SUMARY: Los Uchiha somos orgullosos y arrogantes, pero también seguimos un destino que transcurre de generación en generación. Tú Sasuke también has caído, aunque te empeñes en negar lo evidente. Esas fueron las palabras de Uchiha Madara.

Parejas: Sasuke x Sakura; Pein x Konan; Madara x Kaede; Fugaku x Mikoto/Ayame; Itachi x Celinda; Naruto x Hinata; Minato x Kushina

Aviso: Si no sigues el manga de Naruto, ojo que puede contener spoilers.

Dato: El título significa Destino: Uchiha y Haruno.

Disclaimer: Naruto ni sus personajes me pertenecen, sino a su creador Masashi Kishimoto. Solo los personajes de Kaede y Celinda son de mi autoridad, así como el nombre y la versión como Ayame de Mikoto.


-UNMEI: UCHIHA TO HARUNO-

by: Atori


"Gracias, es todo lo que os puedo decir. Gracias a vosotros tengo lo que nunca imaginé tener. Por deseo de Madara, sigo liderando Akatsuki y Amegakure.

Cuando regresé a Konoha con Sakura, no dudé en prestar mi ayuda y ordenar a Pein y a los demás que protegieran a los ciudadanos de aquellos ninjas invasores. Sakura se encargaba de curarles, que no sé si fue por la presencia espiritual de todas las Harunos, que tuvo por un corto período de tiempo, el poder de resucitar a los que habían caído a manos de los invasores.

La batalla con nuestra presencia, no duró mucho y en seguida pudimos relajarnos y gritar triunfadores.

Konoha entera se alegró de lo que habíamos hecho por ellos, Sakura lloraba de emoción y yo me sentía inflado de orgullo, deseoso de que me vierais, otosan, okasan, nisan.

El Daimyo no tardó en darme la bienvenida y cuando supo por boca de Kakashi todo lo ocurrido, relacionado con Hashirama y Naruto, se había sentido desconcertado, incrédulo como muchos que lo supieran.

Poco después, siendo uno de los ninjas más poderosos y el que al principio se deshacía de los invasores, le propuse al Daimyo ser el Hokage de Konoha. Lo hice por ti, hermano, por la villa que tanto amaste; por vosotros, padre y madre, que deseabais ser parte de Konoha; por el Dobe de Naruto, siendo ese su sueño de niño, que yo sería el Kage de Konoha para cuidarla y que nuestro clan, el Uchiha, fuera reconocido.

Kakashi me apoyó, incluso mis compañeros de generación con sus familias, Shikamaru y los demás, también. La mayoría era tan absoluta y mis actos de proteger a Konoha de los invasores, fueron suficientes para convencer al Daimyo de mi propuesta.

Sin embargo, el Daimyo no contaba con que Akatsuki tendría que estar también. Pero insistí en que ellos también estuvieran en Konoha, asegurándole que sus intenciones no serían malévolas, porque ahora yo los dirigía, así como el país del agua.

Fue un año lo que a la gente le costó asimilar a Pein y a los demás, ahora convivimos todos sin problemas. Y yo dirigiendo los países de fuego y agua en una nación poderosa y respetada con Sakura a mi lado, como mi esposa.

Siguen pasando los años y por fin puedo centrarme en la restauración del clan, para que vosotros algún día renazcáis… pero… eso no es suficiente para pagar el favor.

Prometo que estaré ahí para veros y ayudaros, porque de verdad, vosotros me distéis una razón para seguir viviendo la vida. Me distéis también un amor que nunca encontraré y a Sakura, una persona irremplazable. Ella es mi flor y que amaré para siempre.

¿Lo sabes, verdad Sakura?

Lo nuestro será eterno."

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EPÍLOGO

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Unos pasos gráciles corrían con entusiasmo y con energía hasta detenerse y voltearse con euforia.

-otosan, onisan, venga, daos prisa.

La voz proveniente de esa criatura, una niña de doce años, sonreía a sus interlocutores: un hombre que rondaba la treintena, de rasgos finos, piel blanca, ojos negros como la noche y cabello del mismo color, con algún que otro reflejo azulado. Sus pasos, al contrario que la niña eran calmados y elegantes, con su capa negra de nubes rojas ondeando ligeramente al viento, embobando a las chicas que le veían. Sin embargo, ninguna de ellas, hacía el amago de acercarse e intentar conquistarle. Pues él, Uchiha Sasuke con sus treinta y dos años, seguía siendo un rompecorazones, o el sexy boy, como algunas pervertidas le decían. Pero claro, habían varios factores que las impedían acercarse al Uchiha superviviente.

El primero: era el Hokage de la villa, por lo que le debían respeto, aunque claro, eso no le importaban a las atrevidas que les hubiera dado igual, incluso aunque fuera un sacerdote entregado a Dios.

El segundo factor: era una persona casada y con hijos, pero el mundo era conocido por las infidelidades tanto por parte de hombre como de mujer, que eso tampoco suponía un problema.

El tercero: tenía un hijo tan atractivo, que a veces era dudoso en si seducir al padre o al hijo. Pues aquel chaval de catorce años, poseía un atractivo digno de la familia Uchiha. Sus ojos negro azabache, eran del mismo color que su cabello, el cual lo tenía liso y con una pequeña melena que llevaba recogida en una coleta baja, dándole un aspecto casi parecido a su difunto tío Itachi. De hecho, muchas veces, los que no los conocían, tomaban a padre e hijo como hermanos por el gran parecido que tenían. Y es que, catorce años de diferencia, apenas era nada en un adolescente de facciones maduras y en un hombre que se conservaba bien para su edad.

