¡Hola mis niñas (y niños)! Me siento realmente culpable por haber tardado más que nunca. No tengo más excusas que la peor: Me quedé sin inspiración. No sé si es porque este año ha sido mucho más difícil de lo que esperaba (la idea de año sabático era demasiado utópica) o porque simplemente he estado bastante triste, pero no tenía ganas de escribir y, cuando me ponía, no reconocía a algunos de los personajes como Grace o Gisele. He necesitado volver a conocerlas para poder escribir y que siguieran siendo ellas…

Daría más explicaciones pero no creo que a ninguno le interese la vida de una licenciada desempleada, cosa cada vez más común en España. Simplemente que estamos hartos y cada vez nos sentimos más ahogados y con menos salidas… Afortunadamente últimamente la inspiración volví a mí y conseguí terminar el capítulo (llevo más de un mes con solo dos escenas pendientes para terminar). Tengo que daros las gracias por vuestros reviews, que me animaban a continuar aun cuando no le encontraba sentido. Y gracias por tener siempre buenas palabras y paciencia. Sé lo que es esperar por meses una actualización y lo odio, aunque también sé que hay fics que llevo años esperando ver actualizados y que si lo harían hoy volvería sin dudarlo. Así que espero no haberos perdido a todos :)

Y también a todas con las que he hablado estos meses y me han apoyado. Flor, Caro, Cris (lo leerás cuando llegues aquí)… De verdad, ¡gracias a todas! Voy a responder rápido reviews anónimos porque bastante habéis esperado ya. ¡No queda nada para el final! Si no calculo mal, aparte de este capítulo vendrán otros dos y el epílogo :)

Sole: Espero que te vaya bien en la uni, que recuerdo que es durita aunque echo de menos el quehacer de cada día :) Gracias por el apoyo. Con el paso de los meses he mejorado, aunque he tenido mucho bajón después de eso, sobre todo de salud. Ahora todo parece volver a estacionarse. Son malos ciclos, pero también esos pasan de largo…

Perdona por tenerme callada la continuación, pero era algo que tenía que asegurarme dentro de mí jeje. Sí, tendrá segunda parte e vendrá pronto (espero), porque a este fic no le queda casi nada… Yo también adoro a Sirius . Él siempre consigue romper la tensión de cualquier momento jejeje. ¡No podría dejaros sin Remus! Le adoro, es algo superior a mí! :P Incluso quiero al pequeño Peter… Algo bueno tuvo que hacer, yo estoy convencido. No le considero malo sino cobarde y rastrero. Parece lo mismo, pero no lo es. Y Lily James :D Siempre he pensado que el amor de ellos es lo que hizo tan especial a Harry, así que quería mostrar que ese amor hizo especiales más cosas. El amor mueve el mundo…

Creo que no he conseguido ser tan buena como para mostrar una escena como la de la 5ª peli, así que mejor que te la hayas imaginado así porque igual la mía quedaba algo cutre jejeje.

Gis y Grace tendrán mucho que decir a los chicos por dejarlas atrás, aunque cada una reaccionará de una manera, tanto a corto plazo como a largo. No desvelo más :)

No puedo con la pareja Severus&Lily… Es como cuando intentaban fomentar el Harry&Hermione. Si JK dijo que no, es que NO. Si Lily escogió a James es por algo, así que se dejen de tonterías… Por cierto, ¿cuál es tu facebook? Capaz de que hayamos estado hablando y no me he dado cuenta, porque soy así de desastrosa jejejeje. Bueno, muchas gracias por seguir ahí y espero que te guste este capítulo. No viene con acción, pero sí con muchas explicaciones :)

Al resto, de verdad gracias de nuevo. Os debo parte importante de mis mejores momentos en los últimos meses, y eso es mucho :) Ya sabéis que no me apropio de nada y no me olvido de asegurar que esta obra es de JK. La magia es suya y yo la cojo prestada para hacer más dulce el mundo real.

"JURO SOLEMNEMENTE QUE MIS INTENCIONES NO SON BUENAS"

O-oOOo-O

Capítulo 40: A partir de mañana…

Sangre…

Heridas…

Cortes…

Más sangre…

La sensación de ahogo aún permanecía en sus pulmones, cerrándole la tráquea e impidiéndole la respiración. Solo con recordar esa imagen sentía que su alma abandonaba su cuerpo. Como si fuera una concha vacía, un cuerpo sin alma. Estuvo tan cerca de perderle…

Sentada en la cama de James, ya de vuelta en Hogwarts, Lily respiró profundamente mientras las lágrimas corrían lentamente por su rostro. Eran de alivio, de felicidad. La capa de invisibilidad estaba arrugada entre sus dedos apretados en puños. El cuerpo le dolía por la tensión y el cansancio. Demasiada energía derrochada esa mañana.

Esa mañana…

Parecía como si hubieran pasado siglos, pero solo habían transcurrido dos horas desde que habían vuelto al colegio. McGonagall les había ido a buscar a San Mungo, les había dirigido una mirada airada y sus labios se habían convertido en una fina línea, seguramente furiosa por tantos reproches que se aguantó en silencio. Les dejó despedirse de Remus y los condujo sin demora hacia la salida. Por el camino apenas les hizo un par de recriminaciones, que hicieron sonrojar a Lily, agachar la cabeza a Peter, y que a Sirius le entraron por un oído y le salieron por el otro. Estaba demasiado eufórico por haber conseguido llegar hasta James a tiempo. Pese a que McGonagall no le permitió verle, su humor había vuelto a ser el de siempre con la sola confirmación de Lily de que su mejor amigo estaba sano y salvo. Ni siquiera la herida de Remus conseguía empañar su felicidad.

Era demasiada energía para que ella la soportara en ese momento. Agotada, se había despedido de los dos chicos nada más McGonagall los dejó salir de su despacho. Peter no le hizo mucho caso y Sirius la miró un momento a los ojos para después asentir con la cabeza. Durante esos días se habían compenetrado lo suficiente como para entenderse con la mirada. Ella estaba cansada, necesitaba estar sola. Y Sirius se encargaría de que nadie la molestara. Gisele, e incluso Grace se encontrarían con una distracción por parte del merodeador, al menos hasta que ella recuperara fuerzas. No envidiaba a Sirius. Sabía que irían a por él; con Peter no se enfadarían demasiado. Y cargar con una Grace furiosa no era tarea fácil.

Se tumbó en la cama, inspirando hondo de nuevo. De momento quería apartar sus pensamientos de ellos. Estaba agotada, pero no podía dormir. Por eso había ido a la habitación de James. Estaba igual que como él la había dejado, y saber que volvería a ocuparla en breve le daba una felicidad que se le hacía extraña y lejana tras todos los dramáticos acontecimientos. Apoyada en la almohada que aún guardaba su aroma, rememoró ese extraño poema que ese día les había salvado la vida. Jamás habría imaginado que el verso tuviera lugar en una situación parecida, y menos que ella tendría una revelación semejante para poder salir de esa batalla. Sabía lo que sentía por James desde hacía tiempo, por supuesto. Lo que por lo visto no había calibrado bien era lo profundos que eran sus sentimientos. Se había sentido capaz de dar su vida por él, de intercambiarse de lugar. Había rezado por poder hacerlo. Y de repente esas frases inconexas tuvieron un sentido completo.

- En la tierra se produce. Solo en ocasiones se reduce. Puede apartar tus pies del suelo, y perderlo no tiene consuelo –susurró para sí, envolviendo las palabras con sus labios-.

Era cierto que se sentía como una nube cuando estaba con él, cuando todo estaba tranquilo y podían disfrutar de su mutua compañía. Y esos días de incertidumbre, de no saber si estaba vivo o muerto, habían sido, de hecho, inconsolables. Se había sentido muerta en vida… El amor producía esos estragos en el cuerpo: La felicidad más absoluta podía convertirse en la peor de las desgracias. Perder a alguien a quien amas es sin duda lo peor por lo que puede pasar alguien. Y había estado tan cerca de perderle a él…

- El agua –se susurró a sí misma mirando el techo sonriente, aún con las mejillas húmedas-. Como agua te hunde hasta el fondo. Te empapa, te ahoga. Lo sientes hasta en lo más hondo…

En ese momento, no supo por qué, recordó la primera vez que sus padres la llevaron a la playa. Era pequeña, pero guardaba ese recuerdo vivamente. El mar era perfecto. Inmenso, poderoso, misterioso… Y el agua estaba helada. Se acordó de cómo su padre la había cargado sobre su hombro y había saltado al agua sin pensarlo. Ninguna parte de su cuerpo se libró de quedar empapada. Así se sentía cada vez que James la besaba. Era algo tan poderoso que llegaba a cualquier rincón de su cuerpo, de su mente, de su corazón…

Se incorporó poco a poco, haciendo memoria para recordar el resto del poema. Otra parte iba relacionada con el aire. Con el viento, su potencia y desvatación. Arrugando en entrecejo se dirigió hacia el desordenado escritorio, donde había tirados varios pergaminos arrugados. Tomó uno y lo alisó lo más que pudo sobre sus piernas, al tiempo que buscaba un bote de tinta y una pluma con los ojos. Escribió los primeros párrafos y se rascó la barbilla con la pluma para rememorar el siguiente. Cuando sus ojos se iluminaron del mismo modo que cuando recordaba la respuesta a la pregunta del profesor, se lamió los labios e inclinó a escribir.

- Como el aire es de ligero. Puede arrasar como el potente viento. O llegar sin dar pista, desapercibido como la brisa.

A ella le había sucedido de ambas formas a la vez. Sus sentimientos por James habían ido creciendo gradualmente sin que ella se percatase, floreciendo de una forma tan discreta que no lo había notado hasta que arrasó su vida la noche del baile de Halloween. Cuando tuvieron que besarse, en un principio de forma amistosa, de repente sintió que todo se tambaleaba en su interior. Como si un vendaval lo arrasara todo a su paso. El huracán Potter. Cuando aún no había terminado de escribir ese párrafo le vino a su mente el último, el que completaba el poema que aclaró sus sentimientos y les dio la oportunidad de sobrevivir.

- Ardiente y poderoso es esto tan hermoso. Como el fuego te quema, y escapar no merece la pena.

Desde luego escapar tantos años no había merecido la pena. Cuando la perseguía y ella creía que solo intentaba burlarse de ella. Cuando le había rechazado y peleado con él de todas las formas posibles… Todas esas cosas la acabaron llevando a él. Recordaba, ahora con viveza, cómo se sonrojaba, inexplicablemente para ella entonces, cada vez que discutía con James, o que Severus le mencionaba. Quizá esos sentimientos habían estado bajo su piel mucho antes de lo que creía… Daba igual qué camino hubiera decidido; estaba marcado en el destino que James Potter era su meta.

Sonriendo, miró el poema que tanto había significado ese día. Lo guardaría como oro en paño. Jamás lo olvidaría. Había sobrevivido, había salvado a James, y había logrado una hazaña de la que no se percataba en ese momento. Había escapado de Voldemort. De un tú a tú con el mago más peligroso del mundo. Le había vencido y le había arrebatado lo que él más deseaba para llegar al más alto poder. Pero en ese momento solo podía pensar en lo básico, que todos estaban bien y James y Remus pronto volverían al colegio. Todo volvería a ser poco a poco como antes…

Se incorporó, aún mirando el pergamino, y sopló la tinta para que se secara. Acarició las palabras con la mirada como si estuvieran hechas de seda. Notó la emoción que transmitían, la fuerza de su significado. Y se enamoró por segunda vez ese día…

En la tierra se produce.

Solo en ocasiones se reduce.

Puede apartar tus pies del suelo,

y perderlo no tiene consuelo.

Como agua te hunde hasta el fondo.

Te empapa, te ahoga.

Lo sientes hasta en lo más hondo.

Como el aire es de ligero.

Puede arrasar como el potente viento.

O llegar sin dar pista,

desapercibido como la brisa.

Ardiente y poderoso es esto tan hermoso.

Como el fuego te quema,

y escapar no merece la pena.

OO—OO

A esas alturas el lugar estaba bastante silencioso comparándolo a lo que había ocurrido en las pasadas horas. Por toda la estancia el papel de las paredes estaba cayéndose, los objetos estaban hechos añicos por el suelo, cuyas tablas se movían, y la mayoría de los mortífagos estaban repartidos por la habitación, tirados por el suelo tras haber recibido un justo castigo. Voldemort se había enfadado tanto con los acontecimientos sucedidos ese día que nada más aparecerse en esa antigua mansión que odiaba usar había matado a uno de sus siervos. Un niñato que no tenía demasiada importancia. Bellatrix no le había mirado más que de reojo cuando su cuerpo cayó como si fuese una marioneta sin cuerdas.

Ella tenía otras cosas de las que preocuparse. Había sido la tercera en la que su señor había posado la mirada. Aún estaba demasiado furioso como para hablar ni atender a razones, aunque nunca habría acabado con la vida de su seguidora más fiel. Cinco cruciatus. Ese había sido su castigo. Después pasó a Rodolphus sin dedicarle siquiera una mirada, a pesar de los sonidos ronroneantes y lastimeros que había proferido en voz alta para indicar lo arrepentida que estaba. Le dolía el pecho por la tortura, pero más aún el corazón por la indiferencia que le profesaba. Desde entonces él se había desfogado con todos y cada uno de los mortífagos, quienes habían ido cayendo por su varita a lo largo de toda la gran estancia.

Cuando se cansó de torturarlos miró alrededor y gritó con fuerza, con frustración. Ese día había perdido todo cuanto había planeado durante el último año para hacerse verdaderamente con el poder. Llevaba siete años de lucha, pero jamás habría sido tan difícil hacerse con el control si no fuera por Dumbledore y su grupo de fieles. El Ministerio hacía aguas por todos lados, no habría tardado más de un año, quizá dos, en hacerse con el poder. Sin embargo llevaba siete años de descompensada guerra. Unos meses parecían avanzar mucho y otros retrocedían de golpe. Cuando Rookwood le trajo la noticia sobre esa nueva arma, esas cuatro cajas, además un nuevo aliado, le pareció ver el final del túnel. Y ahora se lo habían arrebatado todo. Pensando en ese nuevo aliado miró alrededor y frunció el ceño. Se inclinó sobre Lucius Malfoy, que estaba cerca de él, y le agarró del cuello de la túnica, obligándole a incorporarse y mirarle con el único ojo que podía abrir.

- ¿Dónde está Divon? –preguntó con toda la intención de despejar su frustración contra ese niñato de pacotilla-.

Malfoy balbuceó un par de veces, pero la mirada iracunda de su señor le urgió a despejarse la garganta.

- Le han arrestado, mi señor. El auror Longbottom se lo llevó. No-no pudimos hacer nada…

Voldemort le soltó de golpe, haciéndole darse un golpe en la cabeza contra el suelo y murmuró con rabia.

- El muy inútil… Y ahora todo está perdido…

Dio un par de paseos más y se giró hacia sus hombres, mirándoles con rabia. Bellatrix estaba a sus pies, pero tampoco en ese momento la miró. Él puso sus huesudos brazos apoyados en sus caderas y les miró con odio.

- ¿Quién ha sido el desgraciado que ha dejado pistas? ¿Quién ha cometido el fallo? ¿A quién de vosotros han seguido?

Ninguno se atrevió a hablar. Nada de lo que dirían podría calmar su ira. A la vez todos intentaron, en el más absoluto silencio, rememorar qué podría haber fallado en el plan. Frustrado, Voldemort siguió caminando, pisando a Rabastan intencionadamente en la cabeza.

- Cambié nuestro escondite en el momento extremo para evitar interrupciones. Peiné el lugar, me aseguré de dejar toda la seguridad atada y bien atada. Y sin embargo llegaron Dumbledore y los suyos, y no solo han conseguido rescatar al mocoso de mierda, sino que encima se han llevado las cajas. ¡Más aún! ¡Trajeron la cuarta caja, presumieron de ella en mis narices y las usaron contra mí! ¡Perdí una batalla contra una enana pelirroja y un niñato herido! ¡Y todo porque alguno de vosotros no tuvo suficientemente cuidado! ¡Os han seguido y por vuestra culpa he perdido la oportunidad de ganar finalmente esta guerra!

Alzó el brazo derecho, apuntando con su varita la gran lámpara que presidía la estancia y con una fuerte explosión la hizo caer contra el suelo. Los mortífagos que estaban en esa área gritaron espantados y se arrastraron lejos del lugar del golpe, aunque alguno resultó herido. Sin hacerles caso, Voldemort siguió caminando furioso.

- ¡Ha sido culpa vuestra malditos inútiles! ¡Vuestra torpeza me ha costado la victoria!

En ese momento algo brilló en la mente de Bellatrix. Algo que no había tenido importancia hasta ese momento. Esa pequeña nota en el periódico. Ese encuentro con Alice Longbottom. Ese forma tan poco digna de la aurora de terminar la pelea… Seguro que era un plan, y ella había caído cual mosca en la miel. De repente parecía muy claro que la noticia era filtrada y que le habían tendido una encerrona. Esa maldita estúpida la había engañado como a una boba… Pero pagaría. Se acabó el juego entre ellas. La próxima vez iría a matar…

- Esa niña… la pelirroja –seguía murmurando Voldemort en voz alta, ajeno a los pensamientos de su mayor sierva-. ¿De dónde surgió? ¿Cómo pudo controlar las cajas ella sola? No lo entiendo…

- Mi señor –se atrevió a hablar Malfoy mientras se incorporaba sobre sus rodillas. Era evidente que pensaba congraciarse con él con nueva información, y el Señor Oscuro le hizo un gesto con la cabeza aceptando el reto-. Les conozco. A ella, a Potter… Son todos del mismo curso. Se llama Lily Evans y es una sangre sucia.

- ¿Una sangre sucia? –preguntó con un gesto de asqueo. Después volvió a tener la mirada concentrada-. ¿También conoces al tercero, al que robó las cajas? –cuestionó con interés-.

Malfoy titubeó, no seguro de si el chico que había visto de refilón era el niño a quien le había recordado.

- ¿Lupin? –preguntó más que afirmó-.

Pero a Voldemort le dio igual, pues se desentendió del tema con un encogimiento de hombros.

- Es irrelevante, creo que lo maté. En cuanto a la sangre sucia, quiero que averigües más de ella. Y de Potter. Quiero saber qué se traen esos dos, me interesa el poder que fueron capaces de crear juntos…

- Pero, mi Señor, Dumbledore los tendrán muy protegidos a partir de ahora. Además, el colegio será toda una fortaleza después del ataque.

Voldemort se limitó a sonreír cínicamente.

- Algún día tendrán que abandonar ese castillo y el regazo de Dumbledore. Y puede que me interese volver a verlos en el futuro…

OO—OO

Cuando Alice entró cojeando por la puerta, seguida por Moody, Dumbledore ya estaba en la dentro, sentado en su silla en aparente calma. La auror ya sabía, desde el momento en que su superior le había convocado, que la esperaba una buena bronca. En realidad lo supo desde el momento en que tomó la decisión de llevar a los chicos a esa batalla. Desde que se le paró el corazón durante un segundo al ver a Remus Lupin expulsando esa masa negra de su estómago. Pese a que habría sido más inteligente mantenerse callada y esperar la justa reprimenda, no pudo evitar dejarse llevar por la impulsividad. Así que, en lugar de saludar al anciano o deshacerse en disculpas, le preguntó:

- ¿Cómo está Lupin?

Dumbledore tenía una mirada seria y estricta, como pocas veces le había visto y nunca le había dedicado a ella. Tardó un par de segundos en contestar, como si estuviera planteándose torturarla empeorando la situación.

- Sobrevivirá. Tendrá que estar unos días en el hospital hasta reponerse del todo –contestó finalmente. Cuando Alice suspiró de alivio él le dirigió una mirada de advertencia y añadió-. Ha tenido mucha suerte. Esa maldición en otra persona habría sido letal.

Alice supo captarlo como el inicio de su reprimenda, pero aún así no pudo evitar pegar un bote de sorpresa cuando Moody comenzó a gritarle detrás suyo.

- ¡¿Se puede saber en qué estabas pensando? ¡Tenías terminantemente prohibido aparecerte en la batalla, y para colmo lo haces con cuatro niños exponiendo sus vidas de forma absurda!

- Los cuatro son mayores de edad –le recordó ella, aunque su jefe desechó la información con un movimiento de su mano-.

- Ese chico no está muerto de milagro, y espero que te quede muy claro que tú eres la única responsable. ¿Qué clase de insensata pone a unos inexpertos delante de Voldemort? ¡¿Crees que puedo seguir confiando en ti después de esta barbaridad? ¡Que sepas que si no te expulso ahora mismo del cuerpo es porque tendría que dar demasiadas explicaciones en el Ministerio!

- Eso, y porque no hay tanta gente dispuesta a jugarse la vida por nuestra causa –añadió Dumbledore con un tono menos duro, pero aún así más serio de lo acostumbrado en él-. Por ese motivo no te aparto tampoco de la Orden. No podemos permitirnos perderte.

- Pero no te lo tomes como una absolución –le advirtió Moody un poco más calmado-. Nos has demostrado que no sabes obedecer a una orden directa, por lo que habrá que hacer que aprendas. Vas a estar varios meses en supervisión absoluta, vamos a observar tus movimientos con lupa tanto en el Ministerio como aquí. Y no podrás estar al mando de ninguna misión. Se acabaron tus famosas intuiciones y el hacer las cosas por tu cuenta. A partir de ahora esto se hará a mi manera o ya sabes dónde está la puerta.

Señaló con un dedo la salida, y se la quedó mirando fijamente, como retándola. La mirada de Alice no era de desafío, pero desde luego la rabia brilló en sus ojos. No le había gustado el ultimátum. En realidad nunca le habían gustado. Y su orgullo característico de Gryffindor estuvo a punto de tentarla en responder, pero se contuvo a tiempo. Inspiró hondo y asintió con la cabeza, acatando el castigo que sabía que en parte se merecía.

- Quiero decir que aún así no me arrepiento –dijo sin poder evitar dar su puntillita-. Siento lo de Lupin, pero dado que su situación no es grave me atrevo a decir que todo ha sido para bien. Tenemos dos heridos, pero hemos conseguido rescatar al hijo de los Potter con vida. Y ahora Voldemort no cuenta con el poder que había ido acumulando este año con las cajas elementales.

Eso descolocó a Dumbledore, que se había mostrado muy esquivo con el tema. El que Alice conociera la existencia y la utilidad de dichas cajas era una novedad demasiado grande. Se levantó de su asiento y la miró sorprendido.

- ¿Qué sabes de esas cajas? –preguntó aún anonadado-.

Moody les miraba sin poder seguir bien la conversación, pero Alice se centró únicamente en el anciano para ponerle al día de sus conocimientos.

- Cuando me enfrenté a Bellatrix comentó algo. Preguntó dónde estaba la cuarta caja. Es todo lo que sabía hasta esta mañana, cuando me vinieron los cuatro chicos. Evans traía consigo dicha caja, y me explicó todo lo que ella sabía. Seguramente no sea todo, pero es suficiente como para darme cuenta del peligro del que nos ha librado esa chica.

- Fue con eso con lo que te convenció de que les llevaras hasta James –adivinó Dumbledore asintiendo con la cabeza-.

- Me prometieron que no saldrían de su escondite, que harían lo que pudieran con la caja desde el lugar donde yo les indicara. Pero no intento disculparme. Me distraje y los perdí de vista, y podrían haber muerto todos. No me quito ni un poco de culpa –determino seriamente-.

- Y así debe ser –le recordó Dumbledore-. Están vivos de puro milagro. En cuanto a las cajas, serán destruidas en cuanto sea posible. Hay que acabar con esta amenaza cuanto antes. Ahora vete a casa a descansar esa pierna. Moody y Frank te disculparán en el Ministerio. Y, hasta nuevo aviso, estás a prueba. No hagas que nos arrepintamos de no apartarte de las misiones.

Alice tuvo ganas de rodar los ojos. Como si pudieran permitirse castigarle de esa manera. Eran muy pocos, y ella era muy buena en lo que hacía al margen de que hubiera sido algo inconsciente y se hubiera dejado convencer por unos críos. Pero no tentó a su suerte y tras despedirse con un gesto se encaminó hacia la puerta. Había tomado el pomo cuando recordó algo, metiendo la mano en el bolsillo de su túnica.

- Acabo de recordar que tengo algo de uno de los chicos –dijo sacando la varita de Sirius-. La mía se rompió en mi enfrentamiento con Bellatrix, y se la cogí prestada. En ese momento pensaba que no saldrían de su escondite, claro.

- ¿Es de Lupin? –preguntó Moody cuestionándose sobre si uno de los motivos por los que el chico había quedado tan malherido era por ir desarmado-.

- No. De Black –respondió Alice mirando a Dumbledore, mientras le tendía la varita-. ¿Se la podría devolver usted?

Ese nombre tuvo reacción en los dos hombres. Moody pegó un bote ante ese apellido tan funesto que estaba continuamente unido al lado oscuro, aunque no comentó nada. Dumbledore apenas se inmutó, pero se le formó una inteligible sonrisa en el rostro cuando rechazó la varita.

