Otro experimento, esta vez oneshot y de un fandom prácticamente desconocido. Para los aficionados al terror, hay una serie de TV buenísima, aunque poco difundida: Masters of Horror, en español Maestros del Horror, cuya primera temporada se ha emitido recientemente en España en Cuatro. Es una serie parecida a Pesadillas de Stephen King, yo diría que casi mejor (sólo el opening ya da escalofríos). Son capítulos autoconclusivos, cada uno dirigido por un director diferente y basada en relatos de diversos autores.

Los hay mejores y peores, pero uno de mis favoritos es el 9º de la 1ª temporada, llamado en inglés "Fair Haired Child" y en español "En el sótano". Es la historia de una chica a la que secuestran y encierran en el sótano de una gran mansión, donde tendrá que luchar por su vida contra… No, no os cuento más que os estropearía tanto el episodio como el fic.

Si os apetece, os recomiendo que os bajéis ese episodio porque es alucinante (te mantiene en vilo durante todo el tiempo); pero si no queréis, no es imprescindible para comprender esta historia. Es más, para quienes no lo hayan visto habrá más intriga y sorpresas.

Esta historia fue concebida como un oneshot (y de hecho, está escrita entera), pero como es larguita la he dividido en 4 partes para que la poca gente que la lea, encima de que la lee, que no se canse… XD Subiré los siguientes capítulos semanalmente, si me lo permiten primero el trabajo y luego las vacaciones. En fin, espero que os guste.

Disclaimer: Masters of Horror, sus historias, personajes y todo lo relativo a cada uno de los episodios, pertenecen a sus respectivos creadores: su director Mick Garris y los productores Lisa Richardson y Tom Rowe, y los respectivos guionistas y directores de cada episodio (éste en concreto está dirigido por William Malone). Este fic está escrito con propósitos no lucrativos sino de entretenimiento y no pretende violar el copyright ni ningún otro derecho legal de los creadores y propietarios de la serie.

Este disclaimer vale para todos los capítulos.


Después del sótano

Capítulo 1

Me llamo Tara. O eso creo. Mi memoria está un poco confusa y apenas recuerdo unos pocos borrosos retazos de mi vida antes de estar aquí.

Vivo en una gran mansión a orillas de un lago. Es una casa magnífica, enorme y señorial, de estilo victoriano con cierto toque moderno, con tres plantas y un enorme sótano. Fuera, unos cuidados jardines se extienden más allá de lo que la vista puede alcanzar.

No sé realmente dónde estoy, en qué ciudad o incluso en qué estado me encuentro; pero tampoco me importa mucho. No hay televisión, ni radio, ni ordenadores, ni nada que me conecte al exterior. Las únicas cosas que demuestran que estamos en el siglo XXI son la luz eléctrica, el agua corriente, un teléfono desvencijado que casi nunca funciona y un tocadiscos de vinilo. Aunque estas dos últimas cosas son más bien del siglo pasado, la verdad. Esto está totalmente aislado.

Nunca voy a ningún sitio. Cuando salgo de la mansión, es para pasear por los hermosos jardines o por la orilla del lago. Prácticamente no recuerdo otro lugar que esta casa. No hablo con nadie aparte de Johnny. Por lo que a mí respecta, él y yo podríamos ser perfectamente los dos únicos seres humanos sobre la Tierra y nada cambiaría.

Johnny es el otro habitante de la casa. Es mi mejor amigo, mi único amigo. La única persona que recuerdo con claridad, y que he visto desde que vivo en la casa.

Recuerdo la primera vez que le vi, aunque él suele afirmar con una extraña sonrisa que no fue la primera. Pero es la primera que recuerdo. Me desperté en una cama desconocida, sin recordar nada; mi memoria era como un lienzo en blanco. Estaba en una habitación que tampoco me resultaba familiar, pero que era enorme, acogedora y muy luminosa, porque tenía unos grandes ventanales que dejaban entrar la luz del sol. Al incorporarme, vi un jarrón con un precioso ramo de flores en la mesilla de la derecha de la cama, y al lado, una nota escrita a mano con una letra que no conocía: "Te espero en la sala de música".

