Sol de mediodía

Capítulo XV: "Amor"

El sol que inundaba el prado de lado a lado daba de lleno en su cabello color cobre, su mandíbula estaba apretada por la turbación y sus ojos verdes observaban llenos de preocupación.

- no tienes que hacerlo, Bella – susurró quitando las lagrimas de su rostro cariñosamente con el dorso la mano – no quiero que estés triste, no tienes que decirme nada que te haga sentir así de triste, esperaremos hasta que estés preparada… – la besó en la frente.

- estoy preparada, Edward… - discutió, testaruda y aferrándose a las solapas de su chaqueta – necesito hacer esto, necesito contarte esto a ti, por favor escúchame, quiero hacerlo. -

Edward se veía contrariado, era evidente que no estaba de acuerdo, pero de todas formas asintió. No quitó la mirada de ella cuando Bella tomó su mano entre las suyas y volvió a indicarle que se sentara entre las flores; Edward lo hizo, pero la atrajo con él y la tomó con suavidad para sentarla en su regazo y la rodeó con los brazos protectoramente. Eso fue bueno, le dio el valor a Bella para comenzar.

- a veces… - comenzó - me aterra que Lizzie, y ahora tú, sean tan cercanos a mí - Edward frunció el ceño sin comprender, ella explicó avergonzada – tengo una facilidad para hacer sufrir a la gente que más quiero… -

- Bella, jamás digas… -

Puso uno de sus dedos sobre los labios de él para pedirle silencio. Continuó.

- mi madre se llamaba Reneé… - tomó una bocanada de aire. Solo entonces sintió cuán difícil era hablar de ella - Reneé era muy joven cuando ella y Charlie se casaron, fue uno de esos amores locos e inmaduros – sonrió - ambos se enamoraron perdidamente y en menos de tres meses estaban en una capilla en las Vegas frente a un oficial, casándose… - negó con la cabeza sonriendo – Reneé era maestra en una escuela de niños y Charlie era jefe de policía, siempre fue tan… correcto, pero igual se casó como un adolescente enamorado – su sonrisa vaciló – Charlie estaba muy enamorado de Reneé – observó los ojos de Edward, él la miraba con atención - no pasaron otros tres meses más y Reneé ya estaba embarazada de mí. -

- Charlie era de Forks, y era el jefe de policía por lo que de alguna u otra forma, debíamos vivir allí, pero mi madre era muy infeliz. – sonrió culpable - en eso creo que me parezco a Reneé, no somos grandes fanáticas del frío y la lluvia; la diferencia está en que Reneé no pudo soportarlo y el vivir en Forks con mi padre se volvió casi un suplicio – su sonrisa vaciló y observó las flores alrededor – la infelicidad de Reneé terminó por acabar con el matrimonio de mis padres, ella no lo aguantó más y yo no tenía más de cinco meses cuando Reneé decidió partir conmigo a Phoenix. –

- Reneé era una persona bastante especial, lo sé por los pocos recuerdos que tengo de ella y lo que me habló Phil años después. Reneé era un alma libre, la eterna niña soñadora, Reneé no estaba hecha para cuidar de alguien o preocuparse por los demás, era ella la que debía ser cuidada – sonrió amargamente y acarició el cabello de Edward con los dedos – algo totalmente diferente a mí; Reneé era capaz de tropezar con la misma piedra dos veces y aunque juró por los dioses de todas las religiones en el mundo que no volvería casarse jamás, en menos de dos años estaba casada otra vez.-

Ambos sonrieron.

- recuerdo bastante al Phil de aquellos años, su nuevo marido… – aclaró, sus ojos brillaron por los recuerdos – era divertido y joven, bastante más joven que Reneé, pero de igual forma se casaron, estaban muy enamorados y eran como una pareja de cuentos. Él era jugador de beisbol en las ligas menores, era un gran tipo y a mí me quería. Phil era todo lo que Reneé necesitaba y eran felices, vivíamos los tres en Phoenix. –

- ¿qué pasó con tu padre? – preguntó Edward.

La expresión de Bella cayó. Los ojos color chocolate de Charlie pasaron rápidos por su mente.

- Charlie jamás superó lo de Reneé, nunca lo hizo – se mordió el labio – estoy segura que estuvo enamorado de ella hasta el último de sus días. En cuanto Reneé y yo nos fuimos a Phoenix, Charlie se avocó por completo a su trabajo, no volvió a rehacer su vida y no buscó cambiar de ambiente. Se sumió en la estación de policía y en los recuerdos de la mujer que lo había dejado y la hija que ella se había llevado. – agachó el rostro - sé cuanto Charlie me extrañaba, en mis primeros años no lo veía mucho, solo pasaba cuatro semanas de cada verano con él en Forks, pero no recuerdo demasiado de eso – se disculpó – era muy pequeña en ese entonces… la casa en la que estoy viviendo ahora era la casa de Charlie, su verdadera casa, la que siempre consideró su hogar, la que tanto extrañaba… – agregó – ahora que estoy aquí le hice algunos cambios, pero en esencia, sigue siendo la misma casa de Charlie–

- Cuando tenía cinco años, Reneé cayó enferma, muy enferma... – se mordió el labio – los síntomas eran extraños y todo pasó muy rápido. Phil estaba desesperado, aun recuerdo su impotencia al ver sus dolores. Tengo recuerdos vagos de lo que le sucedía, mi madre tenía fiebre muy alta, estaba pálida, tenía hemorragias y estaba muy débil – sintió la garganta apretada, el rostro enfermo de Reneé sería algo que jamás olvidaría – los médicos me alejaron de ella pensando que podía tratarse de un virus desconocido, pero no – sus ojos se llenaron de lagrimas – su enfermedad era mi culpa – Edward la observó confundido, su voz comenzó a temblar - Reneé había tenido complicaciones en el parto cuando me tuvo a mí, y las consecuencias no fueron detectadas hasta que le hicieron exámenes tratando de descartar el virus. Había sido un parto difícil y riesgoso, pero había terminado con éxito al final, pero ningún médico notó lo que realmente había sucedido hasta cinco años después y cuando su cuerpo no pudo más. Al hacerle exámenes, notaron las complicaciones en el útero. Pero ya era tarde para hacer algo. Reneé murió en cosa de semanas.–

Se quedó en silencio por unos momentos, Edward acarició su mejilla con cuidado y levantó su rostro para mirarle.

- Bella, no puedes culparte por eso, esas cosas pasan… -

Se encogió de hombros.

- a veces pienso que si yo no existiera todo habría sido diferente – observó el lugar, perdida entre los colores de las flores – tal vez Reneé y Charlie estarían juntos aún, de seguro ambos estarían vivos, quizás habrían tenido muchos hijos… no lo sé, tal vez… –

- jamás vuelvas a pensar algo así… - Edward había atrapado su rostro entre sus manos y le había obligado a mirarle – nunca, no puedo ni siquiera pensar en una vida sin ti, en un mundo en el que no existas – sostuvo su mirada – a pesar de todo lo que hayas pasado, Bella, jamás vuelvas a pensar en algo así, todo lo que sucedió te trajo hasta esto Bella, hasta ahora -

Bella no pudo evitarlo. Su corazón se saltó un latido. Le sonrió, conmovida hasta los huesos. A cada segundo que pasaba se sentía cada vez mas enamorada de él, parecía que todo había quedado atrás, todas las inseguridades, las miradas duras de Edward. Él la quería, la quería de verdad.

Al mismo tiempo se acercaron y se besaron suavemente.

- Charlie siempre estuvo enamorado de Reneé – continuó Bella después de un suspiro – y no lo superó nunca. Tal vez le había sido un poco más fácil saber que estaba con otro, lejos, viva, pero después de que Reneé murió, Charlie ya no fue el mismo nunca más. Decidió ir a Phoenix a vivir conmigo; dejó su amado Forks por mí, lo dejó todo, perdió la jefatura y se convirtió en un policía más en la enorme Phoenix. Charlie estaba devastado pero no lo demostraba, se refugió por completo en su trabajo, lo veía poco y yo pasaba la mayor parte del tiempo en la escuela. Comencé a ser independiente desde que era muy pequeña. Charlie no era una mal padre, pero tenía sus propios asuntos, me quería mucho y yo era lo único que tenía, pero éramos demasiado parecidos y nos sentíamos incómodos demostrando sentimientos… - soltó el aire que contenía – Charlie no era feliz. Odiaba Phoenix con toda su alma y se mantenía allí solo por mí, sabía cuánto me desagradaba Forks y no quería hacerme las cosas más complicadas, pero entonces comencé a crecer y comenzamos a tener desacuerdos, Charlie creía haber fracasado como padre, yo era muy solitaria y eso no le gustaba. El deseaba que yo fuese más extrovertida, que saliera con amigas, que disfrutara de la vida, como él lo llamaba, no le gustaba que fuese tan retraída. – rió amargamente, de pronto la imagen de su padre se hizo muy fuerte en su memoria y su pecho se apretó – Charlie me consideraba débil… –

Sintió las lágrimas en sus ojos y su voz se quebró por completo.