- Ando muy ocupado y no sé cuándo podré volver a Hogwarts. ¿Por qué no se la llevas tú? A estas horas ya estarán allí. Date una vuelta por el pasado, y ya de paso asegúrate de que están bien. Anímicamente hablando.

Algo recelosa por ese cambio de humor, Alice aceptó volviendo a guardarse la varita del bolsillo. Cuando la puerta se cerró tras ella Moody miró a Dumbledore de la misma manera.

- ¿Qué tramas? –preguntó directamente-.

Dumbledore sonrió un poco, relajando su expresión ahora que no debía echarle la bronca a nadie. Se recostó en la silla y junto las yemas de los dedos haciéndose el interesante. Como quien no quiere la cosa, preguntó:

- ¿Alice nunca ha amadrinado la entrada de nadie en la Orden, cierto?

- Hasta ahora, no –le respondió Moody adivinándole por dónde iba-. ¿Vas a pedirle a ese chico que se una a nosotros, Albus?

- Bueno, acaba este año en el colegio, y su intención es convertirse en auror –respondió encogiéndose de hombros-. He estado pensando en nuevas adquisiciones, y ese grupo que has visto hoy tiene muchas posibilidades. Creo que Alice puede llegar a tener la paciencia que hace falta para tratar con Sirius, y que los dos juntos podrían formar un buen equipo. No el más cerebral, pero sí uno eficiente y atrevido.

- ¿Un Black? –quiso asegurarse Moody, como si el anciano director no hubiera caído en ese detalle-.

Pero Dumbledore sonrió sin darle importancia.

- Sirius es un Black muy especial, no hay duda.

Moody dejó ahí el tema, negándose, como siempre, a cuestionar la palabra de Dumbledore. Ya tendría tiempo de hacer sus investigaciones privadas cuando esa nueva hornada de adquisiciones llegara hasta sus filas. Pero sí quiso ahondar en un tema que esa mañana había conseguido su atención y la de todos.

- Hablando de especial. ¿Viste cómo el joven Potter se libró de la inmovilización?

Dumbledore asintió.

- Y también vi lo que hicieron él y Lily juntos.

- Me pregunto qué más sabrá hacer alguien que es capaz de echar abajo los hechizos de Voldemort… Y menos estando tan herido como estaba. Me llama mucho la atención ese chico. ¿Le has echado el ojo?

Dumbledore sonrió con calma.

- Paciencia, amigo. Aún nos quedan meses para que estos chicos vuelen al mundo real. Ya tendremos tiempo de ver hasta dónde son capaces de llegar.

OO—OO

En Hogwarts Sirius se había enfrentado a algo peor de lo que en principio había esperado. Creía que encontraría a Gisele hiperactiva y a Jeff muerto de preocupación. Pues además de eso se había encontrado con el huracán Sandler. Ese hecho era inesperado para él porque había olvidado por completo que su novia saldría de la enfermería justo ese día. De hecho confiaba en que siguiera allí y la inmovilización de Pomfrey sirviera para que le pusiera las cosas fáciles a la hora de explicarse. Pero desde luego no esperaba encontrársela en mitad de un pasillo camino a la sala común. Ella tampoco les esperaba dada su expresión. Les miró a él y a Peter durante varios segundos como si se los estuviera imaginando y después corrió a abrazarle. No le dio tiempo a reaccionar y devolverle el abrazo cuando ella se separó y le metió un tremendo guantazo en la mejilla. Le miró con dureza, le espetó que ya podía tener una buena excusa, justo antes de preguntar por Lily. Él solo atinó a decir que la pelirroja estaba cansada y que luego bajaría. Grace había bufado y echado a andar a zancadas hacia la sala común solo deteniéndose para decirles que caminaran más rápido, pues no estaría todo el día esperando explicaciones sobre lo que habían hecho.

Lo peor fue cuando llegaron a la sala común y también se unieron Gisele y Jeff al recibimiento. En ese momento Grace cayó en que Remus no estaba con ellos, y Peter y Sirius compartieron una mirada nerviosa. El pequeño hizo mutis por el foro y decidió que el sofá le estaba llamando a gritos. Así que Sirius se quedó solo plantando cara dos fieras que ya estaban dispuestas a echarle la culpa a él de todo. Y lo que le jodía es que en el fondo no les faltaba razón. Se explicó lo mejor que pudo, sobretodo recalcando que Remus y James estaban bien y volverían en pocos días al colegio. Fue un alivio contar con el apoyo silencioso de Jeff, que tenía cara de flipado, porque Gisele, que pocas veces se enfadaba pero cuando lo hacía era de órdago, le pegó una colleja de las que pican y después procedió a darle otra a Peter por si se sentía a salvo escudado entre cojines. Grace no se enfadó, y eso le llamó más la atención. Ella tenía peor carácter y más mala leche que Gis, así que esperaba que quisiera caparle. Mínimo. Pero se calmando a medida que hablaba, y se quedó pensativa durante un rato, para después encogerse de hombros como si con ella no fuera la cosa.

- Al menos no hay que lamentar daños mayores –dijo con una voz monótona poco usual en ella-.

Le rozó un poco el brazo cuando se marchó a su habitación a descansar alegando que le dolía un poco la cabeza. Pero aparte de eso no hubo más contacto. De hecho tuvo más detalles con Peter, a quien le medio sonrió. Desconcertado paseó su mirada por la sala mientras su novia subía por las escaleras y chocó con los ojos marrones de Gisele. Le miraba con una macabra satisfacción que decía claramente: "La has cagado, y me alegro". A veces esa latina era sádica… Cuando miró a Jeff le vio aún mirando al infinito con expresión sorprendida, y le dejó por imposible. Ya reaccionaría cuando quisiera.

Pero bueno, dado que no podía hacer mucho con Grace en ese humor tan extraño, él y Peter coincidieron en ir a dormir un poco. Estaban a media tarde y la torre no estaba muy llena, así que podían pegar una cabezada y recuperar el sueño perdido. Gisele les dijo que eran unos insensibles si conseguían dormir después de haberles preocupado tanto. Peter le respondió inocentemente que Lily estaba durmiendo, y Gis frunció tanto el ceño que sus cejas corrían el peligro de unificarse. Y en cuanto a Jeff, el muy cobarde huyó para no tomar partido en cuanto la latina le preguntó su opinión. Así que subieron a la habitación, y la profunda conciencia de Peter le prohibió dormir durante los primeros diez minutos. Sirius, sin embargo, no pudo llegar a conciliar el sueño, solo llegó a adormecerse. Cuando hubo probado todas las posturas y escuchado los ronquidos de su amigo desde cada ángulo, se rindió. Quería hablar con Grace.

Se las apañó para subir a los cuartos de las chicas, y rezó para que Gisele no estuviera allí y fuera un incordio. Pero al entrar a la habitación solo la cama de Grace estaba ocupada. Vio sus piernas repantingadas sobre la cama, y ella se incorporó al oír la puerta. Le miró con las cejas enarcadas por la sorpresa.

- Ese truco es nuevo –le dijo al ver que había superado las escaleras-tobogán-.

- No había tenido la oportunidad de enseñártelo –se limitó a decir él mientras se acercaba-.

Se sentó en su cama, y ella se incorporó apoyándose en el cabecero. Aún estaba pálida y tenía grandes ojeras y bolsas debajo de los ojos, pero se veía casi recuperada. La observó un poco más, al mismo tiempo que ella le miraba a él. Después hizo una mueca.

- ¿Qué te pasa? No hemos hablado desde que terminé de contaros lo ocurrido. –le comentó con obviedad-. Tenía la esperanza de que bajaras después de un rato…

- Solo estoy cansada, Sirius –suspiró Grace-. He salido esta mañana de la enfermería, y han sido demasiadas emociones en un solo día.

Sirius se la quedó mirando unos segundos más en silencio.

- ¿Estás enfadada porque no te esperamos?

- No –respondió ella rápidamente, para después dudar y titubear-. Sí… un poco… Me sentí dejada de lado. Yo también querría ayudar a James. Si me hubierais contado su situación que, por cierto, me ocultasteis… Pero también creo que lo que habéis hecho es una locura. Y muy poco propio de Lily.

- Fue idea mía –admitió Sirius tumbándose en la cama y quitándole la almohada para acomodarse mejor-.

- Eso ya me lo suponía –respondió Grace poniendo los ojos en blanco-. Pero aún no puedo creer que ella y Remus estuvieran de acuerdo. Podrían haberos matado a los cuatro además de lo que le ocurriera a James.

Sirius se quedó callado un buen rato, y Grace pensó que la conversación había acabado ahí. La mente de él iba muy rápido, preguntándose a sí mismo si valía la pena contarlo todo o no. Pero al fin y al cabo Grace estaba molesta porque no le habían contado lo de James, así que decidió ser del todo sincero. Suspiró y dijo en voz alta lo que había pasado por su mente desde que Remus había caído herido.

- Moony al principio no estaba de acuerdo.

Parecía que Grace tardaba meses en reaccionar. Hubo un gran momento de silencio, hasta que su voz sonó unos decibelios más bajos.

- ¿Ah, no?

Sirius suspiró, y procedió a contarle paso por paso cómo se había dado todo. Que leyeron en el periódico la noticia infiltrada y que supieron que la auror Longbottom llevaba el caso de James. Le relató la discusión tan fuerte que tuvo con Remus y que este finalmente decidió acompañarles al ver que no podía hacerles cambiar de opinión. Finalmente le contó con más detalles la batalla, cómo había sido herido y lo que les contó Dumbledore.

- ¿Le obligaste? –preguntó Grace con inseguridad-.

Sirius frunció el ceño, creyendo notar una ligera acusación en su voz.

- No le obligué, solo discutimos. Quizá lo que le dije fue un poco fuerte pero…

- ¿Fuerte? –repitió Grace, pues consideraba que ese adjetivo no era el adecuado para lo que su novio le había contado-. Sirius, le hiciste creer que si no iba con vosotros no le importaba James. Es como empujarle hacia un barranco.

Era lo que él llevaba pensando desde que le vio caer bajo esa maldición, pero oirlo acusadoramente de labios de otra persona le provocó una rabia inmensa. Se incorporó y la miró con la escasa o más bien la falta de paciencia que siempre le caracterizaba.

- ¡Lo siento!, ¿vale? –exclamó en un tono que no parecía de disculpa en absoluto-.

Grace bufó, rodando los ojos.

- Eso no lo dudo –le espetó sin amilanarse por su enfado, pues el de ella estaba parejo al suyo-. Tú siempre lo sientes todo, pero el lamentarlo no hace que dejes de hacer gilipolleces una y otra vez, poniendo en peligro la vida de la gente. ¿Tienes idea de lo cerca que ha estado Remus de morir? ¿No oíste lo que os dijo Dumbledore? Si no llega a ser por su condición licántropa no lo cuenta.

- ¡¿Crees que estoy sordo? –gritó él frustrado, mientras se incorporaba y comenzaba a pasearse por la habitación. Estaba soltando toda la tensión que llevaba ese día acumulada-. ¡Sé muy bien lo que podría haber pasado! Estuve con él cuando le hirieron, ¿qué te crees?

Grace suspiró, intentando calmarse. Cuando se encontró con Sirius parecía incluso de buen humor. Luego se mostró precavido y ahora estaba soltando toda la tensión. Y ella estaba enfadada porque le había contado con demasiada tranquilidad, en su opinión, que su mejor amigo estaba herido porque él juzgaba duramente a todo el que no reaccionara o pensara como él. Pero dado que de los dos era la que menos estrés había sufrido ese día, decidió ser la conciliadora.

- No quiero discutir contigo –le dijo con voz apaciguadora. Sirius la miró con ironía y ella hizo una pequeña mueca con la boca-. En serio, no ahora. Tú llevas encima todo lo que has vivido hoy, y yo estoy susceptible porque estoy cansada y mi mejor amigo está ingresado. Relajémonos y no nos peleemos, ¿vale?

Se acercó a él y le dio un pequeño beso en los labios. Sirius no se apartó pero tampoco respondió. Cuando ella se fue alejando, él pareció cambiar de opinión y la tomó del cuello para profundizar el beso, aunque Grace no lo permitió por mucho tiempo. No le apetecía darse el lote en ese momento, la verdad. Se apartó de él y le miró con calma.

- Creo que me vendrá bien tomar el aire. Nos vemos en la cena, ¿vale?

Sirius le sonrió lo más sinceramente que pudo, pero sintió que las cosas no estaban del todo arregladas. Su novia le dejó solo en el cuarto y él se recostó en la cama, dándose cuenta de que le resultaba más fácil relajarse en una cama que tenía el perfume de Grace impregnado.

OO—OO

- ¡Sabía que algún día ocurriría algo así! ¡Lo sabía!

- Mamá, estás exagerando muchísimo. Solo es un rasguño; en San Mungo han dicho que no tiene la menor importancia.

Hacía media hora que había llegado a casa, y Anthony había tenido que estar soportando los gritos de su madre desde entonces. Se había empeñado en embadurnar de pociones una herida que tenía en el hombro y que apenas le había resquemado la piel. Aguantar la sobreprotección de su padre ya había sido estoico, pero soportar el histerismo de su madre estaba siendo demasiado. Al menos el primero no gritaba ni le miraba con una expresión que indicaba que era capaz de arrancarle el brazo si seguía llevándole la contraria.

- ¿Acaso quieres que espere a que llegues partido en cachitos para empezar a preocuparme?

Tony bufó ante semejante dramatismo. Su madre tendía a exagerar mucho las cosas. Él creía que ese era uno de los motivos por los que su padre era tan sobreprotector con él, porque la actitud de Edgar no era así con nadie más. Demostrando que el carácter de su madre dirigía muchas de sus emociones, su padre, que había estado callado y apartado en el fondo de la cocina preparándose un bocadillo, intervino para apaciguar ánimos.

- Tu madre tiene razón –su voz llevaba su habitual tono de conciliación, que no obstante irritó demasiado a Anthony-. Hoy era la primera vez que participabas en una batalla. Te dejo solo un momento y mira lo que ha pasado.

Su madre reaccionó dirigiendo su rabia en otra dirección. Directamente contra su padre.

- ¡¿Le dejaste solo?

Nadie que no le conociera tanto como su hijo no habría creído que el gran Edgar Bones se amilanaría en presencia de su mujer. Era un gran mago, con grandes influencias y que había demostrado su valía y carácter con creces. Pero en casa era su esposa quien llevaba las riendas. Era ella quien ponía orden y estabilidad en su vida, y por eso no le gustaba discutir con ella. No es que fuera un hombre dominado, sino más bien que su mujer realmente solía tener la razón y él se dejaba llevar por su racionalidad. Claro que esta flaqueaba cuando se trataba de alguno de sus hijos.

- Regina, solo fue un momento. Apenas unos minutos y estaba en la parte más alejada de la batalla. Los Prewett y Fenwick necesitaban ayuda. –su mujer no suavizó su mirada, y él enfocó de nuevo el tema-. Pero tienes razón, aun así mira lo que ha ocurrido…

- ¡Pero si estoy bien! –protestó de nuevo Tony. Al ver que sus padres no darían el brazo a torcer, intentó sonar conciliador-. Ya no pasará más, prometido.

- ¡Claro que no va a pasar más! ¡No vas a volver a ir a ninguna batalla!

- Deja de flipar, mamá. Haré lo que quiera, ya soy mayor de edad –le respondió el chico rodando los ojos y tapándose la herida con la camiseta. Por mucho que su madre insistiera ese proceso de cura inútil había terminado-.

- ¡Mientras vivas bajo mi techo…! –comenzó a amenazar su madre señalándole con su paleta de extender pociones manchada de pringosa pasta morada-.

- Regina, cálmate. –intervino Edgar viendo el ceño de Anthony fruncirse. Ella, que no estaba en su momento más racional, le miró perdiendo los nervios pero él la ignoró por una vez y se dirigió a su hijo-. Tony, escucha a tu madre. Puede que esté un poco nerviosa pero creo que tiene razón. No deberías volver a la Orden, al menos hasta que tengas más experiencia.

- ¡No puedes prohibírmelo! –protestó él viendo un ultimátum acercándose peligrosamente-. Me aceptaron en la escuela de aurores, ¿no es suficiente prueba de que sé hacer las cosas?

Regina suspiró y se apartó un poco para no acabar pegando un bofetón a su hijo al ver su insubordinación. Jamás le había dado un disgusto, siempre había sido un chico tímido y responsable. Pero desde que había comenzado en la escuela de aurores y había visto la guerra con sus propios ojos parecía estar deseando ponerse en peligro. Y ella ya había sentido cómo su corazón se le salía del cuerpo cuando Edgar le escribió informándole que estaban en San Mungo, aunque solo fuera por una herida leve. Por su parte, Edgar siguió con su voz apaciguadora, intentando calmar aguas que cada vez se veían más turbias.

- Eso no basta. Cuando demuestres que puedes participar sin correr tantos riesgos…

- ¡¿Y cuándo voy a demostrarlo? –le espetó su hijo frustrado-. ¿Me dejarás alguna vez salir del frasco de formol en el que te empeñas en meterme?

- Anthony, no me levantes la voz –le recriminó Edgar con total tranquilidad-. Soy tu padre, está es mi casa y son mis reglas. Me da igual dónde te hayan aceptado, lo seguro que estés de ti mismo y que seas mayor de edad. Mientras vivas aquí, harás lo que tu madre y yo te digamos.

Tony se acabó enfadando definitivamente. Se levantó de un golpe y en la furia de su paseo tiró sin querer la olla con la última poción que había realizado su madre.

- ¿Sabes? –le dijo a su padre más calmado, pero también más enfadado-. En unos meses acabaré en la escuela y entraré en el Ministerio. Cuando tenga sueldo podré irme de casa y haré lo que me dé la gana.

Regina no soportó más esa arrogancia tan poco típica de su hijo mayor, y le acabó gritando:

- ¡Hasta entonces más te vale obedecer! ¡Vete a tu cuarto!

Anthony, en cambio, se dirigió a la puerta de la calle. Sacó con fuerza su abrigo del perchero y se lo puso haciendo un gesto de dolor.

- ¿No has oído a tu madre? ¿Qué crees que estás haciendo? –le preguntó Edgar poniéndose en pie y suspirando con fuerza-.

- ¡Irme a casa de los abuelos! Quizá allí alguien me trate como un adulto.

Y cruzó la puerta de la calle oyendo los gritos de su madre quedarse atrás. Al pasar por la ventana del salón para cruzar el jardín y poder desaparecerse vio a sus tres hermanos pequeños apilados contra la puerta de la cocina. Como de costumbre, estaban intentando averiguar qué se traían entre manos los adultos. El pequeño, de cinco años, estaba subido en los hombros del mayor, que tenía diez. Su hermanita, de siete, estaba tirada en el suelo mirando por debajo de su puerta. Solo esa imagen tan tierna consiguió que no se desapareciera completamente furioso.

OO—OO

La siesta de Sirius duró poco. No fue el haber discutido con Grace lo que le impidió dormir, sino más bien el hecho de que apenas media hora después McGonagall apareciera enfadadísima en la habitación diciendo que llevaba rato buscándole. Se dedicó unos diez minutos a echarle la bronca por profanar el cuarto de las chicas mientras él se tallaba los ojos con cansancio y apenas le escuchaba. Mientras su profesora rezongaba que a saber qué clase de cochinada habría hecho ahí solo y cómo había subido, él fue despertando poco a poco. Seguro que cuando pasó a buscarle por su cuarto Peter no se habría enterado siquiera.

En fin, que le hizo caminar hasta su despacho mientras seguía repitiendo el poco decoro que tenía. Como esa parte era indudable y tampoco le importaba su mala fama, él se dedicó a pensar en qué querría de él la profesora con tanta prisa. No había ido a buscar a Peter, y Lily tampoco andaba por la zona. Se olía un castigo individual de los que hacen historia, y no le hizo gracia. Porque esa noche habían sido cuatro los que se habían escapado, y era injusto que solo él pagara los platos rotos. Por mucha idea suya que hubiera sido.

- Profesora, no es justo que me castigue solo a mí.

- Por ahora no voy a castigarte, Black –le replicó la profesora con su habitual mirada de censura-. Por muchas ganas que tenga y aunque me sobren los motivos. Debería estar más calladito porque le acabo de encontrar durmiendo en el cuarto de las chicas.

- Solo durmiendo –recalcó él-. No hacía nada malo echándome una solitaria siesta… Peter ronca, ¿sabe?

McGonagall le echó una mirada helada, y apretó el paso enojada.

- No crea que he necesitado pensar mucho para llegar a la conclusión de que su particular excursión de esta mañana salió de su cabeza –le dijo como advertencia, aunque ella y el director habían decidido dejarles descansar y recuperarse antes de depurar responsabilidades-.

Sirius bufó sin poder escapar una pequeña sonrisa irónica.

- Piensa demasiado en mí, profesora. Sé que soy irresistible para todas pero usted debe controlarse. No es que a mí no me importa la diferencia de edad, pero este tipo de relaciones están prohibidas…

Otra mirada más dura aún que la primera le hizo callarse. Estaba tan acostumbrado a hacer ese tipo de bromas entre sus amigos que esa le había salido sola. Desgraciadamente, estaba seguro de que se le había sumado una semana más del castigo que McGonagall tuviera en mente.

- Ahora le pido que controle esa rápida lengua. No todo el mundo tiene mi paciencia.

Aunque tuvo la tentación de reírse de la ironía de esa frase, Sirius se mordió la lengua y solo preguntó de nuevo con humor ácido:

- ¿No vendrán a detenerme, no?

Pero la expresión jocosa se desvaneció de su rostro cuando la profesora abrió la puerta de su despacho y se encontró dentro de él a Alice Longbottom.

- ¿No va a hacerlo, verdad? –preguntó con el ceño fruncido, realmente confuso sobre lo que hacía la aurora en Hogwarts apenas unas horas después de separarse de ellos-.

Alice escuchó las últimas dos preguntas, pero hizo como si no las hubiera oído. Compuso una amable sonrisa y dio dos pasos hacia Sirius cuando este entró con la profesora detrás. La aurora metió la mano en el bolsillo de su túnica y sacó la varita del chico.

- ¿No la echabas de menos?

- ¡Pero si es mí…!

Sirius se palpó los bolsillos de la túnica sorprendido, y después se golpeó la cabeza con la palma de la mano.

- ¡Claro! Cuando hirieron a Remus no la encontré y tuve que usar la suya. No había vuelto a acordarme.

Alice esbozó una sonrisa de disculpa tendiéndole la varita.

- Te la cogí prestada. La mía se rompió ayer y… Siento mucho que tu amigo fuera herido. No quería poneros en peligro a ninguno.

- ¡Ey! Fuimos por voluntad propia –le recordó Sirius dándole en el hombro lo que pretendía ser una amistosa palmada que la hizo trastabillar-. Afortunadamente todos salimos vivos, y aunque Remus y James están algo magullados no ha ido la cosa a mayores.

Un carraspeo seco a su espalda le hizo ver que la profesora McGonagall no estaba de acuerdo con su positivismo. Él guardó su varita en el bolsillo y se giró para poder mirar a ambas mujeres a la vez, componiendo una expresión encantadora.

- Vamos, profesora, sé que usted habría ido por mí. Si hubiera estado usted en el lugar de James también querría que sus amigos fueran a buscarla.

- Por muy romántico que me pinte el tema, señor Black, no voy a dejar de creer que su actuación ha sido imprudente y temeraria. Parece olvidar que el señor Lupin está herido cuando anoche se encontraba perfectamente a salvo en este castillo –le dijo mientras mantenía sus brazos cruzados contra el pecho y el gesto severo-.

- Sí, pero Remus saldrá del hospital en pocos días. Y James está sano y salvo.

- Ya estaban rescatándole antes de que ustedes llegaran a exponerse de esa manera.

- Pues lo que vimos al llegar es que iban perdiendo, la verdad…

La profesora resopló. Era agotador lidiar con alguien que tenía una respuesta siempre para todo.

- Sigo profundamente decepcionada con su poca falta de cordura –le repitió-. Si están todos bien es por pura suerte.

- Ya, pero estamos bien. No nos podríamos haber quedado aquí. Yo no podría. Mi mejor amigo estaba en peligro de muerte; habría ido a buscarle aunque fuera en transporte muggle. Nunca dejaría a mi hermano en la estacada, y él tampoco lo haría conmigo.

- No le estoy hablando de lealtad, sino de sensatez –insistió la profesora-.

- Estos no son tiempos sensatos, profesora. Con acontecimientos tan oscuros solo nos quedan nuestra intuición y nuestra valentía. Si no nos tenemos a nosotros mismos, ¿qué nos queda?

El gesto de la profesora se ablandó un poco, apenas perceptiblemente, pero sirvió. Suspiró y decidió dejarlo por el momento.

- Ya tiene su varita, señor Black. Vaya a descansar. En la habitación de los chicos, si no le importa.

Sirius sonrió levemente divertido. Con un gesto se despidió de su profesora y se dirigió a Alice cuando ya tenía la puerta en la mano:

- Espero que no te la cargaras mucho por ayudarnos. Gracias por confiar en cuatro "niñatos" –hizo un gesto desdeñoso ante esa palabra que tanto había oído ese día para desprestigiar lo que habían hecho-.

