Capítulo 8: El corazón de un ninja.

Eran las 10 de la mañana y Tsunade ya sentía una imperiosa necesidad de echar mano sobre el sake escondido en el fondo de uno de los cajones del escritorio en su despacho. Los papeles que cayeron pesadamente de sus manos a su escritorio sólo servían de evidencia para confirmar su teoría de que la vida era una maldita perra que no le daba tregua a nadie. Eran los resultados de los exámenes del corazón de Hinata Hyuuga.

Y eran noticias de mierda, en su opinión.

El corazón de la chica había quedado con secuelas, no de las secuelas que te hacen llevar una vida con temor a que tu corazón se reviente en cualquier momento, pero sí lo suficientemente malas como para mandar al carajo su carrera como ninja. Y aunque el daño podría revertirse con un tratamiento largo y reposo, también podía no hacerlo.

– ¡Shizune! – La aludida entró de inmediato a su despacho, – Manda llamar a Hinata Hyuuga.

– A la orden, Tsunade-sama.

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– Ya están los resultados de tus estudios. – Soltó la Hokage. La Hyuuga mantuvo su postura. – No son buenas noticias, lo siento mucho Hinata.

– ¿Es permanente? – Algo en su tono le dio a entender a la Hokage que ya intuía ese resultado, y también tenía un atisbo de esperanza de que no fuera así.

– No lo sabemos; tal vez sí, tal vez no. Hay un tratamiento, si eso te hace sentir mejor. Es un tratamiento prolongado.

– ¿Podré…? – La Hokage ya sabía a qué se refería y la cortó antes de que terminase de plantear la pregunta.

– No. No podrás seguir trabajando. No podrás entrenar. No podrás siquiera hacer el ejercicio más leve.

Fue como si las palabras golpearan a Hinata. En su rostro no se reflejó el impacto. Era una kunoichi, o lo había sido hasta hace poco. Era un soldado. Y los soldados de Konoha eran imperturbables, debía mantener los estándares. Todavía había esperanza.

– Por favor continúe, Tsunade-sama. – Tsunade la vio por un instante antes de continuar.

– Un año. Es el tiempo que dura el tratamiento antes de empezar a ver resultados. Necesito que mañana por la mañana vayas al hospital para explicarte los detalles. Mi sugerencia es que por ese año te vayas de la aldea, el registro oficial diría que te asigné una misión, esto para cubrir tu ausencia. Tengo algunos contactos, lo mejor será un lugar al nivel del mar, para que la baja presión le dé un respiro a tu corazón y éste funcione sin tanto esfuerzo.

– Había pensado que podría irme a las Montañas de la Luna...

– No. Mientras dure el tratamiento, por la altitud, no son una opción. – Hinata hizo una reverencia, y habló sin levantar la cabeza:

– Entonces, Tsunade-sama, me gustaría ausentarme dos años.

– ¿Y eso para qué?

– Un año para el tratamiento y otro año para entrenar...

Tsunade suspiró, sabía que no podría decirle que no.

– Está bien, serán dos años, durante el primer año enviaré a alguien cada tres meses para saber cómo van las cosas. Sin embargo, si te vas por tanto tiempo, las cosas en Konoha podrían cambiar mucho… pero eso es algo que ya sabes ¿cierto?

Lo que obtuvo fue una misteriosa sonrisa por parte de la chica: cálida y segura de que las cosas tomarían el rumbo que ella quería.

El que tanto había trabajado por hacer posible.

El que más se acercaba a un final feliz.

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Una semana después de su encuentro con Tsunade, Hinata ya había preparado todo para marcharse tan pronto fuese posible. En un rincón de su clóset estaba una mochila equipada con todo lo que necesitaría en su estadía fuera de la aldea. Había contactado a Rikuto, su maestro de las Montañas de la Luna, y él a su vez había conseguido un lugar para su recuperación, uno muy lejano, en una playa del país del Rayo.

Había quedado con Naruto para ir a almorzar ramen al Ichiraku. Cuando llegó al lugar sonrió al encontrar al rubio esperando pacientemente justo afuera del local, sus ojos fijos en el cielo. Completamente ajeno al mundo, luciendo encantador con unos pantalones negros y una playera negra con un espiral rojo en el centro, la tela se marcaba sobre su bien trabajada musculatura. Al sentir la llegada de su acompañante, Naruto dirigió su mirada a la dirección en la que Hinata estaba, con su mirada la recorrió de arriba a abajo, le gustaba la forma en la que ese vestido lila se veía en ella, y sonrió.

De esas sonrisas que congelan el tiempo y aceleran corazones.

– ¡Qué bueno que llegas Hinata-chan! – Saludó efusivamente. La chica sonrió dulcemente.

– Siento haberte hecho esperar, Naruto-kun.

– Nada de eso, justo acabo de llegar, ¿entramos?

Escogieron una mesa en la esquina, bueno, Naruto la escogió, con la idea de que tuviesen más privacidad al estar apartados del resto de los clientes, usualmente se sentaba en la barra… Pero en esta ocasión, no se sentía con ganas de compartir a su acompañante. No estaba seguro si eso era una cita. Eran un chico y una chica. Una muy linda chica. Con Hinata nada era lo mismo. Era difícil de explicar, pero necesitaba hacerla sonreír, sentirla cómoda a su lado, sin preocupaciones ni sombras en su mirada. Porque Naruto las había visto, en ocasiones ella miraba a lo lejos y su mirada perdía brillo, y él no comprendía lo que esa expresión significaba, su cuerpo estaba en Konoha ¿pero dónde estaba su corazón? ¿a dónde divagaban sus pensamientos?