Me levanté, algo aturdida y desconcertada por aquella nota, y salí de la habitación. Caminando descalza sobre el entarimado de madera, fui recorriendo los amplios pasillos de la mansión por primera vez hasta que encontré la sala de música. Al verla tuve una momentánea sensación de dejà vu, pero se me pasó enseguida. Me quedé contemplando los magníficos jardines a través de los ventanales, y alguien llamó mi atención tocando mi hombro. Me volví y era él.

Me sonrió y me saludó como si me conociese de toda la vida, aunque yo nunca lo había visto, o tal vez mi memoria me volvió a jugar una mala pasada. Nunca lo supe. Me dijo que me habían ocurrido muchas cosas, pero que a partir de ese momento él cuidaría de mí. Me tomó de la mano y se ofreció a enseñarme el lago. Así empezó todo.

Johnny es muy guapo. Es alto, delgado pero no demasiado; tiene la piel muy clara, los ojos azules y unos ensortijados rizos rubios. Tal vez su rostro sea algo infantil, pero en conjunto parece perfecto: desde que lo conozco, jamás ha tenido acné, ni le ha salido nunca esa sombra velluda que aparece en las mejillas y barbilla de otros chicos. En parte, parecemos hermanos, ya que yo tengo la piel casi tan pálida como la suya, y mis cabellos también son rubios y mis ojos azules. Pero alguna vez que se lo he sugerido se ha reído y ha negado con la cabeza. "Tenemos mucho en común, Tara…", me respondía; "Pero no, no somos hermanos".

Yo no dije nada, pero por dentro me sentí aliviada. Y es que Johnny es tan guapo y tan amable conmigo que muchas veces me encuentro teniendo pensamientos sobre él que de ningún modo serían correctos si él fuera mi hermano. Johnny es todo lo que tengo y viceversa. A veces pienso en nosotros como unos nuevos Adán y Eva dentro de esa enorme mansión, y de esos jardines que hacen las veces de paraíso terrenal.

Somos felices. Aunque estemos aislados y no tengamos tele, ni Internet, ni todos esos aparatos a los que están acostumbrados los chicos de nuestra edad, no nos aburrimos. Nos encanta hablar, solemos conversar sobre casi cualquier tema y nos lo contamos todo. La única dificultad es mi limitada memoria, que a veces me impide poder expresarme o tener conocimientos de partida de las cosas. Pero no importa, porque Johnny sabe cosas por los dos. Él es muy inteligente. Sabe mucho de todo, pero lo que más le gusta es la Filosofía, porque era la materia favorita de su padre y, cuando vivía, le contaba muchas cosas sobre el tema y le hablaba de los filósofos.

Los padres de Johnny están muertos. No sé si murieron hace mucho o no, porque a Johnny no le gusta hablar de ello. Ambos eran músicos y formaban un dúo que se hizo famoso dando conciertos: su padre, Anton, al piano y su madre, Judith, tocaba el cello. Johnny conserva algunos discos con conciertos grabados por sus padres que a veces pone en el viejo tocadiscos. Tocaban muy bien.

Cuando los escuchamos, a Johnny le invade la melancolía y habla de cómo hubieran querido que él siguiera sus pasos siendo músico como ellos, pero él nunca tuvo su talento. Pero pese a todo, ellos siguieron queriendo a su hijo. "Me querían mucho, Tara…", murmura a veces. "Muchísimo". Me impresiona un poco, porque lo dice como si lo lamentara.

Otras veces paseamos por los jardines y Johnny parece de mejor humor. En una parte del jardín que linda con la orilla del lago hay una preciosa pérgola de madera sembrada de plantas trepadoras en flor. Es como un sueño, como un cuento de hadas. Cuando él y yo pasamos por debajo, tengo la fantasía de que somos un príncipe y una princesa en nuestro enlace real, rodeados por hadas y mariposas de colores. Lo sé, es una cursilada.

