DISCLAIMER: El manga/anime de Naruto no me pertenece

DISCLAIMER: El manga/anime de Naruto no me pertenece.

Nota: Este es un plotbunny creado por Quill of Molliemon, puedes consultar este fanfic en su perfil:

http : / w w w . fanfiction . net / u / 320103 / Quill of Molliemon

yo sólo le he pedido permiso para publicarlo en español, puedes encontrarlo también en original en su página de livejournal:

http : / / molliemon1985 . livejournal . com

Título: To See You Again.

Universo AU –pre Naruto/Kakashi Gaiden y Spoilers acerca del origen de Naruto.

Descripción: La última vez que se vieron de niños, él ni siquiera sabía que ella era una "ella. Ahora, el destino ha vuelto a reunirlos, y ella hará oscilar su mundo… nuevamente. Minato/Kushina

Género: Humor/Romance

To See You Again…
Capítulo 1:
¿Uzumaki-kun?

La primera vez que lo vió, tenían doce años.

Su equipo de genins fué uno de los pocos equipos elegidos para viajar la Villa Oculta de Konoha por unos meses de entrenamiento. Desde la fundación de la Villa de la Hoja, la Villa del Remolino había sido su pequeño aliado. Y para fomentar sus lazos, cada año enviaban por unos meses se intercambiaban algunos equipos de genin.

Apenas había estado más de diez minutos en la enorme villa ninja del País del Fuego cuando se topó con él…. literalmente. Tal vez había sido culpa de ella-era una extranjera allí, se perdía fácilmente y realmente no debería haber ido corriendo tan rápido— pero no tenía por qué habérselo echado en cara de la forma tan educada en que lo hizo. Después de advertir sus ojos azul claro, su cabello rubi en punta, y su actitud quisquillosamente cortés, se apartó y lo dejó comiendo el polvo que dejó a su paso.

Fue hasta después, cuando ella y sus compañeros fueron presentados formalmente con los otros genin de su edad, que descubrió su nombre: Namikaze Minato. No provenía de una familia con tradición ninja como muchos de sus compañeros, pero parecía bastante popular. Muchos de los otros parecían tenerle celos por tener un maestro famoso. Ella no estaba muy segura de qué pensar de su maestro –Jiraiya, con su cabello blanco- hasta más tarde que lo vió espiando en los baños termales por el lado de las mujeres …con ello, decidió que era un pervertido y su titubeante opinión respecto a Namikaze bajó un poco más.

Él parecía pensar que era "el mejor" y aparentemente todos a su alrededor estaban de acuerdo. Decían que era talentoso, un genio en potencia. Ella no veía qué tenía de grandioso.

Cuando dió una demostración de sus habilidades, vió que tal vez —sólo tal vez— había algo en todo lo que decían. Era sólo una práctica de demostración, pero nadie del Remolino podía siquiera igualarlo. ¡Rayos, sus amigos apenas podían rozarlo! ¡Era malditamente rápido y listo! Ningún genin tenía derecho a ser tan rápido. Su sensei se jactó de que "su Minato" sería chuunin muy pronto.

Ella resopló ante tales afirmaciones, pero secretamente estaba de acuerdo.

Lo que siguió fue una fiera rivalidad. Su primer encuentro había sido con el pie equivocado, y el resto de sus interacciones siguieron el mismo camino. Ella lo retaba a pelear; él la derrotaba todas las veces (aunque ella siempre lograba hacerlo sangrar un poco). Daba todo de sí misma en los ejercicios de entrenamiento o en las misiones de rango D que le daban y siempre hacía su mejor esfuerzo, pero él siempre parecía hacerlo mejor con la mitad de esfuerzo. En lo único que ella podía superarlo era en los insultos; él era demasiado educado y carecía de la experiencia necesaria para insultar apropiadamente a nadie o para dar con una réplica medianamente decente.

