Disclaimer: Harry Potter y sus padres no me pertenecen. Son de una señora super pobre que vive bajo un puente. Y de un estudio independiente, que recién están empezando en la industria cinematografica y televisiva. Creo que se llama W.B. No sé si la conocen.

Notas: Dedicado a todos los que siempre me han sabido esperar.

"Nada se crea ni se destruye, sólo se transforma" -- Fanfiction.


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Capitulo 30: "Malas Ideas"

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-¿Estás loco? - Sururró Lily Evans, aún algo dormida, mirando con los ojos estrechos a James. -¡No! No puedo ir a ninguna parte...¿James, tienes idea de la hora qué es? -Preguntó luego de comprobar el reloj que tiritaba suavemente sobre la mesa de noche.

- El palito corto está en las dos y el largo en el tres, por lo tanto son las dos y cuarto.

-¿Estás borracho o qué? -Dijo frunciendo su nariz y acercándose un poco a él, como si intentase detectar el aroma del aire que él exhalaba.

- Nop. -Fue la escasa respuesta de James antes de deslizarse, suavemente, hasta rozar con su nariz afilada el mentón de Lily. Cuando parecía que el reloj de la habitación de Lily se había quebrado y los segundos flotaban, deshojados, sin ese tortuoso tic tac; la respiración acelerada de James se mezclaba con la electricidad del aire, electricidad que tensaba músculos, mesuraba gestos y apresuraba salivas. Un milímetro más allá, sólo un poquito más allá, y ese espléndido momento acabaría con un beso. En ese segundo exacto, ninguno de los dos pensaba en nada más que el brillo misterioso, mezcla de duda y expectación, que veían en los ojos del otro. Lily susurró, con la voz hecha un hilo... -No, no puedo ir contigo...

- ¿Por qué no? -Preguntó James, con la voz descontrolada por la decepción. -¿Porqué son las dos de la madrugada? ¿Porque no quieres tener problemas con tus padres...o porque tienes miedo?

- ¿Miedo de qué? -Repitió Lily, incorporándose cuidadosamente en la cama.

- No sé. -Dijo encogiendo los hombros. -De ti, de mi, de los dos...No sé. Quizás te asusta la horrible persona que eres cuando estás conmigo. -Las mejillas de Lily se llenaron de color, acusatoriamente. Y como respuesta resopló a la vez que juntaba las cejas.

- No te tengo miedo, James Potter. -Puntualizó airadamente. Se acomodó un mechón de pelo que caía sobre su cara, como si lo que acabase de decir él le importara un pepino.

- Yo creo que sí. Te conozco mejor de lo que finges, Lily. -Y se sentó a los pies de su cama sin que nadie le invitase, como si estuviese en su propia casa.

- ¿Qué estás diciendo? -Preguntó exasperada. -Yo no finjo nada. -agregó, y le empujo un poco con los pies. -¿De verdad que no estás ebrio?

James se sonrió y Lily no sabía si era por el intento de golpe o por eso de estar borracho. Con una sonrisa espléndida contestó. - Sólo si tú estás segura que no tienes miedo.

- No tengo miedo. -Aseguró de inmediato. -No tengo miedo ni de mi, ni de ti, ni de nadie.

- O sea, ¿te da lo mismo si en este momento...-comenzó James mientras se levantaba de la cama y se dirigía hacia la puerta de la habitación. -...despierto a tus padres y le digo que algún día te casarás conmigo?

- James, aléjate de ahí. -Advirtió Lily, poniéndose tiesa.

- ¿No te da ni un poquito de miedo que tus padres sepan que estoy aquí?

- ¡Te van a escuchar! -Lily no podía dejar de apretarse los dedos, era evidente, estaba aterrada. Con la voz hecha un hilo, le dijo. - Sal de ahí y quédate callado. - Intentaba apoyar sus pies sobre la alfombra de la forma más cuidadosa posible, no quería provocar ni el más mínimo ruido que despertara sospechas. -Creo que estás drogrado, James.

James se rio nuevamente, como si quisiera dejar ese tema a su imaginación, luego ensanchando su sonrisa se separó de la puerta. - ¿No te da miedo que haga esto? -Preguntó mientras giraba el pomo de la puerta sobre la que estaba reclinado y salió hasta el pasillo. Los ojos de Lily se agrandaron, llenos de incredulidad y terror, provocando que se alterara hasta su respiración, hacia gestos con las manos y le miró de la forma más reprochadora posible a James, quien tenía una sonrisa triunfadora estampada en la cara.

- Entra a la habitación, por amor de Dios, James. Me tienes los pelos de punta -cuchicheó. -Y, por favor, deja de hablar tan fuerte.

- ¿Lily, has pensado que tu vida es muy aburrida? A-bu-rri-daaa. Quizás deberías salir más de noche, ver las luces de la ciudad, bailar, reírte. No sé, quizás deberías pellizcarte para saber si sigues viva.

- Sí, sí. Pero entra de una maldita vez aquí.

- Voy a entrar sólo si accedes a salir conmigo. -James se plantó decidido en medio del pasillo. Sus facciones afiladas se adivinaban en la oscuridad, completamente serio. Lily rodó sus ojos, como si estuviera realmente cansada de escuchar eso. Luego de unos segundos y fruncir sus labios hasta dejarlos convertidos en una linea recta, murmuró. -Cuando quieras, James, pero ahora entra y quédate callado.

- Ahora -Respondió James -Sal conmigo ahora.

- ¿Ahora?

- Sí, es ahora o nunca, Lily. Quién sabe si mañana estamos vivos, hoy día somos una esto. -dijo apuntado a Lily. -...mañana somos sólo polvo mezclándose con la tierra, con un montón de cemento vertido sobre nosotros. Sal conmigo ahora o nunca, Lily Evans. -Ella estaba atónita, su mirada lucía confusa y tragaba saliva esperando encontrar las palabras precisas. -Sal conmigo, Lily. -Repitió James, con un tono suplicante. -Por favor.

- ¿Qué pasa si no salgo ahora mismo contigo?- Preguntó con la voz en un hilo.

- Nada. No pasa nada. Ni nunca pasará nada; tú seguirás tu camino y yo el mío. -Contestó fingiendo un tono apenado, los ojos de Lily brillaban tal como lo hacen unos trozos de cristales rotos en la oscuridad de una noche estrellada. -Y de paso...- aclaró James. -...despertaré a tus padres y les contaré unas historias que seguro les encantan...

- No te atreverías. -Dijo mientras sus ojos se hacían pequeños, escudriñando cada gesto de él para saber que tan cierto era lo que decía.

- Ponme a prueba. -Contestó retadoramente James.

- ¿Me estás chantajeando? -Preguntó mientras cruzaba los brazos sobre su regazo sólo para no avanzar hasta él y arrancarle de raíz esas mechas de clavo que tenía por pelo.

- El chantaje es una palabra muy fea, Lily. Yo sólo creo que te estoy poniendo las cosas en perspectiva. ¿Qué dices...sales conmigo ahora o grito como si estuviéramos en un partido de Quidditch?

- Te odio. -Y no lo decía ligeramente, sino que una parte de Lily realmente odiaba a James Potter. Porque era obstinado, porfiado, tozudo y mimado. Extremadamente caprichoso. A veces se comportaba como un príncipe que cuando quiere algo todo el mundo tiene que correr para darle lo que necesita. Y ella creía que a él sólo le faltaba el chantaje para hacerle ceder. James Potter no tenía límites, cualquier cosa que a él se le cruzara por la cabeza tenía que conseguirla, y a Lily no le gustaba ni un poquito ser parte de eso.