– ¡Naruto-kun! – Saludó Ayame, y la vista de la chica se posó inmediatamente en la acompañante de Naruto, luego en el chico en cuestión, se llevó ambas manos a los labios, intentando disimular una sonrisa. Naruto nunca había llevado a una chica, siempre estaba solo o con sus compañeros de equipo. Para Ayame eso era a todas luces una cita. Oh, no podía esperar para comunicarle las buenas noticias a su padre. Y la joven era tan bonita… – ¿Qué les sirvo?

Los dos ordenaron miso ramen y té helado. Ayame se alejó dando brinquitos, y al llegar a donde estaba su padre le murmuró algo al oído, que hizo que el viejo Teuchi mirara repetidamente en dirección de los chicos. El hombre sonrió al ver cómo su cliente número 1 hablaba efusivamente, por la forma exagerada en la que movía sus brazos, lo más seguro es que estuviera narrando alguna de sus grandes hazañas, y la chica a su lado no paraba de reír. El dueño del restaurant sonrió para sí antes de regresar a su trabajo.

Naruto no paraba de hablar, y Hinata escuchaba cada una de sus historias con genuino interés. Ambos se estaban divirtiendo. Ayame llevó la comida, los tazones eran más grandes que la porción estándar y le guiñó un ojo a Naruto antes de regresar a la barra. El rubio se sonrojó, tal vez a los ojos del resto él y Hinata Hyuuga estaban en una cita…

Por primera vez en su vida Naruto se sintió nervioso al comer ramen. Hinata era tan refinada, con modales impecables en la mesa, por Dios, ella sola hacía que el lugar pareciera de categoría con la forma en la que tomaba las porciones perfectas para que cupieran en su boca. Naruto entró en trance al ver cómo una gota de caldo resbalaba por la comisura de los labios de la chica antes de que ella la retirara con una servilleta, sus labios eran tan… rosas, no pudo evitar preguntarse si al tacto eran tan suaves como parecían.

– ¿Naruto-kun? ¿Qué sucede? No has comido nada.

La voz de su acompañante le causó un sobresalto, y con la sensación de haber sido descubierto haciendo algo que no se debe, puso la vista en su plato. Maldita la hora en la que había prometido ir al ramen con Hinata ¡él era un troglodita sin etiqueta! En su efusividad para comer ramen a veces acababa con restos de caldo hasta en las pestañas, ¡en las pestañas!

Debería tener prohibido comer en público.

Temblorosamente tomó los palillos. Tenía la mente en blanco. ¿Qué carajos se suponía tenía que hacer después?

Hinata parpadeó ante el lapsus del rubio, bajó sus palillos y recorrió el establecimiento con la mirada, sin poder contener una sonrisa. Soltó un sonoro suspiro que pareció sacar al rubio de su pelea interna.

– Este lugar seguro me trae recuerdos de cuando éramos genins… en casa nunca se me había permitido comer en la calle, cuando Kiba-kun y Shino-kun se enteraron, insistieron en que para festejar después de una misión exitosa yo conociera algún lugar nuevo de Konoha. Una vez pasamos justo enfrente de aquí, y estaban ustedes, el equipo 7, gritaban y peleaban y reían. Para mí fue tan raro porque parecían tan cercanos y me dio envidia y secretamente deseé que algún día mi equipo y yo pudiéramos ser un poco como ustedes porque parecía muy divertido. Recuerdo que te vi comer y… –los ojos de Hinata se posaron en sus ojos– parecías tan feliz, que por un momento quise entrar y pedir un razón porque creí que aquí estaba la comida de la felicidad. Es un poco tonto, pero después de nuestra siguiente misión prácticamente arrastré a Kiba-kun y Shino-kun hasta la barra del Ichiraku. Y sí fue increíblemente divertido.

Y con una sonrisa recuperó sus palillos.

Naruto, por su parte, estaba en parte sorprendido, y en parte agradecido también porque Hinata estuviese dispuesta a compartir sus pensamientos con él. Hasta ese momento era él quien había hablado todo el tiempo, y ella se había limitado a escucharlo. Se sentía bien que alguien te prestara atención, era algo que siempre había buscado en los demás; pero prestar atención también se sentía bien. Cuando estaba con Hinata todo parecía estar bien. Por primera vez en su vida quería escuchar hablar a alguien. Quería escucharla hablar y reír más y más. Sintió al bicho moverse en su estómago, pero no le dio importancia.

Se sentía bien.

Tomó sus palillos y comenzó a comer, así como comía él, libre y ruidoso, como en el recuerdo de Hinata.

La comida le supo a felicidad.

Tres tazones de ramen después Naruto ya había descubierto que se le daba bien eso de hacer reír a Hinata. Terminaron de comer y fueron al mostrador a pagar, cuando Naruto vio que la chica se disponía a sacar su cartera, el rubio la detuvo.

– Nada de eso, yo invito.

– Pero…

– Yo invito. – Dijo firmemente, la chica asintió, sabiendo que no era rival para una batalla de esas contra él.

– Entonces yo invito el postre.

Bueno, tenía sus propias formas de empatar.

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Hinata se topó con Naruto cuando salió de la librería. Había ido a surtirse de material para vivir nuevas aventuras durante su incapacidad. Sus adquisiciones le serían enviadas a la mansión. Tal vez había comprado más libros de los que leería en un año. En fin, nunca puedes tener demasiados libros, ¿no?

Últimamente se habían estado encontrando seguido, caminaban un rato y, si su horario lo permitía, en ocasiones se sentaban en algún parque a charlar o en algún café a tomar algo. Para Naruto estar al lado de Hinata era como un respiro de aire fresco, era increíble, podían hablar de todo y de nada a la vez; aunque Hinata era callada la mayor parte del tiempo, la verdad era que tenía una opinión en cada tema que iniciaban.

