Finge, porque yo te lo ordeno.

--Lumos—

Capitulo 1: La negociación.

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A través de una ventana de vidrios lisos cuyas cortinas blancas aun estaban sin correr, pudo observar como las ramas de los árboles más altos eran violentamente mecidas por los vientos gélidos y huracanados, que solían surcar los cielos durante la época de invierno.

Sobre su regazo yacía abierto un álbum de fotografías mágicas obsequiado por Ron en su décimo noveno cumpleaños, el último que habían pasado juntos como pareja. En ese momento observaba atentamente una imagen donde Harry, Ron y ella aparecían con vasos considerablemente llenos de Whisky de fuego, sus rostros exhibían claros signos de alicoramiento y una leve nostalgia ensombrecía sus expresiones festivas: era el día de la despedida.

Durante mucho tiempo el obsequio de Ron estuvo reservado para guardar en él imágenes de momentos especiales: cumpleaños, reuniones, los partidos de Quidditch de Ginny con las Arpías o los lanzamientos de los nuevos productos en sortilegios Weasley, sin embargo en las ultimas semanas compartidas por el trío Hermione se esforzó por capturar todos los momentos, especiales o no, en los que estuvieron presentes.

Ambos jóvenes estudiaban para ser Aurores. Harry inicio sus estudios el año siguiente a la caída de Voldemort y Ron emprendió su formación en la academia un año después, sin embargo el pelirrojo se esforzó de tal manera que en doce meses logró alcanzar el grado de Harry y ahora uno y otro se hallaba cursando su último año de formación en retiro.

Dos años habían pasado desde la última vez que los vio, Harry viajaba por tierras escocesas y Ron llevaba medio año al servicio de los Aurores en Rumania, las comunicaciones durante este tiempo fueron fluidas y sustanciosas, siempre y cuando las circunstancias lo permitieran, las lechuzas nunca dejaron de ir y venir y las relaciones se fortalecieron a causa de la distancia. Dos semanas atrás recibió la última carta donde le comunicaban su pronto regreso, específicamente anunciaban el retorno para próximas vacaciones de invierno que ya estaban a la vuelta de la esquina.

Nuevamente el ruido de las ramas al golpear contra el cristal de la ventaja la distrajo de sus cavilaciones, sentada sobre la cama de su habitación, con las manos cruzadas sobre su pecho cerrando la manta que reposaba en sus hombros para protegerse del frió que se introducía a través de las paredes, observaba la cargada nube que veloz se aproximaba en el cielo.

Regados por el lugar se hallaban decenas de libros, pergaminos y anotaciones, que había estado organizando con el fin de desechar aquellos que ya no le servirían en el siguiente semestre. Hermione estudiaba Leyes Mágicas, para ello debió regresar a Hogwarts una vez restaurado, finalizar sus estudios mágicos y obtener los EXTASIS necesarios que le aseguraban su ingreso en la academia de Legislación.

Harry y Ron se negaron regresar al castillo. Harry simplemente no deseaba ir y Ron se había convertido en el socio y mano derecha de George en la tienda de sortilegios, el gemelo nunca ha dejado de agradecer la entrega que Ron demostró a su familia durante este año, manteniéndose alejado de su entonces novia Hermione, de su deseo de ser Auror y por supuesto de Harry.

Los rayos iluminaron el cielo exterior y pronto una tempestuosa tormenta cayó sobre las casas de Londres, Hermione no pudo evitar preocuparse: su compañero de piso Neville Longbottom no había regresado aun y eso la inquietaba, los últimos días se habían visto poco o casi nada, pero Hermione lo atribuyó a los exámenes finales que ambos debían presentar. Neville estudiaba Herbólogia en el Invernadero Mágico de Londres y al igual que ella, estaba próximo a culminar sus estudios.

Cerró el álbum de fotos depositándolo a un lado de su cuerpo y sin despojarse de la manta caminó hasta la ventana, sus gruesas medias la protegían del frió albergado en el suelo de la habitación, vestía un pijama de pantalón blanco en lana decorado con varitas que lanzaban hechizos, debía admitir que odiaba el frió, no podía negar que era una época hermosa del año, pero el frió simplemente la hastiaba.

De pie junto a la ventana pudo observar como la lluvia lavaba los árboles, las casas, los autos y uno que otro desprevenido que aun se encontraba en la calle, elevó un poco más los ojos encontrándose con The West Tower, un hermoso edificio de doce pisos que indicaba la entrada a un complejo subterráneo de oficinas donde el ministerio formaba legisladores, economistas y altos ejecutivos, por supuesto el lugar donde actualmente Hermione pasaba la mayor parte de su tiempo.

Un suave destello de luz dorada procedente de un frondoso arbusto empotrado a un lado de la entrada de la casa, le indicó la llegada de Neville, usualmente era allí donde se aparecían y desaparecían cuando la casa ya estaba asegurada y les era imposible hacerlo en el interior de la misma.

Despajándose de la manta, salió al pasillo exterior en la segunda planta de la casa deseando hablar con Neville, hacia muchos días no cruzaban palabras diferentes a; "Hola", "Adiós", "Como estas", "Nos vemos luego", "Voy atrasado", "Guárdame algo para la cena, por favor". Hermione sabía que esto se debía a las extenuantes y prolongadas jornadas de estudios que ambos afrontaban producto de los exámenes finales que por esos días presentaban, sin embargo días atrás notó un cambio en el humor de Neville, se veía temeroso, preocupado y hasta un atisbo de angustia fue capaz de percibir en él, aquello la inquietó, como resultado de la convivencia, Hermione creó hacia Neville un fuerte sentimiento de protección que le impedía pasar desapercibido cualquier cosa que inquietara al joven, en otras palabras, su amistad se había arraigado y fortalecido.

Ahora los exámenes habían finalizado para ambos y habría tiempo para una amena charla al calor de la chimenea y eso era lo Hermione tenia en mente. Caminó a través del oscuro pasillo hasta alcanzar el rellano superior de la escalera pero le fue imposible descender, un fuerte golpe en su pie izquierdo se lo impidió. Cerró los ojos apretando los labios para evitar que un agudo grito de dolor saliera de ellos.

-¿Hermione?, ¿Eres tu?

Escuchó que susurraba Neville. El joven pronuncio un Lumos sin esperar respuesta

-¡Demonios!, ¡Me has pisado! – gritó Hermione enfadada mientras daba saltos sobre el pie sano.

-Lo siento Hermione.

-¡Neville! ¿Qué rayos te sucede? ¿Por qué corres de esa manera?- gruñó Hermione.

-Lo siento – repitió Neville – Estoy cansado y deseaba llegar a la habitación rápidamente.

-Deberías mirar por donde vas, además menudas horas para entrar.

Neville se sonrojó y su mirada se tornó brillante y angustiada. Hermione lo notó y enseguida cortó la reprimenda que esperaba darle por su descuido.

-No importa – añadió suavemente

-¿Te duele? – quiso saber el joven.

-Claro que me duele – respondió Hermione sintiendo un poco de rabia renovada en su interior – y creo que va a inflamarse

Neville guió la varita para iluminar el pie de Hermione que ahora se apoyaba levemente en el suelo.

-Eso parece – afirmó Neville con aire burlesco – Te he pisado fuerte ¡eh!

-Que graciosillo – gruñó Hermione – Como tú no debes ponerte zapatilla de tacón mañana…

Neville rió con franqueza – ven, te aplicaré una pomada que he fabricado para que no se inflame y ni halla dolor.