- Eso no es cierto. -Contestó James, con la voz no tan firme como le hubiese gustado. Porque la duda siempre estaba presente, quizás ahora menos que antes, pero el tema para él seguía siendo si Lily le quería con la misma fuerza que él a ella, y cualquier cosa que fuese menos ya no le bastaba. Porque quería tenerla siempre con él, a cada instante, a cada segundo. Y todo lo que no fuese precisamente eso, estar juntos en las mañanas, en las tardes y en las noches de todos los días del resto de sus vida, para James, era igual no quererlo lo suficiente. Y entre no querer lo suficiente a alguien y la indiferencia no había, para él, mucha separación.

- Sal de mi habitación, James. -Le ordenó Lily finalmente. Tenía los ojos con ese brillo tan especial que le da la rabia y la desesperación. James no quiso presionar más. Lo que estaba destinado a ser, que fuera sin más intervenciones.

- Te espero abajo, en la calle. -Sin embargo, no pudo resistirse a tomarle el pelo un rato. -Pero si quieres me quedo y veo como te cambias.

- ¡Sal de mi cuarto!

James deshizo el camino hasta la ventana de Lily, y le dedicó una última mirada enigmática, como si estuviera seguro de que su plan funcionaría, sin embargo, a medida que descendía a duras penas por los muros de la casa de los Evans, esa seguridad se desvanecía, sobre todo cuando recordaba la cara de irritación de Lily.

¿Y si Lily no baja?

*****

Cuando Sirius escuchó un ruido extraño provenir desde detrás de la verja se preocupó por un momento, pensando que podría estar tras ella el Señor Evans y su gran -e inexistente- escopeta apuntando a la espalda de James. Pero luego escuchó un ruido extraño que reconoció como parte de la colección de James, muy similar a ese otro que hace cuando come lechugas. Después oyó algo similar a un silbido, pero Sirius se hizo el sordo porque, a decir verdad, ya estaba aburrido de esperar.

Se suponía que sólo esperaría veinte minutos y ya habían pasado más de cuarenta. Además no era una noche particularmente cálida. Sirius pensó que aquello era tan típico de James, hacerle esperar más de lo necesario para perseguir a Lily Evans hasta la Luna si fuese necesario. A Sirius le parecía que James se merecía, como mínimo, ser ignorado unos minutos. Sin embargo, después escuchó a su amigo conjurar algo similar a una súplica desde el otro lado de la verja, y aunque Sirius Black era de los tipos que se sentaban con las piernas muy separadas, como si la hombría le molestará entre medio de los jeans, hablara fuerte y utilizando un gran número de palabrotas y cultivara ese look similar al de James Dean, incluyendo, siempre que podía ese cigarrillo apenas sujeto entre los labios, escuchar la voz de James Potter en problemas era algo que siempre lograba romper ese cascarón de tipo duro.

Se levantó de su asiento y se alejó lentamente de la moto hasta llegar a aquel lugar del cual provenían los quejidos de James. Luego no tuvo más que poner un pie en aquella muesca que su amigo había intentado ocupar como trampolín y tomar la mano de él. Cuando Sirius le vio entre por el pequeño espacio que dejaban los leños, James traía el rostro sucio con polvo, tal como si se hubiese hecho extraños dibujos similares a los que utilizan los miembros comandos de un ejército muggle. A Sirius le dieron ganas de reírse y James se sonrió tan pronto como lo vio. Ambos tuvieron que tragarse silenciosamente las carcajadas sólo por temor que apareciera el señor Evans y aquella escopeta. Tan pronto como Sirius comenzó a jalar, James se quejó.

- ¿Qué te pasó?

- No es nada, sólo me lastimé la mano con un alambre y tú me rozaste la herida.

- ¿Qué te pasa a ti? -Pregunto James a media , Jimmy. Pero te aconsejo que cruces luego esta reja, que estoy perdiendo fuerza en los brazos.

- ¿Tú? ¿Perdiendo fuerza en los brazos?

- Es que estás muy gordo y no traje mis espinacas...

- ¿Qué?

- ¿Nunca has escuchado hablar de Popeye?

- Ehm...no. ¿De qué siglo es? -Preguntó James mientras se encaramaba entremedio de la reja con la ayuda de Sirius.

- De éste.

- ¿Y qué hizo? ¿Qué descubrió?

- Nada, Jimmy, es sólo un maldito dibujo animado muggle.

- ¿Y tú como sabes esas cosas, Sirius?

- La pregunta, en realidad, es porque tú no las sabes... ¿Te vas a quedar toda la noche colgado? Me está doliendo y este palo me atravesará el costado.

Finalmente James consiguió cruzar, se enterró también la punta de los palos entre las costillas y se tuvo que aguantar las ganas de chillar. Sirius, mientras se sobaba los brazos, caminó en la oscuridad de vuelta a su motocicleta semi escondida tras un árbol y cuando estaba a punto de arrancarla con una fuerte patada, James lo detuvo, diciendo:

- No, espera, Sirius. ¿Qué haces?

- Nos vamos. -Al ver la cara de terror de James, agregó. -...Mira, entiendo que te guste Lily y que mueras de amor y bla bla bla, pero no pienso quedarme toda la maldita noche aquí.

- Yo tampoco pienso quedarme aquí toda la noche aquí, Sirius.

- Entonces...¿por qué no nos vamos ya?

- Porque tenemos que esperar a Lily...

"¿Tenemos?"

La cara de Sirius mutó del aburrimiento a un grado de alteración inusual en él. El tipo duro, relajado, que siempre daba la sensación de no importarle mucho que el mundo se incendiara a su alrededor, murió en ese momento, naciendo un histérico que no paraba de preguntar casi a gritos.

-¿Qué? ¿Qué crees, James? ¿Que mi hermosa y nueva N.U.E.V.A moto es taxi? ¿No quieres que lleve a Lily en el manubrio? No, mejor...¿No quieres que Lily conduzca?

James se revolvió el pelo, típico gesto de él cuando estaba nervioso, respiró profundamente antes de contestar. - ¿Sirius, la has visto? Es tan pequeña que cabe en el bolsillo de mi camisa.

- No, no es cierto. Arruinará los amortiguadores, estropeará la suspensión, los neumáticos morirán y no podremos utilizar el turbo. Lo instalé ayer, Jimmy. Ayer. No, váyanse en el autobús noctambulo o caminando. Los dos. O tú solo, porque todo esto es tu culpa.

- No sabía que fueras tan egoísta. -Comentó James como si le hablara al viento, con notas de decepción mezclándose en su voz.

"¿Egoísta?"

Sirius no escuchaba a James, sólo pensaba en su motocicleta y lo mucho que había trabajado para dejarla tan perfecta como él quería. Se imaginó a Lily sentándose entre James y él, y luego vio su motocicleta desbaratándose como si fuera hecha de papel mojado. Salió de su ensoñación cuando escuchó el ruido de una puerta abrirse y luego vio algo similar a la figura de Lily Evans cruzando el umbral de su reja. A Sirius no se le escapó el detalle que ella no tuvo que saltar, sino que pasó por la puerta principal, caminando. Ni tampoco la sonrisa triunfal que compuso James en ese minuto.

- ¿Cómo hiciste eso? -Preguntó James quien también notó que Lily no tuvo que encaramarse arriba de la reja.

- Sólo tuve que empujar la puerta, James. Estaba abierta, siempre lo está...

Sirius y James se miraron por primera vez desde la pequeña pelea y ambos se sintieron increíblemente estúpidos. A ninguno de los dos se le ocurrió probar aquello.

- Hola, Sirius. -Dijo Lily. -No sabías que estabas aquí. -La voz de Lily sonaba neutra, indescifrable. Sirius no sabía si estaba sorprendida o incómoda.