- Charlie me quería mucho Edward… – sollozo.

- me imagino, Bella - la besó en la frente - me imagino cuanto te quería. Era tu padre. –

Bella asintió, una lagrima se escapó de sus ojos – tan solo nos teníamos el uno al otro, pero nunca fui capaz de decirle cuanto lo quería, fui la peor hija de todas y hasta el día de hoy me arrepiento de eso… -

Se quitó las lágrimas del rostro con las manos y tomó una bocanada de aire.

- tenía quince años cuando sucedió. – su voz se había vuelto ronca, no quería recordarlo, pero sentía que tenía que hacerlo, era hora de soltar la pena que cargaba – era tarde y volvía de la escuela, sola – observó a Edward a los ojos - Charlie odiaba que caminara desde la escuela, insistía en que debía tomar el autobús, pero yo sabía que nuestra situación económica no era la mejor y prefería ahorrar el dinero y caminar desde la escuela a la casa, pero eso él no lo sabía, nunca se lo dije… - sonrió amargamente – terminó enterándose de la peor forma –

- Charlie extrañaba sobremanera los bosques de Forks, por lo que nuestra casa estaba cerca de uno de los pocos parques que existen en Phoenix; ese día había oscurecido antes de lo previsto y yo caminaba sola con dirección a la casa… como nunca, corría una brisa helada, no helada como en Forks, pero helada para ser Phoenix… –

El sol se había escondido detrás de los cerros. Las luces de los postes eran lo único que alumbraba la calle. Se quitó el cabello del rostro y pensó en los deberes que tenía que cumplir para el día siguientes, algebra y biología. Trataba de pensar en cómo comenzar su ensayo acerca de los procesos genéticos cuando los oyó.

Estaban en la esquina siguiente. Eran dos hombres jóvenes, uno era rubio y el otro moreno. No tenían buen aspecto, sus ropas estaban sucias y tenía mal aspecto, se reían dando carcajadas descomunales y estaban evidentemente borrachos. No le extrañaba que se hubiesen emborrachado allí mismo, la esquina estaba plagadas de botellas de alcohol vacías.

Tan solo quedaban un par de cuadras para llegar a su casa, y estaba obligada a pasar por su lado.

Respira, Bella, Respira.

Cruzó la calle hacia la acera de enfrente. La calle estaba desierta. Apresuró el paso.

- ¡¿Cuál es tu nombre, bonita?! – preguntó el moreno arrastrando las palabras, clara influencia del alcohol, era evidente que le costaba hablar - ¿dónde vas tan sola…? ¿necesitas compañía? – imitó una voz de falsa seducción – pídemelo y te acompañaré… -

Se echaron a reír.

Los ignoró. Apuró el paso aun más y aferró su bolso contra el hombro con más fuerza. Oía el sonido de las risas y las botellas de vidrio golpear el suelo. ¡Faltaba poco, faltaba poco!.

- alcancé a caminar una cuadra mas allá… - sus ojos estaban perdido en los recuerdos, Edward la miraba fijamente – ellos me seguían… -

Su respiración se aceleró. Estaba aterrada, ¡casi no creía que algo así estaba pasando!. Los hombres de la esquina la llamaban y se reían. Estaban evidentemente borrachos hasta los huesos. Cada vez estaba más oscuro y su corazón golpeaba en su pecho con fuerza desmedida, el terror se había apoderado de ella, pero a pesar de que sentía las risas divertidas y burlonas trató por todos los medios de no demostrar pánico.

Inconscientemente, se aferró a su casaca.

- ¡no seas así, pequeña…! – la llamó uno de ellos, Bella sintió como la sangre se congelaba en sus venas – ¡no vayas tan rápido, no te haremos nada malo…! – los hombres rieron con fuerza – bueno, a menos que no cooperes… –

Se echaron a reír otra vez. Carcajadas, las risas se habían vuelto carcajadas.

Se aterrorizó, el pánico la invadió. Querían hacerle daño. Se apuró, ya casi trotaba… no quedaba demasiado para llegar a la casa; faltaba poco, ¡por Dios, ya faltaba poco!

- seamos amigos… - dijo otro – ¡verás que la pasaremos de maravilla! –

Se mordió el labio. No podía gritar, no tenía voz y no había nadie en la calle, tampoco podía correr, estaba más que segura que caería. Tenía que apresurarse.

Al fin vislumbró la casa. Estaba salvada, unos metros más y estaría allí. Las luces estaban encendidas…

Pero todo el sentimiento de seguridad se desvaneció en un instante.

Otro tipo apareció delante de ella. Evidentemente amigo de los que la seguían, pero este lucía diferente. No sonreía, no bromeaba, parecía furioso y estaba segura que sería un borracho violento. La decisión y la lujuria relampagueaban en sus ojos. La deseaba.

Reprimió un gemido de terror.

- ya fue suficiente… - anunció con voz dura – me cansé de jugar al gato y al ratón… -

Sus ojos se abrieron por el terror…

- no pude gritar… – susurró, apretó el cuello de Edward con más fuerza y escondió su rostro en su cuello, él acarició su espalda – estaba paralizada, eran mucho más grandes que yo y eran tres. Me tomó de los brazos con una fuerza descomunal, me dolió demasiado, me hizo daño, sabes cómo es fácil herirme… - Edward la apretó instintivamente contra él, continuó - el tipo comenzó a arrastrarme hacia los árboles del parque… -

- no… no… por favor – gimió - ¡No! – gritó - ¡ayúdenme… no! -

El tipo tenía una fuerza descomunal era casi imposible luchar contra él. Estaba decidido. La arrastró sin compasión. Estaba aterrorizada, las lágrimas nublaban su visión y el miedo había hecho que se olvidara de respirar.

Los otros dos los seguían entre risitas borrachas.

- ¿no es la hija del policía? – preguntó uno de ellos. El otro rió.

- veamos que hará su papi ahora… –

Bella estaba horrorizada. Esos tipos iban a hacerle daño. Tenía miedo, estaba asustada. ¡Necesitaba a Charlie!.

Se introdujeron en el bosque y el tipo más grande la lanzó contra un árbol. Era menuda y pequeña, por lo que salió disparada contra el tronco. Se golpeó en la cabeza.

Uno de los más jóvenes se adelantó. Era el rubio.

- yo primero… - rió – yo quiero ir primero… - comenzó a quitarse la chaqueta.

El mayor y más duro de los tres, el último en aparecer, gruñó en advertencia.

- yo primero – siseó.

- ellos querían… ellos querían – estaba ahogada – ellos… -

Al fin, soltó el sollozo y le siguió uno, y luego otro, y luego otro. Lloraba con fuerza. Las lagrimas salían sin control de sus ojos. Su voz se quebró y los recuerdos de aquella tarde la invadieron por completo. Sintió terror, el mismo miedo, la misma desesperación. Los ojos de aquel tipo estaban grabados a fuego en su memoria. Se sintió temblar incontrolablemente por los nervios, pero Edward la apartó de su cuello y le obligó a mirarle. Estaba tan desesperado como ella.

- Bella, escúchame…- no pudo contestarle, el llanto salía desde el fondo de su alma – Bella, dime, ellos… - su voz era ronca y frustrada – dime de inmediato, ¿te hicieron daño? – Bella sollozó con mas fuerza– amor, dime, por favor… ¿alcanzaron a hacerte daño? -

Negó con la cabeza sin poder controlar las lágrimas. Edward soltó el aire que contenía. Parecía que le habían quitado un peso enorme de encima. Volvió a acercarla a él y besó su cabello casi con adoración.

Pero la caja de pandora ya había sido abierta, y Bella sentía el dolor salir de su pecho en un torrente de lágrimas y sollozos.

- Edward… - gimoteó. Enterró el rostro en su cuello y se obligó a aspirar el aroma de él que tanto le gustaba para calmarse. Tenía que continuar.