Alice le sonrió con calma.

- No te preocupes. No ha sido nada grave.

Sirius se despidió con otro gesto y cerró la puerta tras él. Con el sonido del portazo aún retumbando en la habitación, Alice miró a su antigua profesora y suspiró.

- ¿Sabe? No recuerdo mucho de este chico cuando era niño. Y hoy, al conocerle, me ha parecido un niñato irrespetuoso y respondón. Pero eso último que ha dicho… tiene demasiado sentido.

McGonagall asintió con la cabeza y entrelazó sus dedos recordando esas palabras.

- Ese chico tiene la capacidad de volver loco a cualquiera. Siempre tiene una réplica preparada; es insufrible. Pero con el paso de los años dejas de oír sus estupideces y te das cuenta de que entre tanta tontería dice cosas con mucho sentido. Es tan leal a sus pensamientos como a sus amigos.

- La lealtad es algo muy importante en esta guerra -comentó Alice aprobando al menos una parte de la actitud de ese chico-.

OO—OO

Sirius no se cruzó con Grace de milagro. Dado que no podía volar para despejarse, la chica decidió subirse hasta la torre de astronomía para al menos sentir la altura y el viento en la cara. No era lo mismo, pero respirar aire puro le ayudó a serenarse y darse cuenta que de vez en cuando decía las cosas sin pensarlas mucho, y metía la pata. A la media hora se cansó de estar pasando frío a lo tonto, y decidió volver a la torre para hablar con Sirius. No habían acabado discutiendo, pero tampoco le agradaba cómo habían terminado la conversación.

Bajó por las escaleras y descendió un par de pisos, tomando un atajo por el que había pasado su novio apenas dos minutos antes. Al salir por el hueco del sexto piso en que desembocaba el pasadizo, escuchó un ruido y se dio cuenta de que había golpeado a alguien al apartar el tapiz. Al mirar, se sorprendió mucho de encontrarse concretamente con Marco.

- ¡Vaya! ¡Hola! –le saludó mientras él se había agachado a recoger el libro y los pergaminos que se le habían caído al suelo-. ¿Qué haces por aquí a estas horas?

Marco levantó la vista al oír la voz de Grace, y sonrió con mejor humor del que llevaba todo el día.

- ¡Grace! ¡Saliste del hospital, qué alegría! ¡No sabía nada! –levantó el libro y lo pergaminos para responder a su pregunta-. Los olvidé esta mañana en clase de encantamientos.

Grace sonrió al verle y escuchar su característico acento en esa voz de locutor de radio. Parecía como si hubieran pasado siglos desde la última vez; pero lo cierto es que aunque solo habían sido unos días, estos habían sido demasiado intensos. Grace no podía recordar casi nada después de que Bellatrix estuvo torturándola pero Lily le había contado con pelos y señales cómo Marco la había sacado de allí. Y como Sirius no había querido hablar con él para que fuera a visitarla, aún no le había agradecido el gesto. Le sonrió más ampliamente, profundamente agradecida de que fuera él quien le había salvado la vida.

- Aún no había tenido la oportunidad de agradecerte que me ayudaras el otro día en Hogsmeade.

Marco tardó unos segundos en reaccionar, aún observándola sonreírle. No fue demasiado, pero suficiente como para que se sintiera algo incómoda. No era la primera vez que la miraba así, y Grace casi podía adivinar sus pensamientos. Pero ahora era más extraño, porque varios sentimientos se mezclaban. Por un lado estaba la sensación de que le debía algo. Algo que no lograría pagarle nunca. Estaba en deuda con él para siempre. Lo sentía en lo más profundo de su estómago, como cuando la magia bullía dentro de ella al esforzarse especialmente en un hechizo. En otra ocasión esa sensación, unida a la evidente atracción que había entre ellos, le habría llevado a agradecerle el gesto dentro de algún armario cercano.

Pero había otro sentimiento más fuerte. Desde su experiencia cercana a la muerte sentía un gran arraigo por la vida, y por las pequeñas cosas que la componían. Sus padres, sus amigos y su novio formaban ese cúmulo de aquello de lo que quería disfrutar al máximo. Desde el ataque sentía que tenía que pasar todo el tiempo posible con ellos para no desperdiciar esa vida que le había dado una segunda oportunidad. El arraigo lo sentía muy especialmente con su madre, con Lily y con Sirius. Con este último podía discutir, pelearse o incluso dejar de hablarse. Pero ahora él estaba más presente en ella que nunca. Y ese sentimiento era muchísimo más fuerte y profundo a cuál agradecimiento o atracción que pudiera sentir por otra persona.

Como si hubiera captado su acumulación de sentimientos, Marco dejó de titubear y la sonrió con alegría:

- No es nada. Tú también lo habrías hecho por mí, seguro.

Su siguiente sonrisa fue completamente inocente y carente de segundas intenciones. Se apretó más los pergaminos al pecho para evitar que volvieran a caerse y fue a despedirse de ella para volver a su sala común antes de que pasara el toque de queda, cuando recordó algo.

- Oye… Corren rumores de que pasa algo con tus amigos. La gente no los ha visto por ahí, y está esa situación extraordinaria de la que nos han hablado. Ya sabes, las restricciones de horario y todo eso…

Ella no sabía que los rumores fueran tan precisos. Que se habían propagado sí, pero la gente parecía estar más pendiente del resto que de costumbre. Supuso que se podría deber a toda la locura transcurrida tras el ataque, pero no pensó mucho en ello. Compuso una sonrisa tranquila y se dispuso a soltar la versión oficial que Lily se había inventado y que había obligado a Sirius y Peter a aprender y difundir.

- No, ya están aquí. Hubo un pequeño problema esta mañana… Lily se empezó a sentir mal, tuvo un ataque de ansiedad e intentó escaparse a su casa. Los chicos la siguieron y la trajeron de vuelta, pero han estado toda la mañana fuera.

- Claro –dijo Marco aceptando la situación como normal. Y es que después de lo ocurrido esos días cualquier reacción era lógica-. Espero que esté mejor. Con todo lo ocurrido con su novio…

- James ya está bien –le comunicó, ahora más contenta-. Está a salvo en San Mungo. Nos lo han dicho al poco tiempo de llegar ellos. Seguramente salga mañana en el periódico.

La sonrisa de Marco también fue sincera y soltó aire de los pulmones.

- ¡No sabes cuánto me alegro! Todo el mundo decía que acabaría mal. Me alegro muchísimo. ¿Volverá pronto?

- Supongo que en unos días –comentó encogiéndose de hombros-. Tiene que recuperarse. Poca gente sale vivo de donde ha estado él, ¿sabes?

- Me lo imagino… -comentó con un estremecimiento. Si la guerra solo era la mitad de horrorosa de lo que él se imaginaba, debía haber sido terrible-. Cynthia se alegrará de saberlo. Ha estado muy preocupada. Le tiene mucho aprecio a tu amigo.

Grace hizo una mueca irónica.

- Mientras solo sea eso Lily no querrá matarla. Suficientes celos le tiene ya…

- ¿Celos? ¿En serio? Nunca me pareció que fuese necesario… Es cierto que babeó la primera vez que vio a Cynthia, pero eso nos pasó a todos. Dile a tu amiga que no se preocupe. Creo que tiene un novio bastante fiel, y de todos modos ella no está interesada.

- ¿La tienes bastante ocupada tú, no es así? –bromeó Grace dándole un codazo amistoso-.

Ahora era más fácil tratarle con colegueo y hablar con él de otras chicas que utilizar su habitual coqueteo. Intentó tratarle como lo hacía con Remus, James o Peter, y se dio cuenta de que funcionaba. Él sonrió cómplice y le pasó un brazo por los hombros para obligarla a caminar. La forma en que la tocó era completamente amistosa, sin las segundas intenciones que habían tenido otras veces. Parecía que ambos habían llegado a un entendimiento mutuo de la situación. Marco sonrió de lado y le dijo con su voz de locutor de radio:

- Ya te dije que no hay nada de eso. Somos dos extranjeros en una tierra extraña, en guerra, y donde la gente no confía demasiado en extraños. Es lógico que nos unamos. Y además, así practicamos tu idioma… -añadió a regañadientes-.

- ¿Mi idioma? –inquirió Grace sorprendida-.

- Yo no sé francés y ella no sabe italiano. Nos forzamos a hablar el único idioma común, y así mejoramos. Es desolador que una niña de 15 años nos tome la delantera.

Grace se rió divertida mientras llegaban a unas escaleras y se detenía.

- Ya decía yo que habías mejorado tanto. Ya no titubeas y pronuncias mejor. Pero no pierdas el acento; es marca registrada. ¡Ah! Yo que tú no me sentiría intimidado por la búlgara. He oído decir que es un genio.

- Un genio gruñón –coincidió él frunciendo ligeramente el ceño-. Cynthia y yo hemos intentado involucrarla en nuestras reuniones, pero no parece querer integrarse. Y por el acento no te preocupes. Les encanta a las chicas, así que no pienso perderlo.

Casi pareció que le brillaron los dientes al reírse de su propio chiste, y Grace le empujó divertida.

- Ya veo que no pierdes tu toque. Tengo que irme ya, lo siento.

- No, está bien –comentó él-. El toque de queda empezará enseguida y quiero llegar a la sala común antes. Nos vemos por aquí. Si necesitas algo, búscame.

Grace le agradeció el ofrecimiento con una sonrisa y con un gesto con la mano se despidió y comenzó a subir las escaleras mientras él se alejaba por el pasillo. De repente Grace suspiró y tuvo la necesidad de hacer una pregunta que llevaba rondándole unos días con respecto a los becados.

- ¡Marco! –le llamó para hacerle volverse. Este se giró y la miró interrogante-. Después de lo vivido estos días, ¿te arrepientes de haber venido a Inglaterra en plena guerra?

Marco captó la seriedad de la pregunta y volvió un par de pasos para mirarle a la cara, mientras pensaba bien la respuesta para ser todo lo sincero que podía.

- Reconozco que en parte, sí. No me imaginaba que la situación pudiera afectarme tanto estando en un colegio interno. Pero no sé… No entiendo por qué, pero algo en mi interior me dice que estoy donde debo estar. ¿Sabes esa sensación? Cuándo encuentras tu sitio en el mundo.

Grace asintió pero realmente no sabía cuál era esa sensación. Nunca había pensado mucho en eso, y cuando sus amigas, como Lily, se ponían tan existencialistas como Marco no llegaba a comprenderlas. Aún así le dedicó una suave sonrisa y retomó el camino escaleras arriba.

- ¡Grace! –le llamó Marco en esa ocasión-.

Ahora fue ella quien se dio la vuelta y le miró interrogante. La cara de Marco guardaba aún más seriedad y sinceridad que hacía unos segundos. Tenía la mirada intensa y se acababa de revolver el cabello castaño de golpe. Seguramente al decidir decir lo que tenía en la punta de la lengua.

- Lo siento –dijo simplemente. Cuando Grace frunció el ceño y abrió la boca para pedir que especificara, él añadió-. Lo de tu amiga. Cuando llegué a tu lado ella ya… De verdad que lo siento…

La mirada de Grace cambió de confusa a comprensiva. Otro más al que añadir a la lista de sentirse culpable por la muerte de Kate. Bienvenido a la cola. No le dijo eso, claro. Marco no tenía nada que ver con el tema. No era su ex novio, como Sirius, ni la amiga que le había traicionado y después no había sabido reaccionar a tiempo, como ella. Él no tenía ningún motivo para sentirse culpable. Solo de verla muerta.

- No te disculpes. Ni a ella ni a mí nos dio tiempo a reaccionar. Tú ni siquiera estabas cerca cuando ocurrió. Te debo la vida y eso es con lo que te tienes que quedar, ¿sí?

Marco sonrió levemente, aún poco convencido, y asintió con la cabeza, despidiéndose de nuevo y definitivamente con un gesto de mano. Pero la muerte de Kate dejaba un halo de culpabilidad por todos aquellos a los que les había tocado directamente o indirectamente. Todos recordarían para siempre a esa chica de cabello negro y ojos azules con un profundo sentimiento de tristeza. Aunque la sonrisa ocupara sus labios la melancolía llenaba sus recuerdos.

OO—OO

- ¡Fabian estate quieto! ¿Quieres reabrir la herida?

Marlene jamás pensó que un hombre de su tamaño y valentía fuera tan mal paciente. Gideon había tenido que ir a hablar con el sanador de nuevo, y le había dejado a ella defendiendo el fuerte. Se había creído capaz, ya que pese a medir metro y medio y sacarle él sus generosos cuarenta centímetros de altura, siempre acababa mandándole en todo lo que quería. Pero su amigo había demostrado ser más inquieto aún de lo que parecía.

- ¿Cuánto tiempo voy a tener que estar aquí? –preguntó él removiéndose en la cama, incómodo por estar dentro de esas cuatro paredes sin poder moverse-.

- Un par de días –suspiró ella cansada de la pregunta-. Y solo ha pasado media hora desde la última vez que preguntaste.

Fabian resopló angustiado. Se palmeó las manos nerviosamente y contó hasta diez intentando mantenerse tranquilo y quieto. Marlene creyó ver calmada la tormenta y se acomodó en la silla de al lado de la cama, volviendo a leer la revista que había llevado para entretenerse. Fabian la observó en su intento por mantenerse calmado. Aún no había pasado por la ducha, por lo que su pelo castaño rizado estaba muy enmarañado, apenas peinado deprisa en el baño de su habitación. Su túnica estaba arrugada y los bajos sucios de tierra por caminar por el bosque en el que estaba oculto el refugio. La suciedad de sus botas era indescriptible. Tenía aún manchas de sudor en el cuello, y un par de pociones esparcidas por sus mejillas y sus manos. No estaba guapa, pero su aspecto era singular. Natural como todo en ella; sin complejos ni preocupaciones estéticas. Observó cada detalle de ella tomándose su tiempo, intentando entretenerse.

Hasta que sucedió lo que ya imaginaba. Después de dos minutos de ignorar su persistente mirada e intentar concentrarse en la lectura de Corazón de Bruja, Marlene soltó la revista de golpe y le miró con el ceño fruncido.

- ¿Qué pasa?

- Me aburro –contestó simplemente-.

La chica suspiró cansada.

- ¿Siempre eres tan insoportable cuando estás enfermo?

Fabian se encogió de hombros.

- Una vez tuve que estar cinco días en la enfermería cuando me caí de una escoba. Madame Pomfrey se tuvo que tomar el resto del mes libre para des estresarse.

Marlene le miró anonadada por el orgullo con el que contaba eso. Era un adulto, y bastante responsable y maduro, por Merlín. Fabian suspiró y dejó caer la máscara de humor que no le apetecía tener en ese momento.

- ¡Es que no lo soporto! En serio, no puedo. Es superior a mis fuerzas. Estar aquí encerrado, entre cuatro paredes sin poder salir. Casi siento que la habitación se encoge.

- Debería darte vergüenza tener claustrofobia a tu edad y con tu tamaño.

- ¡Yo no tengo claustrofobia! –resopló y procedió a explicarse. Hablar era todo lo que le quedaba en esos momentos, y Marlene siempre había sido un buen público en sus exposiciones-. Es que… A mí me gustan los espacios abiertos. Soy de la calle. Y si estoy dentro de un edificio querría estar haciendo algo útil y no estar tumbado en una cama a ver pasar el día…

- Estás haciendo algo útil curándote. Te necesitamos –le dijo sonriéndole levemente-.

Fabian rodó los ojos.

- Eres una cursi. ¿Y dónde se ha metido el traidor de mi hermano?

- Aquí estoy, enfermito –comunicó Gideon entrando por la puerta en ese momento-.

Como Marlene, él tampoco había tenido tiempo de pasar por la ducha y lucía algo desarreglado. La coleta en la que recogía su abundante pelo castaño estaba casi deshecha, y tenía un gran corte debajo del ojo izquierdo que ya estaba cicatrizando. Llevaba bajo el brazo un paquete que le pasó a Fabian casi de contrabando.

- Te he traído comida de verdad, así que no te quejes. Estos dos días habrías pasado un hambre horrible de no ser por mi amabilidad.

- Sí, sí. Eres un santo –comentó el herido con sarcasmo mientras husmeaba en la bolsa y luego la dejaba en su mesita para degustarlo más tarde-. ¿Se puede saber dónde te habías metido? Una hora para hablar con el sanador. O me queda una semana de vida o había una enfermera que estaba buena.

- Varias, de hecho. Yo disfrutaré más que tú durante tu estancia en el hospital –comentó Gideon con una sonrisa pícara-. Y, respondiendo a tu pregunta, he estado comprándote comida decente, cosa que aún no me has agradecido. Y respondiendo a Molly, que me ha mandado histérica una lechuza porque no hemos ido a comer.

Fabian cerró los ojos con un gesto de dolor.

- ¿Era hoy? –Gideon asintió con la cabeza y el resopló-. Vaya mierda… Invéntate algo bueno. Porque no le habrás dicho que estoy aquí, ¿verdad?

La cara de su gemelo reflejaba incomodidad, y Marlene les miraba extrañada por su intercambio. Solo había oído hablar de la hermana mayor de los chicos pero jamás la había visto en persona, así que no comprendía la cara de susto que se le formó a Fabian.

- ¿Qué coño has hecho, tío? –preguntó este a su hermano mirándole alarmado-.

- Le he dicho que estás perfectamente, que es cosa de rutina. No se va a plantar aquí.

Pero los dos abrieron los ojos como platos al oír de fondo un griterío de niños que no auguraba nada bueno.

- No puede ser –murmuró Gideon mirando hacia la puerta cerrada con temor-.

Fabian fulminó con la mirada a su hermano.

- Te juro que me la pagas –siseó entre dientes, alargando una mano para agarrarle del cuello-.

Pero antes de que lo hiciera una mujer de unos treinta y pocos años abrió la puerta de golpe y entró corriendo en la habitación, seguida de tres niños gritones e hiperactivos. Tenía el cabello pelirrojo recogido en una pequeña coleta baja hecha de forma improvisada, la túnica manchada de comida y una barriga que presentaba un avanzado embarazo. Marlene se levantó de golpe asustada por la locura en que se había convertido la habitación. Al ver el estado de la mujer trató que ella ocupara la silla, para esta solo tenía ojos para su hermano pequeño. Soltó de golpe las bolsas que cargaba y se lanzó contra él.

- ¡Fabian! ¡Oh ¡Fabian!

- Molly, estoy bien –dijo él con voz estrangulada mientras estaba atrapado entre su hermana y la cama-. Solo tengo un par de rasguños.

Se tuvo que callar cuando ella se separó para darle una fuerte colleja. Los niños corrían por toda la habitación descontrolados. Mientras el mayor de ellos se había subido a la cama de su tío y había empezado a saltar sobre ella, el mediano perseguía al pequeño para hacerle rabiar hasta que este empezó a trepar por la espalda de Gideon para ponerse a salvo. Este lo aguantó con un estoicismo que solo provocaba la costumbre, y Molly comenzó a regañar a Fabian como si no oyera la algarabía que estaban montando sus hijos. Marlene, que era de una familia pequeña y silenciosa, lo miraba todo con los ojos muy abiertos.

- ¡Me vais a matar de un susto! –estaba gritando la mujer, ignorando a su hermano que le pedía calma por su embarazo, y pegando un manotazo al otro que le suplicaba que bajara la voz-. ¿No se os ocurre otra cosa que ir a haceros los héroes? ¡Tenéis una familia que se preocupa por vosotros, Merlín! ¿Qué queréis que le diga a mamá?

- ¡A mamá no le digas nada! –gritaron Gideon y Fabian a la vez espantados-.

Molly frunció el ceño, mirándoles como si fuese su propia madre regañándolos. Intentó seguir con la bronca pero las voces de sus hijos se habían hecho ya demasiado altas. Al final explotó.

- ¡Bill, baja de la cama! ¡Esto es un hospital, por Merlín! ¡Y Charlie, deja a en paz a Percy! ¿Es que no puedo llevaros a ningún sitio?

Los tres niños se callaron al instante, como si su madre fuera la única capaz de ponerles en orden. Tuvo un efecto tan rápido que Marlene tuvo ganas de reclutarla para la Orden. Esa capacidad de mando les vendría de perlas. El pequeño, un niño de unos dos años que tenía cara de sabiondo adornada con unas torcidas gafitas, se bajó de la pierna de su tio. El mediano, que debía tener unos seis años y era algo gordito y de mejillas sonrojadas, se puso muy tieso y miró a su madre con lo que pretendía ser absoluta inocencia. Y el mayor, que no parecía sacar mucho tiempo al mediano aunque sí era más alto y delgado, se bajó de un salto de la cama y se apresuró a alisar las sábanas que había arrugado. Una vez retomado el silencio, la mujer embarazada suspiro y se apartó el pelo de la cara.

- He salido tan rápido de casa que no he tenido tiempo de dejarlos con nadie. Pero no os preocupéis. Luego le pediré a Muriel que se quede con ellos esta noche mientras yo hago el turno.

- ¿Piensas quedarte esta noche? –preguntó Fabian con horror-.

- ¡Pues claro! –respondió ella con obviedad-.

- Pero Molly, no creo que…

- Gideon no me hables, que bastante enfadada estoy con eso de que os pongáis en riesgo tan a lo tonto. Voy a pasar la noche aquí y punto.

No hubo más palabras de parte de los gemelos, que se rindieron frustrados. En cuanto pudo comunicarse con su hermano, Fabian le hizo un gesto macabro pasándose el dedo por el cuello, y susurró:

- Te mataré…

OO—OO

Esa noche los ánimos comenzaron a calmarse en todo el colegio, en medida de lo posible. Había sido una tarde algo ajetreda, en que la gente había sentido curiosidad por la desaparición y posterior vuelta de los chicos. Todos habían respondido a las preguntas desviando la atención, aunque en general los tres protagonistas de la aventura no habían aparecido mucho en público. Fue en la cena donde se vieron más asediados. Lily por fin había salido de su cuarto, y la gente notó la ausencia de Remus aunque todos dijeron que su padre se había puesto enfermo, restándole importancia a su falta.

La pelirroja, para protegerse de preguntas, se sentó entre Grace y Sirius, de quien llegó acompañada. La primera miró a su novio algo ofendida por no haberle encontrado esa tarde, pero enseguida prefirió dejar pasar el tema. Había vuelto a la torre pensando que él estaría dando vueltas, incómodo como ella por haber discutido. Pero no le encontró. Ni entonces, ni el resto de la tarde. Cuando bajó a cenar con Gis y Peter, se les encontró a los dos de camino al Gran Comedor. Fue entonces cuando Sirius les explicó la visita de Alice Longbottom y que después había ido a pasar el rato con Lily.

Estaba bien. De hecho, perfectamente. No había rastros de enfado en su rostro cuando la besó. Y aunque eso era lo que pretendía cuando fue a hablar con él, se sintió molesta. Él debería haber pasado su enfado con ella, y no con Lily. Sirius apenas había tratado nunca a Lily como a una amiga, sino más bien como la novia de James o la amiga de Kate y ella. Y pasaba un par de semanas en la enfermería, y de repente resultaba que eran amigos íntimos. Parecían estar muy cómodos el uno con el otro. Una comodidad y una intimidad que no eran tan fáciles de formar en dos semanas. No estaba celosa, claro. No podría estarlo de Lily. Pero parecían haber entablado una amistad tan estrecha que la dejaba a ella algo apartada, y eso no le gustaba. Por eso estuvo toda la cena callada, escuchando a medias las conversaciones entre Gisele y Peter, y entre Sirius y Lily.

Después de cenar subieron a la sala común y se sentaron en los sillones, como en los viejos tiempos. Lily había decidido seguir durmiendo con sus amigas hasta que James volviera. Sin él sentía la torre muy vacía. Estuvieron un rato hablando de los chicos, dando más detalles que Grace, y sobre todo Gisele preguntaban con curiosidad. Esta parecía haber superado el mosqueo tras la confirmación por parte de Lily de que todo había ido bien. Después la conversación fluyó por otros derroteros y se entretuvieron bastante, hasta que apenas quedaron muy pocos en la sala común. Para entonces a Grace se le había pasado el recelo, pese a que Sirius había preferido sentarse con Lily que con ella. Se dio cuenta de que la trataba como si fuese una prolongación de James, y de que eso le ayudaba a estar mejor, así que no quiso inmiscuirse en eso.

Jeff acababa de despedirse de una somnolienta Nicole y les miraba a cierta distancia, aún indeciso sobre si acercarse o no. Se sentía raro e incómodo después de lo catastrofista que había sido con las chicas esa mañana. Pero es que realmente él había visto la muerte de James. Estaba convencido de que se había producido tal y como él había visto. Pero ellos insistían en que James estaba perfectamente, solo algo magullado. Aún no lo acababa de creer. En un momento dado, Lily desvió la mirada y le vio. Le hizo señas para que se acercara, y Gis se hizo a un lado acercándose a Grace para que él pudiera sentarse a su lado.

- ¿Estás bien, Jeff? –le preguntó Lily solícita-. Te noto muy pálido.

