SUMMARY: Sirius & Remus: No es fácil sobrevivir sin la persona que lo ha significado todo para ti. Nada fácil. Pero a veces la muerte puede traer alguna inesperada sorpresa…

DISCLAIMER: Todos los personajes son de J.K. Rowling. Yo sólo he aprovechado que existen para escribir sobre ellos.

ADVERTENCIAS: Esta historia es slash. Contiene relación chico-chico. Si no te agrada el tema no sigas leyendo, pero si decides seguir adelante… espero que te guste.

N/A: Cuando acabé de leer el último libro no pude evitar buscar la manera de justificarlo todo: la soledad de Remus, su tristeza… todo concordaba con lo que muchos ya sabemos, Remus no podía ser feliz sin él, sin Sirius. Y parece que incluso Rowling se dio cuenta al final, cuando por fin los dos se encuentran: a todos nos gusta pensar que se fueron para pasar la eternidad juntos. Quería narrar esa historia y por eso estoy aquí, con un fic un poco… raro, pero que espero que despierte vuestro interés.

Dedicado a Dzeta, que hoy cumple años: sé que los cachorros te tienen tan encandilada como a mí. Llevabas mucho tiempo preguntándome cuándo publicaría esta historia. Aquí está, espero que la disfrutes.


EVEN IN DEATH

1. Encierro

-¿Sirius?

La habitación estaba a oscuras, pero se escuchaba la respiración de alguien en el interior. Remus entró y encendió un par de velas con su varita. Sirius estaba tumbado en la cama, con los ojos abiertos y la cabeza sobre sus brazos cruzados mirando al techo. Su camisa estaba a medio abrochar y tenía las botas puestas.

-Ya se han ido todos.

-Bien.

Su voz sonó áspera y Remus contuvo un suspiro antes de acercarse a la cama y sentarse en ella, a su lado. Estaba claro que Sirius hacía lo posible por ignorarle y cuando estaba en ese plan era mejor no alterarlo demasiado. Remus lo conocía lo bastante como para saber que era mejor evitar sus mordiscos de perro rabioso. Recorrió la habitación con la mirada, buscando la manera de empezar una conversación.

-¿Aún conservas esas fotos? Quien las vea pensará que sigues siendo un adolescente obsesionado con las revistas porno.

Sirius no contestó. Las paredes seguían llenas de recortes de revistas de chicas en bikini en las más diversas posturas. Sus sonrisas eran cómplices y parecían a punto de quedarse desnudas, aunque al final nunca mostraban más de lo necesario. En medio de todas ellas estaba aquella foto de los cuatro en Hogwarts. Remus recordaba el día que la hicieron como si sólo hubiesen pasado un par de semanas: era Navidad y acababan de regalar a Peter aquella cámara mágica que desde entonces se encargó de retratarlos en las más diversas poses. Fue antes de que todo cambiara, antes de que ellos dos aparecieran siempre juntos en todas las fotos. Antes de que las chicas en ropa interior dejaran de interesar al galán de Gryffindor y volcara toda su atención en uno de sus mejores amigos.

Suspiró desviando la mirada. A veces los recuerdos eran demasiado dolorosos.

-Nadie se tragó lo de tu jaqueca.

-Mejor.

-Vamos, no seguirás así toda la noche –respondió un poco fastidiado por su actitud. Estaba cansado y lo que menos le apetecía era empezar una discusión.

-¿Por qué? ¿Te molesta?

-Sí, bastante.

-Pues si te molesta te largas y asunto arreglado.

-Oye, a mí no me hables así –exclamó el licántropo poniéndose en pie-. ¡Yo no he hecho nada para que me trates de esa forma!

-¿En serio? Debiste darme la razón en lugar de callarte y apartar la mirada. Creía que me apoyarías…

-No debiste contestarle así a Dumbledore.

-¡Debió pensarlo mejor antes de hablar!

Remus expiró con fuerza.

-De verdad, Sirius, a veces pareces un crío. Un crío caprichoso y consentido.

-Si te molesta te jodes.

-¡Fantástico! Enfádate conmigo, al parecer soy el único que aún te soporta.

-¿Y qué? ¿Crees que me importa? No he tenido a nadie durante doce años. Si te fueras tampoco habría mucha diferencia, ¿verdad? Últimamente apenas nos vemos, así que ni siquiera lo notaría.

Remus abrió los ojos con sorpresa. Iba a contestar algo, pero cambió de opinión y apretó los labios. Sirius se había dado la vuelta para no mirarle y él no quería decir cosas de las que luego se arrepentiría.

-¡Cierra la puerta cuando salgas!

Dos segundos después un fuerte portazo sacudió la casa y el grito de Kreacher se escuchó en algún rincón.

-Idiota.

Remus estaba en la cocina, partiendo algunas verduras para la cena. Idiota, capullo, engreído aristócrata presuntuoso. Intentaba controlar su respiración y calmarse, pero por la manera en que cortaba la zanahoria era obvio que no lo estaba consiguiendo.

