Tormenta Control

Fandomme

Resumen: T3 UA desde Maestros de Fuego Control. En lo profundo de la selva de la Nación del Fuego, la pandilla descubre una pícara tribu de exiliados ninja de la tribu agua que envían a Zuko y a Katara en una misión para obtener los planes de batalla secretos de la Nación del Fuego.

Disclaimer: ALLDA es propiedad de VIACOM y Nickelodeon. No hago ningún beneficio con esta historia. Y estoy profundamente agradecida a Mike, Bryan y todos los que emplean para cultivar un jardín tan fértil de personajes y escenarios.

Spoilers: ALLDA Temporada 3, después de "Los maestros de Fuego Control"

Nota: Un especial agradecimiento para RachelTheDemon, AKAVertigo y OrePookPook por su especial apoyo y ánimo. También, mis otros amigos de LJ que me ayudaron a afinar esta historia, comentando en sus primeros borradores, y básicamente diciéndome que me apurara y posteara.

Traducción: MTBlack (siempre quise ponerlo)

Disclaimer II: Me apego a lo que dijo Fandomme y agrego que la historia, como podrán adivinar, no es mía, yo solo me limito a traducir lo que escribió en inglés con su autorización, que conseguí, con vergüenza digo, después de molestarla bastante. )


Lo que llamamos pequeñas cosas son simplemente las causas de las grandes cosas; son el comienzo, el embrión y es el punto de partida, el cual, hablando en general, decide todo el futuro de una existencia. Una sola manchita negra puede ser el comienzo de una gangrena, de una tormenta, de una revolución. Henri-Frédéric Amiel


Años después, Katara sospechó que debió haberlo visto como un momento crucial cuando los chicos decidieron enseñarle a Aang como afeitarse.

-Pero yo ya me afeito –protestó Aang-. ¡Me he afeitado por años!

-Esos cientos del medio no cuentan –replicó Sokka.

Los muchachos estaban parados junto a un abrevadero de agua caliente en una de las salas de baño común en el Templo del Aire del Oeste. Alguien había bloqueado la entrada y salida del agua del agua corriente para que descargara en el abrevadero, que se reunía entonces en un segundo canal y continuaba su descenso por las canales de agua servida hacia la cisma debajo del templo. Sokka, Aang y Zuko estaba sin camisa delante de un viejo y manchado espejo. La espuma cubría las mandíbulas de Sokka y Zuko. También toda la cabeza de Aang, desde la barbilla hasta el cráneo.

-La cara es más difícil –replicó Zuko. Se miró en el espejo con los ojos entornados. Bajó su daga con cuidado, estirando la piel de su cara mientras lo hacía-. Tienes que ser preciso…

-¿Qué crees que estás haciendo? –inquirió Katara. Zuko parpadeó. Sangre brotó de su mentón. En el espejo, lo vio poner los ojos en blanco. Suspirando, sacudió la espuma del borde de la navaja con un único movimiento de su muñeca. La sangre bajó por su garganta mientras comenzaba a calentar la punta de su cuchillo con su aliento.

-¿No viste el cartel, Katara? –Gesticuló Sokka en dirección a la puerta. Fue hasta ella, luciendo como un viejo muy enojado con una barba muy blanca y jabonosa. Golpeó con un dedo el grabado del centro de la puerta-. Este bisonte tiene cuernos. Es un bisonte chico. Este es el cuarto de los chicos –señaló al otro lado del pasillo-. El cuarto de las chicas está justo allá.

Katara lo empujó a un lado.

-Aang no necesita aprender como afeitar –le dijo a Zuko, quien momentáneamente había dejado de soplar su cuchillo. La punta tenía un brillo naranja ahora. Él mantuvo su boca en un pequeño círculo, su única ceja sana arqueada. Una columna limpia de piel tersa se extendía desde su cicatriz hasta su barbilla, donde la sangre había manado entre el jabón-. ¡Tiene doce! –exclamó, señalando a Aang. Aang parpadeó con sus grandes ojos grises de búho, entre su máscara de jabón y agua. Sus hombros parecieron caer.