- Seguro que aún está pensando en lo que nos dijo esta mañana –respondió Gis por él, casi leyéndole la mente. Esa manera de verlo le recordó a Sadie y le dio un tirón en el estómago, justo donde Gisele le dio un pequeño codazo-. Tranquilo, Jeff. Hasta tú te puedes equivocar. Ya dijiste que el futuro no es firme, sino que se puede cambiar, ¿no?

Él asintió pensativamente con la cabeza, pero no contestó con más palabras. Peter fue el que puso en voz alta la duda del resto.

- ¿De qué habláis?

- Jeff nos comentó esta mañana sobre algo que había "visto" –contestó Grace haciendo comillas con los dedos al decir la última palabra-. Creía que el hecho de que vosotros os hubierais ido era culpa suya, y se sentía mal.

- ¿Por qué iba a ser culpa tuya? –preguntó Lily-.

En esa ocasión Jeff sí respondió.

- Porque no os conté lo que vi en su momento. Pensé que James estaba muerto, y que si vosotros os habíais marchado moriríais también. Y me sentí mal por callármelo…

Lily, Sirius y Peter palidecieron ante esa declaración.

- ¿Tuviste una visión de James muerto? –preguntó Sirius con un hilo de voz-.

A su lado, Lily se removió inquieta porque aún le pudiera pasar algo a su novio.

- Sí. Hace meses, cuando Rachel se escapó y se peleó con mi hermana. Hubo un momento en que James se puso en medio de las dos para detener la pelea, y lo vi. Fue solo un flash. No llegué a ver mucho. Y cuando desapareció me sentí fatal. Pensé que podría haberlo evitado de haber hablado.

- Pero, ¿eso parecía que pasaría pronto? -preguntó Peter- Me refiero, ¿qué aspecto tenía en tu visión?

Jeff frunció el ceño, pero negó la cabeza.

- No lo sé. Lo he pensado mucho estos días, pero no llego a recordar exactamente si se veía joven o ya adulto. Fue solo un instante, una imagen flasheada. Pero era él, de eso sí me acuerdo…

- ¿Crees… crees que aún corre peligro? –preguntó Lily notando su boca seca-.

Él se extrañó, pero contestó con otra pregunta:

- ¿Algo os hace pensar que pueda estar en riesgo?

Lily negó con la cabeza. Al principio pensativa pero luego firmemente.

- No. Lo veo muy difícil. Cuando lo dejé estaba rodeado de sanadores de confianza y de dos aurores del Ministerio que el propio Moody colocó ahí. Tienen orden de no dejarle solo en ningún momento. No sé cómo podría estar en peligro con toda esa protección.

Jeff lo pensó unos segundos, pero se encogió de hombros.

- A veces he tenido visiones que finalmente no se han cumplido o que han tenido otro final. El destino es muy caprichoso. No creo que esa imagen represente al futuro, sino a una realidad paralela. Puede que es lo que hubiera pasado si vosotros no hubierais ido hoy.

El resto se quedaron más tranquilos al oír eso. Incluso Gisele y Sirius hicieron alguna broma ocasional sobre lo insoportable que estaría James estando constantemente vigilado, y las ganas con las que vendría de hacer bromas. En ese punto se unió Peter insistiendo en que ese año habían estado muy tranquilos y se aburría mucho, lo que llevó a una promesa de Sirius de que el final de curso sería más alegre para los merodeadores. Lily, después de pensarlo un rato, se levantó y se fue hacia Jeff, sentándose en el brazo del sofá que quedaba a su lado. Eso hizo que Grace dejara de escuchar a los demás y atendiera a la conversación que pintaba ser mucho más entretenida que la que estaba teniendo el resto.

- Jeff, ¿me podría responder a una cosa? –preguntó la pelirroja inclinándose hacia él-.

Este asintió y Grace se inclinó también para escuchar por encima de las risas de Peter.

- ¿Cómo era la visión de la muerte de James?

- Lily, no te tortures. No va a pasar. Forma parte de una realidad paralela –insistió Jeff inclinándose a su vez hacia ella para que le viera los ojos y comprobara que hablaba en serio-.

- Ya, pero… quiero asegurarme que es de la misma situación, y no de un futuro cercano. ¿Estaba James inmovilizado contra una roca, sangrando y sin poder moverse?

Seguramente fuera su imaginación, pero le pareció que el semblante del chico se ensombrecía justo antes de sonreír y asentir. Puede que se lo hubiese imaginado, pero si le hubiera preguntado a Grace ambas habrían coincidido con esa apreciación. Jeff sonreía muy convincentemente, así que debían estar equivocadas.

- Exacto. Y ya ves que no ha muerto así. Tranquilízate, Lily. A James le quedan muchos años de vida.

Su sonrisa se mantenía impasible mientras una alarma se formaba en el interior de su cabeza. Esa visión había sido muy corta, pero la tenía grabada en su memoria. Y no tenía nada que ver con lo que le había dicho a Lily. En su visión James estaba en una casa, de pie y de espaldas a una escalera. Tenía los brazos estirados, tal y como había hecho ese día frente a Sadie, como si quisiese proteger algo o a alguien. Y de repente caía muerto en el suelo, solo con el halo verde de una maldición asesina brillando a su alrededor. Le llamó la atención la ausencia de varita en las manos de James, lo que le llevó a creer que se produciría durante su cautiverio. No entendía, si no, cómo James podía enfrentarse a alguien sin varita. Y la urgencia por contarles todo le envolvió de nuevo.

Podría haber pasado una tragedia por no haberles contado nada. Pero él había conocido demasiado bien qué podía pasar al intentar evitar que una visión se hiciera realidad. Demasiado bien. Así que, ¿qué era peor? ¿Dejar suceder las cosas y ver morir a un amigo, o intentar cambiarlo y enfrentarse a las consecuencias? Eso le superaba. Decidió en ese momento que debía hablarlo con alguien. Sus padres aún no estaban para pensar en nada más que en Sadie. Así que recurriría a Dumbledore…

OO—OO

A la mañana siguiente Alice se despertó con el cuerpo muy adolorido. No había dormido nada bien, y eso que había tenido la cama solo para ella porque Frank tenía guardia esa noche. La pierna le ardía, y había tenido que levantarse en mitad de la noche para improvisar una poción calmante. El problema era que ella no era muy buena en pociones, y el efecto no había sido muy fuerte.

Además, varias cosas rondaban su mente sin darle descanso. Estaba preocupada por lo que sucedería en los próximos meses que estaría "castigada". Ella había tenido control sobre su trabajo casi desde el principio. Desde bastante antes que Frank, y eso que él era el cerebrito. Y ahora estaría atada de manos. Por no hablar de que estaba preocupada y se sentía culpable porque ese chico, Lupin, estuviera herido. Aunque su amigo le había dicho que estaba bien, aún no se fiaba mucho de ese tarambana. Ese Sirius Black era un cabra-loca, lo había comprobado. Pero también era cierto que esa tarde en el despacho de McGonagall había hablado con una pasión increíble. Se había sentido completamente admirada. Se había visto reflejada en él. Jamás habría creído que un Black llegaría a decir esas palabras. Afortunadamente, parecía que la locura de Bellatrix no se contagiaba por sangre.

Sus cavilaciones se cortaron cuando oyó un ruido en la parte baja de la casa. Alguien estaba subiendo por las escaleras. Aunque por la hora debía ser Frank, en esos tiempos nadie se fiaba de las costumbres; así que se incorporó en la cama y agarró la varita con fuerza. Cuando su marido entró en la habitación suspiró, y volvió a dejarla encima de la mesita. Este apenas la miró un segundo antes de darle la espalda mientras se quitaba la ropa con torpes movimientos, que indicaba que su cuerpo aún estaba adolorido por la batalla.

- ¿Qué haces despierta? –le preguntó en un susurro brumoso-. Apenas son las seis. Y no tienes que entrar hasta por la tarde. Por cierto, tenemos reunión todos los del departamento.

Alice le miró un segundo mientras se desnudaba y se quedaba en ropa interior. Tenía varias cicatrices y moratones, pero todo iba sanando. Una gran cicatriz le atravesaba el brazo desde el bíceps hasta la muñeca, producto de su última pelea con Bellatrix. Afortunadamente se lo habían curado a tiempo.

- No podía dormir –le respondió a su primera pregunta, dejando de lado por el momento el resto de las noticias-. Me dolía la pierna. He intentado hacer una poción pero…

- Nunca has sido buena con las pociones –terminó él sacando un tarrito del bolsillo de su túnica y acudiendo a su lado en la cama-. Por eso hice esto de contrabando mientras Moody suavizaba la locura que se ha montado cuando todo el tema de Divon se ha hecho público desde el Wizengamot.

Suspiró cuando las sábanas limpias arroparon su piel desnuda, y cuando sus músculos agotados por fin encontraron descanso. Después obligó a su mujer a pasar su pierna por encima de su estómago, y comenzó a extenderle la poción, que le hizo efecto rápidamente. Aliviada, Alice cerró los ojos y se recostó en la almohada mientras sentía los dedos de Frank masajeándole la pierna. Pasaron unos minutos mientras él le ponía al corriente de todos los datos sobre la detención de Ethan y la fecha más probable para el juicio, durante los cuales la mayor parte del dolor se alivió, y Alice se incorporó. Solo llevaba puesto la parte de arriba del pijama de invierno, por lo que no tuvo que taparse la herida. Obligó a Frank a recostarse y se subió encima de él para darle un reparador masaje en la espalda.

- Estoy preocupada, lo reconozco.

- ¿Por qué? –preguntó su marido con la voz enmudecida por la almohada, y lanzando un ronroneo al sentir presión en sus doloridos músculos-.

- Por uno de los chicos que llevé ayer. El que está herido. Me siento terriblemente culpable. Sigo creyendo que su presencia allí fue lo que consiguió que hoy Potter esté a salvo, pero sé que no debería haberlos llevado.

- No. No debiste hacerlo –murmuró Frank, que se había puesto alerta desde que Alice había mencionado al chico-.

Ella aludió la tensión al dolor, así que masajeó con más insistencia la zona que estaba atendiendo en ese momento. Dejó pasar unos segundos, y después sacó el tema que le interesaba.

- Tú le llevaste a San Mungo. ¿Te dijeron algo sobre su estado?

Él se encogió de hombros.

- No. No me quedé a averiguar nada. Yo también estaba herido, y también habían llevado allí a Fabian, Anthony y Dorcas. Había mucho que hacer.

Alice apartó sus manos y se quedó sentada sobre su espalda, mirándole la nuca con expresión confundida por su actuar. Frank siempre había sido muy atento con la gente, y jamás dejaba pasar la oportunidad de mostrarse solícito con cualquiera.

- ¿Y no te quedaste para saber el diagnóstico? Dumbledore te dejó a cargo de ellos.

Frank notó la incredulidad en su voz y se dio la vuelta, asegurándose de no tirarla ni de hacerle daño en la pierna.

- Me encargué que atendieran a los tres. ¿Qué más querías que hiciera?

- Quedarte a hablar con el sanador –le respondió Alice rodando los ojos-. Ese chico estaba realmente mal cuando te lo llevaste. ¿Ni siquiera te quedaste para ver si la intervención salió bien?

- No –respondió Frank sentándose para mirarla a los ojos en la casi total oscuridad, solo rota por los tímidos rayos de sol que entraban por los resquicios de la ventana. Ellos estaban a apenas unos centímetros de distancia y Alice había enarcado las cejas con su respuesta-. Lo siento, Alice. Pero no me importa lo que le pase a ese chico. Por si no lo recuerdas, solo es un licántropo.

Definitivamente ella se puso tensa, y se apartó de él, sentándose en la cama pero a una distancia considerable.

- ¿Qué tiene que ver eso? Es solo un chaval. Uno muy noble, por cierto. Se puso delante de Voldemort y le robó en la cara esas cajas que estaba usando contra nosotros.

- De acuerdo –concedió él poniendo los ojos en blanco-. Pues entonces es un cachorro muy imprudente. Pero un hombre lobo a fin de cuentas. Le salvé la vida y no le identifiqué como uno de los licántropos que atacó en Hogwarts, así que debería estarme agradecido.

- ¡Dumbledore ya dejó claro ese punto, Frank! -exclamó Alice enfadándose. Él cerró los ojos, viendo que no había sabido evitar la discusión que se cernía sobre ellos-. Si ese chico es un alumno en Hogwarts es porque es inofensivo. Comparte nuestros ideales y, por cierto, es un gran luchador. Ya tuve la oportunidad de comprobarlo en el concurso de duelos.

- Alice, hablas de nimiedades. ¿Por qué le das importancia a todo eso? ¿Cómo puedes hablar de ese animal con toda normalidad sabiendo lo que es? ¿No viste la fotografía de cómo acabó su novia? Eso es lo que pasa por tratarles como seres humanos normales.

- Si él no hubiera intervenido, esa chica ahora mismo estaría muerta.

- Eso es lo que él dice. Puede haberla atacado junto al otro.

- ¡Eso lo asegura también Dumbledore! Y te recuerdo que fueron los aullidos los que llevaron a los chicos a encontrarla con vida, y que si hubiera querido matarla habría tenido tiempo de sobra. ¡No estás pensando con racionalidad!

- Yo solo pienso que hay una chica que tenía una vida normal, y que ya jamás la tendrá –le respondió Frank intentando hacerle ver ese punto-. Siempre he admirado tu progresismo y tu intención de ver lo mejor de cada persona. Pero no olvides que estos no son personas. Sus pensamientos e instintos no son humanos. Son bestias cuya naturaleza les lleva al lado oscuro. Y si se extinguieran todos ellos sería lo mejor que le pasaría a nuestro mundo.

Alice se levantó de la cama bufando. Cojeó un poco al principio, pero después se acostumbró y gracias a la poción ya no sentía tanto dolor. Recogió su almohada y arrancó la manta de la cama, dejando a Frank solo con las sábanas.

- ¿Qué haces? –preguntó este-.

- Me voy a dormir al cuarto de invitados –le dijo sin volverse, mientras se dirigía a la puerta-. Ahora mismo ni siquiera puedo mirarte a la cara…

OO—OO

El causante de dicha discusión pasó ese día recuperándose de la maldición que le había atravesado el pecho. Se sorprendió especialmente cuando su padre apareció a primera hora de la tarde con cara de susto y terriblemente pálido. No le había comentado a Dumbledore que no le avisara, pero no esperaba que lo hiciera para algo sin importancia. Ernest Lupin tenía toda la expresión de haber pasado el susto de su vida. Su hijo tardó un rato en tranquilizarle pero, al ver que apenas quedaba otra cicatriz más en su colección y que estaba muy animado, al final consiguió calmarle. Eso sí, nada le persuadió de no quedarse a dormir esa noche para hacer compañía a su hijo, a pesar de que Remus creía que su padre se veía mucho más enfermo que él.

El día siguiente le trajo una pequeña recompensa. El sanador pasó a reconocerle temprano y le dio el visto bueno a su recuperación, aunque le pidió quedarse en el hospital un par de días más por otra causa que él también consideró primordial. Ya avanzada la mañana le dejaron levantarse. Su padre insistió en ayudarle, aunque lo que consiguió fue que el joven tuviera miedo de hacerle daño al verle en un estado tan delicado. Y pudo visitar a James, quien había despertado hacia poco. Este se encontraba bastante agobiado por los cuidados excesivos de sus padres, pero dado lo que había ocurrido no se atrevió a quejarse. Remus observó, junto a su padre, los mimos que le otorgaba la señora Potter a su único hijo. El señor Potter estaba tras su esposa, mirando seriamente a James con la tez aún pálida y unas profundas ojeras que evidenciaban que no había pegado ojo en varios días. Al girar la cara, James vio a los invitados y sonrió alegre.

- ¡Moony! –exclamó contento de ver a su amigo-. ¿Qué tal estás? Lily me dijo que te habían herido.

- Estoy bien –le respondió él sonriendo con su habitual calma-. Me han dejado venir a ver qué tal estabas tú. Llevas casi un día durmiendo, así que no te puedes quejar de la siesta.

James se rió, aguantándose el estómago, y se incorporó para hablar con su amiga. Sus padres enseguida hicieron pasar a Remus y a su padre, a quien le ofrecieron una silla al verle que parecía estar a punto de doblar sus rodillas contra el suelo. Remus observó en silencio cómo le acomodaban, y cuando comprobó que estaba bien se acercó más a su amigo hasta sentarse en el hueco de la cama que este le había dejado libre. Le sonrió al verle tan animado a pesar de su desgaste físico.

- Te veo bien.

- Estoy bien –recalcó James con una sonrisa pícara, aunque aún tenía profundas ojeras, se encontraba muy pálido y hacía gestos de dolor al moverse-. Soy más duro de lo que creéis. Me he roto cuatro costillas, un tobillo y tres veces el brazo a lo largo de estos seis años de quidditch. ¿Qué os llevaba a pensar que no podía con esto?

Remus se rió un poco golpeando suavemente a su amigo en el hombro. Era evidente que intentaba quitarle hierro al asunto delante de sus padres, pero era típico en él. En otra persona esa experiencia habría provocado un trauma que tardaría en quitar, pero no en James. Él era demasiado positivo y alocado como para que lo vivido le quitara de la cabeza sus intenciones. Y Remus estaba seguro de que entre ellas aún persistía, seguro que con más ganas, el entrar a formar parte de la Orden del Fénix en cuanto acabara el colegio.

Sin mencionar ese tema, que seguro que les costaría un buen disgusto a los padres de su amigo, se centró en preguntarle sobre su recuperación. James fue muy positivo en todo lo que dijo, hasta tal punto en que su padre tuvo que corregirle porque él consideraba que ya estaba listo para que le dieran el alta. Y después llegó el turno de Remus. Este tuvo que explicar lo mejor que supo lo que le había ocurrido, lo que hizo que James frunciera el ceño varias veces, su madre ahogara exclamaciones y el señor Potter se debatiera entre decirle que no debían haber ido y agradecerle el haberse arriesgado por su hijo. Finalmente Remus aclaró que por una vez su sangre de licántropo le había sido de ayuda. La maldición no se había extendido pues sus venas eran más duras y pequeñas, y el veneno que tenía dentro de él se había disipado con mucha más rapidez.

- Sabía que tu pequeño problema peludo tenía su lado bueno. ¡Eres casi inmortal, Remus! –bromeó James haciendo sonreír a su amigo y al padre de este-.

- Casi… -concedió él como dándose importancia, lo que llevó a que ambos se miraran cómplices y se echaran a reír. Sin embargo, ambos tuvieron que detenerse, llevándose las manos al pecho, al sentir un dolor en esa zona-.

Antes de que los padres entraran en pánico ambos recompusieron su expresión, y James prefirió cambiar de tema.

- Así que, ¿ya te dan el alta?

Remus hizo un gesto ambiguo.

- Podrían. Pero me quedaré un par de días porque necesitan que done sangre.

- Como han visto que eres intocable ahora ellos quieren un poco –se rió James por la oportunidad de hacer el chiste-.

Sin embargo su amigo no se rió, sino que hizo una mueca. James se puso serio de repente.

- Es por Rachel –respondió Remus finalmente, junto a un suspiro-.

- ¿Qué pasa con Rachel? –preguntó James frunciendo el ceño-.

Remus le miró confuso, y después se giró hacia los señores Potter que estaban igual de sorprendidos. Era evidente que ninguno se había enterado de nada. Evidentemente, si sus padres no lo habían sabido era imposible que James se hubiera enterado.

- ¿Qué ha ocurrido con Rachel? –preguntó de nuevo James incorporándose más e ignorando el látigo de dolor que sintió extenderse por todo el cuerpo-.

Remus sintió que se le secaba la boca. Miró a los padres de su amigo preguntándose si era un buen momento para darle ese tipo de noticias. Estos estaban demasiado sorprendidos como para opinar, y su propio padre no fue de mucha ayuda porque se había encogido en su asiento y se había tapado la cara con las manos. Sintió un golpe en el brazo y se giró para ver a James mirándole impaciente. Decidió que debía decírselo, porque él era el primero que odiaba que le mintieran. Suspiró hondo, cerró los ojos un segundo y lo soltó:

- ¿Sabes que además de Hogsmeade también atacaron el castillo?

James abrió la boca y su rostro se ensombreció.

- ¿Hogwarts? Pero, ¿cómo…? Ella estaba contigo, ¿no? –recordó entonces, a la vez que rememoró que aquel día fue luna llena-.

Remus asintió.

- Entraron varios mortífagos al colegio aprovechando que la mayoría de los profesores habían ido a Hogsmeade a ayudar. Entre ellos estaba Greyback…

Dejó la frase sin terminar, seguro de que su amigo sabría captarlo todo sin más ayuda. En efecto, la expresión de James cayó de golpe y le miró con miedo en los ojos. Miedo por Rachel.

- ¿Acaso te olió? –preguntó con un hilo de voz-.

Remus asintió. Detrás de él escuchó las respiraciones aceleradas de los Potter y un par de gemidos de su padre, que sin duda estaba llorando en silencio. Pero él siguió mirando a su amigo, que tenía la cara descompuesta.

- Y yo a él –aclaró-. Intenté comunicárselo a Rachel, pero no me entendió. Salió del cuarto y yo le olí más cerca aún. Cuando creí que le había distraído y que ella se pondría a salvo, se lanzó a su cuello…

- Y la mordió… -añadió James al ver que su voz se quebraba-. Pero está viva, ¿no? –insistió al ver que su amigo parecía derrumbarse. Tenía que dejar claro ese punto-. Estoy seguro de que si está viva es porque tú lo conseguiste.

- Yo no hice nada –aclaró Remus con la voz rota y las lágrimas retenidas en sus ojos; se negaba a dejarlas caer-. Solo aullé para que los aurores la encontraran. Si está viva es por el esfuerzo de los sanadores. Estábamos en una zona aislada, así que si no fuera porque yo estaba con ella él nunca me habría olido ni la habría encontrado.

- Eso no lo sabes –le respondió su amigo con voz dura-. No sabes qué dirección habría tomado él. Puede que si tú no estuvieras la habría encontrado igualmente. ¿Y quién habría impedido que la matara? Estoy seguro de que si le soltaron no fue para que se paseara solamente. Seguro que ha habido más víctimas.

- Han muerto tres niños–respondió Charlus desde atrás, rompiendo el vínculo de los dos amigos. Estaba pálido y le temblaba la barbilla, pero su expresión se mantenía firme-. Sabía que había una chica más herida, pero ignoraba que se trataba de ella. Es la única superviviente que ha dejado el licántropo.

- ¿Lo ves? –insistió James-. Eso es porque tú estabas allí. Si no estaría muerta.

Le quebró la voz en la última palabra y Remus vio en sus ojos que una vez más intentaba sacar el lado positivo. Era evidente que James intentaba no pensar en el futuro de Rachel. Él diría que ahora, en vez de uno, tendría dos amigos con problemas peludos; pero la cosa no era tan sencilla. Solo él sabía lo que le esperaba a su novia. El odio que llevaría dentro de sí, el rencor que acumularía, el dolor que sufriría mes tras mes…

- Para la vida que le espera habría sido mejor…

- Ni lo digas.

Remus pegó un respingo al oír la voz de su padre. No la que había acostumbrado a escuchar en el último año, tras la muerte de su madre. Era su voz de antaño. La de un hombre fuerte, orgulloso y con carácter. Su físico no acompañaba a esa fuerza interior, pero era sorprendente saber que seguía allí, dentro de él. Miraba a su hijo con severidad. La misma que siempre usaba cuando él tendía a infravalorarse.

- Jamás vuelvas a decir eso –le dijo con un toque de rabia, mientras se erguía cuanto podía sentado en la silla-. Las circunstancias para vosotros es cierto que no son las mejores. Pero a cada uno le toca una situación en la vida, y demuestra qué clase de persona es en la manera en que la acepta. Tú tienes demasiada tendencia a tener lástima de ti mismo; y eso, y no tu licantropá es tu peor defecto. Estoy seguro de que Rachel no cometerá tu mismo error.

Remus se había quedado sin habla. Hacía tiempo que no escuchaba ese discurso, y creyó que jamás volvería a oírlo. Se volvió hacia James y se dio cuenta de que su amigo le sonreía apoyando la afirmación de su padre. Él carraspeó y decidió continuar, pues no sabía cómo responder a esa versión de su padre que ya se le hacía desconocida.

- En fin, que necesitan que les done sangre para ella. Así recuperará las fuerzas más rápido.

James asintió, comprendiendo. Durante un rato el silencio inundó la sala. El joven Potter parecía estar distraído en sus pensamientos y Remus aprovechó para mirar de reojo a su padre, quien se había recostado en la silla con aspecto aún más cansado, como si ese arrebate le hubiera quitado fuerzas. Los padres de James cuchicheaban entre sí en un tono tan bajo que era imposible oírlos. De repente James alzó la mirada seriamente.

- ¿Los demás? ¿Han herido a alguien más? Y los muertos… ¿Ha habido muchos?

Parecía haber estado pensando en qué preguntar primero, pero al final decidió que quería saberlo todo. Todos suspiraron, y sus padres se acercaron algo más a la cama en la que estaba postrado.

- Han muerto veinticinco personas, cariño –le dijo su madre-. Trece de ellos eran estudiantes.

