hi a tods!!!

Heme aqui para entregarles el ultimo capitulo de este fic. Debo reconocer que siento algo de nostalgia pues esta historia me ha traido muchas satisfacciones. El gran reconocimiento que he recibido como escritora de lemmons por parte de todos ustedes no deja de sorprenderme. Pero ya! basta de seriedad que me puede hacer daño! x3!

Como ya todos saben, este fic fue escrito de regalo de cumpleaños para mi amiga Kaoru240. Mujer! que manera de hacerte esperar para concluir tu obsequio! espero me perdones algun dia! x3 Pero el lapiz de chappy me trajo la inspiracion suficiente y logre acabarlo! tkmx loquilla!

Gracias tambien a todos quienes dejaron un comentario en el anterior capitulo: Kaoru240, story love, Girl-Dark-Butterfly, kirara11, Ossalia, karenangel, Koraru-san, Maka009-chan, Miicaa, AngelYueGuang, Rukia13, Uchiha Katze, CaritoAC, Eva Vidal, shila-li, Hitokiri Nabiki-sama, Riznao, MaryJu-chan, Kikumaru Kumico, rromy, , zaki'LautnerC, MiStErY MaYu-ChAn, Sayu y Summer R. Lupin.

Bueno, ya no prolongo mas la espera... espero que disfruten el capitulo!

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El cielo adornado con matices anaranjados y violetas anunciaba la llegada del atardecer a la ciudad de Karakura. La majestuosa exhibición de la naturaleza era observada por un sinnúmero de parejas, que tomadas de la mano, suspiraban contemplando el romántico espectáculo.

Pero un singular par estaba ajeno a aquel fausto cuadro. Encerrados en un armario, completamente desnudos y acariciándose apaciblemente, Ichigo y Rukia no podían estar menos interesados en lo que en ese momento sucedía en el resto del mundo… y del cielo.

Se exploraban mutuamente con sus palmas y dedos, deambulando erráticamente en la piel del otro. Ella, con los ojos cerrados y sentada provocativamente sobre sus piernas; y él, en igual postura, pero con los ojos abiertos y estudiándola posesivamente. Un extraño dialogo se producía entre beso y beso, haciéndoles pronunciar frases discontinuas y palabras tremulantes.

- Tu cuerpo esta preparado para recibirme… aunque sea algo… grande – explicaba el chico de extravagante cabellera.

- ¿Algo?... ¡Eso es enorme Ichigo! – replicó súbitamente la muchacha, abriendo sus azules orbes.

- … Estas elevando mi ego ¿Sabías? – confesó el pelinaranja, rozando suavemente sus labios contra los de la menuda chica. Una de sus extremidades se acercaba peligrosamente al torso de la morena.

- Ese también ya es bastante grande… – Rukia suspiró audiblemente cuando uno de sus senos fue mimado con maestría.

- … Aunque sea grande… tu cuerpo puede… - reanudó el joven, persistiendo en su argumento. Sus inquietas palmas no cesaban de vagar por las erguidas colinas de la Kuchiki.

- Estas… ¿seguro?... ¿Lo has… mirado? – insistió tozudamente la chica entre gemidos, que se volvían a cada momento más audibles.

- Rukia… - le regaño quedamente, plantando intermitentes besos en sus labios.

- Lo sé, pregunta tonta… pero… soy algo pequeña… - intentó seguir debatiendo, a pesar de los insistentes besos del shinigami.

- Aunque seas enana…

La muchacha arrugó la frente ofendida ante el comentario y como protesta mordió el labio superior del sustituto.

- ¡Mierda Rukia! No tenías para que…

- ¡Y tú no tienes porque hacer hincapié en mi estatura! – reclamó ofuscada, clavando su mirada en él. El semblante de Ichigo repentinamente denotó diversión, acrecentando su irritación. Pero la inesperada declaración que sobrevendría la dejó totalmente aturdida, librando al muchacho del golpe que ésta pensaba propinarle.

- Para mí estas perfecta así… enana… - Musitó cerca de la comisura de sus labios. La sinceridad que transmitía la entonación de la oración privó de habla a la locuaz muchacha, haciéndole inclusive olvidar la para ella ofensiva última palabra de la frase.

- Tú ya pudiste con él… -. Continuó como si nada de lo anterior hubiese pasado – eso es más que prueba suficiente… - Ichigo capturó nuevamente su boca, privándola de responder. Su lengua ingresó presta en su cavidad oral, y sondeó sin tregua cada rincón.

- Buen… punto… - Corroboró inspirando una bocanada de aire, cuando el muchacho le dio al fin un respiro.

- Inténtalo… - Sugirió descaradamente el pelinaranjo con profunda voz, dejando que la lujuria asumiera el control. Se abofeteó mentalmente por la tan osada proposición, y el carmesí en su semblante aumentó súbitamente por la vergüenza.

"Si no arriesgas, no ganas". Arguyó para si mismo, intentando excusar su audaz conducta.

- ¿Q-Que?... tú… ¿tu quieres?... – Tartamudeó la chica separándose levemente de él, mirándolo con cierta inquietud.

- … Sólo si tú quieres… - añadió mansamente, suplicando mentalmente por una respuesta afirmativa.

- ¿Lastimará nuevamente…?

Y esa simple e inocente consulta bastó para hacerlo sentirse como basura. La sola idea de dañarla otra vez le aterrorizó. Quizás, dejar las cosas como estaban era la mejor opción.

- ¿Ichigo? – Insistió la Kuchiki.