-Tenía doce cuando aprendí –replicó Haru, desde su posición en cuclillas cerca de el asiento modificado de Teo. Le echaba aceite a los ejes.

-No parece que lo hayas usado mucho –destacó Teo.

-Sí, ¿quieres que Aang se deje crecer un gusano para que cuelgue sobre su labio? –indagó Sokka.

Katara apartó a Sokka con un gesto. Señaló a Zuko.

-¿No deberías estar entrenándolo?

-Lo estoy –respondió Zuko.

-En las artes masculinas –completó Sokka.

-Yo calenté el agua –aseveró Aang-. ¿Ves?

Katara atrajo una cinta de agua humeante.

-Eso está muy bien, Aang –dejó caer el agua. Zuko empezó a soplar su cuchillo otra vez. La punta brilló roja-. ¿Y qué es lo que estás haciendo con ese cuchillo?

Él se detuvo.

-Limpiándolo –parpadeó-. Este corte no se va a curar solo, sabes.

-Curar… -Katara puso los ojos en blanco-. Eres tan irritante –destacó, volviendo un delgado hilo de agua en un disco girador sobre su palma-. Quédate quieto… -se adelantó y él se echó atrás-. ¡Quédate quieto, dije! –intentó agarrar de su oreja sana pero el se agachó y terminó agarrándole del pelo. Se detuvo un momento y ella por un minuto estuvo de regreso debajo de Ba Sing Se, se había quedado tan quieto y callado. Ella estaba muy consciente de la manera que el vapor humedecía su piel y como el fino hilillo de sangre en su garganta brillaba cuando tragó-. ¿Cómo pudiste cortarte? –inquirió, llevando agua hasta su barbilla. Advirtió el olor del jabón –yuzu (1) y algo más, quizás sésamo—y observó el agua brillar.- solías afeitar toda tu cabeza. ¿Qué pasó?

-Yo...

-No hables; ¡lo estropearás!

Zuko apretó los labios. Ella escudriñó su barbilla, viendo el agua unir la piel de nuevo.

-Presta atención, Aang –escuchó decir a Sokka-. No siempre tendrás un sanador que te ayude con esta clase de cosas. Yo te recomiendo cubrir esos pequeños cortes con nieve.

-O barro –aconsejó Haru.

-U hojas –intervino El Duque. Todos se volvieron hacia él. Él encogió sus pequeños hombros-. Pipsqueak me mostró.

-¿Ves? –Saltó Sokka-. ¡No es demasiado joven para nada!

-¿Terminaste? –averiguó Zuko.

-¡Te dije que no hablaras! –miró detenidamente su barbilla. Perfecta-. Sí, terminé –se cruzó de brazos-. ¿Y bien? ¿No vas a agradecerme?

-Creí que se suponía que no tenía que hablar.

Gruñendo, Katara levantó las manos en el aire y giró sobre sus talones.

-Lección Dos de las Artes Masculinas, Aang –recitó Sokka. Katara sintió una palmada en su parte trasera-. El golpe con la toalla enrollada.

Katara se volteó. El agua en el abrevadero se retorció hacia arriba. Ella giró, y el agua cubrió a Sokka en una enorme ola. Los otros se agacharon, pero no pudieron evitar el chapuzón. Sokka sostenía su toalla recientemente empapada. Todavía estaba enrollada. El agua goteaba ruidosamente sobre las losas debajo.

-Mi toalla...


-Ey, miren un alce dientes de sable –exclamó Sokka. Estaba echado sobre su panza y retorcía sus manos en una forma extraña. Sobre la pared, tres tigres polares de alto, una sombra chinesca colgaba, mustia, sin vida, y vacilante entre las piedras.

-Parece más un cerdo-mono salvaje –replicó Toph.

Sokka se viró.

-¿Tú crees? Sé que las astas… –se detuvo, frunció el ceño y se cruzó de brazos-. Sabes, cada vez que haces eso, es menos gracioso.

Los otros rieron.

-Haz a Wan Shi Tong –pidió Katara.

-¿Quién es Wan Shi Tong? –preguntó Teo.

