¡Hola a todos

¡Hola a todos! Aquí llego con otro fic, con este tengo una especial ilusión, espero que todo salga bien :D

No sé a vosotros que os parecerá, pero yo muchas veces cuando incluyen muchos personajes nuevos, al principio me lío mucho sobre quien es quien. Por esa razón hice un pequeño video de presentación de los personajes para ver si así resulta más facil. Lógicamente el parecido a veces no es el adecuado, ni siquiera con los que son de mi invención pero es más o menos para hacerse una idea. Aquí os dejo el enlace por si alguien quiere verlo:

watch?v = gum Gk ZR Bx NQ

Aunque incluya personajes nuevos le daré más importancia a los de siempre que son los que nos gustan y los que inspiran para escribir. Pero me pareció que quedaría bien en la historia meter más cosas.

Bueno no quiero aburriros antes de empezar, espero haberlo hecho bien. Acepto cualquier crítica constructiva con el fin a mejorarlo, así que nadie dude en decir nada.

"JURO SOLEMNEMENTE QUE MIS INTENCIONES NO SON BUENAS"


Capítulo 1: Vuelta a Hogwarts.

El frío aire que anunciaba el próximo otoño entraba a través de las rendijas bajo de las puertas y los resquicios abiertos de las ventanas. Era demasiado temprano para que la estación de King Cross estuviese llena de viajeros; sólo se podía apreciar el silencio roto por pequeños murmullos realizados por los pocos madrugadores que se encontraban deambulando por la vieja estación.

De vez en cuando los trabajadores pasaban colocando los carritos en su lugar haciéndolos rodar. Su sonido provocaba eco especialmente en una de las salas que apenas estaba conectada al resto del mundo por unos centímetros que mantenían la puerta abierta.

Dentro de ella se encontraba un muchacho solo, sentado en un rincón del banco del fondo, agachado y cabizbajo. Vestía una camiseta amplia y unos vaqueros gastados. Su cara era redonda y fina, con una nariz larga, los labios gruesos y unos ojos marrones enmarcados en unas gafas rectangulares. Su cabello, de color azabache e increíblemente desordenado, le caía por los ojos cubriendo su expresión.

El chico se miraba las manos como pretendiendo encontrar en ellas la solución a su problema. A su lado descansaba un gran baúl marrón oscuro con las iniciales J.P. y sobre él una lechuza gris plateada ululaba impaciente dentro de su jaula. Sin embargo, el muchacho no parecía notar nada pues continuaba mirando sus manos con especial atención.

Tampoco escuchó llegar a dos chicas que venían hablando por el pasillo y entraron ruidosamente en la pequeña sala de espera.

- Y luego mi tía nos vino a buscar y nos llevó a su casa de Santander; eso está en España. Pasamos allí dos semanas, es un sitio precioso para veranear –comentaba una chica de estatura media, pelo de color rubio cobrizo, fino y liso, que le llegaba a media espalda.

Tenía un cuerpo curvilíneo y voluptuoso y su atractiva cara era alargada, con la nariz ancha, una boca grande de labios finos y unos ojos grandes de un clarísimo color marrón parecido al de la miel.

- Debe estar bien irse a otro país. Yo en realidad no me he movido del barrio en todo el verano, mi padre no ha podido tomarse vacaciones este año... –le contestó su amiga, una chica de cabello largo, lacio y de un color rojo intenso.

Ella era de estatura bastante más baja que su amiga y muy delgada. Su piel, blanca como la nieve, estaba cubierta de pecas. Su rostro era redondo con unos llamativos ojos verde esmeralda, una nariz chata y respingona y una boca pequeña de labios gruesos.

- El año que viene te vienes que nosotros, se lo diré a mi tía y ya verás como está encantada –sonrió su amiga.

La pelirroja no contestó pues ya se había percatado de la presencia de una tercera persona. Miró inquisitoriamente hacia el chico que no parecía haber notado la entrada de las muchachas, y sin premura se acercó a él, extrañada de verle tan apagado, contrario a su estado habitual.

