Hola a todo el mundo de habla hispana! Emergiendo de entre las profundidades del olvido, os traigo lo que en un principio quería ser un one-shot, pero cuando me di cuenta de que superaba las veinte páginas, supe que sería una bestialidad ponerlo todo junto ...

Lo he dividido en 'Noches'... y podéis pensar mal, todo lo mal que queráis, porque este fic apesta a lemmon a kilómetros XD Aunque, como todo lo bueno, se hace esperar, y por ahora no tenéis más que unas míseras 1,300 palabras para ir abriendo boca. Pero advierto de una cosa... no apto para menos de edad ni enfermos del corazón... tampoco para fans de Orihime, porque la voy a hacer llorar, y prevengo de un leve OOC, siempre por el buen desarrollo del fic. ¡¿Pero qué estoy diciendo?! ¡Es un adolescente, repleto de hormonas! ¡Si no se fija en esas cosas (por pequeñas que sean), es que se ha cambiado de acera!

Ya me entenderéis en cuanto leáis lo que viene...


1ª Noche

Hacía calor, mucho calor. Era un calor sofocante que, aunque no sabía todavía muy bien por qué, le estaba abrasando el cuerpo. Era verano, pero aún así por las noches siempre refrescaba y dejaba una agradable sensación de tranquilidad.

Pero esa noche no.

Todavía medio dormido y sin ubicarse del todo, Kurosaki Ichigo decidió averiguar el por qué hacía tanta calor. Intentó moverse un poco, pero algo encima suyo se lo impedía, y apenas medio minuto después de despertar no estaba por la labor de utilizar toda la fuerza de la que disponía para apartar lo que sea que tenía encima. Esta vez movió la cabeza en un intento de despejarse y abrió la boca para bostezar, pero nada más hacerlo se le metió pelo en la boca... Esperen, rebobinemos... ¿Pelo? A menos que en una noche le hubiese crecido una barba parecida a la del viejo Yamamoto, no entendía qué hacía ese pelo ahí. Abrió los ojos, intentando enfocarlos en algún lugar en concreto, pero delante suya tan solo podía ver algo negro... Y eso no se debía a que estaba oscuro. Era pelo, pelo negro. Intentó moverse de nuevo, esta vez con más fuerza, intentando apartar a eso, pero tan solo consiguió que se acurrucara más contra él y soltara un pequeño gruñido molesto.

Era Rukia.

Y en ese momento sí que hacía calor, en especial en ciertas zonas de su cuerpo que se estaban activando incluso antes que su capacidad de pensar en algo.

¡¿Qué coño hacía Rukia es su cuarto, en su cama, abrazada a él y a esas horas de la noche?! ¿Qué momento de su propia vida se había perdido?

-¡¡Rukia!! -gritó a pleno pulmón, sin considerar que los vecinos del pueblo de al lado podrían haberle oído.

Y entonces ella se despertó, pero no de manera repentina asustada por el grito que había despertado a medio Japón y parte de China, no, ella se había despegado de él lentamente, abierto los ojos lentamente, y darse cuenta de que estaba en un lugar en el que no debería estar muy lentamente.

Y cuando hubo hecho todo eso, volvió a cerrar los ojos y a tumbarse sobre él, abrazándole con tanta fuerza que por poco le corta la respiración.

¿Qué hago?

Eso era lo que se preguntaba Kurosaki Ichigo, tras veinte minutos de intentar, en vano, despertar de una vez por todas a la muchacha. Tras veinte minutos, se había acostumbrado a la falta de aire, a las altas temperaturas que estaba alcanzando su cuerpo y las suaves formas del cuerpo de ella. En una ocasión, pasados escasos tres minutos de que ella se volviese a tumbar sobre él, se había atrevido a mirar a Rukia, pues notaba que su piel hacía mucho contacto con la de ella, y ropa parecía haber poca. Y, en efecto, la pequeña shinigami apenas llevaba puesta una finísima camiseta de tirantes que dejaba el nacimiento de la espalda al descubierto, y unas braguitas con el dibujo de un conejito, pero no de un conejito cualquiera, no, tenía que ser el conejito del Playboy. ¿Y él que llevaba puesto? Pues nada más que unos bóxer, con lo cual quedaba claro lo duro que le estaba resultando al chico contenerse.

Y así estaban, la chica profundamente dormida y sin despegarse de él, y el chico completamente despierto intentando pasar por alto los pequeños movimientos de Rukia hacía de tanto en tanto, que no hacían otra cosa que provocar que sus hormonas se revolucionaran y le dieran ganas de darle un buen revol... Ejem...

Cinco... Diez... Veinte... Y así pasaron otros treinta minutos en los que Kurosaki se vio en el mismísimo infierno intentando controlar su cuerpo, que parecía querer responder al que tenía encima suya.

-Rukia... -susurró en un tono que daba a entender una rendición absoluta. -Despierta de una vez... Por favor, que no soy de piedra...

Y como una respuesta de alguna divinidad que se había apiadado de él, la shinigami despertó.

Abrió los ojos, sorprendida de ver lo que veía: los pectorales de un hombre que, para más información, era Ichigo. Y no sólo eso, sino también vio la posición en la que estaba, tumbada encima de él, abrazándole.

