"Cualquier bruja o mago que se case con un Muggle está corriendo un gran riesgo. Los hijos nacidos de una unión tan antinatural –" Alecto Carrow movió la varita hacia la pizarra, los puntos aparecieron con su letra pesada, unos garabatos escritos a mano mientras que los nombraba en voz alta. "Pueden esperarse con deformidades, retraso, graves tendencias anti-sociales, y a menudo una completa falta de talento mágico. Además, las mujeres Muggles no son aptas para llevar hijos mágicos, pueden producirse enormes complicaciones como resultado de esos embarazos, algunos casos han llevado a la muerte de la madre. Del mismo modo, el intento de una bruja de llevar el hijo de un hombre Muggle -- ¿sí, señor Finnigan?"

Seamus se puso de pie, su cara era la definición de la inocencia escolar, mientras bajaba la mano. "Disculpe, señora. Entonces, esas tendencias anti-sociales, ¿son la razón por la que Quién-Tú-Ya-Sabes tiene esos delirios?"

Neville sintió que su estómago le daba un vuelco. ¿Es que Finnigan había perdido la cabeza? Deseó que no fuese demasiado tarde para que le mirara y avisarle de decir algo tan descaradamente insultante, pero el daño ya estaba hecho. Las palabras en la pizarra se disolvieron en humo, mientras el rostro de Carrow se volvía de un profundo tono escarlata.

"El Señor Oscuro lleva la sangre del mismísimo gran Slytherin a través de generaciones de poderosas familias mágicas como los Gaunt y los Peverell," siseó con los dientes apretados. "De sobra poderoso para contrarrestar la lastimosa influencia de cualquier Muggle… si eliges creer en asquerosos rumores difundidos por idiotas cerrados de demente, insignificantes adoradores de Muggles. ¡Pero tú eres sin duda la prueba de que ninguna bruja de baja estofa puede casarse con la basura sin asumir las consecuencias!"

Para sorpresa de Neville, Seamus parecía tomarse el ataque a su madre con calma, asintiendo como si esa afirmación fuese totalmente razonable. "Entonces si tenemos que tomar el ejemplo de los Gaunt y mantenerlo todo en familia, ¿puedo preguntarle cuándo usted y Amycus estarán de enhorabuena?"

Un murmullo de sorpresa se escuchó por toda la clase, y Neville introdujo la mano en el bolsillo, cerrando los dedos alrededor del mango de su varita. Seamus se había buscado el castigo que fuese, sin duda, pero si iba a ser demasiado, Neville estaba preparado para luchar por salvar la vida de su compañero Gryffindor. La mirada de su nueva profesora realmente sugería que irían a llegar a ese extremo.

Seamus, no obstante, simplemente permaneció de pie, en silencio, encarándose a ella con la misma mirada de tranquila curiosidad hasta que la varita se dirigió hacia él. "¡CRUCIO!" gritó ella, y la maldición golpeó a Seamus tan fuerte, que cayó hacia atrás sobre su silla, incrustándose en el pupitre detrás de él. Lavender Brown se incorporó y gritó cuando él se escurrió hacia el suelo, su cuerpo retorciéndose contra las piernas de ella mientras la agonía de la maldición le recorría el cuerpo.

En la parte delantera de la clase, Carrow observaba mostrando sus dientes con una satisfacción salvaje. La mano de Neville se aferró tan fuertemente a la varita que sus uñas se le clavaron en la palma de la mano, pero no se movió, forzándose a sí mismo que era sólo el segundo día, demasiado pronto para hacer algo precipitado o imprudente. Si hacía un movimiento hacia Seamus, se le uniría al instante en el suelo, impotente bajo el dolor cortante de la maldición que conocía demasiado bien por la noche en la que se enfrentó a los Mortífagos en el Ministerio de Magia.

Después de lo que parecieron años, una mano apareció sobre el pupitre de Lavender y Seamus se incorporó lentamente. Estaba temblando, su barbilla morada y su camisa manchada de sangre por haberse mordido el labio inferior, pero sorprendentemente, estaba sonriendo. "¿He tocado la fibra sensible, verdad?"

Despacio, Carrow caminó por la clase, su forma achaparrada y de hombros redondos moviéndose con la intensidad de un toro hacia el estudiante, más alto que ella. Cuando lo alcanzó, ella miró asqueada su cara, poniendo la punta de su varita directamente bajo la barbilla de Seamus y obligándole a mirar hacia arriba. "No me ofendo por mierda irlandesa mestiza, Finnigan." Bajando la varita, le escupió una flema espesa que dio directa en la cara de Seamus, entonces, con un rápido y brusco movimiento, alzó la varita de nuevo.

Sin embargo, antes de que pudiera pronunciar otra vez la maldición, la propia varita de Seamus estaba en su palma, surgiendo de la manga con un gesto que parecía en sí mismo mágico. "¡Ionsaigh!" gritó.

Carrow se dobló como si la hubieran dado un puñetazo, sus ojos redondos salieron de sus órbitas por el dolor, y Neville ahogó una exclamación de sorpresa. En silencio, le ordenó a Seamus que corriera, que huyera, que le lanzara a Carrow un Desmaius y saliera de allí antes de que se recuperara. Pero ya era demasiado tarde. Para entonces, Carrow ya se había recuperado lo bastante como para pinchar con su varita al joven Gryffindor, y Neville lo único que pudo hacer fue rodear con sus brazos a Parvati, sentada junto a él, y taparle la cara con su túnica para que no contemplara la escena.

OOO

"¡¿En nombre de Merlín, qué estabas pensando?!" Ginny Weasley habló por todos ellos cuando los ojos de Seamus se abrieron en la Sala Común de Gryffindor, dos rendijas azules y blancas apenas visibles bajo dos enormes hinchazones.

"Sheljemploqu'arrybríadado…" Sus palabras eran ilegilbles a través de los labios cuarteados y sangrantes, y Neville se arrodilló, llevando un pequeño cuenco a la boca de su compañero.

"Toma, bébete esto." Le lanzó una mirada a Ginny. "Puedes esperar a decirnos qué se te pasó por la cabeza cuando te hayas tratado las heridas."

"¿Prquenostoynfermría?" Neville inclinó el cuenco, y las protestas se detuvieron cuando Seamus empezó a beber el líquido de un color verde turbio.

Ignorando las caras que su paciente ponía por el sabor, Neville limpió con delicadeza algunas gotas de la barbilla de Seamus y volvió a llenar el cuenco con el caldero que reposaba en la mesa baja junto al sofá que habían improvisado como cama de hospital. "No estás en la Enfermería," le explicó, "porque los Carrow no nos dejaron llevarte allí. Alecto quiso que sufrieras por lo que has hecho. Ninguno queríamos intentar hechizos curativos mientras estuvieses inconsciente, pero te hemos preparado una mezcla de Dittany, Murtlap y otras cosas que deberían ayudar un montón, y Ginny va a probar con hechizos –oh, no me mires así, no es Pociones, es Herbología."

La hinchazón había bajado casi la mitad y Neville estaba satisfecho de ver que su preparado estaba devolviéndole un aspecto más normal a la lastimada y sangrienta boca, aunque los dos incisivos estaban bastante rotos. Cuando Seamus volvió a hablar, fue con sorprendente claridad. "Quería dar ejemplo como Harry. Pensé que si alguien se le enfrentaba, todo el mundo vería que pude hacerse, ¿sabes?"

"¡Lo que vimos, Finnigan, mendrugo, es una alternativa excelente en el caso de que el Sauce Boxeador no nos venga bien!! Las mejillas de Parvati se pintaron de caoba, pero no podía ocultar del todo el alivio en su voz. Habían sido dos horras terribles en las que parecía que Seamus no iría a despertarse, de lo mal que había castigado Carrow su insolencia, pero había obrado maravillas en todos ellos el mero hecho de verle consciente y notar los primeros signos de curación.

