Casi todos los personajes de esta historia no me pertenecen, sino que son de la escritora Stephanie Meyer, a mí sólo me pertenece la historia.

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EN MEMORIA DE TODAS AQUELLAS PERSONAS QUE SE FUERON Y QUE AÙN DEBERÌAN ESTAR ACA CON NOSOTROS

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Capítulo veintitrés: Perro de los mismos trucos.

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Han sido tantas despedidas, que en verdad

Dedicarte un beso más, esta demás.

Así que corre como siempre y no mires atrás,

Que mis lágrimas jamás te voy a dar.

. Corre, corre corazón.- Jesse & Joy .

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En realidad, no supe como reaccionar. Las cosas no se veían bien, pero lo cierto era que tenía varias teorías para barajar. La primera, y la que con más ansias esperaba que no fuera la correcta, era que Jacob lo hubiese mantenido al tanto todo este tiempo a Edward. Había muchas preguntas sobre esto y demasiadas cosas que no encajan con la teoría, pero había que tenerla en cuenta. La segunda, que Jacob estuviese tratando de tranquilizar a Edward y convencerlo de que nos dejará en paz. La tercera, que Jacob estuviese cansado de huir y de estar conmigo, lo cual lo había llevado a traicionarme y dejarme en manos del enemigo.

De entre todas, esperaba que la segunda opción fuese la correcta, la única que encajaría con mis convicciones y no cambiaría la realidad que estaba viviendo ya hacía varios días. Pero no creía que fuera posible, la mirada que ambos me dirigían los delataba, estaban atados a una inminente complicidad y el terror dio paso a la ira.

─ No sé si quiero una explicación.

Jacob abrió la boca varias veces, pero no dijo nada. No me moleste en mirar a Edward, y a diferencia de las veces anteriores, no lo hice porque no me interesaba no porque no pudiera verlo a la cara y sentirme humillada.

Estaba sacando fuerzas de donde no tenía, hacía tan solo unas horas atrás era el ser más débil emocionalmente del planeta; ahora, estaba de pie frente a los dos hombres que me habían traicionado, y había olvidado el dolor, sólo quería matarlos.

La situación era tensa, incomoda, salida de una escena de telenovela. Dos hombres que se odiaban unidos para traicionarme, muy original. Jacob parecía no poder encontrar las palabras para justificarse y mi impaciencia iba aumentando, hasta el punto que mis ojos se llenaron de lágrimas por la bronca y mis manos a temblar por retener el impulso de golpearlo.

Actué lo más madura posible dada la situación y mi condición en ella. Me gire sobre los talones sin esperar que reaccionaran, sabía que alguno de los dos intentaría detenerme pensando que escaparía, por lo que junte mis manos adelante y les advertí que me dejarán sola unos minutos, que no haría nada estúpido.

No estoy segura de que fue, pero pude llegar a la habitación sin que ninguno de los dos me siguiera ni intentará detenerme. No quise pensar mucho en lo que estaba pasando, sino que deje que mi mente quedara en blanco y pareciera con retrasó. Quizá no era la mejor solución, evadir el tema, pero no estaba lista para otra pelea.

Arme mi bolsa de viaje en menos tiempo del que deseaba, aproveche y me duche y en todo lo que mi mente se dedicó a pensar fue en recuerdos felices con mis padres. Nada de Edward, nada de Jacob, nada de los Cullen, nada de los Hale. Solo mis padres.

Perdí un par de lágrimas en el transcurso como así también unas cuantas sonrisas. Los recuerdos eran buenos, y los echaba de menos. De hecho, si ellos hubiesen estado conmigo, como siempre habían hechos, ahora estaría contenida y llena de consejos sanos.

Pero desgraciadamente no se podía volver el tiempo atrás por más necesario que fuera. Salí de la ducha lentamente, me tome todo el tiempo del mundo en vestirme y arreglarme. La verdad estaba demasiado relajada y cuando saliera sabía que toda la histeria caería como un balde de agua fría. Pero me controlaría me dije.

