N/A: Este fanfic lo empecé a escribir en inglés hace unos meses, pero la U me tuvo tan ocupada que nunca lo terminé. Ahora se los presento en español para que todos ls fans de Aoshi-sama se entretengan!!

Rurouni Kenshin y todos sus personajes son propiedad de Nobuhiro Watsuki.

Capítulo 1: Una visita no deseada

Eran como las cinco de la tarde, y el atardecer estaba a punto de terminar.

"Escuché que Himura y sus amigos vendrían hoy, pero supongo que no han llegado todavía…Si fuera así, Misao ya me hubiera llamado", pensó Aoshi mientras estaba sentado en el Templo de Kyoto, meditando como todos los días. Suspiró lentamente, y se levantó con la misma paciencia.

"Esta vez debería agradecerle por todo lo que hizo por mí…pero siempre me es difícil. Después de todo, no soy como él…", la memoria de un viejo conocido se acercó a su mente, y un escalofrío recorrió su espalda. ¡Hacía tantos años que no pensaba en él, que ya lo había olvidado!

"No debería pensar en el demonio…Además, ¡qué importa que él siempre pudiera decirle a las personas lo que sentía…!" Se detuvo ahí…ya veía para dónde iba. Otra vez, a pensar sobre Misao. Otro escalofrío recorrió su espalda pero esta vez no disimuló: se frotó los brazos con fuerza esperando que su piel de gallina volviera a la normalidad. Y es que desde hacía unos días eso le pasaba a menudo.

--Flashback--

Todo comenzó unas semanas atrás, cuando empezó a sentirse extraño cerca de Misao. Al principio no era nada serio: pensó que había comido algo malo y que por eso sentía mariposas en el estómago. Luego pensó que era un resfriado, pues eso explicaría porqué su cara hervía cada vez que ella abría la puerta del templo para traerle el té.

Pero un día, cuando Misao no llegaba al templo, él mismo salió a buscarla. ¡No era normal que su "protegida" no llegara al templo con sus tazas de té, a las 3 y media de la tarde! Siempre lo hacía. ¡Algo estaba mal! Se apresuró a buscarla por todo Kyoto, si era necesario pero, empezando no más por el mercado, la encontró a ella en compañía de Okon y Omasu, de compras, charlando, riendo…

"¿Se le olvidó ir a verme?", se preguntó así mismo y, si no hubiera sido por su entrenamiento ninja, hubiera puesto ojos de cachorrito triste. Pero, olvidando la extraña sensación en su pecho, se preguntó así mismo qué haría ahora. ¿Las iba a saludar y se quedaba con ellas…? No…demasiado obvio. ¿Se devolvía al templo…? No, ya de todas maneras la noche se acercaba y le tocaría irse para el Aoiya pronto. ¿Entonces? ¿A quedarse de espía? Bueno…algo malo podía suceder, ¿cierto? Una linda muchachita y dos mujeres solas pueden estar en problemas en medio de un mercado donde abundan los borrachos y ladrones.

— Hey, nenas, ¿quieren salir con nosotros? —, preguntó un enano acompañado de un hombre de altura regular y otro más alto y gordo…todos borrachos. ¡Ahí estaban: las sabandijas de las que Aoshi debía proteger a su…es decir, a Misao!

— No— respondieron las kunoichi al unísono.

— ¿Qué? ¿No quieren divertirse?

— NO — respondieron de nuevo.

— No acepto un no. —dijo el enano mientras se acercaba para tomar a Misao del brazo, pero la joven ninja fue más rápida y le dio un puñetazo en la cara. Claro está que con eso la batalla dio inicio.

"Bueno…no es que deba preocuparme. Las tres son buenas ninjas…en especial Misao. ¡Ah!"ojo: suspiró en esta parte "Miren que lindo patea al gordo en la panza. ¡Y cómo le vuela los dientes al enano! ¡Y ni hablar de cómo patea al otro por AHÍ…! ¡Ah, Misao, te ves tan….! ¡Oh…por un demonio! ¿Qué demo--?"

Vio a sus alrededores. Todos miraban a las kunoichis dándoles su merecido a esos borrachines, y él, oculto tras un puesto de comidas, era observado por un par de niñas que se rían quedamente. Con lo poco que logró escuchar de las niñitas, sintió su sangre hervir:

— ¡Qué lindo! ¿Viste?

— ¡Sí!