- ¿James? ¿Estás bien? –le preguntó, a lo que el moreno levantó la cabeza por primera vez.

- ¿Lily? –dijo mirando a la chica-. ¿Grace? –continúo mirando a la otra chica que se había quedado algo atrasada mirándole con el ceño fruncido-. ¿Cuándo habéis llegado?

- Ahora –contestó Lily- ¿por qué estás tan callado? ¿Ha ocurrido algo?

- Yo... –comenzó James, aunque no continuó ya que no quería hablarlo delante de la rubia. Esta pareció darse cuenta y puso una falsa excusa para dejarlos solos-. Mi abuelo murió anoche. –dijo finalmente.

- Oh...lo, lo siento mucho... –le abrazó dejándole apoyar la cabeza en su hombro- Debíais estar muy unidos ¿no?

- Sí... –suspiró melancólico- él fue quien me regaló mi primera escoba... Intentó enseñarme a volar pero ya era mayor y casi se rompe la cadera subiéndose a la escoba –rio al recordar ese momento. Si se concentraba aún podía ver a ese hombre de pelo gris haciendo esfuerzos por levantar la pierna-. Mi abuela le echó la bronca y tuvimos que esperar a que llegara mi tío Adam de trabajar y me enseñara él.

- Un hombre vital por lo que veo –sonrió tiernamente al comprobar la mirada soñadora de su amigo, seguramente recordando más momentos entrañables.

- No lo sabes bien... parece mentira. El medimago dice que murió de viejo, que su cuerpo se cansó. ¡Pero si mi abuelo era incansable! –rio por la ironía aunque apenas tenía fuerzas para esbozar una sonrisa.

Lily le miró tristemente.

- Tal y como lo describes, no creo que le gustara verte mal por su muerte. –le aconsejó-. Recuérdale, llévale siempre contigo pero no pierdas la sonrisa. Sigue su ejemplo y vive intensamente. Seguro que su vida fue plena y desearía que la tuya también lo fuera… ¿qué? –se interrumpió al ver la extraña mirada que le estaba dirigiendo James.

- Nada. Es solo que... es lo que él habría dicho. –por primera vez en el día sonrió con sinceridad- Le habría encantado conocerte.

Lily le sonrió pero no respondió sino que cambió de tema.

- ¿Dónde has dejado a Sirius? -preguntó, extrañada de ver a ese par separados.

- Fue a buscar a Kate a casa. Me dijo que fuera con él pero preferí venirme aquí. Quería estar un rato solo después de toda la noche recibiendo el pésame de gente que no conozco de nada...

- Pues se acabó estar solo por hoy. Vamos a buscar a Grace que cuando se aburre se pone peligrosa – repuso la pelirroja levantándose de golpe.

Al salir de la sala pudieron comprobar que el sol estaba más alto y la estación más llena de gente. El reloj marcaba los 9:55, aún faltaba una hora para que el expresso a Hogwarts iniciara un nuevo viaje entre las montañas hacia aquel histórico castillo perdido en el paraje escocés.

James y Lily buscaron a Grace en los andenes pero esta parecía haber desaparecido. Decidieron esperarla a ella y al resto de sus amigos en su andén correspondiente, el 9 ¾ . La barrera no se abría hasta las diez en punto por lo que se quedaron apoyados en el andén 10. En ese momento James recordó algo:

- Bueno, bueno... ¿Qué tal sienta volver este último año como premio anual? ¿Piensas castigarme muchas veces?

- ¿Cómo? –se desconcertó la pelirroja- James a ti también te han hecho premio anual, ¿ni siquiera con ese cargo tan importante vas a parar con las bromas?

- ¡Me has ofendido! Lily, un merodeador nunca deja de ser un merodeador. Sería traicionar mis principios.

El ver que hablaba con un tono que podía percibirse una pizca de convicción en lo que decía no tranquilizó a Lily. Al verle abrir la boca, James presintió que tendría que volver a escuchar el famoso discurso sobre las normas en Hogwarts. Afortunadamente le salvó la llegada de dos personas.