-Gilipollas.

¿Por qué la tomaba con él? Entendía el enfado de Sirius, su frustración, su ira… pero no comprendía por qué le gritaba así. ¿Qué pretendía conseguir con aquella actitud?

-Lo siento.

No lo había oído llegar y se sobresaltó un poco al escuchar su voz, pero no dijo nada, siguió con su tarea sin siquiera volverse a mirarlo.

-He dicho que lo siento –repitió en voz más alta.

-Te he oído.

Suspiró. Soltó el cuchillo y se giró cruzándose de brazos.

-No tengo la culpa de tu situación, Sirius. Estoy de tu lado, ¿recuerdas? No conseguirás nada enfadándote conmigo.

-Lo sé –murmuró el moreno desviando la vista-. Es sólo que… ¡joder, es tan injusto!

-Dumbledore hace lo que cree correcto.

-Pues Dumbledore se equivoca.

Remus sacudió la cabeza y volvió con las verduras. Escuchó los pasos acercándose pero no se movió.

-No quería decirte eso -La voz de Sirius, tan cerca, sonaba cargada de tristeza y a su pesar se estremeció un poco-. No soportaría que te fueras ahora. No quiero quedarme solo.

-Lo sé.

-Es sólo que… no sé, esta casa me está consumiendo. Estoy harto de estar todo el día aquí, encerrado sin hacer nada mientras los demás andan ahí fuera, poniendo su vida en peligro, luchando para defender lo que les importa.

-Es por tu bien.

-Lo sé –dijo con amargura-. Créeme, lo sé. Soportaría estar aquí si al menos tú estuvieras conmigo, pero encima Dumbledore te envía a esa… esa misión. ¿Por qué coño tienes que ir tú a hablar con ese Greyback?

Remus se esforzó por aparentar tranquilidad.

-Ya lo sabes, necesitamos a los hombres-lobo. Para la guerra.

-¡Es el licántropo que te mordió!

-Sí, lo recuerdo. Estaba allí.

-¿Y por qué dejas que te haga esto?

-Porque soy el único que…

-¡A la mierda, Lupin! Esto está acabando con nosotros. Lo hemos dejado todo en esta guerra, ¿y qué hemos conseguido? ¡Nada! Absolutamente nada. James y Lily están muertos y Voldemort va detrás de Harry. ¿Y ahora quiere ponerte en peligro a ti también? ¿Qué haré si te pierdo?

Su última pregunta sonó desesperada.

-Todos estamos metidos en esto. Los demás tienen sus propias misiones. La mía es espiar al grupo de Greyback e informar a la Orden sobre sus intenciones.

-Claro, todos estáis muy ocupados –replicó con amargura-. ¿Y qué haré yo mientras? ¿Cuál es mi misión? ¿Limpiar la casa? ¿Ordenarlo todo para cuando llegue la gente importante a hacer planes de los cuales siempre estoy excluido?

-No estás excluido de nada, pero de momento no puedes salir de esta casa, porque tienes que seguir a salvo.

-A salvo, ya –replicó con amargura-. Creo que si muriera no habría mucha diferencia –su boca dibujó una sonrisa sarcástica que desapareció cuando la mano de Remus le golpeó en el rostro.

-No vuelvas a decir eso –había una expresión extraña en los ojos del hombre-lobo-. Nunca. ¿Me oyes? –pareció perder el control con el último grito-. ¿Qué haría yo si…? ¡¡No vuelvas a decirlo!!

Sirius no contestó. Abrazó a Remus y lo apretó con fuerza contra su pecho. El licántropo se revolvió al principio, pero terminó por ceder, escondiendo la cara en su cuello.

-Lo siento. Lo siento, Remus. No quería decir eso. No me marcharé, no pienso dejarte solo.

El licántropo se calmó poco a poco entre sus brazos. Sirius podía sentir cómo su respiración se iba relajando y cuando se separó casi hablaba con normalidad.

-Más te vale. Porque si se te ocurre abandonarme otra vez iré yo mismo a buscarte y te obligaré a soportarme durante el resto de mi vida.

Sirius sonrió entre lágrimas.

-Sé que lo harás. Y no hablaba en serio, no quiero que te marches. Si me quedo aquí solo me volveré loco –murmuró.

-Vendré a verte. Siempre que pueda…

-Claro. Como ahora. ¿Una vez a la semana? No es suficiente, Remus. Una vez cada siete días es una eternidad.

-Lo sé. Pero tenemos que aguantar un poco más. Sólo un poco más. Cuando esto acabe nos iremos juntos, nos escaparemos a algún lugar los dos solos. Y no dejaremos que nadie nos interrumpa. Nos veremos todos los días, a todas horas.

-¿Lo prometes?

-Cuando todo acabe.