Al principio, cuando comenzó a llamarla "Uzumaki-kun" en vez de "Uzumaki-san", ella pensó que finalmente estaba captando el arte de insultar. Seguro que ella parecía un niño; era una marimacho, usaba holgadas ropas de chico, actuaba como un niñp, era delgada, su cuerpo aún no se había desarrollado y usaba su cabello rojo-sangre a la altura de sus hombros sin ningún estilo en especial. No había en ella nada remotamente femenino. Así que realmente, llamarla "Uzumaki-kun" tenía perfecto sentido como insulto. Era muy bueno, lindo y sutil.

Pero entonces hizo una imperdonable cosa de chicas. Algo que la horrorizó en extremo y si hubiera podido purgar el episodio de su mente, habría sido muy, muy feliz… Desafortunadamente, ningún breve episodio de amnesia vino en su rescate. Contrajo un ligero enamoramiento hacia el quisquilloso Namikaze.

Su escuadrón u el de él estaban en una pequeña misión de escolta de rango C. Tenían que proteger a un pequeño grupo de mercaderes que viajaban por un área del País del Fuego que había tenido gran actividad de pillaje. Debía haber sido como una caminata en el parque para seis genin. O eso pensaron sus instructores y entonces—ningún jounin había ido con ellos.

No había sido como una caminada en el parque. Había muchos bandidos. Estaban en gran desventaja numérica. Y ella fue descuidada, torpe y se torció un tobillo, por unos instantes fue peligrosamente vulnerable.

Namikaze había estado cerca, advirtió que necesitaba socorro y acudió en su defensa. Un momento estaba sola, mirando cómo un feo bandolero caía sobre ella con una espada oxidada lista para partirla en dos, y al momento siguiente él se interponía entre el bandido y ella, bloqueando la repugnante espata con un kunai. Sostuvo la estocada de un hombre mayor y más grande que él, y después hizo a un lado su espada y lo abatió con un movimiento rápido y calculado.

Ella se le quedó viendo con una reciente admiración. La mirada dura y determinada de su rostro era mucho más impresionando que la usual sonrisa que mostraba en los entrenamientos. Y en ese breve instante, esa fracción de segundo, le pareció un chico apuesto.

Entonces él se alejó para ocuparse de alguien más y el pequeño "instante" terminó. Confundida y cojeante se puso de pie y logró derrotar a otro bandolero a pesar de su tobillo antes de que todo terminara. La pelea había acabado, los bandidos restantes se dispersaron asustados, uno de sus compañeros de equipo le vendó el tobillo y lograron llegar a su destino.

Luego, en los momentos más inoportunos, la acometían extrañas sensaciones cuando estaba con él. Si tenía algo que ocupara su atención, no era tan malo, pero cuando estaban haciendo entrenamiento rutinario y él estaba en los alrededores, se volvía loca. Sentía como una emoción cálida y refrescante, sentía como mariposas en el estómago, y no podía sostenerle la mirada, ni hablar coherentemente cuando trataba de hablar con él (por suerte, podía insultarlo igual de bien que antes).

Fué una experiencia enteramente nueva y horrible para ella. Detestaba cada momento cuando se sentía extraña cerca de él. Peor aún, comenzó a sentir la imperiosa necesidad de atraer su atención, de hacer que la viera como una chica en vez de cómo un chico. Y como resultado de sus tumultuosos pensamientos, comenzó a meterse con él más que nunca.

Cuando finalmente terminaron los tres meses y llegó la hora de volver a casa, al Remolino, tuvo la desgracia de que Namikaze estuviera ahí para verla partir. Fue más que humillante porque sus compañeros de equipo comenzaban a sospechas de sus sentimientos secretos hacia el genin de Konoha. Y claro, para peorarlo todo, él tuvo que despedirse personalmente de ella.

"De verdad lamento que realmente no nos conociéramos bien, Uzumaki-kun," se disculpó él y logró parecer sólo parcialmente forzado en sus palabras. "Lamento que no pudiéramos ser amigos. Parecer ser un chico genial... cuando no estás jurando a derecha a izquierda. Con tu determinación, estoy seguro de que un día serás un gran shinobi."

