Esta historia pertenece a Angel Ren, la Saga crepúsculo es de Stephenie Meyer. Yo me adjudico la traducción.

¡Hola! Espero que disfruten de esta bella historia, es cortita, pero se que les va a encantar n.n


Una Docena de Rosas

Rosa misteriosa

Tres semanas. Había pasado tres semanas enteras desde el incidente de Tyler Crowley. Había pensado que él lo superaría para estos momentos. Había pensado que tal vez no me odiaba más. Podría haber jurado que estaba en lo correcto.

No lo estaba.

Aún me estaba ignorando, como si nunca hubiera existido. Quise sacudirlo, estrangularlo, hablarle y preguntarle qué me estaba escondiendo. Cada día decidiría que ese sería el día que dejaría de pretender que no estaba a mi lado por una hora entera. Cada día, caminaría a Biología y vería su espalda rígida y su perfecta postura. Sentiría el coraje escurrirse de mí hasta que quedaba como un ratón. Y cada día, predeciblemente, me hundiría en mi silla y lo ignoraría

O por lo menos, lo intentaba. Trataba de sentarme calmada y pretender que no había un raro, apuesto y misterioso hombre sentándose a mi lado. Traba de actuar como si no me importara y al mismo tiempo huía, tratando de no contaminar el aire que respiraba.

Si es que respiraba.

A veces no estaba tan segura. Se sentaba tan lejos de mí, como siempre, y se quedaba perfectamente recto. Como piedra, como si yo le recordara u oliera a algo terrible. Y yo siempre me escondía en la esquina y trataba o pretendía que él no estaba ahí. De vez en cuando el se movería a mi lado y mi corazón se saltaría un latido. De lo contrario, era cuidadosa de no dar ningún signo de conciencia. Era bueno que no pudiera escuchar mi pulso.

Hoy no fue diferente. Mike me siguió dentro de Biología. Realmente no le estaba prestando atención a lo que estaba diciendo –raramente lo hacía-. Eché una ojeada a la perfecta postura de Cullen, y mi coraje para estrangularlo se escapó. De nuevo. Dócilmente tomé mi asiento a su lado, girándome casualmente lejos de modo que no terminara contemplándolo accidentalmente. De nuevo.

Entonces, Mike me desvió de mi rutina. Se supone que él se iría a sentar, se supone que el Sr. Banner empezaría la lectura y que yo tomaría notas y pretendería que Edward Cullen no existía.

Pero Mike no se sentó. Él se inclinó casualmente contra nuestro –mi (Nadie se estaba sentando a mi lado, ¿recuerdan?) – escritorio.

"Me estaba preguntando que ibas a hacer el viernes en la noche," preguntó campante. De repente, mis Mike-sentidos estaban titilando. Me puse plenamente consciente como Edward se tensó a mi lado, y estudié fríamente a Mike por un momento. Traté de pensar que pretendía antes que lo dijera.

"Uh, no lo sé, probablemente algo con Charlie, ¿por qué?" Respondí cuidadosamente, viendo su cara. El puño tenso de Edward sobre la mesa pareció apretarse aún más. Mike se veía perpetuamente confundido.

"¿No sabías? Todos han estado hablando acerca de eso, Bella. ¡Es San Valentín!"

Creo que mi corazón se detuvo. ¿Acaba Edward de hacer un sondo de ahogo a mi lado?

"¿S-san Valentín? ¿El de todos los corazones y dulces?" No me sentía bien. Mike no lo notó.

"No sabía que había otro. Entonces, ¿qué piensas? ¿Te gustaría ir a ver una película conmigo? ¿Cena y película? Yo invito, por supuesto".

¡Apúrate! ¡Piensa rápido!

"Ah, es bastante amable de tu parte el invitarme Mike, pero tendré que revisar con Charlie primero, tu sabes, asegurarme que esté bien que salga. Te avisaré mañana, ¿vale?" Fingí una sonrisa y traté de verme convincente. En realidad, sólo estaba tratando de no vomitar. Rogué que pudiera hacer planes con Charlie y usarlos como excusa.

La cara de Mike decayó un poco, pero asintió. Aún viéndose esperanzado.

"Vale, bueno, avísame, ¿vale?" El Sr. Banner se había movido al frente del cuarto y Mike abandonó de mala gana su lugar frente a mi escritorio.

Tan pronto como fue seguro hacerlo, choqué mi frente contra el escritorio y simplemente me quedé así, con cabello juntándose alrededor de mi cara.

"Debe ser algo en el agua," mascullé. Los chicos nunca habían actuado así en Phoenix. Pude haber juradoque oí un risita fantasmal a mi lado, pero cuando mis ojos se levantaron de golpe para mirar rayado a Cullen, él estaba mirando diligente al Sr. Banner. Miré feo al lado de su cara. Estúpido Cullen. Estúpido Volvo-.

