Capítulo 6

EL BOSQUE PROHIBIDO

"¿Han pasado dos semanas!. ¡No nos pueden encerrar aquí abajo para el resto del año!" Neville golpeó con los puños las implacables barras de metal debido a la frustración, mientras que el elfo doméstico se llevaba los restos de su comida en una gran bandeja. "¡Vamos, dime algo!"

"Krimpet lo lamenta, señor, pero Krimpet tiene órdenes del Director." El elfo parecía estar avergonzado pero sus enormes ojos azules tenían miedo también y siguió mirando las paredes como si le estuvieran vigilando. "Krimpet trae la comida a los prisioneros, y se lleva los platos, y le han dado instrucciones estrictas. Se tendría que castigar de la manera más dolorosa y Krimpet no es tan valiente como Dobby, oh no. Tiene miedo del Director Snape." Le dirigió una sonrisa servil, desesperada, inclinándose todo lo que le permitía esa extraña carga. "Pero le trae la mostaza para Luna Lovegood y le hace pollo a Neville Longbottom sin demasiada salsa y nunca se olvida de que a Ginny Weasley le gusta limón en el té, no leche, así que Neville Longbottom no tendría que estar tan enfadado con Krimpet."

Neville exhaló un suspiro profundo, bajando despacio junto a las barras hasta que quedó de rodillas en la celda fría, con la cabeza moviéndose en una derrota frustrada. Inhaló profundamente y miró, intentando producir lo que pretendía ser una expresión amable de disculpa. "Tienes razón, Krimpet. No es culpa tuya, lo siento. Sólo… Pensé que nos echarían un Cruciatus cuando menos, pero sólo… me está volviendo loco. ¿Cómo están las chicas?"

"Ginny Weasley está furiosa, como Neville Longbottom. Chilla cosas – la mayoría en un lenguaje horrible para una bruja – pero se olvida de que hay magia poderosa en las mazmorras y que no pueden oírla arriba o dentro de otras celdas. Pero está bien, oh sí, lo bastante bien como para lanzar su pastel y romper el plato en trocitos muy pequeños." Krimpet agitó con tristeza la cabeza, obviamente lamentando la pérdida del dulce, pero se animó. "Pero Luna Lovegood no está enfadada, Neville Longbottom, señor. Ella canta y pinta con la comida que no se llega a comer y Krimpet cree que ella es mucho más agradable."

"¿Me han enviado algún mensaje?"

"Todos los días Neville Longbottom pregunta esto y todos los días Krimpet le debe decir que está prohibido. ¿Por qué Neville Longbottom sigue preguntando?"

La pregunta la hizo con curiosidad inocente, auténtica y se vio obligado a encogerse de hombros, sonriendo tímidamente. "No lo sé en realidad. Supongo que espero que algo haya cambiado."

Se puso de pie otra vez, dándose la vuelta para seguir el paso que se había convertido en la necesidad constante de su existencia, pero se detuvo cuando el diminuto ser volvió a hablar. "Dobby le envía un mensaje."

Neville se giró, resistiendo la urgencia de agarrar la toalla y agitar al elfo hasta que su cerebro hiciera un sonido como de un sonajero por no habérselo dicho antes. En lugar de eso, apretó los dientes y se forzó a que su voz siguiera calmada y amable. "¿Y qué dice?"

"Dobby dice que algo grande está a punto de suceder, muy muy pronto. Eso es todo, Neville Longbottom, señor, y antes de que pregunte, Krimpet tampoco sabe qué significa, pero Dobby es un elfo libre y extraño." La mirada de Krimpet rogaba claramente al joven mago que se tomara cualquier cosa que proviniera de dicho sujeto desequilibrado con gran escepticismo, entonces volvió a inclinarse. "Krimpet debe marcharse ahora." Sonó un crack ruidoso en la pequeña cámara de piedra, y el elfo se marchó.

Algo grande. Neville se recorrió los dedos por el pelo grasiento y siguió paseándose, sus largas zancadas recorrían la cámara tan rápido que se sintió mareado. Algo grande. ¿Acaso el E.D. planeaba una fuga?. ¿Snape finalmente había decidido castigarles?. ¿Les iban a enviar a Azkaban?. ¿Entregarlos al mismísimo Tú-Ya-Sabes-Quién?. ¿O habían oído de Harry?. ¿Habían ganado la Guerra?. ¿La habían perdido?. ¿Iban a ejecutarlos?. ¡Podría ser cualquier cosa!

"Caray amigo, creo que te he podido oler antes de verte. ¿Desde hace cuánto no te das un baño?" Neville se detuvo de golpe, girándose hacia la parte de las barras de la mazmorra y la mandíbula se le abrió de la sorpresa. El críptico mensaje de Dobby ahora estaba inmediata, maravillosamente claro.

"¡Hagrid!" dio dos zancadas y se aplastó contra las barras para estirarse lo suficiente y agarrar las manazas del tamaño de un cubo entre las suyas. "¿Qué estás haciendo aquí?"

"Recogeros." Apareció una sonrisa cariñosa bajo la barba salvaje morena, pero sus ojos negros eran solemnes. "Y se supone que tengo que deciros que si vais a intentar alguna tontería, no van a haceros nada a vosotros, sino que empezarán a escoger al azar a alumnos de primer año para que sean ellos los que sufran lo que os habría correspondido a vosotros." Puso una mueca. "Qué pareja más desagradable, los Carrows."

Hagrid se metió la mano en uno de los bolsillos de su abrigo y Neville oyó que sonaban cosas, incluso algo chilló antes de que sacara una vieja llave pasada de moda. No había cerradura o puerta en la celda y le pareció raro, pero Hagrid simplemente apretó la llave contra la barra más cercana y se introdujo como si hubiera una cerradura. Con medio giro, las barras que tenía delante Neville se desvanecieron.

"¡Ginny!" se coló por el hueco y echó un sprint, apenas dándole las gracias a Hagrid para ir en la dirección por la que Krimpet había venido tras entregar la comida a sus amigos. A pesar de la detallada descripción del elfo, una parte de él no se había librado de la posibilidad de que pudiera haber estado mintiéndole, así que sintió un gran alivio y alegría cuando la oyó gritarle, vio una nube de polvo caer del techo cuando ella se apretó contra las barras y sacó sus brazos delgados hacia el pasillo.

"¡Neville!" apenas evitó aplastarse contra las barras, se paró en seco y la agarró en un extraño abrazo con las barras entre ellos. Ella soltó una risa que era casi un grito, casi un sollozo y las manos de Ginny le pasaron por el cuerpo para asegurarse de que era real, aunque él la estuviera sosteniendo lo suficientemente fuerte pero no como para lastimarla.

"¿Dónde has estado?. ¿Qué te han hecho?. ¿Estás bien?. ¡Dime que estás bien! He estado intentado… pero no me decían nada… ese maldito enano… Yo no sabía… Pensé que se había terminado… Pensé que estabas… y entonces Snape… Oh, la Espada… Y entonces te hizo desmayar… y entonces yo… me desperté aquí… días y días… sin tener ni idea…" las palabras estaban interrumpidas, medio por el llanto de alegría, emoción, esperanza, ira y una docena de cosas que dejaban caer las frases unas con otras demasiado rápidas para terminarlas. Ella no necesitaba hacerlo. Él comprendió y asintió a todo mientras ella le llenaba de besos por toda la cara, pero no sintió culpa porque no había nada malo en ello, era el amor de una amiga y compañera que se había convertido en casi una hermana para él.

