Epilogo.

Su cabello bailo en el viento primaveral, el aroma a los cerezos en flor inundaba todo el ambiente llenando también sus sentidos, una infantil risa llego hasta sus oídos haciéndola sonreír involuntariamente y justo después un grave gruñido que la obligo a girarse totalmente.

-Se supone que te ofreciste- Murmuro dulcemente viendo la expresión de fastidio que tenia su compañero, vio entonces a la pequeña pelinegra salir de detrás del hombre todavía riendo y abrazarse a las piernas de la mujer.

-Onee-san!- Llamo la aguda voz a sus piernas haciendo que toda su atención se centrara en ella. –Oji-san no es divertido- Lloriqueo mirando de reojo al mayor que frunció aún más el ceño.

-Iie… Es solo que él no es muy paciente- Confeso la mujer viendo como la niña parecía analizar lo que le dijo, su cabello hasta los hombros de un tono negro con destellos rojizos y sus intensos ojos negros brillaban en su nívea piel.

-Hai hai… Okasan dice lo mismo siempre- Acepto cruzándose de brazos, escucho un murmullo de niños y se giró hacia la mujer con ojos llorosos. –Puedo?- Pidió señalando en la dirección que unas niñas estaban jugando la mujer asintió sin dejar de sonreír y le dio unas palmaditas en la cabeza.

-Eres muy permisiva- Se quejó la voz masculina rodeando su cuello sobresaltándola. –No ves que es una manipuladora… Igual a Itachi- Comento respirando sobre el cuello de la mujer alegrándose por ver como su piel se erizaba por donde pasaba.

-Demo… No se porta mal conmigo- Se defendió liberándose de los brazos del hombre, avanzo unos dos pasos esperando que el hombre la siguiera. –Sasuke?- Murmuro al no escuchar los pasos detrás de sí.

-A quien crees que se parecerá?- Murmuro acercándose a la mujer y acariciando suavemente el abultado vientre de la mujer, la escucho gemir un poco y sonriendo con prepotencia encontró su mirada con la de la ojiblanca.

-Espero que no a ti- Gimió al sentir como el pelinegro pasaba lentamente la punta de sus dedos por debajo de sus senos, siempre lo hacía a propósito. –Eres demasiado pervertido- Se burló separando las manos del hombre y acariciando protectoramente aquel gran bulto, no podía esforzarse demasiado ya que en cualquier momento su pequeño bebe podría nacer.

El pelinegro la miro de reojo y gruñendo empezó nuevamente la marcha hacia la colina de aquel parque, sintió la suave brisa golpear su rostro llevando consigo el dulce aroma de la primavera pero también el agradable pero diferente aroma a lirios que siempre desprendía aquella mujer.

Sus pasos eran lentos, disfrutando del ambiente, podía escuchar la suave risa de la niña que estaba con ellos, para tener apenas seis años era toda una genio, como lo había dicho Sasuke, digna hija de Itachi fue su comentario alguna vez a lo que Aiko y ella habían empezado a reír.

-Hinata…- La gruesa voz del pelinegro la saco de sus recuerdos, lo vio algo tenso y avanzo un poco más rápido hasta entrelazar su mano con la de él, sus ojos se encontraron leyendo en aquella oscuridad el desconcierto y sintiendo como su corazón daba un vuelco se giró para ver el final de la colina.

-Kuso…- Una grave pero joven voz resonó haciendo que la ojiblanca contuviera la respiración para luego sentir el calor cubrir totalmente su rostro al ver como una chica de largo cabello amarillo con el uniforme de instituto salía con la mirada gacha de detrás del árbol de cerezo, un chico de cabellos marrones se acomodó la camisa y suspiro avanzando lo más rápido que podía por el sendero para darle alcance a la adolescente.

-Sasuke?- Llamo avergonzada de entender lo que había estado a punto de suceder si ellos no hubieran llegado, la torcida sonrisa de su esposo la hizo estremecer y el calor aumento notablemente en sus mejillas.

-Tu una vez hiciste lo mismo- Le susurro tomándola por la cintura y pegando su estrecha espalda a su amplio pecho, la escucho jadear y descaradamente paso una de sus manos por sus grandes senos haciéndola gemir por lo debajo.