Hermione se apoyó en él pasando una mano por sus hombros – ¿Ahora eres medimago? – agregó con tono de burla.

-Tú sabes que no – le dijo mientras abría la habitación de la joven – pero he descubierto que muchas plantas que parecen inservibles a primera vista, poseen poderes curativos impresionantes al mezclarlas con los ingredientes correctos.

-No me vengas con tu aires de sabelotodo insufrible – se mofó Hermione mientras era depositada con cuidado en su cama.

-Mira quien habla – agregó Neville antes de salir en busca del ungüento.

Hermione trató de calmar el dolor de pie con suaves caricias, pero de a poco fue adquiriendo un feo color verdoso y su tamaño aumentó gradualmente.

-Al parecer has intentado arreglar tu habitación- dijo Neville al ver el desorden que reinaba en ella y sosteniendo en sus manos un recipiente cilíndrico mas ancho que alto.

-He tratado – admitió Hermione – pero me topé con el álbum de fotos. ¿Estas seguro que eso servirá? – añadió la castaña al notar el repugnante olor que despedía el ungüento de Neville.

El joven la miró claramente divertido – Admito que no es un olor agradable, pero te aseguro que es sumamente efectivo – dijo tomando entre sus manos el pie lastimado.

-¡Auch! ¡Ten más cuidado! – Exclamó Hermione levemente enojada.

Neville rió nuevamente - ¿Qué delicada?, mira como se ha puesto tu pie por un simple pisotón.

-¿Simple? – Espetó Hermione - ¿Has sentido alguna vez que noventa y dos kilos caigan sobre tu pequeño y delicado pie?

-Mi peso se debe a la altura – aclaró Neville. Hermione lo miró molesta – Ya te dije que lo siento.

-Si es así borra esa estupida sonrisa de tu rostro

Neville rió una vez más antes de adoptar una expresión de fingida seriedad.

Permanecieron en silencio por unos minutos; Neville aplicaba suavemente el ungüento por toda el área afectada y Hermione tensaba los músculos cada vez que sentía que la presión de las manos del joven aumentaba causándole dolor.

-Que novedad: es verde, como todo lo tuyo – dijo de Hermione más para evitar pensar en el dolor que para romper el silencio.

-Que esperaba señorita ratón de biblioteca, es una planta hecha emulsión

Hermione frunció fieramente el entrecejo – No me llames así, sabes bien que detesto que me llamen así, el único que lo hace es el maldito de Malfoy y lo detesto por ello y por otras cosas.

Neville detuvo sus movimientos, su piel se tornó pálida y fría, su expresión se ensombreció y los castaños ojos parecían haberse quedado sin vida.

-¿Sucede algo Neville? – preguntó Hermione con cautela.

El chico desvió la mirada y negó suavemente con la cabeza.

-¿Estas seguro? – Insistió Hermione.

Neville levantó la mirada y la observó directamente a los ojos castaños

-Estoy bien – dijo con una pequeña sonrisa cuyos ojos no compartían.

-No te creo – añadió Hermione

-Ese es tu problema no el mió – respondió fingiendo picardía

Neville deposito el pie de Hermione sobre la cama y se levantó para salir de la habitación, pero la joven bruja le retuvo por el brazo.

-No es necesario mentirme, te conozco lo suficiente eres demasiado transparente para mentir

Neville rehuyó su mirada – No digas eso, no soy nada transparente.

Hermione lo haló hasta sentarlo nuevamente en su cama – No se que te hace creer eso Neville, pero te equivocas al pensar de esa forma.

El joven guardo silencio y su mirada estaba fija en algún punto en el suelo de la habitación.

-Algo te sucede, lo se – continuo Hermione – Si algo te atormenta o molesta y quieres hablar de ello, yo podría ayudarte o al menos escuchar tus problemas, por algo somos amigos ¿No te parece?

–Estoy en graves problemas Hermione – confesó Neville con voz temblorosa y susurrante

"Lo sabia" exclamó Hermione en su mente. -¿Dime que ocurre? – preguntó.

Neville guardó silencio mientras trataba de encontrar las palabras adecuadas -Cometí un error –dijo finalmente – He… cometido un grave error

Hermione lo observó con mirada inquisidora, no podía ocurrírsele nada lo suficiente grave para que Neville se sintiera de aquella forma- Cuéntame lo que sucede, talvez pueda ayudarte. – dijo

Neville cubrió su rostro con las manos y Hermione supo que la angustia se abrigaba en el corazón del joven.

-Estoy desesperado Hermione, tengo mucho miedo – confesó Neville

Hermione se asustó, pero trato de no demostrarlo -¿Quieres hablar de ello?

-¿Estas dispuesta a escucharme?

-Claro que si – respondió Hermione. En su rostro se instaló una dulce sonrisa.

-De acuerdo – Neville lanzó un largo suspiro antes de continuar ¿Recuerdas nuestro séptimo año en Hogwarts?

Hermione asintió en silencio. Lo recordaba perfectamente, Neville también había regresado al castillo una vez restaurado para concluir sus estudios, pero a diferencia de ella, el joven había sido obligado por su abuela. Fue un año muy difícil

-También recordarás – continúo Neville – que mis pruebas para los EXTASIS no fueron lo suficientemente buenas.

-Al final solo fueron sospechas tuyas – interrumpió Hermione – tus pruebas fueron casi tan buenas como las mías.

Neville negó en silencio – No, no fue así. Hermione…yo… yo… alteré los resultados.

Hermione se quedó con la boca abierta mientras lo observaba incrédula -¿Alterar? – articuló una vez fue capaz de hablar - ¿Cuándo dices "alterar" te refieres a hacer trampa?

-Si.

Su afirmación la impresionó aun más –Pero… no es… posible. ¿Como lo hiciste?... – Hermione se aclaró la garganta antes de seguir – ¡No puedo creerlo!, ¡Es imposible hacer trampa en los EXTASIS!, ¡es imposible hacer trampa en Hogwarts!.

-Pues créelo porque yo lo hice, y lo peor…he sido descubierto.

-¡Descubierto!, ¡No! ¡Oh Neville! – Exclamó Hermione con la garganta seca - ¿Cuándo?, ¿Cómo?, ¿Quién lo ha hecho?

-¿Cuándo?, hace cuatro días. ¿Cómo?, yo mismo me lo pregunto aun, ¡Han pasado cinco años desde entonces…! ¿Quién?, el maldito de Malfoy – Masculló finalmente

Hermione ahogó un grito en su garganta hundiéndose un poco más en su cama, la noticia que Neville había burlado las reglas de colegio y ahora que precisamente Malfoy lo había descubierto la dejaron conmocionada – no puede ser – pronunció sin aliento.

-Tengo la peor de las suertes, de todas las personas que podrían haberme descubierto, ha sido Malfoy precisamente quien lo ha hecho ¡Maldición! – Exclamó furioso.

Hermione observó a Neville afligida - ¿Por qué lo hiciste? – preguntó

-¿El que?

-Hacer trampa en las pruebas ¿Por qué lo hiciste?

Neville la miró incomodo – Nada me gustaría más que tener tu habilidad en los estudios, pero no es así, si no aprobaba esos últimos exámenes perdería el séptimo curso, y mi abuela…- los ojos de Neville se llenaron de lagrimas que trataba de controlar – Mi abuela me miraría con desprecio, ¡No podía permitirlo!

