¡Último capítulo! Tras la confesión y encuentro amoroso entre Johnny y Tara, aún falta un último secreto por descubrir. Aquí tenéis el desenlace de la historia.

Gracias a quienes le han dado una oportunidad, y más gracias aún a quienes han tenido la amabilidad de tomarse un ratito para comentar, como masg y Karin45. Sea como sea, espero que os haya gustado.

Nada de MoH es mío.


Capítulo 4

Despierto de nuevo. No estoy en mi cama, sino en la de Johnny, quien duerme en el cuarto que había sido de sus padres. Siento la tibieza de su cuerpo desnudo junto al mío y mi alma se estremece de alegría.

Me visto, con la intención de bajar a la cocina y hacerle algo de comer. Después, no sé, pasearemos por el jardín, o escucharemos música, o él posará para mí para un nuevo cuadro del que se me acaba de ocurrir una idea maravillosa. O, si hubiera suerte, él me pedirá que no salgamos de entre las sábanas.

Me siento en el tocador de su madre para peinarme y adecentarme un poco antes de bajar. Encima del tocador hay una foto del matrimonio Ruric, la única imagen que he visto que Johnny tiene de sus padres en toda la casa. Ya la había visto un par de veces, Johnny me la había enseñado; pero ésta es la primera oportunidad que tengo para contemplarla largamente y con libertad por más que un par de segundos.

Se ven una pareja normal y corriente. El señor Ruric tenía trazas de bonachón, no tenía la apariencia que yo asociaría con un exitoso músico de talento. Su mujer, sin embargo, era más fina y elegante, con una cierta energía en su expresión que indudablemente debe haber heredado su hijo, al igual que sus ojos azules. Aunque su cabello, tan corto como el de un chico, es tan negro como rubio el de mi Johnny.

Mirándolos, siento como si algo me estrujara la boca del estómago. De nuevo me vuelve esa sensación aprensiva de familiaridad que percibiera abajo en ese maldito sótano, y vuelvo a sentir miedo. Ya he visto antes a esa gente, me refiero a en persona, y no sólo en fotografía. Y sé que no ocurrieron cosas agradables cuando eso sucedió. ¿Qué está pasando? Daría mi brazo derecho por tener mi memoria intacta y me esfuerzo todo lo posible en recordar, concentrándome en las últimas imágenes que me han llegado… las de mi muerte.

De nuevo revivo mi atropello, ahora más vívidamente que antes en el sótano. Sólo que cuando esas imágenes me llegaron en el sótano, después no había nada más, como confirmando las palabras de Johnny del accidente mortal. Sin embargo, ahora… ahora hay más. Después de que la furgoneta nos mandara a mi bici y a mí volando por los aires, recuerdo a alguien arrastrándome y metiéndome en esa furgoneta, a… un hombre. Haciendo un enorme esfuerzo, logro visualizar en mi memoria los rasgos de ese hombre. ¡Son los del señor Ruric!

Después me vienen también recuerdos de una habitación de hospital, o lo que creía que era un hospital, con una extraña mujer haciéndome aún más extrañas preguntas; una mujer que afirmaba ser enfermera pero que mentía… la señora Ruric.

Y por último, la pareja tirando de mí, arrastrándome mientras yo forcejeaba inútilmente como contra esos hombres de ayer, y abriendo la puerta del sótano y lanzándome allí…

En ese momento, Johnny se me acerca por detrás y rápidamente quita la foto de mi vista. Sin embargo, es demasiado tarde, y a juzgar por mi palidez, seguro que él se ha dado cuenta. Una horrible sospecha ya ha anidado en mi pecho como una serpiente venenosa.

"Tendría que haber tirado también esta foto", dice. Está disgustado, aunque intente mantener la compostura. "Pero la conservé tal y como he conservado los cráneos, para no olvidar lo que soy y en lo que podría convertirme. ¿Por qué has tenido que ponerte a mirarla, Tara? Ya te dije que lo dejaras estar, pero no me has hecho caso".