Aunque no pretendiera proseguir debía responderle aquella pregunta. Su palabra estaba en juego y… se lo debía.

- No… no te lo puedo asegurar - habló con franqueza el chico, bajando su tez en el transcurso -, pero se supone que lastime sólo la primera vez –. El flequillo tapaba sus castaños iris.

Rukia reflexionó, aun insegura. Mantenía su opinión de que 'eso' era demasiado grande para ella… y para cualquiera. Pero su curiosidad era más inmensa que cierta parte de la anatomía del shinigami sustituto y pretendía averiguar como era el mecanismo que permitía que su cuerpo fuera capaz de albergar semejante… 'cosa'.

La total quietud de su compañero la sacó de sus contemplaciones, Ichigo ya no la acariciaba, y tampoco trataba de besarla persistentemente como hasta hace un momento.

- Oi – Lo llamó la pelinegra - ¿Hay alguien ahí? – preguntó al ver la abstraída actitud del chico.

- Yo – el muchacho levantó su abatida mirada – lo siento…

- Deja de disculparte por cosas que sucederían tarde o temprano – le amonestó Rukia con firmeza, sin saber con certeza sobre que parte de todo lo acontecido se excusaba esta vez Ichigo, pero dando precisamente en el clavo con su premisa.

El enajenamiento del pelinaranjo no hizo más que aumentar ante esa declaración. Ella estaba insinuando que… ¿ellos dos algún día…?... ¿A quien engañaba? Pensó con sorna. Debía reconocer que la tensión sexual entre ambos era tanta, que podía cortarse fácilmente con un cuchillo.

Con su característica poca paciencia, esta vez fue Rukia quien buscó la boca del muchacho, que con sorpresa, mas no desagrado, correspondió el beso de la shinigami.

Unión que fue indiscutiblemente entusiasta. Las vacilaciones del pelinaranja se disiparon mucho antes de que acabara el contacto. Ya no se resistiría a su sino. Porque al fin y al cabo, Rukia parecía ser quien constantemente alteraba su destino, y no podía negar que siempre, los cambios eran para mejor.

Descendió besando su mentón, su cuello y el inicio de su esternón, desviando luego su curso a la derecha, sin abandonar la pendiente de su trayectoria. Succionó dócilmente uno de sus pezones, mientras sus manos recorrían sus muslos con parsimonia. Rukia volvió a gimotear, ya sin reparos, curvando su espalda e inclinando hacia atrás su cabeza, permitiéndole total acceso a sus perfectos senos.

- Eso… se siente muy bien… - admitió entre quejidos. El chico, sin responder, se limitó a pasar su lengua por el montículo desatendido. Lograba advertir con claridad la imponente erección de su compañero rozando contra su vientre, y cuando él alzó su rostro para besarla al borde de su lóbulo, la morena posó sus manos en el naranjo cabello y murmuró en su oído.

- ¿Cómo?..

Ichigo mantuvo su imperturbable silencio; giró su faz para saber si su audición no lo había traicionado, y los trasparentes espejos de aquella alma, le respondieron con nitidez que lo escuchado era real. Sin antesala ni vacilación la tomó de las caderas, con sus ojos aun clavados en los de ella, y la indujo con un ligero empuje a elevarse levemente, dándole una clara señal de lo que quería. Rukia obedientemente ascendió unos centímetros, dándole espacio al pelinaranjo para ubicarse.

Recostándose sobre su espalda para ganar apoyo, el muchacho utilizó una de sus manos para situarse justo a su entrada y con la que mantuvo en su flanco, ejerció una tenue presión hacia abajo, mensaje que también Rukia captó sin problemas.

Lentamente, sin lograr disipar sus inseguridades, comenzó a descender su cuerpo, percibiendo con cada pulgada que avanzaba como una vez más su interior era invadido por la hombría de Ichigo. No pudo evitar soltar varios suspiros en el proceso. Esta vez, ni una pizca de dolor la había aquejado, solo una pequeña molestia que fue eclipsada ante el alucinante efecto que provocaba en roce de sus intimidades. Cuando completo el recorrido, quedando plenamente asentada sobre el pelinaranjo, emitió un agitado gimoteo.

Se sentía una vez más, inusualmente completa en carne y espíritu. Y constató que sus temores eran infundados, su menuda contextura había sido capaz de contener totalmente al dotado muchacho.

- W-wou… - Pronunció entrecortadamente.

- S-si… wou – apoyó el shinigami. En aquella posición se hallaba absolutamente dentro de Rukia. Definitivamente, su pequeño tamaño, en contraste con el suyo (en todo el sentido de la palabra), era algo a favor. La plenitud con que su sexo se encontraba rodeado y firmemente presionado era suficiente para llevarlo al final en ese mismo instante, teniendo que usar todo su autocontrol para evitarlo.

- ¿Y…? – Enunció tentativamente la chica.

- Debes… moverte - le indicó un azorado shinigami, una vez mas usando sus extremidades para mostrarle a Rukia a que se refería.

Comenzaba a entender la mecánica del asunto. Quien estuviera en la parte superior debía desplazarse. Probando, la pelinegra subió y bajó lentamente. Su lamento se confundió con el del chico.

- Maldición… Rukia… - Gimió roncamente el sustituto – es tan… apretado…

- ¿Eso es… malo? – Consultó con un dejo de desilusión la muchacha, con sus mejillas totalmente sonrojadas no por vergüenza, si no por la placentera sensación que acababa de asaltarla.

