Bien, heme aquí cumpliendo una de mis más grandes obsesiones: encerrar a Ichigo  y Rukia en un armario. ¿Qué puedo hacer? Soy una pervertida ya declarada, así que estoy dando rienda suelta a mi retorcida imaginación. Este fic sin embargo, lo escribí como regalo para mi adorada beta Kaoru240, y aunque su cumpleaños fue hace un par de semanas, aun no lo acabo U (Naty, tenme paciencia!). Se supone que seria un one shot, pero una vez más, me alargue escribiendo y ya va en 21 páginas.  Así que lo dividiré en dos o tres capítulos.

Bueno, no los canso más, y los dejó con mi nueva locura!

Dialogos: - …. –

Pensamientos: "…."

Acotaciones: '….'

Flash back: cursiva

Con fines educativos

- ¡¿Se puede saber que mierda hice para que estés así de molesta?!

La chica paró abruptamente y viró sobre sus talones. La expresión de furia en su cara hizo que Ichigo retrocediera un paso y adoptara una pose de defensa, cruzando sus antebrazos al frente en forma de equis.

- ¡Nada! ¡Sólo quiero que me dejes en paz! - Los brazos de la muchacha colgaban tensos a ambos lados de su cuerpo y empuñó sus manos con fuerza mientras pronunciaba aquella declaración.

- ¡No hasta que me digas que demonios te pasa!

Rukia hizo caso omiso de su comentario y le dio nuevamente la espalda, reiniciando su presurosa marcha. Ichigo la imitó, manteniéndose a un par de metros de distancia.

- ¡Deja  de seguirme!-

- ¡No te estoy siguiendo, enana!,  ¡Voy a MI casa! - Puntualizó el chico. Se metió las manos a los bolsillos de su pantalón y continúo caminando tras la shinigami.

- ¡Pues toma otro camino!

- ¡No me da la gana!

La pequeña muchacha, haciendo gala de su agilidad, de pronto se detuvo en seco, volteó y le dio un pisotón al desprevenido pelinaranja, que sólo se dio cuenta de lo que había ocurrido cuando sintió el dolor en su desafortunado pie. Ichigo se agachó para atender su maltrecha extremidad

- ¡Mierda Rukia! ¡No tenías para que…!- Pero el chico no acabó su frase. Cuando levantó su rostro para recriminarle su infantil actitud a la morena, vio que ésta estaba ya a un par de cuadras lejos de él, corriendo como alma que lleva el diablo.

- ¡¡OI!! ¡¡ENANA!! – Gritó el muchacho, sin obtener respuesta. Obviamente, la chica continuaba con su acelerada huida. Ignorando el dolor en su pie, Ichigo echó a correr para darle alcance a su veloz compañera.

oOo

El pelinaranjo entró precipitadamente a su hogar, descalzándose en el pórtico en tiempo record.

- ¡Ya estoy en casa! – Anunció, mientras subía de dos en dos los peldaños de la escalera. Nadie contestó su saludo, al parecer, la residencia Kurosaki estaba vacía.

Giró el pomo de la puerta que mostraba un cartel con un "15" en la parte superior, y para su alivio, esta se abrió sin oponer resistencia.

Su vista se fijó en la morena, que en ese momento saltaba de la ventana dejando caer su bolso en la cama y avanzaba desesperadamente hacia el armario de la habitación.

Ella podría ser más ágil, pero sus piernas eran mas largas. Con dos zancadas, alcanzó su objetivo, justo antes de que Rukia cerrara el lugar donde solía dormir.

Ichigo, haciendo uso de su fuerza, inmovilizó la puerta corrediza a unos cuantos centímetros de su cierre total. La muchacha trató inútilmente de lograr que el pedazo de madera terminara de deslizarse.

- ¡Maldición Ichigo! ¡¿Podrías dejar de ser un cabezota por un momento en tu vida?! ¡Déjame cerrar! – La chica continuaba tratando de ganarle la batalla de fuerza al shinigami.

