Capítulo dedicado a Anizz!!!. Gracias por tu ayuda, PPC y yo especialmente te lo agradecemos :)

Capítulo XIV: Intentando olvidar.

El sol intruso golpeaba su rostro, aclarando sus vagos sueños y quemando el puente de su nariz. Se restregó los ojos con sus manos y musitó algo incoherente mientras su conciencia volvía a la realidad. ¡Maldita sea!, ese día comenzaba con un horrible dolor de cabeza.

Lentamente levantó sus párpados, intentando acostumbrarse a la nueva claridad. Su cabeza se sentía golpeada por un gong, y su garganta ardía por un gran vaso de agua. No recordaba haberse levantado con tal jaqueca nunca antes, y menos con ese amargo sabor en la boca. Al parecer ese día sería malo, realmente malo…

… cualquiera diría que Hermione Granger era una adivina con tal pensamiento.

- ¿Qué hora es?- preguntó a la nada, abriendo los ojos de frentón y mirando hacia la pared.

¿Qué pared es esta?, se preguntó alarmada. Rápidamente se sentó sobre la cama y sintió como el frío aire recorría su cuerpo…. ¡casi desnudo!

- ¡¿Qué mierda?!- gritó y como un bat de baisball estrellándose en su rostro algunas imágenes de la noche pasada hicieron click en su memoria.

Recordaba los vasos de whisky, las conversaciones sobre el sillón. La mirada vidriosa y alegre de Harry mientras cantaban canciones muggles. Sentía un aliento tibio sobre su rostro y unos labios besando los suyos. Unas manos curiosas perdiéndose por su blusa y las suyas acariciando una espalda masculina…

¡¿Qué mierda hice?!

Lentamente volteó su rostro hacia su lado, intentando controlar el miedo a la verdad, y sus ojos casi se caen de sus cuencas al ver el cuerpo de su mejor amigo enrollado en las sábanas. Con su torso desnudo y una gran sonrisa de satisfacción en su cara.

- ¡Harry!- lo llamó Hermione, poniéndose de pie mientras se llevaba consigo el cobertor de la cama, enrollándolo a su cuerpo-. ¡Harry, despierta!-.

El cuerpo de Harry se movió entre las sábanas, demostrando ese estado entre el sueño y la realidad. Inconscientemente llevó su mano hacia su frente y se quejó. De seguro él también sufría los efectos de una terrible borrachera.

- Herms… es sábado- murmuró por toda respuesta, volteándose hacia el otro lado para seguir con su sueño. ¿En dónde había quedado?... a sí, que le pateaba el rostro a Malfoy en el partido de quidditch.

- ¡Y qué importa eso!- gritó la castaña desesperada. Necesitaba que Harry viera qué había sucedido y que hablaran de qué iban a hacer… ¡qué sucedería ahora!-. ¡Despierta!-.

De pronto el rostro de Harry se paralizó, tornándose a un gesto de alarma. Sus manos buscaron el cuerpo de Hermione junto a su cuerpo, pero sólo había calor ahí, no el cuerpo de ella. Lentamente sus ojos se abrieron y volteó su cabeza hacia el lado.

Definitivamente habían llevado los vasos de whisky demasiado lejos.

- ¿Hicimos…eso?- preguntó preocupado. Desvió su mirada hacia sí mismo, y tomó las sábanas para cubrirse mejor.

Hermione miró a su alrededor, notando su blusa arrugada en una esquina, junto a la camisa de Harry. Los pantalones de él estaban colgando de la cama, y la falda de ella caía nostálgica sobre el sitial junto a la ventana. Los zapatos estaban en la entrada custodiando la puerta, y sus medias sobresalían bajo la almohada, mezclándose con sus pantaletas y la ropa interior de él.

En conclusión Hermione sólo mantenía su sostén bien puesto. Que cosa más curiosa…

- ¿Qué crees?- le contra preguntó de forma irónica.

Su rostro estaba contraído por la histeria, la vergüenza y el horrible dolor de cabeza que sentía, con lo cual le costaba pensar con claridad. Sumado el asco que la invadía por el alcohol acumulado en su cuerpo y la sed que le embargaba, dando como resultado a una Hermione que tenía miles de ideas revoloteando en su cabeza sin ninguna coherente que sobresaliera.

Un gran vacío se apropiaba de su corazón, sintiendo que lo que había hecho no estaba sólo mal, sino que era una catástrofe con creces. De pronto la mirada de Malfoy juzgándola pasó por sus recuerdos, y eso hizo que sus ojos se humedecieran.