"¿Bella?" disparo. Miré rápidamente al Sr. Banner y comprendí que estaba esperando la respuesta a una pregunta. N siquiera había oído la pregunta. ¡Estúpido Cullen! ¡Estúpido b-!

"RNA" murmuró Edward bajo su aliento. Sin tomarme el tiempo para quedarme embobada con las primeras palabras que me había hablado en meses, le respondí al Sr. Banner.

"¿Ácido ribunocleico?"

"¡Muy bien, Bella! Supongo que estabas prestando atención después de todo. Mis disculpas." Dijo el Sr. Banner antes de continuar con la lección.

"Gracias," murmuré suavemente sin mirarlo de nuevo. No dijo nada más el resto del día, o dio cualquier otra indicación de ser conciente de mi existencia. Estúpido Cullen.

Si había pensado que la sexta hora, Biología, fue mala, el día entero simplemente había ido de picada desde ahí. Bajo circunstancias normales, hubiera pensado que Cullen hablándome, incluso si eran solo dos palabras, sería causa de celebración. No lo fue. Me había ignorado el resto de día. Y probablemente me ignoraría mañana. Y el día siguiente. Estaba bien.

Gimnasia había sido terrible, lo normal. Quienquiera que haya decidido que tetherball (NT: juego de pelota para niños) era una buena idea para un deporte de techo estaba loco. Había tratado de golpear el balón, en serio. Después de mi cuarta falla-y mi cuarto totazo en la cara- y la resultante nariz sangrante, el entrenador Clapp me excusó de la clase. Había ido con la enfermera y ella me había dado cierta gasa para ponérmela contra esta. Ella me excusó temprano de la cuela ese día. Mientras me dirigía por mi camión, había notado que el Volvo no estaba. Extraño.

Tiré mi maletín sobre mi cama. No mucha tarea por hacer esta noche, pero la cosa más estresante por hacer era encontrar algo que hacer con Charlie en San Valentín. Lo que sea. Incluso pesca sobre hielo.

Hasta que él regresara a casa, de cualquier modo, tenía que encontrar algo productivo que hacer. La tarea era fácil. Memorizar algunas fórmulas de trigo y hacer la tarea del final de la sección en el libro de Biología.

Me tomó muy poquito tiempo y opté por empezar un ensayo para inglés que no era sino para varias semanas más, justo así podría tener algo sobre lo cual trabajar.

Después que logre luchar y golpear una hora de muerte, salvé mi ensayo medio terminado en el computador y lo cerré antes de dirigirme hacia abajo para comenzar a alistar algunas tortas de hamburguesa para la cena.

Oí la puerta abierta y los pasos de Charlie como caminaba dentro. Oí el roce de la ropa mientras se quitaba la funda de la pistola y lo colgaba en el perchero de la puerta.

"Huele bien, Bells. ¿Qué se está cocinando? Ah, Hamburguesas. ¿Debería ir a encender el asador afuera?" Charlie echó un vistazo en la cocina, viendo las tortas que estaba palmeando.

"Seguro, papá," llamé sobre mi hombro. Escuché la puerta de enfrente abrirse de nuevo, y en cinco minutos pude oler el carbón quemándose. Ubiqué las tortas sobre un plato y las cargue fuera, armada con una espátula de metal. En veinte minutos, estábamos sentados para comer, sirviendo las hamburguesas. Decidí abordar el tema peligroso.

"Así que, eh, papi, ¿qué vas a hacer el viernes?"

Charlie miró hacia arriba, sosteniendo la rodaja de cebolla sobre la suculenta hamburguesa, dándome una mirada curiosa. Sin responderme de inmediato, miró abajo a la comida y terminó de arreglar la cebolla, y entonces ubicó perfectamente el panecillo sobre en la cima antes de responder.

"Er, tengo trabajo, Bellas. ¿Qué pasa?"

Ah. Cierto. Día laboral. Piensa rápido.

"Nada, sólo estaba preguntando," dije. Charlie me vio por un momento antes de llevar su hamburguesa a su boda y tomar un bocado. No estaba convencido, pero Charlie no era uno de los que presionaban el tema.

"Aún necesitaba una razón. Terminé de servir mi hamburguesa y comencé a comer, pensativamente. Podría llamar a Ángela. Ella definitivamente me libraría. Aceptaría hacer planes conmigo y pretendería que los habíamos tenido todo el tiempo.

Después de terminar la cena, lavé los platos y los guardé antes de levantar el teléfono. Marqué el número de Ángela y esperé impaciente a que respondiera.

"Casa de los Webber," una voz dijo en la otra línea. No la reconocí como la de Ángela, por lo que asumí que era su mamá.

"Hola, soy Bella Swan, una amiga de Ángela, ¿está ella?" pregunté educadamente.

"Un momento," respondió la voz. En unos pocos segundos, escuché levantarse el auricular.

"¿Hola?"

"¿Ángela? Es Bella."

"Hey Bella, ¿qué pasa?"

Respiré profundo. Dedos cruzados.

"¿Qué harás el viernes en la noche?"