Y fué entonces que ella se dió cuenta de que él no había estado insultándola todo ese tiempo. Aunque su tono parecía un poco duro, estaba siendo muy sincero en sus palabras, no había nada de sarcasmo en su voz. Dios santo, él de verdad había creído que ella era un chico

Ella lo asió por el cuello de la camisa con la mano izquierda, mientras que hizo la derecha en un puño y lo golpeó en la nariz tan fuerte que cayó cuán largo era y su nariz comenzó a sangrar..

"Tú,estúpido niñito rubio!" le había gritado ella. "¡Soy una chica, maldición!"

Sus compañeros de equipo casi habían llorado de risa. Y normalmente ella se habría reído con ello. Antes siempre le había divertido que la confundieran con un chico; se había sentido orgullosa de ello —orgullosa por no ser una niñita llorona y tonta. Pero no podía evitar sentirse dolida y confundida porque el primer chico que le había gustado (no que ella quisiera sentirse atraída por él) había creído que era un chico.

Con una última mirada hacia su némesis (y desafortunado objeto de no pretendido afecto) giró los talones y se puso en marcha hacia su casa. El resto de su grupito la alcanzó, todavía riendo histéricamente. Todos eran chicos; era la única kunoichi del Remolino que había ido (lo cual probablemente empeoró las cosas, Namikaze probablemente sólo asumió que todos eran chicos, porque no había ninguna chica cuya presencia fuera obvia).

Ella, Uzumaki Kushina, había querido odiar a Namikaze y no sólo por culpa de su estúpido enamoramiento. Pero una vez que su rabia se hubo enfriado—alrededor del tercer día de viaje— no puso evitar entender sus razones. No parecía una niña, ni vestía como una, ni actuaba como una, ni nada. Prefería que le dijeran "Uzumaki" en vez de "Kushina" era demasiado… de niña. No era extraño que el genio (bueno, ¡no tan genio!) Namikaze se hubiera engañado.

Y entonces—bastante contra su voluntad—persistió una pequeña parte de su estúpido, estúpido amor por él. Aún ahora se inflamaba brevemente, cuando le llegaba algún rumor de cuán increíble era Namikaze, pero este sentimiento se hacía cada vez más y más fácil de reprimir. Suponía que probablemente el tiempo y la distancia lo hacían más fácil.

Ya no era una pequeña marimacho; era una kunoichi muy fuerte que acababa de convertirse en jounin. Su cabello rojo le había crecido mucho desde su visita a Konoha. De hecho, parcialmente para evitar ninguna confusión de género en el futuro, se había asegurado de dejárselo crecer debajo de la cintura. Ningún muchacho tenía el canello tan largo. Y finalmente su femineidad se volvió más evidente cuando llegó a su plena pubertad a los quince y le crecieron unos (pequeños) pechos. Usaba ropa más ceñida, reveladora, para asegurarse que todos pudieran verlos. Rayos, de no ser por su naturaleza un tanto agresiva y su comportamiento, fácilmente podía ser confundida con una chica hermosa el primer vistazo.

Al menos eso era lo que le habían dicho algunos de sus amigos. No les creía. Nunca se sintió muy femenida. Claro, podía fingir muy bien. Tenía que hacerlo, después de todo era una Kunoichi. Había tenido éxito en unas cuantas "misiones seductoras", donde tuvo que usar sus "encantos femeninos" para llevarla a cabo..

La única vez que se había sentido como una chica (emocionalmente —biológicamente su ciclo menstrual era más que suficiente para recordarle su lado femenino) fue cuando fue víctima de su pequeña obsesión con Namikaze. Fué un sentimiento que se esforzó en apagar. Incluso so él —por algún extraño milagro— llegaba a encontrarla remotamente atractiva y de alguna forma regresaba sus sentimientos, nunca funcionaría. Él era de La Hoja, y ella del Remolino. Eran aliados, sí; pero de villas distintas y a varios días e viaje. Ella nunca dejaría su hojar y sabía que él tampoco.