Hoy fueron al parque de los columpios, el que parecía un bosque pequeño. En esta ocasión tardaron más tiempo en que fluyera la conversación. Naruto supo que era uno de esos días en los que Hinata estaba ahí pero a la vez no estaba. Se veía cansada. Él podía ser el portador del Kyuubi, pero ella era portadora de otras cargas por el hecho de ser una Hyuuga. Le hubiera gustado decirle que podía contar con él para compartirlas, que podía contar con su amistad. Sin embargo, aún era un chico que no tenía nada sólido para ofrecerle, un par de victorias contra los tipos malos no parecían valer mucho en ese momento, y no encontró las palabras para decir lo que sentía. Se dijo a sí mismo que quizás debería leer más, al menos para poder usar las palabras de otros. En sus conversaciones le había quedado claro que Hinata era una señorita culta, y él no tanto.

Estaban lado a lado, meciéndose suavemente cada quien en un columpio.

– ¿Sucede algo, Hinata?

– Me voy de misión.

– Oh… ¿cuándo regresan?

– Sólo voy yo. Regreso en dos años.

Naruto se detuvo en seco. Y la vio como si de repente Hinata hubiese decidido hablarle en otro idioma.

– ¿Po-por qué tanto tiempo?

– Es confidencial.

– Oh… ¿Cosas de anbu? – Hinata negó suavemente. – Oh. – Al parecer Naruto tenía una nueva vocal favorita.

– Naruto-kun, hay algo que debo contarte. – A Naruto lo puso más nervioso el hecho de que Hinata no lo mirara a la cara, ella tenía la vista fija en la tierra bajo sus pies, como si fuese de lo más interesante.

– Yo…

– ¿Tú? – Le animó al continuar luego de que la pausa fuese más larga de lo necesario.

– Estaré fuera por dos años y presiento que muchas cosas van a ser diferentes cuando regrese a la aldea… La verdad, no estoy tan segura de querer regresar.

Esa conversación comenzó a sonar a traición. Naruto frunció el ceño. Hinata no podía estar hablando de desertar, ¿o sí?

– ¿Por qué? – La ira que estaba comenzando a sentir se le escapó en el tono.

– No voy a fracasar en mi misión, si es lo que te preocupa, jamás sabotearía a Konoha… le debo muchas cosas a la aldea; pero hay otro lugar, un lugar donde soy libre y donde realmente siento que pertenezco. No creo que mi lugar esté aquí. Y llegará el día en el que no pueda permanecer en Konoha. Será lo mejor para todos.

– Hinata, si lo dices por tu clan, yo podré estar de tu parte, espera a que sea Hokage. Podré protegerte, respaldar tu lugar. – La ira se había convertido en súplica. – Voy a esforzarme mucho, para ser más fuerte y para que cuando tú regreses en dos años encuentres que la aldea es un lugar más bonito, uno donde puedas sentir que encajas. Yo sé muy bien lo que es sentir que no perteneces, pero poco a poco las personas me han aceptado ¡ya casi soy popular! Si yo lo conseguí, para ti será mucho más fácil. No entiendo qué quieres decir con que no encajas, ¡si todos te quieren! Pero está bien, ya verás que cuando regreses de tu misión, querrás quedarte en Konoha por siempre.

Sus palabras hasta a él le supieron a promesas vacías.

La miraba intensamente, como tratando de que esa fuerza lograra mover el corazón de la chica. Hinata sonrió, pero su sonrisa no llegó a sus ojos. A Naruto eso le rompió el corazón sin saber bien por qué.

– Gracias, Naruto-kun.

– ¿Cuándo te vas?

– Mañana.

– ¿Quieres ir al Ichiraku?

– No tengo apetito.

– Entonces podemos ir a ese lugar donde preparan el té de durazno y los dulces que te gustan y esperamos a que tengas apetito.

– Debo terminar de empacar para la misión.

– ¿Por qué Tsunade-obaachan te dio una misión tan pronto, si prácticamente acabas de salir del hospital?

– No cuestionamos a la Hokage.

– Debe haber algo que podamos hacer…

– No te preocupes.

– ¡Pero Hinata!

– Debo irme ya. – Ella se levantó y se despidió cortésmente del chico. – Cuídate mucho, y espero que estés bien.

– Te acompaño a tu casa.

– No, está bien, pasaré a ver a Kurenai-sensei, a Kiba-kun y Shino-kun.

– Puedo acompañarte, si gustas.

– Gracias, pero me gustaría hacerlo sola. Hasta pronto, Naruto-kun.

La vio marcharse sin mirar atrás. Era como regresar nuevamente a esos días oscuros en los que no era nada ni nadie. Se había vuelto tan fuerte, pero seguía siendo un don nadie. No había avanzado lo suficiente. No podía proteger a Hinata. Era un muchacho inútil de diecinueve años.

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Cuando Naruto regresó a su departamento, Sakura y Sai lo estaban esperando.

– Hola, ¿qué pasó? – Los saludó no muy animadamente.

– Nada de "Hola, ¿qué pasó?" – Lo reprendió Sakura. – ¿Se te olvidó que quedamos para ir a cenar al puesto de dango?

– Oh, sí, lo olvidé. – Sakura lo hubiera golpeado de no ser porque notó el raro humor de su compañero. Sai no parecía muy interesado, había pasado todo el día con su libreta de dibujo y el pincel en la mano. Cuando le pidió razones él sólo dijo que estaba esperando a que su musa le diera instrucciones para un dibujo, algo que podía pasar en cualquier momento. Lo que fuera que eso significaba. Era como una maldición el que siempre estuviese rodeada de bichos raros.