— ¡Está enamorado!—su corazón se estrujo, su estómago quiso salirse, y lo único que pudo hacer fue salir de ahí. Aoshi Shinomori ridiculizado por un par de niñas chiquitas que estaban equivocadas. ¡Equivocadas! Porque él estaba enfermo. ¡Su extraño comportamiento se debía a una nueva enfermedad! Y, si no era una nueva y mortal enfermedad, de todas maneras estaba enfermo. ¡Era casi incestuoso pensar en Misao de esa forma! Él fue casi su padre, casi su hermano mayor, ¡y él no era ningún pedófilo como para meterse con una niñita!

Sin darse cuenta, llegó al templo. Se sentó en el mismo lugar de siempre e intentó meditar. ¡Iba a encontrar una respuesta así le tomara toda la noche, la semana o el mes entero para encontrarla! ¡No volvería al Aoiya, para dormir bajo el mismo techo que Misao! No volvería para esperar a escuchar la respiración lenta de la joven mientras se dormía…ni para esperar a que se despertara, mientras él estaba debajo de su ventana cuando todos pensaban (incluida Misao) que él ya se había ido a meditar!

¡Grrrrrr…! Se jaló de los cabellos y comenzó a contar que otras cosas locas había hecho por la joven:

Se quedaba bajo su ventana para escucharle dar los buenos días a Kyoto.A las 3 y 20 minutos de todas las tardes, se acercaba unos centímetros más a la baranda del templo para ver llegar a Misao y, cuando la joven desaparecía de su vista tras entrar al templo, volvía a su posición inicial.Tras hacer lo último, contaba los pasos de Misao antes de llegar frente la puerta de la habitación en la que él siempre estaba. Eran 120 pasos. Nunca uno más, nunca uno menos…Ups…si llegó a tres significaba que algo andaba muy mal. Y ya el cuarto punto no le dejó duda: cuando Misao se detenía en la puerta siempre duraba tres segundos para recuperar el aire. Tres segundos que él utilizaba para arreglarse el cabello y acomodarse la yukata. ¡Vanidad ante todo!

Estaba sumido en sus pensamientos (o, mejor dicho, su confusión), cuando una voz le habló:

— Aoshi! Tengo noticias para ti —Okina atemorizó a tal punto a Aoshi que pareció que el joven saltaría de su lugar.—¿Qué pasa, Aoshi? ¿Estás bien? Te ves algo pálido y sudoroso. ¿Estás enfermo?

— Sí, Okina, estoy enfermo —contestó él mientras borraba la ridícula expresión de terror de su cara para volver a ser serio, como a él le gustaba verse.

— Ah……—reprochó Okina. — ¡Y yo que quería pedirte un favor!

— ¿Qué es? ¿Una misión? — preguntó Aoshi con la esperanza de salir de Kyoto lo más rápido posible.

— Casi, casi…Como sabes, Misao cumplirá 19 años dentro de cuatro meses. No quiero entregar a mi ángel, pero 19 es la edad ideal para casarla.

— ¿Ca-casarla?

— Sí. Quiero buscarle un buen hombre: decente, apuesto, inteligente, ¡y si se puede rico! Pero lo más importante es que sea amigo de Misao, alguien que pueda luchar hombro a hombro con ella. Como fuiste Okashira, conoces a los mejores hombres de todo el Oniwabanshu. Quiero que me hagas una lista de todos los candidatos. ¡Ah…quiero encontrar el novio perfecto para Misao-chan! Pero debemos guardarlo como un secreto, ¿entiendes, Aoshi? Si mi niña se da cuenta es capaz de mandarnos a volar, y el resto de la familia se vería muy triste. Cuento contigo, Aoshi. — Y, antes de que Okina se marchara, Aoshi se levantó y lo interrogó:

— Okina… ¿cómo sabrás cuál es será el prometido ideal? ¿No debería ser alguien que…la ame?

— Por supuesto que sí, muchacho, por eso dije decente.

— ¿Y cómo sabrás que se casará con ella por amor y no porque es la Okashira? —una mirada burlona se asomó en el rostro de Okina y, mientras el viejo sacaba el abanico, se cubrió la boca y dijo:

— Bueno, Aoshi, cuando un joven está enamorado, presenta síntomas que lo evidencian: siente mariposas en el estómago, y su cara hierve al ruborizarse por estar cerca de la persona a la que ama. ¡Créeme, me daré cuenta de si un muchacho está enamorado de Misao o no! ¡Ja, ja, ja! — y el viejo se alejó riendo estruendosamente mientras Aoshi se quedaba en un cuadro oscuro de la habitación del templo, casi rezando para que no fuera cierto.