- ¡No hasta que hables conmigo! – Vociferó el muchacho irritado, su acostumbrado ceño fruncido estaba exacerbado, bien por el enfado o por el esfuerzo que estaba haciendo en ese momento.

- ¡No tengo ganas de escuchar estupideces! – Rukia empujó con todas sus fuerzas, logrando que la puerta se desplazara a su favor. La sonrisa victoriosa que esbozó duró sólo unos segundos, ya que el pelinaranja ubicado en el exterior, en un arranque de rabia al verse vencido por una 'enana', abrió completamente el armario. La menuda shinigami intentó volver a bloquear su refugio, pero Ichigo, adivinando sus acciones, apoyó su espalda en el marco, y usó brazos y piernas para evitar cualquier movimiento de la bisagra.

La pelinegra lo observó irritada y retrocedió a una de las esquinas del closet, tomando un libro de cubierta roja que yacía ahí abandonado.

- Sal de ahí, necesitamos hablar –

Rukia lo había ignorado durante toda la tarde, estaba claro para Ichigo que algo le sucedía a la muchacha, y sospechaba (podía incluso asegurarlo, ya que era el único al cual la chica no le dirigía la palabra), que él tenía algo que ver con su extraño comportamiento. No es que pensará disculparse, ni nada por el estilo. Y tampoco estaba preocupado. Que él supiera, no había hecho nada grave. ¿O si? Dudo por un momento y su rostro mostró aflicción. Luego, su expresión se volvió a endurecer.

La verdad, le daba igual que ella estuviera enfadada con él. Sólo quería la información para… para… ¡Para volver a fastidiarla de la misma manera alguna otra vez!

Ni el mismo muchacho creía en la insulsa excusa que había inventado para enmascarar la angustia que le provocaba el ser rechazado por la shinigami.

- ¿Desde cuando hablar es una necesidad para ti? – Le contestó Rukia con ironía, aun escondida en su rincón. Abrió el libro en la primera hoja y empezó a pasar páginas, mirándolas con sumo interés. – Tu capacidad de oratoria es… - puso un dedo en su barbilla –… bastante básica y limitada. Para ser sincera,  sólo abres la boca para decir idioteces.

Un vaso sanguíneo en la sien de Ichigo comenzó a palpitar, denotando que el muchacho estaba perdiendo la paciencia.

- ¡SAL!

- ¡NO!

- ¡Como quieras!

Si ella no iba a salir, entonces el entraría.

Con un rápido movimiento, el pelinaranja se metió en el armario y cerró la puerta con brusquedad, quedando con su dorso descansando en la pared contraria a la que estaba la chica. A pesar de la posición de loto que habían adoptado ambos, el espacio era muy reducido para que lo ocuparan dos personas.

- ¡¿Qué piensas que haces?! ¡¡Imbécil!!

- ¡Vamos a hablar te guste o no, enana!

Rukia soltó un bufido y lo miró desafiante. Por ningún motivo iba a confesarle al bastardo la razón de su disgusto. ¡Jamás!

oOo

Rukia vagaba sin rumbo fijo por el patio de la escuela. Una vez más, el idiota cabeza de naranja y sus estúpidos comentarios le habían arruinado el día. Pateó una piedra con desgano. Llevaba una hora alejada de su compañero shinigami, y ya comenzaba a aburrirle la soledad. De pronto, una voz conocida la saco de sus cavilaciones. Apresuró el paso para llegar hasta el emisor de las palabras, pero paró antes de doblar la esquina. Su nombre resonó fuerte y claro en sus oídos, al parecer, estaban hablando de ella.

- ¿Rukia? – cuestionó el delgado y alto muchacho de rostro ceñudo. Ichigo, Keigo y Mizuiro estaban sentados en uno de los tantos bancos de las áreas verdes del colegio.