-Sas… Sasuke…- Gimió intentando separar aquella mano que solo lograba estremecer todo su cuerpo, maldijo internamente aquel cambio hormonal que le daba el embarazo, solo quería estar encerrada con el pelinegro en su habitación y eso no era nada saludable para su bebe.

El pelinegro libero de mala gana el cuerpo de su esposa, sabía que no podía agitarse demasiado, no quería tener que correr con el nacimiento de su primer hijo, su pensamiento se cortó girándose nuevamente hacia el árbol de cerezo que yacía en medio de la punta de la colina, vio entonces un pequeño arbolito que crecía bajo su sombra, sus hojas diferentes a las del cerezo se dejaban ver de un brillante y claro verde.

-Qué lindo- Murmuro la ojiblanca agachándose con dificultad para rozar aquellas suaves hojas, sintió como en el interior de su vientre su pequeño bebe se agitaba, tal vez reconociendo al que hubiera sido su hermano mayor, rio ante la idea y empezó nuevamente a acariciar un enorme vientre.

-Nunca me dijiste que árbol conseguiste para el- La voz del pelinegro sonó más suave de lo normal haciendo que la ojiblanca se girara con dificultad y con una petición silenciosa el extendió sus manos para ayudarla a ponerse de pie.

-Es un árbol de jazmín- Murmuro viendo como poco a poco esa pequeña planta se abría camino en ese lugar, suspiro acariciando su vientre nuevamente vio con melancolía aquella pequeña planta y giro luego su rostro hacia los ojos negros que veían en su misma dirección.

-Ojisan!-Un grito agudo los alerto viendo como la pequeña pelinegra venía con su rostro sonrojado y unas cuantas lagrimas corriendo por sus mejillas, ambos adultos se tensaron y el pelinegro se agacho para recibir a la pequeña niña que se dejó caer en su pecho dejándose cargar por el hombre. –Ojisan… Un… Un niño…- Decía entrecortadamente, el pelinegro gruño y empezó a ver hacia el camino por donde había llegado su pequeña sobrina.

-Chiharu no llores onegai-Susurro la mujer viendo como la pequeña intentaba contener sus lágrimas, vio entonces una de sus manos apretadas sobre su cara. –Que tienes ahí?- Murmuro dulcemente tomando la pequeña mano de la niña entre las suyas y haciéndola abrir su pequeño puño encontrando una pulserita de plata con unos kanjis colgados.

-Solo hay un niño- Murmuro el pelinegro viendo a la ojiblanca, vio como una tierna sonrisa adornaba los labios de su esposa y esta empezó a caminar lentamente delante de él, Sasuke confundido empezó a seguir el paso que le indicaba la delicada mujer ante él.

-Chiharu que te hizo el niño?- Soltó de repente la mujer deteniéndose justo donde un pequeño rubio de camisa negra se encogía y sobaba su rostro repetidas veces. –Chiharu…- Volvió a llamar un poco más fuerte viendo como el pequeño rubio se tensaba en su lugar.

-Tetsu-kun… Tetsu-kun dijo que no era bonita!- Dijo y volvió a llorar haciendo que el hombre se pusiera totalmente rígido y Hinata solo ampliara su sonrisa enternecida por el sufrimiento de la pequeña.

Hinata rozo suavemente el hombro del pequeño que tembló ante el contacto, sus ojos se encontraron con unos preciosos ojos verdes, sus pequeñas y redondas mejillas tenían un tenue rosado haciendo que ella suspirara complacida, era un buen niño.

-Aquí tienes- Susurro colocando la pequeña pulsera en las manos del pequeño que la miro sorprendida y el sonrojo aumento un poco en sus mejillas. –Chiharu…- Llamo viendo como la pequeña pelinegra se tensaba en su lugar.

-Discúlpate- Dijo serio el pelinegro colocando a la niña frente al pequeño rubio, vio con sorpresa como el niño junto sus manos nervioso mientras el rostro de su sobrina se cubría de un rosado intenso.

-Tetsu-kun…- Llamo dulcemente mientras todavía se limpiaba las lágrimas. –Sumimasen…- Dijo entre dientes inclinándose un poco, el pequeño se puso aún más nervioso pasando el de un tono rosado a uno rojo.

-Iie… Chi-chan… Fue… Fue mi culpa- Dijo el saltando de su lugar y acercándose a la niña le dio un beso en la mejilla y salió corriendo dejando a la pequeña Uchiha totalmente congelada mientras una alegre risa floto a su alrededor.