¿Por qué él aparecía en ese momento en su cabeza?. ¡Maldito Malfoy!.

Con fuerza sujetó el cobertor sobre su busto y miró a Harry, quien aún estaba demasiado impactado para decir algo al respecto.

- ¿Qué haremos?- le cuestionó en un susurro. Sus ojos repletos de lágrima demostraban su aire de derrota, igual que sus hombros caídos.-. Esto estuvo mal, Harry, muy mal…-.

Aquella voz tan apagada estrujó el corazón de Harry. Él odiaba dañar a la gente, y aún más dañar a aquellas personas que amaba como a su propia familia. Por su mente pasó el rostro de Ginny, decepcionado de él y de Hermione por lo que había hecho. De seguro le diría que ella siempre lo supo, que por algo él no se quería casar con ella. Pensó en la reacción de los Weasleys si se llegaban a enterar… y en qué diría Ron si los encontraba en esa situación.

Debían hacer algo. No podían permitir que alguien supiera qué había sucedido entre ellos.

- Herms, primero debemos limpiar todo y esperar que a Ron sí le haya ido bien en su cita y no haya llegado. O, si llegó, que haya llegado lo suficientemente ebrio para que no se percatara de nada- habló Harry apresuradamente, sin sacar la sábana de alrededor de su cintura y poniéndose su pantalón para bajar-. Luego veremos qué haremos al respecto-.

Con su pantalón puesto caminó hacia la puerta y tomó el picaporte, pateando los zapatos hacia un lado para poder abrirla. El silencio de la casa lo golpeó cuando se detuvo en el pasillo, dirigiéndose hacia el dormitorio de Ron para saber si había llegado a dormir o no.

Pero a mitad de camino se detuvo y se devolvió hacia su pieza, donde Hermione seguía de pie con el cobertor cubriendo su cuerpo y su mirada perdida en la cama.

- Herms- la llamó con una sonrisa tranquilizadora en su rostro. Ella elevó su mirada acuosa y lo observó-. Estaremos bien, no te preocupes…-.

Ella le asintió, no estando tan segura de esas palabras.

¿Por qué sentía que lo hecho podía arruinar su vida?

OoOoOoO

No había nada más agradable que despertar y sentir el olor del café recién hecho en la cocina. Era como un anticipo de un día muy bueno… y aún mejor cuando ese café era traído por una hermosa chica.

Ron abrió los ojos y vio a Clarissa a su lado, dejando una taza de café en el velador. La chica le sonreía con coquetería y acarició su mejilla con una de sus enjoyadas manos.

- Buenos días- saludó ella con su voz algo rasposa-. ¿Dormiste bien?-.

Una sonrisa pícara se dibujó en los labios del pelirrojo… ¿Dormir?. Considerando que se había dormido realmente hace sólo unas horas… sí, había dormido increíble.

- Mejor que nunca-.

Clarissa le sonrió.

- Hoy debo ir a trabajar, pero puedes quedarte aquí cuanto gustes- le dijo, mientras se colocaba sobre su traje de dos piezas un delantal blanco-. El hospital me queda a media hora en metro, así que debo apresurarme-.

Lástima que en el mundo muggle no existan los polvos flú.

- Aquí te dejo mi número de celular… por si lo quieres- le señaló anotando en una libreta que estaba sobre una mesita de noche su número-. Disfruta el café-.

Y con un suave beso en los labios salió con cartera en mano de su departamento.

Ron la vio salir y tomó el café que le había traído. De reojo vio el número anotado con hermosa caligrafía y una sonrisa se dibujó en sus labios.

- Deberé pedirle a Hermione que me enseñen a usar ese aparato… definitivamente debí haber prestado atención a mi clase de estudios muggles-.

OoOoOoO

El pequeño Abraxas estaba sentado sobre la cama azul. Sus piernas pálidas colgaban sobre el suelo y sus manitos las mantenía cruzadas, escuchando con atención lo que Luz le estaba diciendo.

Sus pálidos párpados estaban cerrados, mientras en su cabeza se materializaba una realidad fantasmagórica que no sabía distinguir como cierta o falsa. Una imagen de una mujer lo acariciaba y le sonreía, mientras a su lado un hombre alto, rubio y de mirada plateada lo miraba con un gesto de preocupación.

No sabía porqué, pero en ese instante tenía unas terribles ganas de llorar. Cada vez que iba con Luz las ganas de llorar eran mayores, pero una vez que lloraba y dejaba todos sus miedos fluir como lágrimas sobre su cara, se sentía más fuerte e inquebrantable… jurándose que en la siguiente sesión no lloraría.