El cuarto problema y el que las detenía en su intento de seducción: aquella niña que les acompañaba. A pesar de sus doce años y de su hermosa figura con los rasgos idénticos de su padre, tenía un mal genio, capaz de intimidarlas. Y claro, eso resultaría raro verla tal como iba ahora mismo, saltando de alegría, rebosando inocencia y cargando unas flores de cuatro colores distintos, rosa, verde, azul y blanca.

Y el quinto, último factor y el más importante: su mujer. Si decir que la niña tenía mal genio era porque lo había heredado de su madre. Una mujer que saltaba a la mínima, cuando esas mujeres se le insinuaban a su marido. Bien era capaz de matarlas con su fuerza bruta. Solo Sasuke lograba calmarla mediante la persuasión, y ella fácilmente caía en su encanto. Pues tan enamorada estaba de él, que desde que los aldeanos les conocían, sabían que lo que se profesaban mutuamente era un amor verdadero y sincero, a pesar del destino en el que se habían envuelto.

Pero claro, aún así, las chicas seguían siendo fangirls del Uchiha Hokage/Mizukage y a expresar entre ellas sus ilusiones pervertidas.

-míralo, cada día está más bueno.

-lo que daría por llevármelo a la cama.

-yo con verlo desnudo, sería feliz.

Comentarios tan subidos de tono, que era escuchados por el mayor y sus dos hijos. Pero Sasuke no se mostraba alterado, sino más bien, acostumbrado. Su hijo mayor, era diferente, agachaba la cabeza entre indignado y molesto. Y la pequeña… su alegría e inocencia, se habían transformado en la clara máscara de una molestia a punto de explotar.

-e Itachi-kun… -agregaba una- parece mentira que sea tan joven. Se ve tan mayor y maduro.

-un día de estos me voy a colar en su habitación. Soltero y sin compromiso, es un partido que hay que aprovechar.

Ahora sí consiguieron que el rostro del joven llamado Itachi se le pintara un sonrojo, acompañados del amargo recuerdo de lo bien capaces que eran esas mujeres.

Aquel día, hace meses, cuando esperaba en la sala de espera a su madre, a que saliera del trabajo en el hospital, una de las enfermeras había aparecido de la nada, cerrando la puerta y desabrochándose la parte superior del aquel uniforme blanco y ceñido.

Había sido una mujer atrevida que le había costado el trabajo y la pérdida de conocimiento por parte de su madre.

-¡brujas arrugadas! ¡Cómo alguna se acerque a mi hermano, responderá ante mí!

Y ahora en ausencia de su madre, tenía a su hermana pequeña para que lo defendiera lo que ella consideraba de su propiedad.

Los ojos blancos sin pupila de la niña, como si fuera la niña del Exorcista, asustó tanto a las mujeres que se abrazaron temblorosas.

-¡nadie toca a mi adorado hermano! ¡Es mío! –enseñando su puño cerrado- ¡y mucho menos unas pendejas como vosotras!

-¡Mikoto!

La voz severa y dura de Sasuke, encogió el cuerpo de la niña. Con profundo temor, lo encaró, recibiendo esa fría mirada.

No había palabras para saber lo que quería decir.

¡Su vocabulario!

Como Uchiha, corrección, al llevar el nombre que su abuela se había puesto al cambiarse de identidad y poseer un parecido idéntico, en ocasiones la obligaba a que fuera igual que la antigua Mikoto Uchiha. Dulce, serena, tranquila, entregada y amable.

Pero aunque la genética le haya entregado los mismo rasgos de la familia Uchiha, como a su hermano, la personalidad Haruno por parte de madre, era muy fuerte.

Cuando eso la deprimía y se lo confesaba a su madre, ella la tranquilizaba al instante. Su abuela puede que fuera serena, pero también había sido Haruno y en muchas ocasiones, ese carácter tan fuerte se manifestaba también en su persona.

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-…si tu padre se pone así, es por tu bien. Nos disgustaría que acabaras como esas niñas malcriadas y consentidas, cuando realmente eres un encanto, Mikoto-chan.

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Pero aunque supiera que lo hiciera por su bien, sin duda aquella mirada la deprimía de sobremanera, callándola y con la culpa rodeándola.

-…

El hijo mayor viendo a su hermanita en tal estado, aceleró su paso hasta ella y con una mano que desprendía calidez y ternura, se la colocó sobre su cabellera azulada con la mirada puesta sobre su padre.

-otosan, Mikoto solo se ha dejado llevar. Aquellas mujeres se pasaron demasiado.

-…

Mikoto miró a su hermano casi con esperanza de que saliera en su defensa, como siempre.

-recuerda la cara que puso okasan cuando le miraste así en aquella ocasión. –aludiendo al hecho de aquella enfermera, donde aún había tenido la osadía de denunciar a su madre.

-… -Sasuke suspiró con fuerza. Su hijo era tan parecido a su hermano, que sabía qué palabras decir para que cediera.

Bien era sabido que su mujer Sakura, aún seguía portándose como una adolescente posesiva e inmadura, un encanto que en el fondo daba gracias. Amaba que Sakura siguiera siendo la de siempre y que lo amara como el primer día.