- Tres de ellos en Hogwarts –añadió su padre-. Aún hay muchos heridos en San Mungo. Pero sin duda la situación pudo haber sido mucho peor…

La expresión de James indicaba que él no lo creía así. Había habido muchos muertos, pero aunque solo hubiera sido uno ya convertía la situación en una tragedia. Su amigo entendió lo que pensaba mejor que nadie.

- Nadie podría haberlo impedido del todo –le dijo, copiando el discurso que le acababan de dar a él de "no es culpa tuya"-. Lo de Hogwarts podría haber sido una carnicería. Es un milagro que solo haya tres muertos…

James asintió comprendiendo eso, aunque su rostro aún se veía contraído. Se sentía culpable por no haber podido hacer nada. Sirius, Lily y él habían planeado ayudar a todos los más pequeños a ponerse a salvo, y no lo habían conseguido. Había fallado. Le había fallado a Dumbledore. Este le había dicho hacía tiempo que en un momento de crisis la gente le seguiría a él. Pero no había conseguido estar a la altura… No obstante, quiso evitar seguir sumergiéndose en ese pensamiento pesimista y se centró en lo importante.

- ¿Y los demás? ¿Están bien? Lily, Sirius y Peter ya lo sé. Les vi y se veían bien…

Remus dudó y decidió empezar por la parte suave.

- Gis y Jeff también están bien. Grace quedó algo herida, pero nada grave. Si mal no recuerdo creo que ayer salía de la enfermería.

James asintió pensativamente.

- ¿Y Kate? –preguntó al ver que no la nombraban-. ¿Y Sadie? ¿Qué tal ellas?

A Remus le dio un tic en la mejilla y él no lo pasó por alto. Miró de reojo a sus padres y les vio compartir una mirada apurada. Al volver a mirar a su amigo le vio morderse el labio con indecisión y de repente un jarro de agua fría cayó sobre él.

- No… -dijo con voz débil negando con la cabeza repetidamente-.

Miró a Remus para que este desmintiera sus funestos pensamientos, pero solo agudizó más la mueca que marcaba su rostro. Kate y Sadie no podían estar…

- Kate estaba con Grace y Gis en Las Tres Escobas –relató Remus con voz sombría. Solo con eso ya sorprendió a James-. Cuando los aurores comenzaron a desalojar el lugar, les dieron un traslador a las tres. Pero hubo una explosión y se separaron, y Gis desapareció sola con al traslador sin poder evitarlo. Por lo visto Grace y Kate intentaron salir de Hogsmeade por su propio pie pero se cruzaron antes con Bellatrix, la prima de Sirius…

- Mierda...–susurró James sabiendo que nada bueno podría haber salido de ese encuentro. Remus asintió, mientras las lágrimas que había conseguido retener caían lentamente por sus mejillas-.

- Mató a Kate primero y después se dedicó a torturar a Grace. Tuvo suerte de que la sacaran de allí antes de que también la matara a ella…

La mente de James iba muy despacio. Le costaba reaccionar. Asimilar que una amiga de toda la vida estaba muerta, que no volvería a verla, era demasiado para él en ese momento. Era como revivir los días posteriores al asesinato de Richard. Sintió que un nudo se le colocó en la garganta, y que los ojos le escocían. Parecía como si no le entrara suficiente aire en el pecho, pero procuró no ponerse a hiperventilar para no parecer débil. Solo su expresión contraída dejaba ver lo que tenía por dentro. Suspiró un par de veces intentando retener las lágrimas y miró a su amigo para que acabara la historia.

- ¿Cómo fue lo de Sadie? –preguntó con voz ronca-.

- No lo sé –reconoció este secándose las mejillas apresuradamente-. Supuestamente no iba a ir a Hogsmeade, pero la encontraron cerca de Cabeza de Puerco. Nadie sabe cuándo ni con quién fue. La encontraron Lily y Gis en la sala de morgue. También fue Lily la que descubrió lo de Kate…

James suspiró profundamente y cerró los ojos unos segundos. Era mucha información para tan poco tiempo. Sobre todo porque había supuesto durante todos esos días que todos estaban bien. Su subconsciente no le había torturado con imágenes grotescas sobre lo que podría haber ocurrido. Simplemente no había pensado en la posibilidad de que a ninguno de sus amigos le hubiera ocurrido nada. Las cartas de Sirius y Lily no habían reflejado nada de eso. Desde luego había sido mejor estar en la ignorancia.

OO—OO

En Hogwarts todo parecía haber vuelto a la calma, aunque había sido de forma aparente. Todas las historias dramáticas aún se mantenían allí, a pesar de que los protagonistas de algunas de ellas ya no estaban en el colegio, ya fuera porque habían muerto, porque aún estaban ingresados o porque sus familias les habían sacado. El rencor y el deseo de venganza latían con calma, como una respiración suave, por todo el castillo. Solo esperaba el momento más adecuado para volver a explotar.

Una de las personas que se había refugiado en los estudios como coraza era Jane Green. La chica más popular de Ravenclaw llevaba desde el ataque casi viviendo en la biblioteca. Solo salía de ella para ir a clase, a dormir, o a la enfermería a visitar a dos de sus amigas. Ambas habían sido dadas de alta hacía unos días, por lo que el tiempo que perdía en visitas lo invirtió más aún en los estudios. Siempre había sido muy asidua a la biblioteca, pero lo cierto es que podía acabar haciendo un record.

Y es que ella prefería no volver a pensar en ese día. O al menos lo intentaba. Afortunadamente no había perdido a nadie querido, pero sí a demasiados conocidos. Y había visto mucho. Todo le había pillado en Honeyduckes con sus amigas, y el pánico les arrastró entre la muchedumbre. El grupo se separó, y ella se vio sola. Sabía que la habilidad la tenía porque siempre sacaba Extraordinario en Defensa, pero no supo muy bien de dónde sacó el valor. El caso es que se vio a sí misma enfrentándose a enmascarados con la varita cortando el aire. Primero por salvar su vida, después por sacar a los más pequeños de problemas, y finalmente buscando a sus amigas. Ayudó a todo el que pudo por el camino, pero cuando encontró a una de sus amigas herida la ayudó a incorporarse a huyó con ella en cuanto encontró un resquicio de paz entre las peleas.

Los profesores Flitwick y Slughorn habían sabido de su heroica actuación por su amiga y algún otro compañero, y le habían felicitado efusivamente. Incluso le habían dicho que hablarían con el director para ofrecerle, junto a otros compañeros, el Premio a Servicios Especiales a la Escuela. Lo que en otro tiempo habría sido un motivo más para pavonearse, ahora le daba igual. Después de lo que había visto ese día un trofeo no tenía ninguna importancia. Había escrito a sus padres para intentar exponer la inquietud y la congoja que sentía por dentro, pero estos le habían dado más importancia a la posibilidad de conseguir un premio que jamás había ganado nadie de su familia. Ellos, que nunca habían destacado en nada, estaban maravillados con una hija que destacaba en belleza e inteligencia.

Molesta por no poder huir de sus pensamientos, se levantó y fue a dejar el libro en su estantería. Ese día no trabajaría más en pociones. Cruzó el pasillo y se dirigió a la estantería de herbología. De repente había decidido adelantar la redacción que tenía para la semana que viene. Todo fuera para mantener la mente ocupada de esas imágenes que le perseguían por la noche. El olor, los gritos, el color de la sangre… Lo tenía todo pegado a su memoria y no sabía cómo sacarlo de allí. Cuando encontró finalmente el libro que buscaba lo tomó en sus brazos y se dirigió de nuevo a la mesa donde tenía desparramadas sus cosas. Esos días la biblioteca no estaba muy llena. Apenas había un puñado más de estudiantes que tenían la misma intención que Jane: Mantener la cabeza ocupada.

Estuvo un rato concentrada en un texto sobre la cultivación de díctamo, y cuando tuvo claros los conceptos por los que debía comenzar, empezó a escribir la redacción. En ese momento escuchó unos pasos que se acercaban a ella, pero esperó a que pasaran de largo. Al contrario de lo que creía, estos se detuvieron a su lado y Jane levantó la mirada para encontrarse cara a cara con Josh Cambell.

- Hola –dijo el muchacho tímidamente, a lo que Jane contestó con un ligero gesto de cabeza antes de volver a enfrascarse en su redacción. No tenía ganas de hablar con nadie y esperaba que el muchacho captara la indirecta y no tuviera que pegarle ningún bufido-.

Pero en vez de darse por aludido, Josh dudó un par de veces y finalmente tomó asiento frente a ella. Jane suspiró y le miró con los ojos como dagas.

- Estoy ocupada –le comunicó marcando bien las palabras-.

Su tono, evidentemente, cohibió al chico pero no le quitó la idea con la que había ido. Titubeó un par de veces y finalmente suspiró con fuerza.

- Llevo días buscándote para darte las gracias por lo que hiciste en Hogsmeade.

- De nada. Ahora, adiós –le dijo cortante y volviendo la vista al pergamino-.

Josh la observó durante unos segundos, esperando que volviera a mirarle, aunque solo le fulminara. Pero Jane simplemente se centró en su redacción y fingió que se había evaporado en su silla. No pudo evitar observar su aspecto. Tenía la tez pálida. No blanca, como de costumbre, sino amarillenta. Los párpados los tenía hinchados y unas ojeras afeaban bastante su hermoso rostro. Su pelo no estaba tan cuidado como de costumbre, sino que se lo había recogido en una coleta llena de enredos para que no le molestara al estudiar. Incluso su vestimenta era algo más descuidada y menos conjuntada de lo normal. Había visto esa dejadez en muchas personas los últimos días como para no saber a qué se debía.

- Por mucho que intentes fingir, se nota a leguas que a ti también te afectó.

Jane suspiró y tiró la pluma con fuerza, manchando sin querer su pergamino de tinta.

- A ver, Cambell. ¿Crees que mi mayor deseo en la vida es tener una conversación existencialista contigo? –le bufó-.

Josh negó con la cabeza.

- No. Solo te estoy diciendo que se te nota. Y no deberías avergonzarte. Todos estamos igual.

- Yo estoy bien. No salí herida, ni perdí a nadie querido. Todos vimos cosas desagradables, pero si quisiera hablar de ello con alguien no te escogería a ti…

Josh hizo una mueca ante el carácter de la chica, que inmediatamente centró sus esfuerzos en recuperar la pulcritud de su pergamino. Decidió dejarla en paz, y se levantó con cuidado de no hacer mucho ruido para no molestar a los demás.

- Solo venía a darte las gracias. Me salvaste la vida, y jamás lo olvidaré. Y lo otro te lo decía solo para que no te obligues a ser tan perfecta. En tiempos como estos lo que menos se necesita es fingir…

Le sonrió levemente para darle a entender que comprendía su pérdida de papeles, y la dejó tranquila. Ya había salido de la biblioteca cuando oyó una voz que le llamaba. Al darse la vuelta, Jane iba hacia él trastabillando e intentando mantener todos los libros y pergaminos en su regazo. Él corrió en su ayuda al ver peligrar esa montaña de apuntes. Cuando controlaron la situación, Jane le miró con una disculpa grabada en la cara.

- Perdona por mi reacción. Han sido unos días muy extraños y no estaba preparada para tener esa charla.

Él sonrió ligeramente, siguiéndola en el camino que había tomado.

- Es normal. Yo también me entrometí donde no debía.

Esperaba que Jane se callara o como mucho sacara un tema banal. Pero le sorprendió yendo directa al grano.

- ¿Sabes? Eso que has dicho de fingir tiene su gracia. Durante todos estos días he tenido la sensación de que todo el mundo fingía. Nuestros compañeros, los profesores, mis padres… Parece como si todo el mundo quisiera olvidar a marchas forzadas. Nadie habla directamente del tema, o de… ellos.

Para ambos quedó evidente que "ellos" eran los fallecidos. A Josh no le quedó otra que darle la razón. La gente había hecho de ese tema un tabú poco después de los funerales. Se hablaba de los heridos, de su recuperación, de su vuelta al colegio. Pero de los muertos no se mencionaba nada.

- Tienes razón –le dijo-. Hay mucha presión acumulada. La gente está fingiendo demasiado. Me da la sensación de que esto acabará explotando de la peor manera…

- Sí –concordó Jane con un profundo suspiro-.

Después de esa declaración sí que hubo un silencio espacioso, mientras se dirigían hacia la sala común de Ravenclaw. No quedaban muchas ganas de hablar al pensar en sus compañeros desaparecidos. Aunque no les tocara directamente, sí que notaban el cambio de ambiente. Hogwarts ya no era lo mismo tras la ausencia de esas personas. No era que les hubieran cambiado de colegio o que hubieran terminado sus estudios. Esos compañeros no habían ido a ninguna otra parte; se habían ido para siempre. Y todos ellos habían sido testigos de ello, en mayor o menor medida.

- ¿Has leído lo de James? –preguntó Jane retomando la conversación-.

Josh sonrió. Por fin una buena noticia en medio de toda aquella locura.

- Sí. Pero yo me enteré ayer. Al poco de ocurrir se lo dijeron a su novia y a sus amigos, y ellos a nosotros. Es una gran noticia. Por fin tuvimos algo que celebrar.

Ella sonrió a su vez.

- Yo me alegré tanto cuando lo leí esta mañana… James no se merecía acabar así –Josh negó con la cabeza, de acuerdo con ella. La miró de reojo esperando ver su reacción con el tema, pero aparte de un profundo cariño no había rastro de la anterior devoción mezclada con locura que había sentido tiempo atrás por su capitán-. ¿Sabe alguien por qué le secuestraron? Debía ser importante si se tomaron tantas molestias como para infiltrarse en San Mungo…

Pero Josh se encogió de hombros, indiferente.

- Les hemos preguntado a sus amigos, pero ninguno sabe nada. La familia de James está forrada, así que supongo que intentarían chantajearles. Imagino que para todas sus ofensivas necesitan muchos galeones…

- Sí. Puede… -declaró Jane no muy convencida pero dejando el tema por imposible-.

Aún quedaba un trecho para llegar a su sala común, y se dio cuenta de por fin se sentía cómoda hablando con alguien en los últimos días. Irónicamente, era alguien que nunca le había caído expresamente bien. Josh era un chico que estaba colado por ella desde no sabía cuánto tiempo. Y ella el único caso que le había hecho, fue una vez en tercer curso que no llevaba bien estudiada la lección de runas antiguas y le copió el examen. Como encima suspendieron los dos, Jane no guardó nunca una gran imagen de él. Siempre se había burlado de él, hasta que las tornas cambiaron hacía un par de meses. Sin embargo, ahí estaban los dos. Hablando como dos buenos amigos. Lo que no consiguiera la guerra…

- Un amigo tuyo estaba mal, ¿no? –recordó de repente. Se giró para mirarle y vio que hizo una mueca ante su mención-.

- Sí, Johnny. Pero ya está mejor. Esta semana le dan el alta en San Mungo y pronto volverá a clase.

Jane asintió con la cabeza, alegrándose interiormente pero sin decir nada. Al oír el nombre del chico le puso cara enseguida, al igual que compañía.

- Ya decía yo que veía al callo malayo muy triste últimamente- dijo más para ella que para su acompañante-.

- Se llama Sarah –replicó Josh enseguida mirándola con seriedad-. Es Sarah. Y es normal que estuviera mal. Es su novio y ha estado muy jodido…

Jane hizo una mueca de fastidio, pero no contestó lo que tenía en la punta de la lengua. No era el momento de los comentarios sarcásticos. Pero Josh sí se había sentido molesto, y profundizó en el tema.

- Siempre tratas a la gente con desprecio. ¿No podías dirigirte a ella por su nombre? Sabes cuál es, llevamos seis años yendo a clase juntos.

- Ella también sabe mi nombre y no la he oído usarlo nunca –respondió ella rodando los ojos, mientras levantaba los dedos para enumerar-. Se ha referido a mí de mil maneras, excepto por mi nombre. Pija conjuntada, calienta braguetas, rubia sin cerebro, princesita destronada, niña de papá…

- Eso es…

Diferente. Es lo que iba a decir, pero se calló antes de terminar. En realidad no era tan distinta la manera en que Sarah se refería a Jane de la que Jane se refería a ella, o a casi todo el mundo. Si Jane tuviera una mano tan rápida como su lengua sería una gran cazadora. Sin embargo, Sarah tampoco se quedaba coja.

Jane le miró de reojo y, al verle aceptar su punto interiormente, sonrió. Miró al frente y al fondo vio la entrada a su torre. Sonriendo con más sinceridad de la que lo había hecho esos días, se dirigió al muchacho para que le diera la mitad de los libros que le había llevado hasta allá.

- Gracias por la conversación, Josh. Creo que necesita urgentemente hablar sin tapujos con alguien.

Él solo acertó a sonreír titubeante, mientras la miraba desaparecer por la puerta. No fue capaz de despedirse; tenía la garganta seca y no era para menos. Hablando de nombres, era la primera vez que Jane le llamaba por el suyo.

OO—OO

Pasaron tres días en los que el tiempo no dio tregua a aquellos parajes escoceses. Las lluvias torrenciales y las tormentas eléctricas se intercalaban sin dar tregua. Las clases de Herbología y Cuidado de Criaturas Mágicas tuvieron que ser canceladas hasta que el tiempo mejorara. Cada dos por tres los alumnos se podían encontrar a Filch rezongando por algún pasillo con la señora Norris detrás de él y cargando con la fregona y el cubo. Debido a ese interminable diluvio el agua se colaba por las viejas grietas de las paredes de piedra del castillo y varios pasillos estaban inundados. El conserje estaba de peor humor que nunca.

Con ese tiempo se limitaban las actividades que los alumnos podían hacer para entretener sus mentes. No podían salir del castillo, tenían más horas libres y ciertas áreas estaban restringidas por las inundaciones. Eso solo provocaba que tuvieran que estar más tiempo en sus salas comunes, rumiando un suceso que aún no habían asimilado y mucho menos superado. Especialmente entre los amigos y familiares de los fallecidos estaba creciendo una gran tensión acumulada. Aún no era muy evidente, pero se fraguaba algo detrás de esas máscaras de dolor, impotencia e ira. Latiendo suavemente, como a la espera de que algo hiciese explotar todo.

Ajeno a toda esa nube de sensaciones, Sirius había vuelto a retomar una especie de rutina. Ante la falta de James y Remus, Peter y él se sentían casi huérfanos. Nunca habían tenido una gran conexión solo entre ellos dos, y los ratos muertos se hacían eternos. Pero él había encontrado una buena sustituta. De algún modo le había otorgado a Lily el título de hermana postiza, y ella parecía encantada con la idea. Pasaban muchos ratos juntos hablando, algo impensable un par de años antes cuando Lily no podía pasar diez minutos seguidos con James ni Sirius. Grace se había dado cuenta enseguida de esa conexión, y aunque sabía que tenía ningún motivo para estar celosa sí que se había sentido algo desplazada. Su mejor amiga fue la primera que se dio cuenta, y tras eso hizo todo lo posible para hacérselo ver a Sirius.

Finalmente el domingo por la tarde este se lo tomó por completo para estar con su novia. Después de tanto estar con Lily esta se merecía también un poco de atención. Además de que no habían tenido una charla profunda desde antes del ataque. Al principio Grace desconfió un poco porque discrepaba con él en que un paseo por la torre de Astronomía sería muy romántico. No con ese tiempo, que convertía aquel lugar en uno de los más fríos del colegio y donde tenían un alto porcentaje de probabilidades de quedar empapados por la lluvia que se colaba por todas las goteras. Pero cuando se dio cuenta de que por fin Sirius quería pasar una tarde agradable con ella recogió una manta de su habitación y le siguió sin oponerse más.

Como supuso, al llegar tuvo que echarse la manta a los hombros porque el viento era fortísimo, incluso ensordecedor. Sin embargo Sirius cogió su mano y la condujo hasta un rincón sin goteras donde conjuró unas llamas que se mantuvieron juntos a ellos a varios centímetros del suelo. Grace se sentó recogiendo las piernas y le miró algo extrañada.

- Lily cree que te pasa algo. Y yo también comienzo a creerlo –le dijo él mientras llevaba las manos hacia las llamas para calentarlas-.

- ¿Pasarme? ¿Por qué lo dices? –preguntó ella sorprendida de que querría hablar de ese tema-.

- Pues que estás rara, y te distancias de nosotros.

- Sois vosotros dos los que os apartáis –le respondió ella mirándole con una cara que quería decir: "Y lo sabes"-. Si lo niegas pregúntale a Peter, a ver qué te dice.

Sirius titubeó un poco, pero al rememorar ciertos momentos de días anteriores se dio cuenta de que Grace tenía parte de razón. Inconscientemente Lily y él quizá se habían apartado algunas veces del grupo. Se habían unido mucho tras el ataque, habían hecho un buen equipo y se habían apoyado el uno en el otro. Además, ella era la conexión más cercana que tenía con James, y después de lo ocurrido a su mejor amigo no podía evitar querer confirmar que todo volvería a la normalidad. Lily era parte de la esencia de James. Si ella estaba bien significaba que su amigo volvería pronto. O al menos así lo veía su subconsciente.

- Quizá he pasado mucho tiempo con Lily últimamente… -concedió aún pensativo-.

Grace asintió mientras le cogía de la mano, que estaba helada.

- No creas que es algo que me molesta. Me encanta que os hayais hecho buenos amigos, porque antes parecía que os llevabais bien solamente porque James y yo estábamos en medio. Pero echo de menos tener tu atención.

Sirius sonrió de medio lado.

- Tú sabes que hay cierta parte de atención que Lily no tendrá nunca, ¿no? Una que te dedico en exclusiva –aclaró como broma privada mirándola de arriba abajo sin disimulos-. Ni Lily ni ninguna otra chica.

Esperaba relajar completamente el ambiente y pasar de dedicarse a empresas más placenteras, pero en vez de inclinarse a besarlo, Grace se subió más la manta y le miró con una expresión extraña, entre la comprensión y el aburrimiento. Desde luego era una señal de que debería dejar sus planes de diversión para más adelante porque ella no estaba con ganas. Se acercó a ella para robarle un trocito de manta y colocárselo en las rodillas, y dejó que apoyara la cabeza en su pecho.

Desde los ventanales de la torre se podía ver el bosque prohibido soportando la fuerza del viento. El cielo se iluminaba cada poco por los rayos, y todo retumbaba cada vez que sonaba un trueno. A él le encantaba ir a ese lugar en días de tormenta con James, un par de cervezas de mantequilla, y ver la naturaleza en estado puro. Pero el modo en que el cuerpo de Grace se agitaba a su lado le dio a entender que ella no estaba muy cómoda.

- ¿Quieres que nos vayamos?

Grace no le contestó, pero no porque estuviera molesta sino porque parecía que no le había oído. Inclinó la cabeza a un costado para mirarla la cara y vio su mirada perdida. Para sacarla de sus pensamientos agitó un poco el brazo donde estaba apoyada y alzó las cejas interrogante.

- ¿En qué piensas?

Grace frunció el ceño un segundo, pero después se acomodó para contárselo.

- Estaba recordando cómo me comporté cuando volvisteis. No fui exactamente la novia perfecta, ¿no?

- Bueno… -comenzó él con una pequeña sonrisa, empezando una broma. Un golpe seco en es estómago le hizo replanteárselo-. Supongo que tenías motivos, ¿no? Por el susto que os dimos, y todo.

- Sí… -suspiró un segundo, porque eso solo era parte del problema-. Además, estaba algo alterada y confundida. Unos minutos antes había tenido un encuentro con tu hermano.

- ¿Con Regulus? –preguntó Sirius sorprendido-.

Ella asintió con la cabeza.

- Estaba en los jardines, y de lejos le confundí contigo. Hablé un rato con él.

- ¿Te hizo una confesión? –preguntó él entre dientes. Estaba completamente seguro de que su hermano pequeño había estado en Hogsmeade bajo una máscara-.

- No. Me negó todo. Dijo que estuvo en Hogsmeade pero con sus amigos, de forma normal. A los que han pillado son de nuestro curso, él podía haber estado con sus compañeros perfectamente.

- Sí, podría. Pero no me lo creo.

- Yo empiezo a no creérmelo tampoco –concordó Grace tristemente-. Y también le pregunté por Kate.

Eso sí que llamó la atención de Sirius, que se enderezó rápidamente para mirarla a la cara.

- ¿Por qué?

- Porque tu teoría me carcome por dentro. Simplemente no puedo aceptar que sea responsable de la muerte de Kate, aunque sea indirectamente…

Sirius sentía lo mismo, pero en el fondo de su corazón sabía que esa era la mayor probabilidad. Le costó un par de minutos hacer esa pregunta, porque el miedo a la respuesta era muy grande. Pero finalmente se aclaró la garganta y se armó de valor.

- ¿Qué te dijo?

- Nada –respondió Grace con una mueca-. No dijo nada, ni siquiera lo negó. Quedó bastante evidente que sí había hablado de ella a Bellatrix.

El dolor y la rabia que supuso esa confirmación fueron tan fuertes que sintió cómo las venas se le hinchaban, los músculos se le agarrotaban y la piel se le tensaba. Sin darse cuenta tenía apretados con fuerza los puños y pugnaba por levantarse. Grace se lo impidió.