Neville hizo un gesto hacia Ginny. "Puedes intentarlo mientras añado un poco de tintura de Mandrágora, creo."

La chica elevó su varita y Seamus se echó dolorido hacia la pila de cojines que le habían colocado detrás. "Ahora espera un momento…"

"Estate quieto." La voz de Ginny era tajante y práctica, el tono que Neville sabía que había aprendido de la Señora Weasley, aunque él no hubiera pasado más que unos momentos con ella. "¿De verdad crees que podía haber vivido toda mi vida en esa casa con seis hermanos y no haber aprendido algunas cositas sobre hechizos curativos? Si hubiéramos tenido que llevar a Fred y George a San Mungo cada vez que ellos mismos volaban por los aires, estaríamos en la calle."

De mala gana, Seamus se quedó quieto y Ginny puso la punta de su varita sobre los dientes partidos. "¡Episkey Dentata!" Con un leve ¡pop!, sus dientes se regeneraron al instante y Seamus intentó elevar la mano para tocarse la boca, pero la detuvo a medio camino, quejándose de dolor.

Neville elevó la cabeza desde su sitio junto al caldero donde había estado moviendo con cuidado la Mandrágora, una gota cada vez, permitiendo que sus instintos le dijeran cuando la textura era la adecuada. "Tienes una muñeca rota, unas cuantas costillas fracturadas, un esguince en el tobillo y más moratones que si hubieses servido para las prácticas de cada Golpeador del Colegio. Por no mencionar el chichón del tamaño de una Snitch que tienes en esa cabezota tuya, dos ojos morados, unas quemaduras en la varita y la boca que parece ya humana. Te sugiero que te acuestes y pienses en los Gryffindor que tienen esa tendencia a ser valientes hasta el punto de la idiotez y entonces hablaremos de lo que en un inicio tuviste en mente y ya decidiremos." El tono de autoridad fría le sorprendió y se detuvo, sonrojándose y volviendo a mirar la textura verde. "Si le parece bien a todo el mundo."

"Guau, Neville,"dijo Colin Creevey, "¡por un momento has sonado igual que Harry!"

"Sí, bueno…" murmuró Neville, avergonzado, "Harry no está, ni tampoco Dumbledore ni Ron ni Hermione y Dean y Justin y una docena del ED, y otro centenar del colegio. No es como cuando teníamos que preocuparnos de Umbridge y su Escuadroncito."

"Pero esto es por lo que el ED se formó por primera vez, ¿no?. ¿Por qué Harry sabía que llegaríamos hasta este punto?" preguntó Parvati, y Neville se preguntó con vehemencia por qué todo el mundo parecía estar mirándole a él, incluso Ginny, que parecía de lejos ser la sucesora natural de cualquier tipo de liderazgo dentro de Gryffindor.

"Es verdad," accedió despacio. Finalmente, satisfecho con su preparado, sacó otro cuenco y empezó a embadurnarlo en las heridas de Seamus, usando esta tarea para evitar las miradas de todo el mundo mientras hablaba. "Pero creo que esto es peor de lo que incluso Harry había imaginado. Quiero decir, Dumbledore muerto, Snape a cargo del Colegio, los Mortífagos impartiendo clases, el Ministerio bajo Quién-Tú-Ya-Sabes… No creo que nadie hubiese sido capaz de ver que esto pasaría de forma tan rápida y tan completa incluso hace tan sólo seis meses."

Ginny frunció el ceño desde el lugar donde usaba su varita en el esguince del tobillo. "¿No estarás sugiriendo que pasemos del tema?"

"O que permitamos ser los sacos de boxeo al estilo del brillante Señor Finnigan, espero," añadió Lavender.

"No sé lo que estoy sugiriendo," admitió Neville. Entonces miró a Seamus otra vez, y se le pasó una idea por la cabeza. "Te lo he querido preguntar, ¿cuál es el maleficio que utilizaste en Carrow? No lo reconocí. ¿Es algo que te enseñó Harry personalmente?"

Seamus se ruborizó, añadiendo un tono rosa a sus rasgos multicolores. "Nah, ni siquiera está aprobado. No debí hacerlo."

Los ojos de Colin se abrieron de par en par. "¿Es entonces como una Imperdonable?"

"¡Ni de lejos!" Seamus empezó a mover la cabeza, pero se lo pensó mejor y cerró los ojos, murmurando suavemente antes de hablar otra vez. "Es uno de los antiguos de mi Nana – Gaélico. Todos los hechizos aprobados por el Ministerio son los excelentes, adecuados, respetables en latín, ya sabéis, pero los Celtas tienen su propia rama de magia, aunque se la apartara como si fuese subdesarrollada. Está casi extinta, pero algunos de los antiguos todavía se recuerdan por acá y por allá, casi todos maleficios y maldiciones y los viejos encantamientos de bruja, ya sabéis, los de decir que tipo de bebé tendrás y de ese estilo."

Parvati pareció súbitamente fascinada, sentándose muy estirada y apartándose su larga trenza negra. "Mi abuelo era fakir en Bombay, solía decirnos que había muchas clases de magia que nunca aprenderíamos en Hogwarts – intentó enviarnos a la India para aprender – pero cuando nuestros padres se negaron, nos enseñó algunos hechizos. Padma incluso puede controlar serpientes."

Ginny jadeó. "¿Ha aprendido Pársel?"

"No, no puede hablar con ellas, sólo que hagan lo que ella quiere."

"¡Genial!" Seamus sonrió. "Dile que haga que esa bicha de Quién-Tú-Ya-Sabes se lo coma entero."

Parvati le echó una mirada exasperada. "Estaría muy bien, pero sólo son de las pequeñas – de las normales – como cobras y víboras. Y yo sé unos cuantos hechizos franceses de uno de los chicos de Beauxbatons."

Emocionada, Lavender se inclinó sobre el respaldo del sofá. "Anthony Goldstein viene de una familia de magos que se remontan a los Esenios, apuesto que sabe algunas cosas en hebreo. Vane siempre presume de que su familia es Romani – gitanos – y la familia de Ernie estaba tan metida en la guerra de los clanes que no empezaron en Hogwarts hasta hace ciento cincuenta años, así que tal vez tiene algo como Finnigan, antigua magia Gaélica."

"La suya sería escocesa, no Gaélica. No somos lo mismo, y machacamos a Escocia en Quidditch el año pasado." Apuntó a la defensiva Seamus.

Neville y Ginny se miraron, sorprendidos por esta espontánea explosión de conocimientos de hechizos exóticos y Ginny se rio. "No sé tú, Neville, pero de pronto me siento bastante simplona."

Él no pudo evitar devolverle la sonrisa. "Sí, quiero decir, mi familia has sido sólo, ya sabes, magos. Viejos magos británicos normales. '"Disculpadme, señora, ¿deseáis que os conjure una taza de té?" Bajóel cuenco y agitó la varita, acercando así una taza vacía que estaba al otro lado de la Sala y elevándola con un gesto exagerado, el dedo meñique estirado al elevar la taza.

Ginny aceptó con una floritura, imitando un arcaico, aristocrático deje que todo el mundo reconoció al momento como una acertadísima imitación de la pronunciación exquisita de Draco Malfoy. "Oh, gentil caballero, pues no faltaría más."

Todo el mundo se rio. Se sentían bien, un pequeño golpe de alegría y compañerismo en medio de la oscuridad que se había ceñido sobre ellos y Neville se dejó envolver, carcajeándose de alegría con todos los demás hasta que le dolió la tripa y se le saltaban las lágrimas. Parecía que sería así para siempre hasta que finalmente se calmaron y se limpió las mejillas con el dorso de una mano temblorosa. Los demás todavía estaban radiantes y no quería traerles de vuelta a la tierra, pero la realidad de su situación era tan inconfundible como los cardenales aún amarillos y verdes de la cara hinchada de Seamus.