- Yo tampoco sabía que me tendría que quedar hasta este momento. -Lily vio la expresión de hastío de Sirius, y algo en ella se encendió poniéndola de mal genio.

- ¿Qué cosa no sabías? ¿Que yo estaba aquí? Pues, esta es mi casa, Sirius...De hecho, la conocerías si no fueras un embustero que... -Lily miró fugazmente a James y luego se quedó callada. Notó que él estaba tenso y que fijaba su mirada en el cielo estrellado de aquella noche de verano.

"¿Embustero? Quizás un poco...bueno, sí."

Pensar aquello, que Lily le había llamado embustero, hizo que a Sirius se le pasara un poco el fastidio, y para componer las cosas, bromeó. -Pero creo... que de cierta manera prefieres, Lily, que no haya venido a tu casa. Como un montón, te aseguro que tu despensa nunca hubiese vuelto a ser la misma. -Sirius intentó sonreír al finalizar y se sorprendió cuando se dio cuenta que Lily intentaba hacer lo mismo.

Cuando Sirius examinaba a Lily, a través de sus ojos brillantes, parecía una chica normal. Bonita, sí, pero él no era capaz de ver aquella cosa que parecía hipnotizar a James hasta dejarlo más tonto que un troll de las montañas. Pero esa noche, bajo la sombra oscura de la noche, Sirius fue capaz de notar pequeñas cosas, casi detalles, que antes no había sido capaz de percibir. Lily era una chica valiente. Era más de medianoche y ella, al parecer, se había escapado de casa, dejando a sus dormidos padres para salir con James. Y no se había puesto a gritar como una loca cuando le vio a él ahí. Sirius pensó que, seguramente, como toda chica habría esperado una cita ultra romántica para dos, pero no. James estaba con un amigo y hacia que ella huyera de casa para compartir la velada entre tres. Pensar en esas cosas hizo que a Sirius se le erizaran los vellos del brazo. Y cuando la vio sonreír abiertamente mientras le decía a James. -¿Me has chantajeado para ver el cometa Halley o qué, James? ¿Por qué no dejas de mirar al cielo y me cuentas cuál es el plan?

Por eso, cuando James abría y cerraba la boca, como si fuera un pez fuera del agua, Sirius salió en su ayuda diciendo. -Tú, bonita, tendrás el privilegio de ser la primera mujer que se monte en mi moto, y después de dar el paseo más increíble que hayas tenido en tu vida, iremos a la habitación de James, nos emborracharemos y seguramente luego James tendrá que sostenerte el pelo mientras vomitas.

- Eso suena...-contestó Lily, mientras miraba a Sirius con una expresión distinta en sus ojos, similar a la empatía. -...entretenido, pero es poco probable. Yo no tengo por costumbre beber hasta vomitar, Sirius.

Sirius musitó, al tiempo que pegaba una fuerte patada al pedal de su motocicleta. - Ya veremos...

- ¿Se suben o qué?

*****

El cielo de Londres era una manta espesa y fría, la motocicleta de Sirius cortaba el aire como si fuera un afilado cuchillo atravesando el Amazonas. Las luces de la ciudad palpitaban lentamente bajo sus pies y James podía sentir el cuerpo de Lily tensarse, y adivinaba que tenía los ojos fuertemente cerrados. En ese momento le hubiese encantado ser Sirius, que los delgados brazos de Lily se afirmaran con histeria alrededor de su torso y poder sentir la respiración contenida y dulce de ella en sus oídos. Pero James comprendió que la vida es injusta, y Lily no se sujetaba desesperadamente de él, sino que al cuerpo de su mejor amigo. En todo caso, la vida tampoco era tan horrible. Lily estaba precisamente delante de él, su pelo rojo y sedoso le golpeaba la cara, sólo los separaban milímetros, los cuales eran mayormente ocupados por ropa y tenía sus manos en su cintura. James no quería abrazarla para no asustarla más, pero tan pronto como tocaran tierra firme se había prometido intentar recuperar todo el tiempo perdido.

El trayecto que hacía Sirius sobre la moto era bastante errático, como si el cielo estuviera repleto de baches; subía, bajaba, y viraba bruscamente en medio del aire. James estaba seguro que Lily se mareaba más a cada segundo. Y por un momento pensó que Sirius lo hacía a propósito.

- Ya falta poco, Evans. -Gritó Sirius en medio de la noche. ¿Podrás aguantar?

Lily sólo restregó su cabeza en la espalda de Sirius, como si intentara hacer un movimiento afirmativo. Pero Sirius no disminuyó la velocidad, ni dejó de dar esas violentas vueltas, sino que maniobró la motocicleta de tal forma, que parecía estar ensayado para un espectáculo de circo.

- Y ahora viene lo mejor, Evans. Afírmate fuerte.

James quería protestar. En realidad lo hizo, y le gritó mil cosas a Sirius, algunas nada de bonitas, pero Sirius ya había girado hasta el tope el acelerador, de modo que la motocicleta se movía tan rápido que si alguien hubiese mirado el cielo sólo habría pensado que vio una estrella fugaz cruzar el cielo muy bajito. Nada de lo que James dijo llegó hasta los oídos de Sirius, quien acelaraba y acelaraba con un sonrisa enorme invadiendo su cara.

Luego de muchos giros a una velocidad estrepitosa, la rueda delantera de la gigantesca motocicleta tocó tierra firme; el polvo se arremolinó en torno de ellos y James pudo distinguir el cuerpo de Lily un poco más alejado que el de Sirius, y descubrió que su propio ceño ya no estaba tan apretado sobre la montura de sus lentes. Respiró aliviado, por un momento creyó que Lily se caería o se que terminaría por perder entremedio de la chaqueta de su mejor amigo. Exhaló el aire de golpe, como si quisiera relajarse un poco, pero no era tan fácil. ¿Qué tenía Sirius en la cabeza? ¿Por qué hacia todas esas cosas? ¿Para desagradar a Lily o sólo porque le hacían feliz?

Cuando llegaron a Charing Cross Road, James fue el primero en bajarse; sacudió las piernas como si eso le ayudara a que dolieran menos los calambres. Se dio cuenta que Lily estaba estática detrás de Sirius, tenía el rostro levemente verdoso y la mirada acuosa. Por supuesto, estaba aterrerada. James estiró su mano para que Lily pudiera bajarse también, al tocar el suelo se tambaleó un poco, pero recuperó la compostura al segundo, estirando los pliegues de su camiseta salpicada de pequeñas flores.

- ¿Estás bien?

- Los odio. A los dos. - Lily le dirigió una mirada envenenada a Sirus, quien sonrió por respuesta. James ya no estaba tan seguro que chantajear a Lily y salir con Sirius a la vez fuera tan buena idea. Tan pronto como Lily entró al Caldero Chorreante, James le preguntaba a Sirius, en señas, qué rayos le sucedía. Sirius rodó los ojos y luego le sonrío, como si nada extraño hubiese ocurrido. James no tenía ganas de arruinar su velada, así que decidió no continuar increpando a su mejor amigo, y se enfiló hacia el interior del mugriento pub, verificando cada tres segundos si Sirius le seguía o no.

James, mientras se adentraba en el lugar, notó que Sirius se había quedado atrás, saludando a algunos conocidos y finalmente conversando con Tom, el cantinero. Se preguntó un segundo qué podía estar planeando, por qué se había comportado así. Después levantó la vista y notó que Lily no había subido ni un sólo peldaño, sino que estaba detrás de él, luciendo increíblemente indecisa. James retrocedió y le tomó la mano, sin darle la posibilidad de reaccionar, enredando sus dedos con los de ella. En ese preciso momento dejó de pensar en su amigo; se preguntó si Lily le cogía la mano de vuelta porque estaba mareada o porque quería. Después sólo sentía una gran cosquilla subiendo por sus brazos, similar a la sensación de satisfacción que le daba marcar un punto con la quaffle. James, años más tarde, recordaría eso como uno de sus momentos más extraños con Lily. Le hubiese encantando decirle muy bajito alguna tontería dulzona y cursi, algo como que le encantaban los soles que se quemaban en su pelo, o el brillo de diamantes pulverizados de sus ojos, sin embargo sólo respondió cuando ella comentó.

