Ember con una nueva aventura para sus cabezas. Retomo una historia que dejé con una pequeña interrogante… y que en este fic encontrará respuesta.

Espero todo su apoyo, al igual que el recibido en la primera saga de este fic.

Un besote desde Nunca Jamás.

Ember.

Capítulo I: Fatales Comienzos.

Abraxas abrió los ojos.

La luz del sol se colaba por sus pesadas cortinas y le llegaba justo en la cara, dándole a su pálido rostro un brillo especial. Con sus manitas se restregó los ojos adormilados, y después de un movimiento de cabeza se sentó en su cama.

Su cabello rubio platinado lo tenía desordenado por su posición al dormir, y en el contorno de su boca se podían ver rastros de saliva… solía babear la almohada mientras soñaba. Se estiró un poco y sonrió al sentir como sus músculos le respondían. Luego se puso de pie.

Con un pijama entero de color verde, de aquellos que terminan con unas esponjosas botitas en sus pies, corrió por el largo pasillo. Finalmente llegó a la puerta grande que conducía hacia la pieza de sus padres, y una vez ahí decidió que debía entrar.

Con el mayor de sus esfuerzos giró la perilla de la puerta. Su padre le había dicho que sólo un hombre fuerte podía empujar aquella gruesa puerta de madera, y él, tan orgulloso como todo Malfoy solía ser, aceptó el reto y en ese momento apoyaba todo su cuerpecito en la puerta para empujarla hacia adelante.

Con alivio notó que la entrada cedía a su esfuerzo, y en un par de pasos ya estaba con ambos pies en la sacramental habitación donde sus padres dormían, con una respiración acompasada sobre la alta cama.

Sonrió de medio lado, su mueca traviesa natural, y tomó impulso para correr y saltar a los pies de la cama donde sus padres dormían abrazados. Una vez sobre el suave cobertor blanco gateó hasta quedar en el centro de sus dos progenitores y se acurrucó a la altura de sus estómagos, apoyando su cabeza sobre su mamá.

Hermione dormía de medio lado, con su rostro ladeado hacia su esposo y su cabellera desordenada cubriendo sus mejillas. Draco tenía su brazo bajo el cuello de su esposa, y su nariz apuntaba hacia el cielo, mientras arrugaba levemente el ceño.

- ¿Mamá?- llamó Abri en un susurro, incorporándose y acercando su cara a los enmarañados mechones castaños que no le permitían ver a su madre.

Como toda respuesta recibió un bufido cansado, pero ninguna otra palabra que le señalara si había sido escuchado o no.

Sus ojos emitieron un suave destello, y cambió de posición para acercarse a su papá, el cual solía tener el sueño más liviano que el de su madre. Con sus manitos se apoyó en el fuerte pecho de Draco y miró directamente hacia sus párpados cerrados.

-¿Papá?- llamó elevando su tono de voz-. Papá, dijiste que hoy lo haríamos- refunfuñó algo molesto.

Sin mayor paciencia acercó su mano a la nariz de su papá y se la jaló, esperando que con ello le tomaran atención.

De forma automática Draco se movió. Con sus brazos rodeó el cuerpecito de su hijo y lo dejó a un lado, mientras abría ambos ojos con una mirada apremiante.

- Maldito duendecillo- le reprochó, haciéndole cosquillas en su estómago a la vez que el pequeño se revolcaba de la risa-. Ya verás como te despertaré yo cuando seas adolescente y no quieras hacer nada más que dormir-.

Recién entonces Hermione abrió los ojos y sonrió divertida al ver la escena juguetona entre los dos hombres que colmaban su corazón. Draco torturaba a su pequeño a base de cosquilleos y besos que repartía por sus mejillas pálidas, mientras el chiquito pataleaba y reía para deshacerse de su secuestrador.

- Ves, te dije que hacerse los dormidos no funcionaría- regañó la castaña, aún sonriendo .

- Sí, pero jamás pensé que traviesamente Abri se atrevería a jalar mi nariz- espetó Draco soltando a su hijo y sentándose apoyado en el respaldo de la cama.

Abri sonrió y se acercó a su mamá, besando su mejilla y enredando sus bracitos alrededor de su cuello.

- Es que si no los despierto siguen durmiendo por siempre- apuntó el pequeño con ese tono de sabihondo heredado de su madre-. Hoy dijiste que me enseñarías a hacer el Amago de Wrrronski- pronunció, exagerando las erres para después sonreír.