Hermione se acercó a Neville rodando sobre la colcha y lo observó con compasión – Tu abuela jamás podría mirarte con desprecio – declaró la joven mientras extendía el brazo sobre los hombros de su amigo.

Neville apoyó los codos en sus rodillas y hundió el rostro entre sus manos –Tienes razón no me despreciaría – admitió el joven brujo – pero su mirada cambiaria para siempre, preferí engañar al colegio que defraudar a la abuela. No seria capaz de aguantar sus reproches.

-¿Y como crees que te tratara al enterarse de lo que has hecho?

Neville levantó la cabeza y observó a Hermione horrorizado, era evidente que no había pensado en ello.

-¡Oh Neville! – dijo Hermione lastimera.

-¿Qué voy a hacer? –espetó el joven con desespero.

-Hablaremos con la profesora McGonagall, ella entenderá –propuso Hermione

-¡No, Nunca! – Exclamó Neville dando un salto fuera del sillón -McGonagall no será más clemente que el mismo Snape en sus tiempos.

-¿Pero que otra salida tienes?, ¡a estas alturas ya lo sabrá! – sentenció Hermione

-No, aun no lo sabe. Malfoy no se lo ha dicho a nadie.

Hermione puso lo ojos como platos en señal de asombro.

-No te entusiasmes – continuo Neville – Me ha chantajeado.

Una expresión de furia apareció en el rostro de la joven bruja. - ¡Maldito canalla! - Exclamó mientras abandonaba de un salto la comodidad de la cama - ¿Qué te ha pedido?

-Nada aun –explicó Neville – Pero me ha dejado claro que debo entregar retribuciones por su silencio.

-¿Cómo ha podido enterarse? – dijo Hermione más para si misma que para Neville.

-Se me ha hecho imposible averiguarlo

-¿Cuánto le pagaras?

Neville rió amargamente – No hay galeones en este mundo que compren el silencio de Malfoy, sospecho que me ha hecho esta propuesta para mortificarme, el sabe que no poseo nada que el pueda querer por lo tanto es solo cuestión de tiempo para que se instaure una demanda penal en el ministerio y anulen mi educación, lo más probable es que rompan mi varita en dos.

Por un instante Hermione tuvo una visión de Neville siendo guardabosques de Hogwarts, molestado por los hijos de Malfoy y ahogado en las barreras que sus propios errores le habían impuesto. Si, es demasiado dramatica.

-De ninguna manera – declaró Hermione con convicción – No permitiré que Malfoy arruine tu vida

Neville la observó con agradecimiento – Eres muy dulce Hermione, pero ¿Que puedes hacer tu contra él?

Neville tenía razón, no poseía ninguna arma con la cual convencer a Malfoy de mantener la boca cerrada, pero debía intentarlo, era indispensable que ayudara a Neville.

-Hablaré con él, No tiene derecho, no puede aprovecharse de tus errores.

-Hermione – dijo Neville apaciguadoramente – te agradezco enormemente esta ayuda que pretendes brindarme pero no puedo permitir que te involucres en esto, son mis problemas y yo veré como los soluciono.

Hermione tuvo que morderse la lengua para no refutar los argumentos de Neville.

-Ahora, estoy algo cansado y voy a dormir, tú deberías hacer tu tanto

La joven asintió en silencio.

Neville se acercó para besar tiernamente la mejilla de Hermione y revolverle un poco las hebras rizadas de cabello castaño – Gracias por tu preocupación, eres sin duda la mejor y más valiosa amiga que poseo – susurró antes de desaparecer rumbo a su habitación.

Hermione lo vio marcharse y una oleada de tristeza se instauró en su pecho, Neville era un ser excepcional y al igual que Harry, aunque no con la misma intensidad, había sufrido sus propias tragedias, de ninguna manera permitiría que Malfoy arruinara su vida, antes arruinaría ella la de él.

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¿Dónde estaba Draco Malfoy? Fuera de todo lo pensado se había arriesgado a buscarlo allí, en The west tower, Malfoy se preparaba en negocios internacionales, quizá para manejar las empresas Malfoy o algún otro negocio familiar, realmente no lo sabía a ciencia cierta. En algunas ocasiones se cruzaban en los largos pasillos pero el acuerdo tácito instaurado entre ellos los obligaba a ignorarse completamente. Lejos quedaron los insultos y ataques en los desiertos pasillos de Hogwarts, ahora las miradas se encargaban de transmitir todo.

Hermione caminó mientras lo buscaba entre la gente. Debía estar por allí, en algún amplio salón de columnas blancas y paredes crema oscuro, decorado con pinturas costosas y algún cuadro meritorio. De pronto lo vio, al final de uno de aquellos salones elegantemente decorados, vestía una larga túnica negra de cuello alto totalmente cerrado, su cabello rubio y su pálida tez le daban un cierto aire de fragilidad, pero bastaba ver su mirada para conocer realmente la arrogancia y la orgullosa fuerza que poseía. Tenía un aura de agresiva confianza y eso era lo que más molestaba a la joven castaña: Su estupida presunción.

No paso mucho tiempo hasta que Malfoy se hubo percatado de su presencia, al principio Hermione creyó ver asombro en sus ojos pero pronto se dio cuenta que estaba equivocada, era repulsión lo que expresaba su mirada. Hablaba con dos jóvenes y hermosas brujas, flirteaba con ambas y ellas parecían encantadas por ello. Malfoy la ignoró por varios minutos hasta que nuevamente levantó la mirada encontrando por segunda vez los ojos de Hermione posados en él. Entendió que la joven castaña venia en su búsqueda.

Con una radiante sonrisa se despidió de las dos brujas, besó las mejillas de ambas y salió de aquella habitación pasando junto Hermione sin dirigirle una mirada. La joven lo siguió a través del largo pasillo hasta que Malfoy se detuvo frente a una gruesa y alta puerta blanca que abrió sin vacilar, observó a Hermione significativamente y entró en aquel salón sin añadir palabra. Hermione trató de infundirse valor y auto convencerse que se hallaba preparada para lo que estaba por venir.

-Me sorprende tu presencia Granger ¿Puedo saber a que se debe? – dijo Malfoy una vez la joven hubo cerrado la puerta.

-No deberías sorprenderte. He venido a discutir sobre Neville.

Malfoy sonrió con petulancia y excesiva burla –Así que el inútil de Longbottom te envía para suplicar en su nombre.

-Neville no sabe que estoy aquí. Y creo que te equivocas al decir que el es un inútil, te aseguro que es mucho más valioso que tu.

Malfoy inclinó la cabeza con la presunción de un rey, y la rabia invadió la mente de Hermione pero se obligó a mantenerse en calma y con la cabeza clara.

-Te escucho – dijo Malfoy segundos después.

-Como ya dije quiero hablar de Neville – repitió Hermione

-Eso, ya lo sé

-Le estas chantajeando por lo que hizo

-¿Chantaje? – Preguntó Malfoy con descaro – es una palabra ofensiva.

-Es aun más ofensivo lo que haces con Neville

- Horrible, ¿verdad? – su profunda voz masculina puso nerviosa a Hermione, y ella odiaba perder el control de las situaciones, especialmente cuando un enemigo acechaba. - Longbottom se lo ha buscado, ha engañado a la comunidad mágica por años, ahora debe pagar.