- James, no quiero ir a tu cuarto, todos nos están mirando...

- ¿En serio? Pues, a mi me da igual. Si quieren mirar que miren, no sé que puedan inventar y la verdad es que no me importa. ¿A ti sí?

James notó como Lily parecía pensarlo. Finalmente la vio negar con la cabeza.

La sutileza es un don y, de ése, James Potter no tenía ni una gota. Se aproximó hasta su habitación con pasos acelerados, le parecía que si Sirius se había quedado atrás era un excelente momento de privacidad para aprovechar. La mano de Lily que estaba afirmada suavemente a la suya, fue atrapada casi por un puño cerrado y James apresuraba el paso a cada instante más. Detenido frente a la puerta de su habitación, James, con su mano libre, intentaba encontrar la llave dentro de los bolsillos de sus pantalones, pero sus movimientos estaban provistos de tanta torpeza y desesperación que tardó varios segundos más que lo que normalmente le hubiese tomado.

Su habitación ahora estaba limpia. Ya no había ese olor a encierro, ropa sucia y mal humor inundando la atmósfera. Ahora incluso había olor a pino y el piso de madera brillaba tenuemente. A Lily le gustaba el nuevo aspecto de la habitación de James, y un espejo que estaba en el fondo, y que antes no había notado, le dijo a ambos que se acomodaran el cabello, que parecían vagabundos. Lily se rió, James en un intento bastante torpe por ordenar su pelo se dejó peor y Lily se acercó un poco más para arreglar su flequillo.

Por el reflejo del espejo notó la mirada inquietante de James sobre ella, sonrió confundida y pensó que le encantaría ser experta en legeremancia sólo para saber qué cosa le hacía tener ese tipo de comportamiento. Lily, en cierta forma, se sintió intimidada y no sabía qué decir. Odiaba esos momentos porque le hacían sentir increíblemente imbécil y simplona; le parecía que todo era una estupidez. Se limitó a sentarse sobre aquella silla, que antes soportaba una montaña de ropa, y a mirar alternadamente a James y las luces de Londres por su ventana.

- ¿Y esto era todo lo que había que ver? -preguntó Lily tras unos minutos de silencio.

- ¿Qué te pasa? ¿No te gusta? Si miras a la derecha puedes ver la calle, a la gente, los automóviles y los edificios. Si miras hacia tu izquierda me puedes ver a mi. Yo creo que la vista es excelente. -Dijo al tiempo que cruzaba los brazos detrás de su cabeza.

- Y si cierro los ojos podría dormir, cosa que me parece necesaria. Dicen que ocho horas diarias no le hacen mal a nadie, James.

- Si quieres dormir aquí está mi cama.

- No es necesario, tengo una. Una que me hiciste dejar bajo amenazas...pero lo que todavía no entiendo es ¿para qué?

Entonces James Potter elevó los ojos, como si estuviese buscando las palabras precisas o un poco de valor, o quizás era una mezcla de ambas cosas. O eso le parecía a Lily. Luego él sonrió al aire, como si lo que estuviera pensado fuera demasiado tonto. - Lily...¿te acuerdas que yo estaba enfadado contigo?

- Sí, ¿y por eso no me dejas dormir? ¿Es tu venganza?

- No, no es eso...He pensado toda la tarde y me he dado cuenta de algo.

- Ilumíname, oh, gran sabio. -Contestó ella, frunciendo ligeramente el ceño y cruzando los brazos, como si se preparara para un ataque verbal.

Entornando levemente la mirada y juntado sus manos, como si quisiera formar con ellas una pistola, James comenzó. - Tú te has equivocado. Y no sólo una vez, sino muchas. Has cometido un sin fin de errores, me has rechazado incontables veces y en ciertos momentos, creo que se te ha pasado la mano. Me has tratado peor que a un estropajo... -Los ojos de Lily se dilataron y se hicieron más grandes. Sus mejillas se inundaron de color y cuando iba a abrir la boca para replicar, James la interrumpió. -...pero nada de eso importa, en realidad, nunca me ha importado mucho. Es decir, por mucho tiempo creí que la manera de acercarme a ti era ignorar todos esos malos tratos. Sin embargo hoy me he dado cuenta que yo tampoco he sido perfecto, también he cometido errores, algunos bastante tontos y otros más graves.

- ¿Es eso? -Preguntó Lily. -¿Sólo eso?

- No, hay más. A decir verdad creo que los dos nos hemos dañado una y otra vez, y a pesar de que nunca fue mi intención, sé que he estropeado las cosas...pero, ¿sabes algo? Sigo creyendo en ti. Mejor dicho, en los dos. Sigo pensando que esto algún día funcionará...

Lily abrió la boca pero no sabía que decir. ¿Qué estaba de acuerdo? No, eso no lo tenía claro, por eso sólo se encogió en la silla, mientras la penetrante mirada de James la atravesaba. Lily estaba dividida, no tenía claro si debía levantarse de allí y comérselo a besos, susurrarle que sí, que a veces la gente se equivoca y que todos merecen segundas oportunidades, sobre todo él. Pero por otra parte, no podía dejar de pensar en las horribles cosas que había hecho James, que, quizás, nunca se diera cuenta del enorme daño que le había hecho y que creía que necesitaba tiempo, mucho tiempo, antes de que volviera a escuchar de esa boca las típicas palabras de amor.

- ¿Qué opinas? -Preguntó James, y en ella, las frases no lograban cruzar la frontera de sus labios. Cuando por fin abrió la boca, se quedó callada porque en ese preciso momento entró Sirius Black con una botella oscura y grande en la mano, y tres copas en la otra. Los miró de reojo y se puso a tararear una canción, la misma con la que había despertado a James en la mañana. A Lily le pareció que él cantaba porque se dio cuenta de la interrupción y no se le ocurría nada más hacer.

- ¿Por qué estás tan lejos, Evans? - Sirius movió la botella en el aire, al tiempo que sonreía abiertamente. ¿Acaso están en un funeral? Que yo sepa, nadie se ha muerto todavía, y digo todavía porque cuando prueben esto querrán morirse por no haberlo descubierto antes. ¿Estás lista?

- ¿Para qué? -Contestó Lily a la defensiva. ¿Para probar eso?

- Sí y para jugar a mi juego favorito de mesa. Se llama strip-poker.

- Sirius... -llamó con tono de advertencia James. - No vamos a jugar strip poker. Nadie quiere verte desnudo.

- Ustedes se lo pierden. -Sirius se sentó en el suelo y se sacó los zapatos sin ayuda de las manos, sino que restregando un pie contra el otro. Lily reparó en el detalle que los calcetines tenían agujeros y Sirius en respuesta agitó sus pies, como si la estuviese retando a que dijera algo sobre ellos. Pero ella guardó silencio, y cruzó una mirada significativa con James.