-El espíritu del conocimiento –respondió Sokka, antes de hacer la forma de un ave con sus manos. Imitó un aletazo furioso-. ¡Encójanse de miedo, lastimosos humanos! ¡Y denme más ratones! ¡Mi enorme cerebro requiere pequeños y afelpados bocadillos!

-Um, no estoy seguro de que el espirítu del conocimiento coma realmente ratones, Sokka –meditó Aang.

-Vamos, Aang, era una lechuza gigante. ¿Qué más podía comer? –quedó boquiabierto y su sombra dejó de aletear-. Tú no crees que el Profesor Zei sea una gran y gorda egagrópila (2), ¿verdad?

-¿Quién es el Profesor Zei? –averiguó Haru.

-Comida de pájaros, aparentemente –explicó Teo.

Justo en ese momento, entró Zuko a zancadas. Llevaba un saco grueso y lleno de bultos sobre un hombro.

-Ya era hora, Chispitas –reclamó Toph. Se hizo sonar los dedos-. Dame mi durazno de luna.

-¡Duraznos de luna! –Sokka se puso de pie y tiró del saco, zafándolo del agarre de Zuko. Metió su puño y distribuyó la fruta-. Una cosa sobre la Nación del Fuego: están llenos de fruta fresca.

-Nuestro objetivo es complacerlos –clamó Zuko, poniendo los ojos en blanco. Metió la mano en la bolsa y sacó dos duraznos. Le entregó uno a Toph, que mordió la fruta con ganas.

-¡Son tan aterciopelados!

-Como una deliciosa frutita criatura –recalcó Sokka. Mordió delicadamente tres veces antes de levantar el durazno-. ¡Miren! ¡Hice una cara!

-Quizás deberías enseñarle a afeitarse –dijo Katara, antes de mirar detenidamente dentro del saco-. ¿Todos tienen uno?

-No –corearon, Haru, Teo, El Duque y Aang. Aang voló por arriba y buscó en la bolsa. Levantó los durazno e hizo malabares con ellos con aire-control, haciéndolos girar en círculo antes de lanzarlos hacia las manos de los demás con pequeñas corrientes de aire. El Duque no atrapó la suya y se estrelló contra la pared detrás de él.

Aang hizo una mueca.

-Lo siento…

-Puede tener la mía –ofrecieron al unísono Zuko y Katara.

-¡Embrujado! –Gritó Sokka-. ¡Ninguno de ustedes puede hablar hasta que alguien diga su nombre!

Katara frunció el ceño.

-¿Quién…?

-¡No se habla!

-Quédate con la tuya, Katara –dijo Aang, sonriendo-. El Duque puede tener la mía.

-Ay, Aang, lo arruinaste…

-Ey, Chispitas, dame un poco de la tuya -pidió Toph-. Ya terminé la mía.

-Eres peor que un cerdo-gallo –observó Zuko. Introdujo el cuchillo en la fruta y sacó una tajada-. Puedes tener esta.

La mandíbula de Katara se desencajó.

-¡Toph! ¡Eso es asqueroso! ¡Ese es el cuchillo con el que se afeita!

Toph lanzó la fruta a su boca.

-No me importa.

-Está limpio –replicó Zuko-. Se oxidaría si no lo limpiara.

Toph tocó buscó su cara con sus manos.

-¿Te afeitas? ¿En serio?

-¡Quita tus manos de mi cara!

-¡Quiero ver! ¿Eres todo terso, niño bonito? –la maestra tierra se inclinó por él y él viró bruscamente fuera de su alcance. Los dedos cortos y gorditos de Toph quisieron agarrarlo y cayeron incómodamente, el cuchillo en una mano, el durazno en la otra. Él se apartó de la pared con sus piernas. Toph gateó tras él, riendo, aparentemente tratando de taclearlo. Zuko estiró sus brazos sobre su cabeza, manteniendo el cuchillo a una buena distancia de ella mientras se apretaba frenéticamente contra el piso. Ella bajó sobre él, las manos libres…

-¡Toph, hablo en serio, no! –Zuko tapó con un brazo la mitad izquierda de su cara justo cuando Toph ponía una mano allí.