- ¡Cornamenta! Perdón por retrasarnos pero una que yo me sé aún tenía medio equipaje sin hacer. –Sirius Black llegó hasta ellos cogido de la mano de su novia, Kate Hagman.

Sirius lucía una media melena de un negro azabache que le cubría sus ojos, de un gris tan oscuro que a veces parecían azules. Tenía un porte y elegancia tan natural en él que nadie osaba lograr imitar. Por su parte, Kate era una chica menuda, delgada y con pocas curvas. Su cabello era moreno, cortado por debajo de las orejas y rizado. Al contrario de darle un aspecto más rebelde, hacía una buena combinación con los ojos aguamarina de la chica y su cara pequeña, marcando una general sensación de dulzura que caracterizaba a Kate, quien siempre sonreía y era condescendiente con todos.

- Ey, ¿Cómo estas? –le preguntó Kate a James al tiempo que le daba un beso en la mejilla.

Él supo al instante que Sirius ya le había puesto al corriente del tema de su abuelo, pero como no se sentía con muchas ganas de hablar de ello se limitó a encogerse de hombros.

Sirius le dio una palmada en la espalda a la vez que pasaba a su lado para arrastró su carrito y el de su novia. Hasta ese momento no se habían percatado de la presencia de Lily y ambos la saludaron calurosamente después de un verano sin saber de ella. Kate compartía habitación con Lily y siempre se habían llevado bastante bien, y afortunadamente, la guerra entre los merodeadores y la prefecta había llegado a su fin el pasado año.

- ¿Viniste sola Lily? –preguntó Kate sentándose a su lado en el banco-.

- No, vine con Grace pero se fue a dar una vuelta y la hemos perdido.

- Estaba afuera cuando llegamos –intervino Sirius que se paseaba de un lado al otro al tiempo que se quitaba la chaqueta por el calor-. No sabía que salía con Rumsfelt...

- ¿Rumsfelt? ¿El capitán de quidditch de Ravenclaw? –preguntó James que siempre que salía dicho tema ponía más atención.

- ¿Conoces a otro Rumsfelt? -inquirió su mejor amigo.

- Empezaron a salir al final de curso - le confirmó Lily.

- Está confraternizando con el enemigo. Deberías sustituirla del equipo, Cornamenta -comentó Sirius con una sonrisa irónica.

- Creo que le daré el beneficio de la duda Canuto, y si veo que le cuenta nuestras tácticas secretas, la echo. –bromeó James.

Cuando la barrera se abrió, los cuatro chicos fueron pasando disimuladamente, sin que los muggles que pasaban a su alrededor se dieran cuenta de nada.

Los alumnos más madrugadores fueron llegando con sus familias y concentrándose en esa parte del andén aún vacío. Entre ellos apareció Grace, cogida de la cintura de un chico atractivo y larguirucho, de pelo algo encrespado, castaño y muy corto por los costados.

Derek Rumsfelt era del mismo año que el resto de los chicos pero pertenecía a Ravenclaw. El año anterior le habían proclamado capitán de su equipo de quidditch, al igual que a James con el equipo de Gryffindor. Eso había incrementado la gran rivalidad que siempre había existido entre ambos. Tampoco se había llevado nunca bien con Sirius. Por eso a nadie le extrañó el frío saludo que se dedicaron los chicos.

- Potter –dijo Derek con un leve movimiento de cabeza.

- Rumsfelt –le contestó el moreno mirándole fijamente alzando la cabeza, pues este le sacaba varios centímetros.

- Black -repitió el ravenclaw, ignorando a las chicas y haciendo que Grace rodara los ojos.

Sirius solamente hizo un gesto con la cabeza mirándole fríamente.

- Ya me ha contado Grace que este año te han hecho premio anual. ¿No te verás muy pillado de tiempo para entrenar a tu equipo? Mira que este año voy a por todas.