Y entonces alzó la mirada. Unos ojos marrones la miraban con sorpresa, directa a los suyos, pero un segundo después, sus ojos se desviaron unos centímetros más abajo, y Kurosaki Ichigo pudo decir una cosa más de su vestimenta: No llevaba sujetador. Alzó la vista de nuevo, azorado. Pero lo que encontró no le gustó. Los ojos de Rukia ya no mostraban sorpresa, ni esa mirada típica de cuando uno se acaba de levantar, no.

Ahora estaba furiosa.

-¡¿Qué me has hecho, maldito imbécil?!

Y... ¡Plaf! El tortazo del siglo.

Por toda la habitación resonó el sonido del impacto. Y luego silencio.

Ahora el que estaba cabreado era Ichigo.

-¡¿Que qué te he hecho?! ¡¿Qué has hecho tú?! ¡Me he despertado y estabas encima mía!

-¡¿Y quieres que me crea eso?!

-¿Qué tipo de persona crees que soy? ¡Yo no te haría nada en contra de tu voluntad!

-¡Pues entonces explícame qué hago aquí!

-¡Creo que eso deberías de saberlo tú mejor que yo! ¡Tú eres la que ha venido aquí!

Se quedaron unos segundos en silencio, en los cuales Rukia aprovechó para bajarse de la cama y apartarse del muchacho.

-¿Entonces, qué? ¿Insinúas que he venido aquí por mi propio pie?

-No hay otra manera...

Rukia se quedó en silencio, pensativa. Esperen un momento... ¡¿Estaba dándole la razón a Ichigo?!

-Cómo sea... Ahora da igual, por fin te has despertado, ahora... -giró el rostro "algo" ruborizado. -Ponte algo de ropa.

Y entonces se dio cuenta de lo poco que llevaba puesto, apenas dos prendas que cubrían lo esencial. Rápidamente intentó taparse con sus brazos, pero de todas maneras no ofrecían mucho refugio.

-¡Pervertido!

-¡No soy ningún pervertido! ¡Tú te has aparecido en mi cuarto casi desnuda!

-¡Tú tampoco llevas mucha ropa que digamos!

Y las miradas de ambos se dirigieron a los bóxer de Ichigo, la única prenda que llevaba el chico.

-¿Qué estás mirando, pequeña pervertida? -le dijo una vez que vio la trayectoria de los ojos de ella.

-¡Pues lo mismo que tú mirabas antes!

De nuevo silencio. Esta vez ya no se miraban, preferían desviar sus miradas hacia sitios infinitamente más interesantes, como la lámpara del techo o la preciosa silla que estaba frente al escritorio.

-El... El otro día... -comenzó Rukia en un medio intento de explicarse a si misma, sobretodo, el motivo por el que había acabado allí, encima de él. - me fui a dormir al cuarto de tus hermanas, pero por la mañana... Me desperté en la cocina. Y no era la primera vez que me pasaba. En la Sociedad de Almas también.

-¡¿Eres sonámbula?!

No sabía muy bien porqué, pero Ichigo sentía un poco de... ¿decepción? Quizá se hubiese esperado otro tipo de solución al pequeño problemilla... ¡no, no y no! ¡Esos pensamientos no habían pasado por su mente! Seguramente se debería a la somnolencia post-sueño... Aunque ya hacía casi una hora que estaba despierto.

-Yo... Mejor me voy.

El chico soltó un pequeño gruñido en señal de afirmación, y observó cómo la muchacha se giraba y se dirigía hacia la puerta, dejándole a Ichigo un primer plano de sus muslos y demás partes de su cuerpo al descubierto. Mientras ella estaba tumbada no podía ver eso... Y ahora que lo veía, no podía apartar su mirada.

Después de todo Rukia iba a tener razón: era un pervertido. Aunque considerando que esta no era una situación de lo más normal, con una chica andando medio desnuda por su habitación, pues...

Sin mirar atrás, Rukia cerró la puerta tras de si y se dirigió lo más rápido que pudo a su habitación, que era la que compartía con las hermanas de Ichigo. Haciendo el menor ruido posible, se metió en su cama y agarró con fuerza la almohada, en un intento de asegurarse de que permanecería allí lo que quedaba de noche. Una vez que se hubo calmado y el silencio absoluto volvió a reinar en toda la casa, empezó a escuchar un leve sonido rítmico: los desenfrenados latidos de su corazón.


¿Os ha gustado? Sé que sí, fieles ichirukistas, pero tendréis que esperar a que actualice para continuar leyendo algo que me ha rondado por la mente durante meses... jejeje jejeje

¿Queréis un adelanto? Seré buena, pero nada más hasta la próxima semana, jeje...

-o-o-o-o-o-

-¿Qué es lo que no entiendes? ¡Vete de una vez!

Pero ella no se movía, seguía a su lado, durmiendo tranquilamente, casi sin ropa, tan cerca... Que contenerse y no acercase a Rukia se hacía aún más difícil que dormir. Era irremediable que sintiese la necesidad de hacer "algo", que un impulso le indujese a acortar las distancias, ya de por sí escasas entre ellos, y tocarla. Ella estaba dormida, y no se iba a dar cuenta de nada. ¡Y además, era su culpa por ir a su habitación a esas horas de la noche! Sabía que la shinigami llegaba allí en un estado de sonambulismo, pero su mente intentó ignorar ese punto.