- ¡Si! ¿¿No te parece que Kuchiki-san es adorable?? – Declaró un emocionado Keigo. Sus chispeantes ojos y sus sonrojadas mejillas indicaban el estado de éxtasis del muchacho.

Un constante bip bip bip resonaba en el ambiente.

- ¿Podrías silenciar esa maldita cosa Mizuiro?- Reclamó Ichigo ofuscado. El sonido de las teclas del celular ya lo estaban sacando de quicio.

- Si sigues así de amargado jamás conseguirás la aceptación de Kuchiki-san – observó el más bajo de los amigos con tranquilidad, sin dejar de escribir en su móvil.

Ichigo se puso de pie y les enfrentó sulfurado.

 

- ¡¿Que les hace pensar que quiero el interés de esa enana?! –

- ¿Cómo explicarlo en simples palabras para que entiendas y no armes un escándalo? – Mizuiro dejó momentáneamente su celular abandonado en el asiento.

- ¡Hey! – Replicó el pelinaranja.

- Si prometes escuchar mi teoría bloqueo el sonido – Dijo el moreno indicando el aparato que, cada ciertos segundos, emitía un chirrido advirtiendo la llegada de un mensaje.

- Maldito chantajista – Murmuró el shinigami, cruzándose de brazos. 

El muchacho de cabello negro sonrió inocentemente y comenzó con su discurso. Keigo lo observaba atento.

 - Bien, Inoue-chan es hermosa, ¿no?

Keigo asintió vigorosamente. Ichigo sólo se limitó a juntar más sus cejas.

- Bonita figura, grandes atributos, dulce personalidad.

Asano asentía con fervor.  El pelinaranja continuaba impasible.

- Trae a sus pies a la mitad de la población masculina del colegio. Y me atrevería a decir que a un cuarto de la femenina - Agregó el muchacho, usando los dedos de sus manos para ilustrar mejor su teoría.

- ¿No se supone que hablábamos de Rukia? – Consultó Ichigo. No entendía a donde pretendía llegar su amigo.

El histriónico del grupo,  apoyó a Ichigo, moviendo afirmativamente su rostro, otra vez.

- Ya casi toco el punto, déjame continuar –

Ichigo refunfuño, pero permitió que Mizuiro prosiguiera con su exposición.

- Bueno, el caso es, que con todas aquellas cualidades, Inoue-chan nunca ha logrado tener tu atención.

El muchacho tubo que darle la razón, hasta ahí, su compañero no se equivocaba.

- En cambio Kuchiki-san… - El chico hizo una pausa. – Basta que llegue al lugar en el que estas para que tu atención se centre en ella, es como si el resto del mundo desapareciera… -

El castaño del trío, volvía a mover su cabeza en forma afirmativa.

- ¡Eso no es verdad! – Rebatió Ichigo, interrumpiendo al inquisitivo muchacho, el que, ante este acto, enseñó su celular al pelinaranja como signo de amenaza, ante lo cual, el chico volvió a guardar silencio.

- Y  para que hablar de las miradas – Prosiguió -  si Kuchiki-san fuese un helado, hace mucho que se habría derretido – Dijo para luego agregar – Keigo es definitivamente una mala influencia para ti –

Asano, una vez más, meneó su cabeza. - ¡Oye! – protestó anseguida, luego de percatarse de lo dicho por el moreno.  Pero no pudo seguir objetando. Un aura negativa envolvió el lugar completamente, y ambos muchachos, observaron temerosos la oscura y espeluznante expresión de Ichigo.

- I.. Ichigo… no tienes que tomártelo tan a pecho – Trató de defenderse el anterior locutor.

 Pero para el joven Kurosaki, aquello se trataba de algo demasiado serio. Si aquellos rumores llegaban a expandirse por la preparatoria, su reputación quedaría destrozada.