Si el tiempo es bueno y luce el sol, Johnny me pide que me siente y le haga un dibujo. De lo que quiera, a él le encantan mis dibujos. Yo, en realidad, ni siquiera recuerdo cómo aprendí a dibujar, pero se me da bastante bien. Puedo dibujar cualquier cosa: he dibujado decenas de veces los jardines, árboles y flores, el lago desde diferentes perspectivas, la mansión sembrada de enredaderas… pero mis dibujos favoritos son los que no tienen modelo real, los que hago inspirada por las historias de fantasía que me cuenta Johnny. Mi preferida es una de una princesa que se ve separada de su familia y llega a un sitio escondido en el bosque, poblado de criaturas terribles y poderosas con aspecto de dragones que sin embargo se hacen amigos de ella y la obedecen y la salvan cuando está en peligro. No sé por qué, pero me siento muy identificada con esa historia, tengo cientos de dibujos de ella y a Johnny parecen gustarle todos.

También tengo otros dibujos con temas románticos, en los que retrato juntos a la princesa de la historia y al príncipe del que se enamora. Estos últimos dibujos siempre me ha dado vergüenza de enseñárselos a Johnny, porque la princesa es demasiado parecida a mí y el príncipe se parece demasiado a él.

Tal y como prometió la primera vez que nos vimos, Johnny cuida de mí. Me administra la medicación, vía intravenosa todas las noches, dice que para dormir. Yo no protesto, no me hace daño y no quiero contrariarle en nada de lo que diga. Él dice que la necesito, no sé para qué; pero si él dice que la necesito es que es verdad. Lo malo es que la medicación tiene el efecto secundario de seguir emborronando mi memoria, de forma que siempre tengo problemas para recordar las cosas. Especialmente lo ocurrido antes de que llegara a la mansión, que está prácticamente en blanco.

Recuerdo que tenía unos padres y que iba al instituto como una chica normal, pero esas evocaciones no significan mucho para mí. Me parece que no era muy feliz antes de venir aquí. Mi madre… creo que era adicta a los tranquilizantes desde que mi padre nos dejó y que apenas se ocupaba de mí. Y en el instituto, yo era retraída y soñadora y las otras chicas se burlaban de mí. No, no echo de menos mi vida anterior.

Aunque sí tengo curiosidad por saber cómo llegué aquí, cómo es que empecé a tener esta vida. Pero es difícil. Cuando le pregunto a Johnny, él se entristece y empieza a darme evasivas. "No quieras saberlo, Tara", me dice. "Cuando llegaste aquí pasaron cosas muy feas, no te gustaría recordarlas. Por tu bien, no me sigas preguntando. ¿Acaso no eres feliz aquí?"

Yo agacho la cabeza y no respondo, porque él tiene razón, soy feliz aquí y no quiero estropearlo recordando cosas feas; pero sobre todo porque no quiero ver entristecerse a Johnny. Le quiero demasiado. Él es todo mi mundo, literal y figuradamente.

Aquí los días, semanas y meses pasan como un sueño etéreo, una bruma borrosa del que apenas tengo recuerdos muy antiguos debido en parte (¿sólo en parte?) a la acción del medicamento que me inyecta Johnny todas las noches. Pero sigo siendo feliz. Comparto cada día con la persona más maravillosa del mundo. No creo que existan dos personas más unidas que nosotros y el velo de secretos que él parece mantener no puede cambiar eso.

Le amo. Tal vez he leído demasiadas novelas románticas del siglo XIX de la biblioteca de la mansión, pero apenas puedo reprimir mis sentimientos. Deambulando por los corredores de la solitaria mansión, juego a ser Jane Eyre, pero Johnny es demasiado guapo para ser Rochester; de modo que me imagino ser Catherine Earnshaw, pero él es demasiado gentil para ser Heathcliff.

