El silencio sepulcral que había en la sala se rompió cuando Hermione oyó un fuerte estruendo a sus espaldas.

-¿Ronald? – dijo extrañada al ver al chico tirado en el suelo.

-Mierda… - murmuró Ron levantándose.

-¿Te has hecho daño?

-No, sólo ha sido un tropezón tonto…

-¿Qué llevas ahí? – preguntó Hermione señalando la mano que el chico ocultaba en la espalda.

-Y-yo… Hermione… - sacó la mano y dejó ver un par de margaritas marchitas – quería decirte que… bueno… te quiero.

Los apuntes resbalaron de las manos de la chica.

-S-sé que no es un ramo de flores… yo… lo siento, es lo único que he podido conseguir… quería darte una sorpresa, pero me he tropezado y…

Hermione se levantó corriendo del sillón y besó al pelirrojo.

-Esto es todavía más perfecto de lo que yo habría podido imaginarme jamás. Yo también te quiero.

-Buf, es un gran alivio saberlo – dijo Ron respirando hondamente -. ¿Te imaginas el ridículo si después de darte margaritas marchitas y caerme me llegas a decir que no? – bromeó.

La chica rió.

A la mañana siguiente, Hermione ya se lo había contado a medio colegio.

-…Y entonces me dijo que me quería – le contaba a Susan Bones.

- Eso ya me lo contaste hace un par de meses. Hija, parece que se te declaró ayer o algo…

Hermione se sonrojó.

En ese momento Ron la sorprendió por detrás rodeándola con los brazos.

-La vida es maravillosa, ¿no crees? – dijo ella.

-No, antes era maravillosa. Ahora es perfecta.