Salí como nueva, limpia, llena de recuerdos relucientes. Deje las cosas de Jacob como estaban, si él las quería que las recogiera por sí mismo.

Tanto Edward como Jacob estaban apoyados en la pared del pasillo junto a la puerta. No deje que ninguno hablará, me adelante y deje en claro como serían las cosas hasta llegar a Forks.

─ Iré manejando sola. No sé como se las arreglarán ustedes para volver, pero no quiero a ninguno conmigo. No te idea de cómo regresar a Forks por lo que espero que decidan rápido como hacer así los sigo, sino veré como llegar sola.

Y antes de que me dijeran algo, me fui a la Chevy y esperé hasta que ellos estuvieran listos. Me estaba sorprendiendo de mi fuerza de voluntad, de lo tranquila que estaba actuando y de las reacciones que ellos estaban tomando con respecto a mis acciones.

Se tomaron su tiempo en subirse ambos al Volvo de Edward, cuando se pusieron en marcha los seguí tal y como había dicho que haría. Con la radio de fondo, cantando canciones de los ochenta, el viaje de cinco horas en ruta, no se me hizo tan tedioso. Evite pensar en cualquier cosa, solo seguía el Volvo que había delante y prestaba atención a las señales de tránsito para no cometer ninguna estupidez.

Creí que la casa de los Cullen sería una locura, que me llegarían sermones de todos los integrantes de la familia. Pero misteriosamente, a pesar de que todos se encontraban allí, ninguno llego a recibirme. Entre en la casa, no salude a ninguno y subí las escaleras hasta el pasillo de las habitaciones. Deje mi valija y fui al cuarto de Alice.

─ Ya sé que estas allí, Bella, entra de una vez que me pones nerviosa.

Me reí histéricamente cuando entré, odiaba cuando Alice hacía esas cosas. Realmente, no sabía que decir ni mucho menos porque había acudido a ella sino sabía el porque.

Alice saltó de la cama y me abrazo demasiado fuerte. El momento al principio fue incomodo, pero después me relaje y reaccione a la calidez de los brazos de mi amiga.

─ Tenemos mucho de que hablar, y además supongo que vienes por consejos, así que ¡vamos, vamos, vamos!

Jaló de mí hasta la cama y me acomodé frente a ella de piernas cruzadas. Alice se veía radiante, como si yo jamás me hubiese ido todo este tiempo y todo siguiera igual.

─ Dios mío, Alice, lo siento tanto. ─ Comencé pero ella me freno con la mirada.

─ No voy a decirte que no actuaste como una pendeja, pero lo cierto Bella es que no tienes que disculparte conmigo por nada. Emmett me contó lo que Edward te dijo, la discusión y todo lo que sucedió. No sé como podría haber actuado yo en tu lugar, pero la reacción que tuviste fue, podría decirse, racional. ¡Sólo quiero los detalles del viaje! ─ Soltó al final con emoción y me reí.

Me sentía tan mal para con Alice, ella siempre había sido una verdadera amiga, fiel, leal a mis decisiones a pesar de querer manejarme continuamente. Y me sentía muy mal, porque siempre le hacía pagar por los errores de su hermano y ella no tenía nada que ver en esos asuntos.

─ Espero que no estés muy cansada, Bella, porque no saldrás de aquí hasta que me termines de contar absolutamente todo.

Aunque estaba exhausta sabía de ante mano que Alice me diría eso, por lo que estaba preparada y ya había armado el discurso en mi mente lo más detallado posible para que Alice se sintiera satisfecha.

No sé cuánto tiempo estuve hablando o si había contado todo como esperaba, lo que si sabía era que Alice no me había juzgado, no me había interrumpido y que me escuchaba con atención. Me sentí muy bien, me sentí realmente acompañada y comprendida. Quizá Alice no compartiera mis decisiones o no estaba de acuerdo en la forma en que actuaba, pero era mi amiga y en este momento se estaba comportando como tal.