Y además estaba su carrera. Si se involucraba con él —o con cualquier otro hombre, vaya— estaba el riesgo de los bebés. No sabía cómo cuidar bebés. No quería saber cómo cuidar bebés. Bebés significaban dejar de ser una kunoicho. Los bebés significaban convertirse en madre y en una ... ugh…ama de casa.

No, eso no era para ella. También le ahorraba el problema de un corazón roto y de un rechazo. No se ocupaba de perseguir chicos, podía entrenar más, avanzar en su carrera, y no se sentía emocionalmente destrozada.

Como lo viera, era una situación de ganar – o ganar, realmente.

Pero ahora no era el momento de recordar y pensar acerca de sus elecciones de vida. Era momento de enfocarse en su deber. La guerra estaba en su apogeo, y los de Iwa (¡los malditos bastardos!) acababan de destrozar su villa en pedazos. El Remolino ya no existía y pronto los ninjas sobrevivientes estarían muertos.

Sólo termina con tu pequeño complot de seducción/asesinato y vete a Konoha, pensó. No puedo derrotar a Iwa yo sola, pero si me uno con los de Konoha, podré tener un poco de venganza y una oportunidad de sobrevivir. ¡Esos descerebrados de la roca no han visto lo último de Uzumaki! Todavía no…

Mirando críticamente su reflejo en el espejo de la habitación, se aplicó cuidadosamente el lápiz labial. Si tan sólo alguna de sus compañeras kunoichi, (no amigas, pocas mujeres ninjas podían soportarla lo suficiente para ayudarla con las cosas femeninas) estuviera cerca para maquillarla. Kushina sabía lo básico, pero necesitaba lucir increíble y no ella misma.

Antes, se había puesto unas ropas que se suponía que eran un vestido y unos zapatos de tacón. Se había teñido el pelo de negro (con una pintura barata que desaparecía después de algunos lavados) para evitar ser identificada por su distintivo cabello rojo. Y ahora estaba dándose los últimos toques en el rostro…

"Estoy bastante bien," murmuró para sí y volvió a guardar su maquillaque (que usaba sólo en las misiones con el resto de sus utensilios ninjas usuales.

Comprobando sus armas ocultas (un par de agujas largas en su cabello como si fueran palillos, unos cuantos shuriken en el dobladillo de las anchas mangas y un kunai y un cuchillo un poco más largo atados con una correa a una pierna, por debajo de su falda) cogió un frasco con veneno en polvo. Cogiendo el frasco de forma que pudiera esconderlo y liberar su contenido sin ser descubierta, miró su reflejo una última vez, antes de salir. Se detuvo en lo alto de la escalera para recomponerse y ponerse su máscara "seductora" antes de bajar a la pieza que hacía las veces de taberna en la posada… y hacia su objetivo.

La posada estaba en lo que había sido la frontera en el País del Remolino y el País de la Tierra; también estaba cerca del País de la Lluvia —los desafortunados nexos entre las Cinco Grandes Naciones Shinobi. En la taberna había varios ninja de Iwa junto con un buen número de civiles. Con suerte, podría envenenar a los grupos de Iwa y escapar antes de que las cosas se salieran de control.

El ambiente estaba lleno de humo y ruidoso y olía a sudor, licor y otras bebidas en la taberna, pero hizo caso omiso. Iba a desempeñar el papel de una mujerzuela que pretendía filtrear con algunos ninjas. No dejaría que nada se interpusiera en su camino.

Kushina atravezó la multitud con la gracia de un gado, sus ojos azul verdoso buscanan su objetivo a travéz de la maultitud. Los encontró en un rincón particularmente esquina particular oscuro y rodeada de humos y esbozó una sonrisa boba. Justo cuando comenzaba a dirigirse aleatoriamente hacia ello (no podía ir directamente hacia ellos, despertaría sospechas), el brillo de unos cabellos atrajo su atención.