- ¿Hijo?- le decía la mujer de su cabeza, acariciando su nuca y dándole un beso en su mejilla-. ¿Te pasa algo?-.

Abri sentía su corazón estrujarse en su pecho tras esa pregunta. En la imagen de su mente también lloraba desconsolado… y no sabía porqué le sucedía eso. Simplemente se sentía tan emocionado que llorar era lo único que quería hacer.

Rodeó con sus brazos el cuello de la mujer y sintió el calor de su cuerpo. Pero aún así algo no le cuadraba de toda la situación. Hundió su rostro en la curvatura de su cuello y dejó que las manos de ella acariciaran su espalda, mientras se alzaba con él en brazos y caminaba hacia el hombre que no los dejaba de observar…

- ¿Él es?- preguntaba él, mostrándose duro, pero notándose débil.

- Sí- respondió la mujer.

Un espasmo recorrió el cuerpo del pequeño cuando escuchó eso.

- Él es Abraxas… nuestro hijo-.

La voz de Luz se fue apagando con esa última frase, bajando la intensidad de las imágenes de Abri y haciendo que de a poco él fuera abriendo los ojos para ser cegado por la luz del sol.

Restregó sus manos sobre sus párpados y se limpió las lágrimas, sin decir nada de lo visto ni de lo pensado, menos de lo percibido y vivido. Sentía que las imágenes de su cabeza le pertenecían sólo a él… y que aún no tenía nadie con quien compartirlas.

Cada día se sentía más solo.

El ruido de la puerta hizo que rápidamente volteara su cuello para ver la entrada. Su corazón latió en su pecho y sintió un impulso extraño que lo obligó a levantarse de la silla y mirar a la mujer que entraba hacia la sala con una sonrisa en su rostro.

Abraxas la miró y recordó a la mujer vista en su mente, como un espejo de lo que sus sueños extraños mostraban.

La mujer le sonrío y abrió sus brazos para que él corriera hacia ella.

El pequeño sonrió e impulsó sus piernas pala alcanzarla, mientras de sus labios una palabra que creía olvidada volvía a brotar:

- ¡Mamá!-.

OoOoOoO

Estaba tan nerviosa que al tomar desayuno la taza se le cayó el piso y estropeó su traje. Por eso había demorado más de lo previsto en llegar, y eso mismo aumentaba la inseguridad que sentía en su interior.

Sabía que para esa altura su lápiz labial estaría desaparecido por ese gesto de comérselo cuando estaba con ataques de nervios. Pero no podía evitarlo… el sólo pensar en lo que quería decirle hacía que su estómago se revolviera. Por suerte ella podía soportar un simple revoltijo de estómago, ¿no?

Con un fuerte suspiro… golpeó la puerta.

- Hola- fue lo primero que dijo al verlo de pie al otro lado del umbral. Blaise la miraba fijamente sin expresión alguna, aunque ella pudo deducir que verla ahí lo había sorprendido un poco-. ¿Puedo hablar contigo?-.

Como respuesta recibió un leve gesto de cabeza, y tras el moreno entró al moderno departamento. Debía reconocer que el hombre tenía un gusto exquisito, tal como un niño rico de la farándula norteamericana. La decoración del piso era una mezcla minimalista con un toque clásico. Muchos espejos hacían ver los espacios más amplios, y abundaban los tonos verdes y negros.

- ¿Qué quieres, Lavender?- le preguntó con un seco gruñido. El verla ahí lo había dejado algo consternado, pero no quería demostrar aquello.

Lavender, presa del nerviosismo que no la dejaba tranquila, caminó torpemente hasta situarse frente a él.

- Quiero saber qué sucedió. Porque te alejaste de mí de la noche a la mañana…-.

Tal sinceridad en las palabras de ella lo tornaron mudo.

- …Por qué algo cambió en ti y por qué dicho cambio influyó en tu trato hacia mí.-.

La foto de la niña, la entrevista de la mujer, se mezclaron en su cabeza junto al recuerdo de los labios carnosos de Lavender que estaba frente a él. Las preguntas que ella le hacía tenían una contestación más que obvia, pero no quería confiar en nadie dicha verdad. Por el momento ni Draco se podía enterar de ese asunto que lo mantenía taciturno.