─ No sé cómo ver a tus padres a la cara, Alice. Ni siquiera sé como es que entre a la casa sin escrúpulos. Debieron de estar muy preocupados, no tengo idea de cómo podré disculparme con ellos.

Al parecer Alice lo había pensado ya todo, porque no tardó en responderme ni se vio sorprendida por el repentino cambio de tema.

─ Mamá estará feliz de ver que estas bien, ha estado muy preocupada pero no te guarda rencor. Por otro lado, papá está un poco cansado de que Edward siempre se la causa de tu sufrimiento y que tú siempre huyas… Creo que te darán un gran y largo discurso sobre la responsabilidad, lo mucho que te quieren, que si formas parte de esta familia y que los has preocupado demasiado. Después de eso, te abrazaran, mamá te hará un sándwich de crema de maní y te iras al instituto.

Alice lo decía de una forma que sonaba tan sencillo, pero estaba segura que la próxima mañana seria de todo menos sencilla. Me sentía mal por haberle hecho eso a ellos después de todo lo que estaban haciendo por mí, pero no me arrepentía. El viaje no solo me permitió pensar y madurar un poco en mis decisiones apresuradas, sino que me dio el tiempo necesario para recuperar a un amigo que había dejado en el olvido.

No podía negar que todavía estaba enfadada con Jacob por su traición, pero también era cierto que después de lo que le había hecho no estaba en condiciones de exigirle nada. Mi berrinche no podía durar demasiado con él si es que quería seguir conservándolo como amigo.

Pero con Edward no podía actuar así. Yo lo había abandonado hacía tres años atrás y él ya me había hecho pagar por mi error, por lo que no me quedaba ninguna deuda para con él.

No pegue un ojo en toda la noche, mi mente giraba en todo lo que había sucedido en los últimos días, en mi vuelta a Forks, en los Cullen, en Jacob y Seth, y principalmente en Edward.

¿Cómo podía una persona cambiar tan repentinamente? Es decir, a veces nos cuesta tanto hacer cambiar a las personas de parecer o su forma de ser, y otras ellas solas lo hacen sin aviso, de golpe, como si fuera un balde de agua fría. Quizá yo pedía demasiado, me gustaba que Edward siempre me corriera atrás mío, que quisiera recuperarme, que no me dejará ir… Pero esta vez no me gusto, realmente no me gustó nada. Emmett había tenido siempre la razón, Edward ya no era el mismo de hace tres años atrás. En un momento podía ser la persona más atenta y cariñosa del mundo, y al otro un vampiro lleno de sed de sangre.

Mi mente estaba confundida, no comprendía cual era el verdadero Edward. Sí el Edward que me amaba como me había dicho o el Edward que me veía como una intrusa en su vida. Todo era demasiado complicado. Quizá lo hacíamos complicado, pero aun así no importaba porque no sabía cómo hacerlo sencillo.

Di todo lo que podía, pero él me cerró la puerta en la cara ¿Cómo seguir después de eso? Haber corrido me había dado las fuerzas para regresar a la casa de los Cullen, pero a no volver a los brazos de Edwrad y esperaba que esa decisión se pudiera mantener.

No, no iba a ser cruel con él, simplemente iba a hacer como si él fuera solo un miembro más de la familia que me acogía. Solo eso, un compañero de convivencia. Sí él podía haber dejado atrás nuestro pasado, yo también debía hacerlo.

Me sentía fuerte, realmente me sentía con el poder para poder mantenerme así. Pero este poder existía porque Edward seguía estando en mi vida, estaba segura que cuando él partiera a la Universidad y ya no lo viera más la fuerza se me iría. Quería a Edward en mi vida, no importaba la forma que fuera, con solo verlo me conformaba. Solo el tiempo iba a ayudarme a que él no sea el respirador que llena mis pulmones de aire.