- no sigas, Bella – susurró Edward, como si le hubiese leído la mente – no es necesario… no sigas –

- sí es necesario – sollozó con la voz ronca - nunca le he hablado de esto a nadie y necesito que lo sepas… -

Edward la observó, aunque era obvio que no estaba de acuerdo asintió y apretó sus labios contra los suyos en un beso.

Se sentía mareada, el golpe en la cabeza había sido demasiado fuerte y el olor de su propia sangre le indicaba que se había herido la cabeza.

Sentía las risas de los otros dos y el sonido de las botellas de vidrio al hacer brindis estúpidos. El tipo la enfrentó.

- ¿estás lista? – sonrió. Era una sonrisa cruel, la sonrisa más lasciva y asquerosa que había tenido la desdicha de ver en toda su vida

La empujó con fuerza y Bella cayó al suelo de espalda. Entonces supo que no tenía escapatoria, tal vez tendría suerte y moriría allí antes de que todo sucediera. Tal vez un ataque cardíaco sería provechoso en ese momento.

El hombre la atacó, acarició su cabello y su cuello con aquellas manos ásperas y asquerosas. Le faltaba el aire. Las lágrimas corrían por su rostro y trató de luchar contra él para quitárselo de encima cuando el tipo hizo ademán de quitarle la casaca, Bella se desesperó.

- No… no, no… ¡No! –

Lloraba, lo golpeaba en los hombros, la respiración de él era rápida, le gustaba que ella luchara contra él.

Los otros reían.

El tipo trataba de quitarle la casaca.

- deja de luchar niña… –

- ¡No… basta no! –

Quería morir, necesitaba morir. ¡¿Por qué la muerte no venía por ella ahora que la necesitaba?!.

El tipo hizo ademán de besarla, pero no alcanzó…

- ¡NO! –

Los otros dos dejaron de reír.

- ¡Es mi hija! –

El disparo rasgó el aire con la explosión.

El tipo se quedó quieto.

Los pájaros huyeron despavoridos de las copas de los arboles.

Sintió la visión nublada. El olor a óxido y sal golpeó sus narices como una bomba que había sido arrojada en su rostro. No era su sangre. Era la del tipo. Era demasiada, los ojos del hombre que la atacaba estaban abiertos por la sorpresa y su boca estaba abierta en una mueca de dolor.

Bella sabía lo que había sucedido.

El tipo cayó sobre ella con fuerza sobre su cuerpo y su peso descomunal la aplastó. Estaba muerto.

- cayó sobre mí… - lloró desesperada – estaba muerto. Era tan grande, tan pesado, me estaba ahogando pero yo solo quería morir, no quería nada mas… -

Edward parecía horrorizado.

- …Charlie estaba allí. Charlie le había disparado. Charlie me había salvado, había llegado antes de que él tipo me hiciera daño… – sollozó – Charlie, mi papá, había ido a ayudarme -

- Tenía un hombre muerto sobre mí, Edward – gimoteó - …que había estado a punto de abusar de mí y yo lo tenía en mis brazos, su sangre me aturdía, todo estaba lleno de sangre - lloró – yo tenía sangre por todos lados, la sangre de él, estaba aturdida, no sabía que pensar, no sabía si moverme… Charlie fue quien me lo quitó de encima, sus ojos… - susurró – jamás olvidaré sus ojos – estaba tan aterrado y paralizado como yo, Charlie jamás había usado su arma de servicio, esa fue la primera y única vez y había sido para matar al hombre que quería abusar de su propia hija… –

Soltó un sollozo desesperado y lloró con fuerza en contra del pecho de él.

- mi padre me quería, Edward – aferró su chaqueta adolorida por lo sentimientos – Charlie me quería tanto, y yo no fui capaz de agradecerle lo que había hecho por mí… –

- estoy seguro de que él sabía lo que sentías por él, Bella – besó su cabello otra vez – estoy seguro, amor – levantó su rostro y la observó -¿cómo supo tu padre lo que te sucedía? –

Bella tragó.

- …una de las vecinas había visto lo que me pasaba y fue a avisarle, por suerte Charlie había ido a casa con su compañero Mark… los dos fueron a ayudarme, Mark atrapó a uno de los más jóvenes, Charlie solamente tenía ojos para el que me atacaba, el otro huyó. –

Los ojos de Edward se abrieron más de lo normal.

- lo buscaron – sus ojos se llenaron de lagrimas otra vez y sintió el temblor en su voz –…pero no lo encontraron, no supimos hasta mucho después que él era el hermano menor del hombre que Charlie había matado. –

Sollozó. El rostro de Edward estaba deshecho, horrorizado; tomó su rostro entre las manos y la acercó al suyo para besarla en la frente. Bella lloró con más fuerza.

- Bella – susurró – amor… mírame – no podía alzar el rostro, lloraba demasiado – tranquila – la besó en la frente tratando de calmarla – Bella… -

Se obligó a reprimir los sollozos.

- Edward, te amo… - balbuceó.

- y yo a ti, mi Bella – la besó en la frente otra vez –…demasiado, no te imaginas cuanto. –

La atrajo otra vez hasta él y la acunó en sus brazos para que ella se desahogara. Bella sintió que su corazón se desgarraba de tanto dolor, lloró. Recordó el dolor en los ojos de Charlie y cada vez que lo hacía, lo sollozos se volvían aun mas incontrolables. Recordó el hombre que la había atacado, el horror que había sentido cuando el trataba de tocarla.

Pero ahora todo era diferente, todo había quedado atrás, ahora tenía a Edward y nunca se había sentido más protegida en toda la vida.

- me comporté como una idiota... – había logrado calmar su voz - mi padre presentó cargos y fui incapaz de declarar. – su voz era ronca y áspera – durante tres meses completos no le hablé a nadie. Nunca. No permití que nadie me tocara. Ni siquiera Charlie. Mi padre estaba desesperado. Yo solo le daba los buenos días y las buenas noches, nada más. Tenía temor de todo y de todos, Charlie me llevaba a todas partes, no volví a salir sola. Trataba de pasar el mayor tiempo posible en la casa, me encerraba en mi habitación, leía, pensaba… - se quitó las lagrimas de los ojos – Charlie no sabía que hacer…yo me sentía tan mal, ellos no habían alcanzado a hacerme nada, realmente nada… pero el terror, el miedo a que alguien volviera a tratar de tocarme a que cualquier hombre me mirara de esa forma… -

- no pienses mas en eso… - la interrumpió Edward quitando las lagrimas de sus mejillas – no pienses en ellos, no… -

- él volvió, Edward – susurró – el hermano del hombre que trató de abusar de mí, volvió. –

Los ojos verdes de Edward estaban muy abiertos

- volvió por mí… – tomó una bocanada de aire – era tarde, de noche, pero quise salir a tomar un poco de aire… sentía que me ahogaba dentro de la casa y salí al jardín… –

- ¿me recuerdas? –

Alzó el rostro al instante. Esa voz. Por supuesto que lo recordaba. ¿Cómo podría olvidarle?. Tenía su imagen grabada en la retina. El terror la invadió, se estremeció de miedo y se levantó de un salto.

Dio media vuelta…

- ¡pap...! –

Él la atrapó por detrás y le tapó la boca.

- no te la vas llevar tan fácil, bonita… – susurró – uno de mis amigos está preso por tu culpa, y mi hermano vive en un lugar mejor ahora gracias a tu papi… - rió, estaba borracho el olor del alcohol golpeó contra su nariz - ¿no creías que iba a ser tan fácil, verdad? –

Su respiración se había vuelto jadeos de terror. Se estremecía, las lágrimas nublaron sus mejillas.

Entonces, sintió el cañón del revólver en la espalda.

- tal vez te lo haga más fácil – susurró el tipo –…¿Cómo quieres?... algo un poco más lento – acarició su espalda con el revólver, Bella se estremeció – o prefieres algo instantáneo – llevó el cañón hasta su sien.

No podía respirar. Hiperventilaba. Iba a matarla. Iba a matarla.

- Bella… Bella, ¿Dónde estás? –

¡No, por Dios, Charlie, no!.

La puerta de entrada se abrió y la figura de su padre se congeló en el umbral al ver la escena. Tuvieron que pasar solo dos segundos para que asimilara todo.

En menos de un parpadeo, Charlie había sacado su propio revólver.

- ¡No tan rápido! – gritó el hombre, apretó a Bella contra él y ella gimió – ¡Si lo haces, la mato! –

- papá… -

- suéltala… - la voz de Charlie era casi una súplica. ¡Charlie no suplicaba nunca!

- ¡¡deja el arma en el suelo…!! –

Charlie no lo pensó dos veces, se agachó un poco sin dejar de mirarles… Bella no podía permitirlo.