- Yo también me enfurecí mucho en primer momento. Pero entiende una cosa. Lo más probable es que le hablara de ella hace un año, cuando empezasteis a salir. Estaría furioso y enrabietado, y seguro que tu prima no dejó escapar la oportunidad para sonsacarle todo. Ella ha aprovechado esa información mucho después. Ella es la que la mató. Ella es la culpable.

Durante un par de minutos Sirius tuvo una fuerte lucha interna. Una parte le pedía que recorriera Hogwarts hasta dar con esa serpiente con la que compartía sangre y matarlo de una paliza. Pero otra parte analizaba lo que le había dicho Grace. Y como anécdota, la parte cerebral ganó esa vez. Quizá porque no tenía en absoluto ganas de partirle la cara a su hermano. Y menos después de todo lo ocurrido.

- Tienes razón. El muy idiota seguro que tuvo una vomitona verbal y la perra de Bella se guardó la información para usarla cuando pudiera. Si de algo es culpable es de ser demasiado estúpido. Pero su estupidez ya le ha costado la vida a Kate. Y te juro que no se lo perdonaré jamás…

Grace se apoyó en su hombro, sin decir nada. Las palabras sobraban. Ambos se seguían preocupando por Regulus y por ese camino en que se estaba metiendo que era demasiado grande para él. Pero ninguno podría olvidar a Kate. No necesitaban hablar más del tema para saber que se sentían exactamente igual que el otro. El fantasma de Kate siempre estaría ahí, y ninguno quería olvidarlo. Quería venganza. Querían justicia.

OO—OO

Lily estaba en ese momento en el despacho de Dumbledore. La reunión con que este le había amenazado por fin estaba teniendo lugar. Había sido una sorpresa para la pelirroja el recibir la carta del director tan pronto, pero al ver el estado del anciano quedó claro que este había sacado tiempo de debajo de las piedras para poder hablar con ella. Estaba más pálido de lo normal, su cara estaba adornada con dos profundas ojeras y sus ojos denotaban cansancio. Sin embargo, se mostró tan ágil como siempre yendo directo al grano. Quería saber cómo había ocurrido exactamente todo el tema de las cajas. No solo cómo habían llegado a manos de James (lo que ya sabía a grandes rasgos gracias a los amigos de este), sino cómo ella aprendió a usarlas y cómo ocurrió todo lo que se desarrolló en la cueva.

- Entonces, ¿eran unos jeroglíficos? –preguntó cuando Lily llegó a la parte en que logró descifrar el código de las cajas-.

- Sí. Juntándolos componían un poema. Aunque suene cursi, en esas palabras me reconocí a mí misma. El señor Duncker me dijo que era algo sencillo a la par que complicado, y que si lo había tenido en mi vida alguna vez encontraría la solución. Imagino que si no me lo dijo directamente, es porque es imprescindible averiguarlo por uno mismo para usarlas bien…

Dumbledore estuvo un par de minutos elucubrando todo lo que había oído esa tarde, y uniéndolo a lo que ya sabía por Bernard Duncker y por Leonardo Murdock.

- Eso explica muchas cosas –reconoció pensativamente. Lily le miró extrañada, y al ver que le exigía tantas respuestas a su alumna decidió ser completamente sincero con ella-. Verás Lily, tanto Bernard como Leo solo me hablaron en general sobre el tema de las cajas. Me aseguraron que no había peligro de que Voldemort averiguara cómo unificar el poder de las cuatro, aunque no me aclararon el por qué. De todas formas, ya de por sí era un peligro que él las consiguiera sin lograr unirlas, porque Voldemort con el poder de los cuatro elementos por separado es casi igual de peligroso.

Lily asintió comprensivamente, aunque según el director le fue explicando cómo se habían sucedido las cosas durante esos meses se perdía más. Sentía que aquello era muy grande. Mucho más de lo que habría imaginado. Y el que ella hubiera conseguido ponerle fin había sido un gran golpe de suerte, porque realmente era la persona menos cualificada para ello. Así se lo expuso a Dumbledore, pero él negó con la cabeza en desacuerdo.

- No lo creo, Lily. Tú eres la persona que hacía falta, no tengo ninguna duda. De no ser por ti y por toda la situación que se ha dado, no habríamos conseguido recuperar las cuatro cajas.

- Pero yo lo averigüé de casualidad. Quiero decir, no entendía nada y en el último momento, cuando estaba con James, ese poema tuvo sentido, pero solo por casualidad.

- Las casualidades no existen –rebatió el profesor con una amable sonrisa, mientras se apoyaba en la mesa justo enfrente de ella-. Si James no hubiera estado en un peligro tan grande y tú no habrías acudido en su ayuda por pura bondad y amor, no lo habrías podido averiguar. La situación se dio perfecta para que tú descubrieras el magnífico poder que tienen el amor y la bondad, y los pudieras usar contra el mal. Con todo el poder que tiene Voldemort, él jamás ha sabido amar a nadie, por lo que no entendería la fuerza de esas palabras grabadas en las cajas. James y tú, pese a ser jóvenes y mucho menos poderosos, sabéis lo que es amar sin reservas. Y eso tiene más poder que toda la maldad del mundo. Es el amor, Lily, y no otra cosa, lo que mueve el mundo.

La pelirroja sonrió bastante sonrojada al recordar la gran revelación que tuvo en ese momento. Lo que podría calificarse como una debilidad, porque James se había convertido en su punto más débil, se convirtió en un arma contra los que intentaban hacerles daño. Parecía increíble que algo tan delicado y puro tuviera tanta fuerza. Pero la última frase del director tenía razón. La había oído multitud de veces en anuncios publicitarios, en las películas o en las canciones, pero hasta ese momento no comprendió hasta qué punto era cierto aquello de que el amor podía mover el mundo. Se perdió un poco en sus pensamientos, y cuando regresó Dumbledore le regaló una amable y comprensiva sonrisa. Después, el director dio una palmada y se incorporó.

- Bien. Parece que toda esta pesadilla va llegando a su fin. Y, como ya te he dicho Lily, todo gracias a ti. Pese a que aún creo que merecéis un castigo por haberos escapado, te doy las gracias. Y me temo que un poco más adelante tendré que pedirte un nuevo favor. A ti y a James, cuando él haya terminado de recuperarse.

- ¿Un favor? –preguntó ella confusa-. ¿Qué tipo de favor?

- Debemos destruir esas cajas. Aniquilarlas y acabar con ellas para que no den más problemas. Pero Leonardo me ha asegurado que para ello necesitaré la ayuda de quienes han conseguido entenderlas mejor que nadie. Esos sois James y tú. Cuando todo se tranquilice deberemos hacer el ritual para eliminar este peligro para siempre.

Lily asintió comprensivamente.

- James me escribió ayer asegurándome que estaba bastante recuperado y que no tardarían en darle el alta –le informó-. A partir de entonces podrá contar con nosotros cuando quiera.

- Aún es pronto –aseguró Dumbledore sentándose lentamente en su silla-. Me temo que aún tenemos varios puntos que aclarar. Por ejemplo, en cuanto a la seguridad de Bernard Duncker. Podríamos realizar el ritual en secreto y asegurándonos de que no deje rastro de su presencia para que no le arresten, pero han surgido cuestiones nuevas. Se ha detenido a uno de los hombres que asesinó verdaderamente a los Johnson. Su juicio sobre sus crímenes en Inglaterra será en pocos días, y después será trasladado a Alemania para que responda por este caso. En pocos meses podría resolverse todo y, con suerte, el señor Duncker será declarado inocente y no tendrá que seguir escondiéndose.

Lily volvió a asentir, pensativamente. Recordó haber leído algo en El Profeta sobre un detenido al día siguiente de haber rescatado a James. Además, tuvo que prestarle atención al tema porque Gisele puso el grito en el cielo al averiguar quién era. Por lo visto había sido un compañero de sus padres en la Orden del Fénix que supuestamente había muerto. Un agente doble que había fingido su asesinato para pasarse de bando. La ira de la latina se acrecentó al pensar que podría haber tenido que ver con la muerte de sus padres, cosa de la que después habló también la prensa. Y ahora parecía que también había estado involucrado en el asesinato de Richard y su familia. Todo era tan lioso, se mezclaba tanto entre ellos, que se estaba mareando. Y entonces un pensamiento más le asaltó, y se entristeció más aún.

- Al final será libre –murmuró pensativamente-. A Sadie le habría encantado verlo…

Dumbledore asintió en silencio, respetando el recuerdo cariñoso hacia esa alumna fallecida. No había tenido mucha oportunidad de conocerla, pero dada la profunda fidelidad que había mostrado en su despacho el día que su padre escapó de prisión, estaba seguro de que Lily tenía razón. A Sadie Duncker le habría encantado ver cómo conseguían limpiar el nombre de su padre…

OO—OO

Por fin se había salido con la suya. Esa noche, tras casi cinco días de confinamiento en San Mungo, Remus había podido visitar a Rachel. No fue hasta que el profesor Dumbledore intervino y le concedió unos minutos, porque las normas del hospital eran muy estrictas en la zona en la que estaba internada. Aún estaba muy grave y no había despertado, pero las anotaciones que se podían leer en su diario médico invitaban a la esperanza. Así se lo había hecho saber el director cuando él se descompuso al ver su estado.

- Tiene todas las probabilidades para sobrevivir, Remus. Y más después de la sangre que tú le has donado. Saldrá de esta, tranquilo.

No había respondido a sus palabras de ánimo, pero el anciano lo entendió. Remus aún sentía un gran shock por la imagen que tenía delante. Era su novia. Al menos lo parecía en parte. Pero costaba reconocer a su Rachel debajo de esa extraña. Su cara estaba completamente llena de cicatrices. Al haber tenido que interrumpir el tratamiento que le recomendó madame Pomfrey tras el ataque, los cortes que le habían hecho no habían cicatrizado correctamente y le ocupaban toda la cara. Eran completamente ilegibles, afortunadamente; pero él que sabía lo que estaba escrito casi podía vislumbrar la palabra "impura" en su mejilla. Luego estaban sus rizos, sus preciosos rizos. Ese pelo enmarañado, oscurecido y apagado no parecía el suyo, pero lo era. Y a partir de ahora tendría el cabello mucho más difícil debido a su estado hormonal alterado por su sangre licántropa, pero ese era el menor de sus problemas. Los vendajes y la acumulación de pociones se centraban sobre todo en el cuello, donde le había mordido Greyback. Había sido tan cerca de la yugular que se estremecía cada vez que recordaba la imagen y el sonido de la sangre chapoteando al exterior cuando los dientes del hombre lobo rasgaron la piel.

La zona de la herida se extendía por el hombro y parte de la cara. Esa zona le quedaría siempre de una tonalidad distinta al resto de la piel, como él tenía en su pierna izquierda. La marca inolvidable de su maldición; la que ahora compartían los dos. A partir de ese momento Rachel cambiaría. Los demás aseguraban que no, pero él sabía mejor que nadie lo que ese contagio le hacía a una persona. Él había sido un niño revoltoso y completamente extrovertido antes de ser convertido. Puede que incluso hubiera dejado en evidencia a James y Sirius. Pero, aunque conservaba esa esencia, otra persona más oscura y amargada se había adueñado de su ser. Y a Rachel también le ocurriría. Lo que él más temía era que esa nueva persona no le quisiera a su lado…

Su visión le dolía, pero se mantuvo firmemente pegado a los pies de la cama todo el tiempo que pudo. Se obligaba a mirarla y observarla por completo. Debía aceptar a la nueva Rachel cuanto antes para intentar ayudarle a ella a aceptarse. Esa Rachel ya no tendría su carita de ángel, con su preciosa piel color aceituna y sus rizos castaños que tanto le gustaba acariciar. Esa Rachel tendría la cara completamente llena de cicatrices y probablemente sus rizos serían una mezcla de su antigua cabellera y de algo extraño. No es que el físico tuviera mucha importancia a esas alturas para ellos. Lo suyo estaba por encima de la superficialidad. Pero costaría que ella consiguiera aceptar todo eso, y más con el carácter irritable que caracterizaba a los primeros meses tras la transformación. Si a eso le incluía lo difícil que resultaría su vida en Hogwarts a partir de ese momento… Habría una gran diferencia entre la alegría que muchos tuvieron de su vuelta hacía pocas semanas y la inquietud que, sin duda, levantaría su regreso en ese momento, en que todos conocían su suerte. Serían unos meses duros, pero él estaría allí, y el resto del grupo también.

Cuando Dumbledore se acercó desde la puerta donde estaba vigilando y le indicó que no podían quedarse más rato, le hizo caso sin protestar. Simplemente le dedicó otra profunda mirada a su chica y se dio la vuelta para marcharse. Le hubiera gustado poder darle un beso en la mejilla, pero las estrictas órdenes eran que ni podía tocarle ni la punta del dedo meñique. Así que se guardó en los bolsillos de la túnica las manos, que le picaban del deseo de tocarla, y siguió al director silencioso por los pasillos del hospital. Dumbledore le observó un poco antes de hablar. Tenía miedo de que su alumno se volviera a retraer, como sabía que lo había hecho desde el ataque.

- Estará bien, Remus. Cuando te digo que lo tiene todo para sobrevivir no es solo para tranquilizarte. Cada día mejora, aunque lentamente.

El joven licántropo asintió con la cabeza pensativamente.

- Lo sé –dijo-. Tiene mal aspecto, pero no se ve moribunda. Lo que estaba pensando es lo difícil que será cuando vuelva a Hogwarts. La gente sabe lo que le ha ocurrido y no lo llevará bien. Seguramente haya muchos conflictos, y eso le afectará demasiado…

Suspiró pesadamente y siguió su camino al lado del director. Esperaba que este comenzara su retahíla de palabras tranquilizadoras y esperanzadoras, pero no dijo nada. Y eso fue lo que llamó su atención. Le miró de reojo, esperando alguna reacción, pero le vio pensativo y nervioso. Remus frunció más el ceño y le miró directamente, buscando una explicación a su reacción.

- ¿Ocurre algo? –se animó a preguntar finalmente-.

Dumbledore suspiró, y le hizo un gesto. Ya habían llegado a su cuarto, así que le hizo pasar y cerró la puerta tras él. Remus había conseguido convencer a su padre de que se fuera a dormir a su casa por las noches, así que estaban solos. Al ver tan serio al director se preocupó más aún.

- Verás, Remus. Rachel no va a volver a Hogwarts. No puede hacerlo, es imposible.

Esa declaración le sorprendió tanto que estuvo varios instantes buscando las palabras. No había contemplado esa posibilidad. Por alguna razón no había llegado a imaginar que Rachel no podría volver. Cuando finalmente encontró las palabras estabas salieron apelotonadas y algo confusas.

- Pe-pero… ¿C-Cómo que no? ¿Por qué?

Dumbledore hizo una mueca de resignación.

- El Consejo de Padres y el propio Ministerio. He intentando todo para convencerles y asegurarles que la tendré estrictamente vigilada en los momentos en que sea peligrosa; e incluso he utilizado la poción matalobos como argumento. Pero ya sabes que aún hay mucha incomprensión con vosotros. No quieren que se mezcle con los alumnos ni el resto del mes que será normal, y menos ahora que está recién mordida. He insistido todo lo que he podido, pero algunos miembros del Ministerio han empezado a rebuscar cuestiones sucias para deslegitimarme. Mi reputación no está en su mejor momento tampoco.

- ¿Así que va a permitir que la expulsen solo para guardar su reputación? –preguntó el joven dolido-.

- Nada más lejos –se apresuró a asegurar el anciano con gesto solemne-. Nada peor puede sucederle a mi reputación que lo que ya ha ocurrido. Y para que esta no afecte a Hogwarts te adelanto que pienso dimitir de mi puesto cuando acabe el presente curso.

Remus abrió la boca entre sorprendido y horrorizado. ¿Hogwarts sin Dumbledore? ¿En plena guerra? Sería una masacre tan grande que lo ocurrido en Hogsmeade sería simplemente una anécdota suave para contar a los niños.

- Usted no puede…

- No interfieras en mis decisiones laborales, Remus –le recriminó el profesor, a lo que él se calló rápidamente-. Además, la decisión está tomada. Te juro que lamento muchísimo no poder ayudar más a Rachel, pero si seguían buscando averiguarían que tú también eres un licántropo, y también pedirían tu expulsión. No puedo hacer nada para ocultar lo de Rachel, pero puedo asegurarme que tú acabes tus estudios. Mejor uno que perderos a los dos.

A la vista de que Remus iba a decir algo, Dumbledore se le adelantó.

- Y no se te ocurra pensar en abandonar el colegio por Rachel. No te imaginas cuantos de tu condición habrían querido tener la oportunidad que tienes tú. Ella no te perdonaría que tú sacrificaras tu educación por su causa.

Remus estuvo a punto de contestar que seguramente con el humor que tendría los primeros meses todo lo que querría es destrucción, sacrificio y venganza, pero prefirió callárselo y que pensasen por el poco tiempo que quedaba hasta que despertara, que Rachel seguiría siendo la misma. Y menos lo sería si no podía contar con él, que la comprendería más que nadie. Eso le encendió una bombilla.

- Puede volver –dijo de repente, ganándose una mirada de Dumbledore-. Puede volver a su habitación, en la que se escondió durante meses hasta que murió su madre. Nadie lo sabrá nunca.

El plan era perfecto, sobre todo porque ya había funcionado antes. Pero Dumbledore negó con la cabeza apesadumbrado.

- Me temo que no. Quieren monitorizarla durante los primeros meses de las transformaciones. Tenerla controlada y asegurarse de que es de fiar antes de dejarla libre.

- ¿La van a encerrar como a un delincuente? –exclamó Remus ofendido-.

- Me aseguraré de que la trasladen a un lugar decente y cómodo. Voy a estar pendiente de ella, tranquilo. Es un triste proceso por el que tenemos que pasar, pero saldrá de esta y recuperaremos a la Rachel de siempre, no te preocupes.

Eso último Remus tenía clarísimo era imposible, pero no lo dijo en voz alta. Se tragaría su preocupación y la angustia que le daba pensar en cómo sería su reencuentro, porque seguramente deberían retrasar este hasta el verano. Aunque no encontrara a la Rachel de siempre, confiaba en que para entonces algo de su niña habría salido a la luz y pudiera capturar su esencia. Solo le quedaba esperar.

OO—OO

Al día siguiente, en San Mungo la situación estaba bastante calmada. Muchos de los heridos en el ataque de Hogsmeade habían sido dados de alta, y los que no la recibirían en breve era porque les esperaba una larga temporada en el hospital. El caso de James iba avanzando muy favorablemente, y de hecho el muchacho ya se sentía que muchas fuerzas, como así se lo repetía constantemente a sus padres. Sin embargo, sus días de confinamiento no habían terminado. Cuando ya estuvo más fuerte, eso sí, sus padres decidieron que ya era hora de tener una larga charla con él sobre todo lo ocurrido.

La confirmación de la muerte de su tío había sido un batacazo, pero tampoco algo sorprendente porque todo apuntaba a ello. El que le hubieran secuestrado e intentado sacar información sobre la caja, las burlas de Rabastan Lestrange y el no haber recibido su visita en todos esos días ya eran una confirmación en sí mismas. Pero oírlo de labios de su padre fue mucho peor. Vio el dolor que este sentía al perder a su hermano pequeño y se identificó con él. Hacía muchísimo tiempo que padre e hijo no tenían una complicidad tan fuerte en ningún tema. Pero se llevó una sorpresa aún mayor con el tema de su abuela. De hecho, su conversación iba por otros derroteros cuando se enteró.

- En una semana, ¿no os parece mucho? –se quejaba después de la visita de la enfermera esa mañana-.

- Es lo mínimo para que te recuperes de tus heridas –le dijo su madre arropándole y alisando las sábanas-. ¿No te das cuenta de la suerte que has tenido?

- Tienes que pensar en todo lo que ha pasado y sentirte muy afortunado –dijo su padre-. Esta horrible experiencia debe hacerte ver el verdadero riesgo de esta guerra, y lo importante que es que nos vayamos antes de que vaya a peor.

James se contuvo de rodar los ojos y se apresuró a desviar la conversación antes de que su padre se pusiera muy pesado. Pronto cumpliría los 18 años, y ya era mayor de edad para decidir si se quedaría en Inglaterra o no cuando acabara el colegio. Pero, para evitar más discusiones delante de su madre, retomó el primer tema.

- Sé lo que ha pasado y me siento muy afortunado por haber salido vivo y enterito de esta. Pero es que una semana más ingresado aquí se me va a hacer eterno. Estoy deseando tener mi escoba en las manos y volar un rato.

- Pues eso no podrás hacerlo en una temporada –insistió su madre pacientemente-. De todas formas, ¿no querrías pasar unos días en casa antes de volver a Hogwarts? Están concediendo permisos a los alumnos heridos, y creo que te vendría bien descansar un poco antes de volver al ajetreo.

- Seguro que sabrás recuperar el tiempo perdido perfectamente –comentó su padre sin darle más importancia a la falta de asistencia extra que tendría-.

James se lo pensó durante un par de segundos, aunque realmente no había nada que pensar. Sabía que sus padres querrían tenerlo con ellos para asegurarse y confirmarse a ellos mismos que no le había ocurrido nada malo. Pero más tiempo en casa haría que se agobiara. Cómo decírselo sin molestarles, era otro asunto.

- Os entiendo, pero creo que preferiría volver a Hogwarts cuanto antes. Con todo lo ocurrido… No sé, creo que sería un alivio volver a la normalidad. Retomar la rutina e intentar olvidar los peores episodios. Sé que será duro volver y no ver a Kate ni a Sadie pero…

Hizo una mueca, aún intentando hacerse a la idea de la muerte de sus amigas. Había sido un palo enterarse, como supuso que lo fue para el resto. Sus padres hicieron un gesto de comprensión, y probablemente fuese ese momento de debilidad lo que provocó que fueran más comprensivos con su vuelta inmediata al colegio. Su madre, desde luego, parecía a punto de llorar pero le hizo saber que comprendía y aceptaba su decisión. Su padre se mantuvo callado, y James dijo algo más para romper su coraza.

- Bueno, si la abuela quiere verme siempre puedo pasar un día por casa antes de volver al colegio. Comprendo que no está en condiciones de visitarme aquí, pero… ¿qué pasa? –preguntó de pronto al ver que su padre apretaba la mandíbula y se daba la vuelta-.

Charlus se giró a los pocos segundos con el rostro otra vez sereno, pero el dolor volvió a invadir sus ojos al igual que cuando hablaron de Adam. James le miró fijamente, y después a su madre, quien se veía triste pero más entera.

- Verás, cariño. Hay algo que aún no te habíamos contado, y es sobre la abuela. El día… El día anterior al ataque en Hogsmeade entraron en casa un grupo de mortífagos. Acababa de ocurrir lo de tu tío y buscaban pruebas de dónde podía esconder esa caja que buscaban.

- Aún no puedo creer que te metiera en medio –bufó Charlus entre ofendido y decepcionado-.

- Ahora ya da igual –le recordó su esposa, aunque enseguida se volvió hacia James quien le había tomado muy fuerte de su mano al escuchar que habían perpetrado en su casa-. El caso es que encontraron las pruebas que seguían tu rastro, y ahí decidieron ir a por ti.

- Y planearon lo de Hogsmeade –añadió él con resentimiento. Jamás se perdonaría a sí mismo ser la causa de esa matanza. Sabía que no era su culpa, que él solo era el blanco. Pero mucha gente había muerto ese día porque le buscaban a él, y eso le había marcado para siempre-.

Su madre asintió pesarosamente, consciente de que ya lo había hecho todo para aliviar la carga que suponía ese hecho para su hijo. Su padre estaba agarrado con fuerza al pie de la cama, intentando escuchar ese relato sin ver cada imagen que había presenciado, y que se había grabado en su alma sin piedad. James hizo una mueca deshaciéndose de sus funestos pensamientos y volvió al tema principal, que había podido adivinar aunque fuera doloroso.

- Entonces… ¿La mataron? –preguntó con voz gutural, aunque su tono no consiguió hacer menos lúgubre la pregunta-.

Su padre se aferró con más fuerza al pie de la cama y su madre cerró los ojos, asintiendo.

- Cuando se enteró de lo ocurrido a tu tío, ella… -pero no pudo seguir hablando. Era doloroso recordar el asesinato de la mujer que había sido más madre que la suya propia-.

James tampoco lo necesitó. Suspiró profundamente y sintió un fuerte dolor en el estómago. Afortunadamente las lágrimas no acudieron a sus ojos, así que no se vio en la situación de tener que retenerlas. Solo debía luchar contra el nudo de su garganta para seguir hablando, mientras acariciaba la mano de su madre.

- ¿A vosotros no os hicieron nada? –preguntó extrañado-.

- Claro. Nos secuestraron también. Pero tu padre demostró que está tan en forma como antaño –comentó Dorea mirando a su esposo con afecto-.

Este posó su mano en su hombro con cariño, pero le restó importancia a la situación.

- Dejaron a nuestro cargo a los más inútiles e inexpertos. No era difícil deshacerse de ellos.

- Y después de eso fuimos a casa y nos encontramos con Dumbledore. Él se ocupó de buscarte.

- Aunque antes te encontraron otros –susurró su padre aún resentido por las heridas de su hijo-.