"La verdad –" comentó Neville, "está bien. Quiero decir, Carrow no sabía lo que la había golpeado, ¿verdad? No podría haberlo bloqueado aunque lo hubiese intentado. Y los Mortífagos se sabrán todos los hechizos conocidos. No importan lo mucho que practiquemos, Protego, Desmaius e Impedimenta no son suficientes por sí mismos contra magos oscuros plenamente preparados. Recordad lo que dijo Snape sobre las Artes Oscuras. Son impredecibles. Lo tenemos que ser nosotros también."

Seamus frunció el ceño. "Pensaba que estabas en contra de luchar contra ellos."

Neville agitó la cabeza. "No de esa forma. Tenemos que pensar más como tus hermanos, Ginny. Como los gemelos. Travesuras y pequeñas rebeliones. Nos llevaremos algunos golpes, nos castigarán seguro; pero Seamus lo llevó demasiado lejos. Casi consigue que lo maten el segundo día de Colegio por nada. Ser golpeado está bien, pero sólo si la situación lo merece." Apenas podía creer las palabras que estaban saliendo de su propia boca y se apresuró, temeroso de perder la compostura. "Seguiremos adelante con el ED, pero lo bastante para sacarles de quicio y mantener la esperanza del resto de estudiantes. Nada a gran escala hasta que llegue el momento."

"¿Qué quieres decir, 'hasta que llegue el momento'?" preguntó Parvati.

"Bien, hasta que tengamos que hacerlo. Todos sabemos qué es lo que se avecina." Pensó que las cosas en las que él había caído desde que Harry y los demás no habían regresado, eran obvias, pero viendo las expresiones de los demás, Neville se dio cuenta lentamente de que tal vez él era el único capaz de ver lo que les aguardaba. "Vamos…" su voz era implorante. "Ginny, Seamus… ¿es que ninguno lo habéis adivinado?"

"Creo que no," dijo Lavender.

Neville tomó un profundo aliento y se mojó los labios, incómodo por la atención que había caído en él. Dubitativo, elevó una mano y extendió cuatro dedos. "La forma en la que yo lo veo sólo tiene cuatro alternativas. Una, que nos convirtamos en buenos seguidores de Quién-Tú-Ya-Sabes." Bajó un dedo. "No me veo ahí. Incluso aunque pudiera vivir con eso encima, la abuela me mataría."

"Ni yo, tío." Añadió Seamus.

"Lo mismo digo," Ginny asintió mientras Parvati, Colin y Lavender hicieron sonidos afirmativos.

"Dos –" continuó Neville, "Harry encuentra la forma de detener a Quién-Tú-Ya-Sabes y termina esto de forma limpia y rápida antes de final de año, todos los Mortífagos son apresados y las cosas vuelven a la normalidad."

"Apoyo eso," soltó Colin y algunos sonrieron y asintieron.

"Pero no apostaría mi oro a eso. Sería genial – y creo de verdad que Harry podrá con él – pero hacerlo en un año sólo con la ayuda de Ron y Hermione suena algo difícil de llevar a cabo." Colin parecía que iba a rebatir que no había nada que pudiera con el gran Harry Potter, pero Neville continuó, ignorándole mientras bajaba otro dedo.

"Tres. Nos graduamos y ya no estamos a salvo nunca más."

"Perdón por interrumpir," intervino Seamus, "pero personalmente no me siento ni de coña seguro."

"Cormac está muerto. Cho y Lee están ocultos. Roger está en San Mungo en peor estado que tú, Seamus, y eso es sólo lo que figura en El Profeta, o lo que los hermanos de Ginny se han ingeniado para pasar bajo cuerda. Ahora mismo, él piensa que hay todavía una posibilidad de lavarnos el cerebro en el colegio, pero cuando nos graduemos, perderemos toda la seguridad de los números y la protección de ser unos críos. No quiere que se produzca una protesta pública por una masacre en Hogwarts, pero una vez que salgamos, ya estarmos solos."

La voz de Parvati era un murmullo. "¿Cuál es la cuarta?"

Él bajó el último dedo. "Luchamos. Si Harry regresa y nos necesita, entonces lucharemos. Personalmente, es lo que creo – que lo puede hacer, pero necesitará nuestra ayuda. Es sólo cuestión de tiempo que él vuelva, pero nosotros no disponemos de tiempo infinito, así que en el último día antes de que acabe el curso, si no hay noticias de Harry, saldremos. En cualquier caso, presentaremos la batalla que merece. Llevarnos por delante hasta el último Mortífago que podamos, y espero que Snape vaya en el lote. Utilizar cualquier hechizo exótico y truco sucio que se nos ocurra. Hacerles pagar por todos los que hemos perdido, todos los torturados, todos los muertos. Incluso igualar las probabilidades por Harry y la Orden y dar al público esa masacre que Quién-Tú-Ya-Sabes no quiere – conseguir que la gente se indigne de tal manera que El Profeta no pueda taparlo. Moriremos, pero moriremos bajo nuestros términos y moriremos cumpliendo algo, no uno por uno en callejones oscuros con nuestras muertes encubiertas e ignoradas."

Hubo un largo, terrible silencio tras sus palabras y Neville contempló el suelo, incapaz de creer lo que acababa de decir, aunque lo había estado pensando durante más de una semana. Parecía que era lo único sensato en su cabeza, pero cuando pronunció las palabras, sonaron como un gran gesto valiente, algo incluso heroico. Colin tenía razón, sonaba a algo que Harry habría dicho y la comparación le hizo sentir a Neville muy incómodo.

Finalmente, Ginny se puso de pie, apartando su brillante melena roja, desafiante. "He estado buscando una manera de igualar la salida de Fred y George," dijo. "Me apunto."

Seamus estiró su mano izquierda, la derecha todavía encogida sobre el pecho y tomó la pequeña y blanca mano de Ginny. "No me veo ganando ningún concurso de popularidad para los Mortífagos, así que, ¿por qué narices no? Estoy con vosotros."

La mano de Parvati se unió a las otras dos. "No puedo hablar por Padma, pero contad conmigo. Sólo espero que mi próxima vida sea más tranquila."

"¡Y conmigo!" Colin puso su mano con tal excitación que hizo temblar a Neville.

"¿Y qué otra cosa puede hacer una Gryffindor?" la mano de Lavender se unió al resto.

Despacio, la mano de Neville coronó la montaña de manos, esperando que nadie notara lo mucho que le temblaba. "Lo he dicho, así que supongo que no puedo echarme atrás."

"Espero que no, Neville," los ojos marrones de Ginny le miraron en la luz de la chimenea. "Eres nuestro líder."

Neville abrió la boca. "Yo soy –"

"¿Estamos todos a favor de que Neville sustituya a Harry como líder del ED?" la voz de Ginny superó las protestas y Neville se sorprendió de ver las cabezas a su alrededor asintiendo. Ella sonrió, mostrando esa sonrisa Blanca que había tirado a sus pies a los chicos del colegio, incluido el famoso Niño Qué Vivió. "Entonces está decidido. Hablaremos con los Ravenclaw y los Hufflepuff más tarde, pero creo que a partir de este instante, el Ejército de Dumbledore ha regresado."