- ¡No, papá no lo hagas! –

- ¡Cállate…! –

Gimió de dolor.

- ¡Bella! –

Charlie dios dos pasos hacia ellos. El tipo quitó el seguro del arma en advertencia.

- no te muevas… -

Ahora sí Bella lloraba, las lágrimas corrían sin control por sus mejillas. No quería que Charlie la viera morir, él no lo soportaría, ¡Charlie no podría vivir si la veía morir!.

- papá… no… - quería decirle que se fuera, que la dejara, pero no podía hablar.

- déjala ir… -

- No… -

Bella soltó un gemido de dolor cuando el tipo apretó el cañón contra su espalda nuevamente y la incrustó en su piel con fuerza.

- lo mataste… - escupió el tipo a Charlie – tú lo mataste, yo lo vi morir, ahora tú la verás morir a ella… -

- ¡No! –

Charlie se había lanzado hacia ellos. Bella soltó un grito cuando Charlie la tomó con fuerza de los brazos y la empujó hacia un costado. Cayó sobre la hierba del jardín con fuerza.

Alzó el rostro justo para verlos forcejear, Charlie trataba de tomar el arma.

- ¡papá! –

Otro disparo.

El maldito estallido que le había quitado a su padre para siempre.

Charlie estaba blanco como la cal, se aferró el costado izquierdo del abdomen y cayó de rodillas al piso.

Se horrorizó.

- ¡PAPÁ! –

Corrió hasta él con desesperación y alcanzó a atrapar el cuerpo de su padre con los brazos, ambos cayeron al suelo por el peso. Charlie cayó sobre ella.

Todo se volvió borroso. Escuchó sirenas a lo lejos. La policía había llegado. Todo estaba bien. Vendrían ayudarlos, Charlie…

No, Charlie no estaba bien.

- papá… - lloró.

Se desembarazó de él. Todo estaba lleno de sangre otra vez, ahora era la sangre de Charlie. Su propia sangre. Todo estaba teñido de rojo. Sus manos, su ropa, su pecho. Las lágrimas salían a borbotones de sus ojos castaños. Bella sabía exactamente qué sucedería.

Se incorporó y trató de hacer algo, el olor la estaba mareando, pero trató de apretar la herida de su padre con las manos.

- Bella… -

- te pondrás bien papá, - susurró desesperada, tratando de calmar las nauseas – no hables, todo estará bien… -

- B… Bella… -

- ¡vendrán a ayudarte… papá! - lloró – ya vienen… podrás… -

- hija… mírame… -

No quería hacerlo. Sabía que vería los ojos agonizantes de su padre. De su querido papá. Pero lo hizo. Los sollozos salieron descontrolados de su garganta al instante.

- quiero que vivas… Bella – susurró Charlie – te adoro y todo va a estar bien –

- papá…. –

- te quiero… -

El último aliento de vida.

- ¡papá! –

- …y me quedé completamente sola. –

No había otro ruido en el prado más que el viento moviendo las hojas de los árboles y los últimos sollozos de Bella.

- no tenía a nadie más en el mundo, Charlie era lo único que tenía… – susurró con voz áspera – el dio la vida por mí y yo me había comportado como la peor persona durante los últimos meses, ni siquiera alcancé a decirle cuanto lo quería. –

Edward se mantuvo en silencio.

- no tenía donde ir y solo tenía quince años, no tenía familia… nada – tomó una bocanada de aire – me limité a vivir como autómata, no sabía dónde me dirigía, que haría de mi vida, ya nada me importaba, pero tenía que cumplir con lo que Charlie me había pedido, vivía, no de la forma que él quería pero estaba viviendo, había aire en mis pulmones al menos… -

- La Corte pensó en enviarme a un orfanato hasta que cumpliera la mayoría de edad, pero Phil se enteró de lo que había pasado –

- el marido de tu madre… – susurró Edward. Bella asintió.

- Phil, había vuelto a casarse unos años atrás y ahora vivía en Jacksonville, en Florida, con su esposa y una pequeña bebé de meses. Phil siempre había sido bueno conmigo, y no dudó en pedir mi tuición hasta que yo cumpliera la mayoría de edad. No se la negaron, había sido legalmente mi padrastro, tan solo faltaban tres años y yo acepté irme con Phil. –

- Phil y su esposa no fueron nada más que buenos conmigo… – susurró - me apoyaron sin condiciones, a pesar de que yo no era la más comunicativa, ni la mejor de las huéspedes, ellos eran una familia joven y traté de no entrometerme demasiado. Phil jamás fue como un padre, fue como una especie de hermano mayor para mí, pero yo me sentía una intrusa en sus vidas, estaba agradecida sobremanera, pero sabía que a ellos no les correspondía encargarse de mí, me sentía aún mas culpable porque Reneé, la mujer que Phil había querido había muerto por mi culpa… –

- no fue tu culpa Bella –

Se encogió de hombros.

- cuando alcancé la mayoría de edad volví a Phoenix. Volví a la antigua casa de Reneé. La casa de Charlie había sido vendida y con ese dinero entré a la universidad a estudiar literatura era algo corto y que me gustaba. Estaba cumpliendo con lo que Charlie quería, vivía. Mientras mi rutina siguiera y tuviese aire en mis pulmones, cumplía el deseo de Charlie… -

Edward sostuvo su mirada.

- pero él quería que fueses feliz, Bella –

- no podía ser feliz –

Se miraron por unos segundos, hasta que ella continuó.

- entonces apareció Jake – sonrió amargamente y se quitó el cabello del rostro – había decidido abrir un taller mecánico en Phoenix, Jake adora todo lo que tiene que ver con autos y motos – su sonrisa vaciló - solo hoy me confesó que todo lo hizo para acompañarme a mí. El padre de Jake y Charlie eran muy buenos amigos, la familia de Jake pertenece a la reserva de los Quiloute, supieron lo que había sucedido, así que Jake no demoró en buscarme en Phoenix cuando pudo mantenerse por sí mismo. –

- me sentía bien con Jake, logró traer un poco de normalidad a mi vida y se volvió mi única familia… - sonrió, Edward la observó a los ojos – me equivoqué Edward, lo eché todo a perder, nunca me di cuenta que él… -

No terminó era obvio a lo que se refería. Sintió las lágrimas en sus ojos.

- ¿ves como termino hiriendo a todos los que quiero? – agachó el rostro avergonzada, se mordió el labio antes que otra ronda de llanto comenzara.

Edward suspiró. Pasaron unos segundos hasta que movió una de sus manos hasta su cabello castaño y colocó cuidadosamente un mechón de su pelo detrás de la oreja.

- tonta, Bella – susurró, acercó su rostro al de ella y besó su labios, fue tan suave como el roce de una flor – eres encantadora, eres tan especial que todos los que te queremos estamos dispuestos a cualquier cosa por ti… –

Su corazón saltó hasta la garganta. Sintió lágrimas estúpidas en los ojos.

- ¿también estás dispuesto a sacrificarte por mí? – preguntó en un susurro.

- sin dudarlo –

Bella recordó aquella noche en Port Angeles y sacudió la cabeza. No estaba dispuesta a perderlo a él también. El lazo que había creado con él era incomparable y nada justificaría que el cometiera una locura por ella como en esa noche. Envolvió el cuello de Edward con sus brazos.

- no vuelvas a hacerlo entonces – dijo con voz fuerte y segura, estaba segura que debía lucir horrible y con los ojos hinchados de tanto llorar, pero no le importó – no vuelvas a hacer algo así, jamás, no sería capaz de vivir sin ti Edward, perderte a ti no lo soportaría. –

Lo besó con suavidad y se separó un milímetro. Apoyó su frente contra la de él.

- no te imaginas lo que siento ahora… – susurró, apoyó una de sus pequeña manos sobre el pecho de él – nunca creí poder sentir esto – la mano de Edward cubrió la suya - nunca dejé que nadie me tocara, por mucho tiempo los hombres me asustaban. Trataba de controlarlo, pero no con todos funcionaba. – le observó a los ojos – pero contigo no tuve miedo, tal vez tuve sorpresa, pero contigo todo es diferente – acarició su pecho – me haces sentir feliz, protegida… - se ruborizó – eres el único con el que deseo estar para siempre... y me gusta cómo me miras – ambos sonrieron – nunca creí ser capaz de querer a alguien ni desear estar con alguien de esta forma después de todo lo que pasó. Nunca dejé que me besaran o que algún hombre se acercara a mí con planes de conquista – se mordió el labio – a veces, aún siento miedo – confesó.