Pero claro, cuando supo lo del puñetazo a la enfermera, eso la había llevado a que la mirara con ese desprecio que le lanzaba cuando eran niños. Se había quedado afectada por el resto del día, y él que odiaba esa expresión y más que fuera por su culpa, que se había encargado de animarla.

Al menos, sacaban algo bueno con esos momentos.

-y hoy es un día muy especial, ¿verdad Mikoto?

-¡sí! –contestó ella, mostrando las flores de cuatro colores.

-… -Sasuke no pudo reprimir una sonrisa.

Cierto.

Hoy, veinte de marzo era un día especial.

El aniversario de los Uchihas y de las Harunos que se habían unido y muerto por ese amor, antes prohibido.

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Llegando al cementerio, a lo lejos ya podía divisar el nuevo altar que había ordenado hacer en honor a sus antepasados y que gracias a ellos había vivido feliz, protegido, fuerte y con Sakura a su lado.

Su hija Mikoto corrió con más ganas hacia el panteón familiar, mientras que su primogénito vigilaba que no se cayera.

Cuando los tres componentes de la familia llegaron, Sasuke se encargó de observar con detalle que el panteón siguiera igual de limpio y bien cuidado, así como las tumbas cercanas de la madre y tía de Sakura, al igual que la de Uchiha Izuna y Uchiha Obito. Los únicos Uchihas que habían tenido buen corazón y que había trasladado al exterior, librándoles de ese panteón de traidores, donde ahora se le había sumado Hashirama, Danzo, el Consejo, Sai y los de la raíz.

No se trataba de una venganza, siendo como era un fanático de ella, simplemente de justicia y que nadie de Konoha veneraría a esos seres, tras descubrir la verdad y sus intenciones. Sobre todo, con lo que Sakura les había contado años después.

Apretó los puños ardiendo en deseos de resucitar a esos miserables y que probaran de su propia medicina. Hashirama y Danzo, los primeros.

¡Quemarlas vivas como brujas!

Si lo supiera… si su hermano lo supiera, cuando estaba vivo… si Madara lo supiera… los descuartizarían en trozos.

-¿padre?

La voz preocupada por parte de su hijo, hizo que alzara los ojos, observando tanto al mayor como a la niña, como lo miraban con cierto aire de preocupación.

Tras ellos, contempló el altar donde su familia, las tres generaciones de Uchiha y Haruno se habían amado, acabando en tragedia. Al menos, ahora estaban juntos. Él así lo había dispuesto. Lo único que podía por ahora en agradecimiento. El tiempo, haría que la técnica de la Ten no joo, de la reencarnación diera lugar.

Expresó una sonrisa.

Esa técnica también dependía de Sakura y de él mismo. Con su descendencia, algún día, sus parientes seguro que volverían a nacer.

La sonrisa de su padre, tranquilizó a Itachi que hizo una seña a su hermana para que procediera a lo pendiente.

Con las manos en los bolsillos, observó el altar con el que estaba vinculado, así como el nombre de su tío tallado en él.

Conocía la historia, así como saber que le habían puesto el mismo nombre en honor a su tío. Aquel hombre que se había sacrificado y que había sido un ninja reconocido y actualmente admirado.

Al lado del panteón de su tío, se encontraba el de su tía y prima, al mismo tiempo. Según la historia y lo que sus padres le habían dicho, su padre había acabado por aceptar a su tía Celinda, como la persona más importante en la vida de su tío. Por ella, su tío Itachi había decidido morir, sin aguantar el peso de la vida sin su presencia.

Y su padre, había trasladado la tumba de su tía para que descansara al lado de su tío Itachi, como el resto.

Aquel altar de casi tres metros de altura, estaba hecha de mármol y alineada. Arriba de todo: los fundadores de su destino, Madara Uchiha y Kaede Uchiha; en el medio, sus abuelos: Fugaku Uchiha y Ayame Uchiha; y debajo de todo, Itachi Uchiha y Celinda Uchiha. Todo ello, bien estructurado.

En donde estaban los hombres, el mármol era negro, siendo sus lápidas rojo, marrón y gris, respectivamente. En el lado de las mujeres, predominaba el verde primavera, siendo sus lápidas de color verde claro, azul y blanco.

Todo de acuerdo con la simbología que los caracterizaba.

Su hermana, se encargaba de poner las flores distintivas en las lápidas de cada mujer, acompañada de una flor rosa en cada una, como hacían todos los años en esa fecha desde que tenía uso de razón.

Su padre así lo había decretado, su aniversario tenía que ser el mismo día en que la primavera daba inicio, el veinte de marzo.

El mismo día que las mujeres Harunos nacían.

El mismo día en que la luz había nacido para rescatar y amar a esos Uchihas que pudieron perderse en la oscuridad.

-neh, otosan. –Sasuke atendió a su hija, quién le daba la espalda y acariciaba con sutileza el pétalo azul que conmemoraba a su abuela- es una pena que okasan no pueda asistir en este día. Los abuelos y los tíos, lo entenderán, ¿verdad? –mirándole.

-ahh. –contestó afirmativamente, mientras sus ojos se posaban sobre aquellas lápidas tan especiales.

Claro que se lo perdonarían, su madre, Kaede y Celinda, las primeras. Es más, le estarían regañando, por no estar ahora mismo con Sakura.

Sonrió al ver lo cierto de sus pensamientos.

El viento que se había alzado bruscamente y con ello la danza de pétalos de los cuatro colores tan significativos en la vida de un Uchiha.

Ahora que tenía conocimiento y poder, podría interpretar esa danza de pétalos, por lo que amplió más su sonrisa, una sonrisa que era de orgullo.