Era un hombre envuelto en una capa y encapuchado que acababa de entrar por la lluvia. Por debajo de las sombras de su capucha había algunos puntos de cabello amarillo brillante. Era un tono muy distintivo; le recordaba a—

No. Se le congeló la sangre en las venas. ¡Él no puede estar aquí! ¡Si lo ven, vendrán más ninjas de Iwa y será un desastre—¡No podré escapar nunca! Maldición…

Enmascarando cuidadosamente su momentánea angustia, cambió de dirección para acercarse al hombre misterioso. Por el momento, los otros parroquianos no lo habían notado, pero eso no duraría mucho. Si era quien creía que era, debía marcharse rápidamente. Namikaze Minato era demasiado bien conocido—o mal conocido—para permanecer anónimo en ningún sitio.

Justamente cuando él logró ocultarse en un oscuro lugar del cuarto, ella llegó hasta su mesita. Puso su mejor sonrisa (las cual probablemente era horrible, pero muchos habían sido engañados por ella el tiempo suficiente para que ella hiciera lo suyo) se sentó sobre la mesa y bajó la vista hacia su rostro encapuchado. Él la miró con algo de precaución—pero no parecía demasiado preocupado, el condenado bastardo—y ella estaba casi cien por ciento segura de su identidad.

"Minato-kun," ronroneó ella, y sopesó cuidadosamente su reacción. Sus ojos se abrieron brevemente, sorprendido y se endureció la línea de su mandíbula, eso fue todo lo que necesitaba ver. Se acercó más y se inclinó con el pretexto de mostrarle algo más de su cuerpo. "No deberías estar aquí, Minato-kun. Hay un equipo de cuatro ninjas de alto rango de nivel jounin de Iwa, y probablemente pronto vendrán más."

"No importa," se encogió de hombros y ella tuvo que esforzarse para reprimir un estremecimiento al oír su voz, más profunda y madura. "Puedo encargarme de ellos."

¡Cómo no! "¿Y de los que vengan después?" murmuró ella, y se acercó más.

"De ellos también," dijo con una débil sonrisa.

"Supongo que podrías, si quieres crear todo un desastre," se encogió de hombros ella y se deslizó junto a él. "Y usualmente me encantaría. Pero quiero salir de aquí con mi equipaje y sin un montón de ninjas persiguiéndome todo el camino." Colocó los codos sobre la meza y apoyó su barbilla en los puños. "Iba únicamente a envenenarlos y escapar furtivamente por atrás. No es tan satisfactorio, pero sí más limpio."

Él la estudió con curiosidad. "¿Quién eres?"

Kushina pensó en decírselo. Si la recordaba y le creía cuando le dijera su nombre, podía no tener una muy buena reacción, aunque definitivamente él ya era un jounin. Pero, si le decía, ¿la dejaría seguir adelante con su plan y le permitiría irse a Konoha?

Realmente, no nos separamos en los mejores términos, y preferiría no tener que discutir con él. Se acarició pensativamente el mentón, esforzándose en mantener la fachada da que filtreaba con él ante cualquier otro que pudiera verla. Veré si puedo salir del paso permaneciendo anónima… por ahora.

"Nadie en especial, sólo una aliada estratégica." Se cogió un mechón de su cabello teñido. "Si vas a hacer algo en secreto, deberías teñirte el pelo. Tu pelo brilla intensamente incluso debajo de esa capucha.

"¿Fué así que viste, o no??" suspiró él, todavía sonriendo.

"Mm-hm," sonrió. "¿Debería seguir adelante con mi pequeño plan de envenenamiento, o debería marcharme antes de que arrases este lugar?"

Él se acomodó en su asiento, hundiéndose en las sombras, sopesando sus opciones. Era imposible decir lo que estaba pensando. Todavía había una sonrisa en su rostro, pero sus ojos azules eran fríos y calculadores. Ella jugó con un extremo de su manga mientras esperaba, manteniendo la fachada de mujerzuela que había asumido. Cuando él tomó su decisión, volvió a inclinarse hacia adelante.

