Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

1- Primer cruce

Tanto mi madre como mi padre eran hijos únicos, no conocía ni tíos ni primos. Mi madre era hija adoptiva, mis abuelos maternos gente sencilla de trabajo a la que la que la vida, después de emigrar les había resultado muy dura, habían muerto muy jóvenes, prácticamente no los había conocido.

La familia de mi padre, era otro cantar, siempre habían tenido dinero, más que mucho para ser sinceros. Mi padre era el único heredero de aquella fortuna hasta que decidió enfrentar a su madre y huir para casarse con la mía, de quien se había enamorado en la Universidad.

Agatha, mi abuela, no aceptó jamás esa relación… su hijo había muerto para ella ese verano de 1990 cuando eligió el amor en lugar de su posición social.

Y aquí me encontraba yo, a punto de cumplir 17 años, esperando la salida de un avión que se encontraba retrasado por el mal tiempo, para mudarme con mi nueva tutora legal, la única pariente viva que me quedaba, dejando atrás la vida que conocía y que amaba.

No es que hubiera resultado fácil, los recuerdos se arremolinaban en mi mente, mi madre había luchado a brazo partido contra el cáncer durante 5 años, en una batalla desigual. Siempre me decía que cada uno de nosotros le pasan cosas en la vida, que no se puede evitar, pero si se puede elegir como sobrevivir. Ella era una luchadora nata. Mi padre la amaba, de lejos era la razón de su existencia y su vida se apagó dos meses después, sin que nada ni nadie pudiera evitarlo…

El había nombrado expresamente en su testamento a Carlisle, su mejor amigo y mi padrino como mi tutor. Mi abuela, a quien no había visto en mi puta vida había ofrecido una dura batalla por mi custodia y la había ganado… ¡y como no lo iba a lograr! Tenia más dinero que un banco y los mejores abogados disponibles trabajaban para ella… simple y sencillamente lo destrozó en la corte. ¡Hasta había conseguido una orden de restricción la muy maldita!, Carlisle ni siquiera había podido acompañarme al aeropuerto.

Una mano sobre mi hombro me sobresaltó y me sacó de mi ensoñación- ¿perdona, tienes que abordar el vuelo a Edimburgo? -me preguntó una voz suave- han hecho ya la segunda llamada.

-Si, muchas gracias – me levanté como una autómata y me dirigí a la puerta de embarque, nada tenía sentido para mi ahora, dejaba atrás el país que me había visto nacer, un puñado de amigos, a mi padrino al que mi abuela le había puesto una orden de restricción que le impedía verme o llamarme y por sobre todo a mi padre y a mi madre…para ir a vivir a las entrañas mismas del infierno, sometida a una tirana que no me quería y que despreciaba la parte de mi madre que había en mí.

Acomodé mi equipaje de mano y me senté, unas filas más adelante ví acomodarse al muchacho que me había despabilado de mi ensueño, en otras circunstancias habría conmocionado mi mente adolescente, tendría más o menos mi edad, alto y musculoso, de hermosas facciones, sus cabellos caían despeinados sobre sus hombros y esos ojos verdes, profundos… seguramente sería el rompecorazones de su escuela.

Dormité a lo largo del viaje, sumida en mis divagaciones y recuerdos como si un agujero negro me atrajera con la fuerza del universo, sin una chispa de luz, solo la oscuridad…. Pero aún en mi negra prisión podía notar una presencia, un interés curioso, una fuerza misteriosa tratando de romper las barreras que levantaba alrededor mío.

Aterrizamos sin problemas en el Aeropuerto de Edimburgo, recogí mi equipaje, afortunadamente los trámites en la Aduana no llevaron demasiado tiempo, mi cuerpo me pesaba y se negaba sistemáticamente a avanzar.

Caminé hacia sala de arribos, buscando a mi abuela, suponía que iría a recogerme, nunca la había visto. Estudié detalladamente a la multitud que se agolpaba, saludos emocionados, gritos, abrazos, pero no para mí. De pie en el fondo de la sala se encontraba un hombre de unos cincuenta años prolijamente ataviado con su uniforme azul, sostenía firmemente un cartel en su mano derecha en el cual estaba escrito prolijamente mi nombre, Isabella Swan .

Me acerqué a él y se presentó – buenas tardes, señorita Swan mi nombre es August soy el chofer de su abuela- tomó mi equipaje y me acompañó hasta un sobrio Mercedes negro, abrió tranquilamente la puerta trasera y me invitó a entrar.

- August, no podría viajar adelante contigo, esto es demasiado para mí!.

- Señorita su abuela no lo aprobaría, lo siento. Ella es muy estricta con este tipo de cosas,

- No te preocupes, August, ya me iré acostumbrando, es solo que me resulta extraño.

- Me recuerda mucho a su padre, señorita, el siempre se mostraba atento con la servidumbre, realmente lo apreciaba mucho…. Su muerte nos ha entristecido a todos.

En ese momento me di cuenta que la compañía de August sería muy importante para mi- de manera que conociste a mi padre- comenté como quien no quiere la cosa, deseando que descubriera para mi un calidoscopio de pequeñas historias cotidianas.