La aparición repentina de una cuarta persona, perturbó al aire de tal manera, que Itachi y Mikoto giraron sus cabezas hacia atrás, vislumbrando a una gran planta que empezaba a crecer de forma rápida y enigmática.

-es Zetsu-san. –lo nombró la niña al ver aquel ser con la capa Akatsuki.

-… -el silencio del joven era una pregunta sobre qué ocurría.

Todo lo contrario a Sasuke que parecía pasar de él y continuar ensimismado en los pétalos de colores y las lápidas de sus familiares.

-acaban de nacer. –dijo el aloe vera de forma simple y seca.

-¡¿han nacido? –repitió Mikoto emocionada- ¡¿han nacido? ¡¿Han nacido, por fin? ¡Kyaa! –gritando de absoluta felicidad, olvidándose que estaban en un cementerio.

-¿y okasan? ¿Cómo está?

Sasuke giró un poco la cabeza, observando de reojo a la planta, desvelando su atención y preocupación.

-sin problemas. –volvía a contestar de manera simple, la voz distorsionada- hasta tuvo energías para gritarle a Karin.

-… -Itachi suspiró y sonrió, mientras meneaba la cabeza. Entre su madre y la pelirroja, siempre existiría una rivalidad que la verdad, no entendía.

-neh, nisan, otosan, ¡vamos a ver a okasan y a mis nuevos ototos!

Sin esperar respuesta o actos, Mikoto salió disparada a la velocidad del sonido.

Zetsu, viendo la quietud de padre e hijo, suspiró con pesadez al tiempo que murmuraba.

-¡maldita chiquilla! –y se hundió en la tierra para ir tras la pequeña y hacer una de sus funciones, la de protector y canguro.

¡Pero si eso era tarea de Suigetsu! Se decía.

Así como la de Kisame, la de proteger al adolescente Itachi.

Pero claro, ese día, Sasuke había ordenado máxima seguridad sobre Sakura, quedando él, como encargado de proteger a sus hijos. Y ahora, con la marcha de la niña sin previo aviso, por lógica le tocaba vigilarla de que algún ninja corrupto atentara contra ella. Pues aunque Sasuke fuera alguien poderoso y Kage de las villas Fuego y Agua, eso no lo entendían algunos imbéciles que se atrevían a internarse con razones malévolas.

Y si algo no toleraba Uchiha Sasuke, es que sus hijos anduvieran libres y sin protección. Aunque el joven Itachi era la excepción. Siendo un jounin reciente no es que necesitara que estuviera otra persona con él, como una sombra.

Observando cómo su hermana se perdía en la lejanía, el joven también comenzó a andar. Al igual que ella, tenía mucha emoción en conocer a sus nuevos hermanitos, pero como Uchiha de pura cepa, jamás lo mostraría abiertamente.

Itachi se detuvo en seco al comprobar como su padre no se había movido del sitio, sino que continuaba mirando las lápidas con aquella danza de pétalos como fondo.

-otosan, ¿no vienes?

-adelántate.

Extrañado, igualmente Itachi acató la orden, prosiguiendo su camino, dejando solo a su padre.

Una soledad que Sasuke necesitaba para hablar con sus antecesores.

Colocando las manos en los bolsillos de su pantalón negro, el Uchiha echó un vistazo a cada lápida desde arriba abajo: el fundador Uchiha, la primera Haruno, su padre, su madre, Itachi y su novia.

Todos ellos ahí sepultados, donde dentro de unos años, Sakura y él les acompañarían, observando las dos lápidas sin nombre azul y rosa. Sus lugares guardados y su deseo de estar con ellos.

-ya han pasado dieciséis años. De nosotros depende que algún día renazcáis y tengáis la vida que os merecíais. Es gracias a todos vosotros que soy lo que soy, y que Sakura sonría de felicidad y de corazón. Pensar que habéis muerto, protegiéndonos y ayudándonos, me hace sentir algo de culpable. Pero he aprendido de la historia para saber que me regañaríais y que deseáis que cuide de mi familia. Sin nadie poderoso con oscuras intenciones, y con gente que nos apoya, puedo asegurar que el clan no volverá a ser temido y peligroso para los demás. Yo me encargaré de ello. –pausando unos instantes para mirar la tumba de su padre- otosan, me habría gustado que lo vieras para que te sintieras orgulloso de mí. Pero sé que lo estarás, allí donde estés…. Gracias… -volvió a murmurar- gracias por esforzaros para que fuera feliz. Prometo que no os defraudaré. En mi mano dependerá de vuestro futuro, el futuro que tendríais que haber tenido. Os aseguro que no descansaré de ese propósito y estaré ahí para ayudaros. –decía con convicción.

O.o.O.o.O.o.O

El hospital de Konoha estaba invadido por el revuelto, la alegría, incluso los gritos que hacían llorar a unos bebés recién nacidos.

-¡dejad de gritar, malditas pirañas clonadas! –gritó Sakura, intentando calmar a un pequeño que tenía en su regazo, mientras que Shizune se encargaba de hacer lo mismo con el otro.

Kisame y Suigetsu, víctimas de ello, solo pudieron girar la cabeza, escondiendo su molestia y vergüenza.

¿Pirañas clonadas?

Aunque fuera Sakura, no tenían porqué permitir que les insultara. Pero, ¿a ver quién era el valiente que se lo decía?

