UNA BREVE RESEÑA ACERCA DEL LA HISTORIA DEL ANIMÉ AI NO WAKAKUSA MONOGATARI

Como me figuro que muchas de ustedes no conocen ésta producción animada de esta serie de TV de 1987 producida por Nippon Animation, más conocida como Teatro Mundial de las Obras Maestras, que consta de 48 capítulos basados en la famosa novela de Mujercitas escrita por Louisa May Alcott, cuya historia difiere un poco de la original, he decidido escribirles esta breve reseña a manos de Jo. Si les interesa este anime, pueden descargarlo de este sitio: Por siempre Orgullo y Prejuicio Children. Sólo escríbanlo en el buscador y entren. Encontrarán el anime en el blog archive/2010/Septiembre, con el nombre de Mujercitas.

La Historia de mi Familia:

Nuestra historia comienza en el año de 1863; yo contaba con 15 años, mi hermana Meg con 16, Beth con 13 y Amy con 10. La guerra civil norteamericana declarada el 12 de Abril de 1861 entre los estados del Norte y del Sur por cuestiones abolicionistas, territoriales y comerciales, llevaba ya 2 años. Nuestro padre, el doctor Frederick March, había ingresado al ejército de la unión para nuestra aflicción.

Por fortuna, nuestra familia gozaba de una buena posición económica gracias a las inversiones de nuestro padre en una fábrica de zapatos de un buen amigo suyo. Pero, unos días antes de que comenzara una de las batallas más cruentas de la guerra, nuestro padre nos dio la alegría de una inesperada visita gracias a que lo habían herido en el brazo. Nosotras estábamos muy felices de tenerlo nuevamente en nuestra casa, pero la dicha no duró mucho cuando, en nuestro día de campo, papá y yo descubrimos la presencia de unos soldados confederados.

Luego de telegrafiar a sus superiores avisándoles de aquel incidente, papá volvió a partir para unirse a su batallón, no sin antes decirle a mi madre que nos mudáramos a la ciudad de NewCord, pues temía que la ciudad de Gettysburg, en donde vivíamos, cayera en manos confederadas. Unos días después de su partida, cuando todavía creíamos que nada malo iba a pasar, la ciudad fue efectivamente invadida por el ejército confederado. Aquel mismo día, desoyendo las advertencias de los soldados enemigos, escondimos en una trampilla secreta a un muchacho negro llamado John Martin que había desertado del ejército confederado. Luego de ponerlo a salvo, aquella noche comenzó una cruel batalla entre ambos bandos. Mi familia y yo, como tantas otras, nos ocultamos en los bosques, desde donde observamos con horror cómo nuestra ciudad era incendiada por los soldados confederados y por los cañonazos.

Al día siguiente, cuando regresamos a la ciudad, advertimos desesperadas que nuestra hermosa casa había quedado reducida a cenizas. Por fortuna, nuestro padre había regresado para saber si estábamos bien, pero se marchó inmediatamente después, rogándole encarecidamente a mi madre que nos fuéramos de inmediato a NewCord y le pidiéramos ayuda a la tía March a quien él ya le había escrito explicándole nuestra desesperada situación.

La batalla de Gettysburg había ocurrido en los tres primeros días de Julio, causando miles de muertos y heridos.

Partimos hacia la ciudad de NewCord al día siguiente de finalizada la batalla y, luego de un día de viaje, llegamos a nuestro destino. En un principio, la tía Marta no fue muy generosa con nosotros y no tenía ninguna intención de ayudarnos debido a una disputa familiar que ella había tenido con mi padre cuando él era joven y había decidido abandonar la universidad para seguir sus ideales. En aquel tiempo, mis tíos habían tomado a mi padre bajo su cuidado cuando él se había quedado huérfano.

Pero, gracias a los dichos poco honestos y especulativos de nuestro primo, David Forrest, sobrino y único heredero legal de la fortuna de mi tía, quien iba a visitarla cada vez que se quedaba sin dinero gracias a la vida de despilfarro que llevaba, ella decidió acogernos en su enorme mansión hasta que encontráramos nuestra propia casa.