"¿Me darías la llave de tu cuarto?"

No dudó un segundo. No había nada en sus escasas pertenencias que pudieran ofenderlo, o que se sintiera avergonzada de que él las viera. Sus papeles de identificación estaban bien escondidos, así que no había peligro de que la descubriera. Entonces con una amplia sonrisa, deslizó la llave de su cuarto entre los pliegues de su falta y le susurró su número de habitación.

Cuando él desapareció en su habitación barata, ella volvió a enfocarse en su blanco original. Por suerte, no habían llegado más ninjas de Iwa; todavía eran sólo cuatro. Sería difícil, pero pretendía abatir al menos a uno y con su veneno de acción lenta probablemente podría acabar con todos antes de que se percataran de sus efectos…

Tal vez era por lo cerca que estaban de acabar con el Remolino. O tal vez eran descuidados y habían bebido demasiado sake. Sin importar la razón, había sido ridículamente fácil deslizar el veneno en sus bebidas.

Eso la tenía nerviosa.

Continuando con su farse, inventó una excusa acerca ir a traer a otra amiguita para que se uniera a la diversión. Los ninja de Iwa wean unos cerdos engreídos y la dejaron ir sin problemas ante la promesa vacía de que regresaría pronto. Kushina les dió un último adiós con la mano antes desaparecer escaleras arriba... y dejó caer su máscara al entrar a su cuarto.

Como sospechaba, encontró a Namikaze revisando sus cosas. Había una guerra y la información era muy preciada, sin importar que fueran enemigos o aliados. Cerrando la puerta tras de sí, advirtió que estaba estudiando su banda ninja (hitae-ate) con la luz de la luna que se filtraba de la pequeña ventana.

"Una Kunoichi del Remolino, ¿eh?"

"Así es," respondió, ya sin molestarse en mantener su falsa imagen. "Esto fué demasiado fácil," murmuró, mirando sombríamente en la dirección de la taberna. "He tenido suerte, pero dudo que se alargue. Voy a irme de aquí, si no te importa."

"¿A dónde irás?" preguntó él, bajando su capucha para que ella pudiera verle mejor el rostro en la escasa iluminación.

"Planeaba ir a Konoha," contestó y le quitó sus cosas. Se cambió los tacones por sus sandalias de siempre, pero no se cambió nada más. La especie de vestido que llevaba era revelador y todo, pero le permitía correr bastante bien. "¿Hay algún problema con eso?"

"No debería, si tus intenciones son pacíficas." Se encogió de hombros. "Dime tu nombre y te escribiré una nota que te facilitará las cosas."

"No te voy a dar mi nombre, hasta que esté segura en alguna otra parte," le contestó ella y puso sus cosas por encima de su hombro. Kushina dejó algo de dinero y la llave sobre la mesa—hizo un rápido chequeo del exterior—y se dispuso a escapar por la ventana hacia el lluvioso exterior. "Ahora, si me disculpas—"

"¡Espera!" Su brazo bloqueó su camino, y no le quedó más remedio que detenerse. "Puedo sacarte de aquí más rápido, pero me gustaría un favor a cambio."

Ella le dirigió una calculadora mirada. "¿Qué tipo de favor?"

Él se movió inquieto, por un momento, repentinamente nervioso. "¿Tendrías una cita conmigo?" barbotó finalmente.

Kushina retrocedió algunos pasos por la sorpresa. "¡¿Que-qué?!" Su mente giró en todas direcciones, sopesando diferentes opciones, que no la llevaron a ninguna parte. "¿Por qué?"

"Sólo sería una vez, ¡te lo prometo!" se apresuró él a asegurarle, rascándose la cabeza y sonriendo débilmente, avergonzado. "Es sólo que... mis amigos no dejan de molestarme con que me busque una novia. Así que pensé que si salía con una chica por una vez, dejarían de molestar por un tiempo."

Pasaron algunos minutos antes de que su confundido cerebro entendiera el sentido de lo que él le decía. "¿Por qué no se lo pides a alguna chica del lugar?"