-Ey –vociferó ella-. ¿Por qué te cubres? –se apartó despacio-. ¿Están mis manos tan sucias? Digo, ya se que yo…

-No –interrumpió Zuko, sentándose-. No es eso. Solo… toma –le dio el resto de su durazno de luna-. Puedes comerlo.

-Ya no tengo hambre –respondió Toph.

-Entonces tíralo –repuso Zuko, poniéndose de pie y dejando el cuarto.

Toph quedó mirando el suelo. Por un momento, pareció que estaba escuchando a algo que el resto no podía oír.

-¿Qué fue eso? –Exclamó, enderezando los hombros, cobrando seguridad-. El Maestro Idiota (2) no soporta una broma.

Silencio. Katara miró a Sokka. Sokka le devolvió la mirada Tú-eres-una-chica,-tú-habla-con-ella. Katara abrió la boca para hablar.

-Quizás solo es que su ojo le duele –intervino El Duque, con la boca llena-. Se ve como si doliera.

-¿Su ojo? –repitió Toph. Los otros se estremecieron-. ¿Qué hay de malo con su ojo?

Katara se esforzó en hallar las palabras correctas.

-Quizás nosotros deberíamos…

-Alguien lo quemó –continuó El Duque-. Está todo áspero y escamoso como un rinoceronte de Komodo.

-No sabemos que pasó –determinó Katara-. Pudo haber tenido un accidente.

-No, alguien se lo hizo –corrigió Haru. Sonrió-. Confía en alguien que pasó más tiempo en un barco-prisión de la Nación del Fuego.

-¿Quién haría algo así? –indagó Toph. Sus puños se cerraron-. ¿Quién simplemente se levanta y dice, "ey, creo que tengo ganas de marcar a alguien hoy"?

Otro silencio. El rostro de Aang se ensombreció y apretó los labios.

-Azula –dijo, tocando su espalda, donde la hermana de Zuko había dejado su marca.

-Quién sea que lo haya hecho, no es asunto nuestro –concluyó Sokka-. Estamos aquí para ganar la guerra, no chismorrear. Si Chispitas quiere contarnos, lo hará.

-No te sientas mal, Toph –la confortó Aang, con un intento de sonrisa-. Apuesto a que duele cuando cualquiera la toca.

-No, no duele –contradijo Katara, sin pensar. Instantáneamente deseó que sus palabras volvieran a su boca, pero no lo harían. Los otros la miraron. Los ojos de Aang parecieron especialmente grandes y penetrantes.

Sokka frunció el ceño a medio morder.

-¿Cómo sabes tú?

Abrió la boca, la cerró. Sus manos encontraron sus caderas.

-¿Quién entrenó en la Choza de Curación, eh? ¿Tú o yo? –desde lejos, notó que sus pies la llevaban fuera del cuarto-. ¡Probablemente pueda llenar un océano con las cosas que yo sé y tú no! –Salió muy campante…

... y se estampó contra Zuko. Él la agarró de las muñecas – Yo te salvé de los piratas -- y luego la soltó. Miró a un punto cualquiera por encima de su hombro. Ella se hizo a la derecha, él a la izquierda. Ella a la izquierda, él a la derecha.

-Pasa –concedió él, haciéndose a un lado y dejándola pasar. Lo oyó seguir por el pasillo, sus pasos extrañamente silenciosos pero su respiración superficial y ruidosa. Se volvió para velo alejarse, y entonces se dio cuenta que no tenía ni idea a dónde se dirigía ella misma.


Esa noche, hubo tormenta.

-Chispitas dice que es temporada de monzones –recordó Toph. Un trueno resonó en el cuarto de baño de las chicas. Se detuvo para contar-: Un Omashu, dos Omashu, tres Omashu… -aparentemente satisfecha de que el rayo no estaba muy cerca, siguió lavándose los dientes.

-¿Te gustaría que te cepille el cabello? –ofreció Katara.

Toph meneó la cabeza.