– ¿Qué te pasó a ti?

– ¿Qué me pasó?

– Yo te pregunté primero.

– Bueno, la mía no era una pregunta realmente.

– Habla ya. ¿Qué te pasó?

– Me encontré con Hinata-chan… – Sai de repente se mostró interesado. Sakura puso una mirada pícara.

– Bueno, qué bueno que la mencionas, también quería hablar sobre ella. Sobre ustedes.

Sakura tomó un sobre de su bolsa y se lo tendió a Naruto, él lo abrió y se puso de todos colores. Sai se lo arrebató y al ver el contenido, su libreta resbaló hasta el suelo y algunos bocetos se salieron de su lugar. Eran retratos. Retratos de la heredera del clan Hyuuga.

– ¡Pervertido! – Gritó Sakura mientras conectaba un puñetazo limpio en el rostro de Sai.

– ¡Sai! ¿Cómo te atreves? – Le gritó Naruto mientras lo zangoloteaba.

– ¿Cuál es su maldito problema? ¿No han oído hablar de la libertad de expresión? ¡Es mi arte! Nunca les han interesado mis dibujos. Y el que sale en una foto indecente es él. – Dijo señalando con un dedo a Naruto.

– ¡No es indecente!

– Son un hombre y una mujer, dormidos en una cama. Claro que es indecente.

– Pero, yo sólo estoy recargado en la cama, ¡no cuenta!

– Claro que sí cuenta.

– Que no cuenta. No pasó nada. Tú eres el enfermo que tiene tantos dibujos de Hinata-chan.

– Soy un artista, mi trabajo es capturar la belleza para la eternidad.

– ¿Estás acosando a Hinata-chan?

– ¡Tú no puedes preguntar eso! Tú debes estar acosándola, qué trastornado tomarle la mano mientras duerme.

Sakura los golpeó a ambos.

– ¡A callar! Esta foto la sacaron las enfermeras del hospital mientras Hinata estaba internada. Y sobre los dibujos de Sai, con todo lo perturbador que es que los tenga, no son indecentes, son sólo retratos.

Naruto, haciendo honor al Rayo Amarillo de Konoha, recogió todos los bocetos esparcidos en la entrada de su departamento en un parpadeo.

–Voy a confiscar esto. – Y desapareció.

– Voy a matar a ese idiota. – Se mofó Sakura.

– No si yo lo encuentro primero. – Dijo Sai.

Y ambos desaparecieron.

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Definitivamente había algo mal en él. Ahora sentía muchos bichos en su estómago, que se movían rápido. Su corazón latía irregularmente. Sus manos no coordinaban bien y le sudaban. Ya era hora de cenar y no tenía hambre. El Monte Hokage no le daba tranquilidad como antes ¿Lo habría infestado alguna colonia de bichos devora-chakra?

– ¡Te encontré!

– Sakura-chan, creo que estoy enfermo.

– ¿Eh? – Su vocación de médico era más grande que su enojo, viéndolo bien, sí tenía mal aspecto. – ¿Por qué dices eso?

Naruto le habló de sus síntomas. Ella lo vio con ternura, como pocas veces lo había hecho.

– ¿De verdad no sabes qué es lo que tienes?

– No tengo idea. – Dijo cabizbajo, tenía todavía los retratos de Hinata en las manos.

– Por las noches no puedes dormir. Te sorprendes contemplando la luna. Sientes que a momentos todo tiene sentido y a momentos todo es caos. Las cosas pequeñas te hacen más feliz que antes, pero también tienes más inseguridades. – Naruto asintió. – Ya sé lo que tienes.

– ¿Se puede curar?

– No se puede.

– ¿Qué? ¿Por qué? ¿Ni Tsunade-obaachan lo puede arreglar?

– Ni Tsunade-sama lo puede arreglar.

– ¿Qué me pasa?

– Estás enamorado. – Naruto se puso de pie como resorte con los ojos abiertos como platos.

– No, Sakura-chan, no puedo estar enamorado. Nunca me había sentido así.

– Esta vez caíste redondito.

– ¿De Hinata-chan? –Sakura asintió. Sintió que sus piernas eran de gelatina y se dejó caer al suelo.

– ¿Qué voy a hacer? – Parecía un niño perdido.

– Eso es decisión tuya.

– ¡Ella se va a ir!

– ¿Qué dices?

– Se va a ir de Konoha.

– ¿Tiene una misión?

– Por dos años.

– Eso no tiene sentido. Tuvo una cirugía mayor y acaba de ser dada de alta del hospital. ¿Cuándo te dijo eso?

– Hoy, se va mañana. ¿Qué voy a hacer? Ahora que lo pienso, de alguna forma Hinata siempre ha estado cerca cuando yo paso por algún mal momento… Y yo nunca le había prestado atención hasta que supe que podía perderla. No la merezco.

– Oh, vamos, Naruto, claro que la mereces. Tienes que decírselo.

– No, no tengo nada para ofrecerle... pero ahora tengo dos años para prepararme. Ahora va a ser mi turno de esperar. Ya lo he decidido, Sakura-chan, me convertiré en alguien que Hinata-chan no pueda rechazar. – Se le iluminó el semblante y puso una sonrisa ladina. Una vez que Naruto decía algo, ya no había vuelta atrás. Hacía que las cosas sonaran más fácil de lo que serían.

– Está bien, está bien. Has lo que quieras. Ahora vamos por Sai, todavía quiero ir a comer dango. ¿Me escuchaste, Sai? Sal de ahí y vámonos.