En los años que habían pasado, Sasuke se había encargado de que el poder de su esposa fuera en aumento. No quería perder a la mujer que tanto amaba y ella, no quería abandonar el arte ninja. Por lo que actualmente, la señora Uchiha, era considerada la mejor kunoichi que el mundo shinobi tenía. Y no solo eso, sino que también era considerada una de las mejores ninjas entre los habitantes de la Hoja de la Lluvia.

-parece mentira que estos se pongan a proteger a los pequeños, porque "mi espada es mejor que la tuya" –se mofaba Ino.

-¡ja! Ni siquiera están protegiendo con los que Sasuke les asignó. –se burlaba ahora Karin- aunque Itachi-kun no hace falta que el tiburón azul le vigile, pero Mikoto… -mirando maliciosamente a Suigetsu- si algo le pasa, la culpa será tuya.

-¡Pedazo de perra! No tienes derecho a meterte, cuando antes le dijiste a Sakura-chan que los niños que han nacido no eran de Sasuke.

El recuerdo tan ofensivo para Sakura, hizo que todas las miradas recayeran de lleno sobre la pelirroja, acusadoras.

¿Cómo se atrevía a decir eso a alguien que había acabado de parir, y gemelos además?

-¡¿de verdad le dijiste eso a mi madre?

Una voz ajena, se había sumado al grupo. Los internos en la habitación, giraron sus cabezas, encontrándose con la pequeña Mikoto, parada en el umbral y echando chispas por los ojos, teniendo a su lado a un Zetsu sudoroso y agitado por la carrera de la pequeña. Se notaba que era una Uchiha y que su velocidad y agilidad eran superiores al resto de los ninjas de su edad.

-espera que se lo diga a mi padre, para que te aplique Mangekyou Sharingan.

Karin tragó saliva.

Aquella amenaza no tenía nada de farol. Para Sasuke, Sakura era tan importante que no toleraba que alguien se metiera con ella o la insultara de manera tan cruel. Por lo que era bien capaz de lanzarle esa técnica ilusoria.

Quizás, para librarse del castigo era mejor huir de Konoha. Pero siendo Sasuke, líder las naciones de Fuego y Agua, con Suna como grande aliada, daría con ella en menos que canta un gallo.

Mikoto, ajena al miedo que la pelirroja había empezado a tener, fue directa hacia su madre, dándole un fuerte abrazo, mientras que Shizune junto a Hinata, dejaban a los dos pequeños en la cuna. Al mismo tiempo, Itachi entraba por la puerta, llamando la atención de todas las mujeres que no estaban vinculadas sanguíneamente con él.

-¿y qué son okasan? ¿Dos niños? ¿Dos niñas? –preguntaba emocionada.

-niño y niña. –señalando la cuna, donde Juugo estaba cerca, como si la estuviera custodiando.

Mientras que Mikoto les echaba un vistazo, en compañía del bonachón de Juugo, Itachi caminó hacia su madre, ganándose sonrojos destacados en las fans que tenía en esa habitación, aunque eso incluyera a Konan, que estaba casada con Pein y la tímida de Hinata. Demasiadas feromonas desprendía ese joven como para no ser ignoradas.

El joven Uchiha le dio un beso en la mejilla a su madre.

-¿qué tal te encuentras?

-ahora mucho mejor. –soltando un suspiro de alivio. Estar nueve meses de embarazo y de gemelos, con las obligaciones como mujer de Kage y Uchiha, había resultado algo bastante duro y agotador. Pero ahora, por fin, podría respirar tranquila. Los ojos de la mujer Uchiha, viajaron de repente hasta sus amigas, al sentir la incesante mirada sobre ellos. Se sorprendió al encontrarse a todas, sin excepción mirando a su querido retoño con babas en la boca- ¡dejad de mirarlo como si quisierais coméroslo! ¡Shannaro!

La exaltación de Sakura, abochornó a Itachi, y obligó a Kakashi a acercarse a su ex alumna para tranquilizarla.

-calma Sakura, que acabas de dar a luz y la herida puede abrirse.

-y eso a otosan no le gustaría, ¿verdad, Juugo-san? –comentó Mikoto alternando su vista brevemente entre su madre y el peli anaranjado, recibiendo una sonrisa suya, para después volver a deleitarse con la imagen de sus hermanitos durmiendo muy juntos en la cama. Se notaba que en esta ocasión, el físico Haruno era predominante. Ambos de cabello castaño y con el mismo color de piel que su madre, que no podía evitar preguntarse si sus ojos serían verdes.

Mencionar a Sasuke, hizo que Sakura mirara hacia la puerta, como si esperara que entrara en cualquier momento.

-¿y dónde está Sasuke-kun? –preguntó preocupada.

-otosan se quedó un poco más con los abuelos y los tíos. Parece que quería estar asolas con ellos. –contestó Itachi.

Más tranquila, Sakura pudo comprender la razón. Seguro que Sasuke tendría muchas cosas que contarles a sus padres y los demás. Y eso era algo que nunca pudo hacer con ella o con sus hijos delante.

Estaba convencida que en que hoy, especialmente, estaría más orgulloso que nunca y…

Una sonrisa feliz escapó de sus labios…

Seguro que se alegraría con lo que ella le contaría.

O.o.O.o.O.o.O

Esa misma noche, Sakura no dejaba de mirar a sus recién nacidos, que seguían durmiendo en la cuna. Eran tan preciosos como lo habían sido Itachi y Mikoto cuando habían nacido. Se notaba la casta de Sasuke en ellos, pues su marido era tan hermoso, que no era de extrañar que toda la población femenina aún intentara conquistarlo para llevárselo a la cama.