La ira dominó a Hermione -¿Quién eres tu para juzgarlo? – gritó elevando el tono de su voz.

-¿Y quien eres tu para defenderle? – contraatacó Malfoy – que yo sepa aun no recibes tu titulo de Legisladora

Se observaron como dos contrincantes en un cuadrilátero.

-Malfoy – agregó Hermione tratando de inyectar un tono apaciguador a la conversación – talvez no te has dado cuenta pero Neville es un tanto ingenuo, en aquel tiempo…

-Olvídalo Granger, no me convencerás de nada con esos argumentos, Longbottom no es un crió – la interrumpió Malfoy frunciendo el entrecejo – es un hombre que tuvo la osadía de engañar y timar para obtener un beneficio, pienso que del mismo lugar donde le nació el coraje para realizar tal hazaña debe salir el valor para afrontar las consecuencias de sus actos.

-No eres quien para juzgarlo – replicó Hermione – también has cometido errores y nadie te ha reprochado por hacerlo.

-Si hubieses tenido la oportunidad de hacerlo lo hubieses hecho – agregó Malfoy observándola con suspicacia – Tú, San Potter y Weasel siempre desearon verme lejos de Hogwarts.

-La cuestión es que no puedes responsabilizar a Neville

Malfoy pudo percibir cierto toque de desesperación en la voz de la joven bruja – Claro que puedo Granger, en efecto tengo las pruebas suficientes para demostrar su culpabilidad, recuerdo que aquel tiempo me pareció extremadamente extraño que Longbottom lograra realizar aquellas pruebas tan difíciles y sobre todo las pociones… desde entonces comencé a sospechar

-Malfoy…

-Y adivina ¿Qué?, otras personas tenían la misma sospecha que yo - Los ojos de Malfoy brillaron de satisfacción ante el angustiado rostro de Hermione – Realmente Granger si no fuese por mi generoso corazón, creo sin temor a equivocarme, que a estas horas a tu querido y larguirucho amigo le hubiesen quebrado la varita en dos.

-No puedes hacerlo Malfoy, Neville es un chico muy noble y bueno, estoy segura que si lo hizo fue por desesperación, tú conoces el estado de sus padres y aunque no lo sepas su abuela es excesivamente estricta, él solo quería terminar sus estudios en Hogwarts.

-Es curioso, cuando te conviene entras en el papel de la terrible premio anual que hace cumplir las reglas. ¿No es así Granger? O Dime, acaso eres la responsable de los errores de Longbottom.

Su estómago sufrió una contracción ante la aquella sensación de estarse introduciendo lentamente en la boca del lobo -No, pero él es mi amigo y creo que estoy en el deber de ayudarle.

-Entonces debo decirte lo mismo que le he dicho a Longbottom… La única forma de callarme es que el me haga una propuesta lo suficientemente tentadora

-¿A que te refieres exactamente con una propuesta tentadora? – inquirió Hermione

-Tú eres la sabelotodo, ¿Por qué me preguntas a mí? – Una mirada divertida nació en los ojos de Draco Malfoy mientras observa de forma descarada la esbelta figura de la castaña.

El examen al cual la estaba sometiendo Malfoy la llenó de inquietud e incomodidad, esa mirada no podía significar lo que ella creía ¿Eran tan transparentes los propósitos del blondo?, Malfoy era Malfoy y por mucho que odiase decirlo él jamás caería tan bajo ¿o si?

-¿Te refieres a dinero? – se atrevió a preguntar Hermione

Malfoy se rió – Ni un solo galeón que Longbottom me entregue me servirá de nada, tengo el dinero que necesito y requiero, no deseo un snuck más.

-Entonces ¿Qué es lo que pides a cambio de tu silencio? – preguntó Hermione deseando no escuchar la respuesta.

La sonrisa se ensanchó en el rostro de Malfoy y unos cuantos pliegues de piel se formaron en la comisura de los labios observó a la castaña con ojos de depredador – Tu harás la primera oferta Granger.

Hermione abrió los ojos ante la declaración de Malfoy.

-Has echado las culpas de Longbottom sobre tus hombros, ahora te corresponde ofrecerme un pago por mi silencio

Hermione sintió un fuerte escalofrió recorrer su cuerpo ante las palabras pronunciadas por el rubio.

-No se que puedo ofrecerte a parte de dinero – confesó Hermione

-Ni yo – admitió Draco – por eso tendrás hasta mañana después de la hora de la cena para presentarme vuestra oferta, de no parecerme oportuna entonces presentaré una contraoferta.

-¿Y si no tengo ninguna? –cuestionó Hermione

-En ese caso ofertaré yo, veremos que nos conviene más… a los dos. – dijo. Malfoy avanzo un paso en su dirección

Hermione tuvo el impulso de retroceder para mantener una distancia segura entre ellos, pero se abstuvo -A los tres –corrigió Hermione

-A los tres – concedió Malfoy antes de caminar a su lado sin decir algo más. – Mañana a esta misma hora escucharé tu propuesta Granger y no traigas a Longbottom, me irrita su estupidez. – apuntó antes de internarse en el largo pasillo.

Segundos después Hermione salía de la amplia sala sin otra sensación que la de haberse metido en la boca del lobo, un lobo excesivamente peligroso.

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-¿QUE HICISTE QUE? – el grito de Neville se escuchó en toda la casa.

-Perdóname – agregó Hermione intimidada ante la mirada de su bonachón amigo

-Creí haberte dicho que te mantuvieras alejada de este asunto.

-No pude evitarlo, lo siento

Neville tomó asiento nuevamente en la silla que había estado ocupando en el comedor, frente a sus ojos reposaba una suculenta cena preparada por la castaña, el apetito parecía haberse esfumado de pronto.

-¿Por qué hiciste eso?, te lo dije, te pedí mantenerte apartada. ¡Nunca escuchas!

-Lo hecho, hecho esta, y no me arrepiento – declaró Hermione con altivez

Neville la observó con exasperación – Y se puede saber ¿que te dijo Malfoy?

Hermione desvió la mirada hacia su plato tratando de ignorar y ocultar las enormes punzadas de angustia que nacían en su interior al recordar la mirada que Malfoy le había dirigido.

-Nada diferente a lo que te ha dicho – agregó –pero esta vez ha puesto un plazo

-¿Plazo?

Hermione asintió en silencio – Mañana debo entregarle una oferta tentadora que logre mantenerlo callado.

-En ese caso iré yo, ya te has involucrado bastante

-No deberías, no desea verte, sospecho que de hacerlo publicaría tu… Revelaría todo.

Neville respiró profundamente mientras reposaba su cabeza en el respaldo de la silla y refregaba sus manos con impaciencia en su rostro.

-¡Merlín que voy a hacer! – exclamó ofuscado

-Déjame intentarlo – indicó Hermione con tono tranquilizador – podría lograr algo.

Neville la observó en silencio por largos segundos, su mirada parecía evaluadora.

– ¿Te ha dicho algo sobre la oferta?, ¿ha dado un pista de lo que quiere a cambio?

-No – mintió Hermione ocultando la mirada – No ha dicho nada.

-Y tu tienes idea de lo que puedes ofrecerle

-No – admitió Hermione – Pero algo se me ocurrirá esta noche.

Neville se puso en pie e inicio una intranquila caminata de un lado a otro de la habitación

-Tengo el leve presentimiento de que es este el momento oportuno para apartarte definitivamente de este asunto.

