¡Hola a todos! Perdón, perdón, perdón. No puedo creer que haya tardado tanto, pero así es... ¡Nueve meses! Parece que haya tenido un embarazo y aqui os traigo el niño. Ya sabéis lo que me pasa, lo mismo que la otra vez: Depresión, desempleo, apatía, falta de inspiración. Añadiendo que en noviembre perdí a mi otra abuela (ya no me quedan más) y han sido unos meses de entrada y salida de hospitales... En fin, un asco. Y hay que decir que eso del fin del mundo ha sido una locura. ¿O he sido yo la única que se ha agobiado? Creo que tengo demasiado tiempo libre y mis paranoias son raritas raritas... Ahora veo conspiraciones en todas partes, aunque viviendo en España no sería ilógico que fueran verdad (ya sabéis, país de la corrupción y de la cara dura por excelencia...). En fin, que me sentía rara. Ellos (los personajes) pasando un momento malo y yo también a mi modo. Supongo que fue demasiado para mi. En compensación he tratado de dedicarme en este capítulo. Ya se van cerrando las tramas porque solo quedan dos más. ¡Sí, un último capítulo y el epílogo! Pronto os librareis de la pesada que tarda mil años... Igual con suerte después me encuentro con nuevos lectores (yo a veces espero a que una historia acabe antes de hincarle el diente, si es que veo que la autora es tan irresponsable como yo jeje). Pero que sepáis que tarde lo que tarde y quede como quede está hecho con todo el cariño hacia vosotros, y el respeto hacia los personajes, canon o no, que ya los siento como reales para mi :)

Contesto rápido a los reviews anónimos y seguimos.

Sole. ¡Hola preciosa! gracias, gracias, gracias por no fallarme nunca. Eres más responsable que yo :) En cuanto a que Grace fuera "pacífica" con Sirius, quería indicar precisamente que todos han madurado más con esto. Aparte de que siguen en estado de shock (a veces se tarda meses en salir), ellos van a cambiar algo a raiz de este suceso. Seguirán siendo los mismos, lógico, pero han tenido que madurar a fuerza. Además, el miedo a perderse los unos a los otros hará que las discusiones se piensen más. La propuesta de Tony a Gis, ¿a que fue sorprendente? jajaja Estaba deseando llegar a esa parte. Si te acuerdas, cuando Lily y James empezaron a salie hicieron unas apuestas y alguien apostó que la primera en casarse sería Gisele y todos se rieron. Ya ves que, al menos, sí ha sido la primera en recibir la proposición jeje.

Sí, yo también creo que Sirius ha mantenido el grupo algo más unido en ausencia de James. Ten en cuenta que, aunque hay claras diferencias, es como si fueran almas gemelas esos os. Así, debía cuidar a Lily. Sirius jamás perderá ese sentido de protección hacia ella :) Me encanta que te gustara el desarrollo de Sirius. Quería hacer ver cómo iba madurando a la fuerza, aunque mantenga su esencia, por supuesto. Remus es un hombre melancólico de por sí. A mi siempre me llamó la atención el cambio entre el Remus alegre e irónico del recuerdo de Snape y el tristón y melancólico que aparece en el tercer libro. Siempre me imaginé que pasaron muchas cosas de por medio que le convirtieron en lo que es, y es lo que quiero reflejar con mayor o menor medida.

James está a salvo, no debes preocuparte. Por este fic ya le he puesto demasiado en peligro jeje. A mi también me gusta a Jeff. Supongo que porque tiene algo mío, esa timidez y dificultad para integrarse en un grupo ya formado, pero aún así ahí si es necesario. En este capítulo sabrás más de esa visión...

Ya somos dos las enamoradas de Alice. Es un personaje hacia el que tengo un poco de obsesión, me recuerda más a Neville que Frank (al menos en mi cabeza), pero también con diferencias. Lo de Frank con los hombres lobos era para destacar la diferencia de carácter entre ambos. Alice es extrovertida, confiada, progresista. Frank es más tradicional, no cuestiona ninguna norma, es más regio y si la historia dice que los hombres lobos son malos él no lo cuestiona. Alice sí, lo cuestiona todo, no da nada por supuesto hasta que no lo ha comprobado ella. Supongo que eso es lo que me gusta de ella. Sobre la opinión sobre Remus, es una trama que dejo abierta para la segunda parte del fic. Me temo que tanto Remus como Sirius tendrás problemas para integrarse en la Orden por sus respectivos pasados, y quiero reflejar cómo los habrá más confiados y otros menos dispuestos.

A mi también me gustó mucho escribir sobre el juicio. Son tan pocas las veces en que en este mundo se hace justicia que disfruto incluso con las de ficción jeje. De Regulus sabremos un poquito más en este capítulo. Su trama también quedará abierta para la segunda parte :) ¡Tenía que poner a Molly! ¿Me entiendes, no? ¡Es Molly! ¡Y los pequeños Bill, Charlie y Percy! Los Weasley no participaron en la primera guerra pero Arthur trabajaba en el Ministerio y ella tenía a ssus hermanos. ¡Había que colarles aunque solo sea para dar aire fresco! jeje. Jejeje Anda que no le he dado vueltas al facebook! ME hice otro hace meses porque en el anterior había demasiada tristeza y necesitaba algo nuevo. Por cierto, no eres psicópata. La de Fuck Yeah soy yo jeje. Agrégame porque yo no te he encontrado. Soy Eva Mora (Por si las dudas :P). Espero que sigas por ahí. ¡Un besazo cielo! ;)

Buri: Prometido que voy a continuar siempre. No dejo un fanfic a medias. Tardo siglos, pero lo termino. ¡Prometido!

Guest: ¡Hola! Madre mia, tú dedicas todo ese tiempo a leer esta pedazo biblia y yo tardo tanto en conseguir escribir. ¡Qué vergüenza :S Te prometo que soy tardona pero cumplo. ¡Escribir es mi vida! Y lo poco que tengo ahora mismo jajaja. Me alegro que te gustara el fanfic y los personajes :) Siento haber tardado, en serio. Pero aqui está un capítulo largo, que espero que te guste. ¡Un besazo! :)

Mel: Siento haber tardado, soy una persona horrible lo sé. Esta era mi salida del mundo real (hasta que perdí la inspiración por la apatía y la tristeza). Y se me olvida a veces que es un camino de doble sentido, que para vosotros también es una escapada. ¡Pero te juro que la terminaré! Por cierto, por curiosidad, ¿con qué personajes te identificaste? :)

Patymerodeadora: Lo sientooooo! Si te sirve Kate también era uno de mis personajes preferidos. Tenía su muerte programada desde el principio pero jamás pensé que me encariñaría tanto con el personaje. No tienes idea de cómo me costó matarle :S

En fin, dado que he tardado tanto no tengo derecho a explayarme más. Os dejo con la historia que particularmente Gisele tiene una propuesta interesante entre manos :P

"JURO SOLEMNEMENTE QUE MIS INTENCIONES NO SON BUENAS"

OO-oOo-OO

Capítulo 41: Consecuencias de una guerra

- ¿Ca-casarnos? ¿Se puede saber qué te has tomado para desayunar?

El nudo que se le había formado de repente en la garganta amenazaba con dejarle sin respiración. Gisele se incorporó de golpe y se alejó un par de pasos, por si acaso sus palabras no habían sido lo bastante claras. Miró a su novio con una mezcla de asombro y pánico, y él suspiró con tranquilidad. Esa era la actitud que se había imaginado, por supuesto. Él también se incorporó, aunque lentamente y guardando las distancias. Cuando le habló fue como si se dirigiera a su hermanita pequeña.

- Si lo piensas bien, Gis, no sería para tanto. Firmar unos papeles y ya. No cambiaría mucho nuestra situación actual, sólo que viviríamos juntos.

El famoso nudo se expandió por la garganta provocándole un chirriante sonido ahogado. La incredulidad impregnó su tono de voz.

- ¿Que no cambiaría? ¡Es-es como ponerme esposas y atarme a un poste para siempre!

- No exageres, Gis –respondió Anthony haciendo una mueca y obligándose a no reírse de su comentario para no provocar otra reacción exagerada-. No te obligaría a nada en realidad. –para cambiar el rumbo de la conversación en una dirección más favorable a sus propósitos puso otro tono de voz y le miró a los ojos-. ¿Qué pasa? ¿No quieres estar conmigo ya? ¿Es eso?

- ¡No! –exclamó Gisele inmediatamente, alzando las manos como si consiguiera así detener sus pensamientos. Bufó varias veces y se dio cuenta de lo difícil que era hilvanar dos pensamientos seguidos-. ¿Es que acaso no ves una gran distancia entre querer cortar con alguien y casarte con él? ¡Acabo de cumplir 17 años! ¡Estoy empezando mi vida! ¿C-Cómo se te ocurre? ¿Desde cuándo eres tan anticuado?

- No lo soy, sólo quiero estar contigo –la sonrisa de Tony fue genuina, pero a Gisele solo le provocó un escalofrío-. Me da igual cambiar mi estado civil, no es como si estuviese pendiente de él todo el día. Es solo un procedimiento. Además, llevas días quejándote en tus cartas de lo sola que te sientes, y así podríamos estar juntos sin tantos problemas.

- ¡¿Es que tú no sabes hacer compañía a la gente sin un maldito juez de por medio?!

Siguió despotricando un rato más hasta que se fue calmando y, a medida que ocurría eso, se fue dando cuenta de que sus últimas palabras no le habían sentado muy bien a su novio. Él no dijo nada más. La dejó despotricar libremente y se limitó a fruncir ligeramente más el ceño, mirando sus pasos en vez de sus ojos. El remordimiento por haber sido tan dura se abrió paso ligeramente en su interior, pero no tanto como para cambiar una forma de pensar tan arraigada como la suya. Inspiró hondo buscando una paciencia que nunca había tenido, y se volvió a sentar en frente de él.

- Mira, no me podemos hablar de esto ahora. Es muy fuerte. Demasiado. Me ha encantado tu idea de tratar de unirme a esos grupos de élite, pero olvídate de ese otro rollo. Ni hablar. Es que no tiene sentido, ¿me entiendes? Yo-yo estoy bien como estoy. Quiero decir que si voy a hacer esto no puedo tener una presión que me dificulte el camino.

- ¿Crees que yo te dificulto el camino? –preguntó Tony con tranquilidad-.

- No. No, no es eso. Es… ¡Ays Tony, entiéndelo! Sabes lo que pienso de estas cosas. No sé ni cómo se te ha ocurrido. Si estamos muy bien. Estábamos muy relajados y a gusto. Me he sentido más unida a ti que a nadie últimamente. ¿Por qué has tenido que…?

Estropearlo. Lo iba a decir. Ya había formado la palabra en su boca cuando se detuvo al darse cuenta de que tampoco quería decir eso. Se había calmado pero aún sentía los nervios por debajo de la piel. Suspiró de nuevo (le daba la sensación de que no había hecho otra cosa en los últimos minutos), e intentó formar una frase menos hiriente.

- Vamos a estar muy ocupados los próximos meses si todo es como dices. Y, de todas maneras, nos veremos más de lo que nos vemos ahora. Los dos estaremos en Londres y siempre podremos sacar un rato para estar juntos. Pero lo mejor es que sigas en casa de tus abuelos. O te arreglas con tus padres. O te pagas algo con tu sueldo. No sé si me explico…

- Te explicas muy bien, Gis –respondió resignado-. Que no. Si has dicho tantas negativas juntas que se te va a quedar boca de pez.

Ella no pudo evitar que una pequeña sonrisa se escapara por sus labios. Agradeció que él hiciera ese chiste para romper la tensión, y que le apretara la mano con esa mirada serena que indicaba que todo iba bien entre ellos. Lo suyo era lo único que aún no se había jodido en su vida, y se alegraba de no haberlo fastidiado con sus palabras. El ligero beso que le dio Anthony al despedirse tuvo la duración adecuada para no hacerla sentir incómoda y tampoco dejarle sensación de desamparo. Las cosas habían quedado claras y sin incidentes.

Cuando volvió al comedor, El Profeta ya había llegado y todos estaban con el periódico abierto en las primeras páginas. El caso había tenido tanta repercusión que nadie quería perderse ni un detalle de lo ocurrido en el polémico juicio. Grace, Sirius y Lily tenían las cabezas apretadas intentando leer a la vez el mismo artículo, y Peter comía gachas por encima del hombro de Remus que repasaba su ejemplar con el rostro serio. A un par de asientos de ellos Jeff tenía la expresión contenida, pero Nicole estropeaba su discreción mostrando una emoción desbordante. Gis no pudo evitar acercarse a ellos antes de sentarse en su lugar junto a Peter.

- Van a repasar el caso de tu padre –le dijo a Jeff en voz baja tras tocarle el hombro-.

Él se dio la vuelta, junto a su novia, y asintió en silencio con aire pensativo. Nicole esbozó una sonrisa bastante amplia para tratarse de alguien a quien no conocía.

- Estoy segura que se solucionará y en unos meses le declararán inocente. Ahora tienen más pruebas.

- Ojala –deseó Gis siendo más comedida. Ella ya había visto a veces como funcionaba la "justicia"-. ¿No estás contento, Jeff?

Él se pensó un poco la respuesta, pero con una sonrisa amable les dijo a ambas:

- Cuando sepa el veredicto, os contaré.

"Pero esto ya es mucho", pensó para sus adentros. Más de lo que habrían imaginado hacía meses. Su ánimo no podía ser mejor porque aún no podía evitar pensar en plural. "Te habría encantado ver esto, Sadie…".

OO—OO

Tan solo Grace y Sirius se dieron cuenta de que Remus abandonaba la mesa discretamente, después de prestarles el periódico a Peter y Gisele. Él hizo una mueca, creyendo saber por dónde iban los tiros, y se fue a incorporar para hablar con su amigo. Sin embargo, su novia le detuvo y le pidió que le dejara ocuparse esta vez del asunto; cosa que a la que él accedió tras darle un rápido consejo.

Alcanzó a Remus en el aula vacía de Encantamientos, aunque la clase no comenzaría hasta más de media después. Estaba junto a una ventana abierta, paseándose pensativo y nervioso. Movía sus manos repetidamente, tenía el ceño fruncido y los labios apretados. Tenso, pensativo, parecía debatir consigo mismo. Con cuidado se acercó a él, y le sonrió levemente cuando su amigo se dio cuenta de su presencia. La sonrisa de él no era auténtica, y realmente no fue algo difícil de averiguar.

- Le he prometido a Sirius que te daría un guantazo si pretendes volver a encerrarte en ti mismo de nuevo –le dijo-. Pero no me gustaría tener que llegar a eso.

Esa vez la sonrisa fue algo más sincera.

- Tranquila, solo quería pensar durante un rato sin escuchar tanto murmullo. Poner las cosas en orden, ya sabes.

- Ya…

Grace no dijo nada más, esperando que él añadiera algo. Pero Remus se quedó en silencio, mirando por la ventana y suspirando. Era evidente que le había cortado el rumbo de sus pensamientos y que ahora volvía a adoptar su actitud de absoluto control ante todo. Era realmente frustrante ver lo cerrado que era, incluso ante ellos.

- ¿Sabes que puedes confiar en mí, no Remus? –le preguntó Grace ladeando la cabeza para poder mirarle a los ojos-.

Él sonrió condescendiente y la apretó el hombro con cariño.

- Lo sé.

- Entonces, ¿por qué nunca lo haces? –le cortó su respuesta, que por supuesto negaba tal cosa-. No lo haces. Desde que somos amigos nunca has confiado en mí ninguna preocupación o pensamiento. Siempre he sido yo la que hablaba, y tú escuchabas.

- No siempre –le respondió él-. Hay muchas cosas que no me contabas. Lo tuyo con Sirius, para empezar. Yo jamás te oculté lo de Rachel.

Grace rodó los ojos.

- Eso no cuenta –protestó-. No lo ocultaste porque Richard fue el primero que os pilló, y si lo sabía él no tenía caso ocultárselo a los demás. Y lo de Sirius tampoco se lo conté a Lily, así que…

- Comprendo que le tuvieras miedo a Lily. Si en aquella época hubiera sabido que había algo que siquiera le conectara muy lejanamente con James se habría puesto como un basilisco. Pero en mi podrías haber confiado. Porque, si no, parece que me llamas tu mejor amigo solo para robarme los apuntes.

Grace se rio con él, divertida.

- Eso también –bromeó. Le miró un poco más seria y se recostó a su lado, contra la ventana-. ¿Es por ella? ¿Por Rachel?

Remus suspiró, los sopesó durante unos segundos, y después cambió de postura para quedar frente a ella.

- ¿Viste el artículo? El que estaba al pie de página. Esa pequeña nota.

- El que hablaba sobre la madre de Rachel –declaró Grace afirmando con la cabeza-. ¿Crees que también la mató a ella?

El artículo dejaba abierta la posibilidad de que el ataque contra los Perkins y responsable de la muerte de Susan, la hermana del magistrado Johnson, hubiera sido obra también del último mortífago apuntado a la lista de convictos. Cuestionaban si eso era posible y el Wizengamot no había conseguido pruebas, o si el asesino aún seguía libre. En el último caso también se preguntaban si Divon conocería la identidad del mortífago o mortífagos en cuestión. Remus suspiró al repasar todas esas opciones.

- Desde luego, lo que es evidente es que no soy el único que se lo plantea. Ese tío ya ha matado a su propia hermana. ¿Qué puede haber que lo detenga? Puede que fuera él. O puede que fuera otro igual que él. Son todos iguales: Máquinas de matar con pensamiento único y radical. Quizá nunca lo sepamos…

- Pero ya está preso –declaró Grace-. Y pronto estará en Azkaban pagando por todo. Le han condenado a cadena perpetua. Aunque haya matado de verdad a la madre de Rachel y le hubieran juzgado por ello no le habrían impuesto más pena. La justicia se ha cumplido de todos modos, ¿no?

Remus hizo una mueca con la cara, pero asintió con la cabeza.

- Sí. No es eso lo que me preocupa.

- ¿Y qué es? –cuestionó Grace dándose cuenta de que tendría que sacárselo con sacacorchos-.

- La reacción de Rachel –suspiró finalmente-. Que le lleguen esos rumores, esas murmuraciones que no tienen nada bueno porque no confirman nada, y que solo servirán para confundirle. Le esperan unos meses muy delicados; va a sentirse como si no controlara su propio cuerpo ni su propia mente. Hasta que aprenda a vivir dentro de sí misma de nuevo…

Dejó la frase inconclusa porque no necesitaba explicar más. El tema le afectaba muy especialmente, no solo porque se tratara de Rachel, sino porque le traía malos recuerdos propios. Sintió la mano de Grace en la mejilla y la miró para descubrir la mirada tranquilizadora que le dirigía.

- No le llegarán esos rumores –aseguró ella con una convicción que hasta se le hizo inocente-. Estará estos meses de… rehabilitación. La tienen aislada, completamente. Solo tendrá cerca a sanadores y expertos. No tendrá oportunidad de oír ninguna teoría extraña que pueda desestabilizarla.

- No lo entiendes –murmuró Remus sombríamente-. Ellos mismos se las dirán. Así, cuando ella se descontrole y pierda los nervios, les servirá como excusa para asegurar que verdaderamente somos monstruos. Los expertos en la materia son, probablemente, los que más nos odian. Estoy convencido de que estudian esa rama para asegurarse de que no podamos civilizarnos lo suficiente como para juntarnos con el resto de los magos.

- Vamos, Remus. Eso deben ser exageraciones…

- No lo son –la cortó con seriedad, mirándola de una manera tan intensa que le costaba reconocerle-. No se portarán bien con ella. En absoluto. No lo hicieron conmigo, y yo tenía cinco años…

Era la primera vez que Grace escuchaba hablar a Remus sobre los meses posteriores a su mordedura. Los primeros meses de su nueva vida. Y ver su expresión sombría y escuchar sus escasas palabras se dio cuenta de que debió ser una época mucho más horrible de lo que había imaginado. Y se quedó sin palabras. La mirada de Remus le había hecho dudar del bienestar futuro de Rachel, y no supo qué decir para poder consolarle. Solo esperaba que Dumbledore estuviera más pendiente que en los otros casos, y pudiera ayudar a su amiga.

OO—OO

Aunque ellos no lo supieran, Dumbledore estaba más pendiente de Rachel de lo que parecía. Aún la visitaba todos los días, aunque no tuviera apenas tiempo. Ella de momento seguía igual: Sedada para poder soportar los dolores de sus heridas. Aun así, pronto tendrían que despertarla porque el peor momento de su vida se avecinaba. La semana siguiente sería luna llena; su primera transformación se acercaba.

En ese momento, pese a que estaba rodeado de papeles y ocupado con múltiples investigaciones, su mente también estaba con ella, o con su madre. El Profeta, abierto justo por esa página, estaba olvidado en un rincón de la mesa que Moody había llenado de cartas, mapas o demás artilugios que usaba para intentar controlar los movimientos de los mortífagos. Lo había leído hacía un rato y ahora escuchaba a medias al jefe de aurores exponer con preocupación varias desapariciones más.

- Crawford, del Departamento de Criaturas Mágicas hace ya más de una semana que no aparece por el Ministerio. Su familia asegura que ha precisado tomarse unas vacaciones de urgencia debido al estrés, pero no han querido decir dónde ni con quién se ha ido. No me gusta. Y menos que coincida con la desaparición del clan de vampiros de Norfolk. Y ya hemos confirmado la desaparición de Gladys Laine, la secretaría de seguridad de Gringotts. Su hijo asegura que su madre jamás se vería envuelta en las Artes Oscuras, y parece sincero; es él quien ha denunciado su desaparición. Parece genuinamente preocupado. Habría que reforzar la seguridad del banco, pero la ministra desoye mis sugerencias. Quizá colocando a alguien de la Orden que vigile… Albus, ¿me estás escuchando?

El anciano apartó la vista de la ventana y despejó la mente.

- Sí, por supuesto. Crawford, Laine… ¿Cuántos desaparecidos van ya en lo que vamos de mes?

- Diecisiete –respondió Moody sombríamente-. Jamás ha habido tantos.

- Sí. Se prepara para algo definitivo. Me parece que Tom se ha cansado de jugar…

Al ver que el comandante de la Orden seguía distraído, Moody cerró su diario de desaparecidos con fuerza.

- ¿Qué ocurre? Lo que menos necesitamos es que no estés a lo que debes.

- Lo lamento, Alastor –confesó el anciano recomponiéndose-. Supongo que no me quito de la cabeza el caso de Susan. Frente a los ojos de los demás, quedará para siempre como un asesinato sin resolver. Y su pobre hija es lo que menos necesita. Esa herida abierta que jamás dejará de sangrar…

- Esa niña sabrá la verdad. Cuando podamos se lo diremos, y lo entenderá. No podíamos culpar a Divon de su muerte sin revelar que la única manera de que hubiera dado con los Perkins era trabajando para una Orden que supuestamente no existe. Tenemos que protegernos, ahora más que nunca. El Ministerio dio la espalda a los Perkins mucho antes de su muerte, así que no se romperá la cabeza durante mucho tiempo con su asesinato. Y El Profeta dejará de hablar de lo que no sabe en cuento le den más carroña para desgranar…

Dumbledore asintió pensativamente. Eso ya lo sabía, y sabía que había actuado del modo más correcto. El asesino de Susan estaba en la cárcel, eso era todo lo que importaba. Y los miembros de la Orden estaban todo lo protegidos que podían estar. Pero ese remordimiento siempre le acompañaría.