-De que te ríes?- Se quejó el pelinegro tomando a su ahora petrificada sobrina mientras la ojiblanca enredaba su brazo con el de él y seguía riendo infantilmente, sus mejillas se colorearon un poco y su mano libre acaricio nuevamente su vientre.

-Chiharu-chan es realmente atrevida- Dijo divertida viendo como la pequeña se removía entre los brazos del pelinegro, vio como este frunció el ceño y giro su rostro hacia el otro lado. –No es malo… Me recuerda a Nauma-chan- Dijo ampliando su sonrisa al notar como el cuerpo de su esposo se hacía más rígido a cada paso que daba.

-Onee-san…- La aguda voz de la pelinegra corto su risa de golpe haciendo que su mirada perlada se encontrada con una vivaz mirada negra, sus mejillas estaban rosadas y tenía la boca totalmente abierta. –Tetsu-kun no es cualquier niño para Chi-chan…- Confeso cruzándose de brazos haciendo que la mujer asintiera sonriendo. –Tetsu-kun será el novio de Chi-chan cuando tengamos edad… Él lo ha dicho- Dijo lo último en un murmullo, los brazos del pelinegro se abrieron dejándola caer delante de su rostro que estaba marcado por la seriedad que le había causado aquella confesión.

-No dejes que él te diga esas cosas- Regaño viendo como la niña hacia un puchero y cruzándose de brazos giraba su rostro hacia otro lado. –Muy Uchiha de tu parte- Se burló el mayor escuchando a su lado la risa apagada de su esposa obligándolo a soltar un bufido de inconformidad.

-Gomene Sasuke… Te ves muy tierno- Revelo justo cuando abría la reja de su casa viendo como la pequeña pelinegra se retorcía en brazos del mayor hasta conseguir liberarse para entrar de primera en su casa favorita como le decía ella.

-Realmente esto de no saber el sexo de mi hijo me está preocupando- Se quejó el pelinegro cerrando detrás de si la puerta, vio como la mujer sonreía y un nuevo sonrojo se apoderaba de sus mejillas.

-Se portara bien…- Dijo intentando calmar la ansiedad que era muy impropia del pelinegro, le gustaba verlo nervioso, cada día que pasaba se ponía más nervioso de lo que podría ser su pequeño hijo. –Chiharu cuidara bien como su prima mayor- Acoto con una sonrisa en los labios viendo como este palidecía de golpe.

-Voy por sus cosas- Dijo sobándose el puente de la nariz, un dolor insistente de cabeza había empezado a martillar sus sienes por todo el estrés que su pequeña sobrina llegaba a causarle.

Hinata asintió y camino hacia la sala donde la pequeña sonreía frente al gran televisor que era una nueva adquisicion única y exclusivamente para ella, la pelinegra se giró al verla llegar y la tomo de la mano para sentarla a su lado.

-Onee-san… Okasan dice que tu conociste a Ojisan desde muy pequeña y supiste que él era tu príncipe- Dijo haciendo que la mayor se sonrojara de golpe. –Y ahora van a tener un primito para Chi-chan…- Dijo alegremente mientras colocaba su cabecita apoyada en la barriga de la ojiblanca que suspiro y empezó a acariciar su cabello.

-Cuando seas más grande te contare la historia de tu Ojisan y yo…- Prometió viendo como la pequeña levantaba su cara ilusionada y asintiendo volvía a apoyarse en su barriga, Hinata sintió una pequeña presión en su parte baja al tiempo que unas cuantas patadas el cortaban levemente la respiración.

-Sugoi!- Dijo la pelinegra contra la parte donde él bebe se movía. –Onee-san podré cargar a mi primo cuando nazca verdad?- Interrogo, la ojiblanca asintió incomoda, el dolor no había cesado como las veces anteriores, más bien se agudizo y de golpe sintió que sus piernas empezaban a mojarse.

-Oh…- Gimió separando a la pelinegra que puso mala cara al saberse separada de su primo o prima. –Chiharu…- Dijo con dificultad, vio la expresión asustada de la niña e intento sonreír. –Busca a Ojisan.. Dile… Que es la hora- Dijo difícilmente sintiendo una nueva contracción, vio como la pequeña pelinegra salto del sofá y corrió en dirección al piso superior. –Fue un mal día para decidir cuidarla- Se dijo sintiendo nuevamente la presión, gimió con fuerza apretando los dientes e intento ponerse de pie.