--Fin del Flashback--

"¡Pero eso pasó hace tres semanas! Debo superarlo, ¡por amor de Dios!" el ninja suspiró en derrota y abrió los ojos para notar que ya había llegado al Aoiya.

— ¿Aoshi? ¿Nos esperaste? ¡Qué raro! — dijo un joven pelirrojo que llegaba a penas unos instantes después que Aoshi a la puerta del Aoiya. — ¡Lo siento, acabamos de llegar! — Aoshi vio que no sólo Kenshin estaba ahí, sino que la señora Himura (Kaoru) también llegaba al Aoiya con un niño de poco más de un año en sus brazos. Megumi-sensei también estaba ahí, ayudando a Kaoru dándole consejos de cómo cargar al bebé, mientras que unas maletas andantes se acercaban a ellos.

— Aa. —respondió con desgana al ver la pareja Himura. Era bueno que al fin los dos tórtolos de Tokio estuvieran juntos, pero eso sólo lo hacía sentir peor, porque dentro de tres meses y una semana su pequeña Misao estaría casada con un hombre que el mismo elegiría…

— Hey…¿nos ayudas? — preguntó la voz de Sanosuke desde atrás de unas maletas.

— Lo siento…¿qué? — preguntó Aoshi tras salir de sus múltiples pensamientos.

— ¡Con esto! ¡Está TAN pesado!, y no creo que pueda cargarlo hasta dentro del Aoiya— Aoshi veía sólo las piernas de Sanosuke temblando ante la cantidad exagerada de maletas, y se pregunto cómo ese pobre hombre podía soportar tanto y sólo Dios sabía desde cuando estaba con ese peso en sus brazos. Además… ¿qué demonios cargaban las mujeres que requiriera de tantas maletas?

— ¿Qué es esto? — preguntó el ninja para disimular la confusión por tantos pensamientos.

— ¿No sabes? Vinimos para ayudar en los preparativos para la fiesta de la comadreja. Esto es sólo parte de la decoración… ¡y las ropas de esas mujeres locas! En serio, Megumi, Kaoru, ¿por qué demonios traen tanta ropa?

— Porque la necesitamos, cabeza de pollo. — respondió Megumi mientras se acercaba colérica a Sanosuke.

— Significa que se quedarán por mucho tiempo: la fiesta de Misao es dentro de tres meses. — comentó Aoshi mientras se acercaba a Sanosuke para ayudarlo con las maletas.

— Bueno…es que también ayudaremos a planear la boda de Misao. — dijo Kenshin mientras que su hijo lo jalaba de los mechones.

— Sí…oye! ¡No nos digas que eres el novio! — dijo Yahiko mientras hacía que su cabeza se asomara por encima de las maletas que él también cargaba, a la vez que miraba a Aoshi con una mirada burlona.

— No. Okina aún está buscando prometido. — respondió Aoshi mientras él y todo su cuerpo hacía intentos por no golpear al niño. ¡Para qué demonios le recuerda que ÉL no será el esposo de MISAO dentro de tres meses y una semana! Y eso no cambiaría sin importar que tanto tiempo esperara para hacer la lista de candidatos que Okina le pidió.

— Ummm…disculpen…¿Este es el Aoiya? — preguntó una voz masculina desde atrás de Aoshi. Se trataba de un sujeto alto, como de 1,89 m, con su rostro cubierto por una bufanda, lo que hacía que sólo sus ojos azules fueran visibles. — ¡No he estado en Kyoto por 17 años, y ya se me olvidó dónde está todo! — agregó con una risa encantadora.

— Sí, aquí es. ¿Cómo le puedo ayudar? — preguntó Aoshi mientras se volvía cara a cara hacia el extraño. La verdad era que no se le apetecía ayudar a Sanosuke, porque de sólo ver la cantidad de maletas le entró pereza.

— ¿Ao-chan? ¿Eres tú? —preguntó el extraño mientras se quitaba la bufanda y revelaba su rostro. Shock. Esa es la palabra para describir el sentimiento de ese momento. Todos se congelaron tras ver el apuesto rostro del hombre que recién llegaba. No porque sus ojos fueran azules como los de Aoshi, o porque su nariz fuera como la de Aoshi, o así su boca, sus mejillas, sus cejas, ¡en fin! ¡todo! Si no porque, por primera vez en toda su vida, era como ver a un Aoshi Shinomori sonriendo.

"NO, POR FAVOR!! TODO MENOS Él!!" pensó el ninja mientras su gemelo dejaba caer su equipaje para ir a abrazar a su hermano.