Disclaimer: La serie Twilight/Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer.

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Esme

Ohio, 1911

El cielo brillaba en lo alto, la gente en las plazas comentaba que era el día de primavera más caluroso de los últimos años.

Después de realizar las faenas diarias, que mi familia y yo solíamos hacer desde que el gallo anunciaba el alba, salí a caminar por el pueblo. Todo era siempre igual, Columbus era un lugar que vivía cómodo con su monotonía. El panadero anunciaba a las ocho en punto que sus delicias estaban recién horneadas, los pescadores se paseaban con la pesca de toda una noche y las mujeres, con sus almidonados sombreros, se paseaban por las vidrieras de los pequeños comercios de Columbus mientras admiraban la moda proveniente del viejo mundo.

El día transcurría siempre del mismo modo en mi vida, las tardes solía dedicarlas a buscar el refugio de la sombra de algún árbol para sentarme a leer alguna novela.

Aquella tarde me había acomodado debajo de un viejo abeto. Estaba inmersa en la lectura mientras mis pies, desnudos, acariciaban el césped. Entonces escuché un revuelo de fondo; una jauría de perros ladrando y un pobre gato corriendo desesperado por su vida. Entonces lo reconocí, Mr. Muggles era el único gato negro de la zona; era mi único gato negro.

Corrí hacia el bullicio, los perros estaban rodeando un árbol donde mi gato se había trepado.

-¡Fuera! Aléjense de él.- les grité arrojándole alguna piedra que pudiera encontrar. Poco a poco, y nada contentos, los perros se alejaron. –Oh Mr. Muggles…no hay día que lo dejen dormir al sol en paz ¿verdad?- el pobre me dio un agudo maullido en respuesta. Entonces miró a su alrededor, dándose cuenta de que no tenia forma fácil de bajar del árbol.

Había dejado mis cosas debajo del abeto, bastante lejos de donde me encontraba ahora, pero a pesar de estar descalza, me trepé al árbol como pude para bajar a mi gato. Se me había dificultado un poco llegar hasta donde el se encontraba –casi en la copa del árbol- pero lo conseguí. Me senté en una rama y extendí mi mano para darle confianza. El, tímidamente y con cuidado, comenzó a acercarse a mí hasta que pude agarrarlo con mis manos y acomodarlo en mi regazo.

-Ya esta, ahora estas a salvo.- bajé mis ojos, estaba realmente alto -¿Ahora como bajamos?

-¿Esme?- escuché que alguien gritaba mi nombre en la lejanía. Me volví, viendo que mi hermano menor me buscaba.

-¡Richard!- él, al escuchar mi voz, volvió su rostro hacia la dirección donde me encontraba y corrió.

-Esme… ¿Qué haces ahí? ¿No crees que es poco propio para una dama andar trepada a un árbol y…descalza?- me reí. Mi hermano en ocasiones sonaba igual a mi madre, con aquellos cuentos de lo propio o impropio…estaba segura de que algún día podría correr mostrando mis piernas y nadie se escandalizaría por ello.

-Mr. Muggles fue perseguido por los perros de la granja vecina- le dije alzando a mi gato, para demostrarle que el pobre realmente casi era atacado. Richard me dio una suave sonrisa y extendió sus manos para que le diera al gato.

Con cuidado me recosté sobre la rama y con una mano le pasé al gato. Bien, el estaba a salvo, ahora debía bajar yo. Apoye mis pies con cuidado en la rama mas gruesa que tenia a mi lado, pero entonces algo se clavo en la planta de mi pie y –cuando alce mi pie y lleve mis manos a el, olvide que no estaba nada cerca del suelo.

Sentí mi cuerpo caer del árbol y a mi hermano gritar; llegó a atajarme, pero una de mis piernas había tocado el suelo mucho antes y el dolor se extendió por todo mi cuerpo.

-¿Estas loca?

-¡Ay!- me quejé –no me regañes, no planeé caerme…Richard me duele- le dije sosteniéndome la pierna. Mi hermano, viendo que realmente estaba herida y no podría ayudarme él solo, corrió hacia la casa. Mis padres iban a matarme.

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-¿No viene nadie?- preguntó mi madre por enésima vez en la tarde mientras miraba nerviosamente a mi padre, quien estaba parado frente a la ventana. La noche había caído y hacia cinco horas que habíamos enviado a un peón de la granja a que buscara al doctor; pero aun no había vuelto.

No creía poder soportar mas el dolor…era inaguantable.

-Ahí viene…pero, no es el doctor Finn.- mi padre abrió la puerta, dejando entrar al doctor y al peón.

-Señor lo lamento tanto, el doctor del pueblo no estaba…tuve que ir a la ciudad para conseguir algún doctor que pudiera atender a la señorita Esme.

-Por supuesto, gracias. Pase doctor.- estire mi cuello para poder ver quien era el nuevo doctor, estaba acostumbrada a la apariencia y al trato del bueno doctor Finn, pero mi corazón dio un vuelco al ver al nuevo doctor.