Él parece sentir lo mismo por mí: lo sé por el modo en que me mira, sobre todo cuando piensa que no me doy cuenta; por la dulzura con que me trata, lo preocupado que parece al menor síntoma de malestar por mi parte. Pero jamás me dice nada y evita el contacto físico demasiado estrecho conmigo; siempre parece contenerse, prefiere tratarme como a una amiga, o a una hermana. Es como si tuviera miedo de amarme.


Hoy voy a armarme de valor y a decírselo. Le digo lo mucho que me hace sufrir que él no quiera ser más que un amigo para mí, cuando yo le amo tanto. Me abrazo a él e intento besarle. Él trata de resistirse al principio, pero afortunadamente no puede hacerlo demasiado tiempo y acaba estrechándome en sus brazos y besándome con pasión. ¡Es tan dulce el primer beso del ser amado!

Pero enseguida se separa y me aleja de él. Yo me asusto, porque nunca lo había visto tan triste, tan atormentado.

"¿Qué ocurre, Johnny?", le pregunto.

"Esto no debía pasar…", murmura con voz ronca, apesadumbrado. "No soy digno de ti, nunca lo seré. Aún sigo expiando mis culpas".

Aquello aumenta mi alarma aún más, si cabe. ¿Culpas?

"Acaso… ¿acaso no me quieres?", le pregunto con voz temblorosa.

"Claro que sí, pequeña. Por eso hice lo que hice.", responde y alza hacia mí sus ojos, que me miran de forma angustiada, anhelante. "Por ti dejé de ser un monstruo y… me convertí en otro monstruo."

"¿De qué estás hablando?", le pregunto, más bien le exijo saber. Él siempre ha sido alegre y amable, y aunque se guarde sus secretos nunca había hablado de una forma tan críptica, y sobre todo tan oscura.

Pero él no me contesta. Alejándose de mí, se dirige hacia el ventanal y se queda contemplando con rostro melancólico y desolado la luna que se entrevé entre la bruma nocturna.

"Falta poco para mi cumpleaños…", suspira, elevando sus ojos hacia el oscuro cielo sin estrellas. "Pronto se cumplirá un año desde que llegaste aquí."


Hoy es su cumpleaños, y, según afirma Johnny, también el aniversario de mi llegada a esta casa. Debería ser una ocasión alegre, pero no lo es, y no lo entiendo. Desde hace varios días, Johnny se ha ido hundiendo en un mutismo melancólico, angustiado. Como si algo terrible fuera a suceder y él no pudiera evitarlo. Yo le pregunto una y otra vez la causa de su estado de ánimo, pero él sólo me responde con evasivas.

Pese a todo, para mí es algo que celebrar, así que me he pasado la tarde cocinando su plato favorito. Él se ha tirado todo el día encerrado en su habitación, al parecer más deprimido que nunca, y no lo veré hasta por la noche, por lo que me preparo concienzudamente para la cena que compartiremos. Escojo de entre mis pocos vestidos el más bonito de ellos, uno azul que me deja los hombros al descubierto; me rizo el cabello hasta que cae como ondas doradas por mi espalda y hasta me pongo algo del maquillaje que había sido de su madre. No mucho, sólo sombra de ojos y lápiz de labios. Quiero estar guapa para él.

Bajo al enorme comedor a la hora señalada y en cuanto me ve, sus ojos parecen iluminarse sólo durante un instante, para luego apagarse con igual velocidad. Su rostro vuelve a acusar el mortecino desaliento que lo ha acompañado últimamente. Pero no me dejo arredrar por su desánimo. Algo lo atormenta, pero yo lograré encontrar la raíz de su dolor y consolarle como sea.

"Feliz cumpleaños, Johnny", lo saludo con la voz más alegre que puedo, y, poniéndome de puntillas y levantando mi rostro hacia él, le doy un suave beso en los labios antes de que pueda darse cuenta, o evitarlo. No parece muy complacido; o más bien… parte de él está complacida y otra parte disgustada. ¿Por qué tiene tanto miedo de amarme? Yo daría mi vida por él. ¿Es que hay algo que impida que estemos juntos?... ¿Son esos supuestos pecados suyos a los que aludió?