Cuando la alarma sonó no estaba preparada para levantarme de la cama, me sentía exhausta, cansada de todas las vueltas que estaba dando mi cabeza. Antes de que pudiera arrastrarme como una lombriz, Alice ya estaba metida en el cuarto buscando el atuendo perfecto para pedir disculpas y llorar un rato. Mientras ella hacía eso, aproveche para darme una ducha de agua caliente rápida y lavarme los dientes.

Estaba nerviosa, histérica, mis dientes rechinaban y mis manos no podían ser más torpes. De repente todo el peso de mis acciones había caído sobre mis hombros y por primera vez me estaba dando cuenta de la magnitud de lo que había ocasionado.

Sería un día realmente largo, un día lleno de disculpas y explicaciones, pero principalmente sería un día agotador en el instituto y con Edward.

Mientras me cambiaba me di cuenta que la menor de mis preocupaciones era Edward, tenía tanto que arreglar con mucha gente, que él había quedado atrás de todos por primera vez en mi vida.

Alice se cercioró de que no me cayera por las escaleras, y por cómo estaban mis piernas temblorosas fue todo un milagro que no tropezara.

Tome una gran bocanada de aire y antes de que pudiera contar hasta cinco, Alice me había empujado dentro de la cocina donde Esme preparaba el desayuno y Carlisle estaba sentado en la mesa leyendo el periódico y tomando una taza de café humeante.

Fueron menos de diez segundos, pero para mí fue una eternidad el tiempo en que Esme y Carlisle se quedaron observándome hasta que, por fin, Esme soltó lo que estaba haciendo y saltó a abrazarme.

─ ¡Que alegría que hayas vuelto, Bella! Nos tenías tan preocupados. ¿No te sucedió nada, verdad? ¿Estás bien? ¿Necesitas algo? ¡Oh, Bella, te hemos echado tanto de menos! ─ Esme hablaba tan rápido que no estaba segura de si había estado respirando mientras preguntaba, me observaba y me hablaba. Estos eran los momentos en donde nadie discutía que Alice fuese su hija.

─ Lo siento tanto, Esme, juro que no volveré a hacerlo.─ Murmure más para mi que para ella, pero estábamos tan cerca que estaba segura que con un poco de esfuerzo Esme me había comprendido.

Cuando Esme me soltó sentí que no había terminado. Y era cierto. Me gustará o no, seguía siendo una niña al cuidado de adultos, mi actitud había sido inmadura en muchos aspectos, y aunque Esme no me había reprochado y solo estaba preocupada por mí, Carlisle se ocuparía de darme el castigo apropiado.

Suspiré y con toda la fuerza que pude juntar lo enfrente, sitiándome completamente arrepentida de lo que les había causado.

─ Es bueno saber que has regresado sana y salva, Bella. Estábamos muy preocupados por ti.

Para aquel momento el periódico ya había quedado a un costado y la taza de su café estaba vacía. No se veía enfadado, más bien tenía una expresión agónica en su rostro. Era obvio que la causante de ello había sido yo. No podía negar que ellos me querían y mi imprudencia los había herido.

─ Siento mucho como actué, Carlisle. Sé que no debí hacerlo, lo siento muchísimo. Jamás quise lastimarlos.

─ Lo sé, Bella. ─ Me regalo una de sus características sonrisas, esas radiantes que compartía con su hijo del medio. ─ Yo también fui adolescente y actué impulsivamente. Y, aunque lo comprenda, no quiere decir que lo apruebe.