"Nada, ¿por?"

Suspiré aliviada.

"¿Te gustaría tener una noche de chicas? ¿Pijamada en mi casa?"

Me mordí el labio. Por favor, Ángela, por favor, ayúdame.

"Seguro, Bella. ¡Suena divertido!"

Alabado sea. Ángela era una santa.

"¡Genial! Muchas gracias, creo que será divertido. Aunque, tengo que ser honesta al respecto… no me malinterpretes, me encantaría pasar el viernes contigo, pero ahora es particularmente importante…"

Ángela había sido completamente comprensiva después que le expliqué la situación con Mike. Incluso había empezado a adivinar la historia antes que terminara. Era maravillosa.

Parqueé mi camión en el parqueadero y me bajé de un salto de la cabina, cuidadosa de no resbalarme sobre el hielo mientras aterrizaba. Me colgué mi maletín y hice mi camino hacia la escuela.

Vi a Mike esperando cómodamente fuera de la escuela, ansioso como nunca. Armada con mi excusa, me dirigí hacia las puertas. Él se despegó de la pared y rápidamente se me unió a mi lado. Respiré profundo. Mantente calmada y podría terminar esto. Realmente no estaba mintiendo.

¿Así que? ¿Puedes ir? ¿O tienen planes tu y tu padre?" Mike estaba lejos de ser demasiado impaciente.

"Bueno, no…" comencé casualmente. "Pero hablé con mi papá y me recordó que tenía planes con Ángela. Habíamos planeado una noche de chicas en mi casa esa noche. Eres bienvenido… disfraces, cambio de imagen, pedicura…" Mike se puso pálido.

"Eh, pasaré. ¿Tal vez podamos hacer lo de la película en otra ocasión?" Sonreí y le di un débil medio asentimiento, esperando que lo aceptara y no presionara el tema luego. Me mantuvo la puerta abierta, sonreí de nuevo y entré rápidamente fuera del frío. De reojo, vi el flash de un carro plateado ubicándose en el parqueadero.

Maldición, ¿por qué mi corazón revoloteó tanto? Mike me acompañó a mi primera clase y luego se fue a regañadientes. Me ubiqué dentro y el día comenzó.

Primera, segunda, tercera, cuarta, quinta y el almuerzo volaron, como siempre lo hacían. Durante el almuerzo, siempre tuve el nudo en mi estómago. Traté de no mirar su mesa. En serio lo hice.

Ángela palmeó mi mano bajo la mesa. Miré por encima hacia ella y le di mi primera sonrisa agradecida todo el día. Terminamos el almuerzo calmados; vacié mi media tocada comida e hice mi camino hacia Biología. Mike no me acompañó

Me ubiqué en mi asiento, cuidadosa de no mirar a Cullen. Él se sentó tenso a mi lado, pero juro que tenía el indicio de una sonrisa en su cara. No me dijo nasa, como cabía esperar, durante toda la hora. Típico.

Después de la terrible experiencia en mi clase de deportes, di un largo paseo hacia mi camioneta, tratando de no resbalarme sobre el hielo, hacer polvo o algo igualmente peligroso y accidentalmente doloroso. Llegué a la cabina y empujé la llave dentro de la puerta. Jalándola con fuerza para abrirla, me trepé y puse mi bolso en el piso.

Mientras ubicaba mi mano a mi lado en el asiento para ayudarme a deslizar, lo sentí. Algo punzante.

Rápidamente, levanté mi mano de donde estaba en el asiento y miré hacia abajo. Ahí, al lado de donde estaba sentada sobre el asiento había única y perfecta rosa roja. Mis dedos habían atrapado una de las espinas.

¿Quién había puesto eso en mi camión? Las puertas habían estado cerradas. Las había cerrado cuando salí esta mañana, y abierto justo ahora. Quienquiera que puso esto en mi camión… o consiguió las ventanas abajo- y entonces las volvió a subir completamente, cerró la puerta y luego la selló- o encontró alguna otra manera de entrar a mi camión. ¿Quién? ¿Cómo? Y más importante, ¿Por qué?

Levanté la rosa cuidadosamente, ubicando mis dedos pulgar y anular donde no había espinas. Era absolutamente perfecta. No podía encontrar defectos en ella. El tallo era del más perfecto tono de verde, las hojas no estaban deterioradas, y los pétalos eran del rojo más profundo. El color de la sangre. Y se sentían como el más suave terciopelo. Como la voz de Edward, pensé.

Estúpida. ¿Por qué todo me lo tenía que recordar? Era ridículo. Alguien como él nunca se interesaría en mí. Nunca. ¿Cierto?

Puse la rosa con delicadeza a través del tablero. Encontraría un florero cuando llegara a casa. Aceleré al camión y lo puse en reversa antes de manejar a casa lentamente en el frío, sumida en mis pensamientos.


Debido a recientes circunstancias, no permito que NADIE suba mis traducciones a otras páginas. Sin excepción alguna.

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