Pero James estaba demasiado impresionado como para cambiar el tema. Miraba a su padre con una admiración renovada que no sentía desde su más tierna infancia. Sonreía y sus ojos le brillaban mientras se imaginaba la escena de la fuga.

- ¡Escapaste, papá! ¿Cuánta gente ha logrado eso? ¡Eres muy grande!

Charlus se sentía incómodo, e intentó meter baza varias veces, pero su hijo insistía realmente encantado.

- ¡Es que es genial! No entiendo… Eres capaz de tanto, papá…

- Puede –concedió el anciano-. Pero la habilidad que tengo la uso para salir de los problemas, no para meterme en ellos.

Incapaz de discutir en ese estado de admiración, James sonrió esperando que su padre le comprendiera de una vez.

- Yo no quiero ser auror para meterme en problemas, ¿sabes? Quiero serlo para ayudar a la gente a salir de ellos.

Y ante eso su padre sí que no encontró palabras.

OO—OO

Esa misma tarde Remus pudo volver a Hogwarts. Salir del hospital y viajar en el tren en silencio y con tranquilidad (en contraste con la mayoría de los viajes en los que iba acompañado de sus amigos), fue un alivio. También fue agradable charlar con Hagrid mientras este le acompañaba al castillo, pues el guardabosques tenía la particularidad de hacerle sentir bien consigo mismo. Probablemente se debiera a la facilidad con la que se aceptaba a sí mismo a pesar de ser tan diferente a los demás, o quizá porque era alguien que era feliz con las cosas sencillas. Sin embargo, Hagrid también tenía la no envidiable característica de meter la pata y hablar de más. Cuando ya vislumbraban Hogwarts al final de la colina, el hombre decidió romper el silencio que se había creado tras ponerse al día de la salud de James y del propio Remus, y lo hizo seguramente de la peor manera posible.

- ¿Has sabido algo de tu chica? ¿Cómo se llamaba? ¿Perkins, no?

El buen rollo que había en el ambiente se congeló tanto que podía cortarse con un cuchillo. El nudo que había estado atorado en la garganta de Remus desde el día anterior se hizo más fuerte. Un vistazo a Hagrid bastó para comprobar que él también sabía de la suerte de Rachel. El hombre lucía sombrío, cauto y preocupado. La manera en que le analizaba reflejaba sus dudas sobre qué haría Remus cuando ella saliera del hospital. Él no sabía de su condición, por lo que, como casi todos, pensaba que él se encontraba en una situación delicada: Tener que decidir su futuro con su novia que había sido convertida en licántropa. Pero no era su futuro con Rachel lo que le preocupaba, sino más bien el propio futuro de ella. Cómo encajaría su nueva vida y qué clase de existencia decidiría llevar en el futuro. Hagrid comprendió su metedura de pata tarde, como de costumbre. Su rostro se arrugó y le palmeó la espalda cariñosamente, enviándole al otro lado del carro y consiguiendo que se golpeara en el hombro.

- Lo siento. No debería haber hablado. Dumbledore me dijo que no te sacara el tema. Pero es que, dada la situación… En fin, supongo que tiene que ser difícil.

Remus intentó componer una amable sonrisa, pero fracasó estrepitosamente porque fue evidente que no convenció a Hagrid, que era muy crédulo.

- No te preocupes, Hagrid. Seguro que encontraremos una solución.

Este asintió seriamente, y no volvió a hablar. Remus notó su mirada furtiva varias veces, y tuvo que intentar no mostrar sus emociones. Sin duda, para la mayoría solo había una solución, pues no abundaban los magos dispuestos a codearse con licántropos, y menos a mantener relaciones amorosas con ellos. Pero si Rachel estuvo para él a pesar de su condición, él no le fallaría en esa difícil etapa.

Fue un alivio despedirse de Hagrid y de su incómoda comprensión de las circunstancias. Pasear solo hasta la sala común le ayudó a serenarse, aunque cada pasillo que cruzaba era un puñal en el corazón al pensar que Rachel jamás podría volver a recorrer esos pasadizos. Sin embargo, como esa sensación ya le era conocida del año anterior, supo enfrentarla. Las palabras de bienvenida de la señora Gorda le devolvieron a la realidad. Conversó unos segundos con el simpático y dicharachero cuadro y, como muestra de confianza, le dejó pasar sin dar la contraseña, ya que él desconocía la nueva.

En la sala común había bastante gente, pues la tarde ya estaba avanzada. Algunos le saludaron de pasada y otros le ignoraron, como de costumbre. Allyson, la prefecta de sexto, le detuvo cuando pasó cerca del lugar en el que conversaba con sus amigos y le preguntó por su padre. Al principio él se quedó algo sorprendido, hasta que comprendió que era la excusa que sus amigos habían puesto por su ausencia, y le siguió la corriente. Después de agradecerle el interés miró alrededor en busca de alguno de sus amigos, pero no vio a ninguno en el primer momento. Después de un segundo vistazo distinguió a Grace en un rincón, absorta en una revista que estaba leyendo con el rostro algo confundido. Se dirigió al instante hacia ella, y cuando le quedaban pocos pasos para alcanzarla, Grace elevó la mirada y le vio. Al instante se vio atrapado en un fuerte y desesperado abrazo que correspondió gustoso, viniendo de ella. Grace había sido su primera amiga. Aún estaba en sus primeros días de colegio y no sabía si podía fiarse del todo de James, Sirius, Peter y Richard cuando ella decidió que le caía estupendamente y que le iba a honrar con su amistad. Su pomposidad le recordaba a Sirius, y se notaban que ambos venían de alta cuna, pero era tan extrovertida y agradable que no pudo más que confiar en ella y entregarle su cariño, y con él sus apuntes. Su dulce aroma le invadió y le hizo recordar tiempos mejores, por lo que la abrazó algo más fuerte aún. Grace pronto empezó a hacerle daño en el cuello por la fuerza del abrazo, además de que estaban comportándose demasiado emotivos para una ausencia tan normal como supuestamente había sido. La frotó la espalda con cariño, y se apartó.

- ¿Qué pasa? –preguntó al ver que le inspeccionaba nerviosa-. Estoy bien, en serio. Solo una cicatriz más para añadir a la colección.

Grace hizo una mueca ante su broma oscura, pero le miró a los ojos seriamente.

- ¿Seguro que estás bien?

- Claro –aseguró él, aunque enseguida se dio cuenta de a qué se refería, y rectificó-. Físicamente todo va bien.

Se sentaron en el alfeizar de la ventana y le contó de manera rápida su visita a James y a Rachel, y la conversación que había mantenido con Dumbledore sobre esta última. Grace fue haciendo muecas a medida que avanzaba la historia, aunque al terminar tuvo que reconocer:

- Me lo veía venir. No aceptarían que Rachel se acercase siquiera al colegio, y menos después de lo ocurrido con Greyback.

- Tampoco me dejarían a mí, si se supiera –añadió él sombríamente-.

- Entonces podemos agradecer que no lo saben –concluyó Grace con una sonrisa, aunque con ese tono que usaba cuando no admitía réplicas-.

Resignado, Remus se limitó a asentir y volvió a mirar alrededor.

- ¿Dónde están los demás?

- Pues Lily está con Gis y Peter en la biblioteca obligándolos a estudiar. Además, ahora que Peter está con vosotros en el trabajo de pociones, quiere asegurarse de que se entera bien de todo. Y Sirius bajó a por algo de comida. Debisteis haberos cruzado. No creo que tarde en volver.

- ¿La revista es suya? –preguntó señalando con la barbilla la publicación que había tenido absorta a su amiga-.

Grace hizo una mueca mientras recogía la revista y le mostraba la portada en la que aparecían distintas piezas de un vehículo y a una chica escasa de ropa intentando armar el puzzle.

- Sigue empeñado en hacer volar una moto. Cuando habla de ello me pierdo por completo, la verdad. En fin, se ha hecho socio de esta revista para estudiar el tema, aunque digo yo que las chicas semi-desnudas que ponen en las portadas también influyan…

Remus sonrió levemente y miró a la chica, sonrojándose cuando ella le guiñó un ojo.

- Tú déjale que se entretenga con eso. Cuando me habla a mí de las motos yo me limito a asentir de vez en cuando y hacer algún ruidito mientras hago mentalmente los deberes. Total, no presta mucha atención a nadie cuando tiene ese tema en la cabeza, así que no se da cuenta de si lo escuchas o no.

En ese momento, alguien le abrazó con fuerza por la espalda y le elevó por el aire, sobresaltándole. No había oído llegar a Sirius, pero este se hizo notar enseguida, demostrándole lo contento que estaba de su vuelta. Pese a que no estaba muy de humor, no pudo evitar reír con sus payasadas. Este también le observó detenidamente, pero en vez de sentarse a escucharle hablar de sus problemas (algo que se le daba pésimo), decidió que lo importante era distraerle y divertirle. Pronto Grace y Remus reían por los chistes del joven Black, dejando un poco de lado los problemas que rondaban por sus vidas.

OO—OO

Ese miércoles amaneció sombrío. La bruma recorría el Támesis y le daba un aspecto lúgubre a las calles londinenses. La noche anterior había llovido, por lo que todo estaba cubierto de una espesa capa de rocío, y de los tejados goteaba insistentemente el agua que aún permanecía en los canalones. A lo lejos, de vez en cuando, se oía un potente trueno, pero eso no afectaba a la tranquilidad de las calles que iban despertando. La tormenta estaba alejada de la capital, aunque como evidenciaban los cargados nubarrones que cubrían el cielo, esta podría acercarse a lo largo de la mañana.

El tiempo no podía afectar a los empleados del Ministerio y los oyentes que se encontraban esa mañana en el Wizengamot, a cientos de metros bajo el suelo. El juicio aún no había comenzado, pero la sala iba llenándose rápidamente. Era un caso que había atraído mucho a la opinión pública, por lo que la prensa se encontraba en primera fila. Rita Skeeter ya tenía preparada su colorida pluma entre sus dedos de afiladas y cuidadas uñas. En las gradas, en la zona de espectadores, los trabajadores del Ministerio parecían haber dejado el edificio vacío. Había algunas personalidades conocidas y familiares de otras víctimas de los Mortífagos. La expectación era más que evidente, y era muy lógico. No todos los días se juzgaba a un Inefable, que supuestamente estaba muerto, por su pertenencia al bando oscuro. Por lo menos, se le acusaba de cuatro asesinatos, y uno era el de su propia hermana.

- Pero, ¿no estaba muerto?

- ¿Qué clase de descastado puede matar a su propia hermana?

- Menudo malnacido, con todo lo que ella hizo por él.

- Pues eso no es lo peor. Yo he oído…

Los murmullos se callaron unos segundos cuando familiares de los fallecidos entraron en la sala, intentando ser discretos sin conseguirlo. Después de una leve pausa producida por la curiosidad, los murmullos se reanudaron más fuertes que hasta el momento. Las miradas vagaban desde Charlus Potter, el anciano millonario cuyo hermano había sido asesinado presuntamente por Divon, hasta Alec Stone, cuñado del asesino y viudo de una de las víctimas. El primero ocupó un lugar alejado y discreto, cerca de varios jueces del Wizengamot que le arroparon como la situación y su nivel social les invitaba a hacer más que por otra persona más humilde. El segundo se llevó la peor parte, pues aunque se sentó entre un nutrido grupo de aurores que imponían respeto y disciplina a los de su alrededor, estaba más expuesto a las miradas. Además de que su situación llenaba mucho más de curiosidad a la gente que la del viejo Potter.

El aspecto de Alec Stone había empeorado drásticamente en el escaso mes que había transcurrido tras el asesinato de su esposa. Poco quedaba ya del hombre serio y atractivo que solía ser. Físicamente estaba demacrado. Su tez estaba profundamente pálida, las ojeras ocupaban casi toda su cara y sus ojos verde oliva estaban enrojecidos y empequeñecidos. Su postura estaba encorvada y parecía haber adelgazado 10 kilos en muy poco tiempo, por lo que los huesos se le pegaban a la cara, a las manos y al torso. Era la viva imagen de un hombre destrozado. Y, tal y como murmuraban en esos momentos con ávida curiosidad, seguramente el descubrimiento de la identidad del asesino no habría ayudado a su salud. Efectivamente el saber que su esposa había sido asesinada por su propio hermano hizo mella en su estado de ánimo, ya de por sí depresivo. De la tristeza y desesperanza pasó a la absoluta decepción, y después a la ira exigente de venganza. Ya no sabía en quién confiar.

- Ignóralos. Solo buscan saciar su curiosidad, el resto no les importa.

Alice Longbottom, quien se encontraba a su lado, le apretó la mano al ver su ceño fruncido, su mandíbula apretada y su mirada fija en el suelo, tratando de no prestar atención al revuelo a su alrededor. Alec alzó la cabeza y miró a la que había sido amiga de Andrea. Ella había sido su apoyo desde que volvió a Inglaterra para el juicio, pero tampoco estaba seguro de ella. Andrea la quería, y quería creer que ella también había querido a su mujer. Pero también creía que Ethan era un buen hombre y que amaba a su hermana y a la familia de esta. Todo era tan surrealista y absurdo que solo quería que se acabara, que se hiciera justicia y poder volver con su hija. Una niña de cuatro años que no paraba de preguntar por su madre, y a la que no sabía cómo le explicaría todo eso algún día.

La locura fue mayor cuando Bartemius Crouch ordenó la presencia del detenido. Los murmullos subieron tanto de volumen que los funcionarios tuvieron que poner orden en la sala. Sin embargo, cuando dos corpulentos aurores llegaron arrastrando a Ethan Divon, el silencio inundó la estancia. Mientras uno de los aurores le empujaba rudamente contra una silla y le mantenía allí, el otro aseguraba las cadenas que le ataban las manos y los pies. Ethan también se había visto desmejorado durante esos días. Siempre había sido un hombre corpulento que no se cuidaba en exceso y lucía una barriga producto de la falta de deporte, aunque ahora sus brazos y su estómago parecían más flácidos que nunca. En cambio, sus mejillas estaban ahuecadas, su tez carecía del rosado de antaño y su mirada brillosa recorrió toda la sala con nerviosismo. Cuando conectó su mirada con la de su cuñado, dio un respingo. Este se tensó en su asiento, y Alice tuvo que sujetarle para que no se dejara llevar por su impulso de ponerse de pie y abalanzarse sobre él. Verle vivo, aunque fuese una imitación de la persona que creía conocer, y saber todo lo que hizo le helaba la sangre. Pensaba en todas las veces que le aguantó cuando apenas era más que un crío, y él aún no se había casado con Andrea. La larga temporada que vivieron los tres juntos, cómo ella le cuidó y estuvo siempre para él, como una segunda madre. Cómo Andy sufrió con su fingida muerte. El cuerpo de su esposa tirado bajo la lluvia en ese destartalado callejón… Su respiración se iba dificultando, pero se obligó a seguir mirándole a los ojos. Ni siquiera logró escuchar lo que le preguntó Alice, y esta desistió a la tercera vez que no obtuvo respuesta. Finalmente fue Ethan quien apartó su alterada mirada cuando Bartemius Crouch empezó a hablar con voz potente y segura:

- Ethan Divon. Se le ha traído a la Junta de la Ley Mágica para poder juzgarlo por las siguientes acusaciones: El asesinato de Tomás y Cora Mendes, de Adam Potter y de su propia hermana, Andrea Divon. También de pertenencia al bando oscuro, de su participación en varios atentados contra la comunidad mágica y muggle y de su colaboración en el secuestro de James Potter. ¿Cómo se declara?

El detenido boqueó varias veces hasta que encontró su voz, aunque estuviera débil y temblorosa.

- In-Inocente. Claro.

Evidentemente, su respuesta dio lugar a nuevos murmullos que fueron apagados de inmediato. Sin más dilación, Crouch comenzó el juicio presentando pruebas que incriminaban al detenido, además de testigos que corroboraban los actos que se le acusaban. Desde su asiento, Alec escuchaba cada palabra sintiendo como cada prueba de la traición de su cuñado era un puñal que se le clavaba en el corazón. Le costaba respirar, pero se empeñó en mantener su cara inexpresiva porque sabía que mucha gente estaba pendiente de su reacción. Cuando llamaron a declarar a Frank Longbottom, quien había ayudado a detenerle y había sido testigo de su pertenencia al bando de Voldemort, Alice se tensó momentáneamente a su lado, pero cuando la miró estaba de nuevo serena. Frank se incorporó al otro lado de la grada y se dirigió al estrado. Aunque a Alec le asombró lo alejado que estaba el matrimonio entre sí, no tenía la cabeza para pensar en ello, y no le dio más vueltas.

Frank comenzó a relatar la conmoción cerebral que había sufrido en el ataque de Navidad al Callejón Diagon, y como el golpe le había hecho perder la memoria a corto plazo. Con ayuda profesional volvió a recuperarla, y recordó haber luchado contra Ethan, quien supuestamente fue hallado muerto ese mismo día. Tras descubrir su engaño y traición, el auror relató cómo se puso en marcha un dispositivo secreto para capturar al asesino que solo conocían él y Alastor Moody. Finalmente narró cómo se llevó a cabo la detención, en colaboración con el director de Hogwarts y miembro del Wizengamot, Albus Dumbledore.

Durante la exposición del auror todo el mundo guardó un silencio expectante. Ni siquiera Ethan se atrevió a abrir la boca para corregir algunos detalles que habían sido cambiados para proteger el secretismo de la Orden del Fénix. Sabía que, de hacerlo, Frank y Moody se encargarían que su estancia en Azkaban fuera aún más agónica de lo que lo era para el resto de presos. Su mirada siguió vagando entre el público, esta vez evitando conscientemente la de su cuñado. Al mirarle, durante un momento había creído ver a Andrea sentada a su lado. Pese a saber que su hermana no era un fantasma y que su espíritu no podría volver a perseguirle, el miedo que le tenía a algunas visiones que había tenido en sus últimos días de encierro le hizo dirigir su mirada a otros puntos. Probablemente se estuviera volviendo loco.

La gente le miraba con decepción, con odio, con sed de venganza. Veía algunos rostros contraídos preguntándose de cuantas más muertes era responsable, además de las que se le imputaban. Estaban presentes familiares de otras víctimas cuyos asesinos no habían sido encontrados, por lo que estaban expectantes de si con él podrían obtener justicia. Algunos de sus compañeros de departamento estaban allí, mirándole con furia y decepción; seguramente recordando a Andrea. En ese momento, su mirada contactó con la de su compañero más cercano, Augustus Rookwood. Este le miraba con el rostro impasible, pero se le veía alerta. Su presencia estaba opacada entre el grupo de Inefables, pero Ethan sabía muy bien qué significaba: Si quería evitar la posibilidad de una muerte lenta y dolorosa, debía callar la boca y no delatar a nadie. En ese momento se dio cuenta de que estaba solo entre ambos bandos.

Apretó los dientes con furia, intentando verse desafiante, pero esa máscara cayó enseguida. Él también se sentía engañado y decepcionado, pero no había nada que pudiera hacer. Rookwood había sido quien le había introducido en el círculo del Señor Oscuro. Empezó hablándole de doble moral, de otras formas de ver la guerra, de la no existencia del mal. Tentándole, abriéndole otras posibilidades a su manera de mirar la vida, caminos rápidos hacia el éxito. Le envenenó el alma, le arrebató la moral, y cuando acabó con él no quedaba nada del tímido niño que entró en Hufflepuff después de que el sombrero seleccionador estuviera callado durante tres minutos sobre su cabeza. Los meses posteriores a su unión a los mortífagos, con el secuestro y asesinato de ese investigador alemán, Edwin Noll; el asesinato de los Johnson, de Matthew Meadows, y después todo el enredo de las cajas, estaba borroso en su cabeza. Parecía que había pasado mucho tiempo desde que el afecto que sentía por su hermana era auténtico, pero realmente no había sido tanto.

Fueron tres horas interminables de juicio, en las que las pruebas fueron abundantes y a nadie le quedó ninguna duda de la culpabilidad del acusado. Ni siquiera el futuro condenado podía tener esperanzas sobre su futuro. En todo ese tiempo de exposición logró recomponer una postura más indiferente y orgullosa que la asustada con la que había entrado a la sala, pero eso fue todo. Sus rodillas le temblaron cuando el señor Crouch le ordenó ponerse en pie, y no pudo hacer mucho para evitarlo.

- Se han visto las pruebas presentadas contra usted. Los crímenes de los que se le acusan son tan graves que, en mi opinión, merecen la cadena perpetua en Azkaban, en carácter de máxima vigilancia y de aislamiento. Le pido a los miembros del jurado que levanten la mano si están de acuerdo conmigo.

Cada mano que se elevaba en el aire era como un golpe de tierra que se echaba sobre su tumba en vida. Ethan contempló como todos los miembros del jurado iban decidiéndose en su contra mientras miles de pensamientos le invadían. Sus recuerdos familiares, su paso por el bando oscuro, su traición a tantas personas que confiaban en él. ¿Había merecido la pena todo aquello? En su mente solo lo habría merecido todo si hubiera triunfado en el bando oscuro y no tendría un futuro en Azkaban. El resultado final, el fin, era lo que justificaba todo. Y como su final era el peor de todos los que habría imaginado llegó a la conclusión de que no había merecido la pena.

La multitud estalló en aplausos por la justicia que se había hecho, aunque Crouch los calló, pues no había terminado.

- Antes de su ingreso definitivo en Azkaban será extraditado a Alemania para investigar de forma más efectiva los datos que hemos tenido sobre el asesinato de Edwin Noll, y del magistrado Johnson y su familia. Dado que por estos casos ya hay un hombre condenado, la justicia germana determinará si ambos actuaron juntos en los crímenes o sí, por el contrario, se ha juzgado al hombre equivocado. Hasta su traslado será internado en los calabozos de máxima seguridad del Ministerio. Pueden llevárselo.

Los aplausos se reanudaron de nuevo y se acrecentaron cuando los dos aurores se llevaban a rastras a un Ethan Divon silencioso y resignado. La satisfacción era lo que definía los sentimientos de la mayoría, aunque los que menos sonreían eran los que más habían esperado esa justicia. Charlus Potter se levantó, estrechó la mano de algunos miembros del jurado, y se marchó sin saludar a nadie más. Su rostro se mantuvo impasible en todo momento, y tampoco le prestó atención al resto del público que mostraba su orgullo porque se le hubiera hecho justicia a su hermano pequeño. Nadie se lo tomó muy en cuenta pues, como se fue extendiendo enseguida, su hijo seguía ingresado en San Mungo y probablemente iría con él. El caso del joven James había calado muy hondo, sobre todo su rescate que había sido calificado poco menos que de milagroso. Ese caso acabó por llevar a Frank Longbottom al corazón del mundo mágico.

Por su parte, Alec Stone se derrumbó cuando todo acabó. Ahora que todo el mundo estaba extasiado y sin prestarle mucha atención, se permitió a sí mismo ser tan débil como se sintió al saber la identidad del asesino de su mujer. No, desde que encontró su cadáver en ese callejón sin salida, y del que tampoco su mente había logrado escapar. Se quedó sentado, con la cabeza entre las rodillas e inspirando todo el aire que fue capaz. Aprovechó a dejar salir las lágrimas que más tarde tendría que reprimir. En su hombro, firme y constante, estaba la mano amiga de Alice que parecía comprender muy bien sus emociones mezcladas. Le estaba hablando, pero de nuevo era incapaz de centrarse en sus palabras. No reaccionó hasta que oyó otra voz distinta dirigirse a él. Se limpió con varios manotazos las lágrimas y alzó la cabeza para encontrarse a Frank Longbottom frente a él, mirándole con impotencia. Ahí sí pudo comprender los sentimientos del auror porque los había tenido en el paso. Los que tenía él cada vez que el departamento de Seguridad llegaba tarde a una alarma y solo les quedaba la opción de avisar a los aurores para que investigaran los asesinatos. Frank había resuelto un tema espinoso y había hecho justicia, pero jamás podría devolverle a Andrea. Pero él no era capaz de pedirle más de lo que ya había hecho. Sin saber ni importarle qué le había dicho le palmeó el hombro con afecto.

- Gracias por atraparle. Al menos sé que ahora se ha hecho justicia. Ya es algo.

Poco. Era poco. La justicia no le abrazaba ni calmaba las pesadillas de Brooke, ni tenía un perfume de olor a limón. Pero eso ya lo sabía. Frank le sonrió con tristeza y le devolvió el gesto.

- Espero que, con el tiempo, todo se te haga más llevadero. A ti y a la niña.

Alec asintió pensativo.

- Creo que ha sido buena idea volver a Norteamérica. Brooke se amoldará al ambiente de Chicago, quizá dentro de un tiempo no pregunte tanto por su madre, y yo no tendré que vivir en una casa vacía pero llena de recuerdos. Además, mis padres y mis hermanos me ayudarán con ella. Será más fácil así.

Le devolvió una sonrisa nada convincente y le brindó otra a Alice, quien solo estaba pendiente de él, ignorando a su marido.

- Bueno. Hablando de Norteamérica. El traslador saldrá pronto y no quiero perderlo. Me deja en una zona alejada y quiero estar en casa con mi hija para cuando salga del colegio. Gracias a los dos por todo y por… quererla. Gracias por eso; sobre todo a ti, Alice.