- ¡¿MIRAR YO A ESA ENANA FEA, PLANA Y SIN GRACIA?! ¡¡ESTAN LO – COS!!

Si alguien en la escuela no sabía de los rumores que rondaban en torno al muchacho y a la pequeña morena, gracias a ese grito de Ichigo, no solamente el colegio, si no Karakura entera ya estaba informada de la novedad. Precisamente, la muchacha involucrada, estaba a unos cuantos pasos y había oído la conversación completa.

 - Si alguno de ustedes vuelve a repetir algo así, ¡les juro que les sacaré la vesícula a patadas! – Los amenazó el muchacho.

Eso fue lo último que escuchó Rukia, luego de aquello, echó a correr hacia los baños de la escuela. Necesitaba un lugar en el que estar a solas, los ojos comenzaban a picarle, y unas lágrimas rebeldes amenazaban con deslizarse fuera de ellos. No iba a llorar, una Kuchiki no podía dejarse afectar por semejante estupidez. En su vida de Shinigami, luego de su adopción,  siempre se vio enfrentada a palabras despectivas e hirientes; pero nunca le había importado lo que los demás dijeran de ella, jamás le interesó la aprobación de nadie. Sólo de su Onii-sama.

Entonces ¿Por qué le dolían tanto las palabras que había escuchado? No comprendía del todo el porque le afectaba tanto lo que Ichigo pensara de ella.

Después de mojar su rostro y eliminar toda señal de su anterior muestra de debilidad, logró analizar algo más fríamente la situación. Y llegó a la conclusión, de que la razón de su irritación era sin duda, algo que no había experimentado con anterioridad. El maldito bastardo había herido su orgullo de mujer.

oOo

 - ¿Y bien? – Ichigo insistió.

"Maldición", pensó Rukia.

Si no le decía nada, ese idiota la seguiría acosando el resto de su vida. Tendría que inventar algo bueno si pretendía librarse de él.

Rememoró los incidentes de ese día. ¡Lo tenía! Era la excusa perfecta.

Levantó su vista y enfrentó la mirada de Ichigo. - ¡¿Tienes que meterte todo el tiempo con mis dibujos?! – Soltó Rukia, fingiendo perfectamente gran indignación. No le era para nada difícil, en realidad, ese fue el motivo por el que se había distanciado ese día del muchacho en primera instancia.

El pelinaranja puso cara de incredulidad. ¿Esa era la razón de su irracional cólera?

- ¿Tanto lío por esa estupidez? – Ichigo consultó estupefacto. - ¿Hablas en serio?

Rukia cerró los ojos e inspiró profundo, tratando de mantenerse calmada. Pero la fuerza con que agarraba el libro entre sus manos delataba su enfurecimiento. Si bien ese no era el verdadero motivo, que el chico no tomara en serio un asunto, que para ella era también importante, le había puesto de peor humor.

 - Además, tienes que reconocer que tu talento es nulo, esos bichos son horrendos – Ichigo, como siempre, se arrepintió de sus palabras luego de que las dijo.

Rukia le lanzó una linterna, que le dio de lleno en la frente.

- ¡¡Maldición enana!! ¡¡Tienes que ser tan violenta?! – El muchacho tocaba con una palma el lugar afectado.

- ¡¿Y tu?! ¡¿Tienes que ser tan imbécil?! – Dijo Rukia mientras levantaba amenazadoramente el libro. - ¡Vete de aquí si no tienes nada más inteligente que decir!

Ichigo iba a replicar, pero prefirió no correr el riesgo. El volumen en manos de Rukia parecía demasiado pesado.

Gruñó audiblemente y empujó la puerta. Pero esta no se abrió. Volvió a insistir, con más vigor.

- ¿Qué diablos?

- ¿Qué esperas? -  Interrogó Rukia agriamente. Si las miradas matarán, Ichigo hubiese estado ya diez metros bajo tierra.