Las tres copas posadas sobre el suelo, recibiendo estoicamente el brebaje amarillento y espumeante que Sirius vertía sobre ellos, burbujas subían lentamente hasta llegar a la superficie y atomizarse en diminutas chispas que se desvanecían en el aire. Sirius le dijo a los dos que se sentaran en el suelo junto a él, y en una extraña especie de triangulo se instalaron sin zapatos, con las piernas cruzadas al estilo indio. Alzaron las copas y Sirius se aclaró la garganta, y miro a lo lejos, como si mirara a una inexistente audiencia. -Amigos, nos hemos reunido aquí para celebrar que estos dos son los más grandes idiotas que he conocido en mi vida. Todo el mundo sabe que se gustan y no sé por qué no están juntos, no sé por qué se sientan en los extremos opuestos, y no sé por qué a Evans se le olvida que esta tarde la vi recostada en esa cama con James, prácticamemte encima de él...

- Cállate, Sirius. -Advirtió Lily con la cara ruborizada.

- ...Por eso ahora brindemos, queridos amigos...-Continuó Sirius. -Porque James cree que por fin ella no le esconderá la ropa y no lo dejará en pelotas vagando por colegios, brindemos porque James...

- ¡Sirius!

- ¿Saben que acaban de estropear uno de los discursos más inspirados de la historia de la humanidad? -Dijo mientras sacaba un cigarrillo y se lo ponía entremedio de los labios. - Supongo que no tienen idea. -Y entonces se bebió casi la mitad del contenido de su copa.

Lily bebía a sorbos cortos, y no era capaz de levantar la mirada hasta James, aún tenía vergüenza. "¡Maldito Sirius Black!", pensaba. A veces podía ser verdaderamente fastidioso, por eso nunca llegaría a entender qué era aquella cosa que volvía locas a todas las mujeres de Hogwarts.

- ¿Saben? Nos falta Remus y Peter y esto se parecería mucho a esa vez en que Lily habló por primera vez como persona civilizada contigo, Jimmy. Aunque también faltarían sus mocos, pero se ve más bonita así... que para algo tenemos a Myrthle.

- Eso es verdad. -Y James y Sirius se rieron a coro.

Al comienzo ninguno de los tres sabía de que hablar, por eso se conformaron con beber sin decirse mucho. A veces Lily se atoraba, otras James golpeaba el piso intentado seguir el ritmo de una melodía pegajosa y Sirius encendía un cigarrillo tras otro y formaba pequeñas esferas de humo que le cubren momentáneamente el rostro. Pero de pronto salta una chispa, un pequeño comentario que los relaja de golpe a los tres.

-Yo creo que a McGonagall le gusta Dumbledore. -James en ese momento quiere abrazar a Sirius y decirle que es el mejor amigo del mundo y que nunca querrá a nadie más que a él. Bueno, sí, pero sólo a Lily.

- No. -Replicó Lily. -¿Estás loco? No, imposible, o sea...¿Dumbledore y McGonagall?

- ¿Y por qué no?

- Porque...él es uno de los magos más poderosos del mundo.

- ¿Y ella qué? ¿Es un troll de las montañas? Además cuando joven tuvo que haber sido guapa. -Agregó James, en defensa de la tesis de su amigo.

- No sé, yo no creo...Dumbledore no se permitiría algo así...

- Lo que pasa es a ti te gusta el viejo Dumby, Lily.

Nuevamente ella sintió esas locas ganas de arrancarle la cabeza, y con la mirada algo turbia, respondió. -No, no es cierto.

Sí es cierto. -Agregó James. -Te he visto como le mirabas.

No, es mentira. Sólo lo admiro porque es un mago extraordinario y una pers...

- Te gusta, Lily. -Aseguró Sirius mientras toma un sorbo de su copa. -Yo lo leí en tu diario, así que no lo intentes negar.

"Lo leí en tu diario..."

"...tu diario"

Lily se quedó petrificada en el suelo. Luego, lentamente, fijó sus ojos en Sirius. Los dos quedaron atrapados como si fuesen un volcán a punto de entrar en erupción. Se estudiaban el rostro en silencio, analizando cada gesto, midiendo cada signo. Fue entonces que Lily descifró un descenso de ojos; la chispa de culpabilidad en los ojos grises de él. Tras una cadena interminable de segundos y de un golpe de frío recorrer la habitación, ella desvió los ojos hasta James, quien le miraba confundido y curioso.

- ¡Eres un imbécil! -Le gritó, luego le tiró la copa por la cabeza a Sirius. -¡Y tú también! -Las palabras le brotaban del pecho, tan altas y afiladas como nunca antes le había escuchado James, hasta le parecía que Lily temblaba un poco. James no comprendía qué estaba sucediendo; Sirius se limpiaba la cara en silencio y no lucía enojado, sino que tenía una expresión de mesura poco usual en él. -¡Fueron ustedes, por supuesto! ¿Cómo no me di cuenta antes? Era tan obvio...

- ¿¡De qué estás hablando, Lily!? ¿¡Qué te sucede!?

Los ojos de Lily brillaban repletos de lágrimas a medio formar; estaba tan enojada y herida que no se podía contener. Esta vez quería desfigurarle el rostro a los dos, arrancarles el corazón y lanzarlo por la ventana. Ellos no tenían ningún derecho a hacer eso, pensaba. Y lo repetía una y otra vez.

- James no hizo nada, Lily. Ni siquiera sabe de eso...

- Sí, claro. -Respondió irónica. -No tenían derecho, estúpidos. No tenían por qué meterse en mi vida, en mis cosas, menos aún en mi relación con Alex. -Luego dirigió su cara furiosa hasta James y le dijo. -Me siento asquerosamente manipulada. Me das asco. ASCO. Desearía no haberte conocido jamás, que nunca me hubieses hablado, mirado o puesto un dedo encima. -La voz le tiritaba y las aletas de su nariz estaban completamente dilatadas. Cuando una lágrima irrumpió en su mejilla, se la limpió rápidamente con la mano y se levantó del suelo. - Espero que te mueras. Y tú eres una mierda, Black. Los dos lo son.

Antes de que alcanzara a abrir la puerta de la habitación de James, Sirius le flanqueó el camino, poniéndose como escudo entre ella y la salida. -Sí, tienes razón, Lily, soy todas esas cosas, pero antes que te vayas tienes que escucharme.

- Sal de ahí, no tengo por qué escuchar tus mentiras. Y tampoco me interesan. Hazte a un lado. -Sin embargo él seguía ahí, sin moverse siquiera un centímetro. -Sal de ahí. -Le dijo en un tono desesperado. - No necesito saber nada más, ustedes tienen la culpa de todo, ustedes planearon todo esto.

- Lily... -Le llamó James.

- Eso no es verdad, Lily. James no tenía idea de esto, la idea fue solo mía. Yo lo hice con la ayuda de Peter, ni siquiera Remus sabe lo que decía ese diario. Te juro que fui el único que lo leyó...y si no hubiese tenido una buena razón jamás lo hubiese hecho.

- ¿Una buena razón? ¿Te parece una buena razón manipular a la gente, hacer que Alex hubiese terminado conmigo y leer mis intimidades? -Preguntó casi a gritos

- Lily... -Dijo por segunda vez, su voz ya no era tan sútil ni sorprendida como inicialmente.

- No, esa no es la buena razón...y sé que estuvo mal, -Lily cruzaba los brazos sobre su regazo y tenía la mirada chispeante. -Lo siento...pero era la única manera que tenía para que conocieras la magnífica persona que es James, si no lo hubiese hecho de esta manera jamás hubieses cruzado una palabra con él.

- ¿Y qué sabes tú, Black? ¿Te crees Dios o algo parecido? Nadie sabe que hubiese pasado si tú no hubieses robado mi diario y se lo hubieses dado a Alex, nadie podría saber eso...