- No, en realidad… es demasiad bueno… - declaró sin miramientos Ichigo. Le era ajeno en demasía expresar su sentir, pero recordó haber prometido total sinceridad. Y al parecer, era algo que debería hacer con mayor frecuencia; la espontánea y satisfecha sonrisa que adornó el rostro de Rukia ante su revelación, valía más que mil llaves del Rey.

La chica mordió su labio inferior, en una acción netamente nervioso y sin esperar que el muchacho la animara a hacer el siguiente movimiento, oscilo su cuerpo nuevamente, con el mismo tortuoso ritmo, obligando al pelinaranja a proferir otro ahogado gruñido.

Los espasmos en su interior cada vez que el miembro de Ichigo se deslizaba dentro y fuera de ella le incitaban a gimotear desvalidamente, exponiendo su excitación sin poder controlarse. Estaba disfrutando más de lo que especuló posible. En el encuentro anterior, a pesar de experimentar un inmenso placer, lo extraña que resultaba para ella la situación, sin mencionar la incertidumbre acerca de que era lo que estaba ocurriendo entre ellos dos, bloqueó en cierto grado su goce. Pero ahora, con pleno conocimiento de lo que estaban haciendo, el contexto era muy diferente. Ichigo lo había llamado 'hacer el amor', y por la inmensidad de sensaciones que la colmaban en ese momento, sumado a la satisfacción de ver a su ceñudo 'amigo' enteramente extasiado gracias a ella, consideraba que aquel nombre era muy adecuado para aquel acto.

Dos personas uniendo sus emociones tan íntimamente no podía tener otra denominación.

Su tranquilo paso se prolongó por un tiempo, que Ichigo estimó placentero pero tormentoso. Y tal vez, se había vuelto algo masoquista, porque no le importó que Rukia mantuviera aquella marcha hasta casi llevarlo a la agonía. El paraíso parecía estar ahí, a un sólo paso, tan cerca y tan inalcanzable a la vez con aquel sutil balanceo. Era agobiante, pero sostuvo sus impulsos de mecer sus propia pelvis. No consideraba tan mala idea prolongar aquella tortura algo mas.

Pero Rukia entendió por si misma, sin mediar explicación, que si deseaba amplificar lo que estaba sintiendo, debía aumentar su ritmo. Tomando al pelinaranjo por sorpresa, comenzó a moverse con mayor ímpetu, provocando en ambos la misma reacción.

Un mar de sonoros gemidos.

Ya plenamente liberado de su anterior traba, Ichigo se asió a sus torneadas caderas y emprendió su propio balanceo, imitando casi al instante el compás de la morena.

La muchacha lloriqueó complacida. Con aquel nuevo paso todas las percepciones se incrementaban. Cada uno de sus sentidos resultó exacerbado al máximo. La piel en contacto hormigueaba como si cientos de estos insectos deambularan por ahí, lograba ver cada gota de sudor que comenzaba a bañar el torso y rostro del sustituto y a saborear lo salado del suyo propio cuando lamia sus labios en un intento por suprimir los erráticos gimoteos que brotaban de su garganta. Los graves y masculinos lamentos de Ichigo se mezclaban con los de ella en una extraña pero sugerente melodía. Y el picante aroma que colmaba el estrecho lugar calaba hondo en sus receptores olfativos, y lejos de desagradarle, la extraña fragancia parecía sumergirle más profundamente en aquel trance del que se hallaba presa.

Y nuevamente siguiendo su instinto, a pesar del cansancio que asaltaba sus piernas y al dolor muscular que comenzaba a experimentar en sus ya magullados muslos, aumentó una vez más la velocidad.

Sus pechos rebotaban al compás de sus acelerados desplazamientos. Prendado de aquel erótico panorama, Ichigo no era capaz de despegar la mirada de ellos. Su frenesí crecía segundo a segundo, su hombría estaba tan erguida que el inclemente ir y venir de las caderas de Rukia era ya dolorosamente satisfactorio. Se sentía en el borde de un abismo, en que solo era necesario un pequeño traspié para caer. Su primer encuentro sexual con la morena había sido sublime. Pero el actual, era indescriptible. Todo su cuerpo parecía bullir en un calor infernal, cada uno de sus músculos estaban tensos como una roca, como aguardando el momento final en el que se relajarían hasta el punto de hacerlo desplomarse si estuviera de pie. Era una suerte estar en aquella posición, porque con la violencia que todo su ser estaba experimentando placer, era indudable que la culminación sería tan potente que le dejaría privado de movilidad al menos por unos cuantos minutos.

Cuando Rukia aceleró por segunda vez, hasta lograr una feroz cadencia, Ichigo apretó los dientes con fuerza, tratando de retrasar su inminente eyaculación. Se aferró con urgencia a sus danzantes montículos, exprimiéndolos insistentemente, intentando comunicarle a su compañera que lo que hacía lo estaba llevando literalmente a la locura. Y el momento de delirio llegó un instante después sin que pudiera evitarlo. Con una fuerza tan abrumadora que le quitó la conciencia por unos segundos, el muchacho alcanzó su clímax mientras elevaba bruscamente su pelvis y estrujaba con rudeza los senos de la shinigami. La versión estrangulada del nombre de la morena se oyó en toda la habitación.