- Lamento no haber podido hacer más para ayudar a Rachel. Esa niña no ha tenido suerte en nada en esta vida. Y ahora lo que le viene…

- La protegeremos –sentenció Moody con convicción-. La protegeremos, aunque tengamos que hacerlo de sí misma. Pero para eso necesitamos tener todo lo controlados que podamos a los mortífagos. La chica, cuanto menos, está a salvo de momento. No bien, pero sí a salvo. Cuando llegue el momento se lo explicaremos todo y lo entenderá.

OO—OO

La primera carta había llegado el día anterior, aunque él aún no la había respondido. Cada vez que la releía se le revolvía el estómago, aunque era incapaz de precisar exactamente el por qué. No era por pena, eso ya lo había aclarado. Quizá se debía a que no estaba preparado para la tarea que le esperaba a partir de ese momento. Pese a la quemazón en el estómago, desdobló de nuevo la carta, distinguiendo la pulcra caligrafía de su madre.

Querido Regulus:

La salud de tu padre cada vez es más débil. Debemos estar preparados para lo peor en los próximos meses, pues los sanadores aseguran que no pasará de este verano. Por tu parte deberías empezar a pensar en tus obligaciones como cabeza de familia. Uniendo tu posición como líder de los Black, con la noble tarea que estás realizando para el Señor Tenebroso, tu tiempo será limitado en exceso. Después de pensarlo detenidamente he considerado que tu último año en ese colegio es un trámite por el que no tienes por qué pasar necesariamente. De hecho, eres mucho más útil fuera. Con la ayuda y el apoyo de Yaxilia (con la que te recomiendo que te desposes, a ser posible, antes de que tu padre fallezca) estoy convencida de que nos harás sentir orgullosos de la vida que vas a elegir. Piensa muy bien lo que te digo y envíame unas palabras para tu padre.

Walburga.

Realmente la carta a su padre apenas le había llevado unos minutos, pero ante un intento nada disimulado por parte de su madre de controlar su vida no sabía qué iba a responderle a ella. Y así seguía esa misma mañana, con la otra carta en las manos. Esta vez había llegado desde Escandinavia; Yaxilia había sido rápida. La chica por lo menos había tratado de ser más discreta que su madre, pero de todas formas la jugada era tan evidente que le molestaba que le tomaran por un tonto que no iba a percatarse de nada. Desdobló la segunda carta y la posó encima de la primera.

Querido Regulus:

Apenas puedo encontrarle defectos a Durmstrang. Aparte de las frías temperaturas y del hecho que no estás aquí para acompañarme, este lugar es tan superior a Hogwarts que las comparaciones se hacen odiosas. Después de haber vivido en este distinguido lugar, lo cierto es que no me quedan ganas de volver a un colegio tan poco elitista y falto de pureza. Realmente no veo motivos por los que deba regresar a cursar el último año, pero eso es algo que debemos discutir el uno con el otro, como pareja. ¿Cómo se encuentra tu padre? Me imagino lo afligido que debes de estar, pero me entristece que no me confíes tus sentimientos. Tus cartas son tan serias y formales (por supuesto lo que debe ser en un joven bien educado) que no consigo imaginar tu estado. Sé más explícito en la siguiente, e incluso cuéntame alguna curiosidad que esté ocurriendo allí. Imagino que los impuros puedan dar problemas tras la purga que llevasteis a cabo hace unas semanas. Habría disfrutado viéndolo, aunque sé bien que no es mi sitio si algún día quiero convertirme en una esposa respetable para ti. Aun así cuéntame más detalles.

Con amor:

Yaxilia.

Le repugnó totalmente que preguntara por su padre cuando era evidente que estaba muy enterada de lo que ocurría en su casa por su madre. Regulus suponía que ambas se carteaban, pero hasta ese día nunca fue tan evidente. Al igual que era evidente que le consideraban tan estúpido como para no unir dos más dos y saber que la reticencia de Yaxilia por volver el año siguiente a Hogwarts tenía mucho que ver con la sugerencia de su madre de que abandonara los estudios y se casara cuanto antes. Se preguntó si habían actuado más veces así y él no se había percatado hasta entonces. Pero daba igual, por fin había abierto los ojos y no pensaba pasar por el aro. Aunque no sabía cómo evitaría su destino.

- Me encantaría ver cómo lo vas a hacer. Por una vez que tomas una decisión propia resulta que no sabes ni qué camino seguir.

La sarcástica voz era tan conocida que sonrió ante su sonido. Cerró un momento los ojos y cuando los abrió, allí estaba. Sentada a su lado en esas escaleras, con el uniforme descuidadamente colocado y una coleta a medio deshacer que quitaba su pelo negro y algo aceitoso de la cara.

- Podrías darme algún consejo –sugirió él bebiéndose su imagen-.

Sadie intercalaba miradas irónicas de las cartas hasta su rostro.

- ¿Y estropear este momento de locuacidad? Algún día tendrás que crecer y decidir por ti mismo. Yo no podía estar toda la vida escribiéndote las cartas porque no sabes mandar a la mierda con estilo.

- Pero todavía te necesitaba… -murmuró mirando sus pies-.

Cuando levantó la vista de nuevo, ella se había ido. Se había evaporado en el aire, desapareciendo de su vida tan rápido como la primera vez. Siempre que conseguía evocar un recuerdo real de su esencia este no duraba mucho. Ni siquiera tenía la oportunidad de inventarse conversaciones muy largas. Ni su propia mente le daba un descanso, aunque probablemente esto era merecido. Ella estaba muerta por su culpa, y eso no podía arreglarlo. Se había quedado con tantas cosas por decirle, por hacer con ella… No había tenido oportunidad de decirle que tenía razón, que Sirius aún seguía en su corazón ocupando el puesto de hermano. Que aún le echaba de menos, y que ahora le necesitaba más que nunca pese a que él, cada vez que se cruzaban, le miraba con más odio del que jamás lo había hecho.

Siguió mirando las escaleras vacías a su lado, aunque ella ya no estaba. Ahora había vuelto a la realidad y podía oír lo que ocurría a su alrededor. A pocos metros, esperando para entrar en clase, sus amigos se enfrentaban con un grupo de Ravenclaw de su curso, con los que compartían aula a esas horas. Había habido muchos enfrentamientos desde la "purga", como lo había denominado Yaxilia. Los otros alumnos estaban furiosos, dolidos, vacíos. Buscaban a un culpable desesperadamente, y el odio a los Slytherin era más feroz que nunca. Bastaba decir que las serpientes también se habían radicalizado más al ver a todo un colegio en contra de ellos. El resentimiento se podía oler en el aire.

Los insultos y las amenazas se cruzaron en el pasillo, donde los jóvenes alumnos de sexto no pasaban de palabras por miedo a sufrir agresiones y castigos, pero no por falta de ganas. Él los oía perfectamente, pero siguió mirando los peldaños vacíos como si estos fueran la respuesta a todo. No pensaba intervenir en absoluto. No iría contra sus propios amigos, pero tampoco lo haría contra personas cuyos sentimientos conocía perfectamente. Él también estaba furioso, dolido y vacío. Él también había perdido a alguien a quien necesitaba. Solo que en su caso no sabía a qué culpable apuntar. ¿Sería alguno de sus compañeros de filas? ¿Una maldición perdida de una pelea? ¿Un auror? ¿O él mismo? No había tirado a matar ninguna vez –estaba demasiado ocupado asqueándose de la visión de una "verdadera batalla" y tratando de obligarse a matar a su hermano-, pero sabía que en última instancia la culpa era suya. Sadie no había planeado ir a Hogsmeade, y no lo habría hecho de no ser porque él sí fue. Estaba convencido. Jamás se lo perdonaría.

Cuando McGonagall llegó a clase y puso fin a la discusión, Regulus se levantó y se acercó a sus compañeros para ingresar en el aula. Uno de sus amigos, Melvin Dodge, se giró hacia él mirándole con rencor.

- ¿No se supone que tú tendrías que ponerte de nuestro lado? –le espetó-. Al final resultará que no vales para un buen enfrentamiento. Los has rehuido a todos desde que comenzaron a acosarnos.

Saliendo de su letargo mental, Regulus le miró con soberbia.

- Cuando tu varita sea más rápida que tu lengua, quizá puedas echarme algo en cara, Dodge. Hasta entonces tu tarea será aguantar peroratas de víctimas y responder con el poco ingenio que puedas obtener.

Y sin más se dirigió a su asiento. No le importó ser rudo, pues todos sabían que él sí había sido convocado a la batalla y le admiraban y respetaban por ello. Afortunadamente era algo que había conseguido evitar que trascendiera. Aún tenía que lidiar con su propio odio para enfrentar el de los demás.

OO—OO

El odio hacia los Slytherins se extendía sin excepciones, y provocó muchas situaciones indeseadas, incluso en personas que no tenían ninguna culpa de lo sucedido. Mary Gibon jamás había discutido con ninguna persona y contaba con amigos en las cuatro casas, pero los últimos días la mayoría de ellos le evitaban o le ponían excusas para no hablar mucho con ella. No sabía si la temían a ella por la casa a la que pertenecía, o temían que otros Slytherin tomaran represalias al verles juntos. No sabía si el rencor era generalizado o era especialmente por ella. Ya una de sus amigas de Ravenclaw se había dado cuenta que, muy convenientemente, ella sabía algo que le hizo pedirles que le ayudaran con un trabajo justo ese día, y así evitó que fueran a Hogsmeade. Y no había dudado en echárselo en cara. La discusión había sido tan fuerte que ella apenas consiguió salir de allí entera.

Ella no discutía. Nunca. No le gustaban los enfrentamientos y consideraba una pérdida de tiempo vociferar con alguien que no le iba a caer mejor después de un desagradable intercambio de improperios. Por eso habían sido tan difíciles esos días; evitar las discusiones había sido un trabajo hercúleo. Para distraerse y no permitir que su mente siguiera dando vueltas a ideas que le atormentaban y le reprochaban no haber acudido al director, se encomendó a una tarea que se tomó como algo personal. No le costó encontrar a otra persona en su casa que lo estuviera pasando peor bailando entre dos fuegos.

Emmeline Vance había vivido un infierno desde el día del ataque. En su casa se había convertido oficialmente en una proscrita, y había tenido que tener preparada la varita constantemente debido a varios ataques. La ayuda de Mary en esos casos también fue decisiva, aunque reconocía que la joven sabía arreglárselas muy bien sola. Pero Emmeline estaba pasando también por la indiferencia y el odio de las otras casas. El grupo de amigas que había formado en Ravenclaw, y que había sido de apoyo cuando no encajaba en su propia casa, la había excluido. Asustadas y resentidas, las niñas solo querían mantener distancia con alguien que siempre se había proclamado pacifista y conciliador, pero de quien ya no sabían si podían fiarse. Repentinamente esa chica de dieciséis años estaba sola en una situación mucho más delicada que la de Mary, porque ella sí había jugado con sus cartas al descubierto.

Ese día, cuando no bajó a desayunar y tampoco la vio en la comida, Mary decidió saltarse el resto de las clases y buscarla por todas partes. Tras desechar las mazmorras, la lechucería y las clases vacías, la encontró en el baño del segundo piso. Estaba escondida en uno de los cubículos, y sus llantos se confundían con los de Myrtle que se auto compadecía como era habitual en el fondo de los aseos. Eso alertó a Mary porque Emmeline nunca lloraba. Jamás había permitido que el orgullo que la caracterizaba se resquebrajara por algo tan débil como el llanto. Antes gritaba, maldecía o insultaba con fuerza a algún compañero. Pero no lloraba. Y, sin embargo, era ella sin lugar a dudas. Cuando miró por debajo de la puerta distinguió sus caras botas de piel de dragón escocés y, en una esquina, su elegante maletín siempre pulcramente ordenado. Si Emmeline había sucumbido al llanto, aunque fuera a solas y alejándose lo más posible de alguien que la pudiera oír, estaba convencida de que era por algo serio.

Se encargó de hacer ruido para que la chica se enjuagara las lágrimas a tiempo de recomponer su dignidad. Dejó pasar unos segundos y llamó a la puerta del cubículo:

- Emmeline, ¿estás ahí?

Hubo unos momentos de silencio antes de que la chica tirara de la cadena para disimular y corriera el pestillo para abrir la puerta. Cuando la vio reconoció que había hecho un buen trabajo: Si no la hubiera oído anteriormente no podría decir que había estado llorando. Solo un ligerísimo brillo en los ojos delataba que no estaba tan entera como aparentaba.

- Buenos días, Mary. ¿Me buscabas por algo? –dijo mientras pasaba de largo para lavarse las manos-.

Tentativamente, sin querer decir nada que le molestara, se acercó poco a poco a ella observando su nuca.

- Solo quería saber cómo te iba. No te he visto mucho estos días por la sala común.

- Dado que Alecto Carrow es una histérica que me buscaba todos los días y, ahora que no está, ya se encargan de hacerlo otros consideré que era mejor apartarme –comentó aun dándole la espalda-. Yo no puedo ser como tú y beber de dos vasos distintos a la vez.

Mary se sintió ligeramente ofendida porque le hablara como si su actitud fuera hipócrita cuando ella la llamaba ser cauta. Crearse enemigos en el único sitio donde no la mirarían como una cómplice de asesinato tampoco era muy inteligente. Ahora el resto del colegio la tenía como una cómplice de lo ocurrido en Hogsmeade y en su propia casa la consideraban una traidora. Mary llevaba años observando a Emmeline y sabía que si algo le perdía era la impulsividad. Era inteligente, astuta, fría y calculadora; y ella la admiraba por ello. Pero también era impulsiva, y desde que la guerra se estaba endureciendo cada vez lo era más; cosa que le debilitaba. Suponía que, conociendo cómo era su familia, no solo tenía problemas en Slytherin por su actitud; y sentía lástima por ella. Por eso se armó de paciencia ante cualquier comentario ofensivo.

- Solo trato de sobrevivir en este colegio sin ganarme enemigos, y tú deberías hacer lo mismo. Sobre todo teniendo en cuenta que algunos de ellos se convertirán en asesinos cuando se gradúen, como ya deben haberlo hecho los que han sido expulsados. Simplemente no quiero tener problemas con ellos. Y mi familia…

- ¡Yo también tengo problemas con mi familia! –estalló Emmeline dándose la vuelta para enfrentarla-. Mi padre hace mucho que ni me mira a la cara, y mi madre está completamente decepcionada de que no hayan podido manipular mi mente como han hecho con mi hermana. Están deseando que llegue el día que siga mi camino y puedan olvidar que he pertenecido a su familia, ¿sabes lo que es eso?

Mary decidió no contestar porque la propia Emmeline ya sabía que ella no vivía esa situación. Había conseguido crear una imagen tan perfecta a los ojos de sus padres que incluso le perdonaban que aún no quisiera seguir los pasos de su hermano mayor. Estaban convencidos de que cuando estuviera preparada se uniría a ellos, pero la creían mucho más inteligente que su hijo y, por lo tanto, con mucho más que dar en cuestión de educación. Los planes de la chica eran utilizar la ambición de sus padres para marcharse al extranjero a estudiar y no volver jamás. Desaparecida ella, desaparecerían todas sus expectativas. Pero la situación de Emmeline era mucho más compleja.

- Y me da igual que se vayan a convertir en asesinos –sentenció la chica-. ¡Yo tampoco pienso quedarme quieta! ¡En cuanto salga de aquí ofreceré toda la información a la que he tenido acceso para que les atrapen a todos! ¡No son más que unos cobardes!

- Entonces espero que no hayas presumido de tu plan con nadie más que conmigo –comentó Mary como descuidadamente-. Una espía es mucho más útil cuando los de su alrededor no sospechan que los aborrece.

Emmeline dudó un momento, y bajó su tono.

- Lo sé. Y habría averiguado más si hubiera fingido que estaba de acuerdo con ellos –pensó en voz alta resentida, decidiendo que ya era tarde para esconder su actitud-.

- Sin duda.

- Pero jamás he sido buena escondiendo mis emociones. Seguro que tú sabes mucho más… -dejó caer la muchacha-.

Mary se removió incómoda. Ese tema no era el que quería tratar. Ya se sentía demasiado culpable y no sabía cómo actuar con unos y con otros debido a ese sentimiento. En su corazón algo le decía que si hubiera avisado a Dumbledore todas esas muertes no habrían tenido lugar. Pero ella misma se sentía atrapada y desconcertada. Su familia estaba metida de lleno, su propio hermano probablemente había matado a alguien. ¿A quién le debía su lealtad? No creía en ningún bando realmente. Solo sabía que estaba en contra de las muertes. Nadie merecía morir por los ideales de otra persona. Y tenía miedo de que, si les delataba, los del otro bando también morirían; cosa que le parecía inaceptable. Sus compañeros consideraban que la muerte de algunas personas era necesaria para la guerra, y Emmeline era de las que creía que matando a todo el bando oscuro se solucionaría todo. En Slytherin siempre se caracterizaban por ser muy extremistas en sus ideales, pero no era su caso, y no permitiría que lo fuera.

Se había prometido a sí misma que nada, ni siquiera su propia conciencia, le haría tomar partido por ningún bando. Esa no era su guerra y no pensaba involucrarse emocionalmente porque así era como se perdía la objetividad. La mirada de Emmeline era especulativa, pero Mary no tenía intención de permitir que sus ideas fueran más lejos. Había ido allí a ayudarla, convencida de que la chica necesitaba alguien que le apoyara en ese momento. Había sido tan clara y abierta en sus ideas que se había quedado sola, y en una posición muy peligrosa a su modo de verlo. Podía respetar su forma de ser, pero no podía apoyarla ni compartirla. Por eso había ido a hablar con ella. Como apoyo y para ofrecer a Emmeline algún sabio consejo; y desde luego no a que le intentara sonsacar una información que preferiría no haber conocido nunca.

- Solo he venido a intentar ayudarte –dijo asegurándose de cambiar el tema-. Puedo entender que estás pasando un mal momento, y quiero decirte que puedes hablar conmigo cuando quieras. Prometo ser discreta.

Emmeline la estudió unos segundos antes de hacer una mueca intermedia.

- No desconfío de tu discreción. Pero mi mayor problema es que mis amigas no me creen cuando digo que yo odio tanto como ellas todo lo que ha pasado y a los que lo han causado. Desde que han ocurrido las expulsiones creen que todos somos iguales, incluso personas que me conocen desde hace años.

- Cuando pase un tiempo y se calmen los ánimos podrán pensar más fríamente –aseguró la mayor-. Solo están dolidas y asustadas. Yo también he perdido amigos, pero tengo la confianza de que si les doy tiempo y paciencia pronto comprenderán que yo no soy como ellos.

- ¿Y si no lo hacen? –preguntó la muchacha insegura-.

- Tienen que hacerlo.

Definitivamente tenían que hacerlo. No podía ser que todo el mundo viera blanco o negro. Pronto pasaría el pánico y la histeria, y algunas mentes se aclararían. Y entonces entraría algo de color en sus pensamientos y comprenderían que ellas solamente estaban en medio de todo sin pretenderlo. Hasta entonces Emmeline y ella debían ser pacientes y comprensivas.

OO—OO

Gisele no esperó nada para hablar con el director. Para su suerte fue a la mañana siguiente, cuando llegó al comedor y comprobó que Dumbledore se encontraba allí desayunando; algo raro esos días en que estaba tan ausente. Así pues, no se cortó un pelo en acercarse hasta la mesa de los profesores y pedirle una cita para poder tratar un tema personal. Imaginándose de qué se trataba, Dumbledore le hizo un pequeño hueco esa misma tarde.

Nada más llegar abordó el tema sin dudarlo. El director la escuchó atentamente, con el rostro inexpresivo. Le habló de la visita de Anthony, de la conversación que habían tenido sobre las nuevas misiones desde el Ministerio y de su deseo de unirse a ellos cuanto antes. Incluso antes de terminar el curso. Eso llamó la atención de Dumbledore, quien frunció ligeramente el ceño.

- Bueno, Gisele, te mentiría si diría que no pensé en ti cuando surgió la idea de estas comisiones. Tus padres siempre me hablaron de tu ambición de trabajar con dragones, y el profesor Kettleburn tiene en gran estima tus habilidades. Sin embargo, no comprendo la prisa. Estamos en marzo, y apenas tendrías que esperar tres meses más para graduarte y unirte al grupo. Si lo que temes es quedarte fuera te aseguro…

- No es eso, profesor –insistió la chica latina-. Tony ya me ha dicho que no sobran voluntarios precisamente, pero no veo por qué debo esperar. Realmente yo no hago nada en Hogwarts. Nunca he sido una gran estudiante; de hecho Criaturas Mágicas es la única asignatura en la que destaco. Y después de lo de mis padres… Bueno, que preferiría unirme a la guerra cuanto antes.

- No esperarás que te ponga en primera línea y te deje entrar en la Orden nada más salgas del colegio, ¿no? –preguntó el profesor más bien sospechando lo contrario-.

Gis se llevó una pequeña sorpresa, porque de hecho sí lo creía. Es decir, Anthony no había estado en primera línea hasta hacía muy poco tiempo; pero sí pasó a formar parte de la Orden al empezar sus estudios de auror, poco después de graduarse.

- ¿No confía en mis habilidades? –preguntó ligeramente ofendida-.

- No es eso, querida. Pero recuerdo perfectamente la opinión de tus padres al respecto. No pienso deshonrar su memoria, y todo lo que se sacrificaron por nosotros poniendo a su hija en riesgo cuando aún no estás ni remotamente preparada.

- ¿Piensa tenerme encerrada en un frasco, como pretendían ellos? –preguntó ella mosqueándose al oír un discurso conocido-.

- En absoluto –respondió el anciano esbozando una ligera sonrisa con tranquilidad-. Pero pienso asegurarme de que sabes lo que haces antes de echarte a los lobos. Y tres meses más de colegio podrían ayudarte, aunque fuera en lo más básico.

Gis resopló en desacuerdo. Rodó los ojos y le miró implorante.

- Usted debería conocerme lo justo como para saber que no aprovecharé ese tiempo en el colegio. O si no me cree hable con la profesora McGonagall. Tengo déficit de atención y nunca estoy a lo que debo –al oír la disimulada risa del anciano le miró suplicante-. Realmente este lugar ya no es para mí. Ya no solo por mis padres. Sin Rachel ni Kate… yo…

Sus labios temblaron un poco cuando tomó aire para acabar la frase, pero fue incapaz. Realmente Tony le había dado una salida de emergencia a una situación que le estaba ahogando. Ese lugar estaba lleno de buenos recuerdos con sus amigas, las cuales nunca volverían a pisarlo por distintos motivos. Cada esquina y cada tapiz le recordaba terriblemente a Kate, y era como si miles de pequeños cristales se incrustaran en su pecho. Su propia almohada le evocaba a cuando Rachel y ella luchaban, siendo aún niñas, saltando entre camas. Sin ellas, Hogwarts casi no tenía magia.

Dumbledore observó su expresión y la analizó unos segundos en silencio. Cuando Gis recuperó la compostura y volvió al presente le encontró mirándola pensativamente. Parecía más proclive a tomarla en serio, y lo intentó de nuevo.