Los ojos de Neville recorrieron las caras de sus amigos, comprendiendo la creencia de sus expresiones y deteniéndose en cada uno por turnos. La brillante, decidida Ginny, la última Weasley que quedaba en Hogwarts. La guay, exótica Parvati, sus ojos oscuros de total confianza. La tempestuosa Lavender, su mejor amiga, a su lado más como una hermana, más que la propia gemela de Parvati, y tan dispuesta a dar su vida. Colin, su expresión sin engaño y con determinación, pletórico con la incombustible valentía de los ingenuos. Seamus, todavía dolorido y con sus ojos aún hinchados y casi cerrados y sin embargo convencido.

Bajo las sombras parpadeantes, engañosas, de la luz de la chimenea, parecía que allí estaban otros rostros de Gryffindors. Hermione con sus ojos agudos y su cabello espeso como un arbusto. El incondicional Ron y su cabello rojizo brillando junto a su hermana. Los gemelos, riéndose por alguna broma secreta, Lee Jordan a su lado como el trillizo diferente. Dean, sus ojos y sonrisa brillantes en su oscuro rostro. Y Harry. Harry con la cicatriz de relámpago que le marcaba como alguien tan distinto a ellos, su cabello negro revuelto en todas direcciones, sus gafas centelleando sobre esos agudos ojos verdes en los que siempre había confiado para llevar el mando.

Neville los miró a todos, allí y allí en espíritu igualmente mientras asentía. "¡Ejército de Dumbledore!"

OOO

"Seiscientos ochenta y una, seiscientos ochenta y dos, seiscientos ochenta y tres…" Neville suspiró y se sentó, agarrando la almohada y golpeándola con la esperanza de que al tomar alguna forma ésta le valiera para dormirse. No había nada malo en ello, no había bultos o algo incómodo, pero le daba la impresión de que estaba haciendo algo inútil además de contar sin sentido Hipogrifos. Con un hondo suspiro, se echó hacia atrás. "Seiscientos ochenta y cuatro…"

Un suave toque se escuchó en la puerta del dormitorio de los chicos y Neville se levantó de golpe, cogiendo la varita de la mesita de noche y sacó los pies de la cama, apartando las cortinas con una mano. "¿Quién es?" susurró.

"Ginny."

Soltando un suspiro de alivio al no tratarse de Snape o de los Carrow que venían a anunciarle que sabían lo que habían hecho esa tarde, Neville salió de la cama y se dirigió a la puerta. Sólo había dado unos cuantos pasos por la habitación a oscuras el dedo del pie se topó de pronto con algo insoportablemente doloroso, y soltó un grito agudo. Tragándose las ganas de gritar alguna de las palabrotas que había aprendido de su tío, dio unos saltos en un raro círculo, aferrado a su pie hasta que lo peor había pasado. ¿Por qué golpearte el pie tenía que doler tantísimo?

Bajando el pie hasta el suelo con cautela, sostuvo la varita frente a él y murmuró "¡Lumos!". La punta brilló con la familiar luz azulada y Neville pudo ver que su asaltante había sido lo que una vez fue su propia cama. Con Harry, Ron y Dean fuera, los dos chicos que quedaban en el dormitorio habían pasado de la tercera y quinta cama hasta la primera y segunda, y ese cambio todavía no se había grabado en el mapa mental que Neville tenía de la Torre.

Utilizando la luz de la varita para evitar más encuentros indeseados con los muebles, Neville se fue hacia la puerta y la abrió. Ginny pasó como una imagen borrosa de cabellos cobrizos y rayas azules y blancas, moviéndose tan rápido que apenas tuvo tiempo él de apartarse para que ella no lo atropellara. "¿Por qué tardaste tanto?" siseó ella.

"Perdona. Me golpeé en el dedo."

Ella se sentó con las piernas cruzadas en la vieja cama de Dean, los brazos cruzados firmemente sobre el pecho y Neville cerró la puerta y se fue hasta ella, sorprendiéndose de lo joven y pequeña que parecía. Su pelo estaba recogido en dos largas trenzas que caían sobre sus hombros y parecía estar perdida en un pijama que había sido remangado una docena de veces en los brazos y piernas y aún así parecía al menos cuatro tallas demasiado grande.

Siguiendo su mirada, Ginny se ruborizó. Todos los Weasley, se dio cuenta él, nunca hacían esto por gusto y el brillo rojizo de las mejillas era visible incluso bajo la luz azul de la varita. "Eran de Ron," explicó ella, y había un tono de desafío avergonzado en su voz. "Normalmente no me traspasan cosas de mis hermanos, pero las cosas están… bueno, Bill acaba de casarse y no sabemos cuándo papá o los gemelos podrán volver a trabajar, así que – quiero decir, es sólo un pijama."

Plenamente consciente de lo sensible que era Ron con el tema de la economía de su familia, Neville sonrió dulcemente. "Pues es bonito, la verdad. Parece como si lo hubieras tomado prestado de tu novio o algo."

Ella resopló. "Si lo hubiera hecho, me habría ahorrado quince centímetros en los brazos y piernas."

Neville no pudo evitar sonreír ante esa frase y se subió a la cama a su lado. "No has venido a las tres de la mañana para enseñarme el pijama de Ron."

Ginny bajó la mirada, jugueteando con la parte enrollada de los pantalones del pijama. "Es una tontería."

Él se encogió de hombros. "Estaba despierto de todas formas. No podía dormir."

"Tuve una pesadilla," confesó ella. "Soñé que había metido la pata con Seamus, y sus… susbrazosypiernassehabíancaídoalsueloyélestabafuriosoconmigoporeso." La última parte salió en una precipitada y avergonzada palabra y se cubrió la cara con ambas manos. "¡Oh, suena tan ridículo ahora que he venido hasta aquí!"

Neville sacudió la cabeza. "No, no lo es. Estabas tan solo preocupada por él. Parvati y Lavender han venido para ver qué tal estaba. Todos estamos preocupados por él. Se llevó una buena paliza y ninguno de nosotros somos lo que se dice Sanadores profesionales."

Ella asintió agradecida, sin molestarse en ocultarlo mientras que miraba hacia la caba donde Seamus era tan sólo visible como un bulto alargado bajo las mantas. "¿Sigue durmiendo bien?"

"Romilda hizo un buen Filtro para Dormir – es fantástica en Pociones. No se ha movido desde que se lo administró, pero todavía respira así que todo va bien. Lo que realmente le convenía era descansar. Puedes comprobarlo tú misma si quieres."

"No, no hace falta, mientras que estés seguro de que sus brazos y piernas están en sus sitio."

"Están donde estaban desde que Carrow terminó con él." Neville sonrió.

Asintiendo, descruzó las piernas y empezó a ponerse de pie. "Debería volver al dormitorio de las chicas entonces. Perdona que te haya molestad."

"¡Espera!" sacó una mano y ella se detuvo, mirando con curiosidad. Se movió incómodo, de pronto no seguro de querer decir lo que le había mantenido desvelado. "Sólo… no importa."

"¿Qué es, Neville?" ella se sentó otra vez, sus piernas colgando del borde de la cama y se echó hacia atrás, sosteniéndose en los braso. Sus manos y pies se perdieron en el pijama y parecía más pequeña que nunca. Neville sintió tanta culpabilidad que parecía ahogarle. Seguía siendo la hermana pequeña de Ron y habían acordado de todo menos matarla hoy. No tenía derecho. No tenía derecho sobre ninguno de ellos.

"Es solo… lo que pasó antes. He pensado en ello. Todos cometéis un error, un gran error." La miró suplicante. "Sólo porque fui el primero en decir algo no significa – tú podrías habértelo figurado, lo sé. Eso no me convierte en ningún líder. No puedo ser el líder. No puedo hacerlo, no puedo asumir esa responsabilidad. No soy lo bastante bueno."

Ginny frunció el ceño. "¿Por qué no?"

"Porque…" su voz se fue apagando y se señaló a sí mismo como si la respuesta fuese evidente. "Ya lo sabes."