La firme penetración y la opresión en sus pechos fue el botón que detonó un también violento orgasmo en Rukia, que sufrió con abrumadora intensidad una oleada de placer que le recorrió de pies a cabeza, crispando cada fibra de su cuerpo. Su vientre convulsionó espásticamente, comprimiendo vigorosamente la hombría del pelinaranjo que ya descargaba desde hace unos instantes su esencia en su matriz. Temblando incontrolablemente se desplomó sobre el pecho de Ichigo, que mantenía sus ojos cerrados y respiraba con bastante dificultad.

oOo

Un peluche con forma de león, de un vistoso color amarillo y con una flor pegada en su oreja se colaba por la abierta ventana de la habitación del primogénito de la familia Kurosaki. Caminó sobre la cama del cuarto en penumbras, y bajó de ella con una habilidad poco usual para un ser de escasos veintisiete centímetros.

- Maldito Urahara – Murmuró con enfado – les das Gigais a cualquier estúpida alma que pise tu tienda – siguió protestando el simpático juguete - exceptuando mi amada onee-san, obviamente – agregó para si mismo – ¡pero no tienes nada para el Gran Kon! – terminó el parafraseo dándole una patada a lo primero que se cruzó en su camino, el bolso de Ichigo, que se encontraba en el piso en medio de la habitación.

- Ichigo ya llegó – observó los alrededores – ¡Y mi onee-san también! - exclamó al ver el morral de la shinigami tirado despreocupadamente sobre la cama. - ¿Estarán comiendo? – Abrió unos centímetros la puerta de la habitación, volviéndola a cerrar casi al instante mientras apoyaba la pequeña espalda tatuada con una cruz sobre el marco. Una preciosa niña de dulce apariencia llamándole 'Bostov' fue lo que le hizo retroceder. Un escalofrío recorrió su felpudo lomo al imaginarse siendo sometido nuevamente a la tortura de ser ataviado con afeminados vestidos. ¡No soportaba más ese tipo de humillaciones! Por eso necesitaba un gigai, ¡y no pararía hasta obtenerlo!

Se dirigió hacia el armario. Sería mejor que esperara al idiota de Ichigo escondido, porque ya estaba comprobado que en aquella habitación, si no se estaba bien oculto, de todos modos se corría peligro. El pobre diablo cabeza de toronja no tenía privacidad.

Deslizó la puerta del mueble dispuesto a entrar, pero el lugar ya estaba ocupado.

- Ichigo… ¿¡que!?… -. Pero no obtuvo respuesta, el muchacho estaba bien dormido. Solo obtuvo un rezongo de su parte y un cambio de posición, que reveló la presencia de una segunda persona en el lugar. La azabache cabellera que se dejaba entrever tras uno de los brazos de un 'desnudo' Ichigo, como reparó inmediatamente el animalito, no podía ser de otra mas que de su querida shinigami.

- ¡MALDITO BASTARDO! – Gritó el alma modificada con lágrimas en sus ojos de botón - ¿¿¡QUE LE HICISTE A MI ONEE-SAN!?? – alarido que bastó para despertar no sólo al pelinaranjo, si no también a la hasta entonces, prácticamente oculta Rukia, que alzó su torso aun adormilada.

- O… Onee…

El muñeco se desplomó. Ver a su adorada shinigami desnuda fue más de lo que su esponjoso cuerpo pudo soportar. Si hubiese tenido sistema circulatorio, el pobre Kon hubiese estado en ese momento desangrándose por hemorragia nasal.

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Sus ojos se abrieron gradualmente sacándolo poco a poco de su estado adormilado. Se desperezó con lentitud acomodándose sobre un costado de su cuerpo. Aún aletargado estiró sus extremidades, tocando en el proceso el respaldo de su cama con sus manos. No recordaba con precisión la última vez que había tenido un despertar tan pacifico, y no solo se refería a la ausencia de los gritos y golpes de su inmaduro padre.

Advirtiendo una reconfortante sensación de alivio y relajo en toda su musculatura se tumbó de espalda disfrutando un momento más de la infrecuente situación. Incluso su 'pequeño' y vergonzoso problema matinal no había hecho acto de presencia esa mañana, rompiendo así una tradición que se extendía ya desde el inicio de su pubertad.

Intentó buscarle explicación a tan apacible condición, aspirando a repetirlo a voluntad siempre que su extenuación física así lo requiriera. Pero cuando su mente aun aturdida por el sopor consiguió despejarse y recapitular los hechos del día anterior, la idea de practicarlo nuevamente no le pareció tan accesible. Necesitaba la cooperación de una menuda pelinegra que frecuentemente disfrutaba contradiciéndole hasta en el más mínimo punto.

Restregó sus ojos con ambos puños y se palmoteó con algo de brusquedad las sonrojadas mejillas, al tiempo que se incorporaba hasta hallarse sentado en la cama. No es que hubiese quedado en malos términos con Rukia, pero tampoco habían aclarado con exactitud la relación que los uniría de ahora en adelante. Y conociéndose, intuía que la evolución a algo más que amigos sería un proceso gradual, complicado y bochornoso. Y de su compañera podía augurar lo mismo.

"A pesar de lo que compartimos"

Una tonalidad más intensa de escarlata cubrió su rostro. Turbado pasó una de sus manos por su naranjo cabello.

Al menos la conversación posterior no había sido del todo incomoda; e incluso concluyó como usualmente acababan todas sus interacciones…

- Bien… - articuló algo tenso. En realidad no tenía nada que decir, pero el silencio generado al estar nuevamente solos (y completamente vestidos) le estaba crispando los nervios. Necesitaba encontrar alguna frase que disminuyera algo la tirantez del ambiente, y que a la vez, no resultara muy fuera de contexto. Empuñó y relajó sus manos un par de veces, intentando aligerar su nerviosismo.