─ No tienes que hacerlo. Yo misma me he dado cuenta que no estuvo bien lo que hizo…

─ Entonces estarás de acuerdo en estar castigada, ¿no es cierto? ─ Lo dijo con gracia, lo que me hizo sonreír mientras asentía con la cabeza. ─ Muy sensata. No podrás usar la Chevy que adquiriste al menos por unas semanas, quiero las llaves sobre mi escritorio antes de que te vayas al instituto. ─ Asentí con la cabeza, era lógico lo que me decía. Me preocupaba soberanamente como iba a poder ir al instituto sin un vehículo, pero no estaba en condiciones de poner exigencias. ─ Seguirás yendo a tus clases de danzas, pero Emmett te llevará y traerá sin excepción. No saldrás de noche. ─ Me miró y luego sonrió. ─ Ya está, eso es todo. Ahora ven aquí a desayunar.

Le sonreí e hice exactamente lo que me dijo. Aunque no tenía hambre, esperé a que Esme pusiera mi desayuno frente a mí y le sonreí. Desayunamos como si nada hubiese pasado, y fue ahí entre las risas que comprendí que Edward aquella noche me había mentido: yo era parte de esta familia tanto como él.

Cuando Jasper pasó a recoger a Alice, tuvieron la amabilidad de llevarme con ellos, por lo que respectaba a la mañana no me había cruzado con Edward. Por el momento, era bueno. Aunque no había muchas posibilidades de seguir evitándolo mientras conviviéramos bajo el mismo techo, pero mientras se pudiera yo era más que feliz.

Lauren no tardó en aparecer, pero por primera vez desde mi regreso de las islas, no me había afectado. Su veneno ya no me hacía daño, ya la había superado. Al fin y al cabo, estábamos en la misma situación: queríamos al mismo chico pero no podíamos estar con él.

Solo vi a Edward en los pasillos y en el comedor. Mi reacción siempre fue la misma, a pesar de sentir su mirada sobre mí. Sentí que volvíamos a ser lo mismo que al principio, dos personas que tuvieron una historia pero que quedo en el pasado. Dos personas que ni por las buenas ni las malas, estaban destinadas a estar juntas. Y, sabiéndolo y todo, dolía. Mucho. Muchísimo. Dolía pensar en él. Dolía recordar. Dolía incluso no pensar en él. Todo dolía y no sabía como era que estaba caminando sin romper en llanto o queriendo suicidarme.

¿Amar siempre era así? ¿Cómo hacían esas personas que cambiaban de novios como de medias? ¿Cómo iba a hacer para seguir con mi vida adelante? ¿Cómo podía superar un amor que nunca empezó? ¿Cómo iba a sanar mi corazón?

No tenía ninguna respuesta a esas cosas, todo lo que sabía es que en esos momentos era un muerto viviente. Una persona más del tumulto, pero que a diferencia de los demás solamente fingía ser una más.

A pesar de que me había esmerado en ignorarlo, las veces que estaba con Alice o Jasper y él pasaba cerca, el ambiente se tensionaba. Sentía pena por ellos, no tenían la culpa de nada y tenían todo el derecho de estar con Edward si lo querían. Valoraba que me apoyaran y no me dejaran sola, pero no quería entrometerme en su relación con él. Bastante tenía con cargar el peso de haber destruido la relación entre Emmett y Edward, como para ahora también quitarle a su hermana y amigo.

Realmente no quería estar sola, cada vez que entraba a una clase donde no había nadie conocido o con quien estar, me sentía desolada y las lágrimas se agolpaban en la comisura de los ojos y mi pecho se achicaba. Y desde ahí era una hora de clases donde tenía que recordarme siempre que había gente, que estaba en el Instituto y que debía respirar.

Si mi vida iba a ser así, deseaba desaparecer…

… Y ojala. Tan solo fue salir del Instituto para saber que las cosas se pondrían peor. En el centro del estacionamiento apoyado sobre su moto, con su cuerpo prominente, destacaba sobre todos los estudiantes. Pero no estaba solo, y aunque quisiera correr había aprendido por las malas que no serviría de nada.