"Ahora, si os despegáis por un segundo, podría soltar a Ginny." Hagrid se sonrió desde detrás y Ginny se apartó con un jadeo feliz y los ojos abiertos de par en par.

"¡Tú eres el que nos estás ayudando a escapar!"

"Me temo que no, cariño." Agitó su gran cabeza bruscamente. "Los Carrows me han ordenado recogeros y llevaros ante ellos."

Neville detectó el brillo de esperanza desafiante en los ojos de ella, el mismo que había tenido él, y habló antes que ella pudiera. "No, no podemos hacer eso. Han dicho que castigarán a los pequeños en nuestro lugar – los de primero al azar."

Su cara se retorció por el disgusto. "¡Eso es asqueroso!"

Hagrid metió la llave en las barras y Ginny saltó por el hueco, dándose la vuelta para escupir de forma impresionante hacia la celda. "¡Al menos estoy fuera de ese maldito lugar!"

Él le aferró el brazo. "¿Por dónde está Luna?"

"¡Por aquí!" con un movimiento de cabeza, ella le guió por una intersección y en seguida escucharon una voz soñadora que sonaba un poco más adelante.

"…y las rosas trepadoras se enroscan.
Me estabas esperando allí,
Te cogí de la mano.
Y lloré porque te fuiste a la guerra,
Pero cariño, no tengas miedo.
Transformaré mi rueca en una espada,
Y lucharé junto a ti, una dama soldado…"

Intercambiaron una mirada, gritaron su nombre y fueron hacia el brillo de la única vela que había en la celda ocupada, pero cuando llegaron se detuvieron, sorprendidos por la imagen que tenían delante. Luna estaba sentada pacíficamente con las piernas cruzadas junto a la pared con un bote de mostaza en una mano, mientras que embadurnaba de pétalos un girasol del tamaño de una fuente.

Toda la celda parecía un jardín precioso; una cascada de colores brillantes y hermosos, plantas pintadas con talento, frutas y flores que surgían de las paredes, del suelo, incluso de los lados de la estrecha litera de madera. Al contrario que sus pintas esqueléticas y despeinadas, Luna parecía estar limpia y aseada, con el cabello pálido brillante en un recogido en la cabeza que parecía estar sujeto por una cuchara enganchada entre los largos mechones y su ropa reparada y de vuelta al jersey gris habitual y la camisa blanca con los bordes y corbata de azul y bronce. Se puso de pie cuando llegaron, sacudiendo el polvo de la parte trasera de sus pantalones y dirigiéndoles una sonrisa. "Oh, hola. ¿Nos han soltado?"

"Cómo…" empezó Ginny, entonces sacudió la cabeza, incapaz de terminar.

"He pintado con mi comida." Contestó simplemente, entonces se interrumpió un momento, inclinando ligeramente la cabeza. "Y utilicé magia para que no se pudriera."

"¡¿Cómo has conseguido quedarte la varita?!" Neville sintió una nueva esperanza surgiendo de él. Si al menos uno de ellos iba armado, tal vez se les podría ocurrir algo después de todo, a pesar de los intentos de chantaje de los Carrow.

Luna le dirigió una mirada extraña, entonces se sacó la cuchara del pelo. "No lo he hecho. Utilicé esto."

Él habría pensado que esto era prueba irrefutable de que Luna Lovegood finalmente había cruzado lo que él siempre había sospechado que era una línea muy fina que le separaba a Luna de estar verdaderamente loca, pero la prueba de que de hecho sí había hecho magia era tan evidente que dudó. "¿Una cuchara?"

"Krimpet me dejó quedármela. Se lo pedí amablemente." Les respondió como si eso lo explciara todo y Ginny frunció el ceño.

"Pero.. ¿una cuchara?"

"Necesitas una varita para hacer hechizos, claro, o para dirigirlos con precisión, pero podemos hacer magia sin ellas. Lo hacíamos cuando éramos niños. Es sólo que no es muy elegante o exacto si lo diriges a través de otra cosa. No podía usar Scourgify o Impedia Mortificas, pero podía concentrar mi mente y magia en querer estar limpia y no querer que la comida se pudriera." Luna se encogió de hombros como si eso fuese conocimiento general. "No había nada que pudiera hacer sobre el hecho de estar aquí, así que decidí convertirlo en un lugar agradable donde estar y mantenerme ocupada."

Neville intercambió una mirada con Ginny, aliviado de ver que parecía sentirse tan estúpida como él por haberse vuelto medio locos gritando y perdiendo los nervios inútilmente. No habían conseguido nada más que tener las gargantas doloridas y los puños heridos, tener un aspecto desaliñado, sucio y desastroso, mientras que Luna había mantenido la compostura y parecía dispuesta a presentarse en la próxima reunión del E.D. sin necesidad de recuperarse antes.

Mientras se observaban mutuamente con creciente vergüenza, ella miró más allá de ellos y saludó brevemente con la mano. "¿Has venido a subirnos ante los Carrows, Hagrid?"

"No, lo siento, sólo – " se interrumpió parpadeando. "-espera un momento. Estos dos ya te lo han dicho."

"No, pero si estuvieras aquí para que nos fuguemos, ellos lo habrían hecho. Un momento." Se giró en la celda y aferró la cuchara con ambas manos, sosteniéndola en alto y cerrando los ojos mientras se concentraba. El pequeño cubierto empezó a brillar y las paredes relampaguearon un momento, entonces las texturas de mostaza, sopa de guisantes, verdura y salsa de tomate se desvanecieron y pareció que en su lugar la piedra se hubiera teñido de los mismos colores brillantes.

"¿Qué ha sido eso?" preguntó Neville.

"Sólo me he concentrado en querer que se mantuviera así para siempre, así que la siguiente persona no tenga que deprimirse." Arreglándose el pelo con una mano, enganchó la cuchara en él de nuevo y salió al corredor, dando unos pasos antes de volver a mirar encima del hombre hacia donde estaba los otros dos mirando incrédulos la cámara profusamente decorada. "Bueno, ¿venís?"

La siguieron y Hagrid les guió a través del entramado de pasillos y túneles que formaban las mazmorras. Ginny le dirigió una mirada de soslayo y dijo sin palabras ¿Cuchara?

Se encogió de hombros y le contestó también en silencio. Luna.

OOO

"Le hemos estado danto muchas vueltas." La cara pálida y fláccida de Amycus Carrow estaba retorcida en una sonrisa autocomplaciente mientras que se paseaba delante de los tres prisioneros. El vestíbulo estaba vacío y Neville podía ver la luz filtrarse de las rendijas de las puertas que llevaban al Gran Comedor y escuchar un murmullo de voces que le indicaban que era la hora de la cena. Fuera de las ventanas, la luz se había apagado con el atardecer y le daba a la cara redonda y los ojos hundidos del Mortífago el aspecto de una calabaza de Halloween viva y trastornada.

A pesar de las amenazas, él no había arriesgado, encerrando a cada uno con una maldición de inmovilización de cuerpos completa en el momento en el que se lo trajeron a su presencia y añadiendo unas cuerdas mágicas como medida de precaución y que les recordara que el más mínimo movimiento podría resultar en el castigo de niños indefensos. Las precauciones elaboradas, más que colaborar en la desesperanza que pudieran tener, lo que hizo fue llenar de orgullo a Neville. Un mago adulto y cualificado, uno de los Mortífagos de Tú-Ya-Sabes-Quién, sentía la necesidad de utilizar dos tipos distintos de inmovilización, amenazas y un semi-gigante para controlar a tres adolescentes sin varita, dos de ellos brujas de sexto curso. Le habría hecho sonreír si hubiera podido mover la cara.