-Hinata…- La asustada voz del pelinegro la hizo perder la concentración y jadeo con más fuerza sujetando su gran vientre. –Debemos irnos!- Dijo colocando su brazo por debajo de los de la mujer y alzándola sin ningún problema.

-Chiharu… No… No puede quedarse sola- Dijo entrecortadamente, una nueva contracción la hizo cerrar los ojos con fuerza y soltar un siseo entre sus dientes apretados, solo podía sentir a su pequeño bebe colocarse en posición y empujar una última vez contra su piel.

-Chiharu!- Llamo el pelinegro viendo la cara de terror que tenía su sobrina, suspiro intentando mantener la calma y abrió la puerta de la casa. –Ve hacia el auto y abre la puerta del copiloto- Ordeno viendo como la pequeña salía corriendo y hacia lo que le indicaba.

-Espero que sea un varón- Deseo la ojiblanca apretando aún más sus dientes, sus ojos buscaron los del pelinegro que la miro confundida. –Siempre es maravilloso escucharte hablar de esa manera- Confeso sintiendo la vergüenza correr por su rostro mas no se coloreo, su sangre se estaba acumulando en otro lugar.

-Ojisan vamos!- Apuro la pelinegra ya cerrando la puerta del asiento trasero, el pelinegro agradeció que la pequeña fuera una genio sino le habría costado más colocar a la mujer en el asiento de adelante.

-En unos minutos estaremos en la clínica- Susurro el pelinegro al momento de dejarla sobre el asiento ligeramente recostado, sus labios besaron fugazmente los de la ojiblanca y dio la vuelta casi corriendo hacia el asiento del piloto, debía controlar su ansiedad.

-Arigatou Chiharu…- Gimió la ojiblanca, podía sentir la respiración nerviosa de la niña cerca de su rostro pero ella tenía que concentrarse, tenía que aguantar sus deseos de gritar por el dolor que se hacía cada vez más fuerte en la parte baja de su cuerpo.

-Cómo te sientes?- Interrogo el pelinegro al poner el vehículo en marcha, vio por el retrovisor a la pequeña pelinegra acomodando el cabello de la ojiblanca para que no le cayera en el rostro, parecía más nerviosa que cuando nació su segundo hermanito.

-Onee-san… No llore… Onegai- Dijo la pequeña restregando sus manitos contra sus ojos al ver como las lágrimas corrían por las mejillas de la mayor, Hinata movió una de sus manos para limpiar las lágrimas de la pequeña y sonreír forzosamente.

-Iie… Chiharu no… No te pongas así… No estoy triste- Dijo al momento para cortarse con un gemido, se giró un poco hacia donde estaba el pelinegro y vio con cierta gracia como el parecía haberse convertido en una perfecta estatua. –Sasuke… Estoy bien- Comento con un jadeo recordando la pregunta que él había dejado en el aire.

Dejo escapar un gruñido viendo a la mujer de reojo, su corazón latía rápidamente al verla tan adolorida, recordó vagamente el tiempo que ella estuvo en la clínica, luego del accidente y su cuerpo reacciono de manera negativa ante el recuerdo.

Hinata suspiro intentando calmar su creciente malestar, no había tenido nauseas desde el primer mes pero en ese momento y en esa incómoda posición no supo en que momento las arcadas se hicieron incontrolables.

-Ojisan… Onee-san va a vomitar- La aguda voz en el asiento de atrás hizo que el pelinegro frenara de golpe justo al momento que la ojiblanca se levantaba de su posición para vomitar a través de la ventana del vehículo.

Sasuke bajo agradeciendo internamente que ella hubiera aguantado hasta llegar a la entrada de la clínica, para su incomodidad una muy conocida, su cuerpo se estremeció en señal de inconformidad por encontrarse nuevamente allí, un sonoro jadeo lo regreso a la realidad mientras abría la puerta del auto.

-Sasuke…- Gimió con dificultad la ojiblanca al ver como la puerta se abría y los fuertes brazos del pelinegro la tomaban alzándola sin ninguna dificultad, busco el rostro aterrorizado de la pequeña pelinegra y la vio dudar en el asiento trasero del auto. –Chiharu…- Llamo viendo como la aludida daba un respingo y en un salto salió corriendo hasta llegar hacia ellos.