- Estoy convencida de que seré más útil fuera que dentro. Y también de que seré más feliz así. Por favor, no me obligue a quedarme.

Dumbledore sostuvo su mirada unos segundos más, pero finalmente la apartó y se recostó en su asiento.

- Está bien. Puedes irte. Pero mantengo mi palabra con respecto a la Orden. Tendrás que trabajar mucho y demostrarme de lo que eres capaz para que te deje exponerte –Gis asintió compulsivamente. Habría dicho que sí a cualquier cosa con tal de conseguir lo que quería. El anciano sonrió levemente cuando dejó clara su postura-. Ahora, ¿quieres sabes más detalles sobre las comisiones?

- Por favor –insistió enseguida la nerviosa muchacha-.

- Bien. La que te interesa está compuesta, por el momento, por otras cuatro personas: Tres trabajadores de Control de las Criaturas Mágicas y una enfermera de San Mungo especializada en mordeduras y picaduras de difícil curación. Como puedes ver, no hay muchos voluntarios para la misión, y es un equipo bastante joven. La mayoría del departamento ha rehusado, por lo que entenderás que el trabajo que tienen dista mucho del que hay en el Ministerio. Es más peligroso, contiene más riesgo y tiene muchas menos compensaciones.

Ella asintió con la cabeza constantemente para darle a entender que entendía todo, comprendía los riesgos, pero aun así estaba de acuerdo.

- Incluso con mi recomendación te será difícil acceder al equipo. Deben asegurarse de que eres válida y de total confianza; más ahora que se hay dudas de espías y de personas maldecidas con el Imperius. Sé que no parece haber conexión, pero tendrás que familiarizarte muy bien con las tres imperdonables. Requerirá mucho estudio y mucho trabajo para llegar a formar parte del grupo, y también te harán muchas pruebas psicológicas. Lo que necesito es que seas tan paciente como puedas, y actúes con mucha madurez.

- Sí, sí. Se lo prometo –insistió la muchacha-.

El profesor le dio unas cuantas instrucciones más, a las cuales su alumna respondió sin tapujos y entusiasmada. Hubo un momento en que ya no quedó nada por decir, y él se puso en pie para estirar las piernas.

- Bien entonces –concluyó-. ¿Cuándo quieres marcharte?

Gis iba a responder que cuanto antes, pero titubeó un momento y se lo pensó mejor.

- Ahora que lo dice, me gustaría quedarme hasta que James volviera de San Mungo. Para dejarles a todos juntos y sanos, ¿entiende? Así podría cerrar bien el ciclo.

Dumbledore le sonrió comprensivo.

- Por supuesto. Aunque eso requerirá, al menos, otra semana más. Cuando el señor Potter regrese volveremos a hablar para poner fecha a su partida y avisar a mis colegas del Ministerio –iba a dar por concluida la reunión pero algo le hizo añadir algunas palabras personales-. Estoy seguro de que no me decepcionarás, Gisele. Tus padres fueron dos de mis mejores colaboradores, e hicieron mucho por la Orden y el mundo mágico. Sé que los harás sentirse orgullosos. Y a mí también.

Hizo como si no hubiera visto las lágrimas conteniéndose en los ojos marrones de la muchacha y la despidió afablemente. Solo cuando se hubo cerrado la puerta dejó escapar el aire que había estado reteniendo en sus pulmones.

OO—OO

La sensación era desconcertante. Sentía un picor realmente molesto. Al principio estaba localizado en la nuca, pero después se fue extendiendo por todo el cuerpo a medida que sus músculos se despertaban. Y el picor pasó de ser molesto a ser incómodo, y luego a resultar doloroso. El dolor se hizo lentamente más potente, hasta que sentía que la parte posterior del cuello le ardía como si tuviera pegada una antorcha a la nuca.

Pero no podía moverse ni quejarse. Intentó abrir la boca, pero los labios estaban dormidos y pastosos, y su mandíbula parecía estar encajada. Tampoco pudo abrir los ojos. Podía notar la claridad de la luz a través de sus párpados, pero estos se negaban a levantarse. Y el dolor era cada vez peor. Le costaba respirar, sus pulmones estaban aprisionados y cerrados, pero no podía mover el pecho para inspirar con fuerza, y retener aire.

Estaba asustada. No sabía cómo había llegado a esa situación, pero tenía muchísimo miedo de no poder mover ni siquiera un dedo. Trató de recordar dónde estaba antes de sentirse así, pero toda su mente era un gran agujero negro. Los oídos le zumbaban y sentía que se mareaba incluso con los ojos cerrados. Pese a sentir la cama debajo suyo, produciéndole un agudo dolor, tenía la sensación de que iba a caerse en cualquier momento. Intentó pensar con claridad y olvidar el pánico a no respirar. Y entonces empezó a recordar. Primero el dolor del cuello. La sensación exacta de unos dientes abriéndose paso en su carne, llevándose por delante piel, tendones y músculos. Recordó el calor abrasador que le produjo la mordedura, y el sabor de sus lágrimas cuando estas escaparon de sus ojos y rodaron por toda su cara hasta morir en su boca. Y de repente se acordó de esos ojos dorados, inolvidables, que la miraban preocupados.

De repente su pecho dio un salto y pudo inspirar hondo. Pero se impacientó tanto que trató de tomar mucho aire a la vez, y terminó hiperventilando. No habían pasado más que unos segundos cuando sintió unas manos frías tocando sus mejillas y su cuello, y se asustó más.

- Rachel, ¿puedes oírme? –preguntó una voz que no reconoció-.

No le gustaba el tacto que sentía, y eso le asustaba más aún, haciéndole hiperventilar más. Notó cómo algo volvía a introducirse en su piel y tuvo miedo de que los dientes volvieran de nuevo. De repente su mandíbula se desencajó y se abrió con un grito ensordecedor.

- ¡Te vas a abrir la herida! –oyó que la decían, pero no podía calmarse-.

Escuchó más ruido, golpes demasiado fuertes como para ser inofensivos. Los gritos suplicantes del desconocido continuaban, pero ella seguía cada vez más y más asustada. Todo lo que sentía era demasiado. La ropa le hacía daño, los sonidos eran demasiado potentes. Y todo el lugar tenía una mezcla de olores que estallaban en su pituitaria y le provocaban arcadas.

A medida que los sonidos se iban haciendo más fuertes escuchó también otras voces que se unían a la del desconocido.

- Sujétala a la cama –ordenaba un hombre con una voz tan grave que Rachel sintió que la piel se le ponía de gallina de puro miedo-. No dejes de que se autolesione.

- Le he inyectado poción calmante y no le hace nada –decía el más joven como confundido-.

- La dosis que le has dado es muy floja. Le va a hacer el mismo efecto que si fuera un hipogrifo. Hay que darle más –ordenó otra voz, esta vez de mujer-.

Las voces eran tan desagradables que solo conseguían aumentar las náuseas de su estómago. Rachel se había callado un poco para escucharles y saber que pensaban hacer con ella, pero seguía hiperventilado realmente horrorizada. Y, para colmo, sus ojos seguían pegados y sus párpados dormidos. Necesitaba ver. Le iban a hacer daño, le querían inyectar algo. Tenía que irse, ¿por qué su cuerpo no funcionaba?

De repente las manos frías volvieron a tocarla y le separaron los párpados para estudiar sus pupilas. Después del rayo cegador que la hizo forzar para cerrar los ojos, su vista se fue aclarando poco a poco. Pero seguía sin ver bien. Los que estaban delante de ella bien podían ser humanos, pero las formas y los colores no se correspondían a sus recuerdos. Eran demasiado alargados, demasiado difuminados. Y los colores eran demasiado excéntricos, tanto que le dañaban la vista. Pasó su mirada uno por uno, vigilándolos. No los conocía de nada.

Querían hacerle daño. Querían volver a hundirse bajo su piel. ¿Dónde estaban los ojos dorados? Necesitaba los ojos dorados. Así no tendría tanto miedo. Uno de ellos intentó acercar algo a su cara y ella levantó la mano, con las uñas preparadas, para impedírselo. Estaba débil pero no podía dejar que le hicieran daño. Si los ojos dorados no estaban tendría que cuidarse sola.

- Solo queremos curarte la herida –intentó explicar una de esas formas-.

Pero de su garganta salió un nuevo grito que le hizo desistir. Después comenzó a oír un sonido muy extraño y amenazador. Como un gruñido. Tenía miedo. Los dientes volverían. Volverían a hacerle daño, a clavarse en su carne. Y cuanto más miedo tenía más fuerte se oía el gruñido. Que pare, por favor, que pare. Sentía que le picaba la garganta y que su estómago se encogía de puro miedo. No podía mover la cabeza, no sabía si se aproximaba algo. Notó que le sujetaron las manos cuando sus brazos se incorporaron de golpe incluso antes de que lo planeara. Y tuvo más miedo. Y el gruñido cada vez se oía más fuerte.

- Aún es pronto –escuchó que decían las formas-. Inyéctale más poción, no podrá soportarlo. Apenas acaba de despertar.

¿Es que nadie más oía el gruñido? Estaba cerca, muy cerca. Ya que no podía verlo intentó olerlo, pero las náuseas volvieron. Y el gruñido ya era tan fuerte que no podía soportar el miedo y su cuerpo convulsionaba con fuerza.

- ¡¿Es que no la oyes?! –gritó de nuevo la forma, sobresaltándola por completo-.

También debió asustar al atacante, porque el gruñido fue a más. Pero entonces lo entendió. Ella era la que estaba gruñendo. No podía entender nada, todo era tan confuso.

¿Y los ojos? Tenía que calmarse y pensar. Tenía que entender qué estaba ocurriendo. De repente volvió a sentir esa cosa en el labio y los gruñidos volvieron, pero esta vez supo controlarlos. Quiso mover el brazo, evitar que le clavaran nada, pero era imposible. Sintió innumerables brazos sujetándola y esa la puso aún más nerviosa. Movió las manos desesperadamente, intentando apartarlos a todos. Incluso consiguió arañar a uno. Notó la piel bajo las uñas y escuchó un grito bastante exagerado.

Pero enseguida empezó a perder fuerzas, y su miedo aumentó. Pero no podía gruñir ni hiperventilar. El miedo era interior, atrapado en un cuerpo desconocido. Estaba tan asustada…

- No podemos tenerla aquí mucho más –escuchó mucho más lejanamente-. La luna llena se acerca, y para entonces no puede estar aquí.

- Esperemos que la herida esté cerrada para entonces.

Intentó comprender esa situación tan extraña, pero su mente estaba demasiado caótica y confusa. El miedo lo superaba todo, incluso a las dudas. Y cuando el sedante hizo efecto ya no pudo ni siquiera luchar contra sí misma. Su mundo volvió de nuevo a la oscuridad…

OO—OO

Por fin el momento había llegado. Tenía la sensación de haber pasado años lejos de ese castillo, pero finalmente volvía. Al salir del despacho de Dumbledore, quien le recibió con palmadas en la espalda y un buen surtido de caramelos de limón, inspiró hondo para impregnarse del aroma característico de Hogwarts. Y entonces la respiración se le cortó de golpe al notar algo estrellarse contra su pecho. Estuvo a punto de caer de espaldas, pero un par de manos le sujetaron por el brazo derecho y un segundo después otro par de manos tiraba de su brazo izquierdo. James dedicó unas sonrisas de agradecimiento a Sirius y Remus, pero en primer momento se centró en la pelirroja que se había abrazado a él con fuerza. La rodeó con sus brazos y apretó hasta que ambos se quedaron sin aire.

Pero no importaba en ese momento. Ni siquiera prestó atención a las caras sonrientes del resto de sus amigos que, como su novia, le habían esperado impacientes en las mismas escaleras del despacho del director. Lily rodeaba su torso con los brazos, aprisionándole en un apretado abrazo, y tenía escondida la cara en su pecho. Estuvo un poco quieta, simplemente abrazándole. Pero enseguida él sintió que temblaba ligeramente, y bajó su boca hasta el oído para susurrarle:

- Lily, ¿no estarás llorando?

La pelirroja negó torpemente con la cabeza, pero tembló algo más. Finalmente apartó la cara de su pecho y le miró con unos ojos muy claramente mojados y rojos. Sus mejillas estaban muy sonrojadas y por completo regadas de lágrimas, pero su sonrisa brillaba como nunca. Sus ojos estaban alegres a pesar de no dejar de llorar, y mirarlos mientras se acercaba fue una experiencia inolvidable.

- No te preocupes –le dijo-. Es de felicidad.

Y el beso que le dio no se parecía a los típicos besos acomplejados que compartía con su novia cuando había público. No, fue un Señor Beso. La había echado tanto de menos que no se contuvo en rodearla con sus brazos y alzarla en el aire hasta que quedó a su altura para alargar el momento e introducir las lenguas en la partida. Esta vez no hubo risitas incómodas ni bromas inoportunas de Sirius. Los demás se mantuvieron en silencio, dándoles el espacio que necesitaban, hasta que el furor más intenso se pasó y James fue capaz de ver más allá de los ojos verde esmeralda de Lily.

Todos estaban allí, por supuesto con Sirius a la cabeza mirándole con una alegría que pocas veces su mejor amigo se atrevía a demostrar en público. Tras él, Peter tenía una enorme sonrisa en la cara, y al lado de este estaba Gis mirándoles embelesada. Jeff estaba junto a ella, saludándole afablemente, y James decidió aparcar ese dolor en el estómago que le había producido acordarse de Sadie y, por consecuencia, de Kate. Remus estaba frente a él, al otro lado de Sirius, y Grace se encontraba un poco más atrás casi saltando de la emoción.

Era fantástico volver a verlos a todos. Intentó no pensar en las tres personas que faltaban para no estropear el momento, así que se guardó la amargura para después. En lugar de eso abrazó a Sirius con un solo brazo, pues Lily se negaba a soltarle del todo. Su hermano le apretó tanto que los tres se hicieron daño, pero en ese momento les dio igual. No había terminado de soltar a Sirius cuando Peter ocupó su lugar, y después Gisele le echó los brazos al cuello sonriendo sinceramente por primera vez en muchos días. Jeff le dio un apretón en el brazo que James respondió con una sonrisa y, finalmente, tuvo que ser él el que buscara a Remus porque este se había quedado discretamente apartado. El hombre lobo se llevó un buen achuchón a la vez que un pequeño coscorrón.

- ¡Eh! –protestó sobándose la nuca que aún le picaba por el golpe-.

- Esto por pegarme estos sustos, y por robarme el protagonismo. Eso de buscar tan descaradamente el peligro hasta que conseguiste salir herido de esa cueva demuestra arrogancia y desdén por la seguridad y la cautela, Lupin –bromeó con voz pomposa, sacando una sonrisa a su amigo-.

- ¿Qué puedo decir? –ironizó este-. Han sido tantos años con vosotros… Ya sabes que todo se pega excepto la belleza.

- Que aquí solo la tengo yo –intervino Sirius colgándose de ambos-. Pero no sintáis envidia. El empollón tuvo su momento de gloria y tú, cuatro ojos, has tenido a todo el mundo pendiente de ti, tal y como te gusta. Ahora podemos volver al mundo real donde soy yo quien detiene el tiempo con mi sola presencia, ¿vale?

- Sirius no llevaba bien que todo el mundo le tratara como "el amigo de Potter" –bromeó Peter risueño-. Creo que por un momento se creyó invisible.

- Tampoco te pases –advirtió Sirius dándole una colleja pero incluyéndole en el apretado abrazo-. Sigo dejando ríos de baba a mi paso.

- Muy gracioso –se oyó algo más lejos-.

Los cuatro chicos se separaron y miraron a Grace, quien se había colocado al lado de Lily mirándoles encantadas de volver a verles como siempre.

- ¡Ey rubia! –bromeó James risueño-. ¿Por qué no has venido a mis brazos aún?

Esta esbozó una gran sonrisa y se acercó a su amigo para abrazarle, aunque enseguida se apartó.

- Porque voy a tener que acabar con este emotivo rencuentro. Tengo órdenes muy claras de llevarte a la sala común inmediatamente, así que andando –ordenó empujándole-.

James habría protestado si los demás se hubieran negado, pero todos les siguieron al instante con amplias sonrisas, lo que suponía que sabían de qué iba todo. Hubiera preferido tener un rato a solas con Lily antes de empezar a responder preguntas incómodas pero se dejó hacer mientras Grace tiraba de su brazo en dirección a la torre Gryffindor. Lily deslizó su mano por tomar la que tenía libre y se la apretó dulcemente mientras le sonreía con cariño. Así se dejaría llevar al fin del mundo.

Cuando llegaron al séptimo piso y el retrato de la dama gorda se vio al final del pasillo, de repente Grace y Sirius echaron a correr dejando a los demás atrás. Pensando que era lo que tenían que hacer James se dispuso a seguirlos, pero Lily tiró de su mano frenándole. Miró interrogante a su novia, pero esta se limitó a sonreír y a continuar el paso marcado, viendo como Sirius y Grace se perdían por el retrato. Extrañado, James interrogó a Peter con la mirada pero este se encogió de hombros y sonrió. Entonces algo se encendió en su cabeza.

- ¿No me digas que lo han hecho? –preguntó sin concretar, y con una sonrisa asomándose en sus labios-.

Solo la risita de Gisele le respondió, pero como ya habían llegado al retrato no le importó. Remus dijo la contraseña y la señora gorda les dejó pasar al tiempo que le guiñaba un ojo a James, que le sonrió de tal modo que la mujer soltó unas risitas nerviosas y se sonrojó. Al momento en que el hueco se abrió un ensordecedor grito se escuchó salir de la sala común.

Vaya si se habían atrevido. No solo el equipo de quidditch, a los que se había unido Sirius, y que estaban en primera línea sujetando una pancarta gigante, sino que toda la torre Gryffindor estaba allí, dándole la bienvenida. Con enormes letras que brillaban y cambiaban de colores, el mensaje compartía todo lo que sus compañeros querían decirle: BIENVENIDO CAPITÁN. TE ECHÁBAMOS DE MENOS. Todos los leones aplaudían y le palmeaban la espalda a su paso, encantados de volver a verle sano y salvo. James estaba atónito. Esperaba que sus compañeros de equipo organizaran algo, pero no que toda su casa se pusiera de acuerdo para recibirle. Aunque fuera popular y jamás se preocupase por lo que los demás pensasen de él, realmente fue una grata sorpresa descubrir lo mucho que le apreciaban en Gryffindor.

A su lado, Lily estaba aún más emocionada que él. Por unos horripilantes días había estado tan convencida de que no volvería a verle con vida que esa escena le conmovió por completo. Y allí estaba, completamente a salvo a su lado, y recibiendo el cariño y la alegría de todos sus compañeros. Viendo el aprecio que le profesaba tanta gente, en ese momento no logró recordar cuáles eran las características de James que tan insoportables le parecían antaño.

La escoba de James estaba planeando en mitad de la habitación, gracias a un hechizo levitador de Sirius que quiso utilizarla como homenaje a su mejor amigo. Cuando los miembros del equipo de quidditch le rodearon y le abrazaron en grupo, la gente comenzó a corear el apellido de su capitán; y de fondo se podía escuchar a James riéndose y disfrutando como nunca. Allan le colocó sobre los hombros su túnica de quidditch, y Sarah y Josh se acercaron con la copa de quidditch que Gryffindor había ganado hacía dos años.

- ¿La habéis robado de la Sala de Trofeos? –preguntó James extrañado, aunque evidentemente divertido-.

- No seas tonto –protestó Grace negando con la cabeza mientras se reía de su ocurrencia-. Se la hemos pedido prestada a McGonagall. Así que cuidado con ella porque tiene que volver tan impoluta como vino.

Eso sí, cuando Sarah y Josh le aplastaron en un abrazo múltiple, la chica le susurró al oído.

- Pero esto sí que lo hemos cogido sin avisar entre Josh y yo. Es un regalo, pero discretito.

James notó que algo se colaba en el bolsillo de su túnica, y vio el guiño que Sarah le dedicó al apartarse. Josh no pudo evitar reírse, aunque afortunadamente en medio de la emoción eso no sonó muy incriminatorio. Cuando el capitán se giró hacia Allan y Nicole, miró con alegría a esta.

- ¡Ya no estás coja, enana! –exclamó al verla curada de su pierna-.

La más joven se echó a reír con ese sonido tan agudo con el que James ya había aprendido a acostumbrarse, e incluso a encariñarse.

- He tenido tiempo de sobra mientras te paseabas por mundos más oscuros.

Pese a que notó que algunas personas se tensaron a su alrededor ante la mención de su secuestro, James le sonrió agradecido por hablar del tema ligeramente. La abrazó levemente, y aprovechó para susurrarle:-

- Perdona por haberte presionado tanto entonces. Me comporté como un gilipollas.

- Al final ganamos, ¿no? –respondió la muchacha encogiéndose de hombros risueña-.

Antes de que James tuviera réplica Allan le atrapó en un fuerte abrazo con sus brazos de golpeador.

- Te hemos echado de menos, capitán. Esto estaba aburrido sin ti –le dijo-.

- No sé qué haréis cuando me gradúe –comentó James echándose a reír de nuevo, al tiempo que metía discretamente la mano en el bolsillo de su túnica para palpar la snitch que Sarah y Josh le habían regalado a escondidas-.

En ese momento ni la propia amargura ni el sentimiento de culpabilidad tenían cabida en Gryffindor. Los alumnos estaban viviendo en una burbuja aparte de los días de tristeza, rencor e ira, y no querían salir de ella pronto. No había antecedentes de nadie que hubiera salido con vida de un secuestro de los mortífagos, lo que consiguió que el nombre de James Potter se hiciera más famoso en su casa de lo que ya lo era. El afecto y los buenos deseos de todos estaban con él, pues les había dado un motivo para la esperanza cuando todo parecía perdido. Si James había salido vivo de su cautiverio, ¿por qué no iban a conseguir vencer a ese mago oscuro que lo estaba amenazando todo? La esperanza puede conseguir grandes cosas cuando se une a la valentía propia de los Gryffindors.

OO—OO

- Tal y como lo planteáis es un conflicto entre magos, ¿qué saco yo de beneficio involucrándome?

La pregunta de la banshee no les pilló de sorpresa, ya que llevaban respondiéndola con asiduidad las últimas semanas. Vampiros, gigantes, licántropos… El Señor Oscuro quería la colaboración de toda clase de oscuras criaturas para sus nuevos planes. Se acercaba el paso definitivo. Habían sido demasiados años preparando su ascenso al poder; al principio discretamente, sin querer mostrar la cara, haciéndose un hueco en cada recoveco; y después haciéndose un nombre que todos temerían pronunciar. Había conseguido involucrar a sus espías en todos los caminos al poder, y había logrado adeptos de distintas formas, ya fuera por la sugestión, bajo amenaza o por magia negra. Ahora no necesitaba que ninguno de los suyos actuara en la sombra pues la batalla se libraría a la luz del día. Solo algunos espías estratégicos debían mantenerse ocultos para adelantarse a los pasos de sus enemigos.