Hermione arrugó el ceño de inmediato y abrazó a su hijo con dominio, aspirando el suave aroma a bebé que aún poseía.

-Eres muy pequeño para eso- le dijo al oído y mirando a Draco fijamente-. No me parece seguro que intentes algo así-.

Padre e hijo hicieron un mohín al mismo tiempo. A Hermione le impresionaba lo iguales que podían ser, incluso en sus gestos, tanto así que muchas veces se solía preguntar qué había tenido que ver ella en la gestación de Abri, porque los genes predominantes habían sido los Malfoys, sin duda alguna.

Draco se acercó a ella y besó su frente con suavidad, a la vez que acariciaba la cabeza de su hijo desordenándole el lacio cabello. Mientras tanto Abri rodeaba nuevamente el cuello de su madre con aprehensión y la abrazaba para convencerla de que lo dejara intentar esa famosa jugada de Quidditch.

-Por favor, mamá- le rogaba-. Prometo que no me caeré-.

- Vamos, Hermione- le dijo Draco con su áspera voz mañanera-. Tú sabes que no se la enseñaría si supiera que se puede lastimar-.

La muchacha estudió la situación, dejándose besar y acariciar por ese pequeño hombrecito que le robaba el alma con cada una de sus ocurrencias. Pero mantuvo el rictus serio en su rostro, sin demostrar las ganas que tenía de ceder a sus tiernos besos de niño.

Sabía que Draco no haría nada que comprometiera la seguridad de su hijo, aún menos cuando ella se podría a trabajar al día siguiente y no podría estar todo el día con su pequeño, cuidándolo.

En aquellos años desde que había salido de Hogwarts, Hermione se había dedicado a estudiar y a especificar sus conocimientos sobre legislación mágica. Después de dos años de estudio había decidido ponerse a trabajar, antes su hijo era demasiado pequeño para dejarlo solo.

Arrugó la nariz y miró a ambos con total autoridad.

-Está bien- aceptó finalmente-. Pero, Abri, tú debes prometer que en la noche te portarás bien. Le harás caso en todo a Winky y no harás pataletas- el pequeño asintió de forma exagerada-. Y tú, Draco… no quiero ninguna broma pesada a Harry ni a Ron hoy en la noche, ¿estamos claros?-.

Draco sonrió travieso y besó los labios de su esposa. Ella no pudo evitar sentir cosquillas con aquel contacto.

-Sí, prometo ser tan amable y callado como un Hufflepuff- respondió… ¡Diablos!, ahora si que me aburriré en dicha fiestecita… y justo cuando San Potter iba a ser ovacionado en público. Todo sea por mi hijo…-.

La muchacha sonrió y se incorporó, poniéndose de pie. Tomó la bata negra que había sobre una silla y se cubrió con ella su pijama veraniego. Luego tomó a su pequeño en brazos y dejó que este enrollara sus bracitos alrededor de su cuello.

- Ya, te voy a bañar para que no te enfríes- le dijo besando su naricita-. Amor, dúchate tú también-.

Él la miró y asintió. Sus ojos plata brillaron cuando ella se dio vuelta y caminó hacia la salida de la habitación…

No importaba cuanto tiempo pasara desde la caída de Voldemort. Cada vez que se despertaba él sentía que todo ello era un maravilloso sueño.

OoOoOoOoO

- Pansy, ¿has visto mi caja con los apuntes acerca de las crías del Colacuerno?- le preguntó Charlie con todas sus mejillas cubiertas de polvo mientras revolvía las cosas embaladas que habían en la sala del departamento.

- Sí, es la caja de al fondo, a la derecha- le respondió la chica sonriendo desde el umbral de la puerta, apoyada en el marco de la misma.

Ya llevaba tres semanas arreglando todo en Rumania para la mudanza de Charlie a Inglaterra. Él le había pedido que lo ayudara a organizar sus cosas, sobretodo sus archivos con sus apuntes acerca de las razas de dragones y sus características. Y no podía negar que ella había hecho un excelente trabajo.

Era tanto lo que habían avanzado con la eficiencia de Pansy que ya estaban casi listos para la mudanza. Todas las cosas de Charlie serían enviadas al día siguiente a la Madriguera, y luego de eso ambos viajarían de vuelta a Inglaterra.