-Debes quedarte cerca de mi Chiharu- Ordeno el pelinegro cruzando su inexpresiva mirada con aquella igual pero brillante de emociones, algo que siempre había llamado su atención, esa pequeña tan igual a los Uchiha físicamente con cada año que pasaba se alejaba del perfil que ellos tenían en cuanto a personalidad.

-Onee-san- Murmuro la pequeña intentando mantener el rápido caminar del mayor vio entonces como unas enfermeras llegaron hasta ellos y eficientemente colocaron a la ojiblanca en una silla de ruedas deteniendo el paso del pelinegro.

-Debe esperar a que la preparemos- Dijo fríamente la enfermera de cabello rojo, sus ojos azules se clavaron intensamente en los intensos ojos negros que la miraban con rabia. –Cuando este cambiada y lista en la habitación los haremos pasar- Concluyo dando una fugaz mirada a la pequeña que se había guindado de su pantalón.

-Ojisan… Estará bien?- Murmuro la pequeña limpiándose las delicadas lagrimas que corrían por sus ojos. –Okasan no estuvo así cuando nació mi ototo- Dijo recordando aquel día en que su madre había dado a luz a su pequeño hermano.

-Tu Okasan se puso así cuando naciste tú- Confeso tomando a la niña por los brazos y dejándola descansar en su pecho. –Es porque fuiste su primer bebe así como este es el primero de Hinata- Explico sintiendo como la pequeña asentía débilmente contra su pecho.

-Onee-san estará bien entonces?- Pregunto apretando con sus pequeñas manitos la franela que llevaba el mayor, este asintió débilmente mientras peinaba distraídamente el cabello de la pequeña.

-Uchiha-san…- La voz monótona de la enfermera lo hizo reaccionar, esta suspiro y relajo su posición al ver que el la escuchaba. –Ya puede pasar- Concluyo empezando a adentrarse nuevamente en el pasillo de habitaciones.

-Ella es muy amargada- Susurro la pequeña haciendo que una sonrisa torcida se dibujara en el semblante del mayor, asintió sintiendo como la pequeña se apretaba aún más a su cuello, no sabía en qué momento se había vuelto tan cercano a su pequeña sobrina.

"Ojala sea niña" Pensó al darse cuenta que desde que su pequeña sobrina había nacido su visión de la vida había cambiado, siempre la vería pequeña aunque estaba consciente de su crecimiento desde ese día hasta la actualidad.

-Onee-san!- La aguda voz llego a sus oídos justo cuando la pequeña saltaba de entre sus brazos hacia la cama donde se encontraba la ojiblanca, la vio sonreír con un rosado adornando su nariz y mejillas, su cabello estaba recogido en un descuidado moño bajo el gorro azul.

-Sasuke- Su voz más baja que de costumbre lo atravesó al encontrar sus perlados ojos brillantes de ansiedad, sintió como su corazón se aceleraba y sin percatarse como llego hasta tener entre sus manos la delicada mano de su esposa.

-Bueno…- Una voz conocida sonó a sus espaldas haciéndolo estremecer, se giró un poco al ver la imponente figura de una rubia conocida, la vio sonreír haciendo el efecto contrario en el que dejo escapar desde el centro de su garganta un sonido gutural.

-Tsunade-sensei- Dijo alegre la ojiblanca mientras relajaba su posición en la cama, el dolor había cesado un poco desde el momento que le habían colocado la anestesia. –Me alegra que sea usted- Confeso sonriendo al escuchar la cálida risa de la mujer, sintió la presión del agarre del pelinegro y acerco sus manos para besarlas intentando relajarlo.

-Sera un parto tradicional- Comento ella acercándose tranquilamente hacia la cama. –Eres bastante rápida- Dijo a modo de halago al pasar su vista de la pequeña carpeta que estaba en la mesa hasta sus perlados ojos. –Ya dilataste completo…-

-Hai… Eso…- Se cortó sintiendo la intensa puntada de la contracción querer partirla desde su bajo vientre, un jadeo escapo de sus labios dejando caer su cabeza hacia atrás, su mano todavía estaba atrapada entre las dos manos cálidas y temblorosas del pelinegro.