Y como una guerra abierta, necesitaba para sí la ayuda de todas las criaturas que pudiera hallar, aparte de los mejores magos. Los licántropos y los vampiros fueron fácilmente persuadidos, pero había otras clases de criaturas cuya lealtad costaba más ganarse. Los gigantes no creían en el buen propósito de ningún mago, pero las golosas promesas que les hicieron en comparación con el odio y la marginalidad que sufrían en el presente les ayudaron a decidirse. Las banshees eran más complejas. Pese a no tener una inteligencia y un recelo tan agudos como los duendes, estas eran interesadas y poco sensibles a la sugestión. No vivían tan marginadas como los demás grupos, ya que solían considerar su aislamiento un beneficio que no odiaban, sino que buscaban. Y no compartían el odio hacia aquellos seres cuyas vidas eran más agraciadas a las de ellas. Simplemente sentían una gran indiferencia hacia cualquier ser viviente que no rondara la muerte. Algunas de ellas, incluso, solo sentían afección por una familia en concreto de magos o muggles ilustres.

- Vamos Aoibheall, ya conoces los términos que proponemos. ¿Quieres oro? Nuestro señor puede prometerte una buena cantidad de oro.

- ¿Y qué me interesa a mi algo tan vulgar como el oro? –proclamó la anciana banshee despectivamente-. No conocéis en nada a nuestra raza. Somos seres etéreos, ancestrales y espirituales. Algo tan terrenal no nos ofrece ninguna tentación.

Los dos mortífagos se miraron algo impacientes. Dar con Aoibheall ya había sido complicado porque las banshees aparecían y desaparecían a placer, y solo cuando buscaban un destino concreto. Ésta en particular era más difícil de hallar, ya que llevaba siglos sin seguir las reglas de las de su propia clase. Era aún más huraña y antisocial que el resto de las banshees, lo que dificultaba aún más su búsqueda. Pero era muy admirada y respetada entre ellas, y sabían que si contaban con su colaboración el resto serían más fáciles de convencer.

Crabbe lo intentó de nuevo, obcecado en las promesas materiales que no alcanzaba a entender por qué no iban a interesarle a Aoibheall.

- ¿Qué quieres? ¿Cuál es tu precio? Sea lo que sea, nuestro Señor estará dispuesto a pagarlo. Tus servicios serían…

- ¡Serás necio! –gritó definitivamente ofendida, creando un escudo que catapultó a los dos hombres a varios metros de ella-. ¡Fuera de mi bosque! ¡No hay nada que podáis ofrecerme! ¡Largaos antes de que os maldiga de por vida!

Asustado ante esa amenaza Crabbe se incorporó trastabillando, y se alejó varios pasos. Si algo se sabía de las banshees es que eran completamente vengativas y jamás amenazaban en vano. Sus maldiciones destrozaban vidas y familias enteras, incluso siglos después de haberse realizado. Jamás dejaban una ofensa sin responder, y él temía horriblemente haberla insultado. Sin embargo, su compañero Nott se quedó en su lugar. Estaba tieso y pálido como la muerte, pero mantuvo la entereza.

- El trato podría tratar sobre los O'Brien. Podríamos volver a unirlos, hacer que recuperen su antigua gloria.

Esa tentación sí que hizo efecto en Aoibheall, que se detuvo y le miró con cautela y ansiedad. Le llamó la atención que aún existiera un mago que supiera su historia completa.

- Imposible. Yo no pude lograr nada.

- Él sí podría –insistió Nott-. Tiene muchísimo poder. Más del que puedas imaginar. Más que ningún otro mago de quien hayas oído hablar.

La curiosidad de la banshee era genuina. Miró al mortífago, analizando sus palabras, y algo en su rostro pareció dudar. Solo eso necesitó Nott para seguir echando el anzuelo.

- ¿Dedicabas tu labor solo a esa familia, cierto? Predijiste la muerte del señor y los herederos, pero no te escucharon. Y todo se perdió desde entonces, haciéndote sentir culpable de su caída en desgracia. Todo tiene solución. La magia del Señor Oscuro puede lograrlo. Aún hay ramas de los O'Brien esparcidas por el mundo; no sería difícil unirlos de nuevo y devolverlos al poder.

- Son muggles –aventuró la anciana banshee rudamente-. Vuestra guerra es, precisamente, contra ellos.

-Siempre habrá diferencias entre unas clases de muggles y otras. Si te unes a nosotros les aseguraremos una posición a salvo y privilegiada entre los muggles que queden.

Aoibheall le escrutó con la mirada varios minutos aún indecisa. La tentación era demasiado grande para no considerarla. La suya era una debilidad que siglos atrás fue muy comentada pero aún quedaba quien recordaba su punto flaco, tal y como demostraba esa inesperada oferta. Los lazos que unían a Aoibheall con la familia O'Brien, antigua realeza irlandesa, eran más fuertes que la muerte y el tiempo. Desde la muerte de la gran mayoría de sus miembros vestía como penitencia las ropas guerreras ensangrentadas que enseñó al rey como mal augurio frente a la batalla, pero que no surtieron efecto. El hecho de poder recuperar todo lo que se perdió un día por su nula capacidad de convencimiento era demasiado tentador…

- ¿Qué me asegura que me decís la verdad? Intenté durante siglos enmendar lo ocurrido, y jamás pudo ser. No puedo creer que exista un mago cuya magia supere la mía.

- Su magia supera todo lo que te puedas imaginar, y más –insistió Nott con vehemencia-. Permíteme volver en unos días con nuestro seguro y una pequeña prueba de la magia de mi Señor.

Aoibheall lo consideró unos instantes, pasando su mirada de un mortífago a otro.

- De acuerdo. Pero vuelve solo, no traigas al bocazas contigo –amenazó señalando con la barbilla a Crabbe-. Solo entonces accederé a hablar y ver qué tenéis para mí. Y solo si quedo convencida de que me uno al bando ganador tendréis mi apoyo.

- Quedarás satisfecha –prefijo Nott sonriendo fríamente, antes de desaparecerse de ese bosque junto a su compañero-.

OO—OO

Ninguno se había atrevido a ir hasta ese momento. Era un lugar frío y carente de la magia típica de Hogwarts; sin duda el menos apreciado y visitado del castillo. A veces veían a algún maestro subir la ladera hasta allí, como la profesora Sprout que lo hacía todos los días cargada con un ramo de flores. Pero la mayoría de los alumnos (concretamente los que no habían leído Historia de Hogwarts) ni siquiera sabían que el colegio tuviera cementerio hasta que ocurrió la tragedia. Y ahora era un lugar que ejercía atracción y miedo al mismo tiempo. Diez de los trece fallecidos en el ataque descansaban allí. Diez tumbas alrededor del monumento que se había edificado para recordarles a todos ellos pese al transcurrir de los años.

Todo el grupo estaba reunido alrededor de la lápida que llevaba el nombre de Katherine Hagman. Gisele miraba su nombre con expresión contenida, aún sin conseguir asimilar que su amiga estaba ahí dentro y jamás volvería a verla. Se sobresaltó cuando Peter tomó su mano para hacerla a un lado. Sin dejar de observar la tumba se colocó entre él y Remus, y entonces vio a Sirius agacharse justo enfrente del nombre grabado de su amiga. Ni siquiera le vio hacer el movimiento de varita, pero de un momento a otro un pequeño ramo de margaritas, las preferidas de Kate, aparecieron en sus manos. La expresión de este era indescifrable. Sus ojos estaban un poco brillantes, pero no llorosos, su mandíbula estaba encajada y sus labios apretados, pero el semblante era neutro. Era difícil saber qué pasaba en ese momento por su cabeza, pero sus amigos tenían una ligera impresión de por dónde iban sus ideas.

Todos guardaron silencio. Un par de metros detrás de Sirius, Grace intercalaba miradas de su nuca a la tumba de color calizo. Sentía dentro de sí una tormenta de sentimientos a los que prefería no poner nombre. Todo volvía a ser real ahora que estaba frente a la tumba de Kate. Todos los años que pasaron juntas, el avance de la relación de ambas con el mismo chico, las mentiras, las medias verdades, los acuerdos y desacuerdos… Siempre había sido tan diferente a Kate que habían chocado irremediablemente. Pero, sin embargo, de un modo extraño también se sentían unidas de una forma única. Quizá porque, pese a lo diferente de sus personalidades, ambas tenían el mismo gusto horrible para los hombres, se dijo a sí misma con humor negro. Los últimos recuerdos con Kate no eran agradables, y siempre pesaría sobre ella la losa de haberla decepcionado y dañado tanto. Pero igualmente, aunque esos recuerdos fueran fantásticos la seguirían atormentando por las noches, porque seguían siendo los últimos. Fue ella quien compartió su miedo esos últimos minutos, quien apretó su mano, quien notó su temblor en su propio cuerpo cuando se encontraron cara a cara con Bellatrix. Quien vio el miedo en sus ojos al oír la maldición imperdonable que un segundo después la mató. Pasara el tiempo que pasara y hubiera ocurrido previamente todo lo contrario, jamás lograría quitarse de la mente su mirada de pánico y súplica un instante antes de expirar para siempre.

Se sobresaltó cuando notó un apretón en su mano, pero al mirar a la derecha ahí estaba su mejor amiga, inquebrantable como siempre. Lily sujetaba la mano de James con la que le quedaba libre, y la miró con intensidad, esbozando una ligera sonrisa que no era de alegría, sino de ánimo. Tuvo efecto inmediato en Grace, que le devolvió el gesto. Sus recuerdos se acallaron ligeramente, aunque seguían allí. Siempre estarían allí.

- ¿Estás segura de que eso es lo que habría querido? –preguntó James después de un prolongado silencio-.

Pese a que seguía mirando la tumba y no mentó a nadie en concreto, Gisele sabía que le hablaba a ella, pues llevaban todo el día discutiendo el tema.

- Sí. Le habría gustado –insistió la latina-. No hace mucho, hablando de nuestro último día en Hogwarts, Kate comentó que le gustaría volver a hacer el camino en barca por el lago, igual que nuestro primer día. Dijo que sería muy bonito repetirlo. Le gustaría la idea.

- Le gustaría cualquiera cosa al aire libre –apoyó Sirius, que por primera vez se pronunciaba sobre el tema. Se incorporó limpiándose las rodillas, y miró el nombre de Kate rodeado de pétalos de margaritas-. Sintonizaba con la naturaleza de un modo especial. Le gustaba quedarse en silencio mirando el lago, solo escuchando el viento y sus pensamientos. Le habría encantado una despedida así.

Todos guardaron un silencio bastante incómodo tras esa declaración, pero después de eso hubo unanimidad. Diez minutos después, los siete bajaron briosos por la ladera, rumbo al lago. Ese mes de marzo había venido bastante frío, así que los jardines no estaban muy poblados de estudiantes. Algunos grupos aislados paseaban por los terrenos, y un par de niñas estaban cerca del lago. Pero no importó, ellos se acercaron a la orilla desde la que desembarcaron hacía siete años, y comenzaron el ritual. La primera que decidió empezar fue Lily. Sacó su varita del bolsillo de la túnica y, con un leve movimiento en el aire, hizo aparecer una pequeña barquita del tamaño de una quaffle. La posó con cuidado en el lago, y sobre ella hizo aparecer una vela encendida.

Cuando la empujó levemente para que se perdiera en el curso del agua, rumbo al otro extremo, su mano se encontró con la de James que le ayudó en el impulso. Cuando la barquita flotó sola él apretó su mano con fuerza mientras todos veían en silencio cómo se perdía en el horizonte. El siguiente en realizar el mismo ritual fue Remus, y casi al mismo tiempo Gisele creó su propia barquita que llevaría parte del alma de Kate de vuelta a casa, tal y como ella había soñado. Sirius observó las velas iluminar el lago, que estaba oscuro por los feos nubarrones que se reflejaban del cielo. Sentía algo muy molesto en el estómago. Era como volver a ver a Kate en esa mesa, el día de la batalla. Inmóvil, fría y muerta. Era como volver a enterrarla y rememorar las lágrimas de su madre, la desconsolación de la pequeña Denise y el dolor silencioso de su padre. Era como volver a verla morir. Doloroso, muy doloroso. Pero sabía que necesitaba despedirse de ella a su manera para seguir adelante. Cuando alguien le apretó en el brazo se giró instintivamente y vio a Grace a su lado, mirándole tranquilamente. Le estaba tendiendo una barquita igual a las demás, de color blanco pulcro y con una velita encendida a bordo. Lo había hecho aparecer ella y se lo estaba entregando para que él ofreciera sus respetos primero a Kate. En ese momento sintió un profundo agradecimiento por su novia, por dejarle vivir esa mezcla de emociones sin tener que sentirse culpable por si la hería. Ese momento era para Kate, y ella lo entendía. Se arrodilló en la orilla y empujó la barquita, que se alejó brillando con las demás. Justo detrás de la suya flotaban las de Peter y James, todas rumbo a un futuro que ya no existía pero que siempre se soñó esplendoroso.

Todos se sorprendieron cuando más barquitas parecidas a las suyas se unieron en el lago, creando un ambiente luminoso que estaba lleno de nostalgia y homenaje. Varias personas se habían unido a ellos y habían imitado su técnica. No importaba que no supieran por qué lo hacían ni hacía quién iba dirigida esa acción. Se sentían identificados y necesitaban unirse a algo que les ayudara a explayar todo lo que tenían guardado dentro. Pronto, más de veinte barquitas se alejaron de Hogwarts, siguiendo el caudal del lago más allá de sus vistas. Todos guardaron un respetuoso silencio y dejaron que el viento que silbaba entre los árboles expresara sus sentimientos mejor que ellos. Al lado de Sirius, con su mano sostenida casi descuidadamente, Grace vio la última vela perderse entre los árboles, y suspiró con fuerza sorbiendo dos lágrimas rebeldes que habían pretendido escaparse de sus ojos.

- Hasta siempre, Kate –susurró con una voz apenas audible-.

OO—OO

El homenaje desde lejos se veía más emotivo aún. El atardecer estaba venciendo en Hogwarts, trayendo consigo una fría brisa que helaba hasta los huesos. Los colores del día que se iba se mezclaban con los de la noche, y las velas que danzaban por el lago le daban al cuadro un toque muy melancólico. Algunos alumnos se habían acercado desde distintas partes del jardín o desde el vestíbulo del colegio para ver esa escena, incluso algunos para participar en ella. Uno de los que se limitó a quedarse como espectador lejano era Derek Rumsfelt, pero este no se sentía tan encandilado y emocionado como el resto.

Esa imagen le resultaba repulsiva. Todos tan unidos y tan enteros haciendo un homenaje falso y palmeado por todos los que estaban a su alrededor. Estaba seguro de que era por Kate. Les había visto bajar del cementerio, donde unas nuevas flores adornaban su tumba. Y se había puesto en medio del lago, ni más ni menos. Pareciera que si no demostraban en público su dolor este no existía. Y él sospechaba que era así. Porque si sintieran lo mismo que él, que le dejaba sin aire y le carcomía el pecho hasta dejarle en carne viva día tras día, no estarían tan relajados como se les veía. Grace no merecía estar tan tranquila, mirando el horizonte con calma mientras apoyaba su mano en la espalda de Black. Y este no merecía fingir que le dolía en algo la suerte de Kate, y comportarse como si él hubiera perdido a alguien especial. Ellos convirtieron su último día en un infierno. La última imagen que tuvo de la dulce y paciente Kate fueron las lágrimas cayendo por sus mejillas producto de un corazón roto por culpa de esos dos. Y ahora sus supuestos amigos se unían a ellos como si no hubieran arruinado sus últimas horas de vida. Eran todos una pandilla de falsos que no sabían valorar la gran persona que se había perdido por culpa de un ataque sin sentido.

Él no lo superaba. No podía hacerlo. Estaba muerta. Había días en que subía hasta dos y tres veces al cementerio para leer su nombre en la lápida, y convencerse a sí mismo de que ya no volvería a verla. Necesitaba mantener los pies en el suelo y acostumbrarse a esa nueva situación. De nuevo alguien querido le había sido arrebatado. No ganaba nada negándose la realidad e intentando vivir en los sueños. Bien lo sabía él. Era algo que ya había sentido antes y solo servía para sufrir más al despertar a la inevitable realidad. Aunque ese horrible nudo continuara en su pecho haciéndole cada vez más difícil la respiración debía acostumbrarse cuanto antes a pensar en ella en pasado. Ya no estaba y jamás volvería. Al igual que sus padres, se había desvanecido en una bruma de recuerdos y pensamientos amargos de lo que podría haber sido y jamás llegaría a ser. Al fallecer sus padres, su abuela le instó a enfrentar a la realidad, a ser valiente, fuerte y mantener la cabeza en alto. De nada servía llorar ni atraparse en los sueños. Aunque en esos momentos le resultaba más fácil vivir en ellos que enfrentarse al día a día…

Algo más atrás que él, su mejor amigo, Dave, observaba la misma escena. Últimamente siempre estaba pendiente de Derek, vigilando sus reacciones y ese extraño aura frío que le había inundado. Por desgracia, no era algo que le fuese desconocido. Era la misma reacción que había tenido cuando asesinaron a sus padres aunque más repentina, y Dave había convivido mucho con el Derek frío, distante e incluso violento. Y odiaba verlo de vuelta. Los últimos meses, con la aparición de Kate en su vida, había vuelto a ver al que había sido su mejor amigo desde los once años. Y al morir esta, toda la recuperación se había ido con ella. Le vio mirar con rencor hacia el grupo de amigos de Kate, entre los que estaban su ex novio y la propia Grace. Derek les observaba con un ansia enardecida mientras apretaba con fuerza los puños a ambos costados de su cuerpo. Ignoraba cómo ayudar a su amigo, aunque sospechaba que hablara o callara este iba a continuar en sus treces. Quizás tratando de quitarle un poco del odio que parecía sentir por ese grupo podría ayudarle.

- Solo tratan de despedirse de ella de la mejor forma posible –le dijo sobresaltándole. Derek apenas le dedicó una mirada de reojo mientras Dave se situaba a su altura, pero después centró sus ojos llenos de odio de nuevo en el grupo-. Puede que no se portaran bien con ella, pero esto es para homenajearla y despedirse, ¿no crees?

Derek inspiró hondo, tratando de contener sus ansias de golpear algo. Si en algún momento dejaba escapar la violencia que bullía en su interior no quería que fuera contra su mejor amigo. Ya le había hecho pagar demasiadas cosas de las que no tenía la culpa. Cuando sintió que podía controlar su voz habló, aunque el tono era demasiado rasposo para parecerse a sí mismo.

- No tienen derecho a despedirse de ella. Tú no viste cómo estaba ese día, todo lo que lloró. Le hicieron un daño horrible y luego la tiraron a los lobos. Ella no quería ir a Hogsmeade, ¿qué hacía allí? –preguntó en voz alta lo que se repetía a sí mismo cada día-.

- Ya lo hemos hablado –contestó Dave con voz suave-. Estaba con Grace. Probablemente fueron a intentar arreglar las cosas allí. Ya sabes cómo es… era. Seguro que no quería estar a malas con sus amigas.

- ¿Ni siquiera después de lo que le hicieron esos dos? –preguntó Derek apretando la mandíbula y señalando con la barbilla a Sirius y Grace-. Era muy buena, pero tenía orgullo y dignidad. Y es mucha casualidad que solo ella acabara muerta.

Dave vio hacia dónde iban sus pensamientos y decidió acortarlos porque Derek parecía estar empezando a obsesionarse con un tema tan serio.

- ¿No creerás de verdad que ellos querían hacerle daño, no? Podrían haberles matado a ellos también. Según dicen Grace estuvo cerca. Creo que, pese a los errores, la querían de verdad y no querían hacerle ningún daño.

Pero no consiguió su objetivo inicial. Derek se volvió bruscamente y le empujó con el hombro mientras regresaba al castillo, dándole la espalda a la escenita.

- Trágate tú si quieres su cuento. Se pasean delante de todo el mundo como si ellos sufrieran más que nadie y sintieran su muerte más que ninguno. Y con esa maldita imagen que dan todo el mundo olvida que fueron la comidilla del colegio ese mismo día para humillarla. Yo no pienso tragármelo…

- Vamos Derek, escucha… -su amigo trató de alcanzarle mientras buscaba otra forma de enfocar el tema y poder ayudarle-.

- ¡Que no te acerques! –gritó de repente Derek encarándole y atrayendo la atención de los más cercanos-.

Dave se detuvo a unos pasos de su mejor amigo, ya que sabía que este podía perder la cabeza y darle un golpe. Era muy capaz, su mirada hablaba sin necesidad de palabras. Derek le miró con odio un momento más, desviando sin querer la mirada al lago, y se marchó con paso rápido hacia el castillo. Una vez más, igual que hacía tres años, Dave no sabía qué hacer para recuperar a su mejor amigo…

OO—OO

Al día siguiente, cuando todos los demás estaban desayunando, Gisele se enfrentaba al odioso momento de decirle un adiós definitivo a su infancia y a sus amigos. Solo había retrasado su partida el tiempo necesario para ver a James regresar sano y salvo y para despedirse de Kate de una vez por todas. Pero ahora que ya había cumplido ambos propósitos no tenía excusas para retrasar la partida. La instrucción que le esperaba fuera era dura y larga, y posponerla solo empeoraría la situación.

Sin embargo, tanto para ella como para sus amigos era como revivir todo de nuevo. Sin saber muy bien cómo había terminado atrapada entre Lily y Grace, quienes le abrazaban con fuerza.

- No tienes por qué irte, ¿sabes? –insistió Lily una vez más con los ojos bañados en lágrimas-.

La latina sonrió tristemente y apretó el abrazó a la pelirroja.

- Ya lo hemos hablado, Lily. Aquí no pinto nada.

- Lo mismo que nosotros –protestó Grace separándose de ellas y mirándola con el ceño fruncido-.

- Sabéis que no –le respondió ella con la paciencia de quien ha discutido lo mismo mil veces-. Para lo que yo quiero hacer, los EXTASIS no importan. Pero una sanadora y una abogada van a necesitar sacar muy buenas notas. Así que vais a tener que esforzaros muchos vosotras dos.

Lily rompió a sollozar de nuevo y la abrazó con más fuerza y, tras unos segundos de lucha de miradas, Grace también se rindió y abrazó a su amiga de nuevo. De mientras, los chicos las miraban algo incómodos, preguntándose cuanto debía durar una despedida.

- Saben que van a verse en pocos meses, ¿no? –le susurró Peter a James algo preocupado por el drama que estaba tomando la situación-.

Este se encogió de hombros y compartió con su amigo una mirada de idéntica confusión. Como siempre en estos casos, Remus fue el que mejor se supo desenvolver. Cuando creyó que había pasado el tiempo suficiente apartó a las chicas y abrazó él también a la mejor amiga de su novia.

- Eres consciente de que tus padres no querrían esto, ¿no? –le susurró al oído con tranquilidad-.

Gisele asintió con la cabeza mientras le devolvía el abrazo.

- Eso ya me lo ha dicho Dumbledore. Pero ellos ya no están y es mi vida, no la suya. ¿Lo entiendes?

Él se apartó y la sonrió con cariño.

- Mejor de lo que crees.

- A ver, besucones, dejadme un hueco –exclamó de pronto Sirius empujando a Remus para tomar en el aire a una sorprendida Gis que solo pudo echarse a reír-. Moony, que tú novia esté ausente no te da derecho a sobarte con todas las chicas de Hogwarts. Y menos con la más exótica de todas y sin compartirla conmigo.