La sonrisa ladeada que tenía era tan parecida a la de James y Sirius que las chicas no podían entender que se llevaran mal tres chicos tan parecidos.

- No te preocupes por nosotros. –sonrió James con suficiencia- Al fin y al cabo siempre acabamos ganándoos.

La sonrisa de Derek desapareció.

- Bueno, este año vamos a ir a por todas. Tengo toda la intención de despedirme con la copa en mi casa.

- Ya somos dos -repuso James.

- Venga chicos, que ya llega el tren –avisó Grace, interrumpiendo el duelo de miradas que mantenían los tres.

Rompiendo el contacto visual con su rival, Derek visualizó de lejos a sus amigos y se dirigió hacia ellos, no sin antes despedirse soltando un comentario mordaz:

- Aquí llegan los ganadores de la copa de este año. Voy con ellos. Grace, luego te busco –dijo guiñándole un ojo a su novia y dándose la vuelta sin mirar al resto.

Esto hizo crecer el espíritu competitivo de James que, en parte, le vino bien pues le sacó completamente de la mente el reciente fallecimiento de su abuelo. Miró a Grace con una mirada cargada de antipatía y le dijo:

- Mira Sandler, una cosa que te quede muy clara: este año voy a haceros entrenar hasta que caigáis agotados y si le cuentas a tu querido novio nuestras tácticas, te echaré del equipo sin miramientos.

Con las mismas subió al tren seguido de Sirius dejando a las tres chicas solas. Grace aún estaba en shock por las palabras de James y porque se hubiera dirigido a ella por su apellido, por lo que Kate la rodeó los hombros con el brazo con la intención de tranquilizarla.

- No te preocupes, ya sabes cómo es James con el quidditch. Seguro que dentro de un rato ya se le ha pasado.

- No si ya sé cómo es, pero no deja de asustar esa expresión –sonrió a lo que Lily rio.

- ¡Mira qué listo es mi novio! –exclamó Kate mirando los baúles de ambos que Sirius había dejado olvidados en el andén.

- No te preocupes entre las tres los subimos –dijo Lily cogiendo la jaula de una pequeña lechuza marrón-.

Ayudándose las unas a las otras habían conseguido subir los baúles de Lily, Grace y Kate pero tenían ciertas dificultades con el de Sirius.

- ¡Por Merlín Kate! ¿Qué trae tu novio aquí, un cadáver? –preguntó Grace alterada cuya cara estaba roja por el esfuerzo y respiraba entrecortadamente.

Solo conseguían levantarlo unos centímetros del suelo hasta que volvía a caer bajo su peso.

- Oye, que yo lo dejo aquí sin problemas y que Black se esté con la misma ropa hasta Navidad ¿eh? –amenazó Lily cuyo rostro también se había puesto tan colorado tanto que se confundía con su pelo.

- Que suerte tengo, nada más entro por la barrera y me encuentro a las tres chicas más guapas de Hogwarts –dijo una voz a sus espaldas.

- ¡Remus! –dijeron al unísono las tres chicas soltando el baúl que hizo un estrepitoso ruido cuando tocó el suelo.

Estas lo miraron unos segundos y después devolvieron su vista a Remus Lupin que las miraba sonriente. Pasaron por encima del baúl y fueron a saludarle. No dejaron de notar lo pálido y enfermo que se veía, pero era un aspecto muy común en el chico.

- Tienes una cara horrible -le dijo Grace preocupada, pero él le restó importancia.

Ellas no sospechaban que su mal aspecto se debía a que apenas habían pasado dos días desde la luna llena y el licántropo aún no se había curado de su última "aventura nocturna". Sin embargo, allí estaba él, con su sonrisa encantadora de siempre, su pelo rubio pajizo atado en una pequeña coleta a su espalda y revelando a través de sus ojos dorados la alegría de volver por fin a Hogwarts. Abrazó a sus amigas una por una y vio el lío que habían formado.

- A ninguna le ha dado por pensar que aquí ya podéis usar magia, ¿verdad? -preguntó divertido.