-Estoy bien –escupió en el abrevadero de agua fría-. Aunque me gustaría decirte algo.

Katara hizo una mueca. Sabía que esto venía.

-¿Ah? ¿Qué?

-¿Por qué no me dijiste sobre la cara de Chispitas?

Katara se balanceó.

-Bueno… tú eres quien me dijo que las apariencias no te importan…

-¿Puede ver todavía?

-¿Eh? –Katara parpadeó-. Ah. Sí. Puede ver a pesar de ese ojo. Su visión está bien.

-¿Cómo sabes? ¿Le preguntaste?

Se cruzó de brazos.

-Peleé con él, Toph. Puede ver perfectamente.

-Yo soy ciega, y yo peleo muy bien.

La cara de Katara se encendió. Suspiró.

-Tienes razón, Toph. Eres una excelente luchadora. Lo siento –se apoyó contra el abrevadero-. En cierta forma, ustedes son parecidos. Siempre nos olvidamos que eres ciega, y la mayoría de nosotros ya ni siquiera ve la cicatriz de Zuko. Es solo una parte de quien es.

Un trueno sonó encima de ellas. En la distancia, Katara escuchó la lluvia azotando las barandas y balcones del templo.

Mi cara. Ya veo. Cerró las manos contra la carne tensa y a primera vista, brillante y la rigidez de la misma debajo de sus dedos, la extraña delicadeza de ese cardenal permanentemente violeta—como si la herida nunca terminara de sanar, jamás. Tal vez podrías liberarte de ella.

-¿Es grande? –siguió Toph.

Katara se estremeció. Abrazó sus brazos.

-Va desde su ojo izquierdo hasta su oreja, y hasta cerca de su cabella. Se ve como un cometa.

-¿Y eso sería…?

-Ah. Lo siento. Tiene la forma de, eh… la cola de un pez.

Toph hizo sonar su puñito contra su otra palma.

-Un día, voy a agarrar a ese pequeño –se detuvo. Empalideció-. No estamos solas.

-Toph...

Pero la maestra tierra ya había corrido hacia el pasillo. Katara tomó una cuerda de agua del abrevadero y la siguió.

-¡Chispitas! ¡Tenemos compañía! –Toph pateó el suelo con su pie. Las piedras debajo se rizaron hacia arriba, disparándose a intervalos impares como dientes rotos. Toph las levantó más alto con sus dedos; los antiguos ladrillos se sostuvieron en el aire antes de que aventara sus manos y girara sus dedos –las piedras terminaron contra las sombras. Katara percibió movimiento sobre ellas. Lanzó agua como un látigo, sobre la cabeza de Toph, hacia la oscuridad, pero no tocó nada. Detrás de ellas, Sokka y los demás derraparon en el lugar.

-¿Intrusos? –inquirió Sokka, sacudiéndose el cabello de los ojos.

-¿Dónde está Chispitas? –lo ignoró Toph.

-¡Revélense! –gritó Aang, cortando el aire con su equipo. Pequeñas bolas de llamas blancas le respondieron. Katara levantó una pared de agua y la empujó en una ola; el agua volvió a ella como cientos de agujas de hielo. Agrandando los ojos, giró y las envió muy por encima de su cabeza, mientras los otros se agachaban para evitarlas. Las congeló en un garrote que los encerraba por arriba.

-¿Así que los maestros fuego ahora controlan el agua? –preguntó Sokka, golpeándose la cara con la palma. Levantó el puño-. ¿Por qué, Universo? ¿Que te hemos hecho?

-Retirada –exclamó Toph-. Duque. Al planeador. Ahora –Katara escuchó el traqueteo de las ruedas sobre las piedras detrás de sí. Se detuvieron con un chillido un momento después-. Um, chicos... –la voz de Teo tembló-. No puedo moverme.

-Oh, no –dijo Sokka. Su boomerang repiqueteó contra el suelo. El equipo de Aang cayó. Los miembros de Katara se endurecieron y el agua salpicó el suelo. Su sangre se heló.

Oh, no, por favor, no, no esto, cualquier cosa menos esto.

