Capítulo Uno: LILY LA MARCIANA

La sala de Griffindor estaba alborotada, parecía que recién hubiesen ganado un partido de Quidditch, pero ese no era el caso. Los niños de tercero estaban practicando su tarea de Encantamientos, específicamente el encantamiento incendio y casi la mitad de la sala ardía en llamas. Las cortinas, largas y rojas, iban a quedar reducidas a cenizas. La alfombra tenía varios agujeros negros, que revelaban que algo inflamado había caído sobre ella.

Tres chicos estaban avivando el escándalo, y uno de ellos se reía de las consecuencias tendido en un cómodo sillón rojo.

-¡Oye, niño!, agita la varita en círculos. Te sacarás un cero si haces ese movimiento tan soso.

Sin embargo una chica estaba sentada en una mesa alejada, completamente sola, tenía un pergamino muy manoseado entre sus dedos. Sus ojos verdes y brillantes lo leían una y otra vez. Estaba tan concentrada intentando encontrar algún significado a esa carta que no se había percatado del inmenso desastre.

Uno de los chicos que estaban tendidos en el sillón, aquel que se reía tranquilamente, desvió sus ojos hasta donde estaba la chica del pergamino. No era normal que ella estuviera tan abstraída, no era normal que ella no hubiese detenido las llamas y no les hubiera amenazado con llamar a la profesora Mc Gonagall. Definitivamente, algo iba mal. Aquel chico, de pelo claro y liso, decidió actuar y se levantó de aquel sofá, diciendo.

-¡Todos a sus camas!, es suficiente por hoy. Mañana pueden seguir practicando. -no quiso mirar a sus amigos. - ¡Tú también debes irte a acostar, Liz! -la niña pequeña le hizo un puchero y con un movimiento rápido de la varita cesó las llamas de ese lado de la Sala Común.

Los otros dos chicos, sus amigos, no podían entender qué había sucedido. Estaban asombrados e incrédulos. Remus normalmente no utilizaba sus poderes de prefecto. Ese trabajo lo hacía otra persona.

-¿Qué fue eso Lunático?

-¿Qué cosa? -contestó, y al mismo tiempo moviendo la varita y susurrando i"aguamenti" /i apagaba el fuego que amenazaba devorar todo.

-¿Por qué acabaste con la diversión? Todos lo estábamos pasando bien. Ese niño de segundo parecía traído de Africa, el pelo le quedó genial.

-Sirius, yo no sé si lo habrás notado, pero yo también soy prefecto. Y si llega McGonagall se va a enojar y puede que hasta nos baje puntos.

-¿Y qué? -Remus rodó los ojos. -¿Por qué no dejaste que Evans lo hiciera?

Remus dirigió disimuladamente su mirada hacia la chica sentada en la esquina. Sus amigos siguieron la trayectoria de sus ojos y fruncieron el ceño. Ella estaba igual que desde que le llegó aquel pergamino, ni siquiera habia cambiado de posición. Tiesa en la silla, leía una y otra vez las letras rápidas de tinta negra. Ese pergamino parecía que la tenía embrujada porque no había nada más que fuese capaz de captar su interés.

- ¿Qué le pasa a Lily? -preguntó uno de los tres chicos, empujando con un dedo el marco de los lentes, para dejarlo firme en torno a sus ojos.

- No lo sé, James, pero no es nada bueno, nunca la he visto así. -respondió Remus.

El tercero de esos chicos, ese que parecía extasiado mirando cómo los niños incendiaban la sala, se acercó a ella. Con pasos rápidos y desvergonzados. Se sentó junto a ella, en aquella pequeña mesa apartada y como hacia siempre que se sentaba, abrió extremadamente sus piernas y desenterró lo que ocultaban su entrepiernas, exhibiendolo con sumo orgullo.

Remus y James lo imitaron, tomando lugar junto a ella también. La chica no les dijo ni una sola palabra.

- ¿Y? -dijo Sirius, bailando una media sonrisa en sus labios, -¿Qué ocurre, Evans? -miró hacia los restos de la sala con poco interés.

La voz ronca y densa de Sirius la tomó por sorpresa, dio un bote en su silla, y contempló extrañada a su alrededor. ¿Qué hacia Potter, Remus y Black con ella?

- Nada, de verdad no ocurre nada. -Respondió, tomando aire y deseando apretar los ojos para ocultar el brillo acuoso de su mirada.

- ¿Cómo que no ocurre nada? Pareces un pez fuera del agua, pero más fea.

- En realidad no me pasa nada que a ti te importe, Black. -contestó con desgana, como si no tuviera ánimos de pelear.

- Ah, bueno -dijo Sirius y comenzó a hojear la impecable torre de libros que la chica tenía sobre la pequeña mesa.

- ¿Lily...? -le llamó suavemente Remus, al tiempo que dejaba avanzar su brazo tímidamente, deslizándose sobre la mesa, buscando la mano de ella. -¿Es algo relacionado con tus padres?