- ¡No se abre! – Informó el chico, mientras examinaba el borde en busca del desperfecto. - ¡¿Pero qué…?! – Dijo sorprendido, cuando descubrió el origen del atasco.  - ¡¿Qué demonios hace una cerradura aquí?!

- Uhm… 

La expresión de 'yo soy culpable' de Rukia, la delató al instante.

- ¡¿Cuando pusiste esa cosa ahí?! ¡¿Y porque?! ¡Te he dicho millones de veces que esta es MI habitación y no puedes hacer lo que se te de la gana!

- Cuando tu… tu… ¡Me espiaste! – Tartamudeó acusadoramente la pelinegra, ruborizándose visiblemente.

El rostro de Ichigo también se tiñó de rosa. Se esforzó por poner la mente en blanco. En ese momento, encerrado junto a la morena en tan pequeño espacio, la imagen de ella en ropa interior no era muy conveniente.

- ¡¿Cuántas veces tengo que decirte que no lo hice a propósito?! Además,  ¡Fue hace más de un año! ¡Tú ya no usas el armario de dormitorio! ¡¿Por qué no la quitaste de ahí?!

- ¡Uno nunca sabe cuando necesitará privacidad!...

Ahora comprendía porque la shinigami prefería encerrarse en su armario, y no en la habitación que compartía con sus hermanas, cada vez que se molestaba o que estaba realizando alguna de sus 'investigaciones'. Siempre creyó que era obra de su Kido que él no lograra abrir el dichoso closet cada vez que ella se recluía en él. Y ahora se enteraba que se trataba simplemente de una puta cerradura.

- … ¡Con tanto maldito pervertido rondando por ahí!- Argumentó la morena, mirándolo acusadoramente.

- ¡Que fue un accidente!- Se defendió el muchacho aun con las mejillas escarlatas.

- ¡¿Quién me lo asegura?!

- ¡YO! ¡¿A quien le interesaría ver a una horrenda enana, molesta y sin atributos?!

La muchacha le dedicó una dolida mirada, pero no pronuncio frase alguna.

Ichigo, al ver el dolor reflejado en los ojos de la chica, quiso retractarse de las palabras que había articulado. Debía reconocer que esta vez, se había extralimitado.

- Rukia… yo… no… -

Rukia sintió que algo hizo 'crack' dentro de ella. Si haber escuchado el comentario indirectamente le había perturbado, oírlo echárselo en cara a ella misma era demasiado. Pero no le iba a dar en el gusto al desgraciado, no le daría el placer de verla afectada por su culpa.

Haciendo gala de su apellido (y de lo aprendido de su Onii-sama), ocultó lo mejor que pudo su presente estado de ánimo, cambiando su actual sombría expresión, por su habitual seria faceta. Por el momento, actuar como si nada, era su mejor opción, o acabaría llorando frente al maldito idiota que tenía delante. El temple Kuchiki ante todo.

Byakuya habría estado orgulloso si hubiese contemplado la escena.

La chica buscó entre sus argumentos algo para contestar las hirientes palabras del pelinaranja.

- Me causaría más asombro que alguien se fijara en un espécimen raro como tú – Habló con sorna Rukia.

Ichigo fue sorprendido ante el rápido cambio de actitud de la pelinegra y perdió el hilo de su presunta apología. En cambio, otra pregunta rondo su mente. ¿Acaso era tan feo? Aparte de su color de cabello, se consideraba una persona de lo más 'normal'.

Si. Aunque fuera difícil de creer, hasta Kurosaki Ichigo tenía cierto grado de vanidad.

- ¡¿Que hay de malo conmigo?! – Interrogó molestó.

- No creo que con esa cara de perro consigas una novia muy fácilmente – Expuso Rukia calmamente, con tanta propiedad y convicción, que cualquiera que la hubiese escuchado y no conociera al chico, se lo habría imaginado con cara de buldog.

La venganza era dulce.