La auror le dio un rápido abrazo de despedida, además de numerosos deseos de felicidad y fuerza. Frank le deseó otro tanto al estrecharle la mano, y pronto se ausentó con bastante prisa, como si quisiera huir del momento y quedarse solo. Probablemente eso sería lo que le pasara.

Cuando se quedaron solos, a Alice se le acabaron las excusas para escapar de la intimidad con Frank. Llevaba así desde esa discusión que tuvieron al día siguiente de la última batalla, pero no podía evitarlo. Estaba furiosa y se sentía decepcionada, porque jamás creyó que su marido podría ser tan xenófobo y elitista. Había sido su mejor amiga en Hogwarts y se había pasado nueve años enamorada de él antes de que él le correspondiera, pero jamás pensó que tuviera unos pensamientos tan retrógrados.

- Alice, deberíamos solucionar esto ya. Llevamos una semana sin hablarnos, ¿cuánto más va a durar tu enfado? –preguntó Frank ya impaciente, aunque asegurándose de controlar la voz para que los más cercanos no les oyeran discutir-.

Ella suspiró antes de encararle.

- No estoy enfadada. Estoy decepcionada. Jamás creí que serías tan retrógrado con los híbridos y las demás criaturas.

- No soy retrógrado ni intolerante con las criaturas mágicas –se defendió él frunciendo el ceño-. No digo que los hombres lobo no tengan derechos ni que se les deba matar. Pero el contacto con ellos es dañino y hace mal a las personas. Originariamente no están podridos, pero el propio veneno que les condena también les transforma. No puedes negarme la evidencia. Las pruebas y todos los casos hablan por sí mismos. No quieren intentar ser normales ni quieren intentar integrarse. Eso supondría unos esfuerzos y privaciones que su propia naturaleza les impone. Por ejemplo, esa chica, la última que ha sido mordida. Era una muchacha normal hasta ahora, pero ya no podrá volver a serlo. Su nueva naturaleza la dominará, y jamás podrá controlarla.

- Ese chico lleva siete años estudiando en Hogwarts y nunca ha tenido ningún problema –rebatió ella sin dejarse convencer por unas declaraciones en las que no creía-.

- Su novia ha sido mordida, ¿te parece poco? Además, no sabemos cuántos incidentes ha podido tapar Dumbledore –declaró, aunque enseguida rectificó al ver la expresión de su esposa-. Vale, probablemente ninguno. Pero yo lo único que veo diferente de ese chico al resto de licántropos es que tuvo la suerte de que el nombramiento de Dumbledore como director le coincidiera en la edad, y este le permitiera entrar al colegio. Está más civilizado por eso, no por otra cosa.

Alice apretó los labios con fuerza, porque no quería seguir discutiendo aunque se le ocurrieran mil argumentos en contra. Finalmente le miró con firmeza.

- No vas a hacerme cambiar de opinión, espero que lo sepas.

Frank sonrió por primera vez.

- Y no quiero. Aunque a veces no te entienda, me encanta que seas tan idealista y confíes tanto en la bondad de las personas. Ya que yo soy un cínico, al menos que haya alguien puro en nuestra relación –le susurró abrazándola y besándole la punta de la nariz-.

Alice finalmente se rindió y le devolvió el abrazo.

- Supongo que no es tarde para intentar quitarte el cinismo del cuerpo. Aún eres joven.

Frank se rió en su oído y, dando por imposible a su esposa, le apretó el abrazo. Quizá nunca pudiera ser capaz de hacerle ver a Alice los peligros al que estaba expuesta por ser tan confiada, pero sí podía estar a su lado para protegerla de estos.

OO—OO

Al día siguiente, para variar, Gisele fue la primera en bajar a desayunar. No le habían dejado asistir al juicio por el asesinato de sus padres (Dumbledore le había asegurado que sería demasiado desagradable y que ella no tenía por qué pasar por ello), por lo que estaba ansiosa por leer el periódico. Además, Anthony le había asegurado que le escribiría contándole todo lo ocurrido, incluso lo que omitieran en El Profeta. Últimamente casi era el único que la trataba como una adulta. Los señores Bones ya le habían asegurado que al acabar el colegio podría ir a vivir con ellos sin problemas, pero la madre de Tony se comportaba como si tuviera la edad de sus hijos pequeños. Dumbledore ni siquiera consideraba que fuera lo suficientemente fuerte como para soportar el juicio, y sus propios amigos le ocultaban cosas. Sabía que nunca habían sido tan íntimos de ellos como entre ellos, pero Rachel y Kate ya no estaban y se sentía sola. Lo poco que se había estrechado su amistad con Lily en los días posteriores al ataque se eclipsó por la vuelta de Grace, y la intimidad que había crecido entre Sirius y la pelirroja. Ellos tres habían formado un grupo muy unido al que solo se unían Remus y Peter de vez en cuando. Ella rara vez lo hacía, pero no porque no fuera bienvenida sino porque de alguna manera no se sentía parte de todo eso tanto como ellos.

Peter ya no se volcaba en ella como antes, sino que desaparecía muy a menudo cuando no estaba con sus amigos. Una tarde lo vio hablando en el comedor con Mary Gibbon, su amiga de Slytherin. No le caía mal Mary, pero era raro que Peter se hubiera unido más a ella después de todo lo ocurrido. Aunque tenía que admitir que tras el ataque Mary se había desvinculado casi por completo de sus compañeros, como si le asqueara tener que ver con ellos y lo que había sucedido. Quizá eso justificaba la confianza que había crecido en Peter. Quizá era más fácil para él hablar con alguien que se sentía extraño en su propia casa, como a veces parecía ocurrirle a él.

Remus era otro cantar. Desde que volvió del hospital había tratado de ser él mismo y casi les había engañado a todos. Pero no fue difícil interpretar su expresión ni su tono de voz cuando les contó que Rachel no podría volver al colegio. Gisele ya se había hecho a la idea de ello mucho antes, con la ayuda de Lily; pero a él parecía haberlo sorprendido. Además, apenas quiso darle detalles del estado de su mejor amiga, ni siquiera cuando hablaron en privado. Él se mostraba quizá algo más sombrío de lo acostumbrado, pero con bastante normalidad en comparación a semanas antes. Eso sí, buscaba muchos ratos para estar a solas en la biblioteca.

Así que, finalmente, la persona con la que más tiempo había pasado era Jeff. Era un chico de muy pocas palabras, pero era agradable y se sentía cómoda con él. Pero él tenía a Nicole, y aunque Gis había tenido tiempo de conocerla y apreciarla en los últimos días, se sentía como una aguanta velas al pasar muchos ratos con ellos. Así que escribía a Anthony continuamente, hablándole de sí misma, de sus sentimientos, de sus pensamientos. Y él le hablaba de la discusión tan fuerte que había tenido con sus padres y que se había ido a vivir con sus abuelos. Eso último le provocó una especie de pánico, porque si Anthony ya no se hablaba con sus padres lo más probable era que los señores Bones no quisieran cargar con ella al acabar el colegio. Se sentía sola y desamparada, pero al exponérselo a su novio él se limitó a contestar que no tenía nada que temer. Nunca habían estado tan unidos como en los últimos días. Se había convertido en su colchón.

Había dejado a Lily tratando de despertar a Grace, y había ignorado al resto de la torre cuando salió corriendo esa mañana. En el Gran Comedor aún estaban solo los más madrugadores, pero ella no se fijó en ellos sino que centró su atención en las ventanas, esperando ver entrar las lechuzas. Necesitaba saber que le habían condenado duramente, que iba a pagar por la muerte de sus padres. Sin embargo aún era pronto para el correo, por lo que tuvo que resignarse a esperar sentada en una muy vacía mesa de los leones. El comedor fue llenándose en los siguientes quince minutos, pero sus nervios iban crispándose cada segundo que pasaba sin noticias.

En ese momento la profesora McGonagall entró por la puerta y avanzó enérgicamente por el pasillo. Cuando ella creyó que pasaría de largo para sentarse en su mesa a desayunar, se detuvo frente a ella.

- Señorita Mendes, ¿podría acompañarme a mi despacho un momento? –preguntó con rostro impasible-.

Gis tardó unos segundos en comprenderla, pues no había motivos para que su profesora reclamara su presencia. La última vez que había acudido en su busca… Un nudo inmenso subió por su garganta y se detuvo allí, dificultándola el respirar. En esos momentos solo había dos personas sobre las que podían informarle. Rachel y Tony. Y cuando te llamaban al despacho era porque no eran noticias para dar en público. Su terror debió reflejarse en su rostro, porque la profesora McGonagall hizo un gesto con la mano.

- No ha ocurrido nada, no tiene por qué preocuparse. Tiene una visita privada.

El nudo se aflojó, pero su curiosidad aumentó. Siguió a la profesora fuera del comedor, recibiendo varias miradas curiosas de sus compañeros. En las puertas se cruzó con Peter, Sirius y Remus, pero solo pudo encogerse a hombros a las miradas inquisitorias de los tres. El camino hacia el despacho pareció eterno debido a su impaciencia, pero cuando la profesora abrió la puerta y dentro de la habitación se encontró a Anthony, no entendió nada.

- Les dejo que hablen –aseguró McGonagall cerrando la puerta una vez ella hubo pasado-.

Gis miró a su novio extrañada durante un par de segundos.

- ¿Ha ocurrido algo? ¿Por qué estás aquí?

Él parecía nervioso, pero seguro. Llevaba puesta su túnica de prácticas naranja fosforito, lo que la hizo pensar que iba camino del trabajo. El por qué estaba en Hogwarts era lo que no entendía. Anthony la miró fijamente durante unos segundos y después la invitó a sentarse en una de las sillas, mientras él tomaba asiento en la otra. Su mirada era firme y decidida, a pesar del movimiento frenético de sus manos.

- Quería hablarte de varias cosas, y creí que era mejor hacerlo en persona.

- ¿Están todos bien? –preguntó Gisele pensando de inmediato en Rachel, y después en los padres de Tony-.

Él meneó la cabeza tranquilamente.

- Sí, no hay ninguna mala noticia. Para empezar, quería contarte cómo fue el juicio ayer.

Ya con eso tuvo toda su atención. Gisele se inclinó adelante en la silla mirándole, atenta a todo lo que tuviera que decirle. Le explicó todo lo ocurrido, aunque a veces notó que se saltaba partes. Seguramente eran detalles que consideraba innecesarios que ella supiera, y comenzaba a estar de acuerdo. No quería saber cómo habían muerto sus padres, punto por punto. No era morbosa, y menos con respecto a ese tema. Esa información no era importante para ella y Tony lo sabía. Pero la sentencia sí que era algo que esperaba con ansias. Cuando escuchó las palabras "cadena perpetua" lanzó un suspiro de alivio y se recostó contra el respaldo del asiento.

- Se acabó –proclamó-. Sé que no pudo hacerlo solo, pero al menos él ya está en Azkaban.

- Bueno, de momento está en Londres todavía –aclaró Tony-.

- ¿No ha ingresado en prisión? –preguntó con suspicacia-.

- No, aún no. Tienen que extraditarle a Alemania por el caso de Bernard Duncker. Parece estar implicado y no saben hasta qué punto lo estuvo Duncker, así que su presencia puede cambiar toda la situación.

Gisele sonrió levemente después de oír eso. A Jeff le encantaría saberlo. Con suerte, declararían inocente a su padre y no tendría que seguir escondiéndose. Sin duda un cambio para bien con respecto al último año. Era tan triste que Sadie no estuviera allí para verlo… Se entretuvo pensando en su amiga y no se dio cuenta de que Anthony había continuado hablando hasta un par de minutos después.

- …Así que empiezo el lunes.

- ¿Qué? –preguntó ella sin entenderle. Meneó la cabeza y la despejó de otros pensamientos-. Perdóname, me he distraído.

- Te estaba diciendo que, tal y como están las cosas, quieren acelerar los procesos de aprendizaje según qué sectores, por lo que consideran que yo ya he cumplido con mis prácticas. El lunes me incorporaré al Departamento de Aurores de forma oficial.

Gisele le miró un poco boquiabierta.

- Pero pensé que te quedaba un año aún de prácticas antes de entrar al Cuerpo. ¿Por qué tanta prisa?

Tony hizo una mueca con la cara, como si lamentara tener que contarle lo que iba a desvelarle. Pero tras un suspiro procedió a ponerla al día de lo que no sabía la opinión pública.

- Desde la detención de Divon está todo muy callado, de una forma extraña. Han desaparecido varias personas y todo apunta a que Quien-Tú-Sabes está reestructurando su ejército. Parece venirse una nueva etapa de la guerra, y mucho peor que todo lo que ha ocurrido hasta ahora.

- ¿Peor? –preguntó ella insegura-. Y, ¿qué hablas de desaparecidos? En El Profeta no han hablado de ningún secuestro desde lo de James.

- Eso es porque sospechamos que se han ido voluntariamente o, como mucho, bajo la maldición Imperius. No son secuestros. Son gente que estaba situada en puestos clave: Control de criaturas, Ley Mágica, Desmemorizadores… Son varios los que se han ido sin dejar rastro esta última semana. Y si él no necesita a toda esa gente que supuestamente estaba infiltrada es porque va a centrarse en una guerra más abierta.

Gis no se lo podía creer. ¿Podía haber una etapa peor en la guerra que todo lo que habían vivido en los últimos siete años? Le parecía imposible. ¿Peor que los asesinatos, los secuestros, las coacciones? ¿Qué tocaría? ¿Convertir todo el país en una batalla campal? ¿No ocurría eso cada vez que realizaban un atentado?

- ¿Cómo puede ser peor? –preguntó aún sin acabar de entenderlo-.

Anthony suspiró y se inclinó hacia adelante, tomando las manos de su novia entre las suyas. Gis se las apretó inconscientemente, esperando su respuesta.

- Es de lo que quería hablarte en persona. Creen que puede estar intentando reclutar más seguidores para su ejército. Y no solo magos y brujas.

- ¿También licántropos? –preguntó ella recordando al que se había colado en el colegio y le había arruinado la vida a su amiga-.

- Por ejemplo. Las colonias de hombres lobo del norte del país están descontroladas. El Departamento de Control de Criaturas Mágicas no tiene constancia de su ubicación desde hace semanas. Y también se están removiendo en el resto del país. Pero eso no es todo. Creen que está buscando aliados en todas partes. Vampiros, banshees, gigantes…

- ¿Gigantes? –preguntó con un hilo de voz, de solo imaginarse una batalla con esos seres-.

Tony asintió con la cabeza.

- El Gobierno se ha centrado estos días en asegurar la reserva de dragones de Gales, y enviarles a Rumanía. Tenían miedo de que los capturaran para usarlos contra nosotros. El martes detuvieron a una chica que intentaba hipnotizar a un Ironbelly, quizá para llevárselo. Ahora no son seguros aquí.

- Ignoraba que hubiera Ironbellys en Inglaterra –comentó Gisele sin poder evitar dejarse llevar por su fascinación por los animales y, concretamente, por los dragones-.

- Los usan para las cámaras de alta seguridad de Gringotts –comentó Tony haciendo un gesto impaciente indicando que ese no era el problema-. La cuestión es que nosotros también tenemos que reestructurarnos. Dumbledore se ha estado reuniendo con la ministra muy a menudo, y ha conseguido convencerla de realizar algunos cambios, aunque es demasiado firme en otros. Pero, por lo pronto, se van a crear distintas comisiones para trabajar los últimos problemas. Una de ellas será para intentar controlar y atraer a todas las criaturas mágicas y asegurarse de que no se pondrán de parte de Quién-Tú-Sabes.

- ¿En qué consiste? –preguntó ella más que interesada. Al fin y al cabo siempre había sido la enamorada de los animales-.

- Será un grupo de trabajo reducido y secreto. Solo podrán ingresar aquellos que cuenten con la confianza del Ministerio, y tras un examen exhaustivo. Realmente es todo lo que pedirán, porque no exigen ningún estudio especial ni nada de eso. No tendrán muchos candidatos ya que las elecciones serán secretas, y de todas formas no sobran voluntarios. Muchos del departamento de Control se han echado atrás cuando han descubierto los riesgos.

Gisele sentía una emoción especial en el estómago. Parecía un lugar perfecto para ella. No tenía miedo, quería estar en primera línea luchando contra ese maniático y sentía fascinación por las criaturas.

- ¿Crees que admitirían a alguien que acaba de licenciarse en Hogwarts, aunque no tenga experiencia?

- Creo que no te pedirían ni siquiera eso –comentó él mirándola a los ojos-.

Gisele se sorprendió de esa declaración y de la insinuación que presentaba. Se irguió un poco e, instintivamente, soltó una de sus manos.

- ¿Propones que abandone el colegio? –preguntó, no demasiado segura de si eso era lo que había sugerido-.

Anthony parecía incómodo llegando a ese punto. La soltó y se removió en su silla, buscando las palabras. Parecía que habían llegado al tema importante de la conversación, y del motivo por el que había ido a visitarla.

- Solo digo que, dado como está todo lo de la guerra, a veces la formación no es tan importante. Yo me he saltado un año, y creo que tres meses más de colegio no te solucionarán mucho la papeleta. Ellos empezarán a reclutar gente pronto, y creo que teniendo en cuenta lo que tú quieres es algo que encaja mucho contigo. Hace tiempo que abandonaste la historia de estudiar dragones, ¿no?

Gisele asintió. Era cierto que, desde que sus padres murieron, había desistido de su plan de marcharse a Rumania. Quería luchar en la guerra, y en ese momento esa comisión seguramente era su mejor baza para hacerlo. Pero no había pensado nunca que abandonaría Hogwarts antes de tiempo.

- Solo lo pensé, no sé… Me pareció que en nuestra situación era una buena solución…

Le cortó su balbuceó colocando una mano sobre sus labios. Necesitaba pensar en todo eso. Era algo precipitado y loco, pero lo peor es que era una idea que se estaba abriendo en su cabeza con mucha facilidad.

- Tienes razón en muchas cosas. Y te agradezco que hayas pensado en mí y no hayas intentando esconderme tras un caparazón, como siempre han hecho todos.

- ¿Recuerdas ese día en Navidad? –le preguntó él tomando su mano-. Creo que ese día nos quedó claro a los dos que no queremos que nos sobreprotejan. Ambos valemos para enfrentarnos a lo que queramos. Si te atreves con esto, tendrás todo mi apoyo.

La sonrisa de Gisele probablemente fue la más auténtica desde que murieron sus padres. No pudo evitar inclinarse para rozar sus labios con los de su novio, pero enseguida se incorporó para seguir hablando.

- En realidad, es verdad que tres meses más en el colegio no me van a solucionar nada. Y no es como si hubiese estudiado mucho para los Éxtasis… ¿Qué más sabes de la Comisión?

Tony no pudo evitar la sonrisa que se formó en su cara al ver la primera aceptación de su novia.

- En realidad no mucho más. Todo el trasfondo forma parte de cada Departamento. Pero sé que a los elegidos se les daría una instrucción de varias semanas, porque sería sobre todo relacionarse con esas criaturas. Te advierto que sería mucho más duro que en Hogwarts. Prácticamente no habrá nada de teoría, todo serán aprendizajes prácticos y requerirán muchas horas de dedicación.

- Mejor, mi mayor problema es sentarme a estudiar –dijo ella, cada vez más encantada con el plan-. ¿Con quién tengo que hablar?

- Si aceptas el reto, Dumbledore estaría encantado de recomendarte. Por supuesto, él creía que lo mejor era que acabaras tu formación en Hogwarts primero. Pero, dadas las circunstancias, no le parecía muy censurable que quisieras pasar cuanto antes a la acción, si tienes la oportunidad.

- Entonces… bien. ¡Lo haré! –exclamó poniéndose en pie-.

Cuando Tony se incorporó también se colgó a su cuello y le abrazó con fuerza.

- ¡Por fin podré hacer algo útil!

- Los dos lo haremos –sentenció él con una sonrisa mientras le devolvía el abrazo-. Por cierto, durante el tiempo que estés de formación, a cada uno le ubicarían en un apartamento financiado por el Ministerio. Pensé que, ya que estoy con mis abuelos, podría mudarme contigo…

- ¿Conmigo? –preguntó ella de golpe, separándose como si quemara-. ¿Vivir juntos?

Tony se separó también, intentando sonar tranquilizador. Sabía el pánico que tenía ella a todas esas cosas.

- Bueno, era una idea. Ahora tendré un sueldo bastante aceptable y podríamos compartir gastos. No quiero hablar con mis padres y, aunque quiero a mis abuelos, es un poco agotador vivir con ellos. Y si vamos a estar los dos en Londres…

Gis analizó sus palabras durante unos segundos y, de hecho, le encontró bastante sentido. Eran novios, ambos vivirían en la misma ciudad, trabajarían en el mismo lugar. Lo más lógico era que vivieran juntos. Pero le tenía demasiado miedo a todo eso. Era llevar su relación a otro nivel, y aún no acababa de asimilar el nivel físico que habían alcanzado la última vez. Quería librarse del asunto sin que se notara que le estaba rechazando. No sabía cómo, hasta que se le ocurrió algo.

- Bueno, si el Ministerio financia esos apartamentos no creo que lo permitan. Ya sabes, son muy anticuados, y tú y yo ya llamamos suficientemente la atención como pareja, como para encima irnos a vivir juntos.

Tony se encontró con un gran obstáculo en su gran plan. Había estado tan entusiasmado con la idea que no se había detenido a pensar en ello, aunque lo cierto es que a Gisele no le faltaba razón. Ellos como pareja ya eran llamativos entre la comunidad mágica. Aún su sociedad no estaba demasiado acostumbrada a las relaciones interraciales, y ver a una chica negra y a un chico blanco era muy llamativo de por sí. Seguro que si proponían la idea de compartir piso, incluso sin saber que eran novios, escandalizarían a más de uno. Pero si metían algo más de seriedad al asunto…

De repente, frente a sus ojos, encontró la solución obvia. Miró a Gis, de nuevo entusiasmado, y lo comentó con tranquilidad.

- Puede que no lo vean tan mal si nos casamos…

O-oOOo-O

¿Qué tal el final? ¿Esperado? Lo próximo que sabremos es que Gis falleció de un ataque al corazón jajajaja. Pobre :P Pero ella ya no pega tanto en Hogwarts. Nunca ha sido estudiante modelo y, con la muerte de sus padres y de Kate, y lo ocurrido con Rachel, ella solo quiere participar en la guerra. No está tan unida al resto del grupo como cuando estaban sus dos amigas, y estas cosas afectan… Creo que la vendrá bien cambiar de aires, y esa comisión parece hecha para ella. Eso sí, librarse de Anthony será más difícil jeje

He estado mucho tiempo estancada en la escena del juicio. Ignoro si ha salido bien o no, pero no acababa de encontrarle el truco. Quería mostrar las tensiones por ambos lados. En los aurores tampoco hay hermanitas de la caridad y me creo a Frank capaz de apretar bien las tuercas a un detenido para mantener a salvo a Alice y el resto de la Orden. Además, el toque de Rookwood apareciendo con su mensaje implícito me gustó mucho. Demuestra que Ethan está atrapado y ya no será un peligro para ningún bando. Pronto veremos qué repercusiones tiene para el padre de Jeff.

¿Qué os parece cómo voy perfilando a Alice y Frank? No sabemos mucho de ellos, solo que eran dos aurores muy queridos por la sociedad. Me la imagino a ella más alocada y comprensible, y a él más metódico y criado con unas creencias más restrictivas. No hay más que ver a la abuela de Neville… No es tener mal fondo, sino que tienen más tabús con ciertos personajes. Si recordáis bien, la primera reacción de Rachel tampoco fue agradable. No me gustan esos fics en los que se averigua que Remus es un licántropo y se pasa a otro cotilleo sin más. Es un hándicap muy grande en la sociedad mágica, y le da muchas trabas. Sí me puedo imaginar a Alice más liberal y pasando por alto eso. Me encanta su personaje, la verdad…

¡Y por fin pude colar a Molly! Con Bill, Charlie y Percy de regalo (además de los gemelos de camino). No va a salir más, pero ya que metí a Arthur tenía ganas de mostrar a los Weasleys de enanos y a una Molly más joven aunque igual de protectora con sus hermanos.

Bueno, no sé si queda algo más que mencionar. En el próximo capítulo también veremos el regreso de James, el despertar de Rachel… Se vendrán varios finales o continuaciones. Dejaremos, por supuesto, tramas abiertas para la segunda parte… Así que espero seguir contando con vosotros. Pronto os iré respondiendo a los emails, sorry por tardarme también en eso :)

"TRAVESURA REALIZADA".

PD: ¿Alguien de aquí también se ha vuelto medio loco con Los Juegos del Hambre? Yo me leí los dos primeros libros antes de ver la peli y ya acabé la triología. No es Harry Potter, pero quedé enamorada… Si quito a Peter y meto a Peeta en los merodeadores tendré mi cuarteto perfecto jejeje. No, en serio, me ha encantado la trama y la valentía de Collins para no titubear con el final. Aunque algo pesimista fue muy realista el tono oscuro que le dio, y me encantó :)

Eva.