Un relámpago iluminó todo y advirtió sombras moviéndose en el pasillo, las vio gateando en las paredes, vio una figura que se acercaba, que parecía femenina y que llevaba un bola chispeante de un relámpago azul en cada mano.

-¡No! –con la última fuerza de voluntad, Katara se arrojó frente a Aang. Se tambaleó y su cuerpo golpeó las piedras. Sólo podía mirar hacia arriba.

Así vio con perfecta claridad el momento en que Zuko cayó del techo, con los brazos abiertos, la boca abierta y gritando. Cayó sobre la mujer, desenvainó sus espadas, y las cruzó sobre su cuello. Fuego explotó desde las paredes a su alrededor y Aang gritó.

-¡Zuko! ¡Detrás de ti!

Zuko levantó el agarre y sus manos removieron el aire en un círculo de fuego; apartó las llamas, girando, había fuego a lo largo de todo el metal de cada espada. La mujer debajo de él saltó y el se agachó bastante cuando le disparó un llama blanca. Parecía que estaba peleando contra una sombra –un equipo completo de sombras. Katara no podía ver sus caras, solo vislumbraba de cuando en cuando sus figuras negras cuando el fuego se encendía. Y estaban avanzando.

-¡No podemos movernos! –Gritó Katara-. ¡Están controlando el agua en nuestra sangre!

-¡Tú eres una maestra agua! –convocó grandes látigos de fuego y los hizo girar sobre su cabeza. Delgados discos de hielo pasaron con rapidez y sin control por el aire hacia el grupo; sisearon al convertirse en gotas al mismo tiempo que el se echaba atrás después de que los látigos de fuego lamieran el aire. Movió sus brazos y los látigos se volvieron ruedas. Las manipuló a lo largo del suelo y se partieron, rodando a lo largo de las paredes. Las sombras saltaron por el aire y él levantó el fuego, enviando una gran ola por el pasillo. Se agachó. Katara olió el sudor que salía de él. Respiraba con dificultad-. Contrólala de nuevo.

-Él tiene razón, Katara –reconoció Aang-. Puedes hacerlo.

Ella hizo una mueca.

-Tú también eres un maestro, Aang. Tú también puedes.

-Menos charla, más acción –intervino Sokka.

Katara cerró los ojos. Se imaginó la sangre en su interior como los canales del Polo Norte, llevando vida por toda la ciudad que era su cuerpo. Estos son mis canales. Esta es mi sangre. Nadie puede manejarla excepto yo. En su interior, los canales se alzaron, aumentaron repentinamente, se imaginó a sí misma parada en un elegante puente de hielo, levantando sus brazos y golpeando el agarre que alguien más tenía en ella como Aang había roto la Flota Norte de la Nación del Fuego…

…y su cuerpo fue suyo otra vez y se puso de pie, convirtiendo su charco en dos mangas de agua que se deslizaron por el aire junto a los látigos de fuego de Zuko. Los otros vitorearon. Ella se giró –ellos se giraron—y se movió hacía arriba y él hacia abajo y el fuego salió disparado contra el suelo así como, largas lanzas de hielo chillaron en el aire.

Silencio. Se enderezaron. A lo lejos, era consciente de que respiraban al unísono. Entonces risas – risas secas, graves que le erizaron los vellos de su cuello. En la oscuridad, vio dos bolas brillantes de luz chispeante.

-Muy bien –aprobó alguien-. Casi pasan.

Un relámpago crepitó en el aire hacia ellos; Zuko se movió y estuvo delante de ella y lo atrapó – atrapó el relámpago—y sus brazos hicieron algo similar a una posición de agua control. Empujó sus dos manos y embistió y se encontró a sí misma ensombreciéndolo – como enseñándole a Aang, como mostrándole a Aang como hacerlo – y él relámpago azul salió de sus manos temblorosas y escuchó a alguien apretar los dientes mientras la luz se desvanecía por el corredor oscuro.

-Guau –murmuró Sokka.

Katara escuchó pisadas. Zuko se movió y estaba dando marcha atrás, cubriéndola.

-Saca a Aang de aquí.