La actual expresión de Ichigo era digna de una película de terror.

 - Maldita… - El shinigami sustituto prefirió no continuar con su oración. En ese caso, 'perra', tenía implicancias comprometedoras luego de la última declaración de Rukia. Sería como admitir, que en una parte de su subconsciente (una muy oculta), la enana era la única exponente del sexo femenino con la que se había imaginado en una relación de pareja.

Decidió ignorar la insoportable mirada de superioridad que la morena le estaba dando y se concentró nuevamente en tratar de abrir la puerta. Pero era imposible. De pronto, como iluminado por la linterna que Rukia había encendido para leer su libro, se percató del obvio hecho de que, si existía una cerradura, también debía existir una llave.

- ¿Y la llave? – Preguntó emocionado. Quería a toda costa salir de ahí.

Rukia lo miró con el rabillo del ojo, sin alzar la vista de su texto. El muchacho definitivamente tampoco era un genio. Si hubiese tenido la llave, hace rato que se la habría dado para que dejara de fastidiarla. Prefirió no comunicarle este hecho, ya había saciado su sed de venganza bajándole la moral al muchacho a límites inimaginables.

- En el bolso – Respondió la muchacha como si nada.

Genial. Tenían que esperar que Kon o alguien de su  familia llegaran. Personalmente, rogaba que fuera el primero. Prefería ser insultado y golpeado por el inofensivo peluche, a la vergonzosa situación de ser sacado de su reclusión por su padre o sus hermanas. Tan solo imaginarse a su progenitor, conjeturando en su perversa cabeza la historia completa de su perdida de virginidad junto a 'su tercera hija' en el armario, provocaba que el muchacho temblara espantado. ¿Podría ser algo peor que eso?  Un escalofrío recorrió su espalda. Definitivamente, entre los pétalos de cerezo del póster de su madre, y los de la Zampakutou de Byakuya, se inclinaba sin lugar a dudas, por los primeros.

oOo

"… Las manos del chico recorrían sutilmente el cuerpo de la morena muchacha. Una de ellas, rozaba con delicadeza la zona justo bajo el seno derecho. Con parsimonia, siguió subiendo hasta cubrir completamente el pequeño bulto con su palma.  La chica suspiró entrecortadamente, al tiempo que, con sus delicados dedos, vagaba por la espalda del delgado joven. 

La muchacha de blanquecina piel, se encontraba completamente desnuda bajo el cuerpo del chico, que por su juvenil apariencia, debía tener menos de veinte años de edad. Ella, parecía aun menor que él.

Sus labios unidos en un dulce, pero apasionado beso, se separaron un instante, para volver a unirse cuando ambos recuperaron el aliento. El chico continuaba su suave caricia en el montículo de la muchacha, exprimiendo dócilmente cada cierto tiempo, ocasionando que leves gemidos fueran emitidos por ella.

El joven abandonó momentáneamente sus labios, para besar con dulzura el grácil cuello de su amante, mientras que ella, rendida ante sus caricias, solo se limitaba a animarlo, acariciándolo cada vez mas cerca de la línea de su pantalón.

Su boca continuó el descenso, teniendo como destino, la otra pequeña, pero atractiva colina de la morena. Lamió despacio y con lentitud, el botón que adornaba el centro de su seno. La muchacha curvó la espalda extasiada, indicándole al chico, que lo que hacía le agradaba.

La otra mano del muchacho, siguió un rumbo hacia el sur del cuerpo de la chica, y cuando llegó a su destino, la pelinegra emitió un sonoro lamento, que para nada denotaba dolor. Ahí, en su intimidad, los dedos del muchacho se dedicaron a explorar los suaves pliegues, memorizando, para volver a mimarlas, aquellas zonas que más hacían gemir a la chica…"

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Comentarios, críticas constructivas y chocolates dietéticos serán bien recibidos! Amenazas… no porfa!  Basta con las de mi jefa! x3