Edward la observó a los ojos y besó la punta de su nariz.

- voy a ayudarte Bella – susurró – en todo lo que necesites, creo que sería bueno que tuvieras apoyo profesional, tengo algunos amigos que podrán ayudarte... –

- no – Bella negó con la cabeza –…no Edward, ya no lo necesito, ahora los tengo a ustedes – tomó su rostro entre las manos – ustedes son lo más importante ahora, lo que ocupa mis pensamientos y de verdad me hacen feliz. – sonrió amargamente – desde que Lizzie llegó a mi vida todo fue diferente… - susurró - ella llegó a alumbrar mis días con su ternura, mis ganas de protegerla y estar con ella, no te imaginas como fue la perspectiva de separarme de ella cuando… yo… - no pudo terminar.

Edward la besó en la frente.

- Bella, eres tú la que ha llegado a iluminar mi vida, aún me sorprende cuanto logras quererla… – acarició su rostro – no sé si es posible, pero me hace adorarte más, no sabes lo que significas para mi, Bella… tu eres mi rayo de luz, tu eres mi vida – la observó a los ojos - mi vida era como una noche oscura, sin estrellas, pero decorada por la luna... una pequeña luna brillante y alegre – ambos sonrieron emocionados al pensar en Elizabeth – pero de igual forma vivía en oscuridad, hasta que tú llegaste, pasaste como un meteoro, iluminandolo todo y me has hecho ver cada de detalle con tu preciosa luz, lo has cambiado todo para siempre. –

Se miraron, ya no había necesidad de palabas. Un lazo especial se había creado. Confiaban totalmente el uno en el otro. Sus rostros se acercaron.

- Edward, te amo… -

- y yo te amo a ti –

Sus labios se encontraron para siempre.

.

Los tacones golpearon el escritorio con fuerza, Bella frunció el ceño extrañada.

- ¿son para mí? – preguntó desconcertada, tomó uno de ellos y lo observó - ¿para qué quiero esto, Alice? –

La hermana de Edward abrió la boca ofendida.

- para bailar… -

- ¿bailar? – Bella se horrorizó - ¿bailar qué? –

- el vals – aclaró - en el ensayo… -

- ¿cuál ensayo? –

Ahora sí Alice estaba enojada. Bufó con fuerza y se cruzó de brazos, una sombra de ira pasó por sus preciosos ojos azules y Bella tuvo que aceptar que lucía bastante intimidante. Ambas estaban en la elegante oficina de Alice en la librería. La pelinegra le había tendido un par de tacones enormes de color negro brillante y evidentemente costosos para que se los colocara.

- Bella – gimió Alice, chasqueando la lengua – te lo dije años atrás, hoy tenemos clases de baile en Port Angeles, te dije que no hicieras planes para el lunes, te lo dije por teléfono… ¿no lo recuerdas? –

¡Por dios!. Claro que lo recordaba ahora, había sido aquel día en que había tenido la cabeza llena de preguntas acerca de quién demonios era la mamá de Lizzie, Alice, - y había sido una coincidencia casi providencial ­– la había llamado justo en medio de su crisis existencial y había mencionado algo acerca del día lunes a lo que ella había aceptado. Desde ahora se proponía no aceptar nada sin pedir explicación dos veces.

Se mordió el labio.

- ¿…y tengo que ir? –

- ¡Bella! – exclamó Alice indignada – ¡eres mi dama de honor, por supuesto que tienes que ir! – parecía escandalizada, como si se tratara de un asunto de vida o muerte - practicaremos el vals, Rosalie también estará ahí, Emmett no sabe nada de baile y te aseguro que Jasper tampoco debe saber mucho – lucía avergonzada por tamaña ignorancia del que fuera a ser su esposo – bueno, tengo que admitir que también tuve que obligarle a él. –

- pero yo no bailo Alice, jamás – gimió dejando los tacones sobre el escritorio otra vez – y si no quieres que vuelva tu boda un completo desastre, te aconsejo que no me hagas bailar.-

Alice la observó por unos segundos fijamente. Sus labios estaban fruncidos, pero tenía una de esas miradas que te aseguraban que algo estaba siendo maquinado en su mente.

- ¿entonces con quién bailará, Edward? – susurró, parecía realmente preocupada - ¿tendré que buscarle otra pareja? –

Bella sintió como los colores se le fueron al rostro. Era estúpido. El solo escuchar su nombre, el solo recuerdo de los labios de él sobre los suyos, hacían que millones de mariposas revolotearan sin rumbo en su estómago. Tuvo que agachar el rostro o la sonrisa de idiota-enamorada-hasta-los-huesos aparecería en su rostro y la delataría.

- ¿Edward tendrá que bailar? –

- ¡claro que sí! – exclamó Alice como si fuese obvio – es el padrino de Jasper y es tradición que la dama de honor baile con el padrino… –

- tu hermana también es dama de honor, Alice… –

- pero Rosalie bailará con su marido, Emmett – soltó un suspiro y alzó una ceja – a menos que tenga que buscar una tercera dama de honor si no quieres bailar, Bella… es tradición y no te obligaré a nada, pero tengo que apurarme en encontrar a alguien - se lamentó y tomó el teléfono – llamaré a Edward, le dije que pasara después del hospital, que estarías allá, pero ahora le diré que no es necesario que vaya a Port Angeles... –

El rubor cubrió dos tonos más sus mejillas. Hacía dos días completos que no veía a Edward cara a cara. La última vez había sido en el prado. Había sido una de las tardes más maravillosas de su vida y deseaba verlo con toda el alma, pero después de eso, él había tenido un turno de cuarenta y ocho horas en el hospital y lo extrañaba montones. Además, no quería verlo bailar con otra dama de honor en la boda de Alice y Jasper.

- está bien, está bien – dijo – iré. -

Alice sonrió ampliamente y dejó el teléfono en su lugar.

- ¡excelente…! - exclamó tendiéndole los tacones otra vez – los vestidos están en el perchero… el tuyo es el de color negro y el mío es el verde. –

Se congeló.

- ¿vestidos? – sacudió la cabeza sin comprender – Alice, son solo clases de baile… -

- ¡claro… las clases de baile para mi boda! – revoleó los ojos exasperada - ¿acaso crees que bailaras de jeans y casaca en mi boda?! – parecía escandalizada – vamos póntelo, todo tiene que salir a la perfección, vamos, vamos… –

Bella dio un bufido frustrado, tomó los tacones con más fuerza de la debida y sacó el vestido del perchero. Se dirigió al baño con Alice detrás de ella.

Era capaz de hacer tal sacrificio con tal de ver a Edward.

- ¿estás segura que tu madre pasará por Lizzie, verdad? – preguntó por enésima vez. Al mismo tiempo que el Porsche de Alice ingresaba a Port Ángeles.

- sí, Bella... – dijo Alice cansada – no te preocupes por eso… la enana estará bien, Esme pasará por ella a la escuela, ¿Cuántas veces tengo que decírtelo? –

Se mordió el labio. Echaba de menos a Lizzie, había pasado las últimas cuarenta y ocho horas con ella y era extraño sentirse lejos de su pequeña.

- y Edward… ¿terminó el turno en el hospital, hoy? – preguntó como quien no quiere la cosa.

Alice le dio una mirada incrédula.

- ¿por qué no se lo preguntas a él? – dijo con una sonrisa – te dejó a ti cuidando de la enana durante estos días, además, que has hablado con él más de lo que yo lo he hecho… - apuntó el teléfono color plata que sobresalía de su bolso – tengo que admitir que casi me enferma la sobre preocupación de Edward por ustedes y si esa cosa sonaba una vez más, la haría trizas -

Bella se ruborizó como tomate. Era verdad. Tal vez no había visto a Edward por el trabajo, pero había perdido la cuenta de cuantas veces él la había llamado. Otra sonrisa tonta cubrió su rostro al pensar en eso.

- ¿él te lo dio? – preguntó Alice despreocupadamente.

No podía mentir y antes de siquiera pensarlo había asentido.

- es para mantenernos en contacto… – se apresuró Bella – ya sabes, por Lizzie y todo eso…-

- sí claro… – Alice había sonado sarcástica.