Sai los escuchaba desde las sombras, aunque había llegado desde hace un buen rato, durante su tiempo en el equipo 7, sabía que había momentos como este, que pertenecían sólo a Naruto y a Sakura, él no cabía ahí. Quizá si él fuese Sasuke sí tendría un lugar. Pero no lo era y Sai no se metía en las charlas como esa.

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Marcharse de la aldea siempre le había resultado fácil. Nunca se lo había confiado a nadie, ni siquiera a Shino ni a Kiba. Cuando era más joven, el rincón más oscuro de su corazón le susurraba que no regresar sería lo mejor para todos, que podría encontrar honor en morir en el campo de batalla; que ese sería el único honor al que podría aspirar.

Luego Aiko y Rikuto llegaron a su vida. Y el sol brilló un poco más. Y la tormenta fue un poco menos fuerte. Y encontró el honor al convertirse en Nana de las Montañas de la Luna, la Estrella de Plata. Fue cuando realmente sintió ganas de querer vivir.

En estos momentos se sentía de regreso en aquel lugar oscuro. Otra vez la mala salud de su corazón se interponía entre sus objetivos. Quizás ahora fuese permanentemente. Y aunque se reprendía a sí misma por la constante, e inútil, tortura mental sobre algo que no podría saber sino hasta dentro de un año. No podía evitarlo. Eso la hacía sentir débil. Débil y asustada. Tantos planes que podían irse a la basura.

Suspiró. Se asomó por la ventana del carruaje que la llevaba al sitio donde se encontraría con Rikuto. Su sensei no había podido ir hasta la aldea a su encuentro, mandó el carruaje y la esperaría en la playa del pueblo Sakana, era el lugar más cercano a las Montañas de la Luna que habían encontrado que cumpliera los requisitos de Tsunade. Después de dos días de camino, ya habían entrado sin problemas al País del Rayo. La vegetación siempre verde del País del Fuego había sido reemplazada por rocas y nubes. Esas nubes siempre le habían llamado la atención, prácticamente todo el tiempo estaban presentes, y muchas veces tocaban el suelo. El clima era más frío que en Konoha, y eso le gustaba. Todavía restaban un día y medio de camino para llegar a su destino, con su reciente adquirida vulnerabilidad, Tsunade, Rikuto y ella misma habían estado de acuerdo en que entre más remoto fuera el lugar, mejor; un sitio donde las personas no hicieran muchas preguntas y donde pudiera mantener un perfil bajo.

Cerró los ojos y casi pudo ver nuevamente a Kiba, Shino y a su hermano Neji despidiéndola en las puertas de la aldea la madrugada que había partido de Konoha. No había tenido corazón para decirles toda la verdad, sólo sabían que estaría lejos por 2 años, recuperándose de un problema que ella aseguraba no era tan grande como lo hacían ver todas las precauciones que estaban tomando. Vacaciones pagadas, les había dicho cuando intentaron sospechar algo.

Si le creyeron o no, no lo demostraron.

Si ella marchaba con una sonrisa.

Ellos harían lo mismo.

Los estaba extrañando.

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Sakana era un pueblo pesquero pequeño, cuyos habitantes eran pacíficos y trabajadores. Estaba justo sobre el nivel del mar, y las casas habían sido construidas aprovechando la roca de la cumbre donde se rompían las olas, estaban conectadas entre sí por túneles en la roca y sólo se podía acceder en bote, o desde un descenso por el peñasco que no se veía muy agradable. Vista desde la distancia tenía forma de pez. Había muelles flotantes anclados a la piedra y muchos botes pesqueros de colores. No había señales de actividad shinobi. Olía a sal y a pescado frito. Aunque Hinata siempre fue más una chica de montaña que de playa, le pareció un buen lugar.

El chofer del carruaje acomodó su equipaje en un bote y se despidió con una reverencia. El navegante de la balsa la transportó hasta una casa en la piedra más apartada de las demás, había más casas apartadas como esa, dispersas en todo el peñasco. Su nuevo hogar. Pintado con un discreto tono de azul, parecía tener dos niveles y un área de terraza

Un hombre fornido, como en la sexta década de la vida, de cabello rojo oscuro y con más canas de las que recordaba haber visto desde su último encuentro, la veía desde la terraza agitando una mano amistosamente.

El interior de la casa era amplio, iluminado y bastante bien ventilado, el techo y las paredes eran de piedra pulida, la decoración era modesta pero de buen gusto, Rikuto al menos se había tomado la molestia de que el lugar no le pareciera tan foráneo. Podía ver la sala, la cocina, una puerta que probablemente llevaba a una habitación y una más grande que probablemente conectaba con las otras construcciones.

– Mi niña se hace más hermosa cada día que pasa. – Había bajado a recibirla.

– ¡Rikuto-sensei! – Corrió a abrazarlo. Luego de unos momentos él la separó un poco para inspeccionarla.

– No debiste regresar a esa aldea Nana, sabemos que tu hogar está en las montañas. Te he extrañado mucho.

– Ya sabes mi respuesta sobre eso.

– Que estoy en lo correcto y meditarás sobre tus malas decisiones, y entrarás en razón, dejarás esa aldea de víboras y te quedarás por siempre donde yo pueda cuidarte. Porque ese es tu lugar.

– Primero, Konoha no es una aldea de víboras. Segundo, sabes que no necesito que me cuides. – Rikuto alzó una ceja, y toda su expresión decía No-me-vengas-con-ese-cuento-y-recuerda-porqué-estamos-en-esta-situación. – Son cosas que pueden pasar en cualquier misión, tú me lo enseñaste.

– Eres mi hija…

– ¿Cuántos somos ya?, ¿nueve?