Las tres le fulminaron con la mirada, por lo que optó por mover la varita y no volver a abrir la boca. Una vez hubo subido el baúl al tren, él y Kate fueron a buscar a Sirius y James mientras Lily y Grace se quedaban rezagadas.

Ambas chicas estaban colocando sus baúles en uno de los compartimentos cuando a su lado pasaron un grupo de Hufflepuffs. Lily se sonrojó en el acto cuando, entre ellos, distinguió a Mark Bennet.

Mark era un muchacho rubio, de ojos azul cielo, que caminaba junto con sus amigos pero sin prestarles mucha atención. Lily llevaba casi dos años suspirando por ese chico, desde que ambos habían hecho juntos su primera ronda como prefectos, cosa que sólo sabía su mejor amiga. Grace contempló la escena y decidió intervenir para que el rubio notara la presencia de su amiga.

- ¡Hola chicos! –sonrió al grupo, apoyándose en la puerta. Estos al instante se detuvieron, devolviéndole el saludo- Hola Bennet. Aquí mi amiga Lily, –dijo empujándola adelante, que sonrió tímidamente al chico que le devolvió el gesto- me ha dicho que ahora lideras el club de ajedrez mágico...

- Sí, bueno, tampoco somos muchos –respondió tímidamente el muchacho mirando al suelo.

- Justo Lily me decía que le interesaba unirse.

- Claro, te prestaré un tablero si quieres –le dijo a la pelirroja más animado-. Bueno, eh… adiós.

Las dos chicas se quedaron mirando cómo marchaba Mark tras sus amigos. Algunos de ellos miraban atrás y sonreían coquetamente pero el chico no parecía darse cuenta de nada.

- Ni gritándoselo a la cara se dará cuenta de que me gusta –suspiró Lily sentándose en el asiento del compartimento con aire derrotado.

- Para ser tan listo es bastante lento en otras cosas. Me parece que si no le metes la lengua hasta la campanilla no coge la indirecta –la imitó su amiga.

- Ni con esas, creo...

La puerta se abrió dando paso a tres chicos y una chica. A James parecía habérsele ido el mosqueo, Kate ya estaba enganchada del brazo de Sirius otra vez y Remus cerraba la marcha, abriendo una tableta de chocolate. Lily hizo el ademán de cerrar la puerta cuando habían pasado pero el licántropo la detuvo.

- Peter está despidiéndose de su madre, viene ahora.

A los pocos minutos apareció un chico bajito, regordete, con un poblado pelo rubio y una sonrisa bonachona.

- ¡Hola a todos! ¿Qué tal el verano?

- Lo normal, Colagusano, ya sabes -respondió Sirius estirando las piernas en el asiento frente al suyo-. ¡Ay!

- Lo siento Canuto, pero no me entraba el baúl.

Remus y James ayudaron a subir el equipaje de Peter, al tiempo que Sirius se frotaba la rodilla que le acababa de aplastar su amigo. Después se sentaron todos, no sin cierta dificultad pues eran muchos para un compartimiento tan pequeño. Hablaban de cosas triviales cuando oyeron el primer silbato que indicaba que el tren partiría en cinco minutos. Esto le trajo a Kate algo a la memoria.

- Un momento, ¿habéis visto a Gisele? –todos negaron con la cabeza, hasta ese momento no se habían percatado de la falta de la hispana.

- Vamos a buscarla –se levantó Remus-.

Por los pasillos y en los demás compartimientos no había rastro de Gisele. Casualmente Peter se asomó a una ventana cuando sonó el silbato de salida. En ese instante vio llegar corriendo a una muchacha de raza negra, con el pelo castaño muy rizado, bastante bajita y que arrastraba con cierta dificultad un baúl enorme. Peter avisó a los demás que abrieron una de las puertas cuando el tren estaba arrancando. Sirius y Remus cargaron a peso su baúl mientras Kate y James tiraban de los brazos a la chica para que subiera. Una vez esta recuperó el aliento les dedicó a todos una sonrisa divertida y exclamó riendo:

- ¡Es mi último año! ¡Si no hacía una entrada triunfal habría sido aburrido! –comentario que todos recibieron riendo.