"Pensábamos que erais una panda de idiotas cabezones, pero dicen que puedes atrapar más pixies con miel, así que decidimos que nos lo íbamos a tomar a buenas lo que hicisteis. Vais a iros al Bosque Prohibido con Hagrid esta noche. Os dejaremos allí a que paséis la noche. Si volvéis por la mañana, podéis tener vuestras varitas y regresar a las clases y asunto concluido." Echó una risotada horrible y dirigió la varita hacia Hagrid.

"Y no tengas ideas de traértelos contigo, estúpido animal." Levantó la voz, poniéndose de puntillas para gritar más fuerte y desapacio a los botones del chaleco de Hagrid. "Una hora, entras. Una hora, sales. Si no sales, mato al perrazo. Si todavía no sales, mato a los asquerosos bichos que tengas. Si no sales, mando a los primerizos a encontrarte. ¿Lo pillas?"

Neville no podía girar la cabeza para ver la mirada de Hagrid, pero escuchó la furia apenas contenida de la voz del gigante. "Oh, lo 'pillo' perfectamente, Amycus."

"Bien." Carrow se dirigió a ellos, entonces dudó con la varita en la mano. Se paró un momento y giró la cabeza hacia Hagrid. "Llévatelos fuera, les soltaré una vez estén en el linde del bosque." Su cara se retorció en una horrible mueca que mostró dientes retorcidos y sucios y haciéndole parecer aún más una calabaza muy mal tallada. "Mejor date prisa. El sol se está poniendo y hay luna llena esta noche."

Carrow agitó la varita y las puertas delanteras se abrieron, revelando los terrenos que llevaban hacia el bosque, ya ensombrecido contra la tenue luz. En algún lugar en las montañas lejanas, tan lejos que podría haber sido un sonido del viento, Neville sintió que se le paraba el corazón cuando escuchó a un lobo aullando.

Lo sabía. Con un golpe de terror enfermizo, sabía por qué Amycus estaba sonriéndose, por qué no esperaba que regresaran y sabía exactamente qué les aguardaba en el Bosque Prohibido bajo las oscuras sombras y la luna llena.

OOO

A través de la espesa hilera de árboles que había frente a ellos, había unas franjas de cielo que todavía brillaban de color dorado y azul por el ya anochecer, pero en el suelo del bosque la noche ya había caído. Los árboles estaban a la distancia de un brazo y las sombras que proyectaban eran profundamente negras. Habían estado caminando lo que les había parecido días, abriéndose paso a través de zarzamoras que se enganchaban en su ropa y les arañaban la piel, dejando el camino muy atrás mientras pisaban raíces que no podían ver y enganchaban los pies en madrigueras de conejo, cada pájaro que sobrevolaba y ramita que crujía les ponían de los nervios.

Al final, Hagrid se detuvo y Neville evitó chocar contra su amplia espalda. "Tengo que dejaros aquí." Se dio la vuelta e incluso en la oscuridad, su cara estaba enrojecida y tenía grandes lagrimones que le recorrían las mejillas hasta la barba. "¡Lo siento, lo siento!" Con un gran sollozo, sacó del bolsillo un pañuelo del tamaño de un mantel y se sonó la nariz con un sonido de una chimenea de vapor. "Sois sólo niños, no es justo abandonaros aquí…" Soltó otro sollozo y Ginny le puso la mano en el gran codo.

"Está bien, Hagrid. Sabemos que no tienes elección. Mataría –" su voz era tranquilizadora, pero él la interrumpió con un movimiento del enorme pañuelo.

"¡Renunciaría a Fang por vosotros sin dudarlo!" el anuncio se presentó con una resolución conmovedora que era más por el sacrificio que suponía. "Son los pequeñines… sabéis… ¡no es que vosotros seáis mucho más mayores!"

"Soy un adulto ya, Hagrid, puedo cuidar de mi mismo." Neville habló con confianza, sólo para que su declaración se encontrara con una mirada de escepticismo condescendiente a través de las lágrimas que seguían cayendo.

"Tienes diecisiete años. No me importa lo que el Ministerio diga, eres un maldito crío, o lo deberías ser." Hagrid revolvió en los bolsillos y sacó un objeto del tamaño de una hogaza de pan. "Os daría mi varita si pudiera – pero la rompieron cuando me expulsaron y se supone que no puedo guardarla, pero más o menos oculté los trozos – pero Snape sabía dónde los ocultaba y me los quitó al principio del año. Así que lo mejor que os puedo dar es esto. Es sólo una navaja de bolsillo pero es todo lo que tengo que sea de un tamaño apropiado para que lo uséis." La sostuvo en su manaza y Neville la tomó, abriendo una hoja del tamaño de una daga.

Probó la empuñadura, encontrándola sorprendentemente bien equilibrada y practicó unos cuantos sablazos con facilidad. Neville le miró con auténtica gratitud. "Gracias, sí, es tu navaja de bolsillo, pero para nosotros es un arma de verdad."

"Tienes que marcharte, Hagrid. No puedes llegar tarde." Luna apuntó al cielo. "Por favor, no queremos que esto empeore más de lo necesario."

Sonándose la nariz de nuevo con el pañuelo, Hagrid asintió tristemente y Neville se encontró que le aupaba y le estrechaba contra el chaleco en un abrazo que casi le deja si resuello y las costillas protestaron. Las chicas habían sido aferradas en el mismo abrazo enorme e intentó apartarse cuando el codo de Ginny se incrustó en su estómago, sólo para que fuese aplastado aún más. "Caray, ¡os voy a echar a todos de menos horriblemente!" murmuró Hagrid.

"Hagrid –" logró decir Ginny, "-nos vas a aplastar…"

"¡Perdón!" les soltó inmediatamente y Neville cayó de rodillas, aspirando por fin oxígeno. Sintiendo ya sus costados, se alegró de no tener costillas rotas por el ataque bienintencionado y se incorporó, echando los hombros hacia atrás por la autoridad que le confería ser líder del E.D.

Aunque era un chico alto, la cabeza apenas le llegaba al hombro de Hagrid y se sintió un poco ridículo al estar mirando fijamente a alguien mucho más grande y mayor, y se obligó a que su voz no dejara pasar el sentimiento de terror creciente mientras el azul que había encima de ellos se hacía más y más oscuro. "Hagrid, no nos haces ningún favor si te quedas y causamos más derramamiento de sangre. Envía nuestro cariño a nuestras familias, ¡pero saldremos de aquí!. ¡Vete, ya!"

Todavía llorando, Hagrid les dio un último abrazo con cuidado a cada uno y se marchó por donde habían venido, sus sollozos resonaron cuando su enorme figura desapareció entre los árboles. Pero se dejaron de oír al final y se encontraron en el bosque que parecía a la vez vivo y lleno de ruidos diminutos, horribles, pero también desagradablemente silencioso.