Impresionado por la valentía de la ex Gryffindor y anonadado por esa fuerza que no creía que ella podía poseer, eliminó la distancia que los alejaba y la besó por muchos motivos diferentes. No sólo anhelaba sus labios, como ya los había besado y pretendía besarlos muchas veces más, sino que también era conocedor de lo que un buen beso podía causar en una mujer: un olvido absoluto del tema a tratar cuando el beso era dado por un experto. Y Circe misma sabía que Blaise Zabini era un experto en el arte de besar. Además se sentía tan solo que darle un beso a una leona podía aliviarle el alma, y había algo en la manera como Lavender le solía responder que él mismo se olvidaba de sus problemas y se dejaba llevar por la pasión del momento.

Sus manos apresaron su cintura y lentamente caminó con ella hacia el sillón. Sus respiraciones aceleradas inflaban su pecho y sus dientes jugaban con el apetecible labio inferior de ella.

Al parecer Lavender estaba absolutamente sumergida en ese beso, y cuando las manos de ella viajaron de su cuello hacia la orilla de su camiseta, él ya sabía que nada iba a salir mal.

Recién entonces Blaise Zabini se dejó llevar por esa extasiada locura.

OoOoOoO

Narcissa Malfoy estaba sentada en el jardín de la mansión disfrutando de los últimos rayos de sol cálidos que se verían antes del crudo invierno. Su cabello lo llevaba tomado en una rodaja contra su nuca y en sus manos descansaba un libro de jardinería que le gustaba leer cuando pretendía incursionar en algún nuevo tipo de flor para su invernadero.

- Madre, buenos días-.

Fue el saludo de su hijo cuando tomó asiento junto a ella con una taza de café.

- ¿Cómo te fue anoche, Draco?-.

Le preguntó ella, desviando su perfil hacia el susodicho y cerrando el libro para dejarlo sobre la mesita a su lado.

- Bien. La ópera estuvo excelente y Millicent sabía mucho acerca de la historia contada. Al parecer el cambio físico que tuvo también fue un cambio en sus gustos, no la recordaba con una inclinación tan arraigada a las artes-.

Los labios de Narcissa se curvaron y miró a su hijo directo a los ojos. Ella siempre había preferido ser sincera con él. Draco era de aquellas personas que no perdonaba las mentiras fácilmente, y ella lo sabía.

- Hijo, creo que debes invitar formalmente a Millicent a salir. Lo mejor que te podría ocurrir es cortejarla y que ella responda a tus cortejos-.

El rostro de Draco se contrajo en una mueca de confusión. Su madre estaba siendo absolutamente directa con sus pensamientos y eso lo dejó sumido en un silencio durante unos minutos: "¿Salir con Millicent como pareja?". De verdad no se le había ocurrido hacer ello.

- ¿Quieres que me comprometa con ella?- le preguntó, sintiendo que su alma se apretaba tras hacer aquella pregunta. Por alguna razón que no deseaba admitir al pensar en comprometerse el rostro de una castaña despeinada se dibujaba en su memoria.

- No, quiero que seas feliz después de todo lo vivido. Y creo que con Millicent podrías llegar a ser muy feliz-.

Un intento de sonrisa se esbozó en los labios de Draco. Sabía que las palabras de su madre eran totalmente sinceras. Que ella de corazón deseaba buscarle una buena esposa y verlo feliz con una familia propia. Pero su madre no sabía que él ya había encontrado a aquella que le gustaría que fuera su mujer, a pesar de que por el momento deseaba enterrar ese pensamiento en el más profundo hoyo de su cabeza.

Tomó la taza de café y tomo un sorbo del líquido amargo.

Quizás intentar lo que su madre decía no fuera mala idea. Si Granger había movido todas las piezas para ser feliz con Potter, él tenía derecho también a intentar ser feliz con alguien más. En una de esas sí lograría enamorarse de Millicent con el tiempo, y aunque no fuera así, podía asegurar que Millicent sería una buena madre para sus hijos, una excelente nuera con su propia madre y, sobretodo lo demás, una refinada, inteligente y atractiva esposa para él.

Tragó el café con lentitud y volvió a posar la vista sobre su madre, quien aún lo miraba atenta a su reacción.

- Puede que tengas razón, madre. Invitaré formalmente a Millicent a salir-.

Aunque ello signifique olvidarme de Hermione para siempre…

&

¡Que felicidad! Terminé este chap.

Voy muy apresurada camino a la U, pero quería subir este capítulo de inmediato para que no tuvieran que esperar más.

Gracias por sus reviews y espero que les guste el desarrollo de la historia!

Un besote enorme!

Ember.

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