Nota y comentarios: Espero les agrade el final que elegí darle a la historia. Confieso que me siento muy apenada por el hecho de tener que acabar con ella, puesto que me ha mantenido ocupada cerca de medio año. Les comento que continuaré publicando. Acabo de subir un oneshot, "Entre fronteras", y el primer capítulo de la nueva historia que constará de varios capítulos, "2x1 de pizza y fainá". Quienes quieran, pueden ingresar a ellas desde mi profile o a través de fanfiction. Agradezco a todos aquellos que se tomaron el trabajo de leer mis historias, en particular ésta, y muy especialmente, a los que se animaron a compartirme sus opiniones, comentarios y críticas con tanto entusiasmo. En particular a Yamel, niito, Nimrodel Amarthwen (está bien así?) y Ruki Ballack (la "nueva"), a quienes aprendí a apreciar "virtualmente" y me han alegrado las tardes con las palabras y el aliento de sus reviews. Un beso a todos y no los hago perder más tiempo. Saludos! Amélie.

XL

- Rika…

- Ryo…

La encontré allí sentada, en la cantina de la Facultad, sola, hojeando unos libros. Llevaba el cabello suelto, decorado tan solo con un pequeño broche rojo, a tono con la solera que traía puesta. El aroma de madreselvas de su piel comenzó a hipnotizarme inmediatamente.

- ¿Qué dices? ¿Cómo estás? – preguntó, mientras guardaba todo en el interior de su mochila.

- Bien… Me escapé de la clase de Contemporánea… es verdaderamente infumable ese tipo. ¿Y tú?

- ¿Yo? Estoy en la misma… hace un rato que huí de Epistemología dos…

- ¿Te parece sí…? – comencé torpemente, sin saber cómo continuar.

- ¿Quieres un café, Ryo? – inquirió ella, tratando de socorrerme.

- Preferiría algo más fresco… ¿Te parece que salgamos de aquí? – propuse.

- De acuerdo… como quieras… - accedió, incorporándose de la silla.

Nos alejamos silenciosos de la Facultad. Pese a que eran las cinco de la tarde, hacía mucho calor en la calle. Sin saber porqué, la conduje hacia la rambla.

Sus ojos claros no podían dejar de mirar hacia el agua con deseo. Lo noté perturbado. Tomé su mano y corrimos hacia la orilla del mar.

Observé sus pies tímidos huyendo de las olas que los buscaban ansiosas.

- ¿Puedo? – inquirí arrodillándome, tocando sus sandalias blancas.

Hizo un gesto afirmativo con la cabeza. Procedí a desprender el calzado con cuidado. Acaricié sus pies suaves y pálidos. Sonrió nerviosa, sin animarse a mirarme. Por fin permitió que el mar le besara los talones.

La tomé por sorpresa en brazos y giré rápidamente. La miré, tentado a besarla como la mañana anterior. Sin embargo, algo en su expresión me detuvo, impidiéndome hacerlo. Se prendió de mi cuello escondiendo su rostro un largo rato, mientras yo seguía sosteniéndola en el aire.

- Perdóname… - musitó en mi oído. La deposité suavemente sobre la arena y me senté a su lado. También me descalcé para sentir la caricia del agua fresca sobre mis pies.

- Soy yo quien te debe muchas disculpas, Rika… - le dije, admirando secretamente lo bonitos que se ponían sus ojos cerca del mar y con la tenue luz de sol – He cometido demasiadas tonterías…

Sonrió frunciendo el ceño. Esperó tranquila a que me decidiera a hablar.

- Primero que nada, quiero darte esto… - comencé, extrayendo su teléfono móvil de mi bolsillo – Te agradezco todas las atenciones que tuviste conmigo…

Su única respuesta fue lanzar lejos el aparato al mar, al ver que comenzaba a sonar impaciente.

- ¿No vas a extrañarlo? – pregunté asombrado, luego de seguir el trayecto parabólico del teléfono antes de desaparecer.

- Ya no…

- Quiero pedirte disculpas por los malos momentos que te he hecho pasar… Me he comportado como un imbécil, te he hecho muchísimas cosas que no debí haberte hecho…

- ¿A qué te refieres, Ryo?

- Me emborraché y me enojé contigo… Intenté echarte… te obligué a que te acostaras conmigo… te insulté… te insulté de una manera infame… Lo siento mucho, Rika. Pero además, muchas otras cosas desubicadas te he hecho, como tratar de lidiar con Ernesto, hacerte pelear con él, acostarme contigo mientras dormías… acosarte cada vez que podía… - los dedos delgados de la joven, apoyados en mis labios, y luego siguiendo su forma, me impidieron continuar.

- Todo está bien, Ryo… No estoy enfadada contigo…

- Además, he permitido que Leticia y mis amigos te insultaran…

- Eso no interesa… También he visto cómo me has defendido y créeme que eso me hace muy feliz…

- ¿Y todo lo otro?

- Bueno… lo de enojarte borracho, no es culpa tuya. No puedo responsabilizarte por eso. Tus insultos también fueron a causa del alcohol. No les hice caso. El hecho de pelearme con Ernesto no fue tu culpa: Ernesto era un hombre insoportable. Era un estúpido. Por fin hallé la excusa perfecta para quitármelo de encima, y…

- ¿Tú no querías a Ernesto?