-De ninguna manera –replicó Aang. Estiró los brazos-. ¡Puedo moverme! –el aire devolvió su equipo a sus manos. Los otros se levantaron con él. Todos menos Toph asumieron posturas defensivas.

-Está bien –aseguró Toph-. Es…

-Mi sobrino –completó una voz más vieja. Saliendo de la oscuridad, sus pisadas se hicieron más fuertes y seguras, mostrando una figura ancha de hombros. Katara vio la barba primero. Después vio a Zuko caer sobre sus rodillas. Apenas reconoció al anciano. Todo su cuerpo había cambiado – caminaba más alto, se mantenía más erguido, y su barriga había desaparecido. Nuevas arrugas habían aparecido bajo sus ojos. Cuando miró a Zuko, esos ojos se entornaron.

-Zuko –llamó.

Zuko tembló bajo su mirada. De repente, parecía mucho más pequeño de lo que recordaba. Horrorizada, Katara lo vio arrodillarse más, colocando sus palmas en el piso y dejando que su frente tocara las piedras.

-Ti… -se paró a sí mismo-. P… Padre –dijo-. Por favor, perdóname. Soy… soy tu hijo leal.

Algo en el rostro del anciano se derritió un poquito. Suspiró.

-Ah, junior… -pronunció. Le extendió la mano-. Te preocupas demasiado.

Zuko tomó su mano y se puso de pie de un salto. Repentinamente, el anciano tenía sus brazos llenos con el adolescente, y sus sobresaltados ojos hicieron contacto con los de Katara por encima del hombro de Zuko. Le palmeó la espalda ligeramente. Zuko se apartó. El anciano le llegaba a sus recientemente formados hombros.

-Has cambiado –remarcó Zuko.

El otro hombre sonrió.

-Tú también.

Sokka se aclaró la garganta.

-Eh, todo esto es muy conmovedor, ¿pero qué hay de todas esas personas intentando matarnos?

El tío de Zuko – ¿o era su papá? – levantó su mano.

-Avatar Aang –llamó.

-¿Sí?

-Me gustaría presentarte a unos especiales amigos míos –las sombras emergieron de la oscuridad hacia la lluvia. En algunas de sus palmas brillaban bolas de fuego. Se sacaron sus caperuzas negras y expusieron un arco iris de rostros: oscuros y claros, masculinos y femeninos, sedoso cabello de la Nación del Fuego y apretadas trenzas de la Tribu Agua. Un relámpago expuso sus sonrisas. Un trueno partió el cielo-. Estos son los Maestros de Tormenta Control.


Notas Extras:

Me disculpo por lo corto de este capítulo. Pero este se siente como el lugar perfecto para parar. ¡Espero que lo hayan disfrutado!

Algunos de ustedes que leyeron mis otras historias de ALLA, específicamente las serie de Tres Tareas, se estén preguntando si Tareas sigue con esta historia. Bueno, no Aunque si comparte (y compartirá) algunos elementos. Evité hacer Tareas una precuela a TC porque la parte tres de Tareas (Juntar) toma la historia en una dirección diferente a la que toma TC. Solo sean pacientes, y todo será más claro.

-.-.-.-.

N/A: Esto no es DamageCtrl y Bailando en la Oscuridad, pero es un fic igual de excelente y más largo :P Pero como tenía el primer cáp más corto, empecé por aquí. Espero no haberlo destruido demasiado. Y cómo sabrán, es Zutara, aunque apenas se note.

Muchas gracias por el apoyo en RdL :) Y espero que también les guste este fic. El lunes empiezo las clases... :S. No sé cuando pueda subir el próximo cáp. Ni cuando empezar BelO. En fin, espero que anden bárbaro y me digan que tal está.

Gracias: IRIS, S. Lily Potter, kuchiki mabel, Roraven, Melian, Aiko1504, :), Yami, Mizuhi-Chan, Vane.Zutara, kata, Paolyta, ferna, azrael y Criptop3. Thanks un montón :) Moito Obrigado (?) Jajaja, en serio, son de oro y no se puede pedir más.