-Creo que es hora de comenzar, tu bebe no esperara a que termine de hacer efecto la anestesia y términos generales estas lista- Dijo la mujer girándose hacia la puerta nuevamente. –Buscare a las enfermeras y empezaremos- Completo al sentir la penetrante mirada oscura querer atravesarla.

-Sasuke…- Llamo la mujer haciendo que volviera su vista nuevamente hacia ella. –No… No quiero que Chiharu vea…- Dijo con dificultad girando su rostro hacia donde estaba la pequeña pelinegra, extrañamente se veía tranquila sentada en el sofá que había al otro lado de habitación.

-Debe quedarse Hinata…- Murmuro el pelinegro al tiempo que dejaba ligeros besos por su nariz, mejillas para terminar tranquilamente sobre sus labios. –No la puedo dejar afuera y no pienso quedarme fuera mientras tu estas aquí… Así- Completo bajando su mano hasta acariciar lentamente su gran vientre, se sentía más pequeño y duro que antes lo que lo hizo dudar momentáneamente.

-Qué crees que será?- Pregunto con dificultad intentando distraer al pelinegro, el nerviosismo revoloteo en su barriga al recordar los nombres que habían elegido. –Yo quiero varón…- Confeso jadeando al sentir una nueva contracción atravesar todo su cuerpo.

-Sera niña…- Dijo con seguridad el pelinegro, su corazón vibro ante aquella frase y sus ojos se encontraron con la tranquilidad que le brindaba aquella mirada oscura, lo vio torcer su boca en una sonrisa que la hizo sentir cosas no muy acordes para el momento.

-Sera una niña muy seria…- Se burló la ojiblanca gimiendo de dolor y dejando caer todo su peso contra el colchón, las puertas se abrieron de par en par dejando a la vista un pequeño grupo de enfermeras todas con guantes y tapabocas.

-Póntelo Uchiha y ponle uno a la pequeña- Dijo prepotentemente la rubia pasándole dos tapabocas y unos gorros azules, el solo asintió intentando mantener la calma ante su pequeña y sorprendida sobrina.

-Sugoi…- Murmuro la pequeña ver como su tío se acercaba a ella con las mismas cosas que tenían las enfermeras, sintió como en un rápido movimiento todo su cabello había quedado guardado en el gorrito y su boca era cubierta por aquel objeto que la incomodo un poco.

-Quédate tranquila.. Apenas puedas acercarte te llamare- Dijo fríamente el pelinegro viendo fijamente los ojos astutos de la menor, esta asintió decidida y se irguió en su posición, sus labios dejaron escapar un suspiro derrotado, aquella niña era demasiado igual a Itachi como para pretender que no obedeciera.

Regreso sobre sus pasos y escucho el jadeo constante de la ojiblanca y se quedó a unos pasos de la cama, vio sus delgadas y suaves piernas elevarse en unas agarraderas de metal y su rostro totalmente rojo por el esfuerzo que estaba haciendo, sintió la pesada mirada miel de la doctora encargada y recupero la movilidad de sus extremidades.

-Lo haces muy bien…- Murmuro la mujer apartando un poco una de las piernas dejando más espacio entre sus piernas, el pelinegro sintió un poco de incomodidad cuando llego hasta la cabecera donde la ojiblanca le dio una rápida mirada para luego volver a cerrar los ojos y soltar otro grave gemido.

-Ya casi sale…- Volvió a decir la tranquila voz de la rubia y justo en un último jadeo toda la habitación se llenó de un potente y agudo llanto, las manos de Hinata buscaron la del pelinegro sorprendiendo y enterneciéndose porque este se había quedado congelado en su lugar. –Es una hermosura…- Gimió la mujer acercándose hasta el rostro de la ojiblanca.

-Una?...- Soltó la ojiblanca curiosa al ver como la rubia asentía y le pasaban el pequeño bultito envuelto en mantas rosadas, sintió la presión hacerse más fuerte sobre su mano y un cálido ronroneo cayó sobre su pecho obligándola a mirar aquel bultito.

-Felicidades Uchiha…- Murmuro la rubia haciendo que el pelinegro saliera de su trance, sus ojos se encontraron fugazmente con los risueños de la rubia que empezó a caminar hacia fuera de la habitación.

