¡Reeditando! Aquí estoy de nuevo, y, como ya puse en mi profile, decidí corregir toda esta historia ya que es mi primer fic y tiene algunas faltas imperdonables, así que espero adecentarlo un poco, aunque me cueste un poquito más de esfuerzo xD

Disclaimer: Magic Kaito así como todos sus personajes pertenece a Gosho Aoyama, yo solo me dedico a cambiar un poco sus creaciones sin ningún ánimo de lucro.

Why are you in my dreams?

Capítulo 1: Hate vs Love

23 de Enero / 19:40

- ¡No me lo puedo creer! -repetía una y otra vez– ¡ya lo ha vuelto a hacer!

Una chica morena de ojos claros y mirada perdida se encontraba recostada contra un árbol recubierto con una capa blanca de fría nieve. El invierno había llegado a Japón, dejando tras de sí el añorado buen tiempo, y, con él, todo los sentimientos agradables que la morena podía haber sentido por aquél estúpido mago aficionado.

Se acomodó de nuevo contra el árbol, mirando la hora con impaciencia y resignándose a esperar otra media hora más por su querido amigo.

- ¡Aoko! -Un chico con la respiración agitada se dirigía hacia ella tan rápido como sus piernas se lo permitían, reflejando en su mirada una cierta preocupación, sobre todo al notar la mirada asesina que le dirigía su acompañante.

- ¡Ya has vuelto a llegar tarde otra vez! ¡Es que no tienes remedio Kaito! ¡¿Dónde te habías metido?! ¡Llevo más de media hora esperándote... ¡Y con el frío que hace! –Decía una enfurecida Aoko.

- Lo siento -Se disculpó él, intentando parecer arrepentido. No sabía el motivo, pero le encantaba hacerla rabiar, ver como su carita de niña intentaba parecer severa a la vez que hacía gestos airados con las manos mientras creía que podía parar a un huracán con su ira- es que…

- Da igual -Suspiró- ¡Déjalo! Pero vámonos ya que me estoy muriendo de frío. -Se quejó, dirigiéndose hacia el abarrotado gentío tras la mirada pícara que siempre la acompañaba, intentando convencerse a sí misma de que aún quedarían suficientes reservas de los productos que tenía en mente, e imaginando quién se quedaría sin regalo como no consiguiera todo lo que quería aquellas navidades.

El centro comercial estaba abarrotado, se pararon en algunas tiendas mientras Kaito profesaba sus quejas y su cansancio ante el nerviosismo de la chica por tenerlo todo a punto.

- Aún me falta la comida y el regalo de papá, así que como no te des prisa te juro que… -Se dio la vuelta, esperando encontrarlo con su mirada cansada y contestando a sus gritos, aunque pronto se dio cuenta de que el mago no le prestaba atención alguna, atento a las noticias que mostraba un enorme televisor expuesto en uno de los escaparates.

Traslado de uno de los diamantes más conocidos en todo el mundo desde Inglaterra hasta Tokio. La famosa joya llamada Estrella de África, será trasladada al Museo Nacional de Tokio el próximo día 25. El inspector Nakamori recibirá a la preciada joya (...)

- ¡Maldita sea! ¡Seguro que ese maldito ladrón aparece por allí! -Exclamó, mientras un imperceptible rastro de dolor surcaba sus rasgos.

- Eso no lo dudes -Murmuró el mago.

- ¿Qué?

- ¡No, no, no, nada! Mejor vamos que se está haciendo tarde.

Antes de seguir su camino, una misteriosa sonrisa se iluminó en la cara de él; nadie lo notó, tan solo su portador, pero ni siquiera él sabía lo que sucedería aquella noche.

25 de Enero / 23:15

Un chico vestido con ropas blancas miraba deseoso desde lo alto de un edificio. La calle estaba revuelta, coches de policías en todas partes rodeando un edificio inmenso mientras que millones de personas se acercaban mirando con curiosidad y emoción contenida. La mayoría de la gente que se encontraba allí sabía muy bien lo que pasaría dentro de unos pocos segundos. Miles de ojos expectantes esperando su actuación, la de él, la del famoso ladrón Kaito Kid. Lo sabía, y eso le llenaba de una extraña satisfacción, más lejos de lo personal, que lo arrimaba a dulces recuerdos del pasado.

Sonrió.

- ¿Está seguro señorito Kaito? -Reiteró por enésima vez aquella noche.

- ¿Por qué siempre me dices lo mismo? -Repitió, ofuscado- ya sabes que sí Jii, nunca lo dejaré de hacer, por nada ni por nadie.

- Sabe que solo se lo digo por su seguridad.

Siempre la misma pregunta acompañada de la misma contestación. Nunca lo dejaría de hacer, todo lo que ello conllevaba era más importante que cualquier otra cosa en el mundo.