Gisele se rió aún con más ganas cuando Sirius la dejó en el suelo. Echaría de menos su sentido del humor y su manera de romper el hielo en situaciones tensas. De hecho, echaría de menos todo de él, igual que echaría de menos a todos los demás.

- No tenéis ni idea de lo mucho que os voy a extrañar estos meses.

- Pues no te vayas –insistió Lily con un puchero, siendo rápidamente abrazada por un oportunista James-.

Gis ignoró la petición de su amiga y se dirigió hacia Peter, quien la esperaba con expresión dudosa. Le tomó por los hombros y le sonrió con cariño, con aire maternal.

- Sé que no entiendes que quiera dejar Hogwarts antes de tiempo, y mucho menos en guerra. Pero ya hemos discutido este tema muchas veces para saber que no nos pondremos de acuerdo. Nos veremos en pocos meses y para entonces yo ya seré toda una experta guerrera.

Peter hizo una mueca de disconformidad por esa broma que no le resultaba graciosa. Hacer chistes sobre la guerra no era algo que le gustara, y menos después de las cercanas muertes que todos habían vivido y que les habían demostrado lo frágil que era su vida. Tampoco comprendía que alguien quisiese dejar la protección de Hogwarts antes de lo estrictamente necesario. Le daba la sensación de que él era el único que percibía el verdadero peligro que representaba esa guerra, que los demás se lo tomaban todo demasiado a la ligera, como si fuese un juego y Kate o Sadie fueran a levantarse gritando: "¡Te lo creíste!". Aun así no quiso perder la oportunidad de abrazar a Gisele con fuerza, recordando cada momento vivido a su lado. Sentía que cualquier cosa que saliera de sus labios sonaría a despedida y pesimismo en general, y tampoco quería transmitirle eso por lo que se quedó callado.

De él, Gis pasó directamente a los brazos de James, quien tenía esa sonrisa llena de confianza que era tan habitual en él. El joven Potter tenía la capacidad de convencerte que puedes hacer cualquier cosa que te propongas, cosa que intimidaba tanto a Gisele. Tanta seguridad le hacía dudar de la suya. Por eso le estrechó en un abrazo, pasando los brazos por su cuello, y le susurró al oído:

- Soy una farsante. Me duele muchísimo el estómago, me tiemblan las rodillas y me entra el hipo cada vez que pienso a lo que me voy a enfrentar.

James se rio en voz baja y le dio un beso en la mejilla.

- No te preocupes ni por los nervios ni por el miedo. Eso solo significa que estás viva. Además, todo va a ir de maravilla y tú estarás fantástica, ya verás.

Ella agradeció sus palabras con una luminosa sonrisa, justo antes de dirigirse hacia Jeff, que observaba al grupo algo apartado. En el camino tuvo que esquivar a un grupo de niños de primero que salieron del comedor como alma que lleva al diablo. Jeff también estaba serio, pero no tenía la mirada censora de Peter. Con él Gis simplemente se limitó a darle un beso en la mejilla.

- Me alegro que me perdonaras por dejarte solo con los Slytherins en el trabajo de Slughorn.

- Cuídate mucho allá fuera –fue la única respuesta que obtuvo de él-.

El resto del grupo ya le había rodeado, y tuvo que repetir abrazo con Lily y Grace antes de separarse definitivamente.

- Tengo que irme ya si no quiero llegar tarde –insistió mientras trataba de despegarse de su amiga pelirroja-. El señor Bones ya debe estar esperándome en el despacho de McGonagall.

- Patéales el trasero –le pidió Sirius-.

- Hazles sufrir –sugirió James-.

- Ten cuidado –insistieron Remus y Lily al mismo tiempo-.

La latina les miró por última vez con emotividad antes de dirigirse al despacho de su profesora, donde partiría hacia su nuevo destino. Antes de perderse por el pasillo tuvo que esquivar a mucha gente que había aparecido de un momento a otro en el vestíbulo y que se movía muy rápido hablando todos muy alto. Tanta afluencia y tan de repente sorprendió a los chicos, que comenzaron a mirar alrededor intentando encontrar el motivo que había sacado a todo el mundo del desayuno antes de tiempo.

- ¿Se puede saber qué ocurre? –preguntó Lily en voz alta poniendo en sus labios los pensamientos de todos-.

Su pregunta, que era retórica, tuvo respuesta inmediata de boca de Allison, la prefecta de quinto curso. Esta se acercó rápidamente, como si estuviera ansiosa por compartir la información que sabía.

- ¿No os habéis enterado? –preguntó extrañada de que uno de los grupos más populares de la escuela fueran los últimos en conocer tal noticia-. Han atacado a una niña de Slytherin.

OO—OO

Lejos del colegio Dumbledore era ajeno al nuevo alboroto que alteraba el castillo. Estaba reunido de urgencia con la ministra de magia, tal y como era normal en las últimas semanas. Llevaba días concentrado en intentar convencer a esa mujer del peligro que acechaba al mundo mágico, ya que ella parecía no ser consciente de la magnitud de la guerra que se avecinaba. Ella creía haber hecho cambios de sobra para estar preparados, y él sabía que aquello no había sido más que el inicio.

- Millicent debes comprender que solo hemos empezado a trabajar. Desgraciadamente nos enfrentamos a algo más grande que nosotros mismos, y cualquier precaución que tomemos será poca para lo que se avecina.

La mujer, una sesentona carismática y paciente pero demasiado acomodada a los buenos tiempos suspiró y achacó de nuevo las insistencias del director como delirios de viejo.

- Sé que tu preocupación es sincera, Albus. Pero te repito que tengo perfectamente coordinado al grupo de aurores, y jamás habíamos contado con unos profesionales tan bien preparados. Además, las nuevas secciones especiales en las que estamos trabajando nos dan una gran ventaja. Es imposible que ese hombre sepa adelantarse a nuestros pasos.

- A no ser que tengamos espías dentro del Ministerio.

La ministra rodó los ojos, cansada del mismo tema.

- Por última vez, Albus. Ya he investigado en cada departamento del Ministerio y puedo confirmar que mi equipo es seguro. Cuento con los mejores en cada campo y con los más fiables, de eso no me cabe duda.

- No dudo que hayas investigado –aseguró Dumbledore paseándose nerviosamente por el despacho-. Pero quizá utilizar otro tipo de técnicas que no hayas usado previamente serviría. Ya sabes, para que no pudieran adelantársete –ante un nuevo gesto de la ministra que indicaba que iba a replicar, alzó la mano para que le dejara continuar hablando-. No puedo dejar el tema, Millicent. Creo que deberías tomarte más en serio las desapariciones que ha habido estos últimos días.

La ministra Bagnold suspiró con fuerza, reclinándose en su asiento. Esa conversación la había tenido tantas veces que incluso se la sabía de memoria. Dumbledore frunció el ceño al darse cuenta de que esta vez tampoco conseguiría hacerle cambiar de opinión.

- El que varios trabajadores hayan renunciado a sus puestos de trabajo no implica ningún riesgo. Estamos en una situación de crisis especialmente grave; es lógico que quieran estar con sus familias. ¿He de recordarte cuantos asesinatos y ataques ha habido en los últimos tiempos? Tienen derecho a estar asustados, ¿no crees? No es cómo si el número de disidentes sea a tener en cuenta.

- Pero sí sus puestos, Millicent. Casualmente, la misma semana que Tom Crawford se toma esas vacaciones tan inesperadas y necesarias perdemos el rastro del clan de vampiros que él vigilaba. Y Agnes Harris deja la sub-dirección del departamento de Seguridad Mágica después de más de veinte años sin dar explicaciones ni detalles de su destino. Cuanto menos es sospechoso, debes reconocérmelo.

- Es cierto que son faltas llamativas, pero no puedo ponerme a sospechar de empleados que han demostrado durante años su fidelidad a nuestro gobierno simplemente porque tú tengas malas vibraciones sobre sus motivos para dimitir o darse temporalmente de baja –insistió la mujer con actitud displicente-.

Dumbledore no pudo evitar que un bufido se le escapara de la boca.

- Millicent, por favor…

Pero la frase murió en ese instante cuando vio la lechuza parda que estaba toqueteando la ventana que estaba de espaldas al escritorio de la ministra. La reconoció al momento como la de la profesora McGonagall, y ese simple hecho ya le llamó la atención. La sub-directora del colegio conocía la reunión que él tenía con la ministra y sabía que solo debía interrumpirle en caso de extrema urgencia.

- Discúlpame –dijo a la vez que cruzaba en dos zancadas la habitación y abría de golpe la ventana con el estómago encogido-.

Merlín sabía qué más podría haber pasado en ese momento. Sin embargo, la misiva era corta, apenas de dos frases muy breves. No era la largura lo que le preocupó, sino el contenido de la carta. Un contenido que se venía temiendo desde las últimas semanas.

- Debes perdonarme, Millicent, debo volver a Hogwarts ahora mismo. Ha habido un problema en el colegio.

El tono de su voz y la palabra "problema" hicieron que la anciana se incorporara de golpe.

- ¿Qué clase de problema? –preguntó preocupada, temiéndose otro ataque o secuestro-.

- Confío en que sea uno que pueda resolver rápidamente y sin alterar ningún orden. Aunque dados los ánimos actuales quizá sea mucho pedir –elucubró en voz alta mientras recogía su capa y se la echaba por los hombros-. Te mantendré informada. Ya seguiremos en otro momento con la conversación. Creo firmemente que aún nos queda mucho por hacer.

La señora Bagnold hizo un gesto despectivo con la mano mientras alargaba la otra para servirse una taza de té.

- Como sea, Albus. En cuanto puedas infórmame de ese problema en la escuela.

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Jamás la enfermería había estado tan descompensada entre ocupación y jaleo. Para solo tener una paciente, el escándalo era extraordinario. La niña que estaba sentada en una camilla y siendo atendida por madame Pomfrey no superaba los once años, pero sus pulmones parecían los de un adulto. La pobre enfermera, cuya paciencia era legendaria en Hogwarts, no sabía qué hacer para callar el histerismo que había invadido a la niña.

- Si no te callas no podré curarte como debe ser –suplicó dejando su varita a un lado de la camilla y agarrando sus brazos tratando de que la escuchara-.

Sin embargo los gritos y berridos eran persistentes. La niña tenía el pelo negro azabache más largo de lo usual y recogido en una coleta que estaba por completo deshecha. Su uniforme de Hogwarts, con una serpiente justo encima de su corazón, estaba rasgado por varias zonas de los brazos y el pecho, y desde el exterior se podían ver los arañazos y heridas que había debajo. Su rostro, adornado por dos grandes y oscuros ojos negros, también mostraba símbolos de maltrato. El lado izquierdo de la cara tenía un gran moretón que ocupaba toda su mejilla, mientras que su labio inferior estaba partido y uno de sus ojos estaba empezando a hincharse.

Pero si había oído las súplicas de la enfermera, desde luego no lo parecía. Seguía gritando como una descosida y en cuanto Pomfrey trató de volver a tocarla le golpeó con la mano, apartándola. La enfermera suspiró frustrada y cerró los ojos rindiéndose. Sin embargo, se sorprendió gratamente cuando los gritos remitieron de un momento para otro. Al abrirlos de nuevo se encontró a la niña tratando de gritar, pero sin que ningún sonido saliera de su garganta. Al volver a intentar a gritar y no poder, fulminó con la mirada a alguien que estaba tras Pomfrey. Al mismo tiempo, la enfermera se giró para agradecer a quien le hubiera hecho el favor, que era la profesora McGonagall.

- Estás atrayendo la atención de todo el colegio, Olivia –comentó la profesora severamente-. Y preferiríamos que utilizaras la boca para decirnos qué te han hecho y quién ha sido.

- Gracias por calmarla, profesora –le dijo la enfermera al ver a su paciente más pendiente en ofenderse con su maestra de transformaciones que en tratar de evitar la curación que ella empezaba de realizarle-.

- Podrías haberlo hecho tú, Poppy –le recriminó-.

- Ya sabes mi norma –se defendió la enfermera recordando su ley no escrita de no hechizar a ningún alumno para nada que no fuera curarle-.

Examinó a la niña durante varios minutos más, pasando la varita por los cortes más superficiales hasta hacerlos desaparecer y focalizando las heridas más graves. Cuando acabó alzó la mirada y recibió una mirada demasiado dura para venir de parte de una mocosa de once años. Tras ella escuchó el suspiro exasperado de McGonagall y vio por el rabillo del ojo como apuntaba a Olivia con la varita y la niña recuperaba la voz. Sin embargo, no la usó para empezar a gritar de nuevo sino que volvió a fulminar a su profesora con la mirada.

- ¡Quiero que vengan mis padres! –exclamó enfurecida-.

- Les llamaremos –aseguró la profesora sobriamente-. Pero antes quiero saber qué ha ocurrido y quienes te han hecho esto.

- ¡No voy a hablar sin mis padres, que vengan ya! –exigió a gritos-. ¡Que vengan!

- ¿Qué ha ocurrido?

Dumbledore acababa de entrar por la puerta de la enfermería, que dejó entrar un gran alboroto el tiempo que estuvo abierta. La cara del director mostraba sorpresa y preocupación al mismo tiempo. Sus ojos se posaron de inmediato en la niña, a la que reconoció como Olivia Holland, una pequeña de primer curso de Slytherin procedente de una importante familia de magos con gran influencia en el Ministerio. La niña había sido altiva, orgullosa y contestona desde el primer momento, e incluso herida y apaleada conservaba ese aire de mandona que le caracterizaba. No parecía estar grave, aunque los restos de lo que parecía haber sido una paliza aún estaban visibles en su cuerpo.

- ¡Traiga a mis padres! –exigió la niña nada más le vio-. En cuanto sepan lo que me ha ocurrido me sacarán de este colegio y se lo contarán a los ministra. ¡Ya verá como hay consecuencias!

- ¿Cómo pretendes que las haya si no cuentas quienes te han hecho esto? –cuestionó McGonagall exasperada-.

La niña la miró de nuevo con hielo en los ojos.

- ¿Cómo espera que lo sepa? –contestó con tono irrespetuoso-. Eran muchos, aparecieron por todas partes. Ni siquiera vi la cara de nadie antes de que me tiraran al suelo y empezaran a darme patadas. Pero seguro que Jack Simmons ha tenido que ver. Discutí con él ayer, así que seguro que lo ha organizado ese sangre sucia como venganza.

- No sé si tus padres te sacarán del colegio, Olivia, pero mientras estés entre sus muros respetarás sus leyes y no utilizarás esa expresión en mi presencia. O también tú sabrás lo que son consecuencias.

La niña ignoró el comentario del director y siguió fulminando con la mirada a McGonagall, que esperó a hablar solo por respeto al anciano.

- Jack Simmons ha estado en el Gran Comedor desde primera hora de la mañana. Yo misma soy testigo. –dijo-. Así que si no pudiste reconocer a nadie te sugiero que no culpes a ningún inocente de tu infortunio.

- ¡Quiero que vengan mis padres! –fue toda la respuesta de la niña-.

Los tres adultos suspiraron a la vez, y se dieron por vencidos.

- Será mejor que avise a los Holland –susurró el director a las dos mujeres-.

- No, déjeme hacerlo a mí –suplicó la profesora en su mismo tono-. Difícilmente soporto a esta niña en una situación normal, menos cuando tiene motivos para quejarse…

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En pocos días la aparente normalidad que había conseguido el colegio tras el ataque se había derrumbado por completo. El padre de Olivia Holland había montado tal escándalo que la noticia se había extendido por toda la escuela apenas en un par de horas. Después de eso se había llevado de allí a su hija y no habían vuelto a verla, aunque eran muy pocos los que echarían de menos a esa niña problemática y ofensiva. Jack Simmons, la víctima preferida de Olivia, era sin duda el más aliviado por su partida. Perteneciente a Hufflepuff y muy tímido para hacer amigos en un mundo que aún era demasiado nuevo para él, el niño había sido blanco de todas las maldades de esa niña mimada. Y aunque Dumbledore le había interrogado ante las insistencias de la niña, Jack había salido indemne sin poder saber quién había puesto en su sitio a Olivia, algo por lo que secretamente estaba agradecido.

Que Finnus Holland tenía influencia en el Ministerio quedó palpable cuando en los siguientes días aparecieron algunos trabajadores públicos para hablar con los profesores y tratar de testar los ánimos del alumnado. Sin embargo, nadie llegó a saber nunca quién le había pegado la paliza a la niña. Los reclamos de Holland tampoco dieron los frutos que él deseaba, ya que la ministra confiaba en exceso en Dumbledore. Pese a la amistad que la unía a la familia la mujer se mostró convencida de que si alguien conseguía devolver la calma al centro ese era el anciano director, por lo que habló con él y le suplicó que continuara en su puesto más allá del final de curso, como él había anunciado. La respuesta del director aún era un misterio para todos.

Después de lo ocurrido había habido aún más problemas. No se habían repetido los ataques pero el ambiente estaba enrarecido y varios padres con hijos en Slytherin los sacaron del colegio por miedo a más ataques, y había habido algún intento fallido de tomar venganza. Especialmente una vez, dos días después del ataque a Olivia Holland, unos chicos de sexto curso trataron de tomarla con otra niña de primer curso para emular lo que le había ocurrido a su compañera de casa. Sin embargo otros alumnos se habían metido en medio y aquello podría haber acabado mal de no ser porque el profesor Flitwick estaba cerca y evitó que la sangre llegara al río.

En ese momento no solo los padres con hijos en la casa de las serpientes estaban preocupados. En un par de casos decidieron también atajar el problema y sacarles del problema, y en la mayoría aún estaban pensándoselo. Cuatro días después, mientras tomaban el almuerzo en el Gran Comedor, Nicole comentó como que no quería la cosa que su padre le había escrito al saber lo ocurrido que y se había mostrado muy preocupado.

- A saber qué está pensando este con la mala influencia de la esa mala hurraca –le comentó a su novio en alusión a su madrastra-.

- ¿Crees que tratará de sacarte también? –preguntó Jeff algo preocupado-.

Nicole se encogió de hombros.

- Quién sabe. De todas formas como quería hacer un viaje en las vacaciones de Pascua podré tranquilizarle ahí. Quiere que vayamos solos y pasemos tiempo de calidad juntos, así que no tendré a la otra tratando de malmeter. No me pienso ir, no te preocupes. Mi padre nunca ha tenido la suficiente personalidad como para que obligarme a hacer algo que no quiero.

Jeff asintió mientras masticaba la carne, pero aún se le veía preocupado y pensativo. Nicole podía ver que su preocupación iba más allá de los acontecimientos de la última semana y bajó la voz para que solo le oyera él.

- ¿Hablaste con Dumbledore? –le preguntó-. Ya sabes, de tu visión sobre James.

Pero Jeff negó con la cabeza.

- Le escribí diciéndole que necesitaba hablar con él, pero aún no me ha contestado. Me temo que con lo ocurrido en los últimos días y como el tema de mi padre pinta bastante bien no creerá que sea algo prioritario.

- Ya, pero tú no quieres hablar de tu padre –dijo Nicole subrayando lo obvio-.

Jeff iba a responder diciendo que el director no podía averiguar eso, cuando el protagonista de su visión les interrumpió, obligando a un amigo de Nicole a hacerse a un lado para sentarse junto a Jeff.

- Contigo quería hablar –le dijo apresuradamente, aunque más serio de lo habitual-. ¿Sabes lo que hicimos el otro día con Kate? Antes de que Gisele se fuera.

- Vuestra despedida –comentó este asintiendo con la cabeza-.

- Eso es. Lo hicimos así porque sabíamos que era algo que a ella le habría gustado. Y llevo días pensando en qué le habría gustado a Sadie… Ella era una incógnita, y no sé qué habría querido como despedida…

Eso pilló de sorpresa a Jeff. Como siempre ocurría desde la muerte de su hermana, solo nombrarla le bastaba para sentir un dolor en el pecho. Pero a la vez estaba sorprendido y sentía algo parecido a la alegría. No podría haber imaginado nunca que Sadie dejaría suficiente huella en alguien como para querer hacerle un homenaje tras morir. La propia Sadie también se habría sorprendido gratamente, aunque habría respondido con un corte irónico, rompiendo lo emotivo del momento. Y cuando se puso a pensar en qué podrían hacer se dio cuenta de que solo se le ocurrían cosas que ella odiaría. Sabía qué era aquello que no le gustaba pero no tenía claro qué cosas le gustaban de verdad a su hermana. Ella jamás se abrió lo suficiente como para conocerla hasta ese punto.

- No lo sé… -confesó atónito-. Es triste pero no tengo ni idea de qué le habría gustado a Sadie. Aparte del quidditch y de ser borde con la gente por placer no sé con qué más cosas disfrutaba.

Nicole apoyó una mano en su brazo, consciente de lo desolado que se sentía por conocer tan poco a su hermana tres diecisiete años junto a ella. Lanzó a James una furibunda mirada por recordarle el tema pero se dio cuenta que este también se veía arrepentido. Le puso una mano en el hombro y se lo palmeó varias veces.

- No te preocupes, ya se me ocurrirá algo -le dijo restándole importancia a algo que sin duda haría que Jeff estuviese todo el día dándole vueltas-.

Cuando volvió a su asiento, el resto de sus amigos seguían con la misma conversación que tenían desde hacía días. Los ataques entre alumnos y el ambiente en el castillo en general. Remus no era muy optimista, pero tampoco significaba nada especial porque él no era optimista con nada últimamente. Lily tenía el ceño fruncido de preocupación, y ni siquiera se relajó cuando James se sentó a su lado y le dio un beso en la mejilla.

- ¿Creéis que esto puede empeorar? –preguntó con algo de desolación-. Quiero decir, ¿acabaremos odiándonos todos entre nosotros y temiendo un ataque en todo momento? ¿Así será todo a partir de ahora?

Frente a ella Sirius y Grace compartieron una mirada en silencio sabiendo lo que el otro pensaba: Que, en ese momento, en Hogwarts podía pasar cualquier cosa…

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A kilómetros de distancia, Gisele estaba emprendiendo un paso más de su nueva vida. Apenas era mitad de semana pero ella ya estaba destrozada. Sin cambiarse de ropa ni descalzarse se había dejado caer en el pequeño sofá que adornaba el diminuto salón y se había quedado completamente dormida. El ritmo de los últimos días había sido realmente agotador. Más del que cabría esperarse. Cuando había llegado a Londres no había perdido ni un segundo. En el Ministerio le transmitieron bajo las órdenes de Madame Mill, una severa mujer de mediana edad que no sonreía ni de casualidad, y que era la encargada de preparar a los nuevos. Junto a Gisele había tres personas más, todos chicos, y tenían prohibido intimar entre ellos. En resumen, no podían contarse detalles personales, no podían trabar amistad y, sobre todo, no podían contar a los demás a qué trabajo estaban optando.

Tal y como Dumbledore le dijo no sería fácil entrar a formar parte del grupo. Les estaban sometiendo a mucho entrenamiento, sobre todo físico. En cuanto llegó lo primero que hizo fue una especie de examen psicológico del que casi no recordaba nada. Había sido un tratamiento demasiado fuerte y la había dejado débil y mareada, hasta el punto de tener que descansar desmadejada en una silla durante dos horas. No se hacía a la idea de cómo un espía podía superar unas pruebas tan duras, pero también estaba bien tanto cuidado porque en caso de que alguien se infiltraba significaría que el propio Ministerio estaba formando a los leales a Voldemort sin saberlo.