"No morí en aquel atropello, Johnny", replico con firmeza. "Tu padre fue quien me atropelló, pero yo no morí allí. Así es como llegué a esta casa: tus padres me trajeron".

Él no dice ni hace nada para confirmar o desmentir, pero sé que tengo razón.

"Por favor, déjalo", me suplica, en cambio. Cautelosamente va acercándose a mí, como con miedo de asustarme. "Si sigues por ahí, todo habrá acabado para nosotros".

Por desgracia, ahora no puedo detenerme. Pensé que me había contado toda la verdad en el sótano, pero me ha mentido. Si ahora no averiguo toda la verdad, nunca más podré volver a confiar en él, y entonces sí que todo habrá acabado para nosotros.

"¿Cómo morí?", exijo saber, y su expresión se endurece al oír mi pregunta.

"No. Basta. Se acabó la historia. No me preguntes eso, porque no voy a responder. ¡Me odiarás para siempre si te lo digo!".

"Te odiaré aún más si no me lo dices, Johnny", advierto, con los ojos echando chispas, y con un tono aún más exigente, insisto: "¿Cómo morí?"

Él me abraza angustiado, desesperadamente, y al fin me contesta con dos frases entrecortadas:

"Yo… yo te maté. Tú fuiste mi última víctima, la virgen número doce".

De nuevo, la sorpresa y ahora también el horror, impiden que la menor palabra salga de mi boca. Aterrada, le empujo y me alejo de él.

"No puedes hablar en serio".

Tengo los ojos llenos de lágrimas, y él también.

"Ojalá estuviera bromeando, o mintiendo… cualquier cosa sería preferible a esta pesadilla".

"¡No es cierto!"

"No, no lo es. He mentido.", asiente él e intenta volver a abrazarme, pero yo lo rechazo, convencida por fin de que dice la verdad.

"No has mentido… ¡lo hiciste!".

Él se muerde los labios.

"¡Lo siento, cariño!"

'¿Lo siento?'… ¿Cómo puede creer que eso basta?

"¡Aléjate de mí, no me toques! Ahora lo entiendo todo. Por eso te ocupaste de mí. No es que yo te importara, lo hiciste por el sentimiento de culpa".

Johnny niega con la cabeza desesperadamente.

"¡Claro que me importas! Te quise casi desde el primer momento en que te vi.", explica. "Tú eras diferente a todos los demás chicos que mis padres habían traído al sótano. Todos se preocupaban sólo por su propio pellejo, pero tú no, tú te preocupaste por mí. Apenas pasamos unas horas juntos en aquel sótano, pero enseguida me di cuenta de que eras especial, lo único bueno que podía traerme aquel trato diabólico. Y cuando lo supiste todo…"

"¿Lo supe?"

"Sí, yo te lo conté como pude, con gestos, y escribiendo con tiza en las paredes, o en el polvo del suelo. Y cuando te enteraste, no me dejaste suicidarme, ni quisiste escapar porque sabías que mis padres cogerían a otro chico. Dijiste que no querías la muerte de nadie sobre tu conciencia".

Me quedo callada. En realidad, esas palabras también me resultan muy familiares, a pesar de que no recuerdo haberlas dicho.

"Al final, la voluntad de aquel ser al que estaba condenado se impuso y otra vez surgió el monstruo dentro de mí, sin que yo pudiera evitarlo por mucho que me doliera. Y…"

"¡Calla!, no quiero saber más", le interrumpo bruscamente, y con un empujón, lo aparto a un lado y salgo corriendo de la habitación.

No quiero seguir escuchando, aunque me hago una idea muy explícita de cómo fue mi fin. Yo misma lo he experimentado hace unas horas, pero desde la perspectiva contraria.

En el fondo, me gustaría que me siguiera y me detuviera, pero no lo hace.


Estoy haciendo mi maleta, metiendo en ella algo de ropa y los pocos efectos personales que realmente son míos. Sin la medicación, que llevo sin administrarme casi cuarenta y ocho horas, los recuerdos acuden en mayor cantidad a mi mente. Muchos de ellos son terribles.