Bella se ruborizó y se obligó a mirar por la ventanilla. Deseaba que llegaran de una buena vez porque no podría seguir con el tema sin que su rubor o su falta de talento para mentir la delataran. Era obvio que Alice sospechaba algo, pero por mucho que la quisiera, no podía decirle nada. Habían acordado mantener la relación para ellos por un tiempo, al fin y al cabo, se conocían hacia muy poco y Bella creía conveniente esperar para hacerlo público, tenía miedo de la reacción de la familia de él, pero eso no se lo había confesado a Edward. Tan solo le había pedido que esperaran un poco para hacerlo público.

Alice detuvo el auto detrás de un precioso descapotable color rojo.

- Rosalie y Emmett ya están aquí… - susurró, apuntó el auto.

Entonces las palabras ingresaron a su cabeza al fin. Rosalie. La feroz e increíblemente hermosa hermana mayor de Edward estaría allí. La misma que parecía odiarla con toda el alma.

Bajaron del auto – Bella trastabilló por lo tacones - afuera estaba congelado por lo que se arropó con una enorme casaca color gris y la colocó sobre el elegante vestido negro. Alice la miró con los ojos muy abiertos por el shock. Parecía que quería darle un ataque cardíaco al ver la combinación.

- de verdad, Bella, tienes cero sentido de la moda -

Bella sonrió satisfecha.

Caminaron hacia la entrada del lugar en medio del sonido característico de los tacones chocando contra el concreto. Ingresaron. Era un lugar pequeño, pero elegante, todo decorado al más puro estilo victoriano. Las luces eran bajas y todo estaba alfombrado. Bella caminaba con cuidado por lo que iba unos pasos detrás de Alice.

- Bella… - apremió la novia - estamos algo atrasadas –

- si no quieres que entre a la iglesia en silla de ruedas el día de tu boda, entonces no me presiones –

Alice se quedó en silencio.

Alcanzaron el último salón del corredor. La puerta estaba entreabierta y un vals de boda, suave, melodioso y de compases elegantes sonaba en el lugar. Alice abrió la puerta e ingresaron.

Bella se quedó con la boca abierta y se detuvo en seco.

Edward bailaba. Bailaba perfectamente, y le recordó a uno de esos príncipes que solo veías en la televisión. Iba enfundado en un traje de color negro, semi formal pero se veía tan infartante como solo él era capaz de hacerlo. Su hermana Rosalie bailaba con él, la joven parecía brillar bajo las luces del estudio y se veía aun más hermosa y sobrenaturalmente bella en aquel vestido color dorado. Ambos bailaban a la perfección, Edward la giraba sobre la pista con maestría, seguro de sí mismo y con confianza, era evidente que sabía lo que hacía. Sin embargo las expresiones de ambos eran de profunda seriedad y parecían taladrarse con los ojos.

No notó que seguía con la boca abierta hasta que Alice se acercó a ella.

- Esme nos obligó a tomar clases tiempo atrás… – le susurró al oído – por eso es que sabemos bailar, Edward es bueno ¿no? –

Bella se horrorizó. No sería capaz de bailar. Edward se daría cuenta de cuan torpe era y ella se moriría de vergüenza. ¿tendría que bailar con él en la boda de Alice y Jasper?. No podría, maldición, haría el ridículo y echaría por tierra toda la maestría de Edward en el baile. Se mordió el labio al observar a la pareja. Edward y su hermana se veían preciosos y casi perfectos en la pista, como salidos de un cuento. Ella y Edward se verían extraños. Como si ella perteneciera a cualquier lugar menos allí y mereciera bailar con cualquiera menos él.

Edward tomó la cintura de Rosalie, sus manos entrelazadas se enroscaron con maestría y le dio una última vuelta a la chica. La música terminó. Final perfecto.

- ¡Excelente! – chilló Alice dando saltitos de alegría. Todos se percataron de que habían llegado, pero Bella solo miraba a Alice ¿Cómo demonios esa chica saltaba en tacones? - ¡justo así los quiero a todos en la boda!... – exclamaba la pelinegra - ¿ya lo has visto Jasper? –

Edward y Rosalie se soltaron y se volvieron hacia la entrada.

La expresión de Edward cambió al instante. Sonrió, y sus ojos brillaron al verle. De inmediato sintió aquel familiar martilleo en su corazón y tuvo que luchar contra las ganas de ir y besarlo frente a toda su familia.

- Edward… – susurró. Le había salido voz de idiota.

Rosalie dio un bufido fuerte. Parecía furiosa, soltó la mano de su hermano y caminó a zancadas hacia una de las esquinas, les dio la espalda a todos buscando algo en su cartera la que era tan dorada como su vestido.

Edward comenzó a caminar hasta Bella y ella lo imitó. La sonrisa en su rostro se amplió y solo tuvo ojos para él, pero un pecho se interpuso en su camino.

- ¿con que ésta es Bella la secuestradora? – exclamó la voz de un hombre.

Bella alzó el rostro y abrió la boca. El tipo era enorme. Era incluso más alto que Edward, de brazos grandes y cuerpo musculoso, estaba segura que uno de los músculos de sus brazos era del tamaño de todo su rostro. Sin embargo la expresión de él era como la de un niño maldadoso. Alice sonrió y se acercó con rapidez.

- este es Emmett, Bella – sonrió – el marido de Rosalie -

- hola… - susurró tímida y le tendió la mano.

- ¡pero mira cómo estás de sonrojada! – se burló él con una sonrisa amigable - ¡vaya, no eres como te imaginaba, pareces tan adorable pequeña secuestradora! –

Bella sintió que se ruborizaba aún más, y soltó un gemido cuando él, en vez de estrechar su mano, le dio un enorme abrazo que la dejó sin respiración y la levantó del suelo contra su pecho.

- ¡Emmett! - protestó Alice golpeándole en el brazo – ten cuidado, ella aún no te conoce –

La dejó en el suelo.

- Emmett… - era la voz de Edward, grave y seria. Tomó su brazo y la apartó considerablemente del esposo de Rosalie. Se sentía más roja que un tomate. – vas a asustarla… –

Ahora sí se sentía más avergonzada.

- no, no… - se apresuró - no se preocupen…- Edward la observó a los ojos - está bien, todo está bien, de verdad – era cierto. No le había dado miedo, y esperaba que Edward hubiese captado que no la había asustado.

- ¿estás segura? – preguntó Edward. Emmett y Alice fruncieron el ceño sin entender.

Pero Rosalie le mandó una mirada de odio puro desde la esquina. Sus ojos azules la escudriñaron de arriba abajo y se quedaron más tiempo del debido en su enorme casaca gris. ¡Por Dios, era imposible estar más mortificada!. La reunión con Edward no estaba saliendo como la había imaginado.

Jasper sonrió llegando a un lado de Alice, la saludó con la mano y ella devolvió el gesto con timidez.

- ¡perdón, perdón! – rió Emmett, golpeando a Edward con más fuerza de la debida en la espalda – de verdad, lo siento mucho Bella, pero es que siento que te conozco desde hace mucho, he oído tanto de ti, la enana nos trae locos… - imitó pobremente la voz infantil de Elizabeth – que Bella dijo esto o Bella hizo aquello – sonrió – además, me moría de ganas de conocer a la chica que logra suavizar la expresión de dolor en el culo que siempre trae Edward. –

Jasper se echó a reír. Alice rió por lo bajo y se tapó la boca.

- Edward y Bella son amigos, Emmett – sonrió inocente, pero Bella la conocía lo suficiente para saber cuando era sarcástica.

Sintió la mano de Edward sobre su espalda y un escalofrío la recorrió.

- perdónalo – susurró pidiendo paciencia con la mirada y apretándose el puente de la nariz – ahora conoces a Emmett, como ves, es todo un caso… -

Bella sonrió. A pesar de todo, Emmett le agradaba.

- ¿cuánto falta para que llegue el profesor? – preguntó Alice, dejando su elegante cartera sobre la silla más cercana.

- dijo que estaría aquí dentro de diez minutos – contestó Jasper – Rosalie insistió en que Edward nos enseñara algo – pasó una mano por su cabello, nervioso - pero creo que aun no capto demasiado… -

- ¡yo sí aprendí de inmediato! – exclamó Emmett, alegremente fanfarrón – lo siento por ustedes, pero yo y mi pétalo de rosa, seremos los mejores, captaremos toda la atención de la boda, sentiremos el opacarlos, novios, pero será inevitable ¿no es así, mi pétalo? –

Rosalie contestó con un gruñido.