-Sasuke…- La voz sonó suave y aterciopelada obligándolo a bajar su mirada, vio entonces el pequeño cuerpo que ronroneaba contra el pecho expuesto de la ojiblanca, su piel se veía tersa y rosada, tenía un cabello abundante y totalmente negro. –Kimiko…- Susurro besando suavemente aquella sedosa piel.

El pelinegro se acercó y rozo sus dedos en aquel suave cabello sintiendo como la pequeña personita temblaba ante su contacto y liberaba de buena gana aquel gran pecho, la ojiblanca la giro un poco y entonces unos ojos grandes y astutos de un gris perlado se encontraron con los de él y un gorgoteo infantil lleno todos sus sentidos.

-Kimiko…- Murmuro el pelinegro tomando entre sus brazos aquel pequeño cuerpo, tan igual y al mismo tiempo tan diferente del de la mujer que yacía acostada a unos centímetros de él, un hermoso rosado cubrió el redondeado rostro de la bebe al tiempo que se removía entre las mantas.

-Ojisan…- La aguda voz de la niña que se encontraba en la habitación lo saco de su ensoñamiento, vio como la pelinegra se removía inquieta todavía sentada en el sofá y sonriendo se acercó a ella para mostrarle a su nueva primita. –Kawai!- Gimió sobre el rostro de la bebe que arrugo su rostro y se giró hacia el pecho del hombre.

Una suave risa escapo sin control de entre sus finos labios al ver que a su pequeña hija no le gustaba aquella hiperactiva niña, acaricio el cabello de la niña mientras se giraba nuevamente hacia la cama donde veía a la ojiblanca respirar tranquilamente con los ojos cerrado y sus manos acariciando el ahora vacío vientre.

-Es hermosa- Murmuro roncamente al volverla a colocar sobre el pecho de su esposa, vio como los perlados de la mujer se abrían sorprendidos y sus mejillas se colorearon rápidamente de un rosa pálido. –Es igual a ti- Completo bajando su rostro hasta dejar sus labios a centímetros de los de ella.

-Sas… Sasuke…- Tartamudeo como hacía años que no lo hacía y sintió el pequeño cuerpo acomodarse sobre sus senos, sintió su corazón latir más rápido y un calor extenderse por todo su cuerpo cuando el cálido aliento de el choco contra sus labios.

-Es igual de bella que tu- Susurro contra sus labios sintiendo como la mujer se estremecía ante sus palabras, una de sus manos atrapo el delgado cuello de la mujer y lo empujó hacia delante atrapando en un intenso beso aquello rosados labios que desde el primer día habían robado todo su raciocinio.

-Te Amo- Dijo con dificultad contra los labios del pelinegro, lo sintió sonreír contra su boca y se dejó llevar por la sensación de paz que la inundo irremediablemente, su vida no era como la había planeado alguna vez, desde que lo conoció había sido todo totalmente opuesto a lo que había imaginado y sobre todo había mucho más amor del que nunca fue capaz de imaginar que sentiría porque eso era Sasuke para ella, la prueba viviente de que el amor si podía superarlo todo porque él había hecho hasta lo imposible y ella por él había llegado a extremos que jamás imagino llegar pero, ahora teniéndolo tan cerca sabía que ese era el lugar donde siempre debió estar, entre sus brazos, derritiendo a aquel congelado hombre siempre que pudiera.

-"-"-"-"-"-"-"-"-"-"-"-"-"-"-"-"-"-"-"-"-"-"-"-"-" -"-"-"-"-"-"-"-"-"-"-"-"-"-"-"-"-

Sugoi! Al fin el epilogo de esta historia que me saco más de una lagrima en el transcurso de su creación! Hubo mucho estrés y traiciones pero al final pudieron estar juntos y regalarnos un final que surgió a través de cada palabra de todos los capítulos! Espero les guste un montón así como a mí me gusto escribirlo para ustedes! Sé que me demore pero este si será la última actualización de este bello fic!

Doy por concluida esta historia, muchas gracias a todos mis lectores que siguieron fieles a través del tiempo y los meses de ausencia, siempre son un foco de apoyo para continuar aunque no haya suficiente tiempo, son la inspiración más grande! Muchísimas gracias por llegar hasta aquí! Nos leeremos en alguna de mis otras historias! O con mis review en sus historias si las leo!