Por instinto, las chicas se acercaron a él, y estaba ahora de pie en un pequeño claro, con las espaldas pegadas unas a otras mientras observaban las sombras inútilmente, en un intento de ver un signo de su destino. Neville luchó contra la urgencia de blandir la especie de espada hacia la nada, obligándose a doblarla y engancharla en el cinturón y escondiendo la empuñadura bajo la camisa. Si era su única arma, quería al menos que fuese una sorpresa para sus enemigos. "¿Ginny?" No sabía porque estaba de pronto susurrando, pero su voz se negaba a hablar más alto.

"¿Sí?" aunque ella no susurró, su voz era aguda y temblorosa.

"¿Conocías bien al profesor Lupin?"

"No tanto. ¿También crees eso, verdad?" había un matiz de resignación en su voz como si esperara que él hubiera llegado a otra conclusión, algo que ambos sabían que era verdad.

"¿Por qué entonces nos han retenido más de dos semanas para esperar a la luna llena y luego soltarnos así? Quiero decir, el Bsoque Prohibido no merece la pena por lo que hicimos por sí solo. Y no nos han puesto la mano encima. Incluso nos han alimentado bien, pero no nos han dejado bañarnos o cambiarnos de ropa. Se supone que tenemos que oler."

La sintió asentir a su lado. "Más fácil de ser encontrados." Se paró. "Luna, ¿todavía tienes la cuchara?"

"La perdí cuando se me enganchó el pelo en una trama un poco atrás. ¿Creéis que debemos volver a buscarla?" Incluso sus palabras temblaban por el miedo y Neville sintió que la esperanza de ver la mañana vivos se estaba desvaneciendo poco a poco.

"No os preocupéis de la cubertería, queridos. No somos comilones exigentes." La voz era fría y grave, un ladrido que sonaba a unos cuantos metros de distancia entre las sombras de los árboles y Neville sintió sudor frío cuando el dueño de la voz se presentó hacia el claro.

Llevaba la túnica de Mortífago, pero apenas colgando de su enorme figura, estirada precariamente sobre el pecho y hombros. Estaba muy sucio, tenía las manos con callos y sucias y terminaban en garras amarillentas. Su pelo y barba eran largas como las de Dumbledore, pero en vez de caer en mechones suaves y plateados, eran una maraña de nudos sucios, grasientos y salpicados de otras cosas menos agradables. Entonces sonrió y reveló una hilera de dientes amarillentos que brillaban con poca naturalidad bajo la luz de la luna y el viento cambió de dirección, trayéndoles un tufo de sudor, suciedad, corrupción y sin duda, sangre.

Neville lo reconoció al instante. Sin duda, como cualquier niño mágico, conocía su reputación de toda la vida y a su pesar, sintió que le temblaban las rodillas. Él era la pesadilla. La criatura que iría a por ti si te portabas mal. La razón para no ir al bosque solo o irte de casa de noche. La cosa que te esperaba bajo la cama. El monstruo que atemorizaba a los niños era totalmente real. Fenrir Greyback.

De pronto, Ginny saltó hacia delante con el rostro encendido y rezumando rabia, con las manos estiradas y los dedos doblados como garras mientras se acercaba al recién llegado. "¡TÚ!" Neville se estiró para agarrarla de la cintura y apartándola hacia atrás mientras ella pateaba y se retorcía, presa de ira histérica. "¡Bill! ¡Él atacó – atacaste – mi hermano!. ¡Atacaste a Bill!. ¡Monstruo!. ¡Sucio asqueroso…!. ¡Te haré picadillo – te –!" las palabras se volvieron en una retahíla de gritos incoherentes de odio y Greyback se rió.

"Tendría que haber detectado el parecido familiar. Mismo pelo, diría que el suyo era incluso más largo. Sois guapos, ¿eh? Bueno, supongo que al menos él ahora ya no tanto." Se lamió los labios lentamente, obscenamente, acordándose y el dolor que le hacía a ella. "Cayó suavemente aquél. Pero las caras siempre son las mejores partes."

Se dio la vuelta, ignorando los gritos de ella, y los intentos desesperados de liberarse de la garra de Neville mientras se acercaba a Luna. Neville se sintió horriblemente cuando vio que el hombre lobo extendía una uña gruesa suavemente sobre su pálida mejilla. Sabía que si liberaba a Ginny en ese estado de ánimo que tenía ella, se dirigiría a su muerte, pero dejar que esa bestia tocara a su amiga…

"Han sido amables con nosotros." La voz de Greyback tenía un agradecimiento grotescamente sensual. "Siempre me gustó que me sirvieran la comida." Se apartó de Luna, dando un paso atrás para mirar a los tres con un brillo codicioso en sus ojos pequeños. "Carne de buen tamaño de primer plato, y de postre, podemos escoger… fresa o vainilla." Una risotada como un ladrido rasposo resonó en la noche y para horror de Neville, fue respondido por todos los lados. Estaban rodeados.

Ginny paró de moverse y sintió que se aferraba a él, incluso Luna se puso a su lado aferrándose fuertemente. Notando su terror, Greyback les sonrió cruelmente otra vez. "Vaya, ¿no os enseñan nada allí?. Los lobos viajan en manada."

Había al menos treinta de ellos surgiendo del bosque. Hombres, mujeres y horrorosamente, niños, el más pequeño no tendría más que cuatro años que miraba con ojos hambrientos en su rostro ya entonces cruel. Sólo Greyback llevaba túnica. El resto tenían puestos harapos hechos de piel de animal, el pelo y las barbas de los hombres eran mates, sucios y de sus cuellos colgaban dedos humanos y vértebras. Incluso bajo la luna todavía oculta por las copas de los árboles, parecían apenas humanos; eran una tribu primitiva de tiempos lejanos.

Echando a las chicas detrás de él, Neville sacó el cuchillo y lo abrió, blandiéndolo dando largos sablazos. "Acercáos y os juro que –"

"¡Expelliarmus!" el cuchilló se le escapó de la mano y cayó inútilmente dando vueltas para desaparecer en los árboles y Neville jadeó por la sorpresa cuando otra figura vestida con una túnica desgastada se presentó en el claro con una varita estirada hacia los tres adolescentes indefensos.

"¿Profesor Lupin?" Neville estaba alucinado. No podía ser, y aún así el hombre estaba de pie frente a él pero no era como el profesor enfermizo, casi como si estuviera a punto de jubilarse que él recordaba. Los rasgos eran iguales, tal vez más delgados, más canas pero su expresión era la de odio abierto y venganza burlona.

"No me llames eso, chico." Era la misma voz que le había preguntado si su madre llevaba un bolso, pero ahora aullaba en los finales y rompía el aire y la esperanza. "Ya no soy el perro faldero de Dumbledore, acurrucado y mordiéndome mi propia carne en vez de preciosos alumnos, así que me lanza las migajas." Con la varita aún estirada, se dio la vuelta hacia Greyback e hizo un gesto con la cabeza. "Míos. Clamo muerte."

"Quieres al chico, pues te lo quedas. Estoy decidiéndome entre las dos preciosidades." Respondió Grayback mientras caminaba a su alrededor.

"Quiero a los tres." Lupin no parecía impresionado por la intensidad de su propia traición, recorriendo la lengua por sus propios dientes mientras les sonreía viciosamente.

"No te puedes quedar a los tres, mascota adoradora de magos."la voz de Greyback era más profunda aún por la burla y los dos hombres lobo se estaban retando mutuamente, con los hombros en tensión y las manos levantadas como luchadores a punto de atacarse. Neville observó con horror fascinado, no muy seguro de si estaba viendo algo tan hostil como parecía o simplemente un desafío ritual en esta extraña sociedad animal.