- ¡Faltan pocos segundos para la hora acordada! -Contó con creciente expectación- ¡Será mejor que me de prisa!

Desplegó su ala delta echándole una mirada despreocupada a su mayordomo que aún lo contemplaba con aire taciturno- Disfruta del show -Sonrió, a la vez que se internaba en el frío aire nocturno.

La calle principal que conducía al museo estaba repleta de gente. El edificio era inmenso, dos cúpulas enormes a cada lado rodeados de verdes jardines que adornaban a la más grande de ellas, colocada en el centro y decorada con el más exquisito de los gustos. Entrar era prácticamente imposible, los alrededores estaban repletos de policías armados, el cielo, custodiado por unos 30 o 40 helicópteros, y qué decir de la entrada principal y dentro del museo… - imposible – se repetía una y otra vez Aoko, observando cada detalle impuesto por su padre y controlando la poca paciencia que le quedaba.

- La verdad Aoko es que no entiendo porqué le tienes tanto odio a Kid. Con lo guapo, encantador y maravilloso que es… - decía una y otra vez una chica de coletas y ojos esperanzadores, contemplando el edificio con un nerviosismo notable en su rostro.

- ¿Guapo, encantador, maravilloso? -Repitió- ¿Abre los ojos Kei! ¿Qué le puedes ver a ese idiota engreído?

Sin previo aviso, las luces y los focos que iluminaban el interior y el exterior de todo el museo se apagaron. En medio de la oscuridad se escuchaban los gritos de admiración y sorpresa que profanaba el público enloquecido. Los policías empezaron a correr de un lado a otro vigilando bien las salidas y todos los agujeros por donde el ladrón se podía agachar. Lo que no se esperaban era que el ladrón ya estaba dentro del edificio.

Idiotas. Pensaba Kid con una mirada arrogante y una sonrisa en su rostro. No se esperaban que entrara por la parte delantera, así que han descuidado un poco los conductos de ventilación de delante del edificio, perfecto, ahora lo único que me queda es introducirme en la sala principal donde tienen escondido el diamante y con un poco de "magia", cogerlo. Tenía todo tan calculado que lo que no sabía el famoso ladrón era que una persona seguía sus pasos muy de cerca. Había estudiado tanto los planes de su padre que sabía incluso donde podían fallar, así que decidió entrar aprovechando que todos estaban muy pendientes de Kid y subir hasta un pequeño observador que había encima de la cúpula más alta que servía a los astrónomos cuando querían estudiar las estrellas. Cuando llegó, se sentó en la valla de protección pacientemente a esperar, pensando que esta vez… no se escaparía.

El plan estaba saliendo a la perfección, consiguiera desactivar los sensores y las cámaras de seguridad y tuviera que dormir a dos policías que se cruzaran en su camino, pero aparte de eso todo estaba saliendo según su plan.

Ahora se encontraba en las penumbras de la sala principal, sus ojos se deslizaron por la inmensa habitación hasta detenerse en su centro. Allí estaba, la reluciente joya con forma de gota colocada sobre una especie de repisa con una urna de cristal. El ladrón se acercó, entre fascinado y curioso. Levantó con cuidado la fina tapa, maravillado por el intenso color rojo que se reflejaba en su prístina superficie. Nada más rozar la joya, una alarma empezó a sonar por todo el museo.

¡Mierda! Pues no son tan idiotas como yo creía. No me imaginé que tendrían otro punto de control.

Una risotada resonó por toda la sala mientras miles de pasos se acercaban apresuradamente al lugar donde se encontraba, atrancando las puertas que conducían hacia su salvación.

- Estás atrapado Kid -La triunfante voz del inspector resonó por algún altavoz colocado estratégicamente en una de las altísimas paredes adornadas con detalle.

Estaba atrapado, no tenía salida alguna, la respiración se le congeló a pesar de que el cerebro comenzaba a trabajarle con más rapidez buscando algún punto de huída. Miró hacia el cielo, esperando que la solución apareciera por arte de magia, era irónico pensar que la única salida que le quedaba la tenía en frente de sus narices. Allí estaba, la luz de la luna traspasando el único sitio por el cual podría tener una vía de acceso, una última oportunidad.

Observó la joya con deseo, prometiéndose en ese mismo momento que la próxima vez sería suya mientras se deslizaba por el conducto de ventilación que daba a una sala sur. Al llegar allí, comprobó con satisfacción que no había vigilancia alguna, el inspector tenía demasiada confianza en su plan inicial, algo que le facilitaba las cosas. Solo tuvo que subir por unas pequeñas escaleras que se encontraban a un lado de la cúpula. Al llegar arriba, visualizó la pequeña plaza en la que se encontraba con una gran sonrisa en su rostro, en ese momento se podía permitir unos segundos de tranquilidad.