Pero era suyo. Uchiha Sasuke era suyo. Solo la amaba a ella y a nadie más.

-veo que estás mejor.

-ah, Sasuke-kun. –la sonrisa de Sakura no pudo ser más amplia al verlo entrar por la puerta.

Yendo hacia ella, Sasuke tomó un desvío para ir hacia la cuna y contemplar a su tercer y cuarto hijo por primera vez.

Una sonrisa de orgullo escapó de sus labios. Vio a la pelirrosa, que estaba sentada en la cama, estudiando su reacción, y se acercó a ella, mientras le daba un corto besos en los labios, sentándose a su lado, abrazándola con cariño.

-¿dónde están Itachi y Mikoto?

-con Pein-san y Konan-san. –acomodándose en su pecho- Ino y Suigetsu se pelearon porque querían cuidarlos esta noche. –riéndose, al recordar la graciosa pelea entre ambos- pero Pein-san y Konan-san que son mucho más moderados, cuidarían mejor de nuestros hijos que cualquier persona.

-… -asintiendo con la cabeza.

-excepto cuando a Konan-san se deja llevar por el físico de nuestro hijo. –añadió divertida- pobre de su marido.

-Pein sabe que aunque su mujer se deje llevar por las hormonas, sabe que simplemente es una atracción. Después de todo, Itachi es un Uchiha. –clamó con orgullo como si con eso lo dijera todo.

-y los Uchihas aparte de ser orgullosos, arrogantes y con un destino en común son los más guapos del universo, ¿verdad? –ironizó.

-¿acaso lo dudas? –argumentó pretenciosamente.

Sakura rió divertida, volviéndose acomodar en él con una mano sobre su pecho.

-por cierto, ¿recuerdas que dijiste que cuando nuestros hijos salieran de la familia Haruno, me dejarías elegir el nombre?

-ahh…

-pues ya he pensado en que el niño se llamará Haruka y la niña Haruna.

-si te gustan, no pondré objeciones.

Feliz de ello, Sakura se acurrucó mejor en él.

-cuando salga del hospital, iré a ver a Kaede-sama, a mi prima y a los demás.

-no tienes que preocuparte, que seguro que no te lo tomaran en cuenta si hoy no fuiste a visitarles. Estarán muy felices de saber que nuestra generación es numerosa e irá hacia delante.

-es que no se trata de eso. –sin abandonar la sonrisa de su rostro, dando un suspiro de felicidad- ¿recuerdas cuando Madara nos contó la historia de Kaede-sama y él, y cuando Kaede-sama dijo que en sus últimos minutos de vista nos había visto juntos?

-… -mirándola, le dio una afirmativa silenciosa.

-pues cuando di a luz a Haruka y a Haruna, pude ver el futuro. Vi a Madara-sama y a Kaede-sama juntos. También vi a tus padres con Itachi-san e itoko. Todos estaban sonriendo y felices.

-¿sonriendo? –puede que las mujeres Haruno estuvieran riéndose, pero los Uchihas.

Sakura volvió a reír, imaginando lo que Sasuke debía estar pensando. A veces era tan predecible, como ella misma.

-el asunto es que –empezando a acariciar los nudillos de su esposo- seguro que pronto renacerán y me gustaría verlos felices para siempre, seguir protegiéndoles. El futuro, aunque dependa de nuestros hijos y esté asegurado, a la larga, vendrán nuevos ninjas sembrando el caos y el rencor. Han hecho tanto por nosotros, protegiéndonos y ayudándonos a estar donde estamos y tener una familia, que tengo la impresión que nunca me sentiré en paz.

-… -cerrando los ojos, Sasuke solo pudo asentir.

Así que ella pensaba igual que él. aunque vivieran felices juntos, la espina a la hora de sentirse culpables y a desear agradecerles, estaba ahí clavada.

Había sido por eso, que empezó a pensar en algo. Era algo que traería dolor a mucha gente, pero al fin de cuentas era algo que pasaría tarde o temprano.

Entrelazó la mano con la de Sakura y la miró seriamente.

-Sakura, ¿querrás vivir para siempre conmigo?

-¿para siempre? –sin comprender muy bien el significado de esa frase.

-eternamente. –aclaró- conseguir la inmortalidad como Madara hizo, y vivir juntos para siempre. –Sakura abrió los ojos llena de sorpresa- Así podremos vigilar y proteger mejor a Madara y los demás. Verlos de nuevo y felices.

Las lágrimas cayeron de los ojos jade de Sakura. La idea de vivir sin miedo a morir, le aterraba un poco, pero la emoción de volver a ver a su prima y los demás, y estar junto a Sasuke, provocaba que su corazón latiera a mil por hora.

-claro que sí.

Sasuke dio una media sonrisa, y como pacto le cogió el mentón para acercarlo a él y besarla en una mezcla de dulzura y pasión.

Estarían juntos para siempre y nada ni nadie los iba a separar.

O.o.O.o.O.o.O.o.O

O.o.O.o.O.o.O

O.o.O.o.O.o.O.o.O

Una pareja de adolescentes se internaba en la habitación, comiéndose a besos prácticamente. El hombre, un pelinegro de cabellos alborotados, se frotaba con la chica que reía entre besos.

-Madara-kun hay que ver lo desesperado estás. Parece mentira siendo cómo eres. –notando cómo rápidamente empezaba a quitarle la camiseta verde que portaba.