"¿Con cuántos has usado una varita, Greyback" Ni siquiera puedes usar ese palito tuyo." Se burló Lupin.

"¡Te has apareado con una bruja!" Las palabras surgieron con más asco del que Neville hubiera oído en su vida y le pareció horriblemente irónico que tal criatura encontrara algo asqueroso.

"Pues sí. Te gustan jóvenes." Agitó la mano hacia el niño asilvestrado cuyos ojos empezaban a brillar bajo la creciente luz de la luna. "Será uno de nosotros desde su nacimiento. Y mi querida, tolerante Dora –" sus labios se retorcieron en una sonrisa burlona, "—no me quiere del todo cerca de ella en estos momentos."

"¡Me los han entregado a mi, no a ti!"

"¡Vale!" rugió Lupin y se dio la vuelta con un movimiento de su túnica raída, dando zancadas hacia los árboles como para abandonarles. "Tú amo puede dejarte pasar cuando sea el momento y tú puedes buscar en tu corazón. Y entonces volveré cuando hayáis llenado vuestros estómagos y abierto cada cámara secreta, armario, ranura y esquina donde han escondido a sus preciosos niños y yo me llenaré de carne tierna y dulce."

Hubo un silencio que duró una eternidad y Grayback ladró de nuevo, caminando hacia Lupin y mordiéndole de verdad con un movimiento de su cabeza y garras, y la sangre surgió de la túnica raída. Parecía que lo esperaba porque Lupin apenas reaccionó, volviendo hacia ellos con una malicia anticipada y codicia brillando en sus ojos. Agitó la varita hacia ellos. "Incarcerous!"

Surgieron cuerdas finas y plateadas de la punta de su varita y los ató, demasiado estupefactos como para resistirse y aferró el otro extremo de las cuerdas con una mano sucia, como un amo sosteniendo la correa de sus perros. Tiró de ellos hacia el bosque y se vieron obligados a seguirle, pisando torpemente por culpa de las cuerdas.

La cabeza de Neville iba a mil. Su situación era desesperada, había demasiados, pero un odio amargo y violento que había crecido contra el enemigo se apoderó de él, con la certeza de que no le dejaría ir fácilmente, no dejaría ser ni él ni sus amigas en presas fáciles sin lucha. Habría un punto de inflexión, lo sabía, y flexionó los dedos. Nunca se había visto capaz de tal cosa, pero se juró que desgarraría la garganta del traidor con sus propias manos y que se llevaría a todos los que pudiera por delante antes de que acabaran con él.

Estaban ahora solos y Neville tensó las piernas, dispuesto a echar a correr a la mínima oportunidad. Entonces Lupin se dio la vuelta y la desesperación había suplantado a la malicia de sus rasgos, su voz era un ruego. "No tenemos tiempo, ¡va a ocurrir en cualquier momento! Por favor, escuchadme… Voy a sacar sangre, intentaré convencerles de que al menos conseguí un mordisco antes de que usarais un truco de magos sobre mi mientras me transformaba, pero debéis hacer lo que os digo. Tenéis que correr tan rápido como podáis por vuestra propia vida. Corred y no miréis atrás. No importa lo que suceda, lo que oigáis. No importa nada." Agitó la varita y las cuerdas plateadas desaparecieron y estiró la mano. "Tu brazo, Neville –"

El odio se transformó en una esperanza creciente, Neville se sacó el brazo y Lupin desgarró su manga y le abrió una herida con la varita. La sangre manó al instante y no pudo reprimir un escalofrío cuando el hombre lobo bajó el rostro hacia la herida y la lamió, su lengua ya demasiado larga y plana para ser del todo humana y su rostro áspero contra la piel de Neville.

Cuando levantó la cabeza su boca estaba manchada de escarlata y les gruñó con unos dientes demasiado largos y sus ojos como dos pupilas bajo la luz plateada de la luna que acababa de salir sobre ellos. "¡Corred!" la palabra surgió como un ruido inhumano y la cabeza se echó hacia atrás con el cuerpo retorciéndose y contorsionándose. La varita se le cayó de la mano cuando se convertía en garras peludas. Por un momento, Neville consideró la posibilidad de cogerla, pero Luna le aferró de la muñeca y detrás suyo oía los gritos y aullidos de agonía de la manada que se estaba ya transformando.

Corrieron.

Atravesaron zarzas como arietes y se lanzó hacia las profundidades del bosque todo lo más rápido que jamás sus piernas le habían llevado y con las chicas pisándole los talones, impulsados por el terror puro y el instinto de supervivencia como para ignorar espinas y raíces. No sabía si se estaban dirigiendo hacia el castillo o aún más profundamente en el bosque, pero no importaba porque tras ellos se escuchó un terrible aullido de triunfo y sabía que la manada había detectado su olor y ahora era una carrera por sus vidas.

Sentía una punzada en un costado y su aliento surgía en jadeos pero siguió corriendo hasta que los árboles desaparecieron y la tierra cayó de pronto debajo de sus pies. Se detuvo casi a tiempo, estirando los brazos cuando Ginny chocó contra él, y él la sostuvo a unos centímetros de caerse por el precipicio que tenían delante y con Luna chocando con su espalda unos segundos después.

La luz de luna iluminó el claro y bajo ellos, en el suelo amplio del valle había una espesa tela de araña, salvaje y tejida y como pequeñas moras en sus zarzas, cientos de pequeñas arañas del tamaño de coches en miniatura estaban colgadas en las cuerdas, con sus diminutos ojos brillando bajo la luna. Estaba atrapados.

La ladera empezó a temblar bajo sus pies y Neville dio un paso atrás pero un movimiento de guijarros cayó por el valle y vio espantado cuando cayeron hacia la red como si una cuerda de piano les anunciara la llegada de la presa. La araña más cercana se giró y estiró sus patas peludas y largas, moviéndose hacia ellos sobre la tela hacia el borde y una docena de compañeras se aproximaron junto a ella.

Tras ellos, podían oír el ruido de ramas y aullidos de la manada según se acercaban y miró a Luna y a Ginny desesperado, intentando pensar en algo, cualquier cosa que pudiera usar contra los monstruos que les rodeaban. Tenían como mucho unos pocos minutos, estaban desarmados y en ese momento, habría dado cualquier cosa por una varita, por la cuchara de Luna o por algo en lugar de ese terrible miedo que sentían.

Podemos hacer magia sin ellas. Las palabras de Luna resonaron en su cabeza como si las hubiera vuelto a pronunciar y Neville cayó de rodillas al borde de la zarza, aferrando dos ramas de brezo, apenas sintiendo las espinas que se le clavaban en las palmas. Cerró los ojos y se concentró para saber que estaba ahí, esa chispa de poder que había sido siempre tan débil que siempre dudó si realmente la tenía.

Sus labios no se movieron pero su corazón lanzó un grito desesperado a los padres que amaba. Fuisteis Aurores. Sé que está ahí. Si me podéis oír de donde sea que habéis ido, si en alguna parte sabéis que tenéis un hijo, ayudadme ahora. Ayudadme a encontraros. Ayudadme a salvar a mis amigas.

