - me alteré de repente -.¡¿Se da cuenta de lo que ha hecho?!

-Draco, tranquilízate -me suplicó Hermione, pero la ignoré.

-¿Sabía la forma de volver y no nos la dijo? - grité intentando incorporarme -.¡Si no hubiera sido por usted nada de esto hubiera pasado!-. El dolor me frenó e hizo que me volviese a recostar.

-Draco, por favor, no te alteres. Debes descansar o se abriran las heridas - me dijo Hermione, preocupadamente.

-Draco, si os hubiese dicho la manera de volver, jamás lo habríais conseguido - intervino Dumbledore.

-¿Por qué? - pregunté respirando con dificultad a causa del dolor de las heridas.

-Esos hechizos habían sido lanzados a causa del odio mutuo que os teníais. La forma de contrarestar los efectos era que cada uno de vosotros hiciera un acto de amor por el otro - dijo, dejándonos a los dos callados-¿Acaso os abríais enamorado si yo os hubiera dicho que esa era la manera de volver?

Permanecí en silencio. Era verdad lo que decía. Si lo hubiera dicho, jamás me lo hubiese creido.

-Entonces, cuando me opuse a combatir con Draco, yo ya podía volver al mundo mágico - concluyó Hermione.

-Y yo pude volver cuando me enfrenté a ese mortífago por Hermione - concluí yo.

-Exactamente.

Me quedé pensativo por unos segundos. Ya podía volver a Hogwarts, ya estaba de nuevo en mi mundo, pero no todo era tan bonito como parecía. Esa traición me iba a salir cara. Ahora no solo iban a ir a por mí, también a por mi madre. Y no solo eso, ahora que estaba con Hermione, tendría que hacer malabarismos para protegerla de los demás Slytherin, que estaba segura que se pondrían en mi contra a menos que fueran leales o que estuvieran cerca de mí por interés. El infierno no había hecho más que empezar.

-No te preocupes por nada, Draco. Ya hemos llevado a tu madre a un lugar seguro. La orden la protegerá. Y a ti también - dijo Dumbledore.

-¿Y qué pasará por el asesinato que cometí y por haber usado magia siendo menor de edad? - pregunté, temiendo la respuesta, que fue bastante positiva, pero no todo lo que yo hubiese querido.

- Draco, no pueden mandarte a Azkaban, si eso es lo que temes. No mandan a los menores de edad allí. Yo estaré para testificar a tu favor. Y , sinceramente, no creo que castiguen a alguien que mató a un mortífago para proteger a un inocente.

-Eso espero.

-Ahora solo tenemos que esperar.

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Habían pasado casi dos semanas. Draco ya había sido de alta de San Mungo y ahora se encontraba casi como nuevo. Lo único que había cambiado eran las marcas que habían quedado en su cuerpo.

En ese momento, se hallaba sentado en un tronco cercano a un acantilado desde el que se veía el mar. Estaba pensando en lo que haría el día siguiente cuando se incorporara a Hogwarts junto con Hermione. Acababa de salir de su juicio y gracias a Merlín le habían considerado inocente y aunque tenía la marca tenebrosa en el brazo izquierdo, habían decidido creer en los testimonios de que el chico trabajaba para Voldemort mediante amenazas.

(&)

-Draco - le llamó la voz de Hermione, quien le abrazó por detrás -. ¿Estás bien?

-Sí - contestó él, agarrando una de sus manos y besándosela.

-El juicio ha ido muy bien ¿No estás feliz?

-Por supuesto - contestó.

Hermione le miró: estaba serio, pero a la vez feliz. Era una extraña expresión de paz que a Hermione se le asemejaba a madurez.

-Piensas en mañana, ¿verdad?

Él solo asintió sin dejar de apretar la mano de ella entre las suyas. Dirigió la mirada hacia ella y la acercó un poco más a él. Frunció el ceño de forma preocupada y cuando fue a abrir la boca para hablar, ella se adelantó.

-No me separaré de ti aunque Harry y Ron se opongan. Acabarán comprendiendolo. Son buenos amigos.

Draco levantó su mano derecha y apartó uno de los rizos que caían por la cara de la chica, lo puso detrás de su oreja y después acunó su cara con la palma. Ella levantó ambas manos y acunó a su vez a la de Draco, cerrando los ojos.

-¿Eso es lo que deseas? - pronunció el rubio -. ¿Deseas estar con un mortífago? ¿Con un asesino?

Hermione abrió sus ojos y le sonrió.

-No, quiero estar con mi héroe.

Draco sonrió. Sus blancos dientes asomaron de entre sus labios, mostrando las sonrisa más bonita y sincera que Hermione había visto nunca. En realidad, pensaba que esa era la primera vez que le veía sonreir de verdad.

-¿Y tú? ¿Quieres estar conmigo? - preguntó la castaña -. Ya sabes las consecuencias que tendrá en la casa de Slytherin.

- No creo ni que se atrevan a mirarme mal cuando se enteren de lo que pasó - rió él -. Además, ¿qué harías tú sin mi? Seguramente no podrías pasar ni dos minutos sin meterte en algún lio. O mejor dicho, meterme a mí en alguno.

-¡Oh, vaya! Gracias. Parece que ya volvió el Malfoy arrogante y creido de siempre.

Draco soltó una carcajada ante la cara de su chica y después se levantó del tronco. Le ofreció una mano a Hermione y ésta la aceptó gustosa. La ayudó a levantarse, la acercó a él todo lo que pudo y guió los brazos de la castaña por detrás de su cuello. La sujetó por la cintura y la observó por unos segundos.

-Deseo que nos metas en lios muy a menudo - le susurró -. Quiero ser tu heroe siempre.

-Te quiero - dijo Hermione, y Draco, sin ni siquiera pensarlo, respondió:

-Yo también te quiero -. Y la besó.

Allí se quedaron enlazados por un tiempo indefinido. Todo era raro y nuevo para ambos. Jamás habían pensado estar así los dos juntos. Fuera como fuese, Draco siempre le echaría la culpa de su felicidad a su estancía en ese extraño mundo al que él no pertenecía, ese mundo que le había cambiado tanto, el misterioso mundo muggle.

FIN

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Hola a todos! perdonad el retraso, pero por fin estoy aquí con el último capítulo.

Gracias a todos los que me han seguido hasta aquí. Muchas gracias a todos. No sabéis cómo disfruté escribiendo este fic. Espero que a vosotros también os haya gustado.

Para los que todavía no lo saben: YA EMPECÉ EL NUEVO DRAMIONE.

Aún solo está el primer capítulo. Se llama : Mi querido desconocido.

Nos vemos en el próximo capítulo de mi nuevo Dramione.

Besos a todas! Que os vaya muy bien.