Fue muy curiosa la manera en que la hallamos… Resulta que, durante nuestra estadía en casa de tía March, nos enteramos por boca de nuestra madre que habíamos quedado sumergidas en una profunda pobreza tras haber sido incendiada por soldados confederados la fábrica de zapatos en la que papá había invertido todos nuestros ahorros. Como únicamente percibiríamos el sueldo de militar de papá, Meg decidió buscar trabajo y yo me encargué de ir a publicar su aviso en uno de los dos diarios de la ciudad: el NewCord Times. Yo tenía mis propios propósitos para ir personalmente al diario, puesto que estaba decidida a hacer publicar una de mis novelas en él para así ganar dinero y ayudar a mi familia. ¡Pero fui terriblemente humillada por uno de sus periodistas acusándome de ser una chiquilla que solamente escribía tonterías! Regresé furiosa a casa con enormes deseos de propinarle un buen golpe de puño a aquel cerdo presuntuoso. Pero, al otro día, el mismo periodista me visitó para pedirme ayuda en un reportaje acerca de la batalla de Gettysburg. Para sorpresa de Meg, quien había pensado que yo lo golpearía, lo ayudé con todo gusto. Días después, cuando ya desesperábamos en la búsqueda de una casa grande que no fuera muy cara y que David comenzaba a molestar a mi tía sobre nuestras falsas intenciones de encontrar una, me topé nuevamente con aquel odioso periodista, cuyo nombre era Anthony Boone, bajo el refugio de un gran árbol, pues aquella tarde me había sorprendido la lluvia. Él me contó que conocía una casa que seguramente nos vendría como anillo al dedo, así que decidí acompañarlo para verla.

Grande fue mi dicha cuando me enteré de que querían alquilarla a un buen precio durante 10 años, pues sus dueños, quienes habían trabajado en ella utilizándola como una fábrica de objetos de vidrio, se habían mudado a Italia y ya no la necesitarían durante todo ese tiempo.

Nos mudamos justo al mismo tiempo que terminaba el verano. Mi tía se quedó muy triste y hasta se ofreció en adoptarme para no quedarse sola. Por supuesto que me negué, pero prometí trabajar para ella y visitarla todos los días. Mientras tanto, mi hermana había obtenido trabajo como institutriz en una buena familia que se apellidaba King.

Y así comenzó nuestra nueva vida en nuestra nueva casa, conociendo a nuestro querido vecino y amigo Laurie en un baile y luego a su abuelo James Laurence; después a John Brooke, el tutor de Laurie, quien luego se convirtió, para mi disgusto, en el flamante prometido de mi hermana Meg. Tanto ella como Amy hicieron muchos amigos. Anthony me dio la gran alegría de publicar por primera vez una novela por entregas en el NewCord Times. Beth enfermó gravemente de escarlatina pero logró recuperarse del todo para el final de la guerra, el 9 de Abril de 1865. Para entonces, nuestro padre había regresado del frente el día de navidad y había hecho las paces con mi tía March. Días después Anthony se había marchado a Nueva York en busca de un mejor futuro. Ilusionada por todo lo que él me había contado acerca de esa maravillosa ciudad, a los pocos días de que nos conmocionara la terrible noticia del asesinato del presidente Lincoln, partí hacia la ciudad de Nueva York con las intenciones de ampliar mis horizontes y probar mis alas. Laurie se quedó muy triste por mi partida, pero espero que sea fuerte y comience una nueva etapa de su vida en la universidad.

Prefacio de una Autora Descuidada:

Bien, espero que esta breve reseña les haya ayudado para comprender esta historia. Uno de los cambios más importantes fue que Amy no dejó la escuela a causa de un buen consejo de Laurie. Esta historia está íntegramente basada en el animé Ai No Wakakusa Monogatari, que, a su vez, está basado en la novela Mujercitas de Louisa May Alcott. Como en la sección de Animé no está, me vi obligada a publicarla en la sección de Libros. Esta es una versión libre desde mi punto de vista, quizás las historias de Beth y Jo cambien radicalmente en esta historia. ¡Espero que les guste!

LITTLE WOMEN

AI NO WAKAKUSA MONOGATARI

MUJERCITAS

¿QUÉ HUBIERA PASADO SI…?

PRIMERA PARTE: JO EN LA GRAN CIUDAD

Prólogo:

"¡Ah…! ¡Jo…! —suspiró quedamente un joven periodista mientras se apoyaba sobre la ventana de su habitación y contemplaba todo el intenso movimiento de una ciudad tan grande como la de Nueva York, recordando a aquella jovencita con aspecto de muchacho que le había robado el corazón—. ¿Es que alguna vez vas ha darte cuenta de lo mucho que te amo…?