Cenamos en silencio. Yo intento varias veces entablar conversación, pero Johnny está como en otra parte. Estoy a punto de enfadarme; esto, más que una celebración, parece un funeral. Él no hace más que mirar la hora en el gran reloj de pared que domina la estancia.

"¿Estás esperando algo?"

Él parece volver a la realidad y me mira distraído.

"¿Qué? No, nada". Pero creo que está mintiendo.

Al acabar la cena, bajamos a la sala de música, nuestra favorita. Para mí, es porque en esa sala vi a Johnny por primera vez, y es allí donde más compartimos charlas y confidencias después del jardín. Para él… sabe Dios por qué.

Entonces le doy mi regalo de cumpleaños, un retrato suyo que he pintado en secreto con unos óleos que me compró hace unos meses. Él nunca posó para mí, me daba vergüenza pedírselo, pero tengo sus rasgos tan grabados en mi mente que no hizo falta. Tampoco tengo un talento excesivo, pero he de reconocer que, para no dominar la técnica, no me quedó tan mal (decido no decirle nada de los tres primeros lienzos que emborroné experimentando).

Él se queda mirando el cuadro y de repente sus ojos se ponen brillantes por las lágrimas, no sé si de felicidad o de tristeza. Como la otra vez, vuelvo a asustarme un poco.

"¿Tan malo es?", intento bromear con una sonrisa forzada, pero él no me sigue la broma.

"Es lo más bonito que me han regalado nunca" contesta, intentando contenerse. Tampoco es para emocionarse tanto, pienso, pero no digo nada.

Entonces dejo de pensar cuando él deja el cuadro sobre el aparador y se inclina hacia mí, besándome en los labios. Es la primera vez que él me besa por iniciativa propia y siento mi corazón estallar de felicidad.

"Gracias, Tara", me susurra. "Gracias por estar conmigo y darme el año más feliz de mi vida. Eres lo más importante del mundo para mí. Lamento tanto que tengas que pasar por esto".

Me separo de él, extrañada.

"¿Pasar por qué?"

"Daría lo que fuera para evitarte el terrible trago que vas a tener que vivir esta noche, pero no puedo" responde, en cambio, sin mirarme a los ojos. "No tengo elección, no tenemos elección. La alternativa es aún peor".

Mi extrañeza se convierte en inquietud, y empiezo a retroceder.

"¿De qué estás hablando, Johnny?", le conmino, pero él no contesta. Se limita a quedarse ahí parado, los ojos clavados en el suelo, como si estuviera tan avergonzado que no se atreviera a mirarme a la cara.

Voy a insistir en mi pregunta, pero un estruendo me lo impide: alguien llama a la puerta principal de la mansión. Johnny parece aliviado por la interrupción y se precipita a la entrada de la casa para abrir. Yo me quedo en la sala de música, desconcertada. Nunca nadie había venido antes a la casa.

Pasos. No de una persona sola, sino de más. Parece ser que la visita intempestiva e inesperada no era tan inesperada, porque de lo contrario Johnny ya les habría despedido. Pero no, entran en la casa con él. ¿Por qué no me dijo que tendríamos invitados?

La puerta de la sala de música se abre y Johnny vuelve a entrar, esta vez acompañado. Los dos hombres que vienen con él tienen un aspecto pésimo. Toscos, zafios, con apariencia (y olor) de no haberse lavado en semanas. Y parecen bastante bebidos. No doy crédito a mis ojos. ¿Cómo puede Johnny invitar a gentuza así a esta casa tan magnífica y elegante? Siento que la mancillan con su sola presencia.

"Llegáis tarde." les está diciendo Johnny de forma severa, aunque tranquila. "Creí que ya no vendríais".

"No te pongas así, señoritingo", replica uno de ellos con voz rasposa y tono irrespetuoso. "Somos gente de palabra. Hicimos un trato, y lo cumpliremos. Además, tenemos que recoger la otra mitad del pago por el servicio".