-¡hn! Tengo poco tiempo libre, por culpa de los deberes del clan, para poder disfrutarlo contigo, Kaede. Así que no hables tanto, que me desconcentras.

La joven de nombre Kaede, una adolescente de largo cabello verde y ojos del mismo color, no pudo evitar reírse con ganas, mientras se colgaba de su cuello para tener mejor soporte.

-ni que fuera la última vez que estamos juntos.

-honestamente, -acostándola en la cama- a veces tengo la impresión de que voy a perderte y que me dejarás solo. –acariciándole la mejilla, delineándola, como si estuviera comprobando que ella estaba ahí, viva y a su lado.

Las palabras de su novio, solo consiguieron enternecerla, correspondiendo a su gesto con un suspiro placentero.

-yo también a veces, siento lo mismo y eso me impulsa a ser fuerte, para no abandonarte nunca. Pero también siento algo muy especial. –volviendo a suspirar, cuando él, repartía besos sobre su cuello- Ya cuando te conocí por primera vez, mi corazón latió tan rápido que sentí que te amaba tanto, como si lo hubiera hecho en otra vida.

-¿coincidencia? –dijo para mirarla- yo también sentí lo mismo cuando te vi por primera vez.

Ella sonrió y unió sus labios con los suyos, mientras se dejaban llevar por la caricia y magia del momento. Si se habían conocido en otra vida, seguro que se habrían amado cómo lo estaban haciendo ahora. Quién sabe, quizás algún día recibirían las respuestas a sus incógnitas.

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Otro suspiro escapó de sus labios, mientras observaba como la joven pareja consumaban su amor de una manera apasionada y bastante reconocida.

-¿es qué piensas seguir mirando?

La voz de Uchiha Sasuke, hizo que las mejillas de Sakura se tiñeran de rojo. En la rama del árbol de Sakura, donde se encontraban camuflados, observaba como Sasuke, de pié, apoyado contra el tronco, tenía los brazos cruzados y mirando hacia otro lado tan colorado como ella.

-solo estaba mirando cuanto se amaban. –se excusó ella echando la lengua para fuera de manera traviesa.

Habían pasado muchos años, décadas, incluso siglos, y en ese tiempo, muchas cosas habían sucedido.

Con la decisión de tener la inmortalidad juntos, Sasuke y Sakura solo se lo habían confiado a su sensei Kakashi. No querían que sus hijos, para seguir viviendo con ellos para siempre, decidieran conseguir la inmortalidad también. Por Madara, sabían que la inmortalidad tenía también su contra. Ver morir a la gente que aprecias, era un dolor que estaría sobre sus corazones. Sasuke y Sakura se tenían mutuamente para superar ese dolor, y no querían que sus hijos pasaran por lo mismo. Ellos tenían que vivir como la gente normal, enamorarse y vivir con esa persona amada.

Fue por eso, que Sasuke había acordado con Kakashi en hacer creer a los demás, que Sakura y ella habían muerto en una misión, para así hacer creer a sus amigos e hijos, que habían fallecido, para llevar más fácil la inmortalidad sin las quejas de los demás.

Pero observar a distancia cómo sus hijos y amigos lloraban por ellos, era terriblemente doloroso. Itachi, quién a sus veinticinco años, casado y a punto de tener su primer hijo, derramaba lágrimas por primera vez. Mikoto solo podía llorar en los brazos de su futuro marido. Los gemelos Haruka y Haruna, buscaban consuelo en Juugo, abrazándole y llorando descontroladamente.

Había sido tan doloroso, que Sakura tuvo que marcharse para no seguir viéndolo y sentirse más culpable de lo que se sentía. Pero tenía a Sasuke, y aunque él se sentía igual de mal, pudieron consolarse mutuamente.

Kakashi, después de aquello, y por deseo de la pareja, se había convertido en Kage y líder de Konoha y Amegakure. Confiaban en él, para que el equilibrio siguiera subsistiendo.

Muchas generaciones de su familia habían visto, pero ninguna sobre Madara y los demás. Por lo menos, todos habían vivido felices y sin percances. Su familia se poblaba tanto en número, que acabó por dividirse y haber de nuevo Uchihas por un lado y Harunos por otro.

Nadie se acordaba ya de ellos, ni siquiera del destino que tenían como origen.

Quizás era lo mejor. Así no habría incertidumbre y dudas, principalmente por parte de las Harunos, sobre ese amor consumado.

Y ahora, por fin, después de tanta espera, por fin los habían visto.

Aunque todavía quedaban Fugaku, Mikoto/Ayame, Itachi y Celinda, tenían la confianza en qué la unión de Madara y Kaede, solo sería el comienzo hasta llegar a ellos. Pero esta vez, Sasuke y Sakura estarían ahí para verles, protegerles e impedir que una tragedia sucediera. Y quizás, hasta hablar con ellos para darles las gracias en persona, aunque ellos no entendieran.

-pues estabas mirando demasiado a Madara. –argumentó Sasuke un tanto celoso.

Sakura le miró extrañada. La molestia en su marido era demasiado palpable. Sonriendo, se levantó de la rama y se apoyó en su pecho.

-¿cómo puedes pensar que me fijo en otro, cuando tengo a mi propio Uchiha que sigue siendo un hombre atractivo y que me sigue poniendo a cien?