Sentada sobre su cama, la Kuchiki lo miró expectante, seguramente esperando que acabara la oración.

Se revolvió en su silla e inspiró aire profundamente, rogando porque el incremento de oxigeno en su sistema le proveyera alguna idea. Milagrosamente, aquella técnica pareció funcionar. Convenía que cierto punto fuera discutido y zanjado en ese preciso instante. El resto podía esperar…

- Debes prometer que si tienes alguna duda, será a mí a quien le preguntes – Su ceñudo entrecejo se acentuó – a mí y a nadie más. – El solemne tono utilizado por el pelinaranjo no daba pie a replicas.

La morena se limitó a asentir una vez y a alzar sus hombros, como si le restara importancia al asunto.

- ¡Y por nada del mundo vuelvas a investigar por tu cuenta en algún maldito manga! – Continuó advirtiendo el muchacho elevando poco a poco su voz.

La faz de Rukia mostró rastros de desilusión.

- Pero…- Intentó replicar la chica, siendo interrumpida al instante.

- ¡Pero nada! Con eso solo lograras confundir más las cosas.- Argumentó Ichigo. Cruzó sus brazos y mantuvo su seria actitud.

- Está bien, lo prometo. – Accedió la pelinegra - Pero si me aseguras no responder con monosílabos ni tartamudear como un retardado – puntualizó enfrentando su mirada.

- ¡Yo no tartamudeo! – Se defendió ofendido el sustituto, pasando por alto la última insultante palabra de la chica de azules orbes.

- Y Chapi es horrendo.- Planteó la muchacha con sorna.

- De hecho...

Una almohada voló directo a la cara del joven Kurosaki, y aterrizó con precisión en su objetivo, aventándole la cabeza hacia atrás.

- ¡Maldita sea! ¡Enana violenta! – El pelinaranja estrujó furiosamente el cojín entre sus manos.

- ¡¡Estúpido insensible!! ¡No te atrevas a insultar a Chappy! O…

- ¡¡¿O qué?!!

- ¡O me dedico a investigar cada uno de los mangas de Chizuru y Asano! – Amenazó con tal convicción que a Ichigo no le quedó más remedio que guardarse el par de palabrotas que tenía acopiadas en la punta de su lengua para dedicarle al peludo engendro.

Se puso de pie y bostezó alongándose en el proceso. Sin planearlo su mirada se fijó en una verde esfera con apariencia de caramelo ubicada sobre su escritorio.

¿Sería conveniente devolver a su cuerpo a Kon?

Meditó unos instantes esa opción, tomando en sus manos el león de peluche ahora inerte que también reposaba en el mueble.

- ¡MALDITO INFELIZ! ¡¿QUÉ LE HICISTE A MI ONEEE SAN?! – El pequeño muñeco trataba en vano de golpear al muchacho que lo sostenía de una oreja con su brazo estirado hacia delante. Gruesas gotas colgaban de sus negros ojos. – ¡YA VERAS LO QUE PASA CUANDO TE ALCANCE! – con sus algodonosas patas trataba de patear el torso del shinigami sustituto. El alma modificada se despertó varios minutos después de su descubrimiento, y como propulsado por un resorte se lanzó a atacar al pelinaranjo muchacho.

-¿Rascarme con tus garras de género?- Consultó Ichigo con cansancio. Con una de sus manos frotaba su frente, cerrando a la par sus ojos. Los gritos de Kon le taladraban el cráneo y amenazaban con provocarle una terrible jaqueca.

- ¡MALDITO! ¡MALDITO! ¡MALDITO! ¡¡TE OOOODIOOOOOOOOO!! – continuaba chillando mientras pataleaba a velocidades vertiginosas.

- ¡CALLATE DE UNA MALDITA VEZ! – Le exigió también a todo pulmón el irritado chico.

- ¡NUNCA! ¡¡NO ME CALLARÉ!! - Bramó colérico el juguete empuñando una de sus zarpas - ¡Le diré a todo el mundo que abusaste de mi pobre onee san!

- Cerrarás la boca si sabes lo que te conviene – Ichigo entrecerró los parpados. Pero la amenaza no resultó como esperaba.

- ¿O qué? ¡¿Me mataras?! – El león arrastró las palabras - Moriría gustoso con tal de defender el honor de mi Onee san. – El imaginativo peluche concibió una escena en que Rukia corría a abrazarle; y él, vestido de súper héroe, aplastaba con su pie la cabeza de un Ichigo muy similar a su Hollow. – Cuando lo sepa Byakuya… ¡o tu padre!

Una vena en la sien del muchacho pulsaba frenéticamente. - ¡¡Suficiente!! –

Ichigo introdujo bruscamente su mano en la boca del muñeco de felpa, que emitía sonidos amordazados ante la intrusión de un puño en su hocico. Pronto el león amarillo dejó de moverse y el chico observó victorioso el Soul Candy entre sus dedos.

- Ichigo, ¿Qué…?- Rukia, ataviada con un simple vestido amarillo cruzó el umbral de su habitación y miró aturdida el cuadro.

- Se quedará así hasta que deje de armar alboroto. – Fue la simple respuesta dada por el muchacho.

Francamente, dudaba que Kon hubiese dejado atrás tan fácilmente el berrinche. Guardó la píldora en uno de los cajones del escritorio y su inanimado cuerpo lo metió bajo su cama. Esperaría un par de días para volver a activar al Kaizou Konpaku.