En la oscuridad de su ojo mental, una lucecita pareció brillas como una estrella solitaria en el cielo y se dirigió hacia ella, tirando de ella, llamándola, haciendo que fuera hacia él. Crecía y ahora era como un sol en miniatura, un orbe brillante que se hacía más grande, más brillante, más cálido y concentró todo lo que ahora sabía que siempre había temido tanto, ese algo en él que pensaba que no existía, pero brilló con un poder que quemaba los ojos hasta cegarlos si lo hubiera visto en realidad.

Era ese algo a por lo que los Mortífagos habían ido. Algo que Harry había empezado a hacer vivir. Esa cosa que cuando se separó de él le había dejado apenas sin posibilidad de acordarse de su propio nombre. Lo que rugió y gritaba cuando luchaba. Lo que en presencia y ausencia había definido toda su vida.

Una voz de mujer, familiar pero desconocida en fuerza y salud le gritó en agonía enterna. ¡No te lo diremos!. ¡No puedes tenerlo!. ¡Tendrás que matarme a mi primero! Entonces otra voz, chillona y loca y riéndose pronunciaba ¡CRUCIO!, ¡CRUCIO! Y CRUCIO una vez más y otra más hasta que me digas donde están, el Señor Oscuro y el mocoso… ¡puedo hacer esto toda la noche!. ¡CRUCIO!

Y todo era oscuridad y luz, una luz que ardía más fuerte y caliente que el sol de verano, que lo llenaba todo y que reemplazó hueso y músculo para convertirse en él, haciéndose más grande y profundo y extraño y terrible y maravilloso y correcto, más de lo que había conocido nunca. Los gritos continuaron una y otra vez y las voces de un hombre y una mujer se elevaron con aullidos de angustia y le golpearon como un relámpago.

Entonces la luz estalló con la intensidad de una estrella al hacerse nova y su espada se arqueó, su cuerpo casi se parte en dos ante el estallido de luz y se convirtió en nada.

OOO

Unas manos le acariciaban el pelo. Amables, que pasaban los dedos por la frente en un ritmo delicado y rítmico mientras su cabeza estaba apoyada en algo cálido y suave. Abrió los ojos y pestañeó confundido cuando enfocó la cara pálida y en forma de corazón de Luna. Había ojeras de cansancio alrededor de sus grandes ojos azules pero tenía una sonrisita secreta que se amplió cuando se cruzaron sus miradas. Miró hacia arriba. "Ginny…"

Oyó movimiento y el ruido de hojas y ramas y se dio cuenta de que estaban fuera. El bosque. El Bosque Prohibido. Todo se presentó de golpe y se sentó de un salto fuera del regazo de Luna con el corazón acelerado y mirando a su alrededor, con los hombros en tensión dispuesto a luchar. Entonces se detuvo y apareció un ceño fruncido por la confusión.

Estaban al aire libre aún, sí, pero la misteriosa luz plateada de la luna llena se había convertido en la luz suave del amanecer. El aire estaba lleno de bruma matinal y su aliento era vaho contra el frío de la madrugada, pero los árboles retorcidos, el precipicio, las criaturas monstruosas que les habían atacado ya no estaban. En su lugar, parecía estar dentro de lo que era una extraña estructura en forma de cúpula. Era del tamaño de una tienda de campaña grande, sin ventanas o puertas de ningún tipo, las pareces y el techo hechas de una complicada maraña de lo que comprendió que eran ramas de brezo vivas, todavía profundamente clavadas en el suelo.

Poco a poco sus últimos momentos antes de perder el conocimiento se hicieron claros y Neville alzó las manos, mirando a la multitud de heridas que tenía en las palmas. Despacio, cerró los dedos en puños y sintió las heridas protestar, como si tuviera que comprobar que eran reales. Entonces sintió una mano y en el hombro y vio a Ginny a su lado.

Parecía tan cansada como luna, y le miraba con la misma expresión críptica. Cuando habló, su voz tenía la preocupación atenta que Neville asociaba con alguien que se dirigía a un ser querido gravemente enfermo. "¿Cómo te encuentras?"

"Hice –" señaló el refugio extraño. "¿Hice yo esto?"

"Luna y yo pensábamos que era el final. Había decidido saltar, lanzar a las arañas a los lobos – pensé que acabaríamos así rápido – pero entonces tu… tú agarraste los brezos y empezaron a crecer, rápidos y muy espesos… y abriste los ojos y había luz emanando de ellos y tuve que dejar de mirar por lo brillante que era," agitó la cabeza como si no se creyera su propio recuerdo. "Lo siguiente que supe era que los brezos se habían enredado a nuestro alrededor y era esto, y se hacía más y más espeso hasta que se inclinó a un lado y se derrumbó."

Neville estiró una mano, recorriendo con un dedo la espina que parecía una daga. "¿Y os mantuvo a salvo?" No era una pregunta, la presencia viva delante suya era suficiente prueba, pero todavía había esperado que la salvación había provenido de otra parte, alguna intervención fortuita de última hora.

Luna se puso de pie y se acercó, asintiendo. "Les podíamos oír durante toda la noche. Intentaron pasar, pero las espinas eran demasiado gruesas. Fue horrible – pensábamos que estaban luchando unos contra otros durante un momento – pero se detuvo cuando empezó a haber luz, y desde entonces no hay ruido. Pensamos que se han ido."

"Es sólo que…" cerró los ojos, pensado en cómo había llamado a sus padres, su última esperanza agónica, el ruego por algo, por cualquier cosa. "No sé qué hice, la verdad."

"Nos salvaste." Dijo la voz de Luna indiferentemente, pero era más que algo simple.

Él agitó la cabeza como si quisiera despertar de un sueño. "¡Ni siquiera sé qué hechizo habría hecho aunque lo hubiera hecho a posta!"

Ella se encogió de hombros. "Siempre has sido hábil con las plantas, Neville. Creo que fuiste instintivamente hacia donde reside tu fuerza y ellas respondieron con lo que necesitabas… algo para mantener esas –" un escalofrío le recorrió el cuerpo, "-esas cosas lejos de nosotros."

"Sólo porque tengo notas altas en Herbología no significa…" se interrumpió. Una de las enredaderas se había soltado de la pared y se dirigía a él, frotándole la mano como un perro olisquea a su dueño. Las hojas temblaron un momento, entonces una sección completa de brezos se abrieron para descubrir el paso para que pudieran salir otra vez al bosque.

Sin poder creer lo que estaba pasando, Neville salió del recién creado umbral y las chicas le siguieron de cerca, tanto que podía sentirlas a sus lados. Cuando pasaron del refugio mágico, hubo un ruido y los tres se volvieron para ver que se disolvía, haciéndose las enredaderas independientes que regresaban a la tierra de nuevo. En omentos, todo rastro del refugio se había esfumado y los matorrales no más espesos o extraños que antes.

Estaban en un campo de batalla. Había sangre y restos esparcidos y salpicándolo todo, incluso en pequeños charcos. Docenas de patas de araña esparcidas como ramas tras una tempestad; peludas, retorcidas. Neville dio un paso dubitativo y algo crujió bajo su pie. Miró hacia abajo y vio lo que era una pila de entrañas, restos de intestinos bajo su zapato.

Apartándose espantado, inmediatamente reconoció los restos de la gente de Greyback, menos reconocibles que las patas de araña, pero esparcidos alrededor por los mismos motivos. La tierra que les rodeaba donde estaba su refugio estaba fracturada en montones y cortes, con enormes signos de una batalla feroz. Ambos bandos se habían comido a sus muertos.