- ¡Por supuesto que no, Ryo! ¿Crees que estoy loca?

- ¿Y qué hacías con él?

- Era un antiguo novio de Alejandra. Me pidió que lo dejara vivir en casa mientras buscaba algún lugar donde ubicarlo… Necesitaba algo de contención y por eso hice amistad con él. Pero se creyó cualquier cosa… Estaba completamente loco…

No pude más que sonreir aliviado. Nunca había soportado al tarado ese. Y siempre me había parecido verdaderamente estúpido que ella sí lo soportara.

- Supe que fuiste tú quien se acostó conmigo aquella vez… ¿cómo culparte por eso, Ryo? También yo necesitaba un poco de algo así… de algo diferente… que me hiciera romper la rutina… Y lo de ayer… también entiendo que estuvieras mal por el alcohol… ¡Tonto! Nunca me acosté contigo por obligación… siempre pasamos muy bien juntos… ¿no crees?

Hice un gesto afirmativo con la cabeza. Sus palabras me hicieron sentir más aliviado. Acaricié sus pies con los míos, sin dejar de mirarla con atención.

- Ahora… - comenzó a decir paulatinamente - …sé muy bien que no sólo el alcohol te tuvo mal esa noche… y sé bien que has sido un infeliz todo este tiempo por mi culpa… - admitió, sin cerrar los ojos, puesto que las lágrimas comenzaron a brotar y quería evitar derramarlas.

Acaricié su rostro liso y suave, y luego sus párpados apenas entornados, logrando que las lágrimas cayeran.

- No me gusta que llores, princesa. No quiero verte sufrir…

- Es que me he dado cuenta de que todo lo que hice no fue más que dañarte. Ahora entiendo que de verdad, no soy digna de ti… alguien que hace sufrir a otra persona, no merece nada de ella…

- No digas esas cosas… - comencé, apretando con ternura sus dos manos – Mírame a los ojos y escucha muy bien. Todo el sufrimiento que me hayas ocasionado lo perdono, puesto que lo borran con creces las miles de alegrías que me has dado, Rika. Me hiciste muy feliz todo el tiempo que estuvimos juntos. Me resucitaste. Me enseñaste lo bonito que es vivir, lo bonito que es abrir los ojos cada nuevo día. Y aún separados, me has hecho feliz. Porque sólo con sentir tu mirada me vuelvo el ser más dichoso del universo… - seguí, sin quitar mis ojos de los suyos.

- Ryo… yo te abandoné injustamente sin darte explicación alguna… te prometí un bebé también y tampoco te lo di. ¡No entiendo cómo no tienes ganas de matarme! – gimió desesperada, golpeando la arena con ambos puños.

- Porque es demasiado lo que siento por ti…- comencé, tomando sus manos nuevamente entre las mías - Quizás suene cursi o estúpido, pero es así. Te quiero tanto que he aprendido a perdonarte cualquier cosa…

- Creo que ya es hora de que te explique todo como corresponde, aunque me odies por el resto de la vida cuando lo sepas… - comenzó, sin importarle ya la cantidad de lágrimas que caían de sus ojos – Te dejé porque soy una cobarde, Ryo…

- ¿Una cobarde?

- Sí… porque soy una cobarde… me di cuenta de que nunca podría darte lo que más querías en la vida, y por eso decidí alejarme de ti.

- ¿Qué dices? ¿A qué te refieres?

- Nunca podría darte un hijo, Ryo.

- ¿Por qué no?

- Porque no soy capaz de engendrar nada… Y me sentí tan vacua e inservible… me sentí tan inútil cuando me enteré… que no quise seguir ilusionándote con imposibles…

- Yo te quería a ti… no a los hijos que planeábamos tener, Rika. Mi prioridad eras tú…

- Lo olvidé, Ryo… lo olvidé – sollozó desesperada, sin atreverse a mirarme – Y no espero que me perdones por eso…

No pude evitar derramar una lágrima. Ella me observó con asombro. Jamás me había visto llorar… Al menos, desde aquel día en que nos separamos… No se animó a decir palabra, pues no sabía cómo reaccionaría.

- ¿Quieres que me vaya? – preguntó, al ver que yo no decía nada. No contesté. Sin embargo, comprendió que no debía irse. Que debía quedarse a mi lado respetando mi dolor.

- ¿No confiabas en mí? ¿Por qué no me hablaste? – inquirí sin mirarla.

- No lo sé, Ryo. No lo sé. Me sentí tan absurda… tan absurdamente viva… me sentí tan avergonzada, tan… tan fracasada… No pude… no pude. Lo único que pude hacer fue actuar acorde a mis instintos primitivos de animal salvaje. Y escudarme en mí misma. No quería que sufrieras… Pensé que pronto hallarías a otra persona capaz de cumplir todos tus sueños, como bien mereces. Sin embargo, no lo hice convencida. Y sufrí lo que nunca al hacerlo. Pero pensé que sería lo mejor para ti…- continuó, mientras seguía llorando – Tú querías tanto a ese bebé, que no podía aceptar el hecho de decirte que no podía…

El silencio se abrió entre nosotros, como aquella vez. Y ambos lloramos lágrimas saladas que se mezclaron con el agua del mar.

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