- No...No, Remus, no tiene nada que ver con eso...es sólo que...-y le extendió el pergamino, como si aquel papel aclarara todo.

Los ojos de Remus se movían rápidamente por el pergamino, como si lo devora en vez de leerlo. Sus pupilas bailaban, leyendo una y otra vez. Cuando terminó de leer por vez número mil, abrió la boca pero no salía ningún sonido de ella.

- ¡Qué tanto pasa con este pergamino! -dijo Sirius y se lo arrebató de las manos a Remus, quien no pudo reaccionar a tiempo. Lily pensó en quitárselo pero un segundo después le dio lo mismo que lo leyera o no. Total, todo el mundo lo iba a saber.

- ¡¿Qué el estúpido de Diggory te dejó?! -Fue la respuesta de un atónito Sirius, tenía sus amplios ojos azul-grisaceo completamente abiertos y las cejas algo tensas, como si toda las dudas del mundo reposaran en su rostro. -¿Por qué? ¡Pensé que se iban a casar, si eran la pareja perfecta!

A James Potter se le iluminó la cara, un revoloteó en el pecho, unas víboras en el estomago, un zoológico entero en las venas. Se sentía completamente vivo, más de lo que se había sentido en mucho tiempo. Ahí, justo ahí, eso que comenzó a latir nuevamente, le susurraba una canción que le provocaba sentirse a cada segundo ¿esperanzado?, ¿feliz? No. Feliz no. Porque la tristeza de Lily Evans jamás sería la felicidad de James Potter, pero no podía negar que era el milagro de la vida lo que cantaba en su interior. Sus ojos cafés, como un río turbulento, tiritaban de emoción y las mejillas se le iluminaron. Pero Lily no lo notó y tampoco sus otros dos amigos que estaban muy impactados por la noticia.

Lily cerró los ojos con fuerza, no quería llorar ni ahí ni en ningún otro lugar. Se había prometido no hacerlo y comenzó a hablar como si hubiese estado esperando toda el día ese momento.

- No lo sé, chicos. Y es muy extraño porque hasta Navidad todo iba bien, de hecho iba demasiado bien. Debí haber sospechado algo porque todo parecía perfecto. Pero después, éste último tiempo, Alex se puso muy melancólico, siempre estaba callado y algo más irascible. A veces actuaba como un idiota celoso, pero nunca me dijo nada.

- ¿Celoso?, ¿De quién? -Preguntó James, intentado contener la emoción de su voz.

Lily atravesó a James con su mirada aplastante, ese dulce y tímido mirar de esos ojos sorprendentemente verdes. Le vio tragar saliva con dificultad y notó como el color de la vergüenza pintaba sus mejillas. Ella desvió la mirada de él y dijo con voz apretada.

De…ti, Remus. Alex estaba celoso de ti.

- ¿De él?, ¿Por qué? -James Potter estaba alterado. No se veía venir eso, incluso le hubiese gustado escuchar su nombre y no el de uno de sus amigos.

- No lo sé con exactitud pero tengo una idea del por qué. -comentó Lily, jugando con un mechón de sus cabellos, agregó con fingida tranquilidad. -Pero eso no importa ahora, lo que me importa es saber si ustedes entendieron algo más que yo de ese pergamino, porque no me ha dejado nada claro. Habla todo el tiempo de lo lindo que fue nuestra relación, pero no me dice porque me deja. No me da razones ¿o sí, y yo no las veo? Aunque estoy segura que a Alex le debe interesar otra persona.

- No lo sé, Lily. Esta carta parece decir…-Remus comenzó a mover el dedo por el pergamino. -...Aquí está, "Es probable que no lo hayas notado, pero yo sé que te mientes y quiero que seas feliz con lo que escogiste. De verdad, tu felicidad es lo que más me importa en esta vida"… ¿Qué escogiste, Lily?

-¡No lo sé! Remus, te juro que no he hecho nada extraordinario en mi vida. ¡Ni siquiera me he cortado el pelo! Me he pasado la tarde buscando algo, un indicio que me ayude a entender por qué Alex dice todas esas estupideces, pero no lo encuentro. Sinceramente creo que es una linda y elegante forma de deshacerse de mí.

Todos escuchaban en silencio a Lily, después que se quedó callada se sumaron a su silencio pensando en lo que les acababa de contar. Quizás pasaron un par de minutos, tal vez más de lo que notaron. Sin embargo, una lechuza taciturna los arrancó de sus pensamientos cuando golpeó el cristal de una ventana de la Sala Común. Raro, porque las lechuzas tenían su horario de llegada en las mañanas y todo el mundo sabía aquello. Pero de todas formas le abrieron aquella ventana y la lechuza sin ningún retardo se dirigió directo a la muchacha pelirroja. La chica sonrió con tristeza al ver la lechuza y le acarició la cabeza mientras el ave le picoteaba suavemente la mano. Con movimientos muy lentos, le desató la carta que llevaba amarrada a la pata.