Abrió su armario y no pudo evitar el que nuevamente su sangre se agolpara profusamente en su rostro. Cogió una camisa y un pantalón raudamente para evitar que su mente comenzara a divagar hacia terrenos peligrosos. Se vistió con prontitud eludiendo recordar sus recientes actividades con la morena. Si se ponía a repasar los hechos, el inminente encuentro con la shinigami le azoraría más de lo inevitable.

Bajó los peldaños de la escalera de dos en dos, ansioso por dejar atrás de una vez la euforia que lo invadía (entre más pronto la enfrentara, mejor), mas cuando llegó a la cocina se llevó una decepción. La única ocupante del lugar se trataba de su pequeña hermana de rubios cabellos.

- ¡Buenos días Ichi nii! – Saludó la chiquilla revoloteando por la habitación.

- Oi Yuzu – Contestó escuetamente el joven dirigiéndose al refrigerador. Pretendía no evidenciar su desencanto, pero jamás fue bueno ocultando sus emociones. Para su buena suerte, la atareada gemela ni siquiera se percató de su extraño humor.

- Llegas justo a tiempo – la muchacha guardaba en un gran bolso algunos moldes – Quede de ir a casa de Saya-chan a enseñarle a hacer galletas – el cierre de la cartera hizo un sonoro chirrido al ser cerrado. – ¡Y se me esta haciendo tarde!

- ¿Karin ya se fue a su juego de futbol? – El muchacho sacó una caja de leche y la puso sobre la pequeña mesa del lugar.

- Hace un rato, – contestó la niña - dijo que llegaría a medio día. - Cargó el pesado morral en sus hombros.

- ¿Y el viejo? – Consultó sacando un vaso de la gaveta superior.

- En la clínica; – explicó – creo que hay una epidemia de gripe en la ciudad. – Me siento culpable por no poder ayudarle… pero ya me había comprometido con Saya-chan…

- El viejo puede sólo – le tranquilizó. Conocía el carácter atento de su hermana y sabía que si no le otorgaba alentadoras palabras la dulce muchacha se marcharía con la conciencia inquieta.

A la chica se le iluminó el rostro y le sonrío con alivio.

- Hay tostadas aun tibias para ti y Rukia chan – Ichigo se volvió a sonrojar con la sola mención de su nombre – y suficiente comida para todos – Yuzu se dispuso a partir – Yo regresaré apenas pueda.

- Tranquila, estaremos bien – le calmó por segunda vez. La niña esbozó una enorme sonrisa.

- Adiós Ichi nii – se despidió agitando su brazo. - ¡Nos vemos mas tarde!

Ichigo cabeceó en respuesta.

El sonido de la puerta le indicó que su hermana ya se había marchado.

Después de todo, al parecer su día no estaba comenzado del todo mal. Con el viejo ocupado en el consultorio al menos se libraba de la repetición del interrogatorio de la jornada anterior.

- ¡Hijo mío! – exclamó Isshin al entrar a la cocina de la casa. Ichigo y Rukia cenaban restos de comida almacenados por Yuzu en el congelador. - ¡¿Me extrañaste?! – el pueril hombre se acercaba a grandes zancadas al pelinaranjo, pero a mitad de camino se percató de la presencia de la morena y cambio la dirección de sus pasos. - ¡Mi hermosa tercera hija! ¡Me alegra que consolaras a mi pobre e idiota hijo! – con los brazos abiertos se dirigía directo a la shinigami. Un puño obstaculizó el cumplimiento de su cometido.

El hombre elevó su pulgar en forma aprobatoria – Así me gusta hijo, que protejas tu territorio – pronunció a media voz, con los nudillos de su primogénito aun incrustados en sus fauces. Cayó estrepitosamente al piso volviendo a incorporarse al instante, y partió como un bólido hacia el cuadro de su bella esposa.

- ¡Masaki! ¡Nuestro hijo ya es todo un hombre!- pregonaba emocionado hasta las lágrimas – ¡desde ya defiende a su futura esposa!- Una poderosa patada en su espalda lo tumbo dejándolo tirado en el suelo, aparentemente inconciente.

- Gracias Karin – el muchacho suspiró aliviado. Su hermana intervino justo a tiempo para impedir una nueva acometida de sangre a sus pómulos.

- No es nada, Ichi nii – la morena de las mellizas se sentó a su lado. – le he tenido ganas desde hace rato – declaró amargamente – nos ha avergonzado toda la tarde a Yuzu y a mi en la reunión de padres.

- Buenas noches Ichi nii, Rukia chan – saludó la recién mencionada que en ese instante también ingreso al cuarto. La muchacha se dirigió inmediatamente a la alacena y comenzó a sacar algunos alimentos.

Ambos shinigamis respondieron a la vez, y se miraron turbados ante la coincidencia.

Karin los observó con suspicacia.

- ¿Algo interesante que comentar?- preguntó poniendo los brazos tras su cabeza.

Ichigo la vio con pavor. Realmente a veces su hermana asustaba.

- Nada digno de mencionar – contestó Rukia usando su voz colegial, haciendo gala de sus dotes de actuación. Ichigo no sabía si golpearse la frente o golpear a la pelinegra sentada frente a él.

La mordaz Kurosaki alzó una ceja. Pero su posterior acotación fue impedida por la conocida voz del progenitor de la familia.

- ¡ICHIGO! - su padre regresaba al ataque, pero se detuvo a medio camino. Pestañeo un par de veces y puso una mano bajo su mentón, mientras examinaba atentamente a su hijo. Se acercó paulatinamente sin quitarle el ojo de encima. Con su cara a un par de centímetros de la de Ichigo continuó estudiándole con detalle, centrándose particularmente en su semblante.