Ella inclinó la cabeza hacia él, como si considerara el asunto con seriedad, entonces habló y su voz tenía un toque sarcástico. "Sabes, al menos eres tan alto como Ron, tu voz ha cambiado y creo que te afeitas más a menudo que Harry así que me despistas."

Él pestañeó. "¿Qué?"

"Bueno, parece que tú tienes también lo que ellos hacen, así que no sé por qué te niegas a utilizarlo como ellos."

Neville se sonrojó profundamente. "¡Ginny!"

"¡Vamos hombre!" ella rodó los ojos. "¡Que soy la única chica de siete hermanos! Podía canturrearte el himno entero de los Chudley Cannons desde que tenía cuatro años, pero Katie Bella me tuvo que decir cuándo necesité utilizar sujetador y cómo ponerme la mierda esa, así que no hagas como si fuese alguna florecita de invernadero en cuanto a cómo sois los tíos juntos."

"No… quiero decir… sólo…" se había quedado sin palabras, pero Ginny no.

"No te entiendo, Neville Longbottom. La única persona que conozco que se valora tan poco a sí mismo es Ron y ni él es tan malo. Parece que te empeñas más en demostrar que no vales nada y ay del que piense diferente. Y no me empieces con lo de tu abuela tampoco. Incluso la profesor McGonagall dijo que ella tenía que parar –"

"Sí, lo sé," interrumpió Neville. "Deja de intentar ser el nieto que ella desea haber tenido y empieza a estar orgulloso del que tiene. No es algo que le dices a alguien cuyo hijo es alguien genial, Ginny. Es algo que le dices a alguien para que se haga a la idea de lo que tiene."

"¡Eso no es lo que quiso decir, y lo sabes!"

¡Pero es la verdad!" él se incorporó, consciente de estar usando su altura frente a ella, pero dispuesto a que le escuchara lo que a él le sonaba una verdad irrefutable. "No soy la mitad de mago que era mi padre. ¡Era Auror! Él y mi –" Neville se detuvo de pronto y desvió la mirada, sintiéndose súbitamente mareado mientras recordaba que Ginny estuvo aquel horrible día en San Mungo y había visto en lo que sus padres se habían convertido.

Pasó un largo rato, y entonces sintió que ella le ponía la mano en el brazo. Se había incorporado también y su toque era sorprendentemente suave. "¿Qué?" Su voz era amable, pero mantenía esa testarudez también. "Neville, ¿qué es lo que le ocurrió a tus padres exactamente? He visto la Maldición Cruciatus, sé lo horrible que es, pero no es tan simple, ¿verdad?"

"Es por mi culpa." Neville estaba sorprendido de escuchar las palabras según salían de su boca. Nunca las había pronunciado en voz alta, hasta ese momento, daba igual cuántas veces se las había dicho en su cabeza y en su corazón, pero ahora era como si hubiese cruzado una línea invisible y no podía parar. "Iban por mi. No sé por qué, nadie sabe por qué – pero pensaba que si me atrapaban, podrían saber lo que Harry le había hecho desaparecer Quién-Tú-Ya-Sabes. Quizá creyeron que era algo relativo a los hijos de Aurores, o los niños nacidos en julio, o los de un año, o… mis padres me ocultaron en un armario. Pusieron un hechizo silenciador y ocultaron la puerta. Les costó su oportunidad de escapar… No podían decirles dónde estaba él, no lo sabían, pero si lo hubieran dicho donde… Si tan sólo…"

Ocultó la cara entre las manos y se volvió a sentar en la cama, avergonzado por sentir lágrimas ardientes recorriendo los dedos pero era incapaz de detenerlas. "¡Catorce horas. Dios, Ginny, les torturon durante catorce horas! Los Sanadores… el cuerpo se protege a sí mismo. Cualquier cosa que ocasione tal dolor por más de unos pocos minutos… debería haber sido una herida espantosa… las heridas causan endorfinas, shock, te desmayas, mueres. Una persona no está preparada para pasar por tal dolor que es sólo dolor durante tanto tiempo. ¡El cerebro no lo resiste! Si tan sólo hubieran…" un sollozo profundo ahogó las palabras. "¡Yo no valía la pena!. ¡Ojalá hubieran sabido que yo no valía la pena! Permitieron estar peor que muertos por mi, ¡y yo no soy nada en comparación con ellos!"

Toda la vergüenza, todo el dolor, toda la culpabilidad de dieciséis años había salido a la superficie y Neville no pudo decir más. Ni siquiera le importaba que Ginny estuviera ahí o no. Subió las rodillas hasta el pecho y las rodeó con sus brazos, como si en esa postura pudiese desaparecer, borrar su existencia. Los sollozos venían de algún lugar tan doloroso que ni siquiera tenían sonido, eran sólo enormes jadeos que parecían cortarle en pedazos mientras las lágrimas mojaban la tela del pijama de sus rodillas en grandes manchas oscuras.

Neville lloró hasta que la garganta se quedó dolida y le dolía el pecho. No sabía si habían pasado minutos, horas o incluso días, pero al menos sus ojos hinchados parecían haberse secado. Sólo entonces fue cuando se dio cuenta de que algo suave y cálido se había acurrucado en su espalda, unos brazos esbeltos habían rodeado sus hombros en un delicado abrazo. Inmediatamente, se dio cuenta de la situación y se sentó con rapidez, apartándola con una mirada mortificada de la vergüenza. "Lo siento… lo siento mucho… no sé –"

El rostro de ella no reflejaba ni desprecio ni lástima, como él había esperado encontrarse. En lugar de eso, esos ojos marrones le miraban con una expresión tan inesperada que no supo exactamente cómo identificarla. Se acercó hacia él otra vez, colocando decididamente la pequeña mano en su hombro y le dijo lo último que él habría esperado. "Eres mucho más fuerte de lo que pensaba."

"¿Qué?" Su voz era ronca, casi desaparecida por completo.

"Harry tiene a la mitad del mundo mágico pasándole la manita por la espalda y llamándole héroe y consolándole por lo de sus padres. Ron se tiene manía a sí mismo todo el rato, pero está sólo en su cabeza y va a tener que solucionarlo alguno de estos días, aunque haga falta que Hermione se lo escriba en algo muy pesado y le dé de golpes con ello. Tú… tú has llevado todo eso encima durante estos años y cuando te está abrumando, la gente lo aumentó sin ni siquiera saber que estaba ahí… y la única persona que lo sabía ha convertido todo eso en la carga más pesada. Que te las hayas apañado para seguir adelante es ya fuerte de por sí, pero has hecho mucho más que eso. Es increíble." El respeto de su voz era auténtico, pero Neville sacudió la cabeza confundido.

"Pero no lo he hecho. Estropeo todo lo que intneto. No soy ningún héroe." Protestó.

"Te vi luchar contra la Brigada en la oficina de Umbridge y contra los Mortífagos en el Ministerio y también en la Torre. No eres tan malo como te crees que eres casi todo el tiempo, pero cuando luchas…" movió la cabeza despacio, "eres increíble."

"Harry –"

Una mano le tapó la boca, y esos penetrantes ojos marrones estaban sólo a centímetros de los suyos. "Os he visto a los dos. Harry lucha con valor. Y también Ron y Hermione – leches, somos Gryffindors, todos luchamos valientemente. Pero tú eres algo más. Nunca había visto a nadie de la Orden que luchara con la crudeza e intensidad que tú. Da un poco de miedo, la verdad."

Neville le retiró la mano de la boca, dándose la vuelta para que no tuviera que mirarla. "No es lo mismo. No soy yo cuando lucho. Es como si algo ocurriera," se dio unos golpecillos en el pecho, "como si algo empezara a gritar o rugir o algo así, ahoga todo lo demás y me pierdo."