Pero ahora sé que vivo en Greenwich, o por lo menos que mi madre vive o vivía allí. Llevo un año desaparecida de casa. Me pregunto… ¿qué estará haciendo ahora mi madre?... ¿Estará preocupada por mí o por el contrario, se habría alegrado cuando desaparecí al librarse de lo que consideraba un estorbo? De cualquier manera, no importa. Si no me acepta en casa, tendré que buscarme la vida por otra parte.

Aunque no ha hecho ningún ruido, sé que él está ahí, en el umbral de la puerta de mi habitación, observándome, no sé con qué ánimo. Me hago la desentendida y sigo preparando mis cosas.

"Te vas", dice, con un tono neutro que muy bien podría pasar por indiferencia, pero que no lo es.

"Sí", respondo con firmeza. "Y no trates de detenerme".

"No lo haré".

Interiormente, me siento desilusionada. En realidad, sí que me gustaría que intentara detenerme, que dijera otra vez que me amara, que no puede vivir sin mí, que me suplicara que me quedase. ¿Por qué estoy haciendo esto? En realidad no quiero irme, ni dejarle. Pero él me mintió y jugó conmigo y ya no puedo echarme atrás.

"Cuando estés lista, puedes llamar a un taxi hasta Luketown, el pueblo más cercano", me sugiere Johnny, y acercándose un poco, saca un sobre y lo deja sobre la cama. "Y aquí tienes algo de dinero para que cojas el autobús hasta tu casa".

"No quiero tu dinero".

"No seas tonta y tómalo", insiste con tristeza. "No podrás comprar el billete hasta casa si no tienes dinero. Luego puedes devolvérmelo por correo, si quieres".

Sé que está tan apenado y desea tan poco mi partida como yo, pero los dos somos unos cabezotas orgullosos y ninguno quiere dar el primer paso.

Él va a irse.

"Johnny…", le llamo, y se detiene.

"¿Por qué estoy aquí?"

"¿Qué?"

"¿Por qué quisiste devolverme a la vida?"

Él suspira.

"Mientras ese monstruo que se había apoderado de mí desgarraba tu cuerpo sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo, yo sólo pensaba en una cosa. Bueno, en dos: la primera era que quería morir. Y la segunda, es que aún más que morir, quería deshacer todo lo que estaba haciendo. Pensé que daría cualquier cosa a cambio de que pudieras vivir de nuevo. Y la oportunidad estaba allí. El ser que tenía poder para ello estaba dentro de mí.

» Por primera vez, no luché contra él. Me dirigí hacia él y le propuse un nuevo trato. Le pedí que te devolviera la vida. El resto ya lo sabes."

"¿A quiénes entregaste el año pasado?... ¿Otros dos borrachos como los de ayer?"

Él niega con la cabeza. Yo recuerdo las dos calaveras bruñidas y relucientes que pertenecían a sus padres y me estremezco ante lo que deduzco de ello.

"¿Le entregaste a tus padres… por mí?"

"Sí". Sonríe, como si se enorgulleciera.

"¿Fui yo, es decir ese monstruo… yo… quien les mató?"

Él vuelve a asentir. Me siento escandalizada.

"Johnny, es horrible. Sacrificaste a tus propios padres… Por terrible que fuera lo que hicieran, ningún hijo debería actuar así contra sus propios padres".

Su mirada brilla. Sé que quiere acercarse a mí, abrazarme; pero se contiene.

"No me arrepiento, jamás me he arrepentido de cambiarlos por ti. Ellos eran unos egoístas. Siempre pensaron en su dolor, no en el mío; y menos en los pobres niños que llevaban a la muerte. Sus sentimientos por mí no eran amor, sino obsesión, obsesión por recuperarme y arreglar de esa forma su negligencia al dejarme morir en el lago. Si me hubieran querido de verdad, me habrían dejado marchar y no me habrían obligado a matar a todos esos inocentes. No habrían prolongado así mi sufrimiento."