– Sólo he tomado ocho discípulos, y parece que seguirá así, ya no los hacen como antes. – Se encogió de hombros.

– Pero supe que alguien más había intentado entrenar a tu cargo.

– No pasó el control de calidad de Mei, quien por cierto, te envía saludos. Yudai y Kenta querían venir, pero les dije que no era lo más adecuado. Nos has hecho falta.

Rikuto había pasado a convertirse en la única figura paterna que necesitaba, luego de haber perdido a Aiko, el vínculo entre ambos se había profundizado.

– Hay días en los que me gustaría correr hasta llegar a las montañas… Si no me recupero, tal vez podría conseguir que me pongan el sello y me exilien de la aldea.

– ¡No bromees con eso, niña!

–No te enfades, tengo que considerar mis dos futuros. Háblame de los demás, ¿cómo están tus otros hijos? Todavía no conozco a Hachi.

– Siguen todos activos – Rikuto brilló con orgullo, – San es quien más me pregunta por ti, casi echa a perder un trabajo de encubierto cuando supo que estabas herida. Vendrá a verte en seis meses. Y pues, Hachi, te caerá bien, tiene las mismas afinidades que tú, rayo y agua, aunque su agua es más dominante.

– Otro raro.

– Hey, no hables así de mis hijos, dicen que lo raro es pariente de lo feo, y mis hijos son hermosos. – Ella rio.

Rikuto nunca tuvo hijos propios, todos sus discípulos eran adoptados. En su juventud estuvo casado, y no conocía bien los detalles, pero fue por poco tiempo. Su esposa descansaba en una tumba en la Montaña Principal. Cuando Hinata lo conoció, ya habían pasado muchos años del deceso. Rikuto había encontrado la forma de lidiar con su dolor cultivando su ego y amando a sus hijos adoptivos.

– ¿Qué te parece el lugar?

– Es acogedor, gracias, sensei.

– Una señora se quedará contigo y te ayudará en lo que necesites, se llama Kihara-san. No debe tardar en llegar. Dicen que solía vivir en otra aldea cuando era joven, pero le cortaron la lengua en un saqueo pirata. No sabe leer ni escribir. Me aseguraron que es la mujer más discreta de todo el norte del país y le estoy pagando una fortuna, así que es de confianza. En el pueblo todos piensan que una viuda ha rentado la casa para pasar una temporada, así que te aconsejo que no salgas mucho. – Le dijo guiñando un ojo, ganándose la risa de su pupila.

– Descuida, todo lo que necesito para entretenerme está aquí. – Señaló las cajas que el hombre del bote había descargado y apilado en la entrada.

Rikuto inspeccionó la primera caja.

– ¿Desde cuándo te gustan las novelas románticas?

– Desde siempre… pero esas novelas sólo están para esconder lo que está abajo. – Buscó más en el fondo.

– ¿Qué es todo esto?

– Material de estudio sobre el sello maldito del clan Hyuuga.

– No, olvídalo, no pregunté nada.

Daba miedo sólo de pensar que alguien había podido sacar pergaminos sagrados del clan donde está la gente que todo el tiempo lo ve todo.

Hinata había empezado a recorrer el lugar, había llegado a la cocina cuando sintió una punzada en el pecho, se le doblaron las piernas, comenzó a sudar frío. Su sensei estuvo a su lado en una fracción de segundo, con un semblante preocupado.

– Rikuto-sensei. Me siento... fatigada...

La tomó en brazos y la llevó a la segunda planta, donde estaba ubicada la habitación que le correspondía. La dejó sobre la cama y se sentó a su lado.

– Has tenido un largo viaje, necesitas descansar. Quizá hicimos mal en buscar un lugar tan lejos de Konoha. Tal vez es mejor que estés más cerca de Tsunade-san, puedo tratar de conseguir otro lugar antes de la próxima semana.

– Aquí está bien. ¿Puedes traer mi bolso de viaje? Ahí está la medicina.

Cuando Rikuto regresó con la medicina, su alumna seguía en la cama, con la vista perdida por la ventana.

– Tengo miedo. – Musitó ella.

– Lo sé. Has estado asustada antes, y nunca te detuvo. Esta vez es igual, tu miedo te mostrará el camino para que puedas volverte más fuerte. Solo tienes que seguirlo.

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Sakura estaba en su casa, tarareando, feliz de que su mejor amigo por fin tuviera a alguien en su corazón. Dos años no eran nada de tiempo. En un santiamén Hinata estaría de regreso en la aldea y se pondrían de tórtolos. Ya era hora de que Naruto se enamorara de alguien, pero esta vez de verdad, no como la infantil obsesión que sintió por ella.

No dudaba que Hinata le correspondiera, de eso no tenía duda, hace unos años la Hyuuga siempre se sonrojaba de solo verlo.

Hace unos años...

Maldición.

Ahora que lo pensaba, sí habían pasado años desde la última vez que vio a Hinata sonrojándose por Naruto.

¿Y si ella ya había dejado de verlo con esa mirada? Entonces las cosas se pondrían mal.

Muy mal.

No. No era el momento de pensar cosas negativas.

Todo iba a salir bien.

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Naruto se estaba acostumbrando a vivir con los bichos en su estómago. Sakura le había dado un desparasitante, por si acaso. Pero no le había servido de mucho. Estaba en su departamento, tumbado boca arriba en el sofá de la sala.

Haber estado enamorado de Sakura había sido completamente diferente a estar enamorado de Hinata. Cuando se trataba de Hinata, le salían a flote todas sus inseguridades, perdía la paciencia más rápido que de costumbre, de pronto se veía encarado con sus más grandes defectos. Pero eso estaba bien, porque recordar sus defectos era la mejor forma para trabajar en ellos. Quería ser mejor. Ser el mejor para ella.