Otra parte casi tan mala como el arduo entrenamiento fue descubrir cómo era vivir sola. Jamás lo había hecho, y su seguridad se vio mermada la primera noche que pasó en su nuevo apartamento, solo con la compañía de su gato. Había sido horrible. No había otra forma de expresarlo. Se pasó toda la noche despierta, sentada en el sofá pendiente de cualquier ruido y agobiando al pobre minino, al que no dejaba alejarse de ella. Durante las largas horas nocturnas estuvo cavilando la idea de avisar a Tony para que fuera a su casa, pero decidió mantenerse fuerte por orgullo. Le había dicho que sería capaz de vivir sola, y al menos lo intentaría antes de rendirse.

El mayor problema era por las noches cuando solo el silencio, los ruidos de la calle y algún puntual maullido de su gato le rodeaban. Cualquier ruido, por pequeño y lejano que fuera, le alteraba y provocaba que se levantara de la cama varita en mano. Era muy consciente que ese apartamento estaba protegido por el Ministerio y que las probabilidades de un ataque eran mínimas, además de que nadie podía tener nada contra ella en ese momento. Pero tampoco podía quitarse de su mente que a sus padres los asesinaron de noche y en su propia casa…

Afortunadamente había encontrado el modo de librarse de esos pensamientos. Durante el día se agotaba de tal modo que cuando llegaba al apartamento solo quería dormir. Ni siquiera comía por las noches, solo dormía. A veces se despertaba de madrugada en su cama, con la ropa medio quitada y sin recordar en qué momento había sacado fuerzas para levantarse del sofá y andar hasta su cuarto. Pero solo tenía tiempo de acomodarse algo más antes de volver a caer rendida. Agotamiento. Ese era el truco.

En ese tiempo no había tenido tiempo de ver a Tony en ningún momento, aunque él sí había escrito varias veces, pero apenas había tenido tiempo para responderle algo rápido y escribir a sus amigos contándoles que estaba bien pero demasiado ocupada. Todo su tiempo se lo llevaba el entrenamiento. Y, a pesar del miedo y el cansancio, merecía la pena. Parecía que por fin había encontrado el lugar donde ser útil, donde honrar a sus padres como merecían. Y ese pensamiento barría el resto de ideas que pudiera haber en contra.

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Fue a finales de esa semana cuando James sintió el cosquilleo del quidditch latiendo en sus venas. Había sido bueno. ¿Qué narices? ¡Había sido un santo! Llevaba casi dos semanas en Hogwarts, y hacía más de dos meses que no podía subirse en su escoba. Era normal que estuviera ansioso y consideraba que se había portado muy bien y no se había comportado como un niño mimado y quejica. Apenas le había dado la lata a Lily con el tema ni había insistido cuando ella le había dicho que esperara unos días más, y eso era un gran avance en su madurez emocional. Pero ya no se aguantaba las ganas, lo necesitaba tanto como respirar.

Los viernes, todos excepto Remus y Peter, tenían una hora libre después de comer, y últimamente la pasaban en la sala común descansando el almuerzo. Y él ya estaba algo harto de contemplar a Lily mientras leía un libro con una mano y le acariciaba distraídamente el pelo con la otra. A ver, le encantaba tumbarse sobre las piernas de su novia y dormirse sintiendo sus dedos masajear su cuero cabelludo. Pero, dado que últimamente era prácticamente lo único que hacía, estaba aburriéndose un poco de todo aquello.

Cerca de ellos, Sirius y Grace habían movido el sillón en el que estaban tumbados para quedar de espaldas a ellos, ocultos a su vista. Ellos cuatro eran los únicos ocupantes de la habitación, por lo que no había un ruido de fondo que tapara las risitas y susurros que salían de allí. No era difícil adivinar a qué estaban dedicando la hora libre. Y, dado que James no podía hacer lo mismo con su novia por razones obvias (su convalecencia) y otras menos comprensibles (como el hecho de que Lily aún no se sintiera capaz de intimar con él hasta ese punto), todo eso le estaba irritando más aún.

Cuando creyó que su reacción no sería tomada como una pataleta y se calmó lo suficiente como para hablar sin sonar frustrado, apartó cuidadosamente la mano de Lily y se incorporó.

- ¡Ey, par de pervertidos! –exclamó tratando de sonar divertido-. ¡No se come delante de los pobres!

Sirius y Grace se incorporaron casi al unísono. Él llevaba la corbata floja y echada al hombro y ella la melena corta completamente alborotada y los primeros botones de la blusa desabrochados. Unas sonrisas atontadas y unos ojos brillantes completaban el cuadro.

- Entonces dile a Lily que te dé de comer de una vez, que ya va siendo hora –contestó Sirius con toda la intención de volver a retomar sus actividades en el cuello de su novia-.

Sin embargo, Grace le dio un empujón mientras observaba divertida el sonrojo de Lily, que trataba de evitar tapándose la cara con el libro. Afortunadamente ni Sirius ni James se dieron cuenta de eso.

- Grace, ¿cuándo va a retomar el equipo los entrenamientos? –preguntó este último finalmente-. Que yo aún esté convaleciente no os da excusa para vaguear.

La reacción fue instantánea en los tres. Lily cerró de golpe su libro, Sirius miró a Grace de reojo y esta se mordió el labio inferior ante el marrón que tenía delante.

- James, la liga ha sido cancelada –le confesó esperando una reacción dramática-.

- ¿Qué? –preguntó él creyendo haber oído mal-.

- Después de lo ocurrido en el ataque decidieron cancelar el quidditch –repitió Sirius-. Al menos durante este año.

- Pero… ¿Por qué?

- ¿Por qué va a ser, cariño? –inquirió Lily con paciencia mientras le apartaba el flequillo de la cara-. Ha habido trece muertos. Aunque quisiéramos no podemos seguir con las vidas normales hasta ahora. Todos hemos perdido a alguien…

- Lo sé –respondió James algo aturdido-. Por eso creo…

Pero en vez de acabar la frase se levantó de golpe y se dirigió hacia la puerta con resolución.

- ¿A dónde vas? –preguntó Grace alzando la voz para que le oyera mientras salía por el retrato-.

- ¡A hablar con McGonagall! –fue la respuesta lejana que obtuvieron-.

Sirius negó con la cabeza.

- Menudo bufido le va a pegar…

Pero a James le daba igual eso. Era muy consciente de que a la profesora no le gustaría oír quejas pero él también tenía algo que decir. Y creía firmemente que aquello tenía mucho sentido; no era un capricho suyo.

Llegar al despacho le llevó muy poco tiempo pues los pasillos estaban vacíos al estar todo el mundo en las aulas. Y él sabía bien que McGonagall no tenía clase a esas horas y que los viernes por la tarde solía permitirse disfrutar de un buen libro acompañado de una sabrosa taza de té. Como era previsible la profesora no se tomó nada bien su queja. Le gritó, le llamó egoísta y sinvergüenza y le gritó un poco más. Pero él tenía sus propias ideas con respecto al tema.

- Creo que lo peor que podrían hacer a estas alturas es someter a todos los alumnos a un duelo obligado. Esta guerra no se ha terminado aquí, profesora, y mucho me temo que irá a peor. No podemos enseñarle a la gente a que agache la cabeza y aparque su vida cada vez que ocurre una desgracia porque me temo que vendrán muchas más en los siguientes años. Tenemos que tratar de continuar con nuestras vidas con la mayor normalidad posible.

- Ha habido trece muertos, Potter –repitió la profesora por si acaso el muchacho no se había enterado-.

- Precisamente –insistió James-. Porque ellos no podrán continuar con sus vidas les debemos hacerlo nosotros. ¿No sería un canto a la vida?

McGonagall tuvo unos segundos de silencio antes de hacer la réplica. Incluso pareció dudar por un momento.

- No sé cómo consigue que todo lo que dice tenga sentido, pero si no estuviera ya muy acostumbrada a ello me habría podido convencer. De todas formas esta decisión fue tomada por el director, los profesores y todo el consejo de padres. Lo haremos por respeto. Y aunque tenga parte de razón en lo que dice no sé cómo se encuentra con ganas de seguir con la liga cuando esto le ha afectado tan de cerca. Dado que parece tocado por la suerte al menos recuerde que dos de sus amigas ya no están con ustedes. Una de ellas era jugadora de su equipo. ¿Cómo se sentiría al jugar un partido sin ella?

Sadie. La realidad le golpeó de lleno porque no había pensado en lo que sería volver a jugar al quidditch y que ella no ocupara su sitio en el equipo. Sería demasiado raro, incluso parecía imposible una vez que lo pensaba. Iba a abrir la boca para responder algo que aún no sabía, cuando se quedó con ella abierta, pensativo.

Se le acababa de ocurrir el homenaje perfecto para Sadie…

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Esa noche Dumbledore por fin se dirigió al alumnado. Tras más de una semana sin verle en las comidas ni en los pasillos el director hizo presencia en la cena, y antes de que la comida se sirviera quiso anunciar algo de trascendencia para la futura convivencia en la escuela. Dado que últimamente cada vez que había habido cambios estos habían sido cuanto menos catastróficos, un silencio incómodo inundó el lugar en el acto.

- Quiero anunciaros que, por sugerencia del Ministerio de Magia y de la Asociación de Padres, y con mi absoluta aprobación, la próxima semana se instalarán en el colegio unos huéspedes a los que acogeremos hasta final de curso. Estos invitados son psicólogos, es decir, sanadores especializados en el comportamiento y la salud mental de las personas; y prestarán ayuda emocional a todo el que lo precise.

Un suave murmullo comenzó a oírse por distintas zonas del comedor y fue ganando intensidad con el paso de los segundos. Antes de que la situación se tornara atronadora el director levantó ambas manos exigiendo silencio. Este se produjo en el acto también.

- Las sesiones psicológicas serán en grupos o individualmente, según las necesidades de cada uno. Y quiero aclarar que para los familiares y amigos más próximos a los fallecidos, y también para los que resultaron heridos, el tratamiento será obligatorio –hubo algunas quejas aisladas entre la estupefacción que bullía entre los alumnos, pero supo frenarlas a tiempo-. Lo creemos realmente necesario. Estas últimas semanas he podido observar el gran odio acumulado que proviene de ese ataque en particular, y debemos detenerlo de inmediato. No podemos permitir que el odio sobrepase los muros de este colegio y entre en vuestros corazones. Sois todos muy jóvenes para cargar con el sufrimiento que se ha vivido en los últimos tiempos, también con un sentimiento tan mortífero. Y me comprometo a hacer cuanto esté en mi lugar para poder rebajarlo. No olvidéis que un corazón que odia es un corazón que no conoce la compasión y la valentía. Y vais a necesitar mucha de ambas cuando salgáis a enfrentaros al mundo actual.

Aunque dejó unos segundos en silencio para testar la reacción de la gente nadie habló. Parecía que el mensaje, si no había calado hondo, al menos los había dejado sin palabras. Satisfecho y confiando en que al menos reflexionaran, Dumbledore suspiró y continuó con las últimas indicaciones de su discurso.

- Aquellos que no entren en el grupo de obligados pero que sientan que necesitan ayuda no dudéis en apuntaros. A todos nos vendrá bien recibir apoyo y estas personas están especializadas en daños psicológicos. Si también creéis que algún compañero necesitaría ir a terapia pero este se muestra reacio, por favor hacédnoslo saber. De igual modo a partir de mañana se abrirán las listas y se os llamará a los primeros para que los psicólogos os vean y os traten. Los interesados podéis contactar con los jefes de vuestras casas con la mayor discreción. Y recordad que necesitar ayuda no te hace débil, si no humano.

Cuando finalmente se sentó y fue evidente que había acabado de hablar el silencio se rompió de golpe. El bullicio era ensordecedor pero el director no hizo nada por frenarlo pues consideraba que los alumnos debían intercambiar opiniones. Así algunos escépticos se convencerían más al ver una mayor seguridad entre sus amigos. El grupo ejerce más presión que la autoridad, ese es un hecho inamovible. Por ejemplo, en la mesa de Gryffindor comenzaron a debatir el tema al momento.

- Eso es una gilipollez –opinaba Sirius-. Lo que menos necesitamos es que vengan desconocidos que no conocían de nada a las víctimas para consolarnos falsamente.

- Aunque no te lo creas es una de las medicinas que mejores resultados tiene –le dijo Lily con seriedad-. De hecho la idea es fantástica. Una persona se siente más capaz de hablar y abrirse a un desconocido que a alguien que ve diariamente y cree que pueda juzgarle. La mente humana es fascinante y la psicología es una de las ciencias mejor desarrolladas.

- ¿Así que crees que funcionará con la gente? –preguntó James con curiosidad, a lo que Lily asintió mientras que Sirius rodaba los ojos con incredulidad-.

- ¿Y crees que a nosotros nos vendría bien ir? –preguntó Grace ganándose una burla de Sirius que sofocó con un codazo-.

Lily meditó la respuesta unos segundos sin poder evitar que su mirada se escapara hacia Remus, quien había empezado a comer pequeños bocados algo ajeno a la conversación aunque no lo pareciera a simple vista. Sin embargo suspiró y dijo:

- Aunque parezca increíble siendo este un grupo de locos, creo que nosotros hemos sabido darle salida a nuestro dolor. La despedida que le hicimos a Kate también sirvió para expulsar parte de esa rabia y ese dolor. No creo que nos hiciera falta ir a ninguna sesión.

Aunque creía firmemente que a uno de ellos le vendría muy bien ese tipo de ayuda no lo dijo en voz alta. James y Sirius podrían ponerse muy pesados y eso solo sería contraproducente. De igual forma ella podría hablar en privado con Remus en cualquier otro momento.

En la misma mesa pero algo más alejados, Josh había decidido no esperar y todo había desembocado en una previsible pelea con Sarah. Él consideraba que su amiga necesitaba esa ayuda como el que más, pero esta no le otorgaba ningún tipo de credibilidad al tratamiento que sugería Dumbledore.

- ¿Qué te hace pensar que yo necesito contarle mis cosas a un desconocido? –inquirió ella realmente enfadada-.

Cuando lo estaba de esa manera solo dos personas podían calmarla: Johnny y Josh. Dado que su novio estaba aún ingresado en San Mungo le había tocado el premio a su mejor amigo mientras los demás les escuchaban algo incómodos, tratando de mimetizarse entre la comida.

- ¿Tal vez que pareces vivir en otro mundo desde que nos dijeron que lo de Johnny era más grave de lo que creían y que tendría que estar más tiempo ingresado? –preguntó su amigo-. Estuviste un día sin hablar cuando nos enteramos que lo suyo era más grave de lo que creíamos, y después, al día siguiente, te despertaste riéndote y gastando bromas como si nada hubiese ocurrido y sin querer mencionar el tema. No hay que ser muy listo para darse cuenta de que estás reprimiendo un mal sentimiento. Y Johnny…

- Con él ya hablaré cuando vuelva –respondió la chica con voz dura-. Pero tú no tienes derecho a decirme si estoy reprimiendo algo o no. Soy una persona feliz, siempre lo he sido. Y unos malditos psicópatas no van a cambiar mi forma de ser ni de ver la vida.

- Todos vimos cosas horribles ese día, Sarah. Y no tiene nada de malo reconocer que nos asustamos, que sufrimos, que nos sentimos impotentes ante ello. Es verdad que hemos estado preocupados por Johnny, pero se acabará recuperando. Seguro que no tarda demasiado en salir del hospital y estará bien.

- Ya sé que estará bien –replicó ella con un nudo en la garganta que se le notó en la voz-. Lo sé. Y puede que lo hayamos pasado mal. Pero si yo tengo ganas de sonreír nadie tiene que tratarme como si fuese una insensible por eso.

- Siempre que tengas ganas de sonreír de verdad –le especificó una de sus amigas, atreviéndose por fin a hablar-.

- Claro que… Claro que tengo ganas de sonreír.

Pero al minuto siguiendo cerró con fuerza los ojos e inspiró hondo, como si le costara respirar. Josh le pasó un brazo por los hombros y le atrajo hasta él para abrazarla.

- Yo te acompañaré, ¿vale?

Su amiga asintió débilmente contra su pecho, aprovechando para abrazarle con fuerza también. Él depositó un fraternal beso en su cabeza y apretó el abrazo. Cuando levantó la cabeza se encontró con una mirada oscura posada sobre él. Desde la mesa de Ravenclaw Jane Green no le apartaba la mirada de encima, ni siquiera cuando le descubrió mirándole. Tenía una expresión compresiva, como si comprendiese lo que Sarah y él estaban pasando. Y no era de extrañar ya que Jane había visto más desastres que ellos al hacerse paso entre la batalla y salvar la vida a varias personas. Pero aun así se le veía entera y fuerte. No parecía necesitar ayuda psicológica, y eso impresionó a Josh. Sobre todo porque no estaba seguro de que él no fuera a necesitarla.

Al notarle tan pensativo Jane se apresuró a dejarle algo de intimidad y, tras dedicarle una amable sonrisa, apartó la mirada. Una radiante y preciosa sonrisa que le hizo sonreír a él también.

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La terapia psicológica no era mala idea para cambiar los ánimos de los alumnos. Los resultados se irían viendo muy lentamente, y los primeros días apenas se supo mucho más del tema porque la gente trató de evitar que los demás supieran que habían pedido apoyo. Parecían tener vergüenza de aceptar una ayuda en la que no confiaban del todo. Pero tampoco era la única forma de mejorar el humor del alumnado, y eso lo sabían más los propios adolescentes que sus profesores.

Por eso Sirius tenía que aprovechar una fantástica e inigualable fecha para quitar la apatía de los ánimos de sus compañeros. No era una persona tranquila ni de carácter pesimista, por lo que la actitud que inundaba Hogwarts esas últimas semanas le estaba volviendo loco. Eso no quitaba que no sintiera la muerte de sus compañeros como el que más, sobre todo la de Kate. Pero necesitaba cambiar la rutina y necesitaba hacerlo ya. Y la fecha era inmejorable. No todos los días James Potter cumplía 18 años.

Así que un par de días antes había empezado a planearlo todo contra viento y marea. Y había tenido oposición. Por un lado estaba Remus, cuya aportación fue nula porque estaba en su mundo perdido en las nubes. Ya que en cuatro días sería luna llena no se lo tomó en cuenta, pues comprendería que tuviera sus pensamientos en Rachel y en lo que le ocurriría esa noche. Pero no contar con su mente maestra le había perjudicado. Sobre todo porque Grace tampoco le había puesto las cosas fáciles. Sí, la quería, se habían arreglado entre ellos y el pasado estaba superado. Pero ella había pasado mucho tiempo con Lily y parecía no haber perdido la costumbre de tratar de sabotear todo lo que a él le pareciera divertido. Por lo tanto tuvo que trabajar solo en el plan (Peter se ofreció a ayudarle, pero tampoco es como si pudiera aportar una gran idea).

Y ahí estaban. Tres de la tarde del domingo 27 de marzo de 1977. Jardines de Hogwarts. Cielo despejado, temperatura fría pero sin viento que disuadiera a la gente de dar un paseo. Los terrenos no estaban llenos pero había suficientes personas como para que aquella fiesta improvisada no se pareciera a un cementerio. Y a James le había gustado la sorpresa, lo que era un plus. Sobre todo porque, aunque Lily no aprobaba la decoración ilegal de los árboles y arbustos de los jardines ni la utilización de bombas ni fuegos artificiales de Zonko, últimamente le había dado por mimar a su novio y si este era feliz no protestaría. En pocos minutos habían montado una fiesta bastante decente. El segundo motivo para organizar aquello también había funcionado pues los presentes se fueron acercando al grupo paulatinamente. Incluso Remus se rio con ganas cuando Sirius y Peter se subieron encima de James y le colocaron a la fuerza unas guirnaldas a modo de corona. La fiesta iba viento en popa.

Y más que mejoró cuando, una hora después y con dos whiskys de fuego encima, Sirius vislumbró a los lejos a un grupo que, aunque no estaba invitado, sabía que animaría la fiesta.

- ¿Qué crees que le puede faltar a esta fiesta, Wormtail? –le preguntó a Peter en voz alta para que los de su alrededor le oyeran-.

Peter estaba ya algo afectadillo por la ingesta de alcohol y no entendió la segunda intención de la pregunta.

- ¿Qué va a faltar? ¡Es una fiesta perfecta! –exclamó brindando al aire, a lo que un par de compañeros, también algo perjudicados, le respondieron-.

Como muestra de ello le señaló a Grace, que definitivamente había bebido mucho más de la cuenta. Le había quitado a James las guirnaldas, se las había colocado al cuello y estaba tratando de obligar a Remus a bailar una danza algo picante con ella. Su amigo, aunque sobrio, estaba también contento y más relajado que los últimos días. Trataba de sujetarla para que no cayera al suelo a la vez que estaba algo avergonzado porque su amiga se arrimaba demasiado sin darse cuenta.

Sirius se echó a reír y tuvo ganas de centrar la fiesta en eso para vengarse de Grace por no querer ayudarle con los preparativos. Pero ella era su novia, y esas reacciones eran más propias del Sirius que estaba resentido y dolido. Además, prefería conservar la opción a tener descendencia en el futuro, por lo que le dejó el problema a Remus y se colgó del hombro de James, obligándole a separarse de Lily. Este estaba perfectamente sobrio ya que Lily se negó a que bebiera más que una cerveza de mantequilla estando tan cercana su alta del hospital.

- No, en serio Jimmy. ¿Qué crees que le falta a tu cumpleaños?

James le miró algo extrañado, preguntándose si Sirius había bebido de más y estaba alucinando, pero al mirar alrededor para encontrar una respuesta irónica para su pregunta se encontró con lo que de verdad había llamado la atención de su mejor amigo. Un grupo de tres Slytherins que ambos conocían muy bien estaban paseando tranquilamente por los terrenos, algo alejados de ellos. Su característica sonrisa ladeada se empezó a formar en su cara.

- No sé. Déjame ver. Tenemos bebida, comida, borrachos de sobra, una bailarina cuasi erótica… ¿Qué más nos podría faltar? ¡Ah, ya sé! ¡Los payasos!

Sirius se echó a reír por la ocurrencia de su amigo, pero enseguida le apretó su abrazo por los hombros y señaló teatralmente al frente.

- Su último regalo, señor Potter.

Y con esto ambos comenzaron a andar decididos hacia el pequeño grupo que estaba hablando ajeno a lo que les esperaba. La mayoría de los presentes, que habían estado atentos a su conversación, les siguieron animados y deseando ver una humillación más de cualquier Slytherin. El odio a esa casa tardaría mucho tiempo en irse.

- ¡James, déjalo estar! –exclamó Lily cuando les vio las intenciones. Aun así James y Sirius continuaron caminando como si no la hubiesen oído-. ¡James! ¡Te vas a meter en un lío!

Indecisa, miró quienes se habían quedado pero eran muy pocos. Un grupo de Hufflepuff que se habían sentado en corro mientras hacían girar una botella vacía, una pareja de Ravenclaw que solo se habían acercado ante la promesa de alcohol, unas chicas de cuarto de Gryffindor que estaban demasiado entretenidas cuchicheando cosas, y Remus que sujetaba a una Grace muy borracha.