- ¿Lily? -James no comprendía del todo qué estaba pasando. Era la tercera vez que pronunciaba su nombre y ella le ignaraba. Sólo se dedicaba a gritarle y gritarle a Sirius. Lo único que James sabía con certidumbre era que su velada se había ido al tacho de la basura. Quizás si ella se calmase un poquito y le explicara qué estaba pasando con Sirius podría tener solución, pero esa idea parecía imposible de momento. Lily gritaba. Ni siquiera le miraba, y tenía tanta rabia que estaba apretando los puños como si en cualquier minuto fuera a estamparle un golpe en la cara a Sirius. James ni siquiera sabía si Sirius se lo merecía o no.

- Yo sí sé lo que hubiese pasado, es bastante fácil de adivinar. Te hubieses quedado con él, y jamás hubieses tenido la oportunidad de...

- ¿De qué? ¿De ser un espantapájaros humano? ¿De morirme de pena sin saber que había de malo en mi?

- No. Sin saber si algún día serías más feliz con otra persona. La oportunidad de saber si estabas con la persona correcta. Dime, Evans, ¿estabas con la persona correcta? ¿Alex te hacía más feliz de lo que te hace James?

En ese instante James le miró directamente a los ojos y Lily parecía haber quedado en blanco. Sus mejillas se inundaron de un violento rojo y luego desvió sus ojos hasta Sirius. - Eso no es asunto tuyo, Black. Sal de la puerta.

- Sí, sí es asunto mio. Ese que está ahí es mi mejor amigo, Evans, y ya estoy harto de verlo como trapero tuyo. O lo tomas o lo dejas, Evans, pero, por favor, no juegues más con él.

- No estamos hablando de eso, Sirius. Estamos hablando que eres un criminal, un subnormal que se cree el rey de todo el mundo.

- ¿Realmente estás triste o enojada por descubrir esto? ¿Realmente, Lily? Pues, qué quieres que te diga, me parece que quizás estás impresionada, pero de cierta forma lo esperabas. O más que eso, creo que te da igual. Sólo estás montando un show para no afrontar cosas importantes.

- Claro que no, estúpido. No estoy haciendo un show. Esto es un problema de formas, no me parece la manera adecuada de proceder tomar las cosas de alguien y conspirar contra ella para hacerle caer en una trampa. No soy un animal de presa. Quizás James y yo nos hubiéramos conocido igualmente, sin necesidad de hacer sufrir a las personas, Black. Tú no puedes, ni tampoco debes, inmiscuirte en las vidas de otros. Yo no me meto en tu vida...

- Sí, sí lo hiciste. Y por lo mismo decidí robarte tu diario. Te metiste en mi vida el día que James puso sus ojos sobre ti. Y por cierto, Lily, yo no te obligué a nada, ni te empujé en los brazos de nadie. Todo lo que ha pasado desde que me robé ese diario hasta ahora, ha sido cosa de ustedes dos. A lo mejor si Diggory no le hubiese dado tanta importancia, nada de esto hubiese ocurrido. Yo no podía controlar las emociones de él, ni que fuera James el elegido para calmar tu pena, esas cosas han pasado porque sí, o al menos, porque tú lo has querido así.

- Déjame salir.

- No, porque aún no termino...

- ¿Lily? -Le llamó James.

- No, tú cállate. -Le contestó. -Sal de ahí, Black, no me obligues a sacar mi varita.

- Me da tanto susto, Evans. -Replicó irónico.

- Lily...

- Sal de ahí, Black.

Luego sólo hubo un fuerte destello que los encegueció a todos porque ya estaba harto. James levantó su varita antes que todos y la varita de Lily salió volando por lo aires hasta aterrizar justo a sus pies. Sabía que probablemente podía enojarse aún más por aquello, pero no se le ocurría otra manera de detener aquel griterío. -Lily, ¿quieres tranquilizarte?

- ¿Quieres que me tranquilice después de saber que sólo he sido manipulada todo este tiempo? Y más encima, tú me quitas mi varita.

- No creo que te guste mucho la idea de irte a Azkaban, y si matas a Sirius terminarás ahí. Además, no tengo idea de lo que están hablando. ¿Pueden explicarme? Porque al parecer, soy el más perjudicado...

- ¿Ves, Evans? El es el más perjudicado. No tú, tú has salido ganando, a largo plazo, pero has ganado igualmente...¿Te imaginas te hubieses quedado con Diggory? Uy, no quiero ni pensar en lo aburrida que sería tu vida. Te he salvado, puedes empezar a darme las gracias.

- Cállate, Black. No quiero escucharte.

- Lo de las gracias es en serio.

- Sirius, no abuses. Y explícame que es todo esto. Lily, ¿por qué no te sientas?

- Pero que se siente lejos de las copas... -Agregó Sirius.

- No, gracias. -Le contestó Lily a James, de un modo seco.

- Por su parte Sirius se sentó apoyándose en la puerta, como si él fuese una especie de guardián, sacó un cigarrillo que encendió con un movimiento rápido del encendedor contra sus jeans y luego de dedicar una mirada fugaz a Lily, comenzó. -¿Te acuerdas que te gustaba Lily?

- Aún me gusta... -Aclaró James. - Aunque me diga que me odia y que soy un imbécil que le da asco.

- ...Bien, ¿te acuerdas que salía con un soso enorme, con menos gracia que chupar un clavo? -James asintió, conteniendo una sonrisa. -Ya, esta señorita tenía un diario, no sé si lo sabías, y uno de esos días que tú me tenías con las bolas de este porte de tanto hablar de ella, se me ocurrió una idea...

- Bastante mala y cruel .-Agregó Lily, airadamente.

- ... Ella siempre estaba escribiendo en un diario, eso lo supe porque me obligabas a espiarla, y como a mi no me interesaba mirarles las piernas, a diferencia tuya, yo sí notaba esas cosas. Un día tome una cosa tuya, James, tú sabes qué...

- ¿Fue con la capa de James? -Preguntó Lily.

- ¿Cómo sabes eso? ¿James se lo has contado?

- ¿Puedes seguir, Sirius?

- ¿Pero esta muchachita lo sabe todo, todo, TODO?

- Sirius, ¿podrías seguir explicando? -James, evasivo, lucía impaciente.

- No creas que se me va a olvidar, Jimmy. -Advierte masticando lentamente un malestar. Sin embargo lo dobla en cuatro y lo guarda en el pantalón, por supuesto que lo hablarán, sólo que no ahora. -El punto es que tomé el diario y descubrí que Lily tenía ciertos afectos especiales por Remus, y que si estaba con Diggory era para olvidarse de él. Entonces, creí que si Diggory sabía de esa situación la dejaría, porque es un ególatra de lo peor...Y mis sospechas se hicieron realidad. Eso no es mi culpa, Evans. Admítelo. -Dijo mirando intensamente a Lily. -Y pensé que si ella era "abandonada" por ese espantapájaros sería una buena oportunidad para que tú te acercases a ella y te dejaras de lloriquear por todas partes. Fin de la historia. El resto de las cosas que han sucedido no son mi responsabilidad, y tampoco las sé. Si me las quieren contar, me harían muy feliz. Me queda un poco de whiskey espumeante y tengo ganas de escuchar historias de amor. Pero antes que todo...¿James qué sabe Lily sobre nosotros?

- Lily frunció ligeramente el ceño.

- ¿Nosotros? -Repitió James

- Sí, nosotros. Ya sabes, tú y yo en noches de luna llena. -Lily los miró confundida- ¿Qué sabe Lily? Si se lo has contado, no tienes derecho a enojarte por esto, además lo he hecho por tu bien...Y si se lo has contado, creo que te asesinaré, en todo caso.

- No sabe nada.

- Lo sé todo. Me lo contó James.

- ¿Por qué le has dicho eso, Lily?

- Porque es la verdad y quiero que a Black le de un infarto.

- No lo sabe todo...TODO, Sirius. Sólo sabe algunas cosas.