Había comenzado a pensar, a pensar y a pensar. No era muy bueno en ello, él era más bien un hombre de acción. Mas algo en su interior le decía que era buena idea pensar. Trazar su plan para aumentar su estatus, mejorar sus probabilidades, cuidar los detalles. Ser deseable, pero más importante aún: ser irrechazable.

Debía ganarse el corazón de la chica. Era el pendiente más aventajado que tenía, pero todavía no lo sabía.

Debía convencerla de que Konoha era el mejor lugar, cualesquiera que fuera el otro en el que pensaba. Buena suerte.

Debía convencerla de que Naruto Uzumaki era su mejor opción. ¿Nos estamos poniendo arrogantes?

Debía ganar la aceptación de su familia, obviamente. ¿Cómo diablos anotas puntos con Hiashi Hyuuga? Ja.

No sabía qué hacer con esa fotografía. Quería ponerla en un bonito portarretrato y exhibirla como trofeo. Quería esconderla en el fondo de algún cajón olvidado para que su pulso no se tornara errático cada vez que la veía. Era la única fotografía que tenía de Hinata… También estaban los dibujos que le había confiscado a Sai, pero no era lo mismo.

Vio la fotografía una vez más. Se vio a sí mismo, tan tranquilo, sin gracia al dormir como de costumbre pero se veía en paz. Desconocía su propia expresión. Y luego pasó a la figura de ella. Y ya no supo de nada, todo a su alrededor desapareció, solo estaba ella, tendida en la cama, durmiendo, aún sin despertar de la especie de coma en la que estaba. Su perfil parecía haber sido esculpido en el más fino mármol por el más hábil escultor, sus finas facciones, su cabello negro azulado algo revuelto acentuando su aire sobrenatural, sus manos... ¡Sus manos! La de él y la de ella, entrelazadas.

Hasta sus propios pensamientos le parecieron cursis.

Había caído bien y bonito.

Cerró los ojos y pensó en su padre y en Jiraiya, a quienes muy probablemente hubiese visitado en esa situación. No sabía a quién acudir para recibir consejo. También estaban Iruka y Kakashi, pero no le parecían buenas opciones cuando se trataba de chicas. Suspiró. Lo mejor sería consultarlo con la almohada, tenía que hacer valer estos dos años. Tendría que ir a primera hora a la Torre del Hokage, a rogarle a Tsunade que lo tomara por aprendiz de una buena vez, incluso se sentía dispuesto a aceptar el puesto de chico de los mandados, pero primero plantearía la idea que le permitiese conservar la mayor dignidad posible.

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Seis meses habían pasado en un abrir y cerrar de ojos. Su convalecencia había resultado ser más productiva de lo que había creído. Del material de lectura que había tomado de la biblioteca secreta de la rama principal había encontrado cosas muy interesantes sobre el sello del ave enjaulada. La historia detrás de esa costumbre en su familia estaba escrita con sangre, metafóricamente hablando.

Décadas después de la fundación del clan Hyuuga hubo un intento de revuelta para derrocar a la familia principal… todos los conspiradores fueron descubiertos y sentenciados a muerte. Y todos los miembros de la familia secundaria que no estuvieron directamente involucrados fueron castigados con la colocación del sello. Para recordarles por siempre su lugar y prevenir futuros intentos de rebelión.

Hinata ya conocía esa historia, siempre le puso los pelos de punta. El tema del sello albergaba una de sus más grandes ambiciones, el primer paso en la reforma del clan. No era ingenua. Sabía que la existencia del sello era necesaria. Portar el sello significaba que una vez muerto, el Byakugan se destruía, protegiendo los secretos del clan; pero también hacía evidente que el portador era más útil vivo que muerto.

Las jaulas también sirven para proteger de los peligros del exterior.

Los meses de estudio habían confirmado lo evidente: una vez colocado, el sello no podía ser retirado. Pero había alternativas, el sello podía ser modificado. No era sencillo, y nadie se había molestado en intentarlo antes… Su objetivo consistía en mantener resguardados los secretos del Byakugan, y deshacerse de la parte en la que una orden de la familia principal podía freír las neuronas de la familia secundaria.

Sabía que su investigación era un acto de traición a su sangre. Que su intento por suavizar el resentimiento entre las dos ramas del clan podría terminar con la destrucción de todo el linaje, si la rama secundaria algún día decidiera que ya no quería someterse. Quizá sólo sería una forma de apresurar lo inevitable. Quizá el clan Hyuuga ya había existido por más tiempo del que le correspondía. Quizá la destrucción era lo que merecían.

Y estaba bien.

No se sentía culpable. Su mayor preocupación era fallar al momento de modificar el sello. Tan lejos como estaba de Konoha no podía practicarlo. Sabía que Neji estaba por llegar para mandar el reporte de su estado de salud a la Hokage, su presencia era lo que había pedido como regalo de cumpleaños: Neji debía llegar a Sakana justo el 27 de diciembre. Su pronta llegada la emocionaba y la ponía ansiosa. Estudió nuevamente sus anotaciones.

No podía fallar.

Una figura familiar ingresó a la casa, estaba vestido de civil, para que nadie sospechara que había ninjas ahí, con su largo cabello cayendo como cortina por su espalda, sus ojos claros y una bandana ocultando la marca en su frente.

– Hinata-sama.

– ¡Hermano Neji! – Corrió a abrazarlo. Los Hyuuga no mostraban afecto, pero ellos dos eran la excepción. – Cruel de tu parte llamarme de la forma que más me desagrada luego de no vernos por seis meses… – Hizo un puchero.