Hermione se levantó situándose frente al joven con decisión.

-Que te quede claro Neville Longbottom, nada de lo que hagas o digas hará que te deje solo en esta cuestión. Voy a seguir adelante, hablaré mañana con Malfoy y encontraré una solución a este problema. Y no hablaremos más de ello, por lo menos esta noche.

Neville no pudo objetar nada más.

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Malfoy la contempló desde lejos. Apoyado en el marco de la puerta centraba toda su atención en la joven castaña que avanzaba hacia él con un semblante sereno y elegante, vestía una túnica blanca que se ceñía a sus curvas. Malfoy se preguntó si alguna vez Granger seria conciente de su derroche de sensualidad al caminar con aquel movimiento de caderas que en alguna ocasión le habían hecho desear conocer la suavidad de las formas ocultas bajo las ropas.

El joven brujo entrecerró los ojos para fijar la mirada en su presa. Hermione había llegado a la entrada del elegante salón, deteniéndose frente a él mientras le dirigía una mirada demasiado fría y acusatoria. Un suave olor a rosas invadió los sentidos del joven blondo. Sonrió internamente, pronto esos ojos y ese cuerpo con toda su petulancia y altivez, se redirían ante él. Estaba seguro de ello.

-Siempre puntual – saludo Malfoy.

Hermione le observó como de un bicho se tratase y paso de largo para entrar en el salón sin prestarle mayor atención.

Los dedos de Malfoy se cerraron en un puño con fuerza. La castaña acababa de hacer su aparición y ya le irritaba su altanería. Sin esperar más tiempo también el ingresó en el recinto cerrando tras de si la puerta y aunque Granger le daba la espalda puso percibir claramente el ligero temblor que despidió su cuerpo al saberse a solas en su presencia.

Malfoy caminó por la amplia habitación, el ruido que hacían sus costosos zapatos al chocar contra la fina madera del suelo retumbó en el interior de la misma, Hermione no le había dedicado una mirada directa aun, y tampoco deseaba hacerlo.

Finalmente el joven rubio se detuvo frente a ella.

-Parece que has pasado una mala noche Granger – apuntó Malfoy con tono de burla – Los exámenes han terminado hace una semana y dudo mucho que las huellas de la devoción que demuestras por los estudios aun se encuentren plasmadas en tu rostro. ¿Hay algo más que te inquiete?

Hermione lo miró ceñuda. Definitivamente no había pasado la mejor de las noches, su mente vagó por un sin fin de posibilidad cada vez más descabelladas e inservibles a la hora de mantener la boca de Malfoy definitivamente cerrada, por desgracia había acudido a aquella cita sin ningún argumento lo suficientemente fuerte que pudiera atraerle como oferta al joven brujo.

Al levantarse se sintió física y mentalmente agotada, su aspecto fue notoriamente preocupante al reflejarse en el espejo. Sin duda alguna Malfoy se vanagloriaría al saberse causante de ello y eso era algo que no podría permitir. Se vistió con una de sus mejores túnicas incluso utilizó un poco de maquillaje a fin de esconder su aspecto demacrado, pero todo había sido inútil, el maldito de Malfoy siempre lograba dejarla en ridículo. Como lo odiaba por ello… y por otras cosas.

-He de admitir que pensar en algo que satisfaga tu enorme ego es realmente difícil.

Malfoy sonrió descaradamente – Por primera vez estamos de acuerdo Granger, muy pocas… cosas logran satisfacerme.

Hermione de pronto sintió enrojecer sus mejillas ante el doble sentido que Malfoy había otorgado a sus palabras.

-No lo dudo – contestó ella – No se puede mantener contento a alguien que lo tiene todo, por ello busca siempre nuevas experiencias para distraerse, como por ejemplo el chantaje.

La sonrisa de Malfoy se borró, Granger no sabia nada de su actual vida, no tenia idea de nada y aun así se atrevía a juzgarlo, siempre lo había hecho, a pesar de ser inferior a él, a pesar de poseer menos riquezas y de ser una mugrosa sangre sucia, además de todo eso ella siempre lo había mirado por encima del hombro, siempre se había creído mucho más que él. Había llegado la hora de domesticar su ímpetu y ponerlo a sus pies. Pronto Granger suplicaría por sus favores.

-Por tu altanería supongo que me traes alguna propuesta, ¿ O me equivoco?

Malfoy saltó de alegría en su mente al notar el cambio en el semblante de la joven.

-Espero tu respuesta Granger- atacó nuevamente.

Hermione desvió la mirada y su respiración se torno evidentemente agitada.

-No – contestó con un susurro suficientemente audible para Malfoy.

-Vaya – añadió el blondo mientras se apoyaba en el respaldo de un escritorio situado en aquella sala – Mal asunto.

Hermione continuaba en silencio, prefería esperar que la serpiente botara todo su veneno para así saber a que atenerse.

-¿Hablaste con Longbottom?, ¿Le contaste de nuestra conversación?

Hermione asintió

-Y ¿Qué ha dicho el muy cobarde?

Hermione lo miró directamente a los ojos grises – No le he dejado replicar nada.

Malfoy pudo sentir el fuego que despedía la mirada de la joven, si tan solo esa energía se canalizara en otras… actividades. Estaba casi seguro que Granger se podría convertir en toda una joya en las cuestiones de cama. De pronto el joven fue conciente de sus pensamientos y no pudo evitar amonestarse internamente. Sin duda alguna Malfoy era un hombre que dominaba sus deseos físicos, y que no se negaba el placer de saborear la sensualidad de una mujer, pero en aquel momento no debía permitir que la lujuria lo distrajese. Primero debía arrastrar a Granger a sus dominios y luego haría con ella cuanto le placiera.

-Entonces me has otorgado la elección de negociar.

La joven no asintió ni negó el asunto, pero su mirada se mantuvo altiva y alerta.

-En ese caso, te diré lo que quiero.

Hermione tensó su cuerpo ante la expectación.

-Dentro de dos días – continuo Malfoy – Me iré de viaje por las vacaciones de invierno, poseo una casa campestre a las afueras de Londres, amplia, elegante y porque no decirlo acogedora.

Se detuvo mientras trataba de analizar las reacciones corporales de la castaña: en aquel momento tenia la mirada fija en algún punto a sus espaldas y el entrecejo fruncido, su cuerpo parecía rígido y en sus ojos brillaba la inquietud.

-Siempre he creído que las vacaciones son un tiempo de disfrute y gozo, de tranquilidad y relajamiento y por supuesto soy tan generoso que odio deleitarme con todo aquello en soledad.

Por fin los ojos de Hermione se habían posado en los de él. Malfoy sabía que ella no era tan tonta como para no adivinar el rumbo de su propuesta.

-Como sabes no tengo familia, Mi padre murió en Azkaban y mi madre un tiempo después. Así que he pensado ¿Por qué no invitar a Granger a mi hermosa casa de campo? – agregó Malfoy mientras posaba un dedo en su mentón simulando un ingenioso cuestionamiento.

El ceño de la joven se frunció aun más y la mirada se tornó preocupada y áspera, sin embargo continúo en silencio.

-Concretamente mi propuesta es esta: Tu – dijo Malfoy señalándola con un dedo – vendrás conmigo a mi casa de campo, permanecerás a mi lado todo el un mes, incluyendo navidad y año nuevo, me acompañarás, me cuidarás y fingirás quererme Granger: serás mi sombra y te preocuparas por mí al menos mientras yo este ante tu presencia.