Yo no sé qué decir. Yo nunca quise mucho a mis padres, pero ahora veo que Johnny odiaba a los suyos por haberle obligado a convertirse en un asesino.

"Aunque en realidad no puedo reprocharles nada", continúa. "Haciendo lo mismo contigo, yo he sido tan egoísta como ellos… pero simplemente no podía perderte. Tú, Tara, eres la primera persona a la que le importé de verdad en el mundo, la única que se ha preocupado por mí desinteresadamente."

"¿Por qué estás tan seguro de eso?"

"Antes de morir a mis manos, dejaste un mensaje escrito con tu sangre. Decía…"

"¿Qué decía?"

"Que me perdonabas".

Sin tener fuerza ni respuestas para saber cómo reaccionar, soy yo la que va hasta él, y le abrazo, esta vez con dulzura, con ternura que haga desaparecer todos los horrores vividos. No puedo odiarlo, no importa lo que haya hecho. Johnny, reprimiendo los sollozos, se deja caer a mis pies y se abraza a mis rodillas. Esta vez no le detengo, ni lo aparto.

"¿Por qué no me dijiste la verdad desde el principio?", le reprocho con tristeza, acariciando sus bucles dorados.

"No quería que sufrieras como yo, o que me temieras", responde, apretando su cabeza contra mi regazo. "Sólo quería que estuviésemos juntos, y cuidar de ti como tú cuidaste de mí durante aquellas terribles horas en el sótano. Sólo sabía que quería tenerte junto a mí, eres lo único que tengo, lo único que me importa. Tenía mucho miedo de perderte".

Yo también tengo miedo de perderle. Asesino o no, aún le quiero, siempre le querré; ahora me doy cuenta. Tomo una decisión y le hago levantarse y mirarme a los ojos.

"No vas a perderme, Johnny".

"¿De verdad?". Una chispa de esperanza brota de sus ojos claros.

"Te lo prometo. Si te perdoné entonces cuando aún no te amaba, no voy a cambiar de opinión ahora que sé que te amo más que a nada en el mundo. Somos iguales… ¿verdad? Compartimos la misma maldición. Ahora más que nunca debemos permanecer unidos."

Johnny sonríe levemente, como temiendo dejarse llevar por la ilusión demasiado pronto.

"¿Y no te irás?"

"No.", respondo, acurrucándome entre sus brazos. "Nunca. Me quedaré a tu lado mientras él lo permita".

"¿Aunque el año que viene tengas que volver a…?"

Asiento.

"Merecerá la pena, si es el precio que tengo que pagar por estar contigo".

Él ríe y me estrecha contra su pecho.

"Siempre supe que eras una auténtica superviviente, Tara".

Cuando volvemos a bajar a pasear al jardín, pasamos de nuevo por debajo de la pérgola entrelazada de hiedras y flores como el príncipe y la princesa de mis fantasías. Algo muy semejante a cruzar el umbral de la muerte a la vida. Es ahora, y no antes, cuando estamos vivos. Nuestros corazones han empezado a latir al unísono. Por delante de nosotros se extiende una vida plena, en la que cada uno tiene al otro como razón para existir.


De modo que así están las cosas. Nos quedaremos aquí y seguiremos siendo felices, y cuando vaya acercándose el siguiente aniversario, Johnny buscará a otro par de maleantes para rendir sacrificio al oscuro ser al cual debemos la vida… y nuestra felicidad.

Me cuesta aceptar que cada año me convertiré en el monstruo sanguinario que fui esa noche y que asesinaré salvajemente a dos personas, pero por ahora prefiero no pensar en eso. Me refugio en el amor y la comprensión de Johnny para evitar que posibles remordimientos en el futuro puedan amenazar nuestra existencia. Será difícil, pero aprenderé a vivir con ello. Bajo mi aparente fragilidad, sé que soy fuerte. Haré lo que sea para mantenernos unidos. Y nos mantendremos unidos.

Una vez muertos, ahora vivos y condenados por este contrato infernal, pero siempre juntos.

FIN


NA: De nuevo, gracias a la gente que lo ha leído y espero que os haya gustado.