- ¿Dónde estabas? -preguntó Kate.

- Me he dormido. Mis padres trabajaban hoy los dos, así que no había nadie para despertarme.

Kate rodó los ojos ante algo tan típico en su amiga.

Una vez ya estaban todos los gryffindor juntos se dirigieron al compartimiento donde se apiñaron un poco más. Afortunadamente, Remus, Lily y James marcharon al vagón de los prefectos y premios anuales a recibir las indicaciones lo que vació un poco el lugar.

Cuando volvieron se encontraron a Sirius y Gisele haciendo un concurso de chistes mientras Peter y Kate reían. Grace les había abandonado por ir al vagón de los ravenclaws.

Lily y Remus ya llevaban colocadas la insignia de prefectos, la primera también se había puesto la insignia con dos letras PA. Sin embargo, James llevaba la suya guardada en el baúl y no parecía muy dispuesto a ponérsela ese día, y Lily ya se había cansado de insistir.

El resto del viaje pasó con Peter y James enfrascados en una partida de gobstones, Remus leyendo El Profeta de ese día y Lily, Gisele y Kate conversando mientras Sirius dormitaba sobre el hombro de su novia.

Cerca de las tres de la tarde los chicos ya esperaban ansiosos la llegada de la señora con el carrito pues el hambre los asaltaba. Por eso cuando la puerta se abrió algunos se levantaron en el acto con las monedas en la mano.

Pero no era la mujer del carrito sino una chica de su misma edad que ninguno conocía. Y de haberlo hecho la habrían recordado. Su aspecto no era de los que pasan desapercibidos.

Su pelo era de un negro azabache muy oscuro, algo grasiento y muy liso. Lo llevaba sobre la cara hasta casi los hombros. Su piel era increíblemente blanca haciendo un raro contraste con su pelo.

- Oh, lo siento… -murmuró con una voz borrosa.

Sus pequeños y perspicaces ojos negros los escudriñaron uno por uno, interrumpiéndose a sí misma. Los chicos se quedaron callados, esperando a que la chica hablara. Pero esta no dijo nada más, sino que los continuó mirando en silencio. Al darse cuenta de la expectación de los chicos pareció despertar de una gran concentración, y con una última mirada a James, salió del vagón.

- Me he equivocado -dijo en voz baja mientras se marchaba.

Los chicos se miraron unos a otros sin comprender nada. Sirius iba a decir algo pero en ese momento llegó el carrito con la comida. Una vez abastecidos, la mujer se marchó de allí.

- ¿Alumna nueva? -preguntó Gisele.

- Tiene que serlo, no la conozco -respondió Lily, compartiendo una mirada con Remus.

Él estaba tan estupefacto como ella. Si ambos, los dos prefectos, no la conocían, es que la muchacha no estudiaba en Hogwarts.

- No suelen incluir alumnos nuevos en los cursos superiores, ¿no?

Nadie supo responder a la pregunta de Kate. Ella se giró hacia Sirius, que seguía mirando la puerta cerrada con una cara entre la incredulidad y el espanto.

- ¿Te pasa algo?

- ¿Esa tía no tiene un perturbador parecido a mi prima Bellatrix?

James, Remus y Peter, los que sí habían conocido a la neurótica prima mayor de Sirius le miraron como si le hubiera salido una segunda cabeza.

- Canuto, sea lo que sea lo que hayas comprado, suéltalo -le aconsejó James señalando la bolsa de chucherías que tenía en la mano, haciendo reír a los demás.