Pansy deseaba de todo corazón que no hubiera ningún percance con la mudanza. Lo único que quería era volver a su país junto a su novio para poder abrazarlo y besarlo hasta que se aburriera… aunque eso era bastante improbable. También se moría de ganas de ver a sus amigos, los extrañaba muchísimo, al igual que a su sobrino Abri y a su hermano postizo… Harry Potter.

- ¿En qué piensas, preciosa?- le cuestionó Charlie acariciando su mejilla y besando sus labios con apenas un roce-. Te ves distraída-.

Ella sonrió y rodeó con sus brazos el cuello de su novio, besando nuevamente aquella boca que le era tan apetecible. No había nada más adictivo que aquellas fuertes manos rodeando su cintura.

- Estaba pensando que es una lástima que tengas que ir a esa absurda reunión… cuando podemos ocupar nuestro tiempo en cosas mucho más interesantes- soltó con una mirada coqueta en sus ojos azules.

Charlie rió con gravedad, sujetando aún más a la chica de la cintura, y la acercó a él con apremio.

- Sí, es una lástima- reconoció seductor-. Pero como queda tan poco tiempo para irme, tengo que limar todos los inconvenientes que podría tener mi proyecto. Sabes que si no resulta tendría que regresar a Rumanía-.

Pansy asintió y besó el cuello de Charlie, inspirando ese aroma varonil que emanaba de su cuerpo, como un afrodisiaco que le recordaba porqué ella lo seguiría hasta el fin del mundo: él era el único hombre que la hacía inmensamente feliz.

- Lo sé- murmuró aún besándolo-. Lo que no quita que me gustaría que te quedaras conmigo-.

Él volvió a reír y bajó una mano hacia la cadera de su novia, posesivo.

- No puedo, pero prometo satisfacer todos tus deseos cuando vuelva, ¿te parece?-.

Una serie de imágenes pasionales pasaron por la mente de Pansy tras aquellas palabras, y sus mejillas se tornaron rosadas sin que ella lo pudiera evitar. Se deshizo del abrazo de su novio y asintió.

- De acuerdo- respondió-. Apresúrate entonces, entre más temprano vuelvas, más tiempo tendremos para que satisfagas mis más oscuros deseos-

Charlie sonrió y pasó junto a ella, cruzando la puerta.

-¿Oscuros?, entonces espérame sin nada encima- le señaló mientras tomaba el abrigo que colgaba junto a la puerta-. O, si quieres, puedes cubrirte con una capa de chocolate… -.

Y con una última mirada deseosa… desapareció del departamento.

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Se miró al espejo por última vez, admirando la estola de seda que cubría sus hombros tostados, y luego de un leve asentimiento de afirmación… salió de su habitación hacia la primera planta de la mansión.

Sentado tras el escritorio la esperaba Draco. Su impecable traje negro hacia contraste con su piel pálida, y su perfume elegante envolvía la estancia, seduciéndola a quedarse en vez de ir a esa fiesta en la cual su presencia era obligatoria.

Los ojos grises del muchacho casi se quedan pegados al verla. Sus labios delgados se curvaron en una sonrisa galante y se puso de pie, caminando hacia ella.

- Te ves hermosa- le dijo, besando su mano y admirando el brazalete "Malfoy" que rodeaba su muñeca. Sonrió.

Hermione dio una vuelta haciendo gala de lo ligeras que eran las capas de su faldón verde esmeralda y abrazó a su esposo, hundiendo su respingada nariz en su cuello.

- Tú te ves increíblemente atractivo- reconoció ella.

Él pasó un dedo sobre el desnudo hombro de su mujer y dejó que ella se estremeciera con su contacto.

-Lo sé- respondió arrogante, y tomó la mano de Hermione para salir en busca de su madre, quien debía estar esperándolos en el vestíbulo que daba a la entrada de la Mansión.

Narcissa dejó a Abri en el suelo al ver a su nuera y a su hijo acercarse, listos para la fiesta. Ella también iba ataviada en un elegante vestido tornasol. Su cabello rubio caía liso por sus hombros, y la sonrisa en su rostro aristocrático iba dirigida a su nieto que aún no soltaba su mano.

A muchos les impresionaba lo buena abuela que era Narcissa. No sólo porque se sentía halagada cuando debía quedarse cuidando a su nieto, sino porque se daba el tiempo de jugar con él y se dedicaba horas a enseñarle modales, lo que llevaba a que el pequeño Abri fuera todo un caballerito con sólo tres años cumplidos.