- Remus, ¿no vas a ayudarme? –preguntó la premio anual bufando-.

El aludido se encogió de hombros sin soltar la cintura de su amiga.

- Tengo que cuidar a Grace –se excusó-. Está como para dejarla suelta.

Lo cierto era que nunca había tenido fuerzas para detener a James y Sirius cuando planeaban una de las suyas, y esa vez no tenía claro que quisiera hacerlo. Lily miró a Grace y bufó al ver su caso perdido.

- Justo hoy se tenía que emborrachar. ¿Cuánto ha bebido?

- Solo un vaso –comentó Remus conteniendo la risa-. Es increíble que no aprenda. Sirius se ofreció a hacerle una mezcla de alcohol y ha metido ahí lo suficiente como para tumbar a un dragón. Pero no te preocupes que en la habitación tengo una poción que elimina los efectos.

Lily rodó los ojos y no quiso saber más del tema. Además, el grupo ya había llegado a su objetivo y habían empezado las pullas verbales. Se podía ver desde lejos.

- No la pierdas de vista –dijo al tiempo que salía corriendo. Pudo ver un gesto que hizo Remus con la mano, como diciéndole que ordenarle eso era innecesario-.

Cuando llegó hasta ellos Sirius estaba muy embravecido, pero afortunadamente James le controlaba por el momento. El primero había dado un paso hacia Avery, quien le miraba con chulería, pero su amigo le tenía sujetado por la túnica.

- ¿Qué pasa, Avery? ¿Viste lo que le hicieron a la niñata de tu casa y quieres algo parecido?

La alusión a Olivia Holland le confirmó a Lily que la cosa ya había empezado seria. Miró a los tres Slytherins que se enfrentaban al resto, pero les notó tranquilos. McNair incluso parecía encontrar todo eso divertido. Avery era el que estaba más envalentonado y Severus parecía completamente indiferente. Aunque Lily le conocía lo suficiente como para saber que no lo estaba en absoluto.

- ¿Te refieres a la cría de los Holland? –preguntó Avery como haciendo memoria-. Yo juraría que está tan tranquila en su casa. No es como si estuviera bajo una lápida, ¿no?

Evidentemente la cosa se puso muy desagradable a partir de esa alusión. Lily pudo ver a Snape tratando de bajarle los humos a su amigo, pero la gente ya estaba enardecida. James no pudo sujetar a Sirius, que fue a por Avery levantándole del cuello de la túnica.

- ¡Sirius! –gritó Lily haciéndose paso a empujones entre la gente que ya gritaba exigiendo una paliza y colocándose al lado de un Peter que estaba ya verde del mareo que tenía-. ¡Déjalo! Al final te van a expulsar. ¡Dumbledore dijo que no perdonaría estas cosas de ahora en adelante!

- Como si me importara –comentó el visceral de su amigo entre dientes-.

Si Avery estaba asustado, desde luego no lo parecía. Pero McNair sí parecía haber perdido la diversión y miraba a sus dos amigos sin saber qué hacer. Como si las palabras de Lily tuvieran el mismo efecto en ambos y a la vez, James y Snape se coordinaron para sujetar cada uno a su amigo. Al darse cuenta de la coincidencia de sus movimientos, ambos se fulminaron con la mirada. Tras varios forcejeos por fin consiguieron que Sirius soltara a su presa. Consciente de que estaba realmente con ganas de hacerles daño, James le pasó una mano por el hombro a su amigo y trató de calmar los ánimos.

- No merece la pena, hermano. Estos son demasiado puros y no somos dignos de estar en su presencia.

La alusión a la pureza de la sangre no pasó inadvertida para nadie, pero no consiguió su objetivo de hacer un chiste del juego de palabras. No había muchas ganas de reír en ese momento. Sin embargo, sí provocó una reacción en el otro grupo.

- ¿Acaso te consideras superior a nosotros, Potter? –le espetó McNair-. ¿No te enseñaron cuál es tu lugar? ¿O los aurores te sacaron demasiado pronto de tu humillación? Dicen que estabas casi muerto cuanto te rescataron. Menudo gran mago de pacotilla.

Avery se rio a carcajadas del comentario de su amigo, que también lo había encontrado gracioso. Incluso Severus se permitió una sonrisa al imaginarse al egocéntrico de James Potter por fin en su sitio. Lily, por su parte, se quedó momentáneamente estática al recordar la imagen de James en la cueva, que no tenía nada de cómica. Pero el aludido no tuvo ningún problema para reaccionar.

- Salí vivo de allí, ¿no? Supongo que vuestro jefecillo no debe llevar bien eso de perder, pero tendrá que acostumbrarse. Al final le convertiremos en excremento de thestral.

Unos cuantos gritos de sus compañeros le dieron la razón.

- Me apuesto lo que sea a que no estabas tan seguro de eso cuando estabas ante su presencia –comentó Avery con una sonrisa burlona-.

- Dejaré que te lo cuente él mismo la próxima vez que os reunáis para preparar un ataque.

Aquello no hizo nada para mejorar el ambiente, sino lo contrario. Si bien los ánimos estaban contra todos los Slytherin, los del último curso se llevaban la palma. Ninguno creía que sus compañeros estuvieran involucrados en todo y ellos no lo supieran, ni participaran tampoco. Creían que se habían librado injustamente del castigo y todos estaban de acuerdo en que la venganza debía caer sobre ellos como fuera.

Ante la situación que se estaba formando. Severus trató de modificar el rumbo de la discusión a otros en los que los presentes no les masacraran.

- Ten más humildad, Potter. Aplícate tu cuento y no te creas invencible –le aconsejó con veneno. Sin embargo el tener delante a la persona que más odiaba no le ayudaba a mantenerse calmado. Ni siquiera a él-. Recuerda que el que hayas salido vivo de allí, o no te desangrarás la primera vez, se debe más a la suerte o intervención de otros que a tu propia valía.

James soltó a Sirius, al que venía agarrando todo el rato por la túnica, y se adelantó dos pasos para acercarse a su némesis y tratar de intimidarle.

- ¿Estás retándome a demostrarte algo? –preguntó con estudiada tranquilidad-.

Severus le miró a los ojos sin reflejar temor o duda. No pensaba dejarle ganar esa vez. Estaba harto de que siempre ganara en todo. James tenía firmemente sujeta su varita, aún con la mano en su cintura. Snape tenía la mano en su bolsillo con la varita lista para defenderse.

- Ya basta –se escuchó de nuevo la voz de Lily-.

Se adelantó definitivamente a los demás y se colocó entre ambos, asegurándose que James viera que aquello no le hacía gracia. Estaba pálida y con la expresión endurecida, pero su voz sonaba firme.

- Se acabó. Ya hemos tenido suficiente diversión por un día. Cada uno por su lado.

- ¿Porque la sangre sucia lo ordena? –preguntó McNair despectivamente-.

Sin dejar tiempo a que nadie se tomara ese insulto como una ofrenda personal, Lily sacó la varita rápidamente y le colocó en el cuello del Slytherin.

- No me subestimes –le dijo con tranquilidad-. No necesito ningún tipo de ayuda para poneros en vuestros sitios a los tres. Además, siendo premio anual tengo ciertas licencias que me vendrían muy bien en este caso.

Puede que fuera un farol, pero funcionó. McNair dejó de encontrarlo divertido, y Avery y Snape compartieron una mirada de inseguridad. Los tres dieron un paso atrás para marcharse y Lily se encargó de mandar al resto de vuelta a la fiesta. A James y a Sirius tuvo ganas de dar una colleja a cada uno y llevarlos por las orejas, pero dada la ausencia de fuerza optó por agarrarles de los brazos y tirar de ellos.

- ¿Nunca podré relajarme delante de vosotros?

- Después de lo que hicieron en Hogsmeade, lo dudo –comentó Sirius irritado por haberle arruinado la pelea-.

Lily chasqueó la lengua y James fue lo suficientemente inteligente como para no abrir la boca. Como si a ella no le hubiese afectado el ataque. Como si no quisiese justicia. Como si no hubiese visto barbaridades ese día. Como si no… De repente se detuvo, frenándoles a ellos también. Una lucecita muy peligrosa se había iluminado en su cabeza. Se quedó pálida solo de pensar en ello.

- ¿Qué pasa? –preguntó James-.

- Nada –declaró más bruscamente de lo normal-. Tengo que… Ahora vuelvo.

Y salió corriendo hacia el castillo ante la atónita mirada de James y Sirius.

- ¿Crees que ha vuelto a enfadarse conmigo? –preguntó el primero, no demasiado preocupado por ello-.

Su amigo le pasó el brazo por los hombros despreocupadamente.

- Ya se le pasará –y dirigiéndose a los demás gritó-. ¡Ahora que se ha ido el circo vamos a abrir otra ronda de cervezas!

El ambiente no logró recuperarse del todo, pero sí que tuvo suficiente animación como para continuar la fiesta. Al fin y al cabo, tenían que disfrutar antes de que eso se volviera imposible.

OO—OO

Cuando se aseguró de que no le veían, Lily echó a correr hacia el grupo de Slytherins que estaba por entrar al castillo.

- ¡Severus! –gritó-. ¡Quiero hablar contigo!

El aludido se sorprendió y no era para menos. La propia Lily se había negado a dirigirle la palabra hacía dos años, y hasta entonces se había comportado como si él no existiese. El que se dirigiese a él en ese momento era un gran cambio. Incluso sus dos amigos se quedaron sorprendidos, pero él aprovechó para mandarlos lejos antes de que comenzaran a insultarla y ella decidiera irse.

Se quedó solo con ella con nerviosismo y preguntándose qué quería. ¿Tal vez disculparse por la forma de comportarse del estúpido de su novio? ¿O quizá había visto la verdad sobre este y venía a decirle que él tenía razón? Pero Lily esperó hasta que los otros dos se alejaran para agarrarle de la túnica y sacudirle con rabia.

- Dime que me lo estoy imaginando –espetó con una furia que él no comprendió-.

Conocía bien a Lily y era evidente que estaba a punto de perder el control. Siempre conseguía intimidarle cuando ponía esa mirada fría en sus ojos verdes. Se le trababan las palabras y no sabía defenderse, en general. Ser consciente de que Lily sabía manejarse muy bien con una varita en la mano, y que no dudaría en usarla si lo creía conveniente, no ayudaba en absoluto. Tomó las manos de ella para soltar su túnica y, durante el breve segundo que Lily permitió el contacto, sintió un escalofrío.

- ¿El qué? –preguntó con cautela y sin saber a qué se refería-.

- ¿Cómo sabías que James casi se desangra cuando fue herido? –preguntó muy despacio, asegurándose de captar su reacción-.

Y estuvo segura de no equivocarse cuando vio un destello de sorpresa en sus ojos antes de recomponer por completo su expresión. Severus era experto en disimular sus emociones, pero ella le conocía de sobra como para saber cuándo ocultaba algo. Y ahí había gato encerrado.

- ¿Cómo? Eso lo sabía todo el mundo –aseguró con voz segura-.

- No. Se sabía que James había estado herido de gravedad, nada más. Solo sus más íntimos sabíamos lo de la maldición que casi le desangra, y ninguno lo hemos ido comentando por ahí. ¿Cómo podías tú saberlo?

- Lo he escuchado por ahí, Lily. A alguno de tus amiguitos se le habrá escapado mientras cotilleaba.

- ¡No me mientas! –exclamó, para después respirar profundamente y bajar el tono de voz-. Ni se te ocurra tratarme como a una tonta. Sabes que no soy estúpida, y solo tengo que sumar dos más dos para encajar ese conocimiento a que se ha comprobado que varios de tus amigos estuvieron ese día en Hogsmeade ayudando en el ataque. O alguno de ellos lo hizo o lo vio, y te lo contó; o tú mismo estabas allí.

Severus levantó sus defensas en un segundo.

- Cuidado Lily. La investigación ya se hizo y a mí me declararon inocente. Superé la prueba del veritaserum, y acusarme de algo así, sin pruebas, sería muy grave.

- No necesito pruebas para ver la verdad en tus ojos –declaró la pelirroja acercándose intimidatoriamente a su ex mejor amigo, que se puso nervioso ante su cercanía pero no cambió su expresión-. Además, ambos sabemos muy bien hacer un antídoto al veritaserum. Ni siquiera es difícil si sabes lo que hay que hacer. Y te creo muy capaz de disfrutar viendo sufrir así a James… Incluso maldiciéndole tú mismo. Siempre le tuviste un odio tan visceral que seguro disfrutarías viéndole morir lentamente. Lo creo muy propio de ti.

- ¿Acaso me puedes negar que él se sentiría igual de cambiarnos las tornas? –preguntó con rabia al ver que Lily le estaba juzgando duramente y pretendía dejar a su noviecito como la víctima de todo-.

- Puedo asegurar que James no disfrutaría con la muerte de nadie –afirmó muy segura-. Tendrá muchos defectos pero no es un asesino y jamás se le ocurriría apoyar a uno. Y eso es algo que, por desgracia, hace tiempo que no puedo asegurar de ti. Estoy segura de que estuviste en Hogsmeade y que tuviste que ver con lo ocurrido a James. Y te juro que no te lo voy a perdonar en mi vida. Te dije hace tiempo que cada uno había decidido su camino, pero ahora me doy cuenta de que estos se enfrentarán algún día. Y como algo le suceda a James por tu culpa, te garantizo que no me temblará la varita contra ti.

Igual que se había acercado se alejó dos pasos, como si tuviera asco de estar cerca de él. Severus no lo entendía. Nada de lo que veía le hacía comprender su punto de vista y ya comenzaba a desesperarse por la ceguera de Lily.

- ¿Es que acaso crees que yo no tengo derecho a venganza? ¿Después de todas las humillaciones, de…?

- ¡¿Vas a compararme los intentos de asesinato con unas malditos burlas de colegio?! ¿Estás enfermo? ¿A tanto llega tu odio? –gritó Lily perdiendo los nervios-. ¡Podrán ser mil cosas y haber hecho un montón de tonterías, pero ninguno son asesinos! ¡Eso es en lo que te vas a convertir, si no lo eres ya! ¡En un asesino!

- ¡Ellos también lo serían si yo no hubiera tenido suerte! –gritó Severus perdiendo también las formas-.

Aquello descolocó a Lily, aunque no le hizo perder la rabia que tenía acumulada.

- ¿De qué hablas ahora?

- Hablo de que ellos intentaron matarme hace dos años- escupió con rabia dejando salir saliva enrabietado de entre sus dientes mientras hablaba-. Hablo de que son muy capaces de asesinar, y ya no por ideologías sino por pura diversión. Hablo de que si yo no hubiera tenido suerte ahora mismo estaría muerto.

- Si estás tratando de calumniarlos para justificarte…

- Lily, no eres estúpida. Conocías mi teoría sobre Lupin mucho antes de poner fin a nuestra amistad. Conocías mis sospechas de las actividades de ese trío las noches de luna llena. ¿Cómo iba yo a confirmar que tenemos un licántropo entre nosotros si no hubieran tratado de ofrecerme a mí como la cena?

En ese momento sí. Lily perdió el color, e incluso sintió que le temblaban las rodillas. Porque en las eternas discusiones que Severus se empañaba en tener sobre el tema siempre hablaba de teorías o sospechas. Pero estaba asegurando, afirmando. ¿Cómo podría saber con firmeza que Remus era un licántropo? ¿Cómo podía saber que los chicos le acompañaban por las noches? Durante unos segundos se quedó sin habla, tratando de asimilar esa nueva información. Y Severus aprovechó para escurrir el bulto dejando el que, esperaba, fuera la última gota que derramara el vaso entre Lily Evans y James Potter:

- ¿Realmente crees que conoces bien a tu novio? Si dudas de todo lo que te he dicho pregúntale a él. La verdad la verás en su cara…

OO—OO

Ajeno a la información tan confusa que en ese momento se cocía en la cabeza de Lily, James se dedicaba a otros menesteres más entretenidos. Tras ver como Grace perdía definitivamente la conciencia y a Sirius dejaba de hacerle gracia su broma pesada, se prestó a ayudarle a él y Remus a transportarla al castillo y darle la poción para recuperarse. Sin embargo, estos le instaron a continuar en su fiesta, que por algo se hacía en su honor.

Después le había quitado a Peter el último whisky de fuego que, sin duda, le sobraba ya al pequeño. Y como respuesta Peter había empezado una conga con unas chicas de Ravenclaw que hacía rato que no eran conscientes del mundo real y que no se habían enterado de toda la discusión con lo Slytherins. Muchos aún estaban frustrados por haber perdido la oportunidad de desquitarse con los que ellos creían que habían sido cómplices del ataque. Concretamente a ese grupo los profesores les tenían controlados y protegidos, por lo que era difícil pillarles a solas. Y para una vez que habían podido la perfecta prefecta lo estropeaba todo. Realmente James entendía la postura de Lily. Jugarse el cuello a tres meses de los EXTASIS por un grupo de desgraciados no merecía la pena. Incluso si ese grupo había participado en el ataque en el que habían muerto sus compañeros. Ya habría tiempo después de Hogwarts de ajustar cuentas…

Decidió apartarse un poco para evitar que le pidieran su opinión, y en ese momento fue cuando vio a Chase Sttebins, el capitán del equipo de Hufflepuff, apoyado en un árbol y bebiendo distraídamente una cerveza de mantequilla.

- Ey, Sttebins –le saludó acercándose-.

- Potter –se sorprendió este de verle, tras lo cual le saludó amistosamente dándole la mano-. Perdona por haberme colado en tu fiesta de cumpleaños. Los chicos y yo fuimos a volar un rato, y los demás nos dijeron que había una buena celebración aquí, así que decidimos unirnos. Por cierto, felicidades.

- Gracias –respondió James con una sonrisa siempre que hacía un gesto despreocupado con la mano-. Apuntaos sin problemas, la fiesta era para todo el que estuviera cerca y no se arrastrara por el suelo.

Ambos se rieron ante la alusión a los Slytherins. Lo cierto era que la fiesta había ido ganando afines a lo largo de la tarde, y por parte de las tres casas sobrantes. Los únicos que estaban vetados sin necesidad de decirlo eran los de la casa de las serpientes.

- La verdad es que os lo habéis montado muy bien –concedió Sttebins elevando su botella y señalando los adornos, la comida y las bebidas repartidas por doquier-. Siempre había oído que montabais en Gryffindor unas fiestas estupendas, pero ahora puedo confirmarlo.

- Vosotros también sabéis organizar algo bueno –reconoció James viendo que el grupo de los huffies seguía ensimismado en su juego de la botella giradora y amor libre-. Por cierto, llevo toda la tarde con curiosidad. ¿En qué consiste ese juego?

Chase se echó a reír divertido mientras daba otro gran trago a su cerveza.

- En realidad el juego es entretenido. Según Lisa es muy común entre los muggles y se llama 'La botella'; y consiste en girar un, y a la persona que apunte el morro tendrás que besarla. Me pareció genial cuando me tocó besar a Xinna y a Theresa, pero cuando me toco Kyle fingí una tos horrible y me he escaqueado.

James se echó a reír al imaginarse esa situación. Él habría hecho lo mismo si le hubiera pasado eso. Los dos volvieron a reírse con fuerza cuando dos de sus compañeros tuvieron que darse un apresurado y asqueado beso ante la insistencia de sus compañeras.

- Me alegro que te hayas pasado por la fiesta –dijo James dirigiendo al chico algo lejos del espectáculo para captar su atención-. Hace unos días tuve una idea y quería comentarlo contigo.

- ¿Conmigo? –preguntó el tejón extrañado-.

- Sí, verás. Está un poco relacionado con la cancelación de la liga. En realidad lo entiendo aunque no lo comparta. Lo hacen por respeto a las víctimas, y eso está bien, aunque no sé hasta qué punto puede ser bueno meter a la gente en un duelo tan estricto. Parece como si trataran de castigarnos a nosotros por lo ocurrido, cuando no somos más que las víctimas.

Chase asintió con la cabeza.

- Lo sé, es lo mismo que yo pensé. Pero lo hablé con Sprout y no hay nada que hacer. La decisión es firme.

- Lo sé, McGonagall me echó la bronca con eso. Por eso yo he tenido una idea para algo distinto. Sería realizar una especia de mini liga, como un torneo o algo así, y mezclarnos los jugadores de las tres casas. Sería para homenajear a las víctimas y, por otro lado, demostrar la unidad entre las casas frente a la locura que está pasando allá fuera.

Chase pareció sorprendido pero encantado con la idea.

- La verdad es que es fantástico. Un homenaje sincero por parte de los compañeros. Tendríamos sin duda que mezclarnos, porque tú has perdido una jugadora y dos de los míos no están para jugar en los próximos meses. Pero eso daría más imagen de unidad, y eso les encantaría a los profesores.

- ¿Y qué mejor manera de despedir a amigos como Sadie, que era una jugadora nata? Creo que sería sencillo y desde el corazón.

- Estoy de acuerdo –declaró Sttebins con una amplia sonrisa-. Cuenta conmigo para lo que quieras. Si necesitas apoyo para presentarle la idea a Dumbledore solo tienes que decírmelo.

- En realidad, sí que me puedes ayudar. Tú ya sabes que no tengo precisamente un buen trato con Rumsfelt –Chase asintió. Todos los del curso sabían de la rivalidad entre James y Derek. Él nunca había tenido ese problema porque no disfrutaba con los enfrentamientos y porque tampoco despertaba las envidias del modo en que lo hacían sus compañeros-. Quizá si podrías plantearle tú la idea sería mejor. Dumbledore podría estar más dispuesto a respaldarnos si vamos los tres capitanes a proponerlo como un equipo.

Evidentemente, Chase no tuvo ningún reparo en ser él quien hablara con Derek. Se llevaba con él tan bien como con James, con buen rollo pero sin llegar a ser amigos. Era fácil usarle como puente para las negociaciones. Si quieres convencer a alguien lo mejor es utilizar siempre a un Hufflepuff; son amables, pacientes y comprensivos. James lo sabía, y a Chase no le importaba estar en medio de la tempestad siempre y cuando pudieran conseguir realizar una idea tan buena como esa.

- Sin ningún problema –respondió-. Yo hablaré con Rumsfelt y le convenceré. Por cierto, ¿sabes qué estaría bien? Que convencieras a Black para que hiciera las veces de comentarista también en este caso. Las retransmisiones no son las mismas las pocas veces que le tocan a otro.

A James se le nubló un poco la cara al llegar a ese tema.

- Sí –murmuró pensativo-. El caso es que no sé hasta qué punto le apetecería algo así. Sería para homenajear a las víctimas, y él aún tiene muy reciente lo de Kate aunque actúe tan alegremente.

Chase asintió solemnemente.

- ¿Ha sido un palo, no? –dijo suspirando-. Yo puedo dar gracias porque mis hermanos y mis amigos están todos bien, pero no puedo imaginar lo que debe ser perder a alguien tan cercano.

- Bueno, por ellos hacemos esto, ¿no crees? –comentó James haciendo un gesto amargo con la boca-.

Sttebins le sonrió y le palmeó la espalda por toda respuesta.

OO—OO

Ninguno notó la falta de un compañero en especial en esa fiesta de cumpleaños. Por supuesto que Jeff había sido invitado, y estaba claro que quería asistir y pasar un rato con unos compañeros que le habían hecho un hueco en su grupo y no le habían dejado solo cuando su hermana murió. Pero la lechuza que recibió a la hora de la comida cambió sus planes. Llevaba demasiados días tratando de reunirse con Dumbledore para desaprovechar la oportunidad ahora que él le citaba en su despacho a las tres y media.