-Podemos comprar una casa junto al mar.

-O en mitad de un bosque.

-Donde sea. Si estoy contigo me da igual.

Sirius agarró su nuca y lo besó.

-Te echo de menos –ronroneó con la lengua en su boca.

-Aún no me he ido. Puedo quedarme esta noche. Toda la noche.

Sirius deslizó su mano bajo la camisa del licántropo. Pudo sentir su respiración agitada bajo la piel cuando lo tocó.

-¿Toda la noche? –repitió con voz provocativa.

Remus le contestó con un beso húmedo y desesperado.

Entraron en la habitación a trompicones, arrancándose la ropa sin dejar de besarse, tropezando con los zapatos mientras se los quitaban.

-E-espera –Remus buscó aliento para interrumpir a su amigo cuando los dos cayeron a plomo sobre la vieja cama, Sirius encima-. Sirius, espera un momento –apenas podía pensar y mucho menos hablar-. Ducha. Necesito una ducha.

Sirius se detuvo con incredulidad.

-¿Qué?

-Llevo todo el día…

-Oh, cállate.

-No, no, Sirius, espera. Estoy sucio y no quiero… será un segundo.

-No me importa. De verdad, Remus. No te puedes ir ahora…

-Sólo un segundo.

Remus lo apartó y se desenredó al fin de su abrazo. Poco después desaparecía de la habitación, descalzo y casi desnudo. Sirius resopló con fastidio antes de levantarse y seguirle. De camino al cuarto de baño se fue quitando la ropa y para cuando llegó estaba completamente desnudo. Abrió la puerta sin avisar y se sorprendió al descubrir a Remus acariciando una de sus heridas en el costado. Una muy reciente. El licántropo se sobresaltó al verlo entrar.

-¿Qué es eso? –preguntó Sirius preocupado.

-Nada.

Sirius se acercó y agarró a Remus de los hombros para darle la vuelta y observar mejor la herida que trataba de ocultar.

-¿Quién te la ha hecho?

Remus hizo una mueca que pretendía ser una sonrisa.

-¿Tú quién crees?

-Creía que la poción funcionaba.

-Se me acabó –contuvo un gemido cuando los dedos de Sirius acariciaron la herida-. No encontré ningún lugar en el que quedarme la pasada luna llena y tuve que encerrarme en una celda, en uno de esos centros para licántropos… Supongo que me puse agresivo y tuvieron que reducirme.

-Joder, Remus.

-Sólo voy a preparar un poco de ungüento para las heridas. Volveré enseguida…

Sirius lo cogió en brazos y lo alzó del suelo, echando su delgado cuerpo sobre su hombro.

-¡Eh! ¿Qué haces? –el animago no contestó. Lo sacó del baño y lo llevó al dormitorio-. Vamos, Sirius, suéltame, sé andar yo solo –protestó enfadado.

Pero Sirius no lo soltó hasta que llegaron a la habitación y lo colocó con delicadeza sobre la cama. Inclinándose sobre él le dio un beso en la boca.

-Quédate aquí.

Cuando regresó llevaba todos los ingredientes necesarios para hacer la poción curativa.

-Sirius, no hace falta…

-¿Quieres dejar de protestar?

Se sentó a su lado y empezó a mezclar los ingredientes. Cuando el emplasto estuvo listo lo aplicó con suavidad sobre la herida, deslizando sus dedos sobre la pálida piel. Un olor penetrante a lavanda y plantas medicinales inundó la habitación.

-Voy a poner una denuncia.

-¿Qué?

-Se supone que los centros para licántropos están para ayudar a los hombres-lobo, no para matarlos.

-Vamos, Sirius, no es tan grave.

-Debiste quedarte aquí, yo te habría cuidado como mereces.

-Ya te lo he dicho, estaba lejos.

Sirius dejó de aplicar el ungüento y se tumbó a su lado. Seguía desnudo y cuando se abrazó a él Remus pudo notar la calidez de su piel.

-No me gusta verte así.

Durante unos minutos permanecieron abrazados en silencio, pero al cabo del rato Sirius se incorporó un poco y besó al licántropo, cerca de la herida.

-¿Estás mejor?

-Sí.

Con cuidado de no rozar la herida fue subiendo por su torso, depositando besos húmedos por su cuerpo, hasta llegar a su boca.

-¿Todavía te quieres duchar o era una excusa para que no viera tu herida?

Por toda respuesta Remus lo empujó contra el colchón y se puso sobre él, con ambas piernas al lado de su cuerpo.

-¿Contesta esto tu pregunta?

-Ten cuidado –exclamó Sirius preocupado-, todavía no está curada, te va a doler…

-Te sorprendería el dolor que puedo llegar a soportar.

E inclinándose sobre él lo besó.

Continuará…


N/A: Gracias a todos por leer, y ya sabéis, os reviews son ese golpecito en el hombro que nos anima a seguir escribiendo.