- Hay algo diferente… – Comentó el hombre mas para si mismo que para el resto.

Ichigo tragó saliva nervioso. Su manzana de Adam subió y bajó perceptiblemente. No era posible que el viejo supiera algo con solo mirarlo… ¿O si?

- Mmhh – el hombre se acariciaba la barba mientras seguía su indagación. Inclinó su cabeza seguramente para ver a su hijo desde otro ángulo.

De pronto giró su rostro y observó a Rukia. Y luego a Ichigo, y luego a Rukia nuevamente. Repitió un par de veces el movimiento y su quijada tocó el suelo.

- Ustedes… – comenzó a enunciar el inmaduro hombre – ¡OH MY GOOOOD! – Gritó eufórico mientras lloraba a mares - ¡¡¡USTEDES....MPHH!!! –

Ichigo amordazó a su padre con su mano impidiéndole concluir la oración. ¡No permitiría que el viejo lo dijera en voz alta!

- ¡No digas una estupidez viejo pervertido!-

- Peeerdhho – logró balbucear Isshin.

- ¡Ni una palabra! – Un potente puñetazo se estrelló en la nariz del insistente hombre y lo mandó volando contra la pared.

- ¡Eso te enseñara a mantener la boca cerrada! – pregonó el pelinaranjo girando para volver a su lugar en la mesa. Una patada en plena columna estropeó sus planes.

- ¡Que ya no seas virgen no significa que me hayas superado!, ¡estúpido hijo mío! – vociferó su padre con sus brazos en jarra.

Ruborizándose en todas las tonalidades de rojo posible, negó la tesis de su progenitor, y ante la insistencia de su padre volvió a negarlo, y por si quedaba alguna duda, lo negó otra vez, mientras le asestaba sendos golpes en la mandíbula. Agudizo el oído, pues no le hubiese extrañado oír cantar un gallo a lo lejos.

Cuando al fin el silencio volvió a reinar en la cocina (Ishhin yacía inconciente con su rostro desfigurado), la deportista de las gemelas realizó un comentario que le reavivó la vergüenza.

- Sólo una cosa Ichi nii – dijo la pelinegra con una mueca divertida - ¿Cómo sabías lo que iba a decir el viejo?

El muchacho se quedó rígido por unos instantes. - Mhh... yo… olvidé… tarea… - Y salió disparado corriendo a su habitación. A mitad de las escaleras llamó a viva voz. - ¡Rukia! ¡¿Qué mierda esperas?! – Era peligroso que la muchacha continuara cerca de su inquisitiva hermana.

- Yo no tengo tarea – alegó la shinigami sorbiendo el último trago de su caja de jugo.

- ¡Claro que si enana! ¡'E S A' tarea! – descendió unos peldaños y le hizo un gesto desesperado, que Rukia pareció entender.

- ¡Oh! – Exclamó la Kuchiki, abandonando su asiento - ¡E S A tarea! – Nuevamente recurría a su fingida voz. Ichigo consideró seriamente re matarla.

- Seguro se saca un diez – opinó Karin cuando Rukia se hubo ido.

- ¿Porque lo dices Karin-chan?- consultó extrañada Yuzu, que ahora vestía un delantal y cargaba un sartén en sus manos.

- Parece tener actitudes – respondió la joven con malicia.

Se sirvió del frío lácteo y volvió a guardar la caja en la nevera. Cogió una de las tostadas y la mordió indiferente. ¿Dónde estaba metida la enana? Aunque era más perezosa que él a la hora de levantarse su tardanza ya comenzaba a extrañarle. Quizás, al igual que él, tuvo dificultades para conciliar el sueño la noche anterior. ¡Pero ella era la gran culpable!

- Enana, creo que deberías ir a dormir – Ichigo se percató que la morena apenas lograba mantener los ojos abiertos mientras dibujaba en su block, tirada en el piso de su dormitorio. Era uno de esos escasos instantes en que podía observarla sin reparos, y aunque se encontraba maravillado con su belleza su conciencia le obligó a hacer lo correcto.

La muchacha se estiró como gato recién despertado, ignorando lo provocativa que resultaba esa imagen para el pobre pelinaranja, que la escrutó embelezado.

Sin decir palabra, Rukia se puso de pie y avanzó hacia la puerta. El muchacho no le quitaba los ojos de encima. – Buenas noches Ichigo – tomó la perilla y la giró.

- Buenas noches, Rukia – se despidió el chico en una profunda voz. De poseer el valor que exhibía en batallas para asuntos sentimentales, le hubiese pedido que se quedara. Pero su valía en esos temas era totalmente nula.

La muchacha permaneció estática por un momento, quizás meditando sus actos. Pero luego soltó el picaporte y retrocedió sobre sus pasos para dirigirse directamente a la cama en la que Ichigo se hallaba recostado. Tomándolo por sorpresa unió impetuosamente sus labios con los de él.

La morena pretendió acabar con la apacible caricia tras solo unos cuantos segundos, pero la gran mano del sustituto tras su cuello le impidió la retirada. El pelinaranjo profundizó el beso ganando un ahogado gemido de la Kuchiki, que cedió ante la sugestiva insistencia de su compañero para que separara los labios.

Con su brazo libre rodeo la delgada cintura de la pequeña mujer, aprisionándola contra su cuerpo y obligándole a reposar sobre él. Su lengua serpenteo delicadamente dentro de la boca de la muchacha, y gruño gravemente por el disfrute que le originaba el saborear nuevamente su interior. Deslizó lentamente la mano que descansaba en su cuello por la curvatura de su hombro y descendió por su brazo en un tenue roce, haciendo temblar a la muchacha.