El momento pasó y el viajo continuó hasta que el sol comenzó a ocultarse. Con el crepúsculo, la imagen de unas conocidas montañas provocó un hormigueo de nerviosismo en el estómago de los chicos. Saber que tras ellas se encontraba el Castillo de Hogwarts, un segundo hogar para ellos e, incluso, para algunos el primero de verdad que habían conocido. Los chicos abandonaron el compartimiento para dejar cambiarse a las chicas, mientras se colocaron las túnicas en medio del pasillo sin pudor ninguno.

Al llegar, bajaron al andén de Hosmeade ataviados con las túnicas decoradas con los escudos de Gryffindor, las corbatas de color rojo y dorado, y los prefectos con sus insignias sobre ellas. Incluso James llevaba la suya de premio anual, tras ceder a las insistencias de Lily. Se dividieron para ir en los carruajes, en uno iban Gisele, Lily, Kate y Sirius, y Remus y James en el siguiente.

Cuando entraron al Gran Comedor alzaron la vista al techo como una costumbre. Esa noche era muy clara, aún de verano, y unas pequeñas nubes eran lo único que cubría algunos trozos de cielo.

Las estrellas brillaban intensamente y en ese momento James recordó su primer año, cuando un renacuajo con las gafas más grandes que su cara se mecía en la barca, acercándose nervioso al castillo y alzó la vista al cielo. También recordó cómo fue su selección y cómo escribió a la mañana siguiente a su abuelo para contárselo todo.

Su abuelo. Decidió expulsar esa idea de su cabeza y se sentó al lado de su mejor amigo para ver la selección de los nuevos alumnos de primer curso. Los estudiantes se iban colocando en las mesas correspondientes, por lo que Grace volvió con sus amigas, dejando a su novio en la mesa de Ravenclaw.

Una vez entró la profesora McGonagall con los más jóvenes y el sombrero hubo cantando la canción de ese año, se procedió a seleccionar a los niños que miraban temerosos al sombrero que de repente se había puesto a cantar.

La profesora llamó a "Allen, Michael" y un muchacho de pelo castaño y mirada temerosa se acercó poco a poco al asiento. El sombrero le puso en Hufflepuff y su mesa le aplaudió mientras se dirigía a ellos. Los demás niños parecieron tranquilizarse cuando comprobaron lo sencilla que era la selección.

Una vez Eleine Zisman se sentó en la mesa de Ravenclaw, la profesora guardó el sombrero y el profesor Dumbledore se levantó para dar su habitual discurso de comienzos de año. Un silencio que sólo conseguía Dumbledore se extendió por todo el comedor mientras el anciano profesor les sonreía con amabilidad.

- Solo unas pocas palabras antes de que sirvan la cena. Lo primero de todo recordaré las normas esenciales para nuestros nuevos alumnos de primero. El Bosque Prohibido, que rodea toda el área del castillo, está, como dice el nombre, prohibida para todos los alumnos. Tampoco se permite a los alumnos deambular por los pasillos más tarde de las nueve de la noche. Las pruebas para los equipos de Quidditch se realizarán la segunda semana de curso. Poneros en contacto con la señora Hooch –señaló a una mujer joven sentada en la mesa de profesores- y ella, junto con los capitanes os harán las pruebas. De igual modo, el señor Filch, nuestro celador, me ha pedido que os recuerde que no está permitido hacer magia en los pasillos. El resto de las prohibiciones podéis comprobarlas en una lista colocada en la puerta de su despacho. Cabe destacar que estas normas son para todos los alumnos, excluyendo que ostenten algún rango en especial y que algunos veteranos deberían volver a memorizarlas."

Acabado el discurso del director hubo aplausos y los alumnos se dispusieron a comer en cuanto la comida apareciera en los platos. Sin embargo, Dumbledore, que había ido por detrás de la mesa de los profesores, volvió al estrado y comenzó a hablar de nuevo:

- Por último antes de cenar, quisiera informaros sobre una novedad en este curso...

Continuará...


¿Cómo lo veis? ¿Me he ganado un review o una maldición? Espero que os haya gustado. Si es que sí no tardaré en subir el siguiente, ya le tengo a medias ;)

"TRAVESURA REALIZADA".

Eva.