- ¡vamos, cielo…! - se apresuró Emmett dirigiéndose a ella y atrapando su cintura – anímate, ven a bailar conmigo, tal vez no baile vals, pero conozco unos bailes que harán que sientas que… -

- ¡Emmett! – le cortó Alice escandalizada – ahórranos los detalles de tus bailes extraños ¿sí? – tomó la mano de Jasper con rapidez – ven acá, Jasper – sonrió, se miraban de la forma más dulce que una pareja podía lograr – practicaremos… –

Encendió la música otra vez y arrastró a su novio hasta la pista de baile. Jasper tenía expresión de conformidad en el rostro. Les dio una sonrisa a Edward y Bella y siguió a la pelinegra. Bella se sorprendió por cuan afiatados y dispuestos estaban el uno del otro.

- hacen una linda pareja – sonrió. Se volvió a Edward para ver su respuesta pero el parecía no haberla escuchado, la miraba fijamente a ella. Se ruborizó bajo el poder de su mirada. Él le dio una de sus sonrisas favoritas.

- no imaginas cuánto te he echado de menos… – susurró en voz baja.

Bella sintió que sonreía como una reverenda estúpida pero no le importó. - yo también… - susurró mordiéndose el labio – siento como si no te hubiera visto en semanas… –

Edward esbozó una sonrisa torcida y la acercó suavemente a su costado - ¿Qué dirías si te beso justo ahora? –

Bella abrió muchísimo los ojos y se ruborizó. – Edward… - negó con la cabeza mortificada. Él soltó una risita divertida y sus ojos se posaron en la casaca gris. – elegante – comentó acariciando los botones – bastante… sentador también – dijo sarcástico.

Bella dio una sonrisa falsa.

- gracias, esta preciosidad gris es mía… pero tu hermana me obligó a subirme en estos – apuntó sus elegantes zapatos negros – de seguro aun no entiende que es considerado asesinato el subirme a mí en tacones -

Edward rió divertido. – ven, vamos a bailar – tomó su mano con cuidado y la guió hacia otra esquina. La música llenaba el ambiente y acompañaba los retos de Alice a Jasper, parecía que Jasper no era lo suficientemente coordinado para su gusto. Edward se detuvo frente a ella, sostuvo mirada de una forma tan especial, lleno de adoración en su mirada y Bella sintió que el corazón saldría por la boca. Le vio alargar sus pálidas manos hasta los botones de la casaca y comenzó a desabrocharlos uno a uno.

El calor subió a su rostro. Le gustaba que Edward hiciera eso, le gustaba como la miraba, como sus dedos descendían por su ropa. Dios, estaba enamorada. Se sintió derretir como un cubo de hielo al sol cuando Edward deslizó la casaca con cuidado y suavidad sobre sus hombros. La electricidad fue inmediata cuando sus dedos rozaron sus hombros descubiertos.

Estaba segura, su corazón quería salir por la boca. Se ruborizó cuando él le dio una mirada de pies a cabeza y sonreía.

- estás preciosa… – susurró.

Dejó su chaqueta sobre un sofá y ahora que Bella la veía con mas detenimiento, Sí, realmente era fea. Dio un respingo cuando Edward se acercó hasta ella. Era evidente que la haría bailar.

- Edward… - comenzó, nerviosa hasta el tuétano y retrocediendo un paso por instinto – yo no sé bailar, lo juro, jamás he bailado, soy torpe y no sé como… -

- tranquila… - Edward la siguió - todo está en quien te guíe… – sonrió de lado – y creo ser capaz de guiarte. –

- ¡de verdad, Edward!… no quiero hacerte daño… – sintió como él posaba su mano en su estrecha cintura y la atraía hasta él. Sus cuerpos se encontraron. Tomó su mano con la otra.

- coloca tu mano en mi hombro – indicó con aquella voz tan suave como el terciopelo – pero ten cuidado, no la esfuerces, aun no te doy el alta. –

- Edward… por favor –

- sígueme a mí. –

Y comenzó a moverse. ¡Dios!. Edward la guiaba en el vals, estaba bailando, lo haría mal, lo echaría todo a perder. ¡Que pare, que pare!. Dio un paso hacia adelante y guió su pie con el suyo, luego el otro, el otro y el otro… agachó la mirada para ver los pies de ambos moverse al ritmo de la música.

- tranquila – susurró Edward – no agaches el rostro, mírame solo a mí, no pienses en nada más… –

Bella se mordió el labio. ¡Claro que no podía pensar en nada más que en como Edward estrechaba su cintura!.

Otro paso, otro más y valsearon al ritmo de la música, Edward dio una vuelta con ella.

…y Bella le pisó.

- ¡Dios, perdón, perdón! – se apresuró la chica mortificada y roja hasta el último de los cabello – ¡perdóname Edward, lo siento tanto! – se detuvo en seco - ¿estás bien? -

Edward rió divertido.

- no te preocupes, Bella… continúa –

Volvió a acercar el cuerpo de ella contra el de él y siguió guiando sus pies con los suyos.

- lo siento tanto, soy la peor pareja de baile… – el miedo la había invadido y había comenzado a balbucear – tú eres perfecto bailando, y yo no… jamás lo he hecho, sabía que no podría hacerlo, tal vez deberías buscar alguien más – hablaba más rápido de lo normal – Alice sugirió una tercera dama de honor, yo… - y lo pisó de nuevo - ¡perdón, otra vez, soy tan torpe, soy tan torpe! –

Edward sonrió.

- tengo la solución –

Alzó el rostro hacía él y le observó confundida. De pronto Edward había aferrado su cintura con un poco mas de fuerza y la había alzado del suelo con facilidad, soltó un gritito de sorpresa cuando él la situó sobre sus propios pies.

- ahora no me pisarás – rió Edward.

Se ruborizó. Ahora podía ver su perfecto y varonil rostro mejor. Se sentía como una niña de cinco años. ¡Claro que ya no lo pisaría!, pero era porque Edward la cargaba y era él quien hacía todo el trabajo de mover los pies. Entonces lo sintió. Sintió como estaba llena de amor por él; Edward era perfecto, cariñoso y adorable con ella. Edward trataba por todos los medios hacerla sentir cómoda y feliz y se lo agradecía. Él enlazó sus dedos con los de ella y acarició con suavidad la cintura que estrechaba. Como si hubiese una fuerza especial entre ellos, sus rostros se acercaron...

Tenía ganas de besarlo en ese mismo instante y era obvio que él quería lo mismo…

- Bella… - susurró

La risotada descomunal de Emmett al otro lado del salón les recordó que no estaban solos.

Bella se ruborizó y agachó el rostro mortificada. Edward dio una risita divertida.

- no lo haces mal – sonrió moviéndose al compás de la música – de hecho, creo que eres una gran bailarina -

Bella soltó una risita falsa y escondió su rostro en su cuello.

- esto es estúpido – refunfuñó – no sirve para nada, Alice no debería dejarme bailar, de seguro tendrás que salir directo al hospital después del primer baile y la boda de tu hermana y tu mejor amigo se arruinará por mi culpa – suspiró – no deberían haberme traído, no aprenderé… -

- es bueno que practiques desde ahora – susurró Edward con voz ronca y una sonrisa, Bella alzó el rostro para mirarle – así seremos la pareja de baile perfecta para cuando sea nuestro turno. –

Bella tragó con fuerza.

- ¿nuestro turno? – repitió frunciendo el ceño.

Edward le dio una sonrisa torcida, apoyó sus labios en la frente de ella y continuó guiándola al compás del vals.

Por. Dios.

¿Su turno?. ¿Era el mismo turno que estaba imaginando?. ¿Tendría ella la oportunidad compartir, ese turno con Edward?. ¿Edward estaba insinuando que algún día ellos…?. Bella alzó el rostro y le observó a los ojos buscando una respuesta. Él le devolvía la mirada con profundidad y una sonrisa en los labios. Sus ojos lo decían todo.

La música terminó de golpe.

- ¡pero qué novios tan maravillosos! –

Bella dio un respingo y Edward se detuvo al instante. Una mujer pequeña, de excelente cuerpo y pelirroja se acercaba a ellos con los ojos brillantes. En la entrada, un hombre moreno y pequeño los observaba con una sonrisa en los labios.

La mujer parecía lista para darles un abrazo.

- ¡son una pareja tan adorable! – chilló.

Bella se ruborizó como tomate y se apresuró en descender de los pies de Edward. Quiso alejarse un paso, pero él mantuvo una mano sobre su cintura. Buscó a Alice con la mirada, completamente mortificada, pero la hermana de Edward tan solo tenía una ceja alzada y una sonrisa bailaba en sus labios.

- ellos no son pareja – dijo Rosalie ácidamente, acercándose a ellos y con los brazos cruzados sobre su pecho – y mucho menos son los novios. –

La mujer se detuvo a medio camino. - ¿a no? – soltó pasmada.