Sus ojos se fijaron en una mano que estaba semienterrada bajo las hojas, con los dedos desfigurados pero todavía reconocibles como los de una joven mujer, con las uñas largas y sucias, las palmas con callos, pero todavía finas como las manos que le habían despertado. Neville miró a sus dos amigas. El odio y el asco de la carnicería gratuita se reflejaba en la cara de Ginny pero Luna parecía triste y resignada, aunque su palidez habitual se había convertido en un tinte ceniciento.

Se sintió horrible y ligeramente avergonzado y pensó lo que habría sido para ellas, acurrucadas bajo el refugio junto a su cuerpo inconsciente mientras se producía una batalla sanguinaria a unos pasos de ellos. A pesar de la belleza y delicadeza de sus cuerpos, eran fuertes, valientes pero de maneras distintas, y se llenó de orgullo y de nuevo respeto hacia ellas.

Crujió una rama y los tres dieron un respingo, cada nervio y músculo encendiéndose por la alerta. Ginny se movió como un gato, recogiendo lo que había sido un fémur humano y sosteniéndolo como una espada, los puños de Neville se levantaron para pelear y Luna pareció haber hecho aparecer una roca de la nada, con su brazo torcido para lanzarlo hacia el primer enemigo que se presentara.

Hubo un silencio terrible, entonces la forma de un zorro apareció por el matorral y sus ojos dorados les miraron tranquilamente antes de desaparecer entre la bruma matinal. Los tres soltaron un suspiro de alivio y Neville se giró, soltando los puños y pasándose las palmas sudorosas por los muslos. "Deberíamos salir de aquí antes de que algo más grande se presente."

Las chicas asintieron y sin más discusión, se dirigieron hacia el sol naciente, alertas de cualquier signo de criaturas que hubieran haber podido escapar de la noche anterior, o algo que el bosque les hubiera estado preparando. Durante los primeros minutos, caminaron en silencio, abriéndose paso por zarzas y pisando con cuidado raíces y troncos caídos, pero después de que el claro de la batalla estaba lo bastante lejos, se relajaron un poco, Ginny se puso a su lado y él vio la mirada extraña que había vuelto a su rostro.

"¿Neville?" preguntó vacilante.

"¿Sí?"

"Hay algo que tengo que decirte." Hubo un tono de arrepentimiento en la voz cuando se paró para mirarla directamente.

"¿Te hirieron?" sus ojos pasaron por los restos sucios de su uniforme, pero no podía ver más que los desgarros cuando intentaron huir de la manada.

"No." Negó con la cabeza y siguió caminando, utilizando los obstáculos para evitar sus ojos. "Pero cuando estuvimos en el despacho, Dumbledore quiso hablar conmigo."

Él asintió. "Lo recuerdo. Pensé que era de Harry o Ron."

"Más o menos. Dijo –" inhaló aire profundamente. "Dijo que tenía que entender y que estuviera preparada porque Harry, y tal vez incluso ellos tres, pudieran no salir de esta. Que les había dado una tarea que aseguraría que Tú-Ya-Sabes-Quién fuera derrotado, pero era muy peligrosa y que no había garantía de que salieran con vida, especialmente Harry."

Neville frunció el ceño y habló con cautela, sin pretender ser insensible o rudo. "Pero eso ya lo sabíamos, Ginny."

"Entonces dijo –" siguió como si no hubiera dicho nada, "-que tenía que cuidar de ti en caso de que Harry fracasara."

"¿Cuidar de mi?" preguntó pensativo.

"Neville, erais dos." Ginny le aferró el brazo y él se detuvo, sorprendido por la intensidad de su mirada. "La profecía… Snape la escuchó, le dijo a los Mortífagos todos estos años y era sobre vosotros dos. Harry y tú. Tú-Ya-Sabes-Quién escogió a Harry, pero es por eso por lo que fueron a por tu familia, porque podría también haberte elegido a ti."

Neville sintió como si le hubieran dado un puñetazo. Su voz era sobria. "Pensaron algo de mi…"

Ella asintió entonces sus ojos mostraron un cariño profundo y triste. "Eres el plan alternativo, Neville. Es por lo que Dumbledore dejó que simplemente te mantuvieras a flote, para que nadie sospechara. Si Harry fracasa, eres el otro que puede matar a Tú-Ya-Sabes-Quién, porque Dumbledore dijo 'sólo darse uno mismo y su alma puede ser un sacrificio tan grande y poderoso como el regalo de la vida y lo que le da una fuerza y protección casi igual a Harry si está dispuesto a usarla." Ginny tragó saliva y apartó la vista. "No lo creí. Lo siento. Sabía que tenías agallas, pero tu magia siempre ha sido muy débil, la verdad. Pensé que estaba intentando hacerme sentir mejor, ya sabes, no sentir como que todo giraba en torno a Harry y a ellos. Pero anoche… creo que de verdad puede ser cierto."

Despacio, Neville se dejó caer sobre las hojas húmedas del suelo del bosque y sus piernas no le sostuvieron. Era ridículo, imposible, había probado los límites de todo lo que había pensado posible ya sólo con el E.D. Si heredar el papel de Harry como líder de Hogwarts era casi demasiado, cómo iba a suponer… no había manera de que él.. Agitó la cabeza, intentado desterrar ese concepto tan ridículo. La simple idea de que pudiera tener algo en común con Harry aparte de ser Gryffindor y la coincidencia de casi compartir cumpleaños…

Su mente daba vueltas. La prueba de su vida – ser casi un squib, ser la burla del colegio, el fiasco de su varita rota, la nariz, la profecía en el Ministerio, ser dos veces capturado cuando lideraba el E.D. y lo duro que era, y si se suponía que iba a ser un gran héroe, no debería el liderazgo presentarse fácil – apartando otras cosas; otras voces en lugares profundos de su memoria que se habían abierto camino en la luz cegadora, los gritos de sus padres que nunca había sabido que recordaba.

¡¿Dónde habéis escondido al otro?! … ¡Decidnos qué es!... ¿¡Qué es lo que tiene en común tu mocoso con el crío de los Potter que puede hacer daño a nuestro Maestro!? Sabemos de la profecía, Longbottom, sabemos que había dos… sabemos que había dos… sabemos que había dos… sabemos que había dos…

Neville hundió la cabeza entre las manos, sintiendo un peso imposible que se había caído sobre sus hombros. Temblaba, aunque apenas sentía el frío de la madrugada. Quería discutirle que se equivocaba, que Dumbledore se equivocaba, que no podía ser verdad, que si era por él, decepcionaría a sus padres, su Abuela, sus amigos, al mundo mágico entero, incluso todo el mundo. "No puedo," suspiró.

Luna se arrodilló a su lado y le quitó con cuidado las manos de la cara para mirarle a los ojos con sus ojos azules y serenos. "Sí que puedes. Has visto lo que eres capaz de hacer anoche, la magia que siempre estuvo ahí, y que sigue ahí. La puedes sentir. No la apartes de ti otra vez." Metió la mano en su calcetín y sacó un cromo desgastado de rana de chocolate, la foto arrugada apenas dejaba reconocer al mago Nigel Gamp. "Todavía conservo lo último que mi madre me dio, aunque sea una tontería. No tires lo que tus padres te dieron."