De lo que no se dio cuenta era que una chica de unos diecisiete años de edad lo estaba observando sigilosamente desde un rincón, con una mirada cargada de odio.

- Perfecto -Murmuró con satisfacción- ahora solo tengo que…

- Ahora no vas a hacer nada porque esta vez no te vas a salir con la tuya Kid -El plácido silencio se convirtió en uno cargado de tensión. El ladrón se dio la vuelta sorprendido, rogando porque la voz que acaba de escuchar no proviniera de la persona que tenía en mente. Solo con ver la silueta de aquella chica se le disiparon sus dudas, parándosele el corazón.

- Aoko -Susurró.

- ¡No te muevas! ¡Estás rodeado! -Espetó con cara de enfado, simulando más tranquilidad de la que realmente sentía.

Después de la sorpresa inicial intentó con mucho esfuerzo recomponer esa sonrisa suya de que parecía que lo tenía todo bajo control.

- Vaya vaya , la hija del inspector Nakamori, que agradable sorpresa -Se burló, dando un paso deliberado hacia la chica.

- ¡Idiota! -Se sonrojó de pura ira- ¡Déjate de tonterías! ¡Estás totalmente rodeado! ¡Entrégate!

- Puede ser… - Puso una mano sobre su rostro haciendo que dudaba ante su triunfo, contemplándola con una fingida preocupación- Déjeme hacerle una pregunta Srta. Nakamori ¿Sabe alguien que está aquí?

Aoko se quedó en silencio, notando como un ramalazo de fuego golpeaba sus mejillas. En los pocos segundos que dudó distinguió aquél sentimiento como vergüenza. Una voz proveniente de alguno de los helicópteros interrumpió su contestación.

- ¿Preparados? ¡UNO!

Los ojos de la chica se agrandaron como platos, mirando hacia su acompañante con pánico - ¡¿Qué acaba de decir?! -Musitó.

- Creo que van a disparar –Respondió el ladrón con tranquilidad, como si el asunto no le afectara en absoluto.

- ¡DOS!

- ¡¿Cómo puedes estar tan tranquilo?! -Exclamó, cada vez más y más asustada, notando como las lágrimas resbalaban por su rostro.

Lo único que la consiguió tranquilizar en ese momento era él, su expresión, sus gestos, la forma en la que se acercó a ella y acarició su rostro con dulzura.

Estaba sonriendo, estaban a punto de morir y el sonreía. No lo comprendía, pero esa sonrisa la tranquilizaba, no tenía forma de explicarlo pero aquello era lo único que la lograba calmar.

- Y… ¡TRES!

Al escuchar esto, Aoko cerró los ojos con fuerza. La última imagen que le vino a la cabeza fue la de su amigo Kaito. No lo veré nunca más, nunca más… De repente notó como alguien la cogía por la cintura y se la llevaba. No sabía lo que estaba ocurriendo ni lo quería saber. Tenía los ojos completamente cerrados y aunque los abriese no podría ver nada a causa de las lágrimas que al final no pudo contener. Se sintió ligera, muy ligera, y una agradable brisa le golpeaba en la cara.

Abrió los ojos, confusa, aunque al instante se arrepintiera de haberlo hecho. Estaba… ¡volando!, veía como poco a poco se alejaba del edificio. Lo veía cada vez más y más lejos.

- ¿Va cómoda Srta. Nakamori? – Dijo su salvador con un tono entre divertido y sarcástico.

- Tú me has… -Aoko no daba crédito a lo que veía, el mejor y más buscado ladrón de todos los tiempos, el mayor enemigo de su padre y la persona a la que más rabia le tenía en este mundo ¡le había salvado la vida! Así de simple, la había cogido en brazos justo antes de que dispararan contra ellos y se la había llevado volando- …Salvado -Escupió la palabra con incredulidad.

- Bonita vista ¿verdad? -Sonrió con condescendencia.

Minutos más tarde, los dos vislumbraron la terraza de un edificio abandonado donde él decidió posar su ala delta y soltar a su acompañante.

- Un placer haberla conocido -Sonrió, preparándose de nuevo para partir, con más urgencia de la que pretendía- Dígale a su padre que la próxima vez no se me escapará.

Iba a salir volando de nuevo antes de que algo lo retuviera por la capa con vehemencia, maldijo su mala suerte antes de girarse y comprobar quien lo estaba sosteniendo para evitar su huída.

- Alto ahí.

- ¿Qué? -No daba crédito, le había salvado la vida y lo único que podía pensar ella era en su ridícula obsesión por atraparle, cada día se parecía más a su padre.