Aprovechando la recuperación de su movilidad por la retirada de la palma de Ichigo de su nuca, la pelinegra terminó el contacto abruptamente.

Trató de besarla nuevamente, pero ella evitó el contacto girando su faz.

Ichigo le miró decepcionado, y por un momento, creyó ver el temple de la morena flaquear.

- Acaba la tarea – la chica señaló el ejercicio de matemáticas a medio terminar en su cuaderno, ahora abandonado en el rincón de su cama. Su traviesa sonrisa le otorgó al muchacho la convicción de que lo había hecho a propósito. Aunque no albergaba gran rencor contra ella; mas bien, no se quejaría si a futuro la shinigami maquinaba similares emboscadas.

- Perra – le reprochó, solo para no salirse de su personaje. Aunque su modulación no fue del todo convincente.

- Pervertido – le acusó ella alejándose del lecho, y partió sin mas de su habitación.

Como invocada por telepatía, en ese preciso momento la chica bajaba distraídamente las escaleras, leyendo interesada un grueso libro.

Ichigo, que bebía en ese momento un trago de leche, súbitamente advirtió una elevación de temperatura en su cara y carraspeó cuando cierta parte del líquido que bebía se desvío a su vía aérea. Comprensiblemente la muchacha, advirtiendo el sonido, inspeccionó al causante del bullicio.

Cuando sus miradas se cruzaron, en ambos el color carmín adornó sus facciones. El muchacho sacudió la cabeza intentando alejar su turbación., y ansió cambiar el tren de sus pensamientos a algo diferente a sus anteriores recuerdos. Cuando notó que el extenso texto en manos de Rukia se trataba nada menos que del ejemplar de cubierta roja propiedad de Keigo Asano, todas sus pecaminosas ideas fueron dejadas atrás.

- ¡Enana!, – Gruñó avanzando hacia ella – ¡que te advertí sobre este tipo de lectura! - le regañó arrebatándole el libro. La muchacha no logró reaccionar a las prestas acciones del pelinaranjo.

- ¡Ichigo! – Se quejó la pelinegra - ¡Es con fines educativos! – Discutió tratando de alcanzar el ejemplar de las manos del sustituto. A pesar de su agilidad, la diferencia de tamaño le imposibilitaba conseguir su misión, por más brincos que diera.

- Prometiste hacerme cualquier tipo de pregunta – le recriminó el chico – estas faltando a tu palabra. – Su semblante manifestaba decepción.

La muchacha suspiró rendida, bajando sus antes alzadas manos. Bufó exageradamente y cruzó sus brazos. Elevó sus pupilas en dirección al techo, seguramente pensando en alguna consulta.

- Bien – comenzó la pelinegra – en realidad hay una cosa…

Ichigo espero atento, aun con el libro encumbrado sobre su cabeza en caso de que se tratara de una treta de la mañosa shinigami.

- Tampoco la explican en el libro – señaló a las alturas.

El pelinaranjo ya se estaba impacientando.

- Lo busqué y busqué, pero no conseguí nada… –

- ¡¡¿Podrías hacer la maldita pregunta de una vez?!! – exigió el pelinaranjo. Su hostil expresión habría espantado a cualquiera.

- ¡Allá voy! ¡Estúpido impaciente! – Rezongó la pequeña con su angelical rostro desfigurado por la irritación - ¿Que demonios significa 'protección'? – Formuló. - ¿Acaso se debe ejecutar algún tipo de Kidou? ¿¡Y de que diablos hay que protegerse!? –

El pesado libro cayó de la mano de Ichigo produciendo un ruido sordo al chocar contra piso.

- Mierda…

Fin (?)

Yo y mis finales abiertos! x3

secuela… mmm… no lo se.. OVA,,,, quizás (?)

Habrá tenido consecuencias el descuido de Ichigo? x3

Seguro muchs creian que el nombre del fic se debia a que Ichi le enseña ciertas cosas a Rukia, pero en realidad, esta inspirado en este ultimo segmento de la historia. Un dia, en mis acaloradas (en todo el sentido de la palabra) y extensas charlas con mi amiga Kaoru, le explique que tenia en mente esa ultima escena para un fic, y que queria encerrarlos en un armario. El como y porque, no lo tenia claro. Y fue un par de semanas mas tarde, cuando se acercaba el cumpleaños de ella, que me decidi a escribirlo y salio esta locura, prácticamente completa.. y en apenas unos tres días!! Y fue asi, como el 19 de julio se lo obsequie para su cumpleaños, y comencé a publicarlo en fragmentos en el foro.

Fue una gran experiencia escribirlo, llena de altos y bajos… algunas situaciones me hicieron incluso pensar en abandonarlo, pero mi amiga no se lo merecia. Ademas, que en realidad fue solo una tontera y ahora me arrepiento de haberlo descontinuado por tanto tiempo.

Deben estar aburrids de leer estas divagaciones xD!

Mejor les dejo una buena noticia… estoy planeando un nuevo fanfic Ichiruki, obviamente lemmon!!. Que mas podria escribir yo? x3

Solo les adelanto que Ichigo sufrira en manos de nuestra adorada Shinigami =3!!

Espero les haya gustado el final, a mi aun no me convence del todo =/

Eso seria todo por ahora! Cambio y fuera!

Que Urahara sama ls acompañe! ;D