"Pero Luna, tengo miedo." No hizo esfuerzos por ocultar el temblor de su voz. "Harry no tiene miedo de Tú-Ya-Sabes-Quién. Yo sí."

"Tonterías. Harry está aterrorizado." Ginny apartó su cabello pelirrojo. "Simplemente sabe qué tiene que hacer. La pregunta no es si puedes, Neville. Dumbledore sabe que puedes. La pregunta es si lo harás. ¿Vas a desmantelar el E.D. y huir a esconderte o vas a seguir luchando y estar listo para llevarlo hasta donde haga falta, lo que esto suponga?"

Pensó en Seamus, impetuoso y directo. En los confiados e inocentes hermanos Creevey. En Parvati y Lavender, dispuestas a dejar a los chicos y cotilleos a un lado a cambio del dolor y peligro. Ernie y Susan, arriesgando su amor y su futuro por una batalla que podría separarlos. Los ojos verdes y brillantes de Hannah desafiantes bajo la bufanda negra. A Runcorn arriesgando todo para hacerse un traidor a su propio padre para hacer lo correcto. A Luna y Ginny, despiertas durante una noche de pesadilla. Había sólo una respuesta con la que podría vivir y asintió. "Lo haré, entonces."

Se puso de pie, Neville se sacudió las hojas de las rodillas y apareció una sonrisa mordaz en sus labios. "Pero voy a apoyar a Harry como no os hacéis una idea."

Ginny le sonrió, pero había alivio en su mirada. "Eso nos pasa… bueno, a todos nosotros, supongo." Con un rápido golpecito en el hombro, se fue hacia el bosque. "Ahora adelante, ¡quiero salir de aquí de una maldita vez!"

OOO

"…como ya sabéis, lo cual, aunque serio, sentimos que era lo adecuado dada la extrema naturaleza de su infracción. No obstante, lamentamos enormemente el tener que informaros que alguien no pensó igual. Nuestro guardabosques pensó que un mes era demasiado, y anoche abusó de su privilegio de portar las llaves como le otorgaba el ejercicio de su puesto e intentó liberar al señor Longbottom y sus compañeras. Fueron vistos por última vez yendo al Bosque Prohibido, supuestamente para esconderse. No obstante, les separaron…" la voz de Snape sonó clara a través de las puertas dobles del vestíbulo cuando Neville pasó por ellas hacia el castillo.

Se había preguntado por qué nadie había ido a recibirlos, pero ahora vio un crespón negro que ondeaba en la banderola de Hogwarts y los tres intercambiaron miradas cuando el discurso de Snape retumbaba por la cámara. Las mejillas de Ginny se encendieron. "¡Piensa que hemos muerto y está echando la culpa a Hagrid!"

Incluso Luna pareció ofendida por la osadía del antiguo Profesor de Pociones. "Creo que ése era el plan desde el principio."

Neville sonrió traviesamente e hizo el gesto de sacudirse las mangas, aunque la tela colgaba en andrajos y estaba manchada de sangre, suciedad y sudor. "Entonces deberíamos corregirle. ¿Las damas primero?"

Ginny soltó un gemido rápido y sus ojos marrones brillaron. "Señor Longbottom, ¿su abuela no le enseñó que un caballero siempre abre las puertas?"

Respondiendo con una reverencia, las llevó hacia el Gran Vestíbulo y aspiró profundamente, aferrando los picaportes con ambas manos y empujó.

Las banderolas coloridas de las casas habían sido sustituidas por negro, como en la muerte de Cedric y Snape estaba de pie en la Mesa Presidencial, con su boca abierta por la sorpresa, con la frase a medio completar cuando el sonido de las puertas abriéndose resonó por el Comedor. Hagrid estaba a su lado, con sus enormes muñecas atrapadas por cadenas de hierro tan gruesas como las de un ancla y tenía una mordaza hecha con una sábana alrededor de la boca y era obvio que había estado llorando, el suelo a sus pies estaba manchado de salpicaduras de lágrimas y sus ojos estaban rojos e hinchados. Debido al silencio abrupto de Snape, miró y sus ojos se iluminaron de alegría pura y radiante.

Todos los ojos estaban en ellos. Neville se habría abrumado de tener tanta atención puesta en él, pero ahora estaba lleno de una emoción ganadora y sus ojos buscaban con ansias a aquellos a quienes había echado tanto de menos en las últimas semanas. Estaba allí, todos estaban allí, vivos y bien, pero petrificados por ver que estaba allí delante de ellos tras haber sido informados de que su líder había muerto.

Entonces en la mesa de Gryffindor, un chico de cabello claro y de porte desgarbado se puso en pie y Seamus salió hacia el pasillo, sacó la varita, elevándola frente a él y girándola elegantemente en diagonal sobre su pecho. "¡Gryffindors" su voz resonó disciplinada y sus ojos ardían con euforia. "¡Saludad!"

Hubo un sonido elevado de bancos que se movieron y todos los Gryffindors, desde sus compañeros de séptimo del E.D. hasta los más pequeños de los de primero que no tenían ni idea de que algo de eso existía, se pusieron en pie. Las varitas salieron de mangas y bolsillos y de interior de túnicas para unirse a Seamus, pero antes de que hubieran terminado de incorporarse, Ernie MacMillan estaba en pie y Terry Boot en la mesa de Ravenclaw, y en unos momentos, las tres casas estaban dispuestas en media docena de líneas tan precisas como una marcha militar mostrando honor y desafío que hizo que el aliento de Neville se quedara en su garganta.

Entonces una figura se incorporó. Por primera vez desde que las puertas se abrieron, todos los ojos se volvieron de mirar a Neville y sus compañeras. Un chico corpulento con cabello castaño estaba en pie en la mesa de Slytherin y su propia varita elevada a modo de saludo, imitando el de las otras tres casas, mientras sus compañeros miraban con una mezcla de sorpresa incrédula y espanto. No flaqueó, sino que les miró con desprecio evidente. "Mi padre es Mortífago," anunció de golpe, "y me dijo que el Señor Tenebroso valora el coraje. Comparto esos valores, ¿vosotros no?"

El silencio fue lo que se encontró sus palabras, y para sorpresa de Neville, Gregory Goyle se incorporó, elevando su varita y cruzándola sobre su pecho amplio como un tonel y sus ojos de cerdito fijos en Neville. "No me gustáis ninguno," anunció con una voz sorprendentemente suave para alguien tan enorme. "Pero el Profesor Snape dijo que hay hombres lobo y todo tipo de bestias ahí fuera, y sé que os enfrentasteis a ellos sin varitas, es algo."

Despacio, a regañadientes, los Slytherins se incorporaron, al principio de dos en dos y de tres en tres, y después más, hasta que toda la mesa estaba en pie y se habían unido al saludo. Neville estaba sin palabras, pero a su lado, escuchó el murmullo apenas audible de Luna. "…porque nuestro Hogwarts está en peligro de enemigos peligrosos del exterior y debemos unirnos contra ellos o pereceremos desde dentro…"

Lleno de un nuevo sentimiento de esperanza y con un propósito, Neville echó atrás los hombros y levantó la barbilla mientras miraba fijamente al final del pasillo a Snape, que estaba en pie, temblando en furia contenida cuando todo el colegio se había unido para homenajear a los tres estudiantes de los que había pensado que se había librado. Estiró la mano hacia el Director y su voz resonó clara y fuerte en el Gran Comedor. "Teníamos un pacto. Quiero que me devuelva mi varita."