Hermione se obligó a buscar un asiento y hacer uso de el, la propuesta de Malfoy a demás de absurda le parecía imposible de cumplir: acompañar, cuidar, querer, eran demasiados sentimientos que no podría simular, algo totalmente impensable de hacer. En el fondo no pudo negar que la propuesta de Malfoy la había sorprendido, esperaba algo más directo.

Un escalofrió recorrió el cuerpo de la castaña – Estas loco – fue lo único que su garganta pudo articular.

-¿Lo crees?, a mí me parece una oferta generosa: un poco de cariño fingido a cambio de la vida pacíficamente placentera que tu amigo conoce.

-No voy a convertirme en una de tus damas de compañía si a eso te refieres con "cariño fingido" – espetó Hermione con arrogancia.

-No tengo la más mínima intención de convertirte en mi amante. Si he de ser sincero en mi cama prefiero mujeres sensuales y ardientes. Mujeres experimentadas que sepan entregar y recibir con verdadera pasión. No quiero entre mis sabanas a una chica remilgada y asustadiza.

"Remilgada y asustadiza" se dijo Hermione mentalmente, ¿ahora se burlada de ella? Maldito canalla.

-No esperarás que me crea eso -dijo Hermione resoplando.

-¿Se te hace tan difícil creer que no deseo verte en mi cama? – dijo Malfoy con un tono de fingida sorpresa.

-Me refiero al hecho que deseas llevarme a tu casa para: ¿solo para hacerte compañía? – el tono de incredulidad de Hermione era evidente.

-Compañía y otras cosas – admitió Malfoy.

Hermione lo observó con desconfianza - ¿Exactamente que cosas?

Malfoy sopesó con inteligencia el peso de sus palabras: -Quiero que te muestres sumisa y complaciente a mis deseos, que por supuesto no incluyen compartir mi cama, aunque estoy seguro al final de la temporada acabaras rogando por que suceda. Deseo besos, atenciones, mimos, todo lo que una mujer enamorada puede hacer por complacer a un hombre.

-¡MUJER ENAMORADA! ¡ESTAS LOCO! – gritó Hermione a quien toda aquella locura la había hartado.

-No te exasperes Granger – dijo Malfoy en tono tranquilizador – Piensa muy bien lo que te estoy diciendo.

-¡NO TENGO NADA QUE PENSAR!, SABIA QUE ESTABAS DESCHABETADO PERO ESTO ES DEMASIADO – la rabia de Hermione no mostraba signos de agotamiento.

-No permitiré que me des tu respuesta en este momento, quiero que lo pienses con cabeza fría, analízalo con la almohada y mañana me comunicaras tu decisión definitiva

-No tengo nada que pensar – espetó Hermione furiosa ante la aparente calma del blondo.

-Claro que sí – afirmó Malfoy – Y considérate afortunada por no tener en cuenta tu grosera aptitud.

Hermione tuvo que contenerse para no enterrar las uñas en la aristocrática cara de Malfoy.

-Has venido a mí, me has buscado, me has insultado, me has gritado y por supuesto me has rogado en nombre de tu amigo. Yo que soy sumamente generoso he permitido que negociaras conmigo, creí ingenuamente que eras más inteligente que Longbottom y por lo tanto tendrías una propuesta que lograra satisfacerme a cambio de mi silencio pero no fue así. Ahora, te presento mi oferta y te molestas, me gritas y lanzan injurias sin detenerte a pensar a fondo en ella, sin detenerte a pensar que si definitivamente la rechazas, tu amiguito… probablemente irá a Azkaban, le quebraran la varita y anularan su educación mágica. ¿Estas dispuesta a permitirlo?

El silencio se instauró entre ellos, Hermione fue consiente de la verdad que encerraban las palabras del joven y la reacciones que podría producir su decisión.

-Lo imaginé – continuo el joven mago – Como ya te dije no estoy interesado en tu respuesta hoy, quiero que lo pienses esta noche, analízala, pasa nuevamente una noche en vela si así lo deseas y mañana iras a mi casa, aquí en Londres, y me contaras tu decisión.

Malfoy tendió un trozo de papel cuadrado donde había escrito algo en tinta azul. Hermione tuvo que admitir que no había sido consciente del momento en que Malfoy había escrito su dirección en aquel pedazo de pergamino, sin embargo la joven estaba petrificada y no tuvo la suficiente fuerza para levantar la mano y recibirlo.

Malfoy se inclinó sobre ella y depositó el papel en sus manos – Piénsalo Granger, te aseguro que no haremos nada que tu no quieras – agregó mientras rozaba casi imperceptiblemente una de las mejillas de la joven.

Hermione lo observó asustada. Los ojos de Malfoy de pronto le parecieron demasiado brillantes y transparentes: algo que jamás había visto.

-Envía una lechuza entes de visitarme, así podré atenderte como lo mereces.

Definitivamente la joven se había quedado sin habla, sentía el frió recorrer su cuerpo y la incertidumbre hospedarse en su corazón. Se sentía horrorizadamente desconcertada.

-Recuerda que tienes hasta mañana – fue lo último que dijo Malfoy antes de salir de la habitación.

Transcurrió cerca de una hora antes que la joven castaña abandonara la habitación. La cabeza le dolía y sentía un amargo sabor en su boca, se obligó a calmarse, ahora debía hablar con Neville, su querido amigo no debía enterarse de la extraña propuesta que Malfoy le había hecho.

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Con los nudillos doblados golpeo la puerta. Neville no tardó en abrirla.

-Estaba esperándote, ¿Cómo te ha ido? – preguntó el joven en cuanto la vio.

Hermione entró en la habitación y se dejó caer en la cama del brujo. – Malfoy ha hecho su propuesta… y yo la he aceptado.- Mintió la joven

-¡Aceptaste!, ni siquiera esperaste a consultarme ¿Por qué?

-No había mucho que consultar, ni pensar – admitió la joven con desaliento – El trato ya esta cerrado.

Neville palideció – ¿Y se puede saber que te ha propuesto?

Hermione desvió la mirada, había llegado el momento de mentir y tendría que hacerlo bien.

-Me ha dicho que debo ayudarle con algunos compromisos que tiene, en otras palabras, debo realizar algunos de sus trabajos mientras el viaja por las vacaciones de invierno.

-¿Trabajos?, ¿trabajos de la academia?, Pero ya hemos terminado el semestre

-No, no de la academia, Malfoy maneja algunos negocios, es allí donde debo ayudarle.

-Pero que puedes saber tú de negocios. Me estas mintiendo Hermione – sentencio el joven mirándola ceñudo.

Hermione se puso en pie y caminó hacia la puerta de la habitación

-Tienes razón no se nada de negocios – admitió con furia disimulada, la joven no ignoraba lo incomodo que era para Neville manejar sus enojos – pero Malfoy me quiere tener como su asistente personal, alguien que le lleve el té en las tardes, atienda sus llamadas, anote sus mensajes, afronte sus posibles hipases mientras él se da la gran vida con alguna de sus novias de turno. En otras palabras me quiere como una esclava a su servicio.

Neville la observó con asombro – ¿Eso te ha dicho? – quiso saber el joven.

-Así es – confirmó la joven – Y créeme no es algo placentero saberlo.

-No es justo, tú no tienes nada que ver, no tienes porque pagar por mis errores.