- ¿Más encima tú me guardas secretos? Estoy casi segura que alguna vez me dijiste que no querías más misterios entre nosotros. Es suficiente, me largo de aquí. Ha sido una noche espantosa.

- No te puedes ir sola, Lily, déjame acompañarte.

- No, gracias. Puedes quedarte con Black, y que su enorme ego te aplaste porque acá no hay más espacio que para ellos dos.

- Sirius con una mueca en la cara, se hizo a un lado para dejarla salir, James antes de salir de la habitación y correr tras ella, tomó algo que parecía un gran trozo de tela muy ajado y le dijo a Sirius. -Ponte cómodo. Vuelvo en un instante.

Sirius completamente solo, bebiendo directamente de la botella, le contestó irónico. -Sí, seguro. -Pero James no escuchó eso porque iba en una carrera frenética tras los pasos de Lily.

James la alcanzó en la acera, estaba parada junto a la calle con la mirada puesta en el horizonte, como si esperase por algo. Una suerte de Penélope, claro, si tan sólo James supiera que existe alguien llamado así. Claro que sí, pensó, tiene que estar esperando el Autobús Noctambulo. No sabía muy bien qué decirle. Aparte de "Lily, perdóname, no quería ocultarte nada, sólo que hay secretos que no te puedo contar completamente porque no me pertenecen" Y también le diría luego muy bajito, "no te vayas, quédate aquí, conmigo". Pero no fue capaz de decir eso, por lo mismo se quedó callado y decidió avanzar paso a paso hasta ella. Lo hacía de manera ruidosa, dándole la oportunidad a ella de huir despavorida o aceptar su presencia. Lily le miró por encima del hombro, tenía los ojos redondos, como si estuvieran llenos de lágrimas que no quería dejar escapar. Quebrada, confundida. Lily era tan inestable que James a veces se sorprendía de su fragilidad, y seguía sin decirle nada, sólo la intentó abrazar y ella se resistió a ese abrazo. James le dijo -No seas tonta, ven acá. Porque no había que ser un genio para saber que estaba a punto de largarse a llorar. Y Lily se mostró un poquito más flexible y entonces James aprovechó ese instante de duda para pegarla a él, y sostenerle la espalda, justo aquella parte donde se marca la linea del sostén. Estaban juntos, apegados pero no excesivamente. James no quería mal interpretaciones, ni dobles sentidos, porque en ese momento sólo quiere estar junto a ella, y no le importaba si era para arruinar su camisa con lágrimas gordas y calientes.

James no entendía muy bien por qué lloraba, pero no le quiso preguntar en ese momento. A lo mejor era cosa del período, su madre solía decir que él jamás comprendería de esas cosas. Pero como fuese era mejor así. Que ella gimoteara despacio junto a su pecho, que a veces le faltara el aire y que hiciera un ruido extraño. Y que el pudiera casualmente tocarle el cabello, como si fuese una niña de cinco años jugando a peinar su muñeca favorita. Creía que Lily tenía el pelo de popurrí. Cuando lo agita el viento, o en este caso sus dedos, sale ese olor que lo envuelve todo y que lo deja más suave. Ese olor que huele a frutas o a flores. O a flores de arboles frutales. James no ha encontrado nunca un olor similar con el cual compararlo.

A lo lejos, en ese horizonte donde Lily tenía puestos sus ojos, apareció una luz potente y vertiginosa, se proyectó sobre ellos dos focos grandes y amarillos que se detuvieron a un palmo de la cara de James. Se bajó del vehículo el tipo barrigón y rodó los ojos cuando reconoció la cara de James y notó el pelo de Lily. James se imaginó que aquel sujeto estaría pensado, "Oh, no, no de nuevo estos dos". Lily se separó de él suavemente, traía la nariz roja y la mirada vidriosa. Las mejillas húmedas. James no podía desviar la mirada de sus labios encendidos, como si estuvieran afiebrados. Podía ver la lengua de ella brillando escondida detrás de sus dientes. Y los movimientos tenues de su mentón al tragar saliva.

- Gracias por todo. Nos vemos.

Luego se subió al autobus y detrás de ella el tipo panzón. James dudó sólo un segundo si dejarle ir o no, y ni siquiera alcanzó a terminar de formular su dilema cuando las hojas de la puerta temblaron para cerrarse. Un segundo más tarde y se lanza directo al asfalto frío de la calle. Por eso se sorprendió cuando se vio de pie, algo dolorido, entre los peldaños. Buscó a Lily con la mirada y luego se sienta junto a ella.

- Hola.

Ella no le respondió. Sólo le contempló sorprendida, como si tuviese sensores en vez de pupilas y estuviera escaneando sus pensamientos. James se sintió aliviado cuando ella le sonrió sutilmente, un segundo después miraba por la ventana. Sólo un momento, porque entonces se fijó en James nuevamente, con expresión ligeramente dudosa, y le preguntó.

- ¿Qué es todo, todo, TODO?

James tragó saliva y miró intensamente el piso metálico del autobús. Sabía que algún día tendrán que hablar de eso, aunque le parezca absolutamente incómodo. Pero le parecería menos incomodo si ambos estuvieran lánguidos y evaporados. Rendidos. Si ambos tuviesen algunos mechones empapados de sudor y los labios más hinchados.

- Algo que importa mucho, pero no tanto como saber si Sirius tenía razón. ¿Por qué te enojaste tanto con lo del diario?

Lily se lo tomó en serio. Es prolija cuando elige sus palabras, y habla lento, extremadamente pausado. No despegaba sus ojos de las gafas de James, y se ha puesto roja porque no está a acostumbrada a pedir disculpas. - Primero pensé, equivocadamente, y me siento muy mal por eso, que tú tenías algo que ver con el robo del diario. Y después me sentí manipulada...

- Como si fueras el títere de alguien. -Completó por ella. -Eso lo puedo entender. Me he sentido muchas veces así. - James no era consciente que su cuerpo tiene vida propia, que sus manos, sus brazos, su espalda, él entero se acomodaba en relación a Lily. Ni siquiera tenía idea en qué momento sus manos se alargan como una suerte de tentáculos y llegaron hasta el pelo de Lily. Lo toca, forma rizos entre sus dedos y no puede despegar sus ojos de los de ella. La mira como habla, como frunce el ceño y a veces como sus comisuras se extienden y forman una curva preciosa. Como se marcan los hoyuelos en sus mejillas. El aleteo de sus párpados cuando esconde una sonrisa bajo su flequillo destellante bajo las luces amarillentas. El mundo marchaba rápido sobre ese autobús y James creía que está en una burbuja donde él y Lily viven a otro ritmo, más suave, más definido. Sencillamente perfecto. Incluso le pareció escuchar un magistral...

- Lo siento mucho.

Todo lo que no era Lily era borroso, el paisaje cambiante de las ventanas, el resto de los pasajeros, él mismo. No sabía dónde comienza su existencia y la de Lily, en momentos así se siente absorbido por ella, magnetizado. Como si fuera una veela que lo encandila con su débiles movimientos.

- ¿Me dejas salir? -Pregunta Lily. -Ya llegaremos a mi casa. -Antes de que pueda reaccionar el autobús frena fuertemente, ambos se golpean contra el asiento delantero y luego ella se pone de pie tan dignamente como puede. No fue necesario decir "Te acompaño hasta la puerta" James sólo lo hizo. Le siguió por el pasillo y desciende los tres peldaños. El autobús se fue y Lily entonces se asusta y le dice – No deberías haberte bajado.