- Te agradezco mucho que me hayas salvado -Susurró- pero tú eres un ladrón y yo la hija de la persona que te tiene que atrapar, así que no me queda más remedio que decirte que quedas arrestado ladrón mil cuatrocientos doce –Dijo extrayendo del bolsillo de su pantalón unas esposas.

Kid la miraba con cara de asombro y desconcierto, aunque, para desgracia de la chica, rompió a reír.

- ¿Me vas a atrapar tú? ¿Una mocosa consentida como tú va a atrapar al mayor ladrón de todos los tiempos? Me gustaría verlo. – Se mofó.

- ¿¡Mocosa consentida?! ¡Te vas a acordar de esta! ¿El mayor ladrón de todos los tiempos? ¡Querrás decir el mayor IDIOTA de todos los tiempos! – Exclamó, roja de ira e intentando atraparle persiguiéndole con las esposas. Él consiguió atraparla entre sus brazos con un simple movimiento de muñeca y se la volvió a llevar volando. Qué remedio me queda… Suspiró, con una sonrisa iluminando su rostro.

-¡¿Quieres soltarme pedazo de…?!

- ¿Estás totalmente segura de que quieres que te suelte? – la interrumpió.

Aoko miró hacia abajo, calculando la distancia que había desde el cielo hasta sus pies . Estaban volando sobre la ciudad, a lo lejos se veía el museo donde se encontraba su padre, buscando como loco al fugitivo por cada recodo, sabedor de que él ya había escapado hacía ya tiempo. Aunque eso no era lo que más la asustaba ahora, si no que estaban a una altura de la que se podían divisar los coches como si pequeñas hormigas se tratasen.

- ¡Por favor! ¡Bájame de aquí! –En un acto reflejo, se agarró al chico lo más fuerte que podía.

- Aoko - Susurró, totalmente rojo.

- Por favor -Suplicó.

Kid sonrió y fue descendiendo poco a poco hasta posarse en un edificio cercano a la torre del reloj donde ella y Kaito se conocieran hacía ya tanto tiempo. Aoko, bastante asustada, se sentó en el bordillo de la terraza del edificio mientras que su salvador no conseguía quitarle la vista de encima, algo que no pasó desapercibido para la ojiazul.

- ¿No puedo tener vértigo o qué? –Respiró, entre avergonzada y enfadada.

Sin dejar de mirarla, el ladrón se quitó la chaqueta y la colocó sobre los hombros de una sorprendida Aoko.

- Aquí hace bastante frío -Se excusó, completamente serio- ¿no querrás resfriarte no?

- No -Esta vez era ella quien no lo podía dejar de mirar.

Él estaba totalmente pasmado, sus ojos brillaban a la luz de la luna, alterando de forma permanente su corazón. Está preciosa.

Por el contrario, ella estaba hipnotizada, no dejaba de pensar si en realidad hubiera estado equivocada todo ese tiempo y Kid no era tan mala persona como creía.

Él se fue acercando poco a poco a ella, llegando a estar tan pegados que podían notar las respiraciones nerviosas de cada uno. La sostuvo por la cintura levantándola muy dulcemente. Sus rostros se fueron acercando con suavidad, no eran conscientes de lo que estaba sucediendo. Sólo existían ellos dos.

Aoko cerró los ojos, esperando lo inevitable, deseando que la besara, notando como el ladrón rozaba sus labios con los suyos.

El reloj de la torre comenzó a sonar con fuerza. Los dos se detuvieron, contemplándose con desconcierto mientras los últimos momentos vividos acudían a sus mentes, confundiéndolos.

Aoko se separó con brusquedad con los ojos cubiertos de lágrimas. ¿Cómo podía haber hecho algo así? ¿Cómo pudo estar a punto de besarle?

- Yo… -Balbuceaba- yo no… - Entonces echó a correr. Escapó hacia la calle, toda roja y secándose los ojos como podía. Estaba muy confusa y no podía dejar de pensar en lo que habría ocurrido si lo hubiese besado, y lo pero de todo era que quería hacerlo. ¡Que he hecho, que he hecho, como lo voy a mirar ahora a la cara! ¡Kaito!

-¿Adonde vas preciosa? -Una voz siniestra interrumpió sus pensamientos, consiguiendo olvidar sus problemas que fueron sustituidos en el momento en el que contempló aquella sucia sonrisa y un cuchillo cubierto de sangre.

En la terraza de unos viejos apartamentos, un ladrón perdía su mirada por el lugar donde ella se había ido, con preocupación y totalmente confuso. Mierda ¿Cómo pude hacer eso? Aoko, no me acordaba de quien era, yo…

Fin del primer capítulo

Como siempre, gracias a todos por leer, iré subiendo nuevos capítulos y reeditando los viejos poco a poco! Sin más, se despide Mt. ;)