Ginny se acercó a su espalda de nuevo, rodeó sus hombros con sus brazos y le dio un golpecito en el pecho donde él lo hizo antes. "Creo que esa cosa eres tú, Neville. Es quien tu eres en realidad – un mago valiente y poderoso, el hijo de dos Aurores famosos y un soldado valeroso por derecho propio – y si yo hubiera cargado todo esa losa, me la hubiera tragado y escondido durante tanto tiempo, probablemente empezaría a gritarlo si tuviera la más mínima oportunidad."

Él negó con la cabeza, sin molestarse en quitarle la mano por esta vez. "No lo entiendes."

"Vale." Movió la suya y dejó las trenzas a su espalda, sus labios a dos centímetros de su oído, con una voz baja pero intensa. "Digamos que tienes razón, que eres un inútil. Un auténtico fracaso como mago y como hombre. ¿Qué piensas hacer?"

Neville no estaba seguro de cómo responder a ese giro y se encogió de hombros, en parte confundido, en parte desafiante. "No hay nada que hacer. Lo he intentado durante años."

"No es cierto. Tan sólo has aceptado las cosas tal y como son. ¿Hay alguna esperanza para tus padres?"

La pregunta le pilló desprevenido. "No. Dicen que podría haber una mínima posibilidad si Lestrange muere, pero aún así es más remota que la posibilidad de que Quién-Tú-Ya-Sabes decida entregarse."

"Así es que te dieron su cordura – o más bien, sus vidas – por ti. ¿Qué crees que dirían si ella resultara muerta y ellos se despertaran mañana? 'Cielos, hijo, estamos tan felices de ver que te has torturado con nuestro sacrificio?'. O tal vez, '¿Qué conmovedor es ver que han conseguido destrozarnos a los tres?'. ¿No crees que sería mejor poder decirles?: 'Pensabais que yo lo valía todo y que ese amor merecía más de lo que nadie pudiera decir y he vivido cada instante como si estuvierais viéndome'."

"¿Y cómo se supone que voy a hacer eso?"

"Si nunca hubiera ocurrido, si tus padres hubieran seguido siendo ellos, ¿qué estarian haciendo?"

Por primera vez en la vida, Neville supo exactamente qué decir. "Estarían en la Orden."

"¿Más o menos como mis padres, entonces?"

Él asintió. "Sí."

"¿Y estarían orgullosos de saber que estabas liderando el Ejército de Dumbledore en Hogwarts o querrían que te quitaras de en medio y les dijeras que no estabas seguro de si su hijo era lo bastante bueno?"

"Querrían que dirigiese el ED," dijo lentamente Neville.

La voz de ella era más suave, pero no perdió firmeza. "Así que tal vez es el momento de dejar de vivir gracias a ellos y vivir por ellos."

Hubo una larga pausa en la que ninguno se movió o dijo una palabra y entonces Neville la apartó de él silenciosamente. Ginny no protestó, pero observó cómo se iba hacia su cama, deteniéndose un segundo para ver si Seamus seguía durmiendo plácidamente.

Sin mirarla, metió la mano debajo de la almohada y sacó algo pequeño y cuadrado, entonces revolvió su mesilla de noche usando la varita para buscar entre los envoltorios de dulces, trozos de pergamino, plumas sueltas y barajas de cartas hasta que encontró lo que buscaba. Colocó un pequeño marco en la mesilla, abrió el cierre en el reverso y quitó la fotografía suya, con Dean y Seamus y sus caras pintadas de rojo y dorado tras la fiesta de celebración de la primera Copa de Quidditch de Gryffindor. Es su lugar, colocó la que había sacado debajo de la almohada.

Era una fotografía de una familia joven. Un mago con la misma nariz de Neville y el cabello liso y castaño que sonreía orgulloso junto a un bruja que sólo podía ser su propia madre y que sostenía a un bebé de seis meses en brazos, haciéndole cosquillas en la tripita para hacerle reír para la foto. Satisfecho porque quedó colocada en el marco, movió la fotografía hacia su cama y elevó sus ojos. "Es una foto de mis padres y mía," explicó, consciente de que Ginny no podía verla.

Alzando una ceja con curiosidad, Ginny saltó de la cama y se aproximó, sin molestarse en remangarse la pernera del pijama donde se habían soltado sobre sus pies. Contempló la fotografía por un rato largo y entonces sonrió. "Eras una ricura." Se detuvo, y se llevó la mano a la barbilla y le miró con severidad burlona. "Todavía lo eres, ahora que lo pienso… pero más alto. Y con más pelo."

Una breve sonrisa se cruzó por sus labios ante la broma de Ginny y señaló la foto. Su cuerpo se sentía extraño, incluso ajeno y se dio cuenta de que ahora estaba erguido de manera diferente: la columna recta, los hombros hacia atrás, su barbilla alzada desafiante y se cruzó con la mirada de ella sin mostrar rastro de vergüenza que le hiciera bajar los ojos. "No me voy a esconder más."

"¿Oh?"

Negó con la cabeza y entonces miró la fotografía, por primera vez sin sentir la punzada de culpabilidad que siempre le atravesaba cuando veía las expresiones vivas, felices de esos rostros. Cuando habló, Neville escuchó una voz que era más profunda, más fuerte de lo que nunca había sido, una voz que era sorprendentemente familiar en antiguos recuerdos de la familia. Era la voz de su padre, pero salía de sus propios labios.

"Quiero que me vean."

OOO

"La Col Masticadora China, o Brassica oleracea var. Carnivorus, es como su equivalente Muggle, un miembro de la familia de coles silvestres. El nombre común, sin embargo, lleva a confusión. Aunque es realmente una col, y si tenéis dudas sobre la parte "masticadora" os recomiendo que no pongáis los dedos demasiado cerca, es originaria de la península de Corea. La naturaleza extremadamente picante de este vegetal en cuestión ha llevado al desarrollo de un plato popular en la zona, que pretende imitar el sabor con algo menos peligroso para el jardinero. Además de sus usos culinarios, los cuales dejaría tan sólo para esas almas aventureras que se atrevan, la Col Masticadora es un ingrediente principal en la Poción Pimentónica, usada en casos de hipotermia…"

Neville escuchó a medias el discurso de la Profesora Sprout. Ya se había estudiado el capítulo antes de la clase y lo habría podido recitar de memoria antes de que ella empezara. Herbología siempre había sido su favorita y su mejor asignatura, pero ahora más aún, porque era una de las pocas clases que no habían sido modificadas por el cambio en la administración del Colegio. Normalmente, no importaba lo bien que llevara el curso, siempre prestaría completa atención para captar detalles extra de conocimiento, pero hoy tenía algo más importante en la cabeza.

Fingiendo estar tomando apuntes, se movió un poco en el banco, dándole un suave codazo en a Hannah Abbott en las costillas. Ella dio un respingo y le echó una mirada que habría marchitado todas las plantas del invernadero. Él suspiró. Habían sido compañeros en Herbología desde primero, pero por algún motivo, ella le estaba ignorando ese día. Neville habría estado dispuesto a anular esa repentina frialdad de los incomprensibles caprichos del comportamiento femenino, pero no era una opción dadas las circunstancias.

Volvió a darle un codazo, esta vez subiendo los apuntes hasta quer estaban casi directamente delante de sus ojos. Con un resoplido furioso, ella miró lo que él había escrito. "¿Va todo bien?"

La mirada de ella fue la respuesta y se cruzó de brazos, manteniendo su atención testarudamente en la Profesora Sprout, que estaba mostrando la protección adecuada que se precisaba contra los dientes y quemaduras cuando se recogieran las hojas. Como por accidente, la varita se colocó delante del pergamino y las palabras se modificaron. "¿Estamos tomando el relevo donde lo dejó Harry, por lo visto?"