- Así es, déjeme pensar, hace unos 25 años cuando empecé a trabajar para los Swan, Charles era un joven alegre, generoso, lleno de vida… un líder nato. Si me permite, tal vez, un poco imprudente y demasiado independiente a gusto de su entorno, sobre todo para la señora Agatha.

- Lo sé, August, papá pago un alto precio por su osadía- mi compañero guardo un prudente silencio, se notaba a las claras que me había enfurruñado, miré distraídamente por la ventanilla, la campiña era hermosa. Desde pequeña me había sentido atraída por Escocia, mi padre solía bromear acerca del precio que tendría su cabeza o si lo encarcelarían apenas intentara cruzar la frontera…nunca había regresado. Se escribía con alguno de sus viejos amigos pero los años habían pasado y la enfermedad de mi madre había puesto las cosas muy difíciles.

Atravesábamos el pueblo cuando volví a la realidad, el viaje podría haber durado minutos u horas, no lo sabía, mis sentidos habían vuelto a perderse. Recorrimos unas pocas calles cuando August quedamente me dijo- ánimo señorita, hemos llegado.

EPOV

La tormenta había retrasado la salida de mi vuelo, volvía a casa después de unos días de supuestas vacaciones. El lunes siguiente volvería al instituto para terminar de cursar mi último año. Aún no tenía decidido en que Universidad iba a inscribirme pero la de Sussex tenía muy buenas chances y eso seguramente sería un problema.

Mi padre deseaba que estudiara la carrera de abogacía en Edimburgo, su buffete era un de los más importantes de la ciudad, y realmente soñaba con que alguno de sus hijos algún día ocupara su lugar.

No compartía en lo más mínimo los deseos de mi padre, seguramente mi hermano menor, Jasper, tampoco se los cumpliría. Yo ansiaba ser médico, por eso había estado visitando a un amigo en Sussex y me había alojado con él en el campus.

Esperar en el hall de partidas era de lo más aburrido, había terminado el libro que llevaba conmigo y que pensaba leer durante el vuelo. Me debatía entre comprarme otro o acercarme a la cafetería cuando la vi.

Menuda, inmóvil, sus ondulados cabellos castaños caían sobre sus hombros, sentada sola y evidentemente perdida en sus ensoñaciones. No podía dejar de observarla, resultaba hipnótica, de tanto en tanto algún cambio en su expresión me daba la pauta que sus pensamientos no eran del todo felices.

-Pasajeros con destino a Edimburgo, favor de embarcar por puerta 9- sonó en el altavoz del aeropuerto, la observé detenidamente pero ella no se inmutó, seguía ausente.

Me acerqué a la fila, sin sacarle la vista de encima- ¿estaría esperando otro avión o simplemente su concentración era tal que no había escuchado el aviso? La duda me carcomía, si le preguntaba podía hacer el ridículo frente a ella….

-Segundo y último aviso, pasajeros con destino a Edimburgo, favor de embarcar por puerta 9- me acerque a ella, le toqué suavemente el hombro, un pulso de energía recorrió mi cuerpo en ese momento. Me costó recomponerme pero pude decirle, perdona, si tienes que abordar el vuelo a Edimburgo han hecho ya la segunda llamada.

Jamás podré olvidar la expresión de tristeza de sus ojos marrones - Si, muchas gracias – se levantó como una autómata y se dirigió a la puerta de embarque.

Rogaba que mi asiento estuviera al lado del suyo para poder hablar con ella, pero el cruel destino no resultó misericordioso, me habían asignado el pasillo tres filas delante de la suya.

Acomodó su equipaje y la vi sumergirse nuevamente en su universo privado. No podía dejar de mirarla, me atraía con la fuerza de un agujero negro…. Sip, cuando llegara a casa tendría tortícolis…

Aterrizamos sin problemas pero al pasar por la aduana nuestros caminos volvieron a separarse, me toco la maldita luz roja…el destino estaba en mi contra, debía haber hecho algo muy malo en alguna otra vida para tener este karma.

Cuando terminé los trámites ella ya había desaparecido. ¡Maldita suerte!

-Edward, Edward por aquí- escuché los gritos de Jasper – hey, como estuvo tu gira universitaria- me preguntó, mi hermano era más que eso, también era mi mejor amigo y el único que sabía de mis planes.

- Genial, el campus me encantó, casi lo tengo decidido- le contesté risueño- no te preocupes cuando vaya a hablar con papá, te avisaré con tiempo suficiente para que te metas en algún refugio antimisiles- ambos reímos.

- Bueno hermanito, vayamos para casa, las chicas han estado esperándote ansiosas, sobre todo Tania- me dijo levantando sus cejas significativamente. Le dí un puñetazo en el brazo, odiaba cuando Jasper se divertía a costa mía. Lo seguí sin dejar de mirar alrededor, buscando a aquella desconocida.

Estábamos llegando al estacionamiento cuando me pareció ver el Mercedes negro de los Swan dirigiéndose a la salida. Sin darse cuenta mi hermano me lo confirmó

- Te vas dos semanas y se producen todo tipo de novedades, se rumorea que un pariente del extranjero vendrá a vivir a la mansión Swan. Solo pensarlo da escalofríos, te imaginas viviendo con la dama de hielo, una tortura… creo que preferiría la muerte- Mi mente se sacudió, no, no podía ser ella, que yo supiera la vieja Agatha solo tenía un hijo…