Durante los fines de semana mandaba a los elfos domésticos – a los cuales Hermione le pagaba un sueldo, a pesar que ellos se limitaran a esconderlo bajo la almohada- a cocinar mil y un cosas deliciosas para su nieto y los amiguitos de él que invitaban a jugar. Incluso ella misma se preocupaba de que todos los bocadillos fueran hechos de tamaño miniatura, para que así el pequeño Abri no se fuera a atorar al engullirlos.

Draco se acercó a su madre y besó su pálida mano, para luego acercarse a su hijo y desordenar su cabello.

- Veo que ya estás listo para dormir- le dijo Hermione besando su mejilla con cuidado, dejándole una clara marca de labial carmesí.

Abri asintió y jaló la mano de su abuela para que se agachara. Ella hizo caso al llamado y dejó su rostro a la altura de la de su nieto.

- Te quiero, Abue Cissy- le dijo besando su mejilla, y recibiendo un abrazo de parte de su abuela.

Hermione sonrió ante la escena y miró a la elfa doméstica que había aparecido junto a Abri. La criaturilla iba envuelta en una especie de uniforme azulino y en su mano sujetaba una taza que estaba cubierta por una boquilla de la cual Abri tomaba su leche.

- Winky, nosotros llegaremos alrededor de las dos de la mañana- señaló Hermione con una sonrisa-. Acuesta a Abri y no permitas que se desvele con sus juguetes, hoy tuvo un día muy agitado.

La elfina asintió con exageración y tomó una mano de Abri, el cual era prácticamente de su mismo porte. El chiquito besó a su papá en la mejilla y abrazó a su mamá antes de comenzar a caminar.

- Abri- lo llamó Draco antes de que comenzara a subir las escaleras. El chiquito se volteó y miró a su papá-. Te amo, hijo-.

Los ojos grises chocaron con los de su padre, y una sonrisa sincera cruzó por el redondeado rostro infantil de Abraxas.

- Yo también te amo, papá- miró a los adultos y ensanchó su sonrisa-. Los amo a los tres-.

Y con esas últimas palabras siguió a la elfina hacia su habitación.

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La música melodiosa se elevaba por el salón incitando a todos a moverse a un suave compás. Las mujeres iban entalladas en elegantes vestidos, acompañadas de caballeros en traje y con copa en mano.

La tercera fiesta de la luz, como se le llamaba, celebraba la caída de Voldemort en manos de Harry Potter, el niño que vivió. Se llevaba a cabo todos los 1 de Septiembres, luego de que los padres estuvieran libres del cuidado de sus hijos que se iban a Hogwarts a proseguir sus estudios.

Harry saludaba con algo de desgano a las mismas personas que año tras año iban a felicitarlo por su estupendo trabajo. No le gustaban esas ridículas fiestas a las que debía asistir, aunque se reía de lo lindo con la orgullosa cara de Ron intentado coquetear a toda mujer que se le paseara por el frente, a veces sin percatarse si era soltera la dama a la cual le soltaba un galante comentario.

- ¡Harry!- gritó Demelza, una antigua compañera de equipo, acercándose a él y estrechándolo en un abrazo, a pesar de que no eran tan cercanos como para tal muestra de amistad-. ¿Cómo va todo?-.

Harry sonrió y bebió un poco de la copa de champaña que tenía en su mano.

- Bien, Demelza- respondió por inercia- ¿y a ti?, ¿qué tal todo en la revista?-.

Una sonrisa coqueta se escapó de los labios de la muchacha y posó una mano en el hombro de Harry.

- Estupendo. La edición de la próxima semana será controvertidísima, ya verás cuántos números se venderán-.

Un carraspeo suave llegó a los oídos de Harry, y pronto sintió como una mano tomaba la suya. Sonrió a la pelirroja que se había detenido a su lado y aceptó gustoso el beso en la mejilla que ella le dio.

- Hola, Demelza- saludó con un brillo de orgullo en sus ojos chocolate-. Así que el número será todo un éxito, me alegro-.

La muchacha asintió algo molesta y volteó su rostro hacia el fondo, vislumbrando entre la gente a un muchacho de pelo negro que enseguida reconoció.