Los ojos de Neville se abrieron de par en par. ¡Ya lo sabía! Había estado intentado avisarla del renacimiento del ED, pero aparentemente alguien se le había adelantado. Un sentimiento mezcla de emoción y temor se apoderó de él mientras se preguntaba si las noticias habían sido recibidas con entusiasmo o si se las habían chivado por otros medios no tan adecuados. Le dio un golpecito al pergamino con su varita. "¿Quién te lo ha dicho?"

La mirada de ella nunca abandonó la parte delantera de la clase, pero su columna se estiró hasta que se encontró en una postura casi dolorosamente impecable. "Tengo más amigos en Gryffindor aparte de ti."

Lentamente, una posible razón por su disgusto empezó a tomar forma en su cabeza y él intentó captar su mirada con una sonrisa de tímida disculpa. "Lo siento. Deberías haberlo oído por mi primero. Quería decírtelo yo mismo."

No te molestes. Las letras parecían extrañamente oscuras esta vez y él se dio cuenta que estaban realmente quemadas en el pergamino. Es más, continuaban ardiendo sin llamas, extendiendo su forma en manchas oscuras, mientras la parte interior ardía en círculos brillantes rojos. Ahogando un grito alarmado, Neville cogió un recipiente con agua y apagó el pedazo de pergamino, haciendo que la Profesora Sprout se detuviera, una ceja alzada bajo su suelto cabello gris.

"¿Señor Longbottom?"

Neville sintió un calor en las mejillas y miró hacia el suelo, moviendo su varita hacia el desastre mojado y oscuro y haciéndolo desaparecer. "Lo siento, Profesora. Creo que no estaba prestando atención a lo que estaba haciendo… pensando en las propiedades térmicas de las coles y todo eso."

Ella le dio esa mirada tolerante que le era tan familiar en otros profesores y sintió un sorprendente oleada de resentimiento hacia Hannah por haberla recibido de la Profesora Sprout precisamente. "Está bien, no hay problema. Entonces, como os iba diciendo, debéis evitar el contacto con la savia con la piel desnuda en la medida de lo posible…"

En cuanto su atención volvió a la planta, Neville se inclinó hacia su compañera. "¿Por qué has hecho eso?" le siseó lo más bajo que pudo.

Hannah no respondió, tan sólo movió otra vez la varita. Por un momento parecía que nada iba a ocurrir y entonces sintió la parte delantera de su túnica calentarse y se dio cuenta en un momento de casi pánico cegador que sus pantalones estaban a punto de prenderse. Desesperado, sin importarle de que alguien se diese cuenta, apuntó su varita hacia sí mismo y gritó "¡Protego!" la sensación ardiente se detuvo al instante y pensó que había captado una pequeña sonrisa de victoria en los labios de Hannah mientras que la Profesora Sprout volvió a girarse.

Esta vez, no obstante, Hannah elevó la mano antes de que la profesora pudiera preguntarle qué había pasado. "Disculpe, Profesora," dijo con una horrorosa dulzura., "es por mi culpa. Creo que he desarrollado alguna alergia a lago que hay por aquí. Mi varita se ha estropeado. ¿Puedo tener otro compañero, por favor?"

La mirada de la Profesora Sprout dejó lo bastante claro que no se creía ni una palabra y que estaba empezando a dudar también la anterior excusa de Neville. Sin embargo, ésta no era la primera vez que veía algo arrancarse de raíz entre compañeros de clase y simplemente indicó hacia un hueco vacío unas filas más atrás. "Dean Thomas no está con nosotros, señorita Abbott, puede ser la compañera del Señor Finningan si así lo desea."

"Gracias, Profesora," le dijo con la misma dulzura empalagosa y sin mirar a Neville; entonces recogió su libro y sus herramientas de jardinería y se escurrió por el invernadero para sentarse junto a Seamus.

Ahora absolutamente confuso, Neville hizo lo posible para cruzar su mirada con la de ella durante el resto de la clase – con el resultado de que casi acabó asfixiando su col por olvidar machacarle las larvas con la que la estaba alimentando y tuvo que utilizar un Encantamiento Respirador a fin de salvar a la planta, que estaba poniéndose morada – pero ella ignoró firmemente sus intentos. Es más, parecía estar extrañamente aduladora con él. Por lo que sabía Neville, ella no había tenido más que corteses saludos con él, pero parecía que ahora estaba poniendo todo su interés en reírle todos los comentarios, estar pendiente de los moratones que él aún tenía del día anterior y sentarse tan cerca de él que parecía un milagro que ambos pudieran moverse.

Cuando por fin terminó la clase, Hannah se había ido tan rápido del invernadero que él pensó por un instante que se había Aparecido, hasta que por fin vislumbró una túnica ribeteada de amarillo y largas coletas desapareciendo tras un enorme Arbusto Nervioso. "¡Hannah!" gritó. "¡Espera!"

Ella no pareció haberle escuchado y Neville echó a correr. Cuando logró alcanzarla fuera del invernadero más lejano estaba con la cara roja y jadeando, y también un poco molesto. Ella intentó alejarse, con la barbilla alzada, pero él la agarró por el codo. Hannah se detuvo entonces, volviéndose a mirarlo con una indignación furiosa. "Suéltame, pedazo de…" su cara se retorció porque no podía encontrar un insulto lo suficientemente bueno.

Neville miró en todas direcciones y tras asegurarse de que no había nadie cerca, bajó la cabeza junto a la suya y habló duramente pero en voz baja. "Mira, no sé si estoy borrando de nuestras vidas a Harry o lo que sea, si es lo que te enfurece. Nadie lo está haciendo. Pero él ya no está aquí. No entiendo por qué estás así, si siempre hemos sido amigos. Esperaba que ibas a estar… bueno, orgullosa de mi."

Para su completa sorpresa, los ojos de Hannah de pronto se llenaron de lágrimas. "Supongo que debería estarlo, ¿verdad?. Quiero decir, no es tan sólo Harry el único que pensó… y supongo… supongo que para ti es un paso adelante."

Confundido por las lágrimas, pero contento porque parecía estar captando la necesidad de la situación, Neville asintió. "Exacto. Estoy contento porque lo entiendas, significa mucho."

En ese instante, ella rompió a llorar con un llanto ruidoso. Alucinado, la miró fijamente, paralizado en ese sitio hasta que ella, gritando tan desdeñosa como una banshee, agarró un Geranio con Colmillos de una barra cercana y se lo arrojó directo a la cabeza. Él se agachó y la planta no le dio por tan poco, que creyó sentir un diente rozarle la oreja. "¡Hannah!"

Otro Geranio con Colmillos pasó volando, y esta vez se agachó para esconderse tras unas urnas de terracota que contendrían Lazo del Diablo a finales de año. "¡No me digas 'Hannah', hijo de una bludger!" gritó ella. "¡Podrías haber tenido las narices de decírmelo tú mismo, pero NO, tenía que oirlo de Demelza!" Una vaina de Snargaluff explotó unos centímetros a la derecha de su rodilla. Su puntería era preocupante. "Ese pequeña…" – bateó la siguiente con su varita – "pelirroja…" – él se agachó, y esta vez, los serpenteantes tentáculos verdes acertaron el lugar donde su hombro acababa de estar – "¡ZORRA!"

La seguridad quedó reemplazada por la sorpresa y Neville se incorporó pestañeando. "¿Qué?"

"¡Tú y Ginny Weasley!" la siguiente vaina le golpeó directamente en la cara y Neville soltó la varita cuando cayó hacia atrás, sosteniendo desesperado los tentáculos pestilentes que se le estaban metiendo en la boca y en la nariz, asfixiándolo. "¡Anoche estuvo ahí arriba durante más de una hora, imbécil! ¿Os creísteis que nadie se daría cuenta?. ¡¿Qué nadie diría nada?!"