Si Alice leyera mis pensamientos, estoy segura que me diría algo así como que estaba madurando o algo parecido. Pero no era cierto, simplemente quería terminar con todo de una vez por todas.

Con mi actitud más altanera, mi mejor cara de egocéntrica, fui con paso decidido hasta ellos. Ellos, los que habían dejado sus diferencias para simplemente para traicionarme.

─ Estaba pensando en cambiarle la propulsión, pero dudo que esta vieja chatarra sobreviva mucho más…

Jacob cerró la boca cuando me detuve frente a él y fijo sus oscuros ojos sobre mí. Me sentí pequeña, allí frente a Jacob y Edward, ambos de más de un metro ochenta de alto y con espaldas grades. Ambos tan poderosos y complotados contra mí. Ambos con su vista sobre mí.

─ Quiero aclarar las cosas y terminar con esto rápido. Jasper está esperándome para llevarme a ensayar y no puedo llegar tarde. ─ Ambos abrieron la boca, pero seguí hablando. ─ No quiero saber de ustedes, no quiero que me hablen. Tu, Jacob ─ centre mi atención en él. ─ no quiero volver a verte. Yo sé que me he portado mal contigo, que me fui a Inglaterra y a mi regreso no fui a visitarte. Te juro que lo sé, pero no por eso tenías que traicionarme, no fue justo…

─ ¡No te traicione, Bella!

─ Por el momento, en tanto he decidido que lo mejor es que te mantengas lejos de mí. ─ Continué hablando por encima de él ignorando toda defensa que podía soltar. Luego, fingiendo mirarlo, pero con los ojos perdidos tras él, me centre en Edward─ En cuanto a ti, espero que lo tengas claro: vivimos bajo el mismo techo, pero somos extraños. No me mires, no me hables, no respires cerca mío o lo lamentaras.

Y, así altanera como había llegado, así me fui. Camine hacia Jasper ignorando los gritos que se escuchaban detrás de mí. Simplemente hice oídos sordos como cuando tenía cinco años. Me subí al auto como si nada hubiese pasado, desde el lugar del conductor Jasper me miraba por el espejo retrovisor con una ceja levantada y a su lado, muy diferente a él, Alice trataba de contener las risas.

Suspire. Si también tenía que ignorarlos a ellos, lo haría sin problemas. Estaba exhausta, dolida…

… Todavía solían las palabras de Edward y sus celos; pero dolía todavía más la traición de mi amigo. Quizá dolía más porque había sido más reciente o quizá porque realmente valoraba una amistad que un amor imposible. Cualquiera que fuese la respuesta no tenía importancia, el hecho era que por dentro me estaba muriendo.

Podía ser que como toda mujer, y más una adolescente, tendiera a exagerar todo y las cosas me dolían el doble. No puedo estar segura, pero lo cierto es que yo venía sufriendo hace años y más de una vez desde mi regreso a Forks había deseado poder hacerles compañía a mis padres.

Los echaba tanto en falta. A ambos, a los dos por igual. Quizá no habíamos sido una familia de grandes conversaciones, pero yo sabía que siempre iba a contar con ellos y que me apoyarían. Ahora no había nadie y estaba sola contra mis problemas. Por mas que tuviera buenos amigos, ellos eran familia de Edward y el vínculo con él siempre sería más fuerte que conmigo.

Me sentía sola, desprotegida, sumergida en un mar de marea alta donde la corriente me arrastraba constantemente al lugar equivocado. O mejor dicho, a las personas equivocadas. Primero Edward, después Jacob…

─ Espero que aproveches tu tiempo, Emmett vendrá a recogerte cuando termines. ─ Me sonrió sobre el respaldo Jasper a modo de despedida. Sin mucho más que hacer, le devolví una sonrisa tosca y me baje de un salto bruto del auto. Alice grito un saludo, pero no voltee a contestarle.