Y James hizo un movimiento con sus hombros, porque realmente no le importaba. Hasta le divertía la idea de llamar de nuevo el dichoso Autobús Noctambulo y que el tipo panzón se enojara de verdad porque de nuevo son ellos quienes lo están esperando. Y que le dijese "Me hacen perder el tiempo, por qué no juegan a otra cosa, mocosos"

Y aún estaba oscuro y hacía frío. Quizás el momento más frío del día. La nariz de Lily ya no está roja y los ojos ya no están congestionados. Y ambos se sentían en uno de esos momentos clásicos de película, donde el tipo va a dejar a la chica y ella le tiene que invitar a pasar a su casa a tomar algo como signo de que todo marcha bien. Pero Lily no tenía casa al cual invitarlo, porque son las cinco y un cuarto de la mañana, toda su familia duerme y ella está en la calle sin permiso. Y James por su parte tenía a un amigo y muchas preguntas abandonadas en su pieza en el Caldero Chorreante.

James le iba a decir adiós, que descanse bien y esas cosas que una dice en serio, pero la mayor parte del tiempo a modo ritual. Y Lily le iba a decir algo que no alcanza a pronunciar porque se ríe cuando los dos hablan al mismo tiempo.

- Disculpa, habla tú -Le dijo James y Lily no caerá en esas discusiones de "No, tú primero" Las mejillas se le encienden cuando le dice. -¿Podríamos juntarnos mañana? Ya sabes...a una hora más normal, como las tres de la tarde. Si tienes planes o no puedes, no importa, nos vemos otro día...-Se interrumpió inmediatamente, porque fue consciente entonces de que ELLA le estaba pidiendo una cita A EL y que James estaba sonriendo lentamente, hasta dejarle una mueca que por poco no le ahorca. James esperó toda su vida por ese instante, y su respuesta no podía ser otra.

- Por supuesto. ¿Te paso a buscar a las tres?

- Síp. -Y Lily jugaba con sus manos levemente transpiradas y sintió cuarenta nudos en el estómago cuando tragó saliva y se aproximó a él. Cuando Lily pone de puntillas se da cuenta que James es más alto de lo que creía. Bastante más que ella y si él no se dobla un poquito jamás podría besarle de la forma en que tiene planeada. O sí. Porque Lily le toma desde la polera y le tironea hasta que la punta de sus narices se rozan. Estaban frías. Lo último que vio fue su cara de sorpresa y luego nada más, sólo muchas chispitas brillar en el interior de sus párpados, pero eso es lo de menos, por lo menos para ella.

Un jalón desde el centro del pecho, después un latigazo ahí, en el corazón. Dos, tres, cuatro. Quizás veinte por segundo. O más. Quizás ahora era en todo el cuerpo. James estaba siendo besado por Lily y cerró los ojos de un modo automático, el ritual de las lenguas enredándose, bailando y reconociéndose no podía ser de otra forma. Las manos de ella detrás de su cuello, perdiéndose entre su pelo, y James perdiéndose entero en los labios y la cintura de Lily. En la cintura, ni un poco más abajo ni arriba, porque ese lugar era perfecto. El quiebre de Lily, donde se hacía más angosta y más pequeña y de donde parecían nacer todas sus dimensiones. Los engranajes del cerebro de James funcionaban momentáneamente, a veces se embotaban y se perdían en la sensación de helado derritiéndose en la boca ardiente de Lily y otras pensaba que ese momento soñado era mucho mejor que en su imaginación. Como siempre debería haber sido. Un viaje de descenso en un columpio, y de ascenso tan vertiginoso que ya no sabía que es arriba y abajo. Ya no sabía si realmente necesitaba respirar porque todo era suave y dulce, como el sabor de Lily. Necesitaba abrir los ojos, ver si efectivamente todo aquello era real. La oscuridad ya no tan absoluta, la casa en penumbras tras ella, ella. Ella y sus labios encendidos y carnosos.

- Ya es tarde, tengo que volver a casa. - Sentenció Lily, y parecía que le dolía decir aquello.

- No se lo pidió, solo lo roba. Se acercó a ella y le besó de nuevo, pero mucho más intensamente, apretándola tanto que los átomos de Lily podrían desaparecer en medio del aire. Y cuando sintió que ya no era robado, sino prestado, cuando Lily le devuelve el beso con la misma devoción empleada por él, algo dentro de él se trizó formando una gran grieta que jamás podría ser reparada. - Buenas noches, Lily.

Pero ella no le dijo "Buenas noches". Le hablaba casi al oído, desde muy cerca, tanto que a James le parecía que sus débiles pecas se multiplican y brillan alrededor de ella. -Quizás tengas razón. -Y no podía evitar que la piel se le pusiese de gallina. -Tengo miedo. Especialmente de quien soy cuando estoy contigo. - Si alguna vez Lily planeó matar a James jamás se le hubiese ocurrido esta forma, pero era la más efectiva. Un león rugió en su pecho botando barreras de carne y dejandolo hecho solo nervios. -Pero dicen que admitir el problema es el primer paso para solucionarlo. - Luego un beso en la mejilla que supo más abrasador que cualquier otro, como si los labios de ella fuesen de lava. Una media vuelta y se desvaneció en dirección en su casa.

Se quedó embobado mirando todo el proceso. Como empujaba la puerta de la cerca y luego buscaba un juego de llaves en sus bolsillos, luego la puerta principal abierta y ella regalando la última mirada y su ultima sonrisa antes de sonar aquel clack del pestillo. Cuando la puerta se cierra James todavía está de pie, contemplando la belleza de la vida. Feliz, como no se había sentido en mucho tiempo sonríe al cielo.

Entonces lo ve.

En la ventana del segundo piso hay una sombra mirando por la ventana, por una orilla de la ventana, con las cortina algo dobladas. Y aunque James no pueda ver mucho más, tiene la sensación de que esa sombra está ceñuda y con gesto poco amable.


N/A: Aquellos que le gustan los textos pulcros y bien redactados, lo siento. Lo corregí muy levemente porque si no lo publicaba ahora entonces nunca lo haría. Y no tenía mucho tiempo para efectuar arreglos. Y sé que me quedó pésimo y esas cosas. Pero no tengo más excusa que mi eterno "lo siento"

Al resto de la gente, también lo siento. Por la demora, que fue mucha, dios, lo sé. También me disculpo por lo poco, esperaba traerles dos capitulos y no uno, pero no puedo hacerlos esperar más. Trataré de demorarme menos. Por cierto, no estoy escribiendo no porque mi novio me haya dejado, se me haya muerto algún familiar o algo por estilo. Nada de eso ha ocurrido, yo no sé de donde sacan esas historias algunas personas. Si quieren saber qué pasa sólo manden un correo y yo les intentaré responder, pero no especulen sobre mi vida privada porque fue bastante LOL (y de cierta manera chocante) leer teorías a medio decir, que sugerían muchas cosas que en realidad no lo son. Estoy bien y si no escribo tan seguido es porque tengo que estudiar para un examen obeso.

cof cof FALTAN DOS CAPITULOS. cof cof (Ahora si que es verdad)

No quiero ilusionar a nadie, pero cuando termine de escribir "en la cama" tengo ganas (muchas) de escribir un long fic (y ahora me mato) Harry/Ginny. Pero la culpa no es mia, es de esa película tan mala que trató tan mal a esa pareja. Yo a la hora que soy shipper de ellos dos incendio el cine. Pero necesito shippers de esa pareja para que me contagien el espiritu. (y un par de ideas) Estoy abierta a las posibilidades.

Muchas gracias por el apoyo, en serio. Y por su interes, esta historia no me pertenece, si fuera así, estaría sólo en la mitad. Todos esos comentarios que han dejado en el ultimo capítulo son maravillosos y de cierta manera me recuerdan que tengo un compromiso con ustedes, porque está historia es de ustedes y les pertenece más que a mi.

Besos!

maite.