-Para Malfoy es mucho más satisfactorio humillarme que humillarte. Además de no haber metido mis narices estoy segura que el muy desgraciado ya te hubiera denunciado. Ahora debes disculparme pero estoy realmente cansada y me voy a dormir.

-Espera – le advirtió Neville – Dijiste que debías trabajar para él durante el invierno. ¿Lo harás desde Londres?

Hermione rió con amargura – Claro que no – dijo la joven – Tengo que seguirlo ha donde él vaya.

-Entonces…¿Harry y Ron?

Afortunadamente Hermione se encontraba de espaldas a Neville, de modo que el no pudo ver la expresión en el rostro de la joven. Hermione no había recordado la llegada de sus amigos hasta ahora y aunque no había aceptado aun la propuesta de Malfoy, sabia perfectamente que no era posible negarse a ella. Maldijo su suerte, dos años sin ver a sus amigos y ahora que regresaban no podría verlos. La vida no era completamente justa.

-Hablaré con Malfoy – dijo tratando de disimular su voz entrecortada – Estoy segura que puedo negociar algunos días de libertad.

Neville le abrazó por detrás depositando su cabeza sobre la de ella – No sabes lo que esto significa para mi, no sabes cuanto agradezco lo que estas haciendo por mi.

Hermione depositó sus manos sobre las de él – Jamás permitiría que algo malo te pasara Neville, ahora déjame descansar.

Neville la liberó. Y sin volverse salió de la habitación, de haberlo hecho Neville hubiese visto las gruesas lágrimas que surcaban los ojos de la joven.

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Malfoy tuvo razón, esa noche Hermione no fue capaz de pegar los ojos y a pesar que ya había tomado una decisión no pudo evitar tomarse casi todas las horas del día siguiente para pensar en otra posible solución. Pero no la halló

Ahora se hallaba a las puertas de aquella pequeña Mansión que era la casa de Malfoy, había esperado hasta la ultima hora del día para presentarse allí, en otras circunstancia le hubiese parecido grosero aparecerse a semejantes horas a una casa para hacer visita, pero ella no estaba allí por una visita de cortesía y tampoco Malfoy merecía algún tipo de consideración, ni siquiera se había anunciado por lechuza como el le había indicado, que le fuera quedando muy claro lo que le esperaba. Iba a aceptar su propuesta, pero jamás seria su esclava.

Tocó la puerta por segunda vez, ahora lo hizo más fuerte que la anterior y con un poco más de rabia. Cuando iba a tocar por tercera vez un elfo domestico abrió la entrada a la vivienda.

-¿En puedo servir a la señorita? – preguntó el elfo con mal fingida simpatía.

-He venido a ver a tu amo ¿Esta en casa?

La expresión del elfo se tornó incomoda – Temo que el amo no puede atender a la señorita.

Hermione puso los ojos en blanco, lo que menos deseaba ahora era discutir con un elfo – necesito hablar con él ahora, es de vida o muerte – apuntó la joven en un tono aparentemente calmado

-No puedo anunciarla ahora, pero puede ingresar al vestíbulo y esperar a que el amo este dispuesto a atenderla.

Hermione lo observó enojada, "amo", "dispuesto a atenderla", definitivamente no estaba nada deseosa de esperar por Malfoy.

-Es urgente que lo vea – anuncio Hermione – es posible que se enoje si no le avisas de mi presencia.

El elfo frunció el entrecejo en aptitud desafiante – El amo mencionó su posible visita y también dijo que era posible que la señorita viniera muy tarde en la noche, pero también fue claro al advertirme que usted anunciaría su llegada con una lechuza y es mi deber informarle que la señorita no ha enviado ninguna hasta ahora y se ha presentado aquí ignorando las ordenes del amor.

"Ordenes del amo", Hermione respiró profundamente. Odiaba exasperarse con aquellas criaturas y de hecho casi nunca lo hacia, pero… la situación era tan terriblemente estresante que no le permitía pensar con tranquilidad.

-De modo que tendré que esperar – sentencio la joven.

El elfo asintió eufóricamente con la cabeza – No puedo dejar entrar a la señorita, ya le he dicho que el amo Malfoy no esta en condiciones de recibirla.

-He entendido – espetó Hermione.

-En ese caso he de retirarme, aun hay asuntos por atender en esta casa.

El elfo domestico esbozó una arrogante sonrisa, casi tan arrogante como la de su "amo", sin duda alguna Malfoy se había esforzado por trasmitir bien su legado. Luego desapareció con un ligero "Plof"

La joven resopló, "esperar, esperar", no estaba en condiciones para esperar. En otras circunstancias hubiese admirado la belleza y la decoración del agradable lugar pero ahora solo se paseaba de un lado a otro de la habitación. Malfoy estaba en la casa, pero aun no sabia que ella le buscaba, quizá sería mejor ir en su búsqueda y así lo hizo.

Hermione subió las escaleras apresuradamente y cuidando de no hacer un excesivo ruido que pudiese advertir al elfo. Mientras avanzaba fue apenas consciente de la sencillez y la elegancia que el lugar presentaba, la nueva casa Malfoy al parecer era sumamente diferente a la antigua y tormentosa Mansión que solía ocupar la familia antes de la caída de Voldemort.

Finalmente llegó al pasillo del segundo piso, cuatro puertas se empotraban a lado y lado de este y Hermione no tenia idea de cual de ellas la llevaría al recinto que Malfoy estuviese ocupando en aquel momento. Abrió con cuidado la primera puerta a su derecha, una amplia habitación de inmaculadas paredes ocres, y una amplia cama ubicada en su centro se escondía detrás de ella, pero evidentemente estaba vacía, la segunda puerta a su lado era una especie de pequeña biblioteca que de encontrarse en otras circunstancias Hermione se hubiese detenido a admirar pero igualmente estaba vacía.

La tercera estaba cerrada apoyó el odio en ella pero ningún sonido atravesó la gruesa madera. Decida a encontrar a Malfoy, Hermione abrió la portezuela de la habitación con un alohomora y lo que vio le dejo helada. En medio de la habitación se imponía una espaciosa y lujosa cama aun más hermosa que la anterior, y sobre ella se hallaban dos cuerpos: una rubia mujer sentada sobre Malfoy realizaba movimientos pélvicos bastante reveladores mientras lanzaba gemidos nada reservados de placer, bajo ella Malfoy estaba desnudo, o eso es lo que Hermione supuso.

La entrada inoportuna de la joven logró que la mujer detuviera sus movimientos. Malfoy la miró sumamente molesto y asombrado a la vez.

—¡Maldición Granger! ¿Qué diablos haces en mi habitación?, no recuerdo haberte dicho que te recibiría aquí – gritó el joven blondo mientras se sentaba revelando el desnudo torso iluminado por la escasa luz provenientes de algunas velas que se reflejaban en el sudor de su cuerpo

La mujer había enterrado la cabeza en el pecho de Malfoy y este la abrazó con el fin, talvez, de protegerla del escrutinio de Hermione.