- Es de Kate -comentó con la voz filtrada por la pena.

- ¿De la mamá de Diggory? - Preguntó Sirius, incrédulo.

Ella asintió y desdobló rápidamente el pergamino. La curiosidad la invadía y hacía que sus dedos se entorpecieran. Leyó, con desesperación aquel papel. Todo intento de dominio desapareció, ya no quería engañar a nadie. Sólo quería saber de una vez por todas por qué la madre de Alex le escribía.

Cuando terminó de leer cerró los ojos fuertemente de nuevo, porque había prometido no llorar.

- ¿Qué decía? Interrogó Sirius muy interesado.

- Dice que Alex llevó hoy a su nueva novia a la casa y que se la presentó. Me dice también que no es muy bonita, y que su perfume le marea. Después me cuenta que Alex le comentó que habíamos terminados por motivos privados y... -James ve cómo Lily duda, cómo se muerde el labio y cómo sus ojos dudan por dónde mirar. La ve respirar profundo y cómo su boca comienza nuevamente a hablar. -...me dijo también que Alex le devolvió el anillo de compromiso de la familia. No tenía idea, pero según lo que escribió Kate, Alex me iba a pedir matrimonio para Semana Santa. -Y James nota como esos hermosos ojos brillan mucho, y parece que las pupilas tiemblan tanto que van a explotar. -Kate quiere que yo le cuente por qué terminamos…Ah y me dijo que la nueva novia es además, tonta.

Lily tomó los dos pergaminos y los rompió con fuerza para después lanzarlos a la chimenea. Se pasó la manos por los ojos, restregandoselos por unos segundos.

Y tomó los libros con renovadas fuerzas. Miró a Remus con una amplia sonrisa y le agradeció por su compañía y después observó a Sirius y a James y les agradeció a ellos también. (pero sin esa sonrisa radiante que le regalaba exclusivamente a Remus)

Sirius se quedó atónito, no por el agradecimiento, sino porque ella acababa de terminar con su novio, con el que parecía ser su otra mitad, es que eran de esas parejas que caminaban de la mano por los pasillos de Hogwarts y todo el que le veía no podía retener un suspiro. Todo esto parecía sacado de otra dimensión: él ya tenía nueva novia y ella se ponía a estudiar como si nada, sin una lágrima ni un grito, ni una pataleta.

- ¿Tú eres marciana o qué? Sirius Black no se lo creía. No podía haber sido tan fácil.

Lily levantó la mirada de sus libros y con una sonrisa preguntó.

- ¿Por qué lo dices, Sirius?

- No lloras, no gritas, no hay un escándalo, no hay nada, te ibas a comprometer con él, él tiene nueva novia... y tú te pones a estudiar.

- Te lo he explicado mil veces, Canuto. ¡Ella es rara! De partida, nunca ha querido salir conmigo, ¿eso no te dice nada? ¿ah?.

Lily se recogió el cabello afirmándolo con una pluma y cuando escuchó a James puso los ojos en blanco y le sonrió brevemente. Tomó aire y con la voz muy calmada contestó.

- ¿Con qué fin voy a ponerme a llorar, o a gritar, o patalear si él ya tiene otra?…aunque no sabía que quería comprometerse conmigo...pero eso tampoco hace las cosas más fáciles. Al contrario, así que no voy a pensar en ello. El ya siguió con su vida y yo voy a tener que aprender a seguir con la mía. Y por el momento, continuar significa salir de Hogwarts y para eso tengo que estudiar…y después quizás me encierre en un convento y me haga monja y llore una eternidad.

- ¿Qué es un convento? -comenzó Sirius.

- ¿Y que es una monja? Completó James.

Remus era el único que había entendido la broma y le sonrío tristemente a Lily, le abrazó con fuerza, y ella sentía que tenía un peso tan grande en el corazón que ya no podía aguantar su pena.

- No es un buen plan, Lily. Sería un gran desperdicio si te vas a un convento. -susurró Remus.

Lily les explicó a Sirius y James que era los conventos y que eran las monjas. Ambos se miraron extrañados, corroborando la opinión de Remus.

- Si quieres, Lily, puedes pasar tus penas conmigo. -Le ofreció Sirius. -Una eternidad no estaría mal. -Agregó mirando rápidamente la expresión de ira contenida de James.
Sirius tomó todos los libros de Lily y los dejo en un rincón al ver entrar a Peter en la Sala Común.


NOTA DE AUTORA: Sí, pues al fin me he cansado y me he decidido a subir está historia aquí, voy a subir todo lo que pueda proximamente, porque ya tengo casi listo el capítulo que a la mayoría de la gente le interesa.

Y por si acaso no tienes idea de lo que estoy hablando, ignora lo de arriba y coopera con tu critica constructiva. :D