– ¿Cómo ha estado?

– ¿No crees que me veo bien?

– Si hasta estoy sospechando que su enfermedad es parte de una actuación de su parte para tener vacaciones, lo pondré en mi reporte para Tsunade-sama. – Bromeó. – Feliz cumpleaños, que la buena fortuna la acompañe siempre.

– Gracias, Neji-niisan.

– Sus compañeros de equipo y el personal de la mansión le envían regalos.

– ¿Les dijiste que vendrías a verme? – Hinata alzó una ceja.

– No se me ocurre cómo se enteraron. – Se encogió de hombros.

– No importa, gracias por traerlos desde tan lejos. De hecho, yo también tengo un regalo para ti. – Lo vio con entusiasmo. – Mi regalo para ti es una decisión.

Neji sabía que en su vida habría muy pocas cosas que podría decidir. Hinata se acercó hasta que pudo quitarle el accesorio que cubría su frente.

– Este día debe traerte recuerdos tristes, fue cuando te pusieron esa marca.

– Eso es algo que está en el pasado.

– No me digas mentiras, – le sonrió suavemente. – Puedo abrir la puerta de esa jaula… No puedo quitar el sello, ni quiero hacerlo, pero sí puedo cambiarlo para que ningún Hyuuga pueda hacerte más daño a través de él. Ya no tendrían control sobre ti. Vivimos momentos inciertos en el clan, cada día es más fácil predecir que somos los próximos en desaparecer. Como heredera debo velar por el genio que ha sido bendecido con el Byakugan más puro de todos. Serás libre de la familia principal; y en el momento de tu muerte –que espero falten muchos años para eso– el Byakugan seguirá sellándose.

Neji la vio como si se hubiese vuelto loca. Hinata ya esperaba una reacción así.

– Seguirás siendo Neji de la familia secundaria, el shinobi más honorable que conozco y el usuario del Byakugan más talentoso. No puedo darte tu libertad en realidad, pero esto es lo más parecido que te puedo ofrecer. Tampoco puedo decirte que es un proceso libre de riesgos, si falla la modificación incluso podrías morir. Puedo asegurarte que después de todo lo que he estudiado, nadie sabe más del sello enjaulado que yo, me he preparado arduamente y creo que puedo lograrlo.

Neji sonrió, discretamente, como solía sonreír él. En ese momento pudo comprender a su padre, el poder decidir en alguno de los aspectos de su vida, incluso si fuese sobre su muerte, bien valía la pena. Pensó en Lee y en Tenten, sus amigos más cercanos, en lo que sentirían si no regresaba. Supuso que su padre también pensó en él. Y dejó de culparlo, porque ambos habían llegado a la misma decisión. Quería intentarlo.

Notas de la Autora:

*Risa triunfal* A que no se esperaban eso.

El pueblo Sakana es un invento mío, para quien sepa algo de japonés… no me juzguen. Con los capítulos de Naruto posteriores a la publicación del fanfic se dieron a conocer detalles sobre el País del Rayo que yo no tenía, como el color de la piel de sus habitantes. Creo no haber hecho mención sobre la piel de Rikuto, pero sí de la de Aiko (clara pero sin llegar a ser blanca) y como son hermanos… Ya saben el resto.

Creo que realmente no había hablado sobre los discípulos de la luna, básicamente sus nombres clave se asignan según el número de discípulo que fueron, son los números en japonés: Ichi (uno), Ni (dos), San (tres), Yon (cuatro), Go (cinco), Roku (seis), Nana (siete, ¡es Hinata!), Hachi (ocho). Como las colas de los bijuus. No estoy segura de que los incluya en la historia. Les adelanto que San Y Hinata son las únicas mujeres. Dos naturalezas de chakra no son raras cuando se es nivel jounin, y recuerden que se necesita casi siempre de un kekkei genkai (barrera de sangre) para combinarlas y crear otro elemento, agua y rayo dan tormenta, pero ni Hachi ni Hinata tienen esa capacidad. En este fanfic agua + rayo, es algo poco frecuente, aunque no los combines.

La verdad, había pensado en abarcar el contenido de este capítulo en otros tres más, pero luego me dije a mí misma ¿es real que después de 4 años sin actualizar planeas salir con un capítulo en el que no pase nada? ¡Vamos a acelerar el ritmo de las cosas! ¿Qué opinan, demasiado rápido? Decidí que esta historia tiene que terminar pronto, a lo mucho cuatro capítulos más. Cuando la empecé a escribir era una ingenua que pensó que podía publicar una historia con una idea en la cabeza y sin un story board definido, ahora que he madurado (como persona, tal vez un poco como escritora, la verdad es que mi vida ha tomado otro camino), hay muchas cosas con las que no estoy satisfecha en este fanfic, y hay muchas otras que me enorgullecen. No pienso abandonarlo. No pienso ponerme en hiatus. Tampoco pienso editarla, nunca me ha gustado cuando se editan las historias ya publicadas. Muchas gracias por su paciencia. Por cierto, una de las razones por las que tardé tanto fue por el espantoso final que le dieron a Naruto. Hinata sigue siendo mi personaje favorito ¡tiene tanto potencial para cualquier historia! Y tras ver el cero crecimiento que tuvo como personaje (o el cero crecimiento que tuvieron las mujeres en general en toda la trama)… Hubiera preferido que terminaran solos. Me gusta que el NaruHina haya terminado siendo canon. Pero no soporto la forma en la que los juntaron, si Masashi Kishimoto no sabe dibujar sobre el amor, no tenía por qué meterse con temas de amor. Hay fanfics que son mucho mejores que la versión original. Hasta aquí mi rabieta. Gracias a todos y a todas por leer.