Necesitaba tiempo para mí, la música y algo que realmente me hiciera olvidarme de todo. Mágicamente ese algo era el baile y tenía pensado aprovechar al máximo de mi momento a solas.

Jamás pensé ser capaz de cambiarme de ropa tan rápido y sin golpearme, pero evidentemente hasta mi cuerpo gritaba por una satisfacción, por un descanso.

Entre a la sala sintiéndome otra persona, aislada del mundo. Incluso hasta drogada. Tome el control remoto del equipo de música, me coloque en el centro de frente al espejo, encendí la música…

… Me sobresalte ante un ruido en la ventana y caì al suelo. Me sorprendì al ver a la mujer de la recepción señalándome la hora con una sonrisa amable. Mirè sobre ella al reloj colgado en la pared de adentro y recién ahì note que estaba hiperventilando. Tal y como había previsto, me olvide de todo y me concentre solo en mis pasos, en no caer, en la música y como esta me llevaba al compàs. Apague el equipo de música y me tome dos minutos para respirar y estirarme antes de levantarme e irme a cambiar. Deseaba desesperadamente una ducha, pero no querìa hacer esperar a Emmett.

Desde allì todo comenzó a funcionar, mi mente se había relajado y había aprendido a vivir con Edward en la misma casa sin cruzármelo demasiado y sin entablar conversación. A veces dolía que no buscará acercárseme, pero por otro lado era lo que yo quería y había exigido. Al fin de cuentas, cuanto más lejos él estaba de mí, más tranquila estaba mi cabeza.

Lauren, Jacob y Edward eran el pasado mismo. Sin saber más de ninguno de ellos más de lo necesario. Carlisle me había devuelto las llaves de mi monovolumen, por lo que tenía una libertad total para manejarme excepto para ir a danza que el trato era que por el horario me llevaban y me traían.

El fin del semestre se acercaba y todo el instituto estaba emocionado por el baile de fin de curso, la graduación y el concurso de talentos. Varias veces me descubrí a mí misma sonriendo cuando Alice se ponía a contar alguna anécdota de cuando competíamos Edward y yo años atrás. Pero este año era diferente, nosotros no participaríamos, pero ella sí. Se encontraba muy misteriosa sobre el tema, pero ella solía ser así para causar más expectativas. Y lo lograba, todos estábamos desesperados que era lo que escondía bajo la manga. Incluso Rose había intentad amenazarla con romperle el placad, pero no había logrado nada.

Por otro lado, Emmett y yo éramos más persuasivos y, a sabiendas de que Jasper era su fiel secuas, lo atosigábamos a él. Pero nada, era increíble guardando sus emociones.

Y para cuando el bendito dia del concurso llego, atrás del telòn acompañando a Alice, entendí cual era su plan…

Gire desesperada para huìr, pero me atajo justo a tiempo.

No podía ser.

No podía.

No sería capaz ¿O no?

Evidentemente, si. Otras dos personas màs que me traicionaban y casi sin darme cuenta estaba en el centro del escenario, frente al publico con mi ropa de ballet y con Edward detrás de mi tocando el piano.

Ya era tarde para correr.

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Desde ya mis mas sinceras disculpas, NO DEJARÉ LA HISTORIA SIN TERMINAR, pero no prometo terminarla pronto.

Gracias por seguir leyendo, por confiar y por seguir la historia. Significa mucho para mi.

MUSHIAS GRAX POR SUS RR :)

Nos leemos en el proximochap, dejen rr :)

RECUERDEN QUE LOS RR ANONIMOS QUE REQUIERAN RESPUESTA O LO QUE SEA DEBEN DEJAR SU MAIL, YA QUE NO TENGO OTRA FORMA DE CONTESTARLOS. Y CUANDO DEJEN EL MAIL RECUERDEN PONER ESPACIOS ENTRE EL Y LOS NOMBRES ( ejemplo.89 Hotmail. Com)

Besop(L)

Hasta el crepúsculo…

Luchyrct

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