¿Y cómo no iba a ponerla a cien? Por favor, a pesar de tener la inmortalidad, su físico seguía siendo igual que cuando tenían treinta años. Aunque había que destacar que era obra de Sakura. Ella y la técnica de rejuvenecimiento que había aprendido gracias a su maestra Tsunade, le había servido para algo, después de todo.

-¡hn! Pues prepárate, porque hoy lo vas a sentir más que nunca.

Sakura se sintió extasiada.

Bajaron del árbol y empezaron a caminar por los caminos de la nueva Konoha con tranquilidad, con sus viejas capas de Akatsuki, el símbolo de la fundación que Madara había creado para ellos y su felicidad.

Sasuke tenía arrimada contra él a Sakura, mientras ella le había pasado el brazo por su cintura.

La felicidad se respiraba en el aire que los mecían, así como las hojas de colores revoloteando sobre la estatua del nuevo Kage, un ninja extrovertido que hacía la señal de la uve con dos dedos. El mismo ninja que estaba a su lado y que hablaba con una hermosa joven de aspecto tímido y que miraba cómo aquel ninja, le decía.

-etto… me gustas, Hinata-chan…

Una mueca burlona surcó de los labios de Sasuke, mientras dejaba atrás al otro renacido. Incluso el Dobe de Naruto ya había nacido en esa época y con él, sus padres, Minato y Kushina. Y como Sakura imaginaba, Naruto se percataría que había alguien esperándole, y ahí estaba. De reojo, observó qué tal le iba con la declaración al usuratonkachi.

Parece que bien, viendo como se besaban.

-¡hn! Pero no tan bien como nos va a nosotros. –agregó.

Sakura le miró con amor, arrimándose tanto como podía en Sasuke.

El alba comenzaba a caer, pero ellos seguirían hacia adelante con la misión de proteger el destino entre un Uchiha y una Haruno y decirles gracias una y otra vez.

Los Uchihas eran unos orgullosos y unos arrogantes, con un destino donde todos caen; pero las Harunos eran unas mujeres tenaces, con un corazón de oro hacia la persona amada. Morir por esa persona; morir al lado de esa persona; hacer feliz a esa persona, a costa de su vida; esperarle sin abandonar su amor, esto era lo que hacía que el amor entre un Uchiha y una Haruno, fuera inolvidable para todos y que siempre llevarían en sus corazones.

FIN


ACABADO: VIERNES, 15 DE AGOSTO DE 2010 18:25

CORREGIDO: SÁBADO, 14 DE AGOSTO DE 2010 5:05 am

PUBLICADO: SÁBADO, 14 DE AGOSTO DE 2010 20:15 (aprox)

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Sí se ha acabado. Unmei se ha acabado. Sniff… hasta lloré al escribir su final. Es tanta la emoción que me ha dado este fic, que solo puedo decir gracias y agradecer especialmente a las personas que me han seguido desde el principio hasta el final.

¿Qué me ha dado este fic?

Aparte de mejorar mi escrito, la amistad de buenas amigas que aún ahora mantengo contacto. También, la oportunidad de explorar a fondo el personaje de Madara y ver que no es tan malo después de todo. También me ha dado la oportunidad de escribir sobre los padres de Sasuke e Itachi, tratando de mantenerlos lo más fiel posible al manga. Y las creaciones de Kaede y Celinda que les he cogido tanto cariño que ahora no puedo dejarlas, sin la posibilidad de que aparezcan en otro fic mío.

A todas las personas que me dejaron review, muchísimas gracias. Son tantas que lamento no mencionaros a todos/as.

A harusame_azul que fue mi primera lectora y que me siguió hasta el final en NU, gracias de todo corazón.

A Nesa que gracias a Unmei logré encontrar una maravillosa amiga que cumplió mi sueño de ver a los personajes en dibujos, gracias de todo corazón.

A mi nechan LIT que me sigue fielmente en mis escritos y siempre anda animándome, gracias de todo corazón.

A mi sobrina/ahijada Gaby que me ha animado con sus comentarios y a seguir adelante con este fic, gracias de todo corazón.

A Ydena, Angie y Ryoko, por ser personas impacientes que deseaban saber de mi fic, gracias de todo corazón.

A sak_uchiha que no solo me seguía aquí, sino también en mundo sasusaku dejándome en cada actualización un comentario, muchísimas gracias de todo corazón.

A Hikari_Takaishi_Y por ser la presidenta del fc sasusaku y a animarme a que lo aporte al fc cuando esté terminado, gracias de todo corazón.

A Roxy quién fue la que me animó a continuar unmei en mundosasusaku, gracias de todo corazón.

A haruno_chan, evis, sakuritta8, SasuSaku_Shari, micka_Uchiha que me han seguido en mundosasusaku, y que me han seguido en los últimos capítulos actualizados diariamente, gracias de todo corazón.

A todos los lectores que me siguieron en , NU y mundosasusaku que me leyeron, muchísimas gracias.

Muchísimas gracias de todo corazón, Sasuke.

Muchísimas gracias de todo corazón, Sakura.

Muchísimas gracias de todo corazón, Madara.

Muchísimas gracias de todo corazón, Kaede.

Muchísimas gracias de todo corazón, Fugaku.

Muchísimas gracias de todo corazón, Mikoto.

Muchísimas gracias de todo corazón, Itachi.

Muchísimas gracias de todo corazón, Celinda.

A todos, muchísimas gracias por llenarme de orgullo con este fic. Jamás os olvidaré.

Nos veremos en las próximas versiones.

'Atori'