-Buenas noches- dijo con su perfecto acento británico. ¡Era ingles! Momentáneamente parecía que el dolor de mi pierna se había mitigado; aquel doctor no era nada igual al viejo y calvo doctor Finn. Sus cabellos rubios estaban despeinados y algunos mechones caían de forma desprolija sobre su frente. Llevaba una chaqueta blanca semi abrochada, dejando ver el frac negro que vestía debajo. –Si me permiten, debo revisar a la señorita.

Se acercó al sofá donde estaba sentada, con mi pierna extendida sobre una mullida pila de almohadones. Ahora podía verle con mayor detenimiento; era bastante pálido pero tenia la sensación de que su piel era suave como la porcelana. Y era joven. ¡Muy joven!

-¿Podría decirme que le ocurrió Señorita Platt?- mi mente se quedó en blanco al escuchar su aterciopelada voz. Nunca antes había escuchado algo tan maravilloso, de seguro era algún soprano o algo por el estilo. Su rostro se alzó, fijando sus hermosos ojos dorados en los míos.

Sentí la sangre acumularse en mis mejillas, -Me…me caí de un árbol.- tartamudeé. Gracias a Dios no podía escuchar como mi corazón latía alocadamente.

-Con permiso- susurró descorriendo la tela del vestido que cubría mi pierna. El aire se quedó atorado en mis pulmones unos breves instantes mientras sus manos, las mas frías que sentí jamás, se deslizaban por mi pierna descorriendo la falta del vestido. -¿Le duele aquí?- preguntó ejerciendo una leve presión alrededor de mis tobillos. ¡Si mi madre lo viera! Sería un completo escándalo. No por el doctor, si no por que estaba segura de que a estas alturas mi rostro estaba tan rojo como un tomate. Sacudí mi cabeza.

El doctor ascendió su mano y cuando presionó cerca de la pantorrilla me quejé. Alzó su rostro mientras volvía a presionar el foco del dolor. Por mucho que lo quisiera evitar mis ojos permanecían fijos en los de él y por alguna extraña razón me sentía mareada.

Sus labios se movieron pero a mis oídos solo llegó el suave y aterciopelado susurro de su voz; sin que las palabras tuvieran sentido alguno. Frunció su ceño y se puso de pie, apartando su vista de la mía. -Creo que se ha fracturado la pierna, señorita Platt.- dijo, esta vez le escuché cada palabra. Fractura. ¡Demonios! Tendría que andar meses con un cabestrillo.

Le vi sacar varias cosas de su maletín, pero ninguna de ellas era lo que me esperaba.

-Es una nueva técnica, que aprendí en mi viaje por Europa. Allí no usan mas las tablillas, utilizan algo que llaman yeso.- le vi embeber unas cintas de gasa en una especie de lodo blanquecino y comenzó a envolver mi pierna con ellas.

En todo momento mis ojos recorrían su perfecto y hermoso rostro. Mantuve mis manos cerradas en fuertes puños, no por el dolor, si no para evitar el extraño deseo que tenía de alzar mi mano y acariciar su mejilla.

Sorprendentemente su tarea le tomó menos tiempo del esperado; media hora después estaba llamando a mis padres a la sala.

-Solo lo tendrá unas cinco semanas…después el doctor Finn sabrá que hacer.

-¿Usted no me atenderá?- pregunté asustada. ¿Por qué el doctor Finn? No quería volver a ser atendida por el calvo y viejo doctor Finn.

-Esme- murmuró mi madre por lo bajo.

-Es…es decir…como los doctores suelen mantener sus pacientes…- traté de excusarme. El doctor me dio una suave sonrisa mientras se colocaba su abrigado tapado.

-Lo haría, pero la semana entrante parto al norte de California.

No hice intento alguno por esconder el descontento que se comenzaba a apoderar de mi rostro. Había encontrado al hombre más maravilloso y hermoso del mundo y ahora se iba quien sabe a donde. California estaba a cientos de kilómetros de distancia de Ohio.

-Entonces espero que la vida le sonrisa doctor…

-Cullen,- respondió amablemente pasando sus ojos de mi padre, a mi –Carlisle, Cullen.- nuevamente sentía mis mejillas arder.

Carlisle Cullen. Desde aquella noche no había dejado de soñar con él esperando, rogando, que el destino algún día volviera a cruzar nuestros caminos.

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Okay...para la que piensa que me lleno las manos...si, lo se...no puedo con mi genio. No abandono mis otros fics ni nada, pero esto es una especie de disipador de bloqueos...¡increiblemente sirve! he avanzado varias paginas de los demas fics...

Por toro lado, aun no se cuantos capis hare; mi idea es una serie de one-shots dos o tres por cada Cullen mostrando mi idea de los echos de sus vidas humanas y no humanas que los llevaron a encontrar el amor.

En fin, aqui fue Esme...el proximo sera el de ella tambien...

Espero que les haya gustado.

Besotes

Gis