Bajó la vista y comenzó a leer nuevamente la carta que ella le había mandado hacía ya una semana.

La carta decía así:

Querido Anthony:

¿Cómo has estado todo este tiempo? ¡Seguramente la has pasado estupendo visitando todos aquellos lugares tan interesantes que tiene Nueva York! ¡Ah! ¡Cómo me gustaría estar allí en este mismo momento! (Debo admitir, para mi desgracia, que me siento muy envidiosa de la suerte que tienes de estar allí…).

Recuerdo que me preguntaste por la salud de Beth en tu última carta, pues alégrate, ¡mi hermana ha mejorado considerablemente! ¡Qué alegría! ¿Verdad? Tendrías que verla correr, ¡jamás la vi correr de esa manera! Y, aunque se lea muy mal, debo admitir que algo bueno salió de su enfermedad después de todo.

Laurie aún sigue molesto conmigo porque le dije que me iría a Nueva York. ¿Pero qué le ocurre a ese tonto? ¿Se ha creído que soy uno de esos perritos falderos que le hacen compañía a su dueño hasta la muerte? Si tú logras entender su comportamiento tan infantil, me gustaría que me lo explicaras…

Al llegar a esta parte de la carta, Anthony sonrió.

—Pues le pasa lo mismo que a mí, mi querida Jo —dijo—: está completamente enamorado de ti y tú ni cuenta te has dado.

Siguió leyendo la carta.

Papá y mamá por fin aceptaron mis intenciones de probar mis alas fuera de casa, fue una ardua tarea, pero logré convencerlos y les demostré que soy una chica muy sensata y madura que podrá conducirse sola en una ciudad tan grande como la de Nueva York. A tía Martha no le agradó mucho la idea, pero me pidió un millón de veces que sea cuidadosa, ¡pero qué fastidio! ¿Recuerdas al pesado de mi primo, David? ¡Pues se le ha dado por la fotografía! ¡Ja, ja, ja! ¡Deberías verlo sacando fotos de aquí para allá y pillando a cualquier desprevenido para hacerle un retrato! ¡Con lo tieso que tiene que quedarse uno para que la foto salga bien! Bueno, pero al final, tuve lástima de él y lo contraté para que nos tomara una foto a toda la familia antes de que yo parta hacia Nueva York.

¡Oh! ¡Me olvidaba! ¡Mi hermana se va a casar con el tutor de Laurie! ¡El señor John Brooke! Debo admitir que en un comienzo no me gustó ni pizca aquella idea, pero luego lo pensé mejor y logré sentir alegría por ellos dos…

¡Oh! ¡Me olvidaba! ¡Estaré en Nueva York el 10 de Abril! ¡Espero que estés en la estación para recibirme con los brazos abiertos! ¡Ah! ¡Hay tantas cosas que quisiera que me muestres de aquella ciudad tan maravillosa!

Saludos desde NewCord:

Jo

P,D: ¡No te olvides de ir a recibirme, Anthony Boone!

Por un buen rato el joven periodista se quedó completamente sumergido en sus sueños, imaginando todo lo que él y Jo harían en la ciudad… ¡Se divertirían tanto juntos! ¡Era como un sueño hecho realidad! No estaría ese muchachito inmaduro estorbando por ahí…

—¡Ah! ¡Si tan sólo te dieras cuanta de lo mucho que te amo, Josephine March! Conociendo tu iracundo carácter, ¿cómo haré para hacértelo saber sin que te enojes conmigo?

De pronto, Anthony abrió grandemente sus ojos y, asustado, miró hacia el almanaque que le marcaba…

—¡10 de Abril! ¡El tren! ¡La estación! ¡Jo! ¡Maldición! ¡Ella me matará!

Y sin perder más tiempo, tomó su chaqueta y su sombrero para salir disparado de su departamento hacia la estación del tren, rezando porque Jo aún no hubiera llegado porque sabía por experiencia que ella iba a matarlo si se olvidaba de ir a recogerla.

Dejen reviews si les interesó la historia! No se preocupen, los capítulos serán más largos.

Nos leemos pronto!

Muchas gracias por leer!

Sayounara Bye Bye!

Gabriella Yu