Por lo tanto allí estaba, incómodo, nervioso e inseguro. Dumbledore le había cedido un asiento y le había dejado solo un momento para atender unos asuntos de última hora antes de poder hablar con él. Cuando volvió, el director posó su mirada penetrante sobre él y se sentó en su asiento.

- Lamento muchísimo haberte hecho esperar tantos días, Jeff. Estos días me he visto muy reclamado y me ha costado encontrarte un hueco. Por supuesto, tendrías que saber que si hubiera habido algún cambio en el caso de tu padre yo te habría informado. De momento el juicio está programado para dentro de dos meses, pero yo le he aconsejado que permanezca escondido hasta saber qué conclusiones sacará el tribunal.

- Eso está bien profesor, pero ya me lo había contado mi madre por escrito. Yo venía a hablarle de otra cosa –comentó el muchacho nervioso, agitándose en su silla y removiendo sus manos-.

Eso sin duda descolocó a Dumbledore, quien creía estar muy seguro del tema que quería tratar el joven germano.

- ¿Entonces? ¿Quieres hablar de tu hermana? ¿Sobre las sesiones psicológicas, tal vez? Ya sabes que, al ser familiar directo de una fallecida, estás obligado a ir.

Jeff meneó la cabeza.

- No señor, tampoco era por Sadie. Aunque reconozco que esas sesiones no son mi mayor ilusión en este momento.

El anciano director podía decir que esa era una de las veces en que la situación le tomaba por sorpresa. Con curiosidad se inclinó hacia adelante y llevó una de sus manos a su barbilla, en posición pensativa.

- Entonces tú dirás.

Jeff se puso más incómodo aún al no saber expresar lo que quería decir. Se removió más en su asiento y empezó varias veces una frase que nunca terminó.

- Veo que es un tema incómodo –comentó Dumbledore frunciendo el ceño. Alargó la mano, tomando un tarro de caramelos y se lo ofreció al chico que lo rechazó-. Habla sin miedo, hijo.

El joven asintió e inspiró hondo.

- Se trata de James Potter.

Dumbledore se irguió al instante.

- ¿Le ocurre algo?

- ¡No! –exclamó Jeff atropelladamente-. No, no. Él está bien. Ahora están en los jardines celebrando su cumpleaños –Dumbledore asintió, volviendo a recostarse en su sillón pero con el ceño aún fruncido-. Es un poco más complicado. Usted conoce mi habilidad, ¿no?

- ¿Te refieres a tus visiones? Sí, una habilidad extraordinaria. Muchos de los que presumen de ser adivinos matarían por un don como el tuyo.

Jeff asintió, incómodo de haber oído demasiadas veces esas palabras.

- Verá. Hace unos meses tuve una visión sobre James. Sobre su muerte.

Si había alguna cosa revoloteando por la cabeza del director mientras hablaba con él se esfumó al instante. De repente ese tema adquirió completo interés para el anciano, al que le dedicó sus cinco sentidos.

- Explícate mejor.

- Ya sabe que mis visiones no salen de la nada. algo debe ocurrir para provocarlas, un gesto, una palabra, un dejavu, algo… Ese día mi hermana y Rachel Perkins estaban peleándose y James se metió en medio para separarlas. El gesto que hizo me trajo una visión del futuro. En el momento de su muerte, si el destino no cambia, él hará el mismo gesto. Tratará de proteger a alguien y será asesinado por ello.

El rostro de Dumbledore estaba completamente ensombrecido.

- Relátame con todo tipo de detalles esa visión.

Jeff lo hizo. Le contó sobre las escaleras que vislumbró a espaldas de James, su posición exacta, la ausencia de varita, el rayo verde… Había durado apenas dos segundos, por lo que no recordaba del todo su aspecto o su vestimenta. Pero hasta el punto en que pudo fue lo más específico posible. Dumbledore se quedó pensativo unos minutos, observando un punto invisible en la pared. Jeff guardó un silencio respetuoso hasta que el anciano volvió al presente y se enderezó.

- ¿Por qué me lo cuentas ahora? Has dicho que tuviste la visión hace meses.

- Bueno… Al principio me callé todo por las razones obvias. La última vez que traté de cambiar una visión la vida de mi familia se arruinó, y realmente no impedimos nada. Pero lo cierto es que cuando James desapareció me sentí muy culpable. Creí sinceramente que moriría, y que yo habría podido impedirlo de haber hablado. El día que Sirius, Peter, Remus y Lily fueron a buscarle se lo confesé a Gisele y Grace, temiendo haberles llevado a la muerte también a ellos por no haberles prevenido. Pero esa misma tarde volvieron, y James estaba bien, a salvo. Era extraño. Creí que mi visión se había alterado ante la presencia de ellos, que James habría muerto en una realidad alternativa y ellos lo habían impedido. Pero cuando Lily me preguntó cómo era exactamente mi visión comprendí que no se referían a ese momento.

- ¿Se lo contaste a ellos?

- No –confesó Jeff avergonzado-. Lily se veía tan asustada, tan esperanzada de que las imágenes coincidieran… No me sentí con fuerzas para decírselo sin antes haber hablado con usted. Pensé que usted podría ayudarme a decidir qué es lo mejor para ellos. Saberlo o no.

De nuevo Dumbledore se perdió en sus pensamientos, pero esa vez la pausa fue mucho más corta. Ya tenía su decisión desde que había oído hablar de esa visión.

- No creo que sea buena idea. Conozco a la señorita Evans, se volvería absolutamente paranoica. Y podría ser fatal para James. Es un joven muy fuerte y ha encajado muy bien todo lo sucedido. Pero no es de piedra, y la perspectiva a saber detalles de su muerte pero no conocer el día ni el lugar le volverían medio loco. Perdería la serenidad cada vez que aparecieran unas escaleras a sus espaldas (y me temo que en Hogwarts tenemos muchas). Por no hablar del detalle de la varita. Tengo que investigar bien en qué situación James podría encontrarse con el peligro estando desarmado. Sin duda en un ámbito que considere de confianza. Y hasta que no estudie más el asunto creo que es preferible que esto quede entre nosotros.

- Pero… ¿y si ocurre algo? –pregunto Jeff inseguro-.

- Tengo pensado no perder de vista a James en bastante tiempo –comentó Dumbledore dejando salir una sonrisa por primera vez en la conversación, aunque el chico ignoraba qué podría llevarle a sonreír-. No te preocupes, le mantendré vigilado. Vigilado y a salvo en cuanto esté en mi mano. Ya sabes que el destino es algo muy delicado y debemos ser cuidadosos con él. Jugar con él podría desentrañar más desgracias que las que pensamos evitar. Por eso debemos andar con pies de plomo en este tema. Pero deja el asunto en mis manos. No te preocupes.

OO—OO

Como ocurría con el Ministerio, solo que triplicado al cubo, la Orden se encontraba en una tranquilidad expectante. Eran conscientes de que si Voldemort y sus secuaces estaban desaparecidos era porque estaban preparando algo grande. Al contrario que los estudios oficiales, ellos podían saber a qué venía esa aparente calma. Él tenía planes y los planes involucraban a las cajas elementales. Pero con estas en el poder de Dumbledore y próximas a ser destruidas, Voldemort debía cambiar de estrategia. Y sin duda lo estaba haciendo. La frustración de los miembros de la Orden era no poder anticiparse a esos movimientos.

A los sospechosos de ser mortífagos los tenían controlados de cerca, pero no habían hecho ningún movimiento extraño en las últimas semanas. Al menos que ellos pudieran captar. Incluso se habían atrevido a usar un par de pelos del mechón que Alice le arrancó a Bellatrix, pero uno solo les había llevado a un monte que desierto al que la mortífaga solo debió acudir de paso, y otro a la Mansión Malfoy. Aunque no podían por eso dar por hecho nada. Malfoy estaba casado con la hermana pequeña de Bellatrix, por lo que la visita podría deberse a un extraño pero no imposible afecto filial entre ambas. El primer caso, por lo menos, sí que consiguieron que no fuera en balde. Tras muchas investigaciones Dorcas había logrado averiguar que ese monte desierto había sido una colonia de vampiros apenas dos semanas antes. Eso les confirmó que Voldemort estaba reuniendo un ejército de criaturas, aunque no podían informar al Ministerio porque tendrían que dar demasiadas explicaciones que serían puestas en duda.

En el Ministerio estaba en ese momento Alice. Pese a que ese día no le tocaba trabajar, se negó a marcharse a su casa o a la de sus suegros (como le había sugerido Frank). Él sí tenía turno, y además esos días estaba muy ufano porque ella por una vez tuviera menos peso en el departamento que él. Y Alice estaba enfadada por ello, no le importaba admitirlo. Desde que fueron contratados ella siempre había tenido más libertad en su trabajo y Moddy se fiaba más de sus intuiciones. Pese a que Frank había obtenido mejores notas y más recomendaciones por parte de los profesores, el jefe de los aurores confiaba más en ella y en sus instintos natos, como él los había llamado una vez. Pero había desobedecido una orden (a pesar de haber salvado la situación) y era castigada, mientras que su marido se convencía de que por una vez se premiaban las normas y la corrección. En el fondo siempre sería un prefecto…

Y ahí estaba ella. Un domingo por la tarde paseándose sin rumbo por un Ministerio casi vacío. La mayoría de los despachos estaban vacíos y cerrados, pero de vez en cuando encontraba una oficina iluminada en un pasillo de sombras. Estaba perdida en sus pensamientos, dejándose llevar por sus pies, cuando se detuvo de golpe al observar una figura conocida a un par de metros de ella.

- ¿A quién tenemos aquí? Ni más ni menos que a la señora Longbottom –dijo Lucius Malfoy con petulancia-.

Alice compuso una sonrisa irónica, más que acostumbrada a esos intercambios de piques a los que ambos se dedicaban desde que estaban en el colegio.

- Malfoy, ¿en el Ministerio un domingo? Te hacía… ¿qué hace la gente de tu clase los fines de semana?

- Reuniones sociales –respondió Lucius falsamente solícito-. Y eso hago. He venido a hacer una visita a mi buen amigo, Cornelius Fudge. Me figuro que le conocerás, es el subsecretario del Departamento de Catástrofes Mágicas.

- Sé quién es –comentó Alice entre dientes-.

Conocía demasiado bien a ese mago de escaso carisma y aires de grandeza. Había hecho carrera en el Ministerio de Magia lamiendo culos, sin más habilidades ni recomendaciones. Frank le había dicho que estaba seguro de que Fudge tenía sus miras puestas en el puesto de Ministro, una vez Bagnold se jubilara. Alice rezaba porque aquello no se cumpliera nunca. Aunque tampoco fuera de su total simpatía, prefería a alguien íntegro e incorruptible como Bartemius Crouch para el puesto. Afortunadamente este tenía todas las papeletas. Si algún día Cornelius Fudge llegaba a Ministro de Magia sería una fecha negra en la historia de la magia.

- Hemos tomado una agradable taza de té mientras me informaba de los últimos acontecimientos –se pavoneó Malfoy-. Una tristeza lo que está ocurriendo estos días. Particularmente lo sucedido en Hogwarts. Una auténtica masacre. Tan jóvenes…

"Maldito cínico de mierda", pensó Alice con furia. Y pensar que, a pesar de tener siempre la sospecha en la nuca, jamás habían podido encontrar pruebas que le relacionaran con Voldemort o los mortífagos…

- ¿Y por qué cree Fudge que debe ponerte al día con los últimos acontecimientos? –preguntó tratando de recomponer su sonrisa irónica de siempre-.

Lucius fingió sorprenderse, aunque en sus ojos se veía diversión.

- ¿No lo sabes? Dono muchísimo dinero a las campañas del Ministerio. Mi familia es una de las más poderosas de este país, y soy uno de los más interesados en que se mantenga en paz y a salvo. Por supuesto seguiré financiando todas sus acciones legítimas. Y más cuando cuentan con magos tan cualificados como tú, Alice.

No pudo evitar que se le erizara la piel de la espalda ante el modo en que pronunció su nombre. Lucius Malfoy siempre conseguía ponerle la piel de gallina.

- Gracias, Lucius –respondió fingiendo que valoraba un piropo que ambos sabían que no era tal-. Ya veo que tú siempre sabes rodearte muy bien para estar bien situado.

Malfoy sonrió enigmático y se adelantó un paso hasta Alice.

- Yo siempre sé qué aliados escoger. Elijo con muchísimo cuidado y no suelo equivocarme. Me temo que tú no puedes decir eso –comentó con un exagerado puchero-. Pero debo irme ya. Siempre lamento dejar una conversación tan interesante como las que siempre me ofreces, Alice. Pero mi esposa me espera para seguir realizando visitas sociales. Diviértete en tu departamento.

Era una provocación en toda regla, igual que lo era rozarle la cintura con los dedos mientras pasaba a su lado. Pero no pensaba caer en su juego. Por desgracia Lucius le conocía perfectamente y sabía cómo sacarle de sus casillas. Igual que sabía lo mucho que odiaba que le tocaran y la repugnancia que sentía hacia él. Pero al menos se había podido demostrar a sí misma que había madurado y ya no caía en sus provocaciones en cuanto él quería.

Roja de rabia y tragándose mil insultos en absoluto bonitos siguió su camino mientras seguía sintiendo los músculos duros como las piedras. Le costó un poco comprender a qué venía ese último comentario, pero de pronto recordó algo que podría tener que ver con lo que Malfoy hablaba.


18 de noviembre de 1970.

Una Alice de quince años iba caminando dando pisotones furiosos camino a la biblioteca. Su aspecto era algo distinto al que lucía de adulta. Si bien ella jamás se había caracterizado por ser guapa, la adolescencia no le había ayudado en absoluto durante esos años. Estaba algo subida de kilos, lucía granos por toda la cara y su pelo era ingobernable, ni liso ni rizado sino simplemente fosco. Cierto era que ese corte tampoco le favorecía, pero Alice estaba demasiado frustrada con el mundo como para conseguir averiguar qué estilo le quedaba bien.

Nunca había sido popular, ni tampoco destacaba en los estudios de una forma especial. Sin embargo sí podía presumir de tener buenos amigos. No demasiados, pero los suficientes. El problema en ese momento era el mejor de ellos, el que no le fallaba nunca y del que estaba secretamente (a voces) enamorada. Si bien ya se había hecho a la idea de que un chico como Frank no se iba a fijar en ella, verle con otra chica tampoco era plato de buen gusto. Pero él, rubio, alto, de cuerpo aceptable además de una sonrisa contagiosa, sí era muy popular entre los alumnos. Ser el primero de su promoción y recién nombrado prefecto ese año le había hecho aún más conocido entre sus compañeros. Y Laura Masen, la estúpida prefecta de Ravenclaw que se alisaba el pelo con una poción especial, se había fijado en él. Y claro, Frank también se había fijado en ella. Salían juntos desde hacía dos semanas y ese día Frank había llevado a su "novia" a que conociera la sala común de Gryffindor. Sus amigas, quienes sabían de su enamoramiento (porque evidentemente solo Frank era ignorante de eso), la habían mirado con tristeza y parecían dispuestas a consolarla en cuanto Frank y Laura salieron de la habitación.

Pero ella se había ido antes. No pensaba sufrir la lástima de nadie. El tener un amor no correspondido era muy común en la adolescencia y endurecía el carácter. Estaba segura de que a la larga le vendría muy bien haber vivido un desengaño típico tan joven, porque así estaría más preparada en su vida adulta. Práctica. Ella era así. No era muy cerebral pero sí sabía adaptarse a las circunstancias. Además, era optimista por naturaleza por lo que enseguida encontró el lado bueno a la situación. No sería correspondida pero sí podría sacar una provechosa lección de todo aquello.

Evidentemente en ese momento estaba demasiado sensible o enfadada (¡porque Fran estaba CIEGO!) para tomar en práctica esas ideas. Pero repetírselas a sí misma estaba ayudando mucho. Giró a la izquierda por el pasadizo con el que atajaba hacia la biblioteca cuando lo vio: Lucius Malfoy, una de las personas que más odiaba en el mundo. Había sido su castigador durante sus primeros años de escuela, o lo habría sido si Frank no hubiese sido un eterno protector. Pero tampoco podía decir que ella fuera de quedarse quieta y calladita cuando se metía con ella. Así que cuando le vio empotrando contra la pared a un chico bajito y gordito mientras se reía de él, no dudó un instante en liberar sus frustraciones contra él.

- ¿Qué te crees que estás haciendo, Malfoy? –preguntó avanzando a zancadas hacia ellos-.

Lucius se giró moviendo su rubia melena y fulminándole con sus ojos azules tan claros como el hielo. Podría resultar atractivo si no tuviese el alma podrida y eso se percibiera en su mirada. Algo en sus ojos le provocaba escalofríos y repugnancia. Sin embargo, Alice no se vino abajo.

- Mira, aquí viene la entrometida de Winters. Siempre apareces cuando me estoy divirtiendo. ¿Acaso me sigues? Si no supiera que babeas por Longbottom, creería que estás enamorada de mí –y, dirigiéndose al chico que estaba agachado intentando cubrirse de posibles hechizos, le dijo-. Esa es otra perdedora, igual que tú, Divon.

En ese momento Alice reconoció a la víctima. Ethan Divon, un Hufflepuff muy callado de su curso. Era un tipo rarito e introvertido, y más desde que el año anterior sus padres murieran y le dejaran solo a cargo de su hermana mayor. Nunca había hablado mucho con él pero sin duda le prefería antes que a Malfoy. Cualquiera le caía mejor que este. Se volvió hacia su oponente y se mantuvo firme.

- Déjalo en paz –le ordenó fulminándole con la mirada-.

- ¿O qué harás, Winters? No veo que tengas cerca al príncipe encantador para que te ayude –observó con retintín-.

- Ni falta que me hace contra ti –bufó Alice sacando su varita y poniéndose a la defensiva-.

Malfoy observó el gesto apreciativamente mostrándose divertido, aunque cauto. Tampoco era tonto y conocía cómo se las gastaba Alice Winters con la defensa.

- Solo estaba divirtiéndome un poco con este gusano. Aunque si quieres te lo dejo a ti. Será de los pocos chicos que pueda mirarte apreciativamente y no sentir asqueo.

Alice hizo un rápido giro de muñeca y el rayo azul le pasó a Malfoy a dos centímetros de la cara y se estrelló contra la pared.

- He fallado a propósito. Si no quieres que la próxima vez apunte bien, lárgate.

Malfoy consideró la propuesta unos segundos y después se encogió de hombros como si el tema no le interesara en absoluto.

- Sois los dos tan patéticos que ni siquiera merece la pena perder el tiempo con vosotros.

Le dio a Divon una patada en la espinilla y se giró para marcharse por el pasadizo que había usado Alice. Esta se acercó a su compañero y le tendió una mano para ayudarle a levantarse.

- ¿Estás bien? –le preguntó Alice y él asintió con la cabeza, frotándose la pierna-.

- Por cierto, Winters –comentó Malfoy cuando iba a perderse por la esquina-. Yo que tú cuidaría más con quien trabo amistad. Un mal aliado te podría perjudicar mucho en tu vida.

Y se perdió por el pasillo ondeando su capa tétricamente. Alice sintió un escalofrío y se dio cuenta de que Ethan había hecho el mismo gesto.

- Le odio –murmuró el muchacho mirando con furia el lugar por el que había desaparecido-.

- ¡Pues no permitas que se meta contigo de esa forma! ¡Defiéndete! –exclamó Alice-.

- Qué fácil decirlo… A él se le dan mucha mejor los duelos que a mí. Yo soy más cerebral. Trato de evitar quedarme a solas con él, pero hoy me ha tomado de improviso mientras salía de la biblioteca.

Alice hizo una mueca disconforme. Ella enfrentaría las cosas más directamente, a las bravas. Jamás le había dejado a Malfoy que se metiera con ella sin darle una buena contestación. Claro que ella era muy impulsiva. Ethan, como Hufflepuff que era, trataba siempre de encontrar una solución pacífica a un conflicto. Y era cierto que no se le daban bien los duelos y era muy cerebral. La teoría de defensa la bordaba, al igual que encantamientos, transformaciones o pociones, pero la práctica de los duelos se le atragantaba. Era uno de los alumnos más inteligentes de su curso, pero también era un pardillo que no sabía defenderse a sí mismo.

- Te acompaño a tu sala común –le dijo Alice con un suspiro-.


Alice bufó en voz baja al recordar aquella escena ya perdida en el tiempo. Cierto, había tenido errores al escoger aliados. Ethan Divon había sido un grandísimo error. Pero el propio Dumbledore había cometido el mismo fallo. Aunque eso no servía de consuelo. Le había juzgado mal, le había subestimado. Malfoy había tenido razón esa tarde, no era más que un asqueroso gusano. Y mira que odiaba darle la razón a Malfoy aunque fuera en un tema así…

OO-oOo-OO

¡Y hasta aqui puedo leer! ¿Qué os ha parecido? ¿Poca acción? Estoy cerrando tramas y abriendo otras tantas para preparar la segunda parte, de ahí que todo parece abrirse y cerrarse. En resumen: Tenemos a Gisele viviendo sola y enfrentándose al mundo real -yo quiero ser así de valiente :(-. James ha vuelto, y sigue siendo él aunque algo más consecuente. De todas formas ya habréis notado que él tiene planes para después de Hogwarts. No es que no piense en venganza si no que sabe esperar. Es nuestro James, a fin de cuentas... ¡Otra gran noticia! ¡Reaparició Rachel! Por poco, pero ha despertado. En el siguiente capítulo deberá enfrentarse a su primera luna llena. ¿Se curará su herida a tiempo? ¿Cómo lo vivirá Remus desde la distancia? ¡Y Lily! ¿Cómo reaccionará a lo que le ha dicho Severus? Y el homenaje que ha ideado Jame, ¿creéis que saldrá bien? Veis que lo que viene es fuerte. Espero no perderme al escribirlo, sé que suena egoísta pero los reviews me ayudan a ser feliz jeje.

PD: Perdón si la última escena no venía mucho a cuento con el resto de la historia (aunque está encajada en ella). Adoro a Alice, no es un secreto, y moría por mostrar algo de ella en Hogwarts. Ahí se ve algo más de Neville en ella, ¿no creéis? Soy de la opinión de que Neville se parecía más a su madre que a su padre. Algún día contaré mi versión de Alice&Frank jejeje. Por cierto, tiene enfrentamientos con Bellatrix, también con Lucius... Esta chica es conflictiva jeje. No, es que mi Alice no tiene pelos en la lengua jeje. De todas forams quería destacar la diferencia entre Bellatrix y Lucius. La primera es más impulsiva y malhablada y el segundo es más elegante e irónico. Soy más de Lucius, lo reconozco. Prefiero enfrentarme a personas con un mínimo de inteligencia y no con obcecación sin cerebro jeje.

Bueno, hasta aqui hemos llegado. Nos leémos en el próximo. Estoy pensando y en el título, ¿qué os parece "Homenajes y lunas llenas"? ¿Trillado? :S Estoy indecisa jeje.

"TRAVESURA REALIZADA".

Eva.