"A todas las que conozco lo suficiente para pedírselo, ya tienen alguna relación," suspiró. "Y con cualquier otra en quien pudiera interesarme querían algo a largo plazo. Tú eres una kunoichi, una profesional. Sería como una misión. Yo pagaré todo; sólo tienes que seguir el juego y hacer tu parte."

El creciente ruido del piso inferior la ayudó a tomar una decisión. "Déjame elegir el restaurante y tenemos un trato."

"¡Hecho!" accedió él con una gran sonrisa. Le agarró los brazos y le hizo un guiño. "¡Sujétate!"

Entonces sintió como si volara, cayendo, subiendo, bajando y girando. Repentinamente el sombrío cuarto del mesón se convirtió en un oscuro bosque. Y no había lluvia.

"¡Qué infiernos!" dijo Kushina aturdida, mareada y vacilante. "¿Qué fue eso?"

"Ése fué mi Hiraishin no Jutsu," declaró él orgullosamente. "Yo mismo lo inventé. Bienvenida a la frontera de la Tierra del Fuego."

"¿Huh?" Miró a su alrededor, asombrada. "¿De verdad?"

"De verdad," sonrió él con aire satisfecho. "Konoha está a cuatro días de viaje por ahí,! Dijo señalando con el brazo. Tengo que volver a mi misión, ¡así que te veré allí!"

Y entonces hubo un rayo de luz amarilla y él había desaparecido.

Kushina se movió y entonces, sus piernas, que parecían haberse vuelto de gelatina y se dejó caer. Su "misión" había terminado y por el momento estaba sola y podía dejar que se pensamiento vagara o se asustara tanto como quisiera. Y estaba cercana al pánico.

¡Namikaze Minato me pidió una cita! Oh Dios, ¡ahora luce mucho más apuesto! Ése jutsu—¡por eso que es lo llaman el Rayo Amarillo de Konoha! ¡Qué hará cuando descubra que yo soy la misma chica que confundió con un niño y que por ello lo golpeó en la nariz? ¡Oh ¿qué voy a hacer, qué voy a hacer, qué voy a hacer?!

Apretando los dientes, se recompuso ligeramente y respiró profundamente unas cuantas veces.

¡Contrólate Uzumaki Kushina! ¡Concéntrate! ¡Puedes aprovecharte de esto! Puedes sacarle una comida gratis… será como una disculpa ¡que él no sabe que hace! ¡Y también podrías deshacerte de tu estúpido enamoramiento por él!

Eso la hizo sentirse mejor.

Con la cabeza bulléndole de planes a medio formar, se puso de pie y comenzó a caminar en la dirección indicada. Sería lindo volver a ver Konoha. La villa era mucho más grande de lo que la suya… había sido. ¡Y era tan bonita! Usualmente el clima era muy agradable; no llovía tanto como en su antigüo hogar. Desafortunadamente no tenía nada de mar, pero no había lugar perfecto.

Con suerte, el Hokage me recordará... Y recordará cosas buenas. Eso haría las cosas más fáciles.

Se quitó las agujas de senbon del cabello y dejó que la larga cascada le cayera por los hombros. Para cuando buscara a Namikaze para su "cita", planeaba que su cabello hubiera vuelto a ser rojo. Y se vestiría como ninka. Él quería una profesional y ella no iba a desperdiciar sus escasos ahorros en un vestido (planeaba quemar el que estaba usando).

Lo dejaré con la cartera vacía, presumió para sí, y todas las cuentas entre nosotros quedarán saldadas. Voy a terminar con él de una vez por todas u entonces ¡seré libre! ¡Libre en la hermosa Konoha, lista para volver a empezar y cobrar venganza de Iwa y el País de la Tierra!

Uzumaki Kushina, ¡eres increíble!

Espero que les guste esta historia tanto como a mí, sólo les pido que dejen reviews para animar a la autora a continuar con este plotbunny.

Gracias.

Ianthe