- Corman está ahí- señaló como excusa, indicando a McLaggen que bebía champaña conversando con un grupo de jugadores de Quidditch-. Permiso- se disculpó, y corrió hacia donde estaba el chico con el que, al parecer, salía hace un tiempo.

Ginny abrazó a su prometido y se puso frente a él, mirándolo directamente a los ojos. Harry le lanzó una enorme sonrisa y besó la comisura de sus labios.

- Ya, mucho cariño por ahí- dijo un molesto Ron que se acercaba a la pareja-.Wow, Ginny… te ves muy… muy…-.

La chica pelirroja enarcó una ceja y tomó la mano de Harry mientras su hermano buscaba la palabra exacta para ovacionarla por su fabuloso vestido dorado. Sabía que Ron había mejorado algo en su coqueteo, pero aún era algo lento con las palabras.

- Perfecta- terminó Harry tras la lentitud de su amigo, y pronto sonrió hacia la entrada.

Los tres voltearon y vieron a Hermione entrando al salón de fiesta del Ministerio de magia. Ataviada en su traje verde, y con su cabello suelto hasta la cintura, caminaba del brazo de su esposo, Draco Malfoy. Los dos saludaron a un par de personas que se le acercaron a conversar mientras Narcissa Malfoy avanzaba con arrogancia hacia un grupo donde parloteaban las mujeres más elegantes de la fiesta.

Hermione elevó su mirada y buscó con sus ojos miel a sus amigos que debían estar ahí. Pronto sintió tres miradas posadas en ella y saludó con la mano, para luego disculparse con sus interlocutores y caminar rápidamente hacia sus amigos.

- ¿Cómo están?- preguntó con una sonrisa y abrazando con efusividad a sus tres amigos-. Se ven muy elegantes. Ginny, ese vestido está hermoso- comentó mirando a su amiga.

- Tú te ves hermosa también, Hermione- señaló Harry con una sonrisa.

Ginny asintió y miró la sonrisa de su novio.

- Sí, Herms, y tu vestido combina perfectamente con los ojos de Harry-.

La castaña rió tras aquel comentario y se percató de la verdad de las palabras de Ginny: su vestido era tan verde como los ojos de su amigo.

De pronto una mano rodeó su cintura, y el agradable aroma de Draco se coló en su nariz. Al parecer el rubio se había podido deshacer de los viejos del ministerio que lo habían atestado de preguntas acerca de las proyecciones económicas para lo que quedaba del año.

- Galanteando con mi esposa, Potter- dijo con un tono sarcástico, pero levemente amenazante. Hermione pellizcó uno de sus dedos con disimulación y Draco recordó lo que le había prometido en la mañana-. Es broma, Harry… ¿qué tal el trabajo?-.

Harry no se inmutó por el tono usado por Draco, ya estaba acostumbrado, y abrazó a su novia por la cintura.

- Todo bien, aunque aún hay algunos mortífagos sueltos… ya sabes, son escurridizos- comentó, mientras Ginny miraba a su amiga con un claro gesto inquieto.

- ¿Y cómo está Abri?- interrumpió la pelirroja evitando un tema que era de sumo desagradable.

Hermione sonrió y pronto fue callada por Draco, quien habló de lo bien que volaba su hijo en escoba, a pesar de haber aprendido hace sólo un mes.

- Si es todo un Malfoy- señaló, sin dejar de alabar lo inteligente y astuto que era su pequeño.

Las conversaciones pronto fueron interrumpidas por Percy Weasley, quien daría el discurso en nombre del Ministerio de magia. Con su túnica bien arreglada y de pie frente al podio, el más cuadrado de los Weasley comenzó a parlotear, ensalzando la gran intervención que tuvo el ministerio en la batalla final, y como la institución siempre apoyó a Harry Potter en su lucha.

Todos los presentes estaban sentados en mesas para ocho personas, escuchando con aburrimiento las palabras tan falsas del joven Weasley. Ron cerraba los ojos acomodándose en su sitio, cuando de vez en cuando Ginny le mandaba un codazo que lo hacía despertar.

Hermione sólo pensaba en lo difícil que había sido aquella época. No podía olvidar que su pequeño se había llamado Abraxas Potter durante sus primeros seis meses de vida, y todo lo que había tenido que esconder a sus amigos para proteger la identidad de Draco como el verdadero papá de su bebé.