La castaña trató de sostener su mirada sin pestañear pero la verdad era que había quedado petrificada ante lo que había visto

-¡Granger! – Gritó Malfoy nuevamente – te he hecho una pregunta

La joven pareció reaccionar y pestañeó varias veces antes de responder —Malfoy —dijo escuetamente — necesito hablar contigo ahora

La mirada que Malfoy lanzó a Hermione hubiese podido matar a cualquiera, pero ella no podría dejarse intimidar — ¿Y se puede saber porque diablos no anunciaste tu visita? No me gusta ser importunado de esta manera

—Lo siento…Yo…

Los ojos de Malfoy se oscurecieron —Más tarde – la interrumpió - Vuelve dentro de un rato, ahora no estoy disponible para atenderte.

La joven sentada sobre el regazo de Malfoy empezó a reír e inicio nuevamente sus movimientos.

El bochorno cubrió las mejillas de la joven. Maldito Canalla.

—No me iré hasta que haya hablado contigo y si he de ser sincera prefiero que la conversación se de a solas. Además creo que has de estar interesado en lo que he venido a decirte.

Malfoy la observó fijamente en silencio por unos segundos.

-Bájate – le ordenó a la joven cuyo rostro Hermione no había podido identificar

—Pero...

—No discutiré este asunto.

La joven bajo de la cama con lentitud y Malfoy le impidió que se llevara la sabana blanca para tapar su cuerpo, de manera que Hermione tuvo que esconder la mirada con pudor mientras ella recogía las prendas despedidas por la habitación y se marchaba de ella pasando por el lado de Hermione sin vestirse aun ni demostrar la menor vergüenza.

En ese momento se dio cuenta que él la estaba mirando cómodamente envuelto entra las sabanas de su cama. Demasiado relajado para el gusto de Hermione.

-¿Acaso no piensas vestirte? – Preguntó la joven observándolo enojada, algo de su anterior coraje había regresado – No tienes la menor vergüenza.

-No tengo nada para avergonzarme, has sido tu quien ha importunado en mi casa, sin anunciarte, ha entrado a mi habitación sin permiso y ha arruinado mi noche ¿se puede saber quien te ha dejado seguir?

-Nadie –admitió Hermione – Me he colado

Malfoy guardó silencio pero su mirada hablaba por si sola: deseaba ahorcarla

—Es necesario que hablemos Malfoy, ahora. – sentenció nuevamente Hermione

—Tendrás que esperar a que me ponga algo de ropa. Ve al vestíbulo y espérame allí – le ordenó Malfoy

Hermione estuvo a punto de replicar por su imperativo modo de hablar, pero sospechaba que de no obedecer Malfoy se hubiese vestido delante de sus narices sin importarle en absoluto el asunto. Antes que eso pudiese llegar a suceder Hermione salió disparada hacia el lugar indicado por el joven mago.

Afortunadamente para ella, Malfoy no tardó en bajar. Vestía una salida de baño azul que dejaba entrever la parte superior de su torso, el pelo lo llevaba revuelto e iba descalzo. Inconscientemente Hermione formó una imagen lasciva en su mente.

-Te escucho – anuncio el joven.

-No demoraré en lo que voy a decirte, considero que no era necesario despachar a… tu amiga.

Malfoy se bufó ante el recato mostrado por la joven – Se lo que me vas a decir – advirtió el blondo – La despache con la esperanza que tu desearas ocupar su puesto.

Hermione le fulminó con la mirada – Deja tus sandeces para una tonta Malfoy.

-Lo que digas – concedió el rubio.

Hermione respiró profundamente antes de continuar – He venido a decirte que acepto tu trato, bajo algunas condiciones

Malfoy frunció levemente el entrecejo – No estipulé en ningún momento que pudieses poner condiciones.

-Pero lo voy a hacer – aclaró la joven – y son dos.

El mago hizo un mohín de disgusto en sus labios – Habla.

-Primera, no trataras de propasarte, no me obligaras a nada y no me gritaras.

El blondo sonrió con sinceridad – Creo haberte dicho que no haremos nada que tu no quieras. Así que no debes preocuparte por ello.

-Segundo – continuo Hermione ignorando las arrogantes palabras de Malfoy – Necesito tres días de permiso para regresar a Londres.

-No – respondió rotundamente el joven frunciendo el ceño – Ni un solo día.

-¡Solo serán tres días!- exclamó la joven furiosa ante su terquedad.

-No – sentenció Malfoy.

Hermione cerró los ojos con fuerza – Esos día pueden ser negociables – añadió en un discreto susurro.

Malfoy la observó interesado - ¿Negociables?

Ambos permanecieron un rato en silencio. Ella sopesando la reacción del mago y el barajando las opciones de la negociación. No tardó mucho tiempo en comprender lo que aquella opción podría representarle.

-De acuerdo – acordó Malfoy – Pero la negociación se hará cuando llegue el momento.

Hermione sabía que aquello era una desventaja pero por ahora era lo único que podía conseguir.

-Hecho – dijo la joven extendiendo su mano para sellar el pacto.

Malfoy fijó la vista en la mano extendida de la joven y sin darle tiempo para reaccionar la aprisionó entre sus brazos y la besó. Pasó los dedos por sus castaños cabellos y acaricio las suaves hebras que se ocultaban bajo su nuca. Los labios de la joven se separaron sorprendidos y el mago aprovechó aquella ventaja par invadir con su lengua la boca de la joven. Hermione trató de impedirlo pero Draco la había tomado firmemente por la nuca y le fue imposible alejarlo.

Segundos después Malfoy se apartó y contrario a todas las reacciones que otras mujeres había tenido en la misma situación, Hermione le abofeteó, el golpe fue tan fuerte que su eco se reprodujo en el espacio abierto del vestíbulo, la mejilla ardió bajo su contacto y la mano de Hermione sufrió otro tanto.

-¡Esto no estaba en el trato! – exclamó Malfoy adolorido.

-El trato inicia cuando estemos en tu casa de verano, no aquí – espetó la joven con la garganta seca.

Malfoy sonrió con petulancia – Partiremos el lunes en la mañana, iré a recogerte.

-No – declaró la joven – No quiero que Neville nos vea juntos

Malfoy frunció en entrecejo la sospecha invadió su interior pero prefirió callar.

-De acuerdo Granger, te espero aquí el lunes.

Hermione asintió y antes de que Malfoy pudiese agregar o hacer algo más salio rápidamente de la casa.

El brujo tocó su adolorida mejilla y una torcida sonrisa de satisfacción se posó en su rostro. Había disfrutado más de lo que imaginara el beso, y tenia que admitir aunque a regañadientes que había sido diferente a todos los besos que había robado, Hermione le supo a inocencia y a una clara dulzura que nunca había conocido, y luego el golpe, ¡Vaya temple el de la Granger! Esa noche Malfoy quedó estupefacto ante el imputo de la joven. Por segunda vez se preguntó como seria Hermione si toda esa energía se canalizara en otras… actividades. Muy pronto lo sabría.

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¡Hola a todos! Espero que les haya gustado este primer capitulo, y que igualmente la historia resulte atrayente para todos ustedes.

Ahora dos peticiones importantes:

Primera. Dado que el capitulo es algo extenso y aunque de verdad lo he revisado, puede ocurrir que existan algunos errores de ortografía, redacción u otros, pido disculpas por ello y si el error les parece excesivamente grave por favor comuníquemelo para corregirlo de inmediato.

Segundo: ¡DEJEN REVIEW¡, si lo lees y te gusta deja tu opinión y si te interesa tanto como para añadirlo a tu lista de alertas o favoritos por favor también deja review. TODOS DEJEN SU REVIEW.

No siendo mas por ahora, me despido

Nos leeremos pronto…

LilythWH