"¡Expelliarmus!" todavía en el suelo, luchando por respirar contra la feroz palnta que estaba ahogándole la cara y el cuello, Neville escuchó un aullido de indignación de Hannah cuando otra vez gritó el hechizo desarmador. La reconoció al instante, pero no estaba seguro de si era la mejor o la peor persona que podría haber entrado en su ayuda.

"¡TÚ!" el grito de Hannah era veneno.

Los tentáculos le habían quitado todo el aire. Sus intentos por apartarlos se hicieron más débiles en cada momento mientras que la oscuridad iba ocultando su visión, el último pensamiento del que Neville fue plenamente consciente fue que no tendría haberle sorprendido a nadie que el Mortífago más chalado del mundo era una chica.

.
OOO

"¿Neville? Neville? Neville, di algo. Lo siento mucho. Por favor di algo, Neville"

Pareció que le llevó mucho tiempo para que esos sonidos que se colaban en ese torbellino de oscuridad significaran algo de verdad, aunque estaba seguro de que deberían. Gradualmente, recobró la consciencia, y con ella tres certezas concretas. La primera, que 'Neville' era su nombre. La segunda que habían restregado su garganta y su nariz con un estropajo de níquel. Y tercera, que por lo visto había estado completamente inconsciente durante el suceso más imposible de todos sus años en Hogwarts: dos brujas peleándose por él.

Lentamente, con la cabeza latiéndole, Neville abrió los ojos y se incorporó en una postura sentada en el suelo húmedo. Hannah y Ginny estaba arrodilladas junto a él, con sendas miradas de preocupación en sus rostros. Ambas tenían el pelo y la túnica revueltas y Ginny tenía un ojo que se iba hinchando y amoratando que hacía juego el labio sangrante de Hannah. Él se tocó su propia cara ardiente, sintiendo ampollas por el ataque del Snargaluff. Menudo grupo patético que formaban.

"Oh, Neville, lo siento." Hannah hizo un amago para tocarle, pero se detuvo, sus manos moviéndose nerviosas a medio metro. "Debes de estar furioso."

"No." agitó la cabeza, intentando procesar todo lo que había ocurrido. "No estoy furioso. Tal vez bajo un Confundus, pero no furioso."

"Bueno," dijo Ginny solícita, "a Demelza le gustaba Dean."

Neville frunció el ceño. "¿Thomas?"

"Exacto." Hannah hablo como si él obviamente estuviera entendiéndolo todo. Pero no era así.

Por fortuna, Ginny continuó. "Pero iba a salir con él, así que ella decidió que era un niñato y entonces cambió a su otro chico, que resultó ser Harry, pero éste estaba saliendo con Cho, y Demelza odiaba a Cho, así que le dejó de gustar Harry mientras él estaba con ella, pero entonces ella se fue con Roger, así que eso hacía que no estaba mal fijarse otra vez en Harry. Así que Demelza vuelve a ir tras Harry, que no es que él se diera cuenta o algo, entonces yo rompí con Dean y ella intentó volver con Dean otra vez, pero no tiene tiempo porque él entró en el equipo de Quidditch haciéndome un favor y yo empecé a salir con Harry, y ahora ya no estoy con Harry, pero ni él ni Dean están aquí. Así que por supuesto, cuando subí anoche, era evidente que intentaba tirar por tierra mi reputación todo lo posible. Quiero decir, no sabía que ella lo sabía, porque si lo hubiera sabido, te lo habría dicho para que tú lo supieras."

Neville pestañeó muy despacio. "Es totalmente obvio. Estabas – no estabas – estabas con Dean, a quien Demelza le gustaba – no le gustaba – le gustaba, y tú estabas – no estabas – estabas con Harry, a quien a ella le gustaba – no le gustaba – le gustaba, así que Hannah Abbott casi me mata por intentar apagarme los pantalones en Herbología. Tiene todo el sentido."

Ginny le miró como mira un padre a su adorado pero tontorrón hijito. "Demelza le dijo a Hannah – y a todas las chicas del Colegio que pilló por delante – que tú y yo estuvimos besándonos durante horas anoche, cuando, como la he dicho a ella, realmente estábamos cuidando de Seamus y haciendo planes para la otra cosa… a la cual por cierto, ella ha dicho que sí, y le va a decir a Ernie y a los demás después de cenar."

Poco a poco, como si el sol apareciera por el horizonte en una mañana nubosa, la verdad empezó a aclararse. "Y tú…" –miró donde estaba sentada Hannah, con un aspecto muy avergonzado de sí misma-- "querías matarme, sólo porque un idiota intentaría robarle la chica a Harry en el momento en el que él se marchó y pensabas que yo era mejor amigo que todo eso."

Las dos chicas intercambiaron una mirada que estaba clarísima en ese libro del que Neville era un completo ignorante, entonces Hannah asintió. "Más o menos." Hubo una pausa y se dirigió a Ginny como si asesinarla nunca se le hubiera pasado por la cabeza. "¿Son siempre tan tontos?"

Ginny consideró unos segundos y entonces negó con la cabeza. "No. ¿Recuerdas esa vez el año pasado cuando Ron pareció que le había atacado una bandada de pájaros?"

"Sí."

"Bien, eso es exactamente lo que le pasó, Hermione Granger lo había hecho justo antes del inicio del lío ese con Lavender, y no siempre habían sido tan tontos. Si fueran Weasley, serían peores." Le dio unos golpecitos de consuelo en el hombro a la Hufflepuff. "Siempre hay esperanza."

Los ojos de Neville se entrecerraron. "¿Esperanza para qué?"

Hannah soltó un profundo suspiro y se incorporó, ofrenciéndole la mano para ayudarle a ponerse de pie de nuevo. Él lo hizo, mareado, aunque no estaba seguro de si era por estar a punto de haberse asfixiado o por la conversación. Le miraba con una expresión que parecía estar compuesta de pedazos de todos los sentimientos que había escuchado y alguno que otro que estaba seguro que él no tenía, y al final ella habló. "Esperanza para todo esto, Neville. Esperanza para nosotros."

Él asintió, contento por fin por tener algo sencillo sobre lo que estar de acuerdo sin posibilidad de malentendidos. "Sí, siempre hay esperanza."

Sonó una campana dentro del castillo y Hannah dio un respingo. "Tengo que irme, llegaré tarde a Historia de la Magia." Entonces se marchó envuelta en túnicas negras y amarillas y se quedó solo con Ginny, que estaba recogiendo su bolsa cuando él se dio cuenta de que seguramente se le habría caído por haber intentado salvarle la vida.

Se agachó, recogiendo una pluma perdida y devolviéndosela. "Gracias, por cierto."

"De nada. La verdad es que fue por mi culpa." Sonrió tímidamente, arreglándose el cabello. "Pero creo que Hufflepuff ya los sabe y Parvati se lo contó a su hermana esta mañana, así que eso incluye a Ravenclaw también."

Neville recogió su propia bolsa y se la colgó al hombro mientras se marcharon hacia el camino que llevaba la Colegio. "Si alguien conserva las monedas, mostraré la información en cuanto la reúna."

Ella asintió, girando en el camino que se bifurcaba para ir hacia la cabaña de Hagrid donde podía verse a otros alumnos de sexto agrupándose para Cuidado de Criaturas Mágicas. "Vale, me aseguraré de guardarla donde pueda sentirla."

"Genial. Oh, y otra cosa más…" le dijo cuando ella se iba, y ésta se detuvo. "Asegúrate de que cuando eso pase, me recuerdes ver que Hannah tiene algo que arrojar. Esa chica nunca falla."

Ginny le mostró una sonrisita extraña. "Bueno…" dijo ella, "…casi nunca."