Por su mente pasaron una serie de situaciones que marcaron su existencia. Recordó su borrachera y el dolor de cabeza con el que despertó después de haber dormido con Draco por primera vez. Volvió a sentir aquel beso entre los estantes de la biblioteca, y pudo oír la visión de Draco rogándole que lo salvara cuando estaba dando a luz….

Sus ojos se desviaron hacia la pulsera de los Malfoy que brillaba desde su muñeca. Aquel regalo había sido la pública muestra por parte de Draco reconociéndola como su mujer y como la madre de los futuros Malfoys que poblarían la tierra. Hacía más de dos años desde eso, y aquel recuerdo aún la enternecía.

La mano de Draco buscó la suya sobre la mesa, y sus ojos plata se hundieron en sus ojos miel. Sin importar cuantas veces besara aquellos labios delgados, o se viera reflejada en sus ojos grises… ella aún se sentía como una colegiala con sus hormonas revueltas al ver a su esposo desnudándola con aquella intensa mirada.

- …es por eso que hoy celebramos la caída del mal sobre el bien- señalaba Percy mirando la audiencia-. Porque la virtud siempre vencerá el odio, y la ley el mal… pase lo que pase, el bien prevalecerá de último-.

Con un estridente aplauso los presentes celebraron el término del discurso- más por saber que la agonía se había terminado que por estar encantados con las palabras dichas- y todos se pusieron de pie para despedir al aburridísimo orador.

Pero de pronto los aplausos cesaron tan abruptamente como habían iniciado, y una brumosa oscuridad cubrió la sala para posarse entre los presentes. Los primeros gritos de alarma se hicieron notar y una ronca risa de hombre se elevó desde el techo como el corte filoso de un cuchillo.

Draco buscó a tientas el cálido cuerpo de su esposa junto a él, y se abrazó de aquella cintura mientras sacaba su varita de su pantalón… siempre andaba con ella en el bolsillo.

Harry, ¿qué sucede?- preguntó Ginny a un lado, buscando su pequeño bolso dorado donde guardaba su varita- ¿qué es todo esto?...-.

Harry negó y tomó la mano de su prometida con violencia, colocándola tras él para cubrirla de un posible ataque. Aquel humo y aquella risa no podían augurar nada bueno.

- No sé, Ginny…- respondió en apenas un hilo de voz-. No tengo idea- admitió, tomando su varita con tanta fuerza que casi la parte por la mitad.

Hermione sintió una brisa fría colarse en el ambiente, y tomó la pálida mano de Draco que apresaba su cintura.

- ¿Puedes ver algo, Amor?- le cuestionó en un susurro, tomando la varita que había guardado en su bolso antes de salir.

- Nada…- respondió frío, ladeando la cabeza hacia todas partes-. No puedo ver nada-.

Sus pensamientos volaron hacia la misma dirección, y ambos tensaron sus músculos al pensar en las fatales consecuencias que podía traer un ataque de tamaña envergadura. Sus manos se entrelazaron mientras sostenían con la otra sus varitas listas para atacar, y se dedicaron un último roce de labios mientras la risa opaca volvía a chillar, ahora más cerca.

- Te amo…- le dijo él, soltándola de a poco para ponerse en posición de ataque. Debía luchar si quería que su familia saliera viva de ahí. Si quería ver otra vez la sonrisa de su hijo debía ponerse firme.

- Yo… - intentó responde Hermione siendo interrumpida por un golpe a su lado… - yo también…- alcanzó a murmurar… antes de ser enviada lejos por un confundus que le llegó directo a su cabeza.

Y mientras una batalla insólita e inesperada, destinada a ser perdida, se llevaba a cabo en el Ministerio de magia de Londres...

… A kilómetros de ahí una elfina doméstica de traje azul era brutalmente asesinada. Con su vista sin vida dirigida como última acción al pequeño al cual debía cuidar… que era secuestrado por alguien a quien no supo reconocer a tiempo.

&

Chan-chan!

¿Qué tal el primer chap?. Espero que les haya gustado…

Muchas preguntas brotan de esta primera parte:

¿Quién secuestro a Abri?, ¿Qué sucederá con los que estaban en la fiesta?, ¿Por qué aquel ataque?, ¿Cómo es que nadie lo vio venir?...

¿Cómo se desarrollará el resto de la historia?...

Ya las iré respondiendo… como siempre

Un besote gigante.

Ember.