- claro que no… - aclaró la hija mayor de los Cullen - mi hermana Alice es la novia, él es el padrino y ella… - vaciló – ella es la otra dama de honor – lo dijo como si masticara la palabra.

- ¿dónde está la novia entonces? – preguntó la pelirroja

Alice alzó una mano en el aire en menos de un segundo, Emmett se echó a reír a su lado.

- lo sabemos, lo sabemos – se burló – es un poco difícil verla – se burló de la estatura de Alice con un gesto - …pero esperamos que con el enorme vestido de novia los invitados sepan identificarla -

Jasper y Edward rieron por lo bajo. Alice le golpeó en el brazo. El hombre moreno de la entrada se apresuró.

- bien, bien – apremió golpeando su palmas – a lo que hemos venido, comencemos –

Bella no soltó la mano de Edward y se acercó al grupo con él. Mientras él profesor comenzaba a dar las instrucciones se percató que los ojos impactantemente azules de Rosalie estaban clavados en ella. La mirada que le dirigía la rubia era casi terrorífica y por un momento temió por su vida.

Pero la clase transcurrió con tranquilidad. Rosalie se mantenía lo más apartada posible de ellos; ella no necesitaba clases, era perfecta. Rosalie era la clase de mujer que era perfecta de nacimiento y casi dolía estar cerca de ella, pero Emmett, su marido, era todo un caso. Bella se extrañó, aunque era evidente que se adoraban, eran tan diferentes. Emmett era despreocupado, bromista y oficialmente el peor bailarín de vals de la historia, su porte enorme no lo hacía más fácil…

- no, muchacho, mueve este pie así… - le indicaba el profesor – cuenta en tu mente, uno, dos, tres y vuelta –

Emmett lo hizo en voz alta.

- uno, dos, tres… vuelta – Rosalie casi cae al suelo.

Alice se echó a reír. Edward soltó una risita baja y Bella le golpeó el brazo en reproche.

- no, no – exclamó el moreno exasperado, apenas llegaba al medio brazo de Emmett pero parecía que el esposo de Rosalie lo estaba sacando de quicio – con más gracia, con más suavidad… -

Emmett rió.

- es que no estamos muy acostumbrados a la suavidad, ¿sabe? – sonrió fanfarrón – a Rosalie le encanta que sea rudo... –

Bella se ruborizó, Edward revoleó los ojos.

- ignóralos – susurró.

Jasper y Alice estaban en su propia burbuja y no prestaban atención más que a sus pies y a las indicaciones de la pelirroja. Edward y Bella continuaron bailando, cada vez intentaban alejarse más del grupo…

- vamos a cenar juntos… - susurró Edward, era vals, pero a pesar de eso sus rostros estaban más cerca de lo necesario - ¿te gustaría?... solos tú y yo. –

- me encantaría –

Los ojos verdes de Edward brillaron.

- vámonos ahora… -

- ¡claro que no! estamos en la mitad de la clase – rió Bella, incrédula.

- ya aprendiste lo suficiente… –

- Edward, aún bailo sobre tus pies. –

El rió.

- entonces no tienes que saber nada más – sonrió y la miró fijamente, estaba aplicando todo el poder de su mirada sobre ella, ¡no era justo! – vamos, Bella, vamos a cenar, hay un lugar al que te quiero llevar, luego iremos por Elizabeth y nos iremos a casa… -

Bella se mordió el labio, indecisa.

- Alice se pondrá furiosa… –

Edward se encogió de hombros. - lo superará.–

No contestó.

- vamos, Bella… - apremió Edward en un susurro – esto del baile no es la gran cosa, y te he echado demasiado de menos, he pasado dos días en aquel hospital – apretó su cuerpo contra el de él y habló con voz ronca - no sabes cuánto me moría por verte… –

- y yo a ti – contestó casi sin voz.

- entonces, no se diga más – se detuvo, la bajó de sus pies con suavidad y la guió hasta el grupo de la mano, Rosalie y Alice alzaron el rostro al verles acercarse – bien, lo siento de verdad, pero Bella y yo nos retiramos – anunció Edward.

La futura novia en cuestión abrió la boca.

- ¿qué? –

- es su mano – explicó Edward. Bella se sorprendió, el amor de su vida era el mejor mentiroso del mundo, ni siquiera se arrugaba al mentir – ya sabes Alice, hay que cuidarla, aún tiene dolores y el escafoide no ha sanado del todo, veré si le doy algún medicamento y si puedo tomar una que otra radiografía –

La expresión de Alice se suavizó. Sus ojos se posaron en Bella.

- pero tengo que llevarte a casa – gimió – y aun Jasper no sabe como… -

- no te preocupes por eso – la interrumpió Edward - yo me iré con ella – anunció, hablaba con tal seguridad que Bella dudaba que alguien se atreviera a discutir con él – pasaremos por Elizabeth a la casa de Esme y luego la llevaré a su casa. –

Alice asintió, evidentemente molesta.

Solo Entonces Bella se percató de la mirada feroz de Rosalie. Los ojos azules de la rubia parecían taladrarla con la mirada y era obvio que no les había creído un ápice. Se veía hermosamente aterradora y a punto de una explosión. Edward también lo notó.

- continúen y pásenlo bien –

No dijo nada más y la guió hasta la salida de la mano. Bella se apresuró en esbozar una sonrisa nerviosa y decir adiós con la mano. Atravesaron el corredor alfombrado y salieron del lugar. Había comenzado a llover con fuerza.

Salieron del umbral y se adentraron en la lluvia.

- Edward… - se quejó apenada, por sobre el ruido del agua que parecía caer a cántaros del cielo - ¡ahora tus dos hermanas me odian! –

Él se encogió de hombros mientras la guiaba calle abajo.

- no me importa – anunció Edward con decisión. Se detuvo, y ella se detuvo frente a él. Ninguno de los dos llevaba un paraguas, ni casacas, por lo que ambos se estaban mojando hasta los huesos. Edward le sonrió. –…no me importa nada, desde que te vi entrar a ese salón, me moría por hacer esto… -

La besó. Tomó su rostro acorazonado entre sus manos y unió sus labios a los de ella. Fue como si el mundo comenzara a funcionar otra vez. Ya todo estaba bien. Nada mas importaba y solo entonces se dieron cuenta de cuánto se había extrañado durante esos dos días. Pero ahora Edward estaba allí, con ella, y sus labios se movían suaves, cálidos y gentiles sobre los suyos. Saboreaba su boca con adoración, sin importar lo demás, sin importar que se mojaban y que la lluvia los golpeaba con fuerza. Bella lo olvidó todo, aquel aliento embriagador y exquisito de él inundo su boca, se sentía intoxicada y deseosa, alzó los brazos y se aferró a su cuello como si la vida dependiera de ello. Abrió la boca. Sintió la lengua de Edward jugar con la suya, sintió sus dedos acariciar su barbilla con suavidad y gentileza, y la sensaciones hacían que su respiración se volviera mas rápida. Deslizó sus dedos en el cabello mojado de Edward y los enredó en él, acariciando, sintiendo y recibiendo la boca de él con cariño. Era uno de aquellos besos dulces e intoxicantes y gentiles que solo Edward era capaz de darle.

Podían pasar demasiadas cosas a la vez, podía abrirse el mundo en ese mismo instante, Alice podía enojarse y chillar durante horas, Rosalie podía darle las más horribles miradas y taladrarla con los ojos cuantas veces deseara, pero no importaba nada más. Ella era feliz. Estaba en los brazos de él. Edward había llegado a iluminar su vida, a dar un vuelco completo y por algún milagro de la vida ese hombre perfecto y adorable la amaba tanto como ella a él.

Al fin, su vida tenía sentido.

.

¡Hola!... yo de nuevo, traté de apurarme lo más posible. Y dejé dos ensayos sin escribir para la universidad por actualizar la historia así que espero que valoren el esfuerzo. Personalmente, este es uno de mis capítulos favoritos. Ojalá haya sido capaz de transmitir todo lo que quería.

Gracias por las felicitaciones. De verdad gracias, gracias por su reviews también. Yo sé que también leen la traducción y me comentan allí que les gusta sol de mediodía, a mi me encanta hacerla, pero esta historia es mucho mas especial porque es mía por completo y los comentarios de esta los siento realmente para mi. Por eso espero con ansias sus comentarios en esta historia, no olviden decirme que piensan.

Un beso para cada uno de ustedes y de verdad gracias por leer,

Annie.