"Recibiréis lo que os corresponde". La voz de Johnny se oye tensa, pero lo que más me alarma de todo es que no sé qué hacen esos hombres allí, y de qué trato están hablando. Nunca pensé que Johnny sería capaz de hacer un trato con gente como ésa, sea el que sea. Y me está empezando a dar miedo el modo en que me miran, como desnudándome con los ojos.

Johnny se dirige hacia la puerta del salón y mira su reloj de pulsera. Está más pálido que de costumbre.

"Casi es la hora", murmura, y se dispone a salir de la habitación. Asustada, intento seguirle, pero los dos hombres se dirigen hacia mí y me sujetan, impidiéndome moverme.

"¡¡Johnny!!", chillo aterrada, pero él, en el umbral de la puerta, parece impasible tanto a mis gritos como a mi apurada situación.

"¡Quieta ahí, princesa!", ríe uno de los hombres. "Tú te quedas con nosotros. Tu novio ha pagado para que pasemos un rato contigo, y eso haremos". Su aliento fétido me hace arrugar la nariz del asco, pero eso no es nada comparado al terror que me invade al verme indefensa entre esos cerdos. ¡Y Johnny no hace nada por ayudarme!

"Es la primera vez que puedo disfrutar de una preciosidad así", añade el otro, dejando ver a través de su libidinosa sonrisa que le faltan dos ó tres dientes. "¡Y cobrando!"

No dejo de mirar a Johnny a través de mis lágrimas. No puedo creer lo que esos hombres están diciendo, pero él no desmiente sus palabras. Pero… ¡simplemente no puede ser!

"¿Johnny?", le llamo por última vez con voz temblorosa, intentando controlarme para no ponerme a gritar. Él sigue sin querer mirarme y se muerde los labios hasta hacerlos sangrar. Parece estar sufriendo más que yo, pero entonces… ¿por qué permite que me hagan esto?

"Perdóname, Tara, no me odies" dice, pasándose el antebrazo por los ojos como para borrar las lágrimas. Antes de marcharse, añade "No hay otro modo, pero pronto habrá acabado todo. Por favor, confía en mí."

¿Confiar en él?... ¿Me pide que confíe en él cuando me está entregando a las garras de esos dos rufianes; es más, cuando les ha pagado para que me hagan lo que quieran?... ¿Acaso todos sus cuidados, todo su afecto, todo el cariño que parecía sentir por mí eran una mentira?

Estallo en sollozos, pero no sirven de nada. No ablanda a aquellos hombres, ni tampoco a Johnny, que abandona la estancia, al parecer hundido por el dolor. Pero si realmente se sintiera mal… ¿no haría algo por ayudarme?... ¿Por qué cree necesario tener a estos dos hombres inmundos aquí para que me hagan daño y abusen de mí? No lo entiendo, de verdad que no.

Estos pensamientos martillean en mi cerebro mientras oigo que Johnny echa el pestillo y atranca la puerta por fuera. El sonido es tenue, pero en mis oídos resuena como las trompetas del Juicio Final. Y los cristales esmerilados de las ventanas son tan gruesos que jamás podría romperlos con mi débil fuerza. Ahora estoy encerrada con estos dos tipos en la habitación, nadie puede salir de ella, ocurra lo que ocurra. Y nadie vendrá en mi ayuda. Estoy perdida.


NA: Johnny y Tara forman una pareja adorable. Después de todas las penurias que pasan durante el episodio, en la escena final estaban tan lindos que me vi obligada a escribir el fic para ellos. En serio: después de ver el episodio me fui a la cama (sí, suelo irme a dormir después de ver pelis de terror XD), pero no pude dormir, y no porque tuviera miedo. La historia estuvo dando vueltas por mi cabeza hasta que a las 3 de la mañana me tuve que levantar y empezar a escribir… ¿a vosotros no os ha pasado nunca algo parecido?). Sí, mi inspiración es muy vaga, pero cuando le da por ahí llega a no dejarme en paz… XD

Sé que seguramente no la lea casi nadie, aunque puede